Nuevas terapias en el tratamiento de las fístulas enterocutáneas y enteroatmosféricas

3 octubre 2026

 

AUTORES

  1. Daniel Otero Romero (Servicio de Cirugía General y del Aparato Digestivo, HCU Lozano Blesa, Zaragoza, España).
  2. Miguel Gasós García (Servicio de Cirugía General y del Aparato Digestivo, HCU Lozano Blesa, Zaragoza, España).
  3. Álvaro Lagos de los Reyes (Servicio de Cirugía General y del Aparato Digestivo, HCU Lozano Blesa, Zaragoza, España).
  4. Sofía Fontana Escartín (Servicio de Cirugía General y del Aparato Digestivo, HCU Lozano Blesa, Zaragoza, España).
  5. Elena López Sisternes Servicio de Cirugía General y del Aparato Digestivo, HCU Lozano Blesa, Zaragoza, España).
  6. Javier Torcal Guerrero (Servicio de Cirugía General y del Aparato Digestivo, HCU Lozano Blesa, Zaragoza, España).

RESUMEN

Introducción. Las fístulas enterocutáneas (FEC) y enteroatmosféricas (FEA) representan complicaciones complejas y potencialmente mortales, derivadas principalmente de procesos iatrogénicos. Su manejo clínico se fundamenta históricamente en la tríada de sepsis, desnutrición y alteraciones hidroelectrolíticas. Este artículo tiene como objetivo estandarizar un protocolo multidisciplinar para el abordaje de estas patologías, enfocándose en la estabilización aguda, el soporte nutricional fisiológico y el momento óptimo para la resolución quirúrgica.

Resultados. El tratamiento debe ser secuencial. En la fase aguda, la prioridad es la resucitación hidroelectrolítica y el control de la sepsis mediante. En la fase crónica, el soporte nutricional ha desplazado al «reposo intestinal» hacia la alimentación enteral temprana y la fistuloclisis (reinfusión de quimo), técnica que restaura la función intestinal y reduce la dependencia de la nutrición parenteral. Para las FEA, el aislamiento del efluente mediante terapia de presión negativa modificada resulta esencial para proteger los tejidos y favorecer la granulación. La cirugía definitiva—resección en bloque con anastomosis— debe posponerse entre 6 a 12 meses para permitir la resolución de la peritonitis obliterante.

Conclusión. El éxito en el manejo de las fístulas depende de la resiliencia médica y la optimización integral del paciente antes de la intervención reconstructiva. La implementación de este enfoque protocolizado permite reducir la mortalidad al rango del 3-10% y garantiza los mayores índices de curación definitiva, minimizando el riesgo de recurrencias iatrogénicas tras la relaparotomía.

PALABRAS CLAVE

Fístula enterocutánea, nutrición enteral, fistuloclisis, sepsis, reconstrucción quirúrgica.

ABSTRACT

Introduction. Enterocutaneous (ECF) and enteroatmospheric (EAF) fistulas represent complex and potentially lethal complications, derived mainly from iatrogenic processes. Their clinical management has historically been based on the triad of sepsis, malnutrition, and hydroelectrolytic alterations. This article aims to standardize a multidisciplinary protocol for the management of these pathologies, focusing on acute stabilization, physiological nutritional support, and the optimal timing for surgical resolution.

Results. The results show that treatment must be sequential. In the acute phase, the priority is hydroelectrolytic resuscitation and sepsis control through percutaneous drainage. In the chronic phase, nutritional support has shifted from «bowel rest» toward early enteral feeding and fistuloclysis (reinfusion of chyme), a technique that restores intestinal function and reduces dependence on parenteral nutrition. For EAF, isolation of the effluent using modified negative pressure therapy is essential to protect tissues and promote granulation. Definitive surgery—en bloc resection with anastomosis—should be postponed for 6 to 12 months to allow for the resolution of obliterative peritonitis.

Conclusion. The success in fistula management depends on medical resilience and the comprehensive optimization of the patient before reconstructive intervention. The implementation of this protocolized approach allows for the reduction of mortality to the 3-10% range and guarantees the highest rates of definitive cure, minimizing the risk of iatrogenic recurrences following relaparotomy.

KEY WORDS

Enterocutaneous fistula, enteral nutrition, fistuloclysis, sepsis, surgical reconstruction.

INTRODUCCIÓN

Una fístula se define como una conexión anormal entre dos órganos o superficies epitelizadas. Específicamente, las fístulas entéricas se originan debido a una pérdida de integridad en la pared intestinal que permite el drenaje de contenido hacia un órgano adyacente o una superficie abierta. Dentro de este espectro, es imperativo diferenciar dos entidades clínicas que, aunque relacionadas, presentan retos biomecánicos y terapéuticos distintos: 1) Fístulas Enterocutáneas (FEC), son conexiones anómalas entre el tracto gastrointestinal (GI) y la piel; y 2) Fístulas Enteroatmosféricas (FEA), conexiones entre el tracto GI y una herida abierta sin tejido cutáneo o subcutáneo circundante, típicamente en el contexto de un abdomen abierto1.

La gran mayoría de las fístulas (75-85%) son de etiología iatrogénica, presentándose como complicaciones de cirugías intestinales, especialmente tras resecciones por enfermedades malignas, lisis de adherencias o traumatismos. El 15-25% restante surge de forma espontánea. Los factores de riesgo que favorecen su aparición o perpetuación se agrupan en la regla mnemotécnica «FRIENDS»: Foreign body (Cuerpo extraño), Radiation (Radiación en el sitio), Inflammation/Infection (Inflamación como la enfermedad de Crohn, o infección), Epithelialization (Epitelización del trayecto fistuloso), Neoplasm (Neoplasia), Distal obstruction (Obstrucción intestinal distal), Steroids/Short tract (Esteroides que alteran la cicatrización o trayectos cortos menores a 2 cm)2.

Históricamente, la mortalidad de las fístulas ha sido devastadora, rondando el 40-44% en décadas pasadas. Hoy en día, gracias a los avances en cuidados intensivos y soporte nutricional, las series más recientes de centros especializados reportan tasas de mortalidad reducidas hasta un 3-10%. Sin embargo, la tríada clásica de complicaciones—sepsis, desnutrición y alteraciones hidroelectrolíticas—sigue siendo la principal causa de deceso1,3,4.

Objetivo

El objetivo de este artículo es estandarizar y actualizar los protocolos de manejo multidisciplinar de las fístulas enterocutáneas y enteroatmosféricas, unificando criterios de resucitación, soporte nutricional, control del efluente local y estrategias quirúrgicas definitivas para minimizar la morbimortalidad asociada.

MATERIAL Y MÉTODO

Se ha realizado una revisión de la literatura médica adjunta, que abarca guías de práctica clínica, ensayos controlados, metaanálisis y reportes de casos retrospectivos. Los datos fueron sintetizados para formular un algoritmo de tratamiento basado en fases clínicas secuenciales.

RESULTADOS

El manejo de las FEC y FEA es un proceso complejo que debe abordarse mediante protocolos estructurados como el acrónimo SNAP (Sepsis, Nutrition, Anatomy, Plan) o SOWATS (Sepsis, Optimization of nutrition, Wound care, Anatomy, Timing of surgery, Surgical strategy). El tratamiento se divide sistemáticamente en tres grandes fases temporales3.

FASE AGUDA (0 A 7 DÍAS): ESTABILIZACIÓN Y CONTROL DE LA SEPSIS:

La prioridad inicial absoluta es la reanimación hemodinámica y el control del origen de la sepsis, ya que esta fase es responsable del 80% de las muertes en estos pacientes.

1. Resucitación Hidroelectrolítica: Los pacientes presentan hipovolemia profunda y acidosis. La hipocaliemia es el déficit más frecuente, requiriendo reposición con suero salino isotónico y potasio. En fístulas proximales (duodenales/pancreáticas), se debe aportar bicarbonato para evitar acidosis metabólica.

2. Control de la Infección: Se debe iniciar terapia antibiótica empírica, toma de cultivos y realización de una Tomografía Computarizada (TC) de abdomen con contraste oral e intravenoso para identificar colecciones.

3. Drenaje: Si existen abscesos intraabdominales bien delimitados, el drenaje percutáneo guiado por imagen es la opción de elección. La intervención quirúrgica urgente (laparotomía de control de daños) se reserva para casos de peritonitis generalizada, isquemia intestinal, neumoperitoneo o dehiscencia anastomótica completa. En esta cirugía urgente, el objetivo es lavar la cavidad y drenar; no se recomiendan nuevas anastomosis en tejido inflamado1,2,4.

FASE CRÓNICA (7 DÍAS A 12 MESES): NUTRICIÓN Y CONTROL ANATÓMICO:

Nutrición:

La malnutrición aumenta el riesgo de fugas y mortalidad. Los requerimientos calóricos en estos pacientes hipercatabólicos oscilan entre 25 a 40 kcal/kg/día, con un aporte proteico alto de 1.5 a 2.5 g/kg/día.

La Nutrición Parenteral Total (NPT) fue históricamente el pilar del tratamiento. Hoy se indica principalmente en fístulas de alto débito, con obstrucción distal, sepsis persistente o intolerancia a la vía oral. Ayuda a reducir el volumen de secreción del tracto GI en un 30-50%. Sin embargo, la NPT conlleva riesgos de sepsis por catéter, trombosis y daño hepático3.

Por otro lado tenemos la nutrición enteral (NE) y la fistuloclisis. La NE se prefiere siempre que el intestino funcione. La NE protege la integridad de la barrera mucosa, previene la atrofia vellositaria y preserva la función inmunológica. Una técnica fisiológica innovadora es la Fistuloclisis o Enteroclisis de reinfusión, que consiste en recolectar el quimo (efluente) de la fístula proximal y reinfundirlo en el asa eferente distal a un ritmo controlado5,6. Esta práctica restaura la circulación enterohepática, corrige el fracaso intestinal y disminuye drásticamente la dependencia de la NPT y sus complicaciones asociadas (ahorrando costos y evitando infecciones de catéter)4,7,8.

Terapia Farmacológica:

Es necesario tener un control del volumen del efluente para facilitar el cuidado de la herida y la homeostasis. Para el control del débito diario de la fístula tenemos multitud de opciones terapéuticas. Los agentes antidiarreicos como la loperamida y la codeína disminuyen el tránsito intestinal. Los fármacos antisecretores como los Inhibidores de la Bomba de Protones (IBP) o los antagonistas H2 neutralizan el pH gástrico y reducen el volumen de secreción. Por otro lado disponemos de análogos de la somatostatina como el octreótido, que reduce secreciones gástricas y pancreáticas, así como la motilidad. Estudios muestran que reduce el volumen del efluente, aunque los metaanálisis no confirman un aumento significativo en la tasa de cierre espontáneo frente a placebo. Por último, también son de utilidad los análogos del GLP-2 (Teduglutida) que estimulan la proliferación celular intestinal y la absorción de nutrientes. Estudios piloto han demostrado que es un tratamiento factible y bien tolerado, que logra reducciones observables en el drenaje, requiriendo ensayos confirmatorios más amplios9,10.

Control Local de la Herida:

El manejo del abdomen congelado o la fístula enteroatmosférica es el mayor reto quirúrgico. Se debe aislar el vertido intestinal para evitar la abrasión química de los tejidos y permitir la granulación. Para esto disponemos de terapias de presion negativa y técnicas de aislamiento de abdomen abierto.

En cuanto a las terapia de presión negativa (VAC) son el estándar de oro. El sistema VAC minimiza el tamaño de la herida, controla el drenaje y promueve la curación. Sin embargo, se debe tener extrema precaución de no exponer el intestino directamente a la esponja para evitar desecación, isquemia y nuevas fístulas.

En las técnicas de aislamiento en el abdomen abierto disponemos de multitud de opciones como el estoma flotante que consiste en proteger el lecho de la herida con una barrera y colocar una bolsa de ostomía anclada sobre el tejido de granulación. El Nipple VAC / Baby Bottle Nipple consiste en la colocación de la tetina del biberón pediátrico sobre el orificio fistuloso con un catéter a través de la punta. Se sella con pasta de ostomía y se cubre el resto del defecto con el sistema VAC. Es un abordaje completamente atraumático. En el Silo VAC se usa el cilindro de una jeringa plástica envuelto en gasa vaselinada alrededor de la fístula, permitiendo que el efluente drene centralmente hacia una bolsa mientras el VAC succiona la periferia. Por último, otra de las opciones son los injertos cutáneos. Estos se aplican tras la granulación del lecho, realizando injertos de piel de espesor parcial sobre las asas intestinales expuestas, convirtiendo funcionalmente una FEA en una FEC más manejable y fácil de embolsar4,11,12.

Terapias Intervencionistas No Quirúrgicas:

Para fístulas de bajo débito, trayecto largo y único, sin sepsis activa, existen alternativas mínimamente invasivas. Una de las opciones son los sellantes tisulares (Fibrina y Cianoacrilato) útiles en orificios pequeños. El cianoacrilato resiste la degradación por enzimas pancreáticas. Las tasas de éxito oscilan entre 40% y 100%. El papel de la endoscopia no es despreciable. El uso de clips montados sobre el endoscopio (OTSC – Over-The-Scope Clips) es útil en defectos pequeños (<10 mm) agudos, con tasas de éxito variables (51% a 89%). Las suturas y stents endoscópicos presentan menor eficacia a largo plazo por recidiva. Por último y como técnica novedosa disponemos de dispositivos 3D y tapones que permite realizar diseños personalizados impresos en 3D ajustándse a la anatomía fistulosa, restaurando la integridad del lumen y previniendo fugas al acoplarse anatómicamente a la pared intestinal2,4,13–15.

FASE QUIRÚRGICA DEFINITIVA (6 A 12 MESES):

Aproximadamente un tercio de las FEC se cierran espontáneamente en 5 a 6 semanas (principalmente las de bajo débito, trayecto largo e íleon proximal). Las FEA casi nunca cierran de forma espontánea debido a la falta de tejido blando subyacente. Si la fístula persiste, se requiere cirugía. El retraso de la cirugía reconstructiva es el aspecto más crítico. Se debe esperar de 6 a 12 meses desde el inicio del cuadro. Esta espera es obligatoria para permitir que la peritonitis plástica y las densas adherencias intraperitoneales se ablanden y vuelvan favorables para la disección, reduciendo drásticamente el riesgo de enterotomías inadvertidas durante la relaparotomía. Operar prematuramente resulta en fallos catastróficos y recurrencias mortales1–3. La laparotomía debe realizarse por tejido sano, generalmente lateral a la fístula antigua. El estándar de oro es la resección en bloque del segmento intestinal involucrado con su tejido fibrótico, seguido de una anastomosis primaria terminoterminal. La sutura simple del defecto (cierre primario sin resección) está contraindicada por su alta tasa de recurrencia (36% vs 16%). En el momento del cierre se suelen enfrentar hernias ventrales masivas. Se puede requerir separación de componentes o el uso de mallas biológicas o bioabsorbibles para cerrar el defecto fascial sin tensión. Las mallas sintéticas permanentes están estrictamente contraindicadas en este contexto contaminado3,4,7,16.

DISCUSIÓN

El análisis histórico del manejo de fístulas muestra una evolución notable desde la hiperalimentación parenteral dogmática de los años 70 hasta los enfoques intestinales rehabilitadores del siglo XXI. El dogma del «reposo intestinal absoluto» ha sido sustituido por la filosofía de «si el intestino funciona, úselo«. Se ha demostrado que la nutrición enteral temprana estimula el flujo mesentérico, fomenta el tejido linfoide asociado al intestino y previene la atrofia de la mucosa, logrando equivalencia o superioridad frente a la NPT con muchos menos riesgos de hepatotoxicidad o bacteriemia por catéter. Destaca el uso de la fistuloclisis como una herramienta fisiológica, económica y efectiva que revierte el fracaso intestinal y disminuye la respuesta hipercatabólica.

Otro paradigma discutido es el control de la fístula enteroatmosférica. La aplicación directa de presión negativa (NPWT) sobre el intestino expuesto causó controversias iniciales por el temor a isquemia local y exacerbación del defecto. Sin embargo, la invención de técnicas barrera (Nipple VAC, Silo VAC, estoma flotante) ha permitido aislar el efluente del lecho de la herida, propiciando el control perimetral y la epitelización. El uso de simuladores ex vivo para la formación del personal quirúrgico y de enfermería en estas técnicas de curación tan específicas parece ser una vía prometedora para reducir la incidencia iatrogénica de las EAF.

Finalmente, el consenso general recalca la importancia de evitar la reintervención temprana. La optimización del paciente—resolución de sepsis (S), control nutricional (N), mapeo anatómico (A) y planificación paciente (P)—requiere resiliencia médica. Los factores de riesgo de recurrencia tras la cirugía definitiva, como la diabetes mellitus, infección del sitio quirúrgico y ventilación prolongada, dictan que la cirugía solo debe realizarse cuando el hospedero esté fisiológicamente blindado.

CONCLUSIÓN

El manejo exitoso de las fístulas enterocutáneas y enteroatmosféricas requiere un enfoque multidisciplinar riguroso y secuencial, donde la prioridad inicial debe centrarse en la erradicación de la sepsis intrabdominal y la estabilización hidroelectrolítica como medidas fundamentales para evitar la mortalidad temprana. Una vez estabilizado el paciente, el soporte nutricional debe priorizar la vía enteral y la reinfusión del quimo mediante fistuloclisis siempre que sea anatómicamente posible, optimizando así la recuperación fisiológica y minimizando las complicaciones asociadas a la nutrición parenteral. En casos de fístulas enteroatmosféricas, la ingeniería local de heridas, mediante el aislamiento del efluente con técnicas de presión negativa modificadas (como VAC silo o nipple), resulta indispensable para prevenir la excoriación tisular y promover la granulación o el injerto dermoepidérmico. Finalmente, la resolución quirúrgica debe planificarse bajo un criterio de paciencia estratégica, posponiendo la reconstrucción mediante resección en bloque y anastomosis terminoterminal por un periodo de 6 a 12 meses para permitir la resolución de la peritonitis obliterante y asegurar las tasas más elevadas de curación definitiva.

DECLARACIÓN DE INTERESES

Los autores declaran que no tienen intereses financieros competitivos conocidos ni relaciones personales que pudieran haber influido en el trabajo presentado en este artículo.

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