Infecciones urinarias

27 septiembre 2026

 

AUTORES

  1. Diego Moliner Manada. Técnico Superior en Laboratorio de Diagnóstico Clínico. Facultad de Veterinaria de Zaragoza, Zaragoza, España.
  2. Joan Marín Egea. Técnico Superior en Laboratorio de Diagnóstico Clínico. Facultad de Veterinaria de Zaragoza, Zaragoza, España.
  3. Marta Fernández Marín. Técnico Superior en Laboratorio de Diagnóstico Clínico. Hospital Nuestra Señora de Gracia, Zaragoza, España.
  4. Javier Sierra Cremallé. Técnico Superior en Laboratorio de Diagnóstico Clínico. FITA – Fundación de Innovación y Transferencia Agroalimentaria de Aragón, Zaragoza, España.
  5. Aroa Calvo Sanjuan. Técnico Superior en Laboratorio de Diagnóstico Clínico. Facultad de Veterinaria de Zaragoza, Zaragoza, España.
  6. Lucía Romeo Arnal. Técnico Superior en Laboratorio de Diagnóstico Clínico. FITA – Fundación de Innovación y Transferencia Agroalimentaria de Aragón, Zaragoza, España.

RESUMEN

Las infecciones del tracto urinario (ITU) se encuentran entre las infecciones bacterianas más frecuentes y pueden presentar manifestaciones que van desde la bacteriuria asintomática hasta cuadros graves como la pielonefritis y la sepsis. Su frecuencia y gravedad varían según la edad, el sexo, la presencia de alteraciones del aparato urinario y otros factores del paciente1,3.

La mayoría de las ITU se producen por vía ascendente y Escherichia coli constituye el microorganismo aislado con mayor frecuencia3,5. En algunos casos, como las personas mayores o los pacientes hospitalizados, aumenta la diversidad de uropatógenos y la presencia de microorganismos resistentes3,6.

En el diagnóstico se debe estudiar la orina y, cuando está indicado, el urocultivo4,5. La correcta recogida y conservación de la muestra resulta fundamental para evitar resultados incorrectos5. El tratamiento antibiótico debe adecuarse al contexto clínico y al perfil local de sensibilidad, evitando tratar la bacteriuria asintomática salvo en situaciones concretas3,4.

PALABRAS CLAVE

Infecciones urinarias, urocultivo, diagnóstico, resistencia a los antibióticos, prevención.

ABSTRACT

Urinary tract infections (UTIs) are among the most common bacterial infections and may range from asymptomatic bacteriuria to severe conditions such as pyelonephritis and sepsis.1,3 Their frequency and severity vary according to age, sex, urinary tract abnormalities and other patient-related factors1,3.

Most UTIs occur through an ascending route, and Escherichia coli is the most frequently isolated microorganism3,5. In some cases, such as among the elderly or hospitalized patients, the diversity of uropathogens and the presence of resistant microorganisms increase3,6.

Diagnosis should integrate clinical findings with urine testing and, when indicated, urine culture4,5. Proper sample collection and storage are essential to avoid inaccurate results5. Antibiotic treatment should be adapted to the clinical setting and local susceptibility patterns, while asymptomatic bacteriuria should not be treated except in specific circumstances3,4.

KEY WORDS

Urinary tract infections, urine culture, diagnosis, drug resistance, bacterial, prevention.

INTRODUCCIÓN

Las infecciones del tracto urinario constituyen una de las infecciones bacterianas más frecuentes tanto en el ámbito comunitario como en el hospitalario1,5. Su presentación es variable y comprende desde cuadros localizados y no complicados hasta infecciones con afectación sistémica y riesgo de sepsis1.

La infección suele producirse por la llegada de microorganismos al tracto urinario, principalmente mediante una vía ascendente desde la región periuretral. La anatomía femenina favorece este mecanismo, debido a la menor longitud de la uretra y a su proximidad con el área perineal3.

Las ITU pueden clasificarse según su localización en infecciones de vías urinarias bajas o altas, y también según la presencia de factores que aumenten el riesgo de complicaciones1,5. Entre estos factores se encuentran las alteraciones estructurales o funcionales del tracto urinario, la instrumentación, la obstrucción, algunas enfermedades crónicas y determinadas situaciones fisiológicas1,3.

El diagnóstico microbiológico es muy importante debido a la frecuencia de estas infecciones y al creciente problema de las resistencias antimicrobianas. La identificación del microorganismo y el conocimiento de su sensibilidad permiten orientar el tratamiento y mejorar el uso de los antibióticos5,6.

METODOLOGÍA

Se realizó una revisión bibliográfica narrativa utilizando publicaciones científicas relacionadas con las infecciones urinarias. Se seleccionaron artículos publicados entre 2006 y 2019 en español, centrados en aspectos epidemiológicos, etiológicos, clínicos, diagnósticos, preventivos y terapéuticos de las infecciones urinarias. Se priorizaron revisiones bibliográficas, recomendaciones clínicas y estudios originales que aportarán información relevante sobre los principales uropatógenos, el diagnóstico microbiológico, la prevención, el tratamiento y los perfiles de sensibilidad antimicrobiana.

RESULTADOS

Las infecciones urinarias presentan una elevada frecuencia y pueden afectar a personas de todas las edades, aunque determinados grupos tienen un mayor riesgo de complicaciones1,3. En personas mayores, por ejemplo, son las infecciones bacterianas más frecuentes y su manejo puede verse dificultado por la comorbilidad, la instrumentación urinaria y los cambios asociados al envejecimiento3.

La vía ascendente es el mecanismo de infección más habitual. La colonización periuretral puede progresar hacia la vejiga y, en determinadas circunstancias, alcanzar el riñón. La menor longitud de la uretra femenina y su proximidad al ano contribuyen a explicar la mayor frecuencia de estas infecciones en mujeres3.

Escherichia coli es el principal uropatógeno aislado en las ITU, aunque también pueden encontrarse Klebsiella spp., Proteus spp., Enterococcus spp., Pseudomonas aeruginosa y otros microorganismos3,5. En personas mayores y en pacientes hospitalizados aumenta la frecuencia de microorganismos distintos de E. coli y de infecciones polimicrobianas3.

En un estudio realizado en 1959 en pacientes de una institución sanitaria de tercer nivel, la prevalencia de ITU fue del 31%. Los principales microorganismos fueron E. coli, Enterococcus spp. y Klebsiella spp., que representaron el 69%, 11% y 8% de las infecciones, respectivamente. La infección y el aislamiento de E. coli fueron más frecuentes en mujeres y en adultos mayores6.

Los factores predisponentes incluyen las alteraciones anatómicas o funcionales del aparato urinario, la obstrucción, la presencia de cálculos, la diabetes, la insuficiencia renal, la instrumentación y el sondaje urinario. En las personas mayores también adquieren importancia la disminución de la respuesta inmunitaria, la incontinencia y la comorbilidad3.

Las manifestaciones clínicas dependen de la localización y gravedad de la infección. La cistitis suele producir disuria, urgencia miccional, tenesmo y polaquiuria, mientras que la pielonefritis puede acompañarse de fiebre, escalofríos, dolor en la región renal y deterioro del estado general. En pacientes de edad avanzada estas manifestaciones pueden ser menos específicas3.

La bacteriuria asintomática se caracteriza por la presencia significativa de bacterias en orina en ausencia de síntomas urinarios. Su detección no implica necesariamente una infección que deba tratarse, y el tratamiento indiscriminado puede favorecer la aparición de resistencias3. En pediatría, las recomendaciones también diferencian la bacteriuria asintomática de la infección urinaria sintomática y establecen la necesidad de obtener un urocultivo antes de iniciar el tratamiento antibiótico4.

El diagnóstico microbiológico debe valorar el contexto clínico, el método de recogida de la muestra y los elementos formes presentes en la orina, además del recuento bacteriano. El urocultivo continúa siendo una herramienta fundamental, aunque no está indicado en todas las situaciones. Tradicionalmente se ha considerado significativo un recuento de 10^5 UFC/ml, aunque recuentos inferiores pueden adquirir valor diagnóstico dependiendo del paciente y de la forma de obtención de la muestra5.

La recogida de orina de chorro medio es uno de los procedimientos habituales para obtener la muestra. La conservación y el transporte adecuados son esenciales, ya que las condiciones de la muestra pueden modificar el resultado del cultivo. Una parte importante de los urocultivos procesados en el laboratorio son negativos, por lo que la utilización de procedimientos de selección y automatización puede contribuir a optimizar el trabajo microbiológico5.

El estudio de susceptibilidad antimicrobiana es especialmente relevante por el aumento de las resistencias. En el estudio realizado en Medellín, E. coli presentó las mayores frecuencias de resistencia frente a ampicilina, ácido nalidíxico, trimetoprim-sulfametoxazol y ciprofloxacino, mientras que Klebsiella spp. mostró resistencia principalmente frente a trimetoprim-sulfametoxazol, ampicilina-sulbactam y cefalotina5,6.

El tratamiento debe seleccionarse según la localización de la infección, la edad, las características del paciente y la sospecha microbiológica. En pediatría, las recomendaciones señalan que el tratamiento empírico debe estar condicionado por los patrones locales de sensibilidad y que, una vez disponible el resultado del urocultivo, debe ajustarse el tratamiento al microorganismo aislado4.

La prevención incluye la corrección de factores predisponentes y la reducción de procedimientos invasivos innecesarios. En pacientes sondados se recomienda evitar los sondajes prolongados siempre que sea posible y utilizar sistemas adecuados de drenaje3. También se han estudiado medidas higiénico-dietéticas y estrategias de profilaxis para reducir las recurrencias, especialmente en determinados grupos de pacientes2.

DISCUSIÓN

La elevada frecuencia de las infecciones urinarias y la diversidad de situaciones clínicas que pueden presentarse hacen necesario diferenciar los cuadros de bajo riesgo de aquellos asociados a factores de complicación. La edad, el embarazo, el sexo, las alteraciones del aparato urinario y la presencia de instrumentación pueden modificar tanto la presentación clínica como el manejo de la infección1,3.

E. coli continúa siendo el principal uropatógeno, pero los estudios muestran que su frecuencia y su perfil de sensibilidad pueden variar entre poblaciones3,6. La elevada resistencia observada frente a determinados antibióticos refuerza la necesidad de disponer de información microbiológica local para seleccionar tratamientos empíricos adecuados6.

El laboratorio clínico desempeña un papel fundamental en este proceso, desde la correcta recepción y valoración de la muestra hasta la identificación del microorganismo y el estudio de sensibilidad. Una muestra mal recogida o conservada puede alterar el resultado y conducir a decisiones terapéuticas incorrectas5.

También resulta importante diferenciar la bacteriuria asintomática de la infección urinaria sintomática, ya que el tratamiento innecesario de la primera puede contribuir a aumentar las resistencias sin aportar beneficios en determinados pacientes3,4. El uso racional de los antibióticos debe acompañarse de medidas preventivas dirigidas a reducir los factores de riesgo y las recurrencias2,3.

En conjunto, la prevención, el diagnóstico microbiológico y la adecuación del tratamiento constituyen estrategias complementarias para mejorar el control de las ITU y limitar el impacto de la resistencia antimicrobiana2.

CONCLUSIONES

Las infecciones urinarias son procesos frecuentes que pueden presentar una evolución muy variable, desde cuadros localizados hasta infecciones graves1,3.

Escherichia coli es el principal uropatógeno, aunque otros microorganismos adquieren mayor importancia en pacientes mayores, hospitalizados o con factores predisponentes3,6.

El diagnóstico debe integrar la situación clínica con el estudio microbiológico de la orina, prestando especial atención a la correcta recogida, conservación e interpretación del urocultivo4,5.

El aumento de las resistencias antimicrobianas hace necesario conocer los perfiles locales de sensibilidad y ajustar el tratamiento al resultado microbiológico cuando sea posible5,6.

La prevención de factores de riesgo, el uso adecuado de sondajes y antibióticos y la participación del laboratorio clínico son elementos esenciales para mejorar el manejo de las infecciones urinarias2,3,5.

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