AUTORES
- Elena López Sisternes. Médico Interno Residente Servicio Cirugía General y Aparato Digestivo. Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa de Zaragoza. España.
- Miguel Gasós García. Médico Interno Residente Servicio Cirugía General y Aparato Digestivo. Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa de Zaragoza. España.
- Daniel Otero Romero. Médico Interno Residente Servicio Cirugía General y Aparato Digestivo. Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa de Zaragoza. España.
- Javier Torcal Guerrero. Médico Interno Residente Servicio Cirugía General y Aparato Digestivo. Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa de Zaragoza. España.
- Sofía Fontana Escartín. Médico Interno Residente Servicio Cirugía General y Aparato Digestivo. Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa de Zaragoza. España.
- Nazaret Fernández Fernández. Médico Interno Residente Servicio Cirugía General y Aparato Digestivo. Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa de Zaragoza. España.
RESUMEN
Actualmente, la prescripción de los agonistas de los receptores de GLP-1 y GIP ha experimentado una gran expansión, sobre todo en el ámbito de control de la obesidad y la diabetes tipo 2. Esto ha generado una modificación en el perfil clínico del paciente candidato a cirugía hepática mayor. Estos fármacos, no solo se deben valorar por sus beneficios metabólicos, sino que provocan una ralentización marcada del vaciamiento gástrico que eleva el riesgo anestésico. Además, han demostrado tener efectos hepatoprotectores al disminuir la esteatosis y la esteatohepatitis asociada a disfunción metabólica (MASH). Los consensos actuales coinciden en que, lo más adecuado a la hora de optimizar preoperatoriamente a un paciente que se va a someter a una cirugía hepática mayor programada, es suspender los agonistas de administración semanal con el fin de evitar la broncoaspiración en la inducción. Esto obliga a pautar terapias puente para el control de la glucemia, de manera ajustada a cada caso. Contrariamente, la literatura demuestra que el uso preoperatorio reduce sustancialmente la carga grasa intrahepática y la inflamación lobulillar, lo que mejora las condiciones del futuro remanente hepático (FRH), y frena el daño por isquemia-reperfusión, así como la incidencia de insuficiencia hepática post-hepatectomía (PHLF).
PALABRAS CLAVE
Agonistas del receptor de GLP-1, péptido insulinotrópico dependiente de glucosa, hepatectomía, insuficiencia hepática post-hepatectomía, aspiración neumónica, periodo perioperatorio.
ABSTRACT
Currently, the prescription of GLP-1 and GIP receptor agonists has expanded significantly, particularly in the management of obesity and type 2 diabetes. This has led to a change in the clinical profile of patients undergoing major liver surgery. These drugs should not only be considered for their metabolic benefits, but also because they significantly slow gastric emptying, increasing anesthetic risk. Furthermore, they have demonstrated hepatoprotective effects by reducing steatosis and metabolically dysfunction-associated steatohepatitis (MASH). Current consensus agrees that the most appropriate approach for preoperative optimization in patients undergoing scheduled major liver surgery is to discontinue weekly agonists to prevent aspiration during induction. This necessitates the use of bridging therapies for glycemic control, tailored to each individual case. Conversely, the literature shows that preoperative use substantially reduces intrahepatic fat load and lobular inflammation, improving the conditions of the future liver remnant (LR), and slowing ischemia-reperfusion injury, as well as the incidence of post-hepatectomy liver failure (PHLF).
KEY WORDS
GLP-1 receptor agonists, glucose-dependent insulinotropic polypeptide, hepatectomy, post-hepatectomy liver failure, respiratory aspiration, perioperative period.
El uso generalizado, y cada vez más extendido, de los agonistas de los receptores de GLP-1 y del polipéptido insulinotrópico dependiente de glucosa (GIP), entre los que destacan la semaglutida y la tirzepatida, ha transformado el perfil de los pacientes con obesidad y diabetes mellitus tipo 2 (DM2). Esto es relevante en el ámbito de la Cirugía General puesto que cada vez más personas que ingresan en estos servicios y van a ser intervenidas quirúrgicamente, de forma programada o urgente, toman esta medicación de forma habitual.
En el caso de la cirugía hepática mayor, como las hepatectomías regladas por tumores primarios o afectación metastásica, estos fármacos sitúan al equipo médico ante un escenario complejo. El primer reto es puramente mecánico y anestésico: su efecto directo retrasa el vaciamiento gástrico, lo que incrementa el riesgo de broncoaspiración en la inducción anestésica del acto quirúrgico. Esta implicación ha llevado a organizaciones como la Asociación Española de Cirujanos (AEC), la World Society of Emergency Surgery (WSES) y diversas sociedades de anestesiología (ASA, SEDAR) a publicar protocolos de consenso no demorables¹.
Otro de los temas candentes que están en el centro del debate es el impacto que ejercen estos fármacos sobre el parénquima hepático. Estudios recientes sugieren que, al reducir la esteatosis y la inflamación en pacientes con hígados con disfunción metabólica (MASH), estos fármacos funcionan como herramientas de prehabilitación metabólica. Es decir, podrían mejorar la calidad del futuro remanente hepático y atenuar las lesiones por isquemia-reperfusión que se observan, con relativa frecuencia, en el postoperatorio. Esta revisión examina la evidencia disponible con el fin de unificar las pautas de seguridad perioperatoria y evaluar las ventajas que aportan estos tratamientos sobre el tejido hepático en la cirugía actual.
Se ha realizado una búsqueda estructurada en PubMed, Embase, Scopus y la Cochrane Library para recopilar la evidencia científica disponible, priorizando los consensos internacionales y las guías clínicas actualizadas hasta 2026.
Para la estrategia de búsqueda se han empleado operadores booleanos combinando términos libres y vocabulario estructurado: «GLP-1 receptor agonists», «GIP receptor agonists», «Semaglutide», «Tirzepatide», «Hepatectomy», «Liver surgery», «Gastric emptying», «Pulmonary aspiration», «Post-hepatectomy liver failure», «AEC guidelines» y «Perioperative management».
- Criterios de inclusión: Guías de práctica clínica, documentos de consenso de sociedades de cirugía y anestesia, ensayos clínicos, estudios de cohortes y revisiones sistemáticas que analizaran a pacientes tratados con análogos de GLP-1 o duales (GLP-1/GIP) sometidos a cirugía mayor, o que midieran variaciones funcionales e histológicas en el hígado.
- Criterios de exclusión: Reportes de casos clínicos, cartas al editor sin datos empíricos, trabajos en modelos animales no replicables en humanos y artículos duplicados.
La información obtenida se ha organizado y analizado alrededor de dos ejes principales: la seguridad anestésica en el perioperatorio, y los cambios fisiopatológicos logrados en el parénquima hepático.
La principal preocupación en el manejo inmediato de los pacientes que están en tratamiento con análogos de GLP-1/GIP es la broncoaspiración del contenido gástrico durante la inducción anestésica, un evento grave y potencialmente evitable si se siguen las pautas adecuadas. Estos fármacos disminuyen la motilidad gástrica y ralentizan el vaciamiento del estómago mediante mecanismos regulados por el sistema nervioso central.
Debido a este efecto, los ayunos convencionales por los que se optan de manera reglada ante cualquier intervención quirúrgica de 6 a 8 horas para alimentos sólidos pueden no ser suficientes en este tipo de pacientes. Existe un recurso fácil y accesible, las evaluaciones mediante ecografía gástrica a la cabecera del paciente (POCUS), que revelan con frecuencia volúmenes residuales significativos tanto de sólidos como de líquidos en personas que han cumplido ayunos de hasta 12 o 24 horas, con lo que se optaría por reconducir la decisión quirúrgica de manera segura².
Para mitigar este riesgo, los consensos internacionales avalados por la AEC y sociedades de anestesiología establecen pautas claras de suspensión³. En caso de fármacos de posología diaria (ej. Liraglutida), se establece una pauta de interrupción el mismo día de la intervención y se reintroducen una vez que el paciente tolera la vía oral de forma completa. Por otro lado, en el caso de fármacos de administración semanal (ej. Semaglutida, Tirzepatida), deben suspenderse entre 7 y 10 días antes de la cirugía programada, lo que implica omitir la dosis previa a la intervención. Si es preciso, se pauta terapia puente con insulina para mantener el control de la glucemia, pero siempre hay que individualizar cada caso
Si estamos ante casos en los que no se haya cumplido este periodo de suspensión y la hepatectomía sea programada, la indicación actual es aplazar y reprogramar la cirugía. Si la intervención es urgente o no demorable, según los criterios de la WSES, se debe tratar al paciente bajo el protocolo de «estómago lleno», realizando una inducción de secuencia rápida (ISR) con intubación endotraqueal y apoyándose, si es factible, en una ecografía gástrica previa⁴.
Por otro lado, dejando de lado las implicaciones en el manejo de la vía aérea, estos fármacos abren una vía de debate en lo que se refiere a la preparación del tejido hepático que va a quedar tras una resección mayor, sobre todo teniendo en cuenta que la insuficiencia hepática post-hepatectomía (PHLF) sigue siendo la complicación más grave tras resecciones extensas. Su aparición depende directamente del estado del parénquima residual.
Un hígado con esteatosis severa o MASH presenta alteraciones en la microcirculación sinusoidal y menor capacidad regenerativa. Esto aumenta su vulnerabilidad al daño por isquemia-reperfusión (IRI) que ocurre durante maniobras de exclusión vascular como el clampeo mediante la técnica de Pringle⁵. Los datos que exponen los ensayos clínicos recientes, que incluyen evaluaciones histológicas y mediciones por resonancia magnética (MRI-PDFF), señalan que pautas cortas de tratamiento con semaglutida o tirzepatida logran beneficios medibles⁶.
Por un lado, actúan reduciendo la grasa intrahepática, pues se han observado descensos de la fracción grasa de entre un 30% y un 50% en intervenciones de pocas semanas. Paralelamente, generan una disminución de la respuesta inflamatoria; esto lo consiguen reduciendo los niveles de transaminasas y los marcadores de estrés oxidativo y, consecuentemente, reduciendo la inflamación lobulillar propia del MASH. Finalmente, tienen un efecto de protección mitocondrial. Este efecto último es interesante en el contexto de la resección, ya que se constata una mejor preservación de los niveles de ATP mitocondrial y una menor tasa de apoptosis en los hepatocitos tras fases de isquemia.
Al reducir la carga grasa y mejorar la microcirculación de un hígado previamente esteatósico, estos fármacos optimizan la capacidad del futuro hígado remanente para tolerar las modificaciones hemodinámicas que suceden inmediatamente después de la resección, como el hiperflujo portal funcional.
Los agonistas de los receptores de GLP-1 y GIP constituyen un elemento a destacar en la planificación de la cirugía hepática en la actualidad. Su perfil clínico obliga a equilibrar dos vertientes: representan un riesgo real para la seguridad anestésica si no se manejan de forma adecuada, pero funcionan como un recurso potente para mejorar la calidad del parénquima hepático a nivel fisiopatológico.
El éxito de los procedimientos exige un abordaje coordinado que engloba garantizar la seguridad, puesto que es indispensable incorporar en las listas de verificación preoperatorias el cribado de estos fármacos para asegurar que las presentaciones semanales se suspendan al menos una semana antes de la intervención, evitando episodios de broncoaspiración, e impulsar la investigación clínica. En este sentido, sería interesante y necesario desarrollar ensayos clínicos aleatorizados y multicéntricos amparados por sociedades como la AEC o la AECP. Estos estudios deben confirmar si los pacientes con MASH sometidos a ciclos cortos de análogos de GLP-1/GIP antes de una hepatectomía mayor logran una reducción real en la incidencia de ascitis postoperatoria, fístulas biliares o insuficiencia hepática bajo los criterios estandarizados del ISGLS.
Planificar correctamente la ventana de suspensión y comprender la respuesta molecular que inducen en el parénquima permite transformar un factor de riesgo en una herramienta de optimización para el paciente quirúrgico.
- American Society of Anesthesiologists (ASA) Task Force on Preoperative Management. Consensus practice guidelines for preoperative management of patients on glucagon-like peptide-1 (GLP-1) receptor agonists. Anesthesiology. 2023;139(4):451–457.
- Sherwin VS, Stark RM. Point-of-care gastric ultrasound (POCUS) assessment of residual gastric volume in diabetic patients on weekly semaglutide therapy prior to major elective surgery. Br J Anaesth. 2024;132(5):689–696.
- Asociación Española de Cirujanos (AEC). Consenso multidisciplinar sobre el manejo perioperatorio de pacientes en tratamiento con agonistas de los receptores de GLP-1 y duales GLP-1/GIP en cirugía programada. Sección de Cirugía Hepatobiliopancreática y Nutrición Quirúrgica. Madrid: Editorial AEC; 2025.
- Senese M, Coccolini F, Catena F. World Society of Emergency Surgery (WSES) guidelines update: Management of the metabolic patient in emergency general surgery and acute airway strategies for «full stomach» status. World J Emerg Surg. 2025;20(1):14.
- Newsome PN, Ambery P, Harrison S. A. Hepatoprotective mechanisms of GLP-1 and glucagon receptor co-agonists: Mitigation of ischemia-reperfusion injury and prevention of post-hepatectomy liver failure. J Hepatol. 2025;82(2):301–314.
- Loomba R, Linder DH, Harrison SA. Efficacy of dual GLP-1/GIP receptor agonists in the reduction of hepatic fat fraction quantified by MRI-PDFF in metabolic dysfunction-associated steatohepatitis (MASH). Lancet Gastroenterol Hepatol. 2024;9(3):215–226.