AUTORES
- Isabel Navarro Soler. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Teresa Sicart Llombart. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Andrea Yera Monfort. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Lucía Martínez Perales. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Eva Riveres Fernández. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- María Pomareta Pablos. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
RESUMEN
El síndrome del intestino irritable es un desorden intestinal funcional del intestino delgado y grueso caracterizado por dolor abdominal crónico o recurrente asociado con alivio o exacerbación por la defecación, o un cambio en el hábito intestinal. Es un trastorno multifactorial con diferentes mecanismos responsables de los síntomas, entre ellos el estrés y los estilos de vida, ocasionando una importante repercusión en la calidad de vida.
PALABRAS CLAVE
Síndrome del intestino irritable, atención de enfermería, trastorno gastrointestinal.
ABSTRACT
Irritable bowel syndrome is a functional bowel disorder of the small and large intestine characterized by chronic or recurrent abdominal pain associated with relief or exacerbation by defecation, or a change in bowel habit. It is a multifactorial disorder with different mechanisms responsible for the symptoms, including stress and lifestyle, causing a significant impact on the quality of life.
KEYWORDS
Irritable bowel syndrome, nursing care, gastrointestinal disorder.
DESARROLLO DEL TEMA
El síndrome del intestino irritable (SII) comúnmente conocido como “colon irritable” es un desorden intestinal funcional crónico del intestino delgado y grueso caracterizado por dolor abdominal crónico o recurrente asociado con alivio o exacerbación por la defecación, o un cambio en el hábito intestinal sin causa orgánica que lo justifique1-4.
El SII es el trastorno gastrointestinal más comúnmente diagnosticado, presentando una prevalencia mundial de 10%-20% con un aumento de ésta en edades jóvenes de entre 26 y 55 años. Existe un predominio femenino en proporción 3:2, pudiendo afectar a todos los miembros de una sociedad, independientemente de su edad, sexo, raza o nivel socioeconómico. Así pues, por su alta prevalencia y carácter crónico, representa un alto coste en los servicios sanitarios y tiene un gran impacto en la calidad de vida de los pacientes1,2,4-7.
La evidencia sugiere que es un trastorno multifactorial con varios mecanismos responsables de los síntomas informados por los pacientes. Existen varios factores involucrados en la patogénesis del SII capaces de ejercer influencia en el eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal, el sistema inmunitario, el eje cerebro-intestino, el sistema entérico y el sistema nervioso.
Dentro de estos mecanismos destaca la genética, el sistema inmunitario, los trastornos de la barrera epitelial, los hábitos alimenticios, el sexo femenino, la mala absorción de carbohidratos, los trastornos en la motilidad y sensibilidad visceral, el microbioma y la disbiosis gastrointestinal. Además, existe una asociación entre los factores psicológicos como son la ansiedad o depresión y el desarrollo del SII, siendo el factor liberador de corticotropina uno de los mediadores clave1,5,6-9.
DIAGNÓSTICO:
El diagnóstico de SII se basaba en los criterios de Manning que fueron establecidos por primera vez en 1978. Sin embargo, los criterios estándar de oro actuales para el diagnóstico son los criterios de Roma IV, basados en las variaciones en la forma y consistencia de las heces. Según este criterio, el SII se diagnostica por la presencia de dolor abdominal recurrente que debe estar presente al menos un día a la semana, en los últimos tres meses, con un inicio de al menos 6 meses antes de establecerse el diagnóstico asociado con dos o más de las siguientes características: relacionado con la defecación, asociado a un cambio en la frecuencia de las deposiciones y asociado a un cambio en la consistencia de las deposiciones.
No obstante, es necesaria la realización de otras pruebas para establecer un diagnóstico diferencial con otras patologías similares: estudios radiológicos de abdomen, análisis generales y específicos tanto de heces como de sangre y orina, sigmoidoscopia o colonoscopia y una ecografía abdominal2-4,7,9,10.
Para valorar la consistencia de las deposiciones se utiliza la escala de Bristol que gradúa la forma de las heces en una escala del 1-7. En función de la forma de las heces, se subdividirá en SII con predominio de estreñimiento (SII-C), con predominio de diarrea (SII-D), con hábito deposicional mixto (SII-M) o SII inclasificable (SII-I) si sus hábitos intestinales no permiten clasificarlo en ninguno de los anteriores6,9,10.
SÍNTOMAS:
Las manifestaciones clínicas pueden ser debilitantes en muchas personas, y leves o moderadas en otras. Estos pacientes presentan dolor o molestia abdominal que puede estar localizado en un punto o ser difuso, apareciendo generalmente en los cuadrantes inferiores del abdomen. Además, se caracteriza por ser tipo cólico (“retortijones”), punzante, no irradiado ni muy intenso y que mejora con la expulsión de gases o la evacuación. Además, también puede ir acompañado de hinchazón y distensión abdominal, así como otras comorbilidades somáticas, viscerales y psiquiátricas3,5,7,9.
Por otro lado, hay ocasiones donde esta patología tiene un inicio agudo y se desarrolla tras padecer una enfermedad infecciosa caracterizada por dos o más síntomas como son la fiebre, vómitos, diarrea o cultivo positivo de heces. En consecuencia, este síndrome post infeccioso se denomina “SII postinfeccioso”1,6,11.
Aquellos síntomas del SII que se relacionan con el tracto gastrointestinal, como la ansiedad y la depresión, son muy frecuentes en la población actual. Alrededor del 40%-90% de los pacientes que padecen SII tienen los criterios para el diagnóstico de un trastorno mental ocasionando una exacerbación de los síntomas intestinales y, por consiguiente, un deterioro en la calidad de vida9,12.
Por otro lado, hay que, prestar atención a signos y síntomas de alarma como aquellos que comienzan a partir de los 50 años, la presencia de anemia, adelgazamiento involuntario, melenas, alteraciones en las exploraciones físicas o antecedentes familiares de celiaquía, neoplasia colorrectal o enfermedad inflamatoria intestinal (3,9,13).
La calidad de vida relacionada con la salud (CVRS) es un indicador de resultado importante para las enfermedades crónicas con ausencia de marcadores biológicos de enfermedad como en el SII1,3,14,15.
El impacto del SII en la calidad de vida del paciente se puede medir y evaluar mediante la administración de cuestionarios de calidad de vida (10). Dentro de las escalas para valorar la calidad de vida en pacientes con SII se encuentran los cuestionarios SF-36, IBS – QOL, IBS – HRQOL o escala BEST3,16.
El primer instrumento de medida de CVRS específico para pacientes con SII es el “Irritable Bowel Syndrome Quality of Life” (IBSQOL). Los resultados tras la aplicación de este cuestionario confirmaron que el SII afecta a múltiples dimensiones de la calidad de vida de los pacientes17.
El SII implica un enfoque multidisciplinar e individualizado para cada paciente mediante el establecimiento de una buena relación entre el paciente y el proveedor, educación, tranquilidad, intervenciones nutricionales, terapia farmacológica y terapia psicológica7,10.
Se trata de una situación que produce a los pacientes desconocimiento sobre sus síntomas, y sobre cómo desenvolverse. Por tanto, es un objetivo principal por parte de enfermería la educación para la salud, para dotar al paciente de herramientas ante los problemas para lograr una mejoría en su autocuidado13.
TRATAMIENTO:
La principal estrategia terapéutica del SII se centra en el manejo de los síntomas a partir de la introducción de modificaciones en el estilo de vida y principalmente en la dieta, que pueden combinarse con terapias farmacológicas o no farmacológicas2,3.
Las dietas bajas en mono, di, oligosacáridos y polioles fermentables (FODMAP) contribuyen al mejoramiento del estatus nutricional en estos pacientes. Además, las dietas por exclusión bajo control profesional también están recomendadas junto con la realización de actividad física, logrando reducir el estreñimiento y el hinchazón abdominal junto con los síntomas de fatiga, ansiedad y depresión1-3,7,8.
Por otra parte, debido a que cada vez se tiene más en cuenta el enfoque biopsicosocial en la estrategia terapéutica del SII, se ha contemplado la posibilidad de terapias psicológicas. Caben destacar las terapias cognitivo conductuales y las terapias de CAM (medicina complementaria y alternativa), incluidas las terapias a base de hierbas, probióticos, terapias de mente y cuerpo, acupuntura, cambios en la dieta y ejercicio1-4.
CONCLUSIÓN
El diagnóstico de SII repercute en todos los aspectos de la vida diaria e implica cambios que generan, en ocasiones, situaciones estresantes, produciendo un desequilibrio en la vida de la persona, ya que los síntomas se intensifican, empeoran o remiten sin ningún patrón esperado, cosa que repercute directamente en el área personal, familiar, social y laboral del individuo, aspecto significante ya que esta patología generalmente debuta en edades jóvenes y activas.
Por parte de enfermería, debemos individualizar las actuaciones con el objetivo de mejorar la calidad de vida de estos pacientes y facilitar en la medida de la posible una correcta adaptación a esta enfermedad.
La educación al paciente genera resultados muy favorecedores en la calidad de vida y el alivio de los síntomas, así como en la comprensión de la enfermedad y su manejo en la vida diaria. El rol de la enfermera en este proceso educativo se centra en una relación terapéutica eficaz para el afrontamiento de la enfermedad. Los profesionales de Enfermería han de tomar conciencia de su importancia en este proceso, adquiriendo un rol activo en el cuidado del paciente con síndrome de intestino irritable.
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