Impacto de la cardiopatía isquémica en la función sexual: una revisión bibliográfica de la literatura reciente

26 septiembre 2025

 

AUTORES

  1. María Iglesias Lázaro. Matrona Atención Primaria Sector II Zaragoza, España.
  2. Aitana Roldán Montejo. Matrona Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza. España.
  3. Alba Rubio García. Matrona Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa. Zaragoza. España.
  4. Álvaro Sánchez Arias. Matrón Hospital 12 de Octubre. Madrid. España.
  5. María Zapater López. Matrona Hospital de Calahorra. La Rioja. España.
  6. Luisa María Cuadrado Planas. Matrona Atención Primaria Sector Calatayud. Zaragoza. España.

 

RESUMEN

Objetivo: Analizar la evidencia disponible sobre la relación entre la enfermedad cardiovascular (ECV) y la disfunción sexual, considerando factores fisiopatológicos, farmacológicos y psicosociales, así como el papel de la rehabilitación cardíaca (RC) y la consejería sexual.

Métodos: Se realizó una revisión bibliográfica en bases de datos internacionales, incluyendo artículos publicados en inglés y español que abordaran la sexualidad en pacientes con ECV, insuficiencia cardíaca o cardiopatía isquémica, publicados entre 2014 y 2024. Se priorizaron estudios clínicos, revisiones sistemáticas, guías de práctica clínica y consensos de sociedades científicas.

Resultados: La disfunción sexual en ECV es frecuente, con etiología multifactorial que incluye disfunción endotelial, alteraciones hormonales, efectos adversos de fármacos y factores psicosociales como ansiedad o depresión. Los β-bloqueantes no cardioselectivos pueden afectar negativamente la función sexual, mientras que nebivolol presenta un perfil más neutro o favorable. La ECV, principal causa de mortalidad global, afecta cada vez más a adultos jóvenes, prolongando el impacto en la vida sexual. La RC mejora la capacidad funcional y el bienestar psicológico, y cuando incluye consejería sexual, puede favorecer la reintegración sexual. No obstante, su implementación es limitada por la falta de formación del personal sanitario y por barreras culturales y comunicacionales.

Conclusiones: La atención a la sexualidad en ECV requiere un abordaje multidisciplinario, educación específica y estrategias personalizadas, integrando la RC y la consejería sexual en la práctica clínica para mejorar la calidad de vida y la adherencia terapéutica.

PALABRAS CLAVE

Enfermedades cardiovasculares, disfunción sexual, insuficiencia cardíaca, rehabilitación cardíaca, betabloqueantes, calidad de vida.

ABSTRACT

Objective: To analyze current evidence on the relationship between cardiovascular disease (CVD) and sexual dysfunction, considering pathophysiological, pharmacological, and psychosocial factors, as well as the role of cardiac rehabilitation (CR) and sexual counseling.

Methods: A literature review was conducted in international databases, including English and Spanish publications addressing sexuality in patients with CVD, heart failure, or ischemic heart disease, published between 2014 and 2024. Clinical studies, systematic reviews, clinical practice guidelines, and consensus statements from scientific societies were prioritized.

Results: Sexual dysfunction in CVD is common, with a multifactorial etiology that includes endothelial dysfunction, hormonal alterations, adverse drug effects, and psychosocial factors such as anxiety and depression. Non-cardioselective β-blockers may negatively affect sexual function, while nebivolol shows a more neutral or favorable profile. CVD, the leading cause of global mortality, increasingly affects younger adults, prolonging its impact on sexual life. CR improves functional capacity and psychological well-being, and when sexual counseling is included, it can facilitate sexual reintegration. However, implementation is limited by lack of healthcare provider training and cultural and communication barriers.

Conclusions: Addressing sexuality in CVD requires a multidisciplinary approach, specific education, and personalized strategies, integrating CR and sexual counseling into clinical practice to improve quality of life and treatment adherence.

KEY WORDS

Cardiovascular diseases, sexual dysfunction, heart failure, cardiac rehabilitation, beta-blockers, quality of life.

INTRODUCCIÓN

La disfunción sexual en pacientes con enfermedad cardiovascular (ECV) representa un desafío clínico relevante y a menudo infravalorado. Este problema afecta tanto a hombres como a mujeres y se manifiesta en distintas formas, incluyendo disfunción eréctil, disminución del deseo sexual, anorgasmia o alteraciones en la excitación. Su origen es multifactorial: involucra alteraciones hemodinámicas, cambios hormonales, disfunción endotelial, efectos adversos de fármacos y factores psicológicos como la ansiedad, la depresión o el temor a desencadenar un evento cardíaco durante la actividad sexual1.

En el contexto de insuficiencia cardíaca (IC), la discusión sobre la influencia de los β-bloqueantes en la función sexual ha generado controversia. Mientras algunos estudios sugieren un impacto negativo, otros apuntan a que ciertos β-bloqueantes cardioselectivos, como el nebivolol, podrían tener un perfil más neutro o incluso beneficioso debido a su acción vasodilatadora mediada por óxido nítrico2.

El impacto de la ECV sobre la sexualidad debe analizarse también desde una perspectiva poblacional. Según el informe Global Burden of Cardiovascular Diseases (GBD 2019), la ECV continúa siendo la principal causa de mortalidad a nivel global y afecta cada vez más a adultos jóvenes, prolongando el tiempo en el que los pacientes deben manejar las limitaciones que la enfermedad impone sobre su vida sexual3.

Las experiencias y percepciones de los pacientes con cardiopatía, especialmente en el caso de la cardiopatía isquémica y la IC, muestran que el miedo a la recaída, la fatiga y la disminución del deseo son obstáculos comunes para retomar la actividad sexual4, 5. Además, la fase de recuperación tras un infarto agudo de miocardio o una descompensación cardíaca representa un periodo crítico donde el apoyo educativo y el asesoramiento pueden influir notablemente en la reintegración de la vida sexual6, 7.

Por todo ello, el objetivo de este estudio ha sido realizar una revisión bibliográfica actualizada sobre la relación entre la enfermedad cardiovascular y la función sexual, identificando los principales factores implicados, las intervenciones disponibles —incluyendo la rehabilitación cardíaca y la consejería sexual— y las recomendaciones de guías clínicas, con el fin de orientar estrategias de manejo integral centradas en el paciente.

METODOLOGÍA

Esta revisión bibliográfica se realizó siguiendo un enfoque narrativo para integrar la evidencia más relevante y actualizada sobre el impacto de la ECV y sus tratamientos en la función sexual, así como las intervenciones recomendadas para su manejo.

Fuentes y criterios de inclusión:

  • Tipo de estudios: revisiones sistemáticas, revisiones narrativas, estudios observacionales, estudios cualitativos, guías clínicas y consensos internacionales.
  • Población: adultos con diagnóstico de ECV, incluyendo insuficiencia cardíaca, cardiopatía isquémica e infarto agudo de miocardio.
  • Intervenciones y variables: fármacos cardiovasculares (especialmente β-bloqueantes), rehabilitación cardíaca, programas de asesoramiento sexual, guías de práctica clínica. Se incluyeron resultados sobre función sexual, satisfacción, frecuencia de actividad y barreras para la reanudación sexual.
  • Periodo: se priorizó literatura publicada entre 2014 y 2024, aunque se incluyeron referencias clave previas por su relevancia clínica (p. ej., guías AHA 2012).
  • Fuentes: bases de datos PubMed, Scopus, Web of Science y Google Scholar.

 

Proceso de selección y síntesis:

Se revisaron y seleccionaron artículos en función de su pertinencia clínica y metodológica, excluyendo aquellos con poblaciones no cardiovasculares o con muestras muy reducidas sin justificación metodológica.

RESULTADOS

Impacto farmacológico y fisiopatológico en la función sexual:

La literatura evidencia que la disfunción sexual en pacientes con insuficiencia cardíaca (IC) y cardiopatía isquémica es multifactorial. Corradetti et al. (2022) puntualizan que los β-bloqueantes, aunque históricamente señalados como una de las principales causas farmacológicas de disfunción eréctil, no siempre son el factor determinante. La disfunción eréctil y la disminución del deseo sexual derivan más de la combinación entre la disfunción endotelial, la reducción del gasto cardíaco, la alteración de la respuesta adrenérgica y comorbilidades como diabetes mellitus, hipertensión arterial y enfermedad arterial periférica8.

En este contexto, no todos los β-bloqueantes tienen el mismo perfil de riesgo. Los fármacos cardioselectivos con propiedades vasodilatadoras, como el nebivolol, han mostrado un impacto más neutro o incluso beneficioso sobre la función eréctil, debido a su capacidad para estimular la liberación de óxido nítrico a nivel endotelial. Sin embargo, β-bloqueantes no selectivos como propranolol y atenolol mantienen una asociación más fuerte con disfunción sexual, particularmente cuando se utilizan en dosis altas o en pacientes de edad avanzada8.

Maiorino et al. (2014) remarcan que la coexistencia de diabetes mellitus empeora significativamente el pronóstico sexual en pacientes con ECV, no solo por mecanismos vasculares, sino también por neuropatía autonómica y alteraciones hormonales9.

Carga global de la ECV y repercusión en la sexualidad:

El informe Global Burden of Cardiovascular Diseases 2019 subraya que la ECV sigue siendo la principal causa de mortalidad y morbilidad a nivel mundial, representando aproximadamente el 32% de todas las muertes globales. La tendencia ascendente en adultos jóvenes (menores de 55 años) implica que más pacientes deben convivir durante décadas con secuelas físicas, psicológicas y sociales, incluida la disfunción sexual3.

Experiencias subjetivas y barreras percibidas por los pacientes

El estudio fenomenológico de Zhang et al. (2024) exploró las vivencias de pacientes con cardiopatía isquémica y encontró que el temor a sufrir un nuevo evento cardíaco durante la actividad sexual es una barrera central. Este miedo, sumado a la fatiga crónica y a la disminución de la autoestima, conduce a una reducción voluntaria o involuntaria de la frecuencia sexual. Algunos pacientes reportaron una “autoimposición” de abstinencia sexual prolongada, incluso en ausencia de contraindicaciones médicas, debido a la falta de orientación profesional5.

De manera consistente, da Silva et al. (2022) identificaron que la IC altera todas las fases del ciclo de respuesta sexual: deseo, excitación, meseta, orgasmo y resolución. La disminución del deseo es atribuible tanto a factores fisiológicos como psicológicos, mientras que las dificultades en la excitación y el orgasmo suelen estar ligadas a la fatiga, el disconfort respiratorio y la medicación10.

Factores predictores de recuperación sexual:

Smith (2020) realizó un análisis longitudinal que reveló que la capacidad funcional, medida mediante pruebas de tolerancia al ejercicio, es uno de los predictores más sólidos de la recuperación de la actividad sexual postinfarto. La percepción de seguridad para retomar las relaciones sexuales y el apoyo de la pareja fueron igualmente determinantes. En su modelo predictivo, los pacientes con alta capacidad funcional, comunicación abierta con su pareja y seguimiento médico estrecho tenían una probabilidad significativamente mayor de mantener o recuperar su vida sexual activa a los 6 y 12 meses post evento11.

En un sentido complementario, Mornar Jelavić et al. (2018) evaluaron la seguridad de la actividad sexual en pacientes con distintas cardiopatías y concluyeron que, en pacientes clínicamente estables y bajo control médico, la actividad sexual representa un esfuerzo físico comparable a subir dos tramos de escaleras, sin aumento significativo del riesgo de eventos adversos cardiovasculares12.

Rol de la rehabilitación cardíaca:

Araújo et al. (2018) demostraron que la participación en programas de rehabilitación cardíaca (RC) se asocia a mejoras significativas en la capacidad funcional, el bienestar psicológico y la función sexual. La RC permite una readaptación gradual al esfuerzo físico, lo que disminuye el temor asociado a la actividad sexual y mejora la resistencia física para sostenerla4, 13.

Sin embargo, no todos los programas incluyen módulos específicos de educación sexual, lo que limita el potencial impacto de la RC sobre la calidad de vida sexual. Aquellos programas que incorporaron consejería sexual vieron mejoras no solo en la frecuencia de la actividad, sino también en la satisfacción sexual reportada por los pacientes y sus parejas13.

Guías y consensos internacionales:

Las guías de práctica clínica para el manejo de la cardiopatía coronaria crónica recomiendan la evaluación rutinaria de la función sexual como parte de la atención integral del paciente cardíaco. El documento de consenso AHA/ESC establece que el personal de salud debe proveer asesoramiento sexual adaptado a la condición clínica, el estado funcional y las necesidades del paciente y su pareja14.

No obstante, Gazestani et al. (2019) reportan que la mayoría de enfermeras encuestadas no se sienten suficientemente preparadas ni seguras para ofrecer este tipo de orientación, y que existe una brecha formativa significativa en este campo6.

DISCUSIÓN Y CONCLUSIONES

Los hallazgos de esta revisión confirman que la disfunción sexual en pacientes con enfermedad cardiovascular (ECV) constituye una problemática prevalente y multifactorial, que afecta de manera significativa la calidad de vida y el bienestar emocional. Su etiología involucra mecanismos fisiológicos, farmacológicos y psicosociales, lo que requiere un abordaje integral. La disfunción endotelial, la limitación de la reserva cardíaca y la presencia de síntomas como disnea o fatiga reducen la capacidad física para la actividad sexual, mientras que factores farmacológicos, particularmente el uso de β-bloqueantes no selectivos o diuréticos, y factores psicosociales como depresión, ansiedad o miedo a desencadenar un evento cardíaco, agravan el problema3, 5, 8, 10, 2. El cambio epidemiológico producido en los últimos años relacionado con la edad de sufrir ECV tiene implicaciones relevantes: pacientes más jóvenes tienden a valorar con mayor importancia la preservación de su vida sexual activa, y la limitación en este aspecto puede tener un impacto desproporcionado sobre su calidad de vida y salud mental3.

Las guías de práctica clínica y documentos de consenso, como los elaborados por la American Heart Association y el ESC Council on Cardiovascular Nursing and Allied Professions, recomiendan que la consejería sexual forme parte de la atención rutinaria de pacientes con ECV7,14. Sin embargo, persisten brechas significativas entre la teoría y la práctica: los profesionales sanitarios, especialmente el personal de enfermería, reportan falta de formación específica, inseguridad para abordar el tema y dudas sobre su rol en la intervención1,6. Esta situación contribuye a que el tema se aborde de manera fragmentada o incluso se omita, limitando el apoyo y la educación disponibles para los pacientes y sus parejas4,13.

La rehabilitación cardíaca (RC) surge como un escenario óptimo para la inclusión de la consejería sexual. La evidencia indica que la RC mejora la capacidad funcional, reduce el riesgo de nuevos eventos cardiovasculares y favorece la recuperación de la actividad sexual, incrementando tanto la frecuencia como la satisfacción sexual y disminuyendo la ansiedad relacionada con el esfuerzo sexual5, 13. La incorporación de módulos educativos sobre sexualidad dentro de los programas de RC representa una intervención costo-efectiva y de alto impacto en la calidad de vida7,13.

Respecto al tratamiento farmacológico, la selección de fármacos con menor repercusión sobre la función sexual debe ser prioritaria. β-bloqueantes cardioselectivos con propiedades vasodilatadoras, como nebivolol, muestran un mejor perfil en comparación con otros agentes8. El ajuste terapéutico debe individualizarse, equilibrando el control de la enfermedad cardiovascular con la preservación de la salud sexual.

Finalmente, la disfunción sexual no debe evaluarse de manera aislada, sino considerando comorbilidades que pueden amplificar el problema, como diabetes, hipertensión arterial y depresión9,15,16. Un abordaje multidisciplinario que integre cardiólogos, enfermeras, psicólogos y terapeutas sexuales resulta esencial para brindar una atención integral centrada en el paciente2,7.

En síntesis, esta revisión respalda la importancia de considerar la sexualidad como un componente inseparable de la salud cardiovascular. La atención sistemática de la función sexual puede mejorar la calidad de vida y la adherencia terapéutica, siendo necesario superar barreras culturales y de formación, e incorporar estrategias proactivas de educación y consejería en todos los niveles de atención cardiovascular.

 

BIBLIOGRAFÍA

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