La rehabilitación psicosocial y el trabajo social sanitario

19 febrero 2025

 

AUTORES

  1. Nilsa Carmen Viejo Lezcano. Graduada en Trabajo Social, Trabajadora Social en SALUD Aragón, España.
  2. Ruth Santamarta Plaza. Diplomada en Trabajo Social, Trabajadora Social en Atención Primaria del Sector II Zaragoza, España.
  3. Sonia Plou Asensio. Diplomada en Trabajo Social, Auxiliar Administrativo en Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza, España.

 

RESUMEN

Se estima que una de cada cuatro personas experimentará problemas de salud mental a lo largo de su vida, resulta fundamental que los equipos profesionales comprendan las características, dificultades y necesidades asociadas, tanto para los individuos afectados como para su entorno.

El artículo aborda la rehabilitación psicosocial de personas con trastornos mentales graves en los recursos especializados destinados a tal fin, definiendo los criterios de entrada en el recurso, explicando el plan individualizado de rehabilitación y la importancia de la red social en la rehabilitación psicológica. Se describe el papel de los profesionales del trabajo social, con el objetivo de proporcionar una visión integral desde un enfoque social y multidisciplinario, detallando su metodología, los desafíos inherentes y la relación establecida con el cliente.

Asimismo, el artículo describe los recursos existentes en la Comunidad Autónoma de Aragón, con especial énfasis en aquellos orientados a la recuperación de personas con trastornos mentales graves.

PALABRAS CLAVE

Trabajo social, atención psicosocial, trastornos mentales.

ABSTRACT

This article examines the psychosocial rehabilitation of individuals with severe mental disorders within specialized resources, emphasizing the importance of understanding the characteristics, challenges, and needs of affected individuals and their surroundings. It defines the entry criteria for these services, explains the individualized rehabilitation plans, and highlights the role of social networks in psychological recovery. The paper also discusses the role of social work professionals, outlining their methodology, inherent challenges, and client relationships, within a social and multidisciplinary approach. Additionally, the article presents available resources in the Autonomous Community of Aragón, focusing on those dedicated to the recovery of individuals with severe mental disorders.

KEY WORDS

Social work, psychiatric rehabilitation, mental disorders.

INTRODUCCIÓN

Desde la reforma psiquiátrica en la década de los años ochenta se ha generado un cambio de concepción de la enfermedad mental, otorgando derechos y obligaciones a las personas con patologías mentales y abogando por una intervención técnica y social. Esta transformación es fruto de la definición de la OMS sobre la salud en la Conferencia Sanitaria Internacional celebrada de Nueva York en 1946, definida como “un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades”1. Estos hechos junto con la Ley General de Sanidad de 1986 propiciaran el marco normativo para iniciar la reforma psiquiátrica en España. Esta reforma supone la desinstitucionalización de las personas con enfermedades mentales y su inserción en la comunidad2.

La vuelta a la comunidad supone la necesidad del trabajo de los aspectos no únicamente médicos de la persona con problemas de salud mental, sino de integración a través del desarrollo y apoyo de la parte psicosocial que le permitan un desenvolvimiento óptimo en su medio, minimizando barreras y potenciando las ayudas para disminuir las posibles discapacidades o limitaciones provocadas por la enfermedad mental y que le provocan una adversidad en su vida y en la vida de las personas que están en su entrono más próximo.

El acto de eliminar los manicomios por un modelo comunitario, en el cual la persona que tiene problemas de salud mental se encuentran en su medio va a generar una mayor calidad de vida e inclusive una mejor recuperación, es en ese contexto ambiental donde el profesional del trabajo social tendrá que intervenir3.

OBJETIVOS

  • Reflejar las características, dificultades y necesidades en trastorno mental grave.
  • Explicar la importancia de la rehabilitación psicosocial para alcanzar el bienestar y la autodeterminación de las personas afectadas.
  • Visibilizar el rol del profesional de trabajo social en la salud mental.

 

METODOLOGÍA

Para la elaboración del presente artículo se ha realizado una revisión sistemática de la literatura publicada sobre la rehabilitación psicosocial y el trabajo social sanitario en el contexto de los trastornos mentales graves. Se emplearon las palabras clave “rehabilitación psicosocial”, “trabajo social sanitario” y “trastorno mental grave” en las bases de datos Dialnet y SciELO, también se ha realizado la lectura de libros especializados en trabajo social y salud mental. La búsqueda abarcó publicaciones entre los años 2007 y 2023 de libros, artículos, capítulos, informes de organismos internacionales y legislación autonómica.

La bibliografía incluida fue seleccionada de acuerdo con los siguientes criterios de inclusión: (1) relacionada con la rehabilitación psicosocial de pacientes con TMG (2) el trabajo social en el ámbito sanitario (3) características del trastorno mental grave.

Se excluyó bibliografía que no abordaba específicamente el trabajo social en salud mental y aquella que no informaba sobre intervenciones psicosociales.

La información obtenida fue sintetizada cualitativamente y organizada en torno a tres grandes áreas temáticas: la rehabilitación psicosocial en TMG, el trabajo social sanitario en salud mental, y la integración social de los pacientes.

RESULTADOS

El trabajo social con personas que padecen un trastorno mental grave (TMG en adelante) vendrá definido por unas características psicopatológicas y sociales de la enfermedad. El TMG estará acompañado de una serie de fenómenos relacionados con el malestar psicosocial del individuo, el objeto del trabajo social por tanto será trabajar con aquellas personas que necesiten de ayuda y apoyo frente a situaciones que perciben como amenazantes y de las que no son capaces de enfrentar, lo que les produce una limitación en sus vidas. Estas pueden ir desde la necesidad de contención de sus impulsos para no verse excluidos de la sociedad debido a comportamientos disociales, hasta la elaboración de un proyecto vital que les permita avanzar4.

Características, dificultades y necesidades en trastorno mental grave:

Desde la mirada del paciente la enfermedad genera una serie de características: sufrimiento, limitación o impedimento en el pensamiento o comportamiento, amenaza la integridad hasta el punto de muerte o padecimiento de una discapacidad, aísla, pudiendo exonerarnos de responsabilidades propias de la sociedad y cultura donde vivimos. Desde una perspectiva médica, la enfermedad es entendida como un desorden funcional ocasionada por una lesión orgánica que influye en el rendimiento normal del proceso vital y por el cual el paciente se ve afectado3.

La salud mental es definida por la OMS5 como aquel “estado de bienestar en el cual el individuo es consciente de sus propias capacidades, puede afrontar las tensiones normales de la vida, puede trabajar de forma productiva y fructífera y es capaz de hacer una contribución a su comunidad”.

El Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, Fifth Edition, (DSM5), el manual de clasificación de las enfermedades mentales, define la salud mental como un síndrome que se caracteriza por una alteración importante del sistema cognitivo, de la regulación emocional y/o del comportamiento del individuo, estos desajustes le provocan una disfunción de los procesos psicológicos, biológicos y del desarrollo, con la consiguiente afectación a nivel mental. Este proceso generalmente va asociado a un estrés elevado y a una discapacidad en el ámbito laboral, social o de otra índole que afecte al individuo en la realización de las actividades significativas de la vida diaria6.

La OMS5, a través de su informe sobre la salud en el mundo, nos proporciona una valiosa información para conocer de qué modo los trastornos mentales afectan sobre los diferentes problemas de salud en la sociedad. Algunas de las conclusiones de este informe refieren que los trastornos mentales y del comportamiento son muy frecuentes llegando a afectar en algún momento de la vida al 25% de la población. Son comunes a todos los países y sociedades, afectan a personas de todas las edades, sin distinción de sexos, edad o nivel económico, así como en entorno rural o urbano.

El informe5 refleja que una de cada cuatro familias tiene al menos un miembro con un trastorno mental o del comportamiento, teniendo un gran sufrimiento debido a la sobrecarga física y emocional, a esto se suma la estigmatización y discriminación que conlleva tener una enfermedad mental.

Según datos del informe5, los trastornos mentales más frecuentes e incapacitantes son: los trastornos depresivos, los derivados del abuso de sustancias psicoactivas, la esquizofrenia, la epilepsia, la enfermedad de Alzheimer, el retraso mental y los trastornos de la infancia y la adolescencia. Además, el informe arroja que los factores que se asocian a la prevalencia, aparición y evolución de estos trastornos mentales y conductuales son la pobreza, el sexo, la edad, los conflictos y desastres, las enfermedades físicas graves y el entorno sociofamiliar.

Las enfermedades mentales no pueden medirse de la misma forma que el resto de las enfermedades en cuanto a criterios estadísticos de mortalidad. Se utilizan indicadores en relación con los años de vida “sana” que se restan a la persona afectada, suponiendo una importante carga asistencial y sanitaria. De esta forma, se miden por año de vida ajustado en función de la discapacidad (AVAD) quedando equiparado a efectos estadísticos a años de vida perdidos por muerte prematura (APP)7.

El TMG es considerado como tal si, el desarrollo de la enfermedad es crónica, tiene una evolución de dos años de tratamiento sin una evolución favorable y ha de generar una discapacidad o impacto en el correcto desempeño de la persona de tipo moderado o severo en los últimos seis meses en el que las personas muestran déficits en el manejo y desenvolvimiento de su vida personal o social, como consecuencia de sus trastornos o propiciado por ellos8.

Algunos de los problemas que sufren las personas que presentan un TMG son7:

  • La expectativa de vida es 10 años de media menor que la de la población sana.
  • La tasa de muerte por suicidio entre esta población es alta, del 10%.
  • Están más expuestos a padecer problemas médicos y a que pasen desapercibidos.
  • Hay frecuentes situaciones conflictivas en el seno de la red natural, en especial la familia.
  • Padecen una alta tasa de desempleo: entre el 60 y el 90%.
  • La mayoría son dependientes económicamente.
  • Tienen una alta tendencia al consumo abusivo de sustancias (desde tabaco o cafeína a fármacos o drogas).
  • En muchos casos sufren estigmatización: peligrosidad, amenaza o violencia.

 

En general, las personas que sufren algún tipo de TMG presentan hándicap en alguna o en varias áreas como el autocuidado, autonomía, relaciones interpersonales, funcionamiento cognitivo o funcionamiento laboral. El incorrecto desempeño de ellas debido a posibles discapacidades hace que se coloquen en una posición de desventaja social y marginación al no poder desempeñar sus roles sociales de una manera “normalizada”. Es por ello, que la atención psicosocial, la rehabilitación social y el apoyo a la integración de este colectivo va a ser un campo imprescindible para abordar9.

La integración social se puede considerar como la participación del individuo en distintas esferas de la vida social, la recuperación en el TMG, se centra en conseguir un soporte comunitario que favorezca la integración social. Esta integración va más allá de la actuación única en el campo psiquiátrico, va a requerir de la actuación de profesionales de distintas disciplinas dentro de la red comunitaria, de ahí la importancia de la coordinación. El fin será conseguir un entorno dentro de la comunidad del paciente donde pueda ser partícipe de ella pese a sus discapacidades o limitaciones provocadas por su enfermedad, el trabajo social tendrá un papel prioritario en generar estos espacios4.

La rehabilitación psicosocial (RPS en adelante), y la continuidad de cuidados no es un conjunto de técnicas aisladas, sino un encuentro de saberes que exige un trabajo colaborativo con el objetivo de alcanzar el bienestar y la autodeterminación de las personas afectadas. Esto implica una práctica reflexiva de escucha y la elaboración de posibles alternativas que den respuesta a las necesidades psicosociales a través de un trabajo en red que facilite y organice dicha rehabilitación10.

Es por ello por lo que se debe partir de la base de que todos los sujetos pueden ejercer su derecho de autodeterminación y de autonomía. El respeto ha de ser el centro del trabajo con las personas, dejando de lado la dominación que se ejerce en un contexto tradicional de experto- paciente, idea arraigada en el modelo biomédico hegemónico.

El experto en sus experiencias vitales es la persona que pide ayuda. Nuestra función será buscar nuevas y diferentes maneras de convivir con la enfermedad, el profesional servirá de guía hacia nuevas y diferentes habilidades, se trata de humanizar a los pacientes, dejando de lado el estigma, lo que ayudará en el proceso de recuperación10.

Las acciones irán encaminadas a ayudar a que las personas con TMG consigan la recuperación, entendida esta como la construcción de un proyecto de vida con sentido y satisfacción para la persona, definida por ella misma independientemente de la evolución de sus síntomas o problemas. La recuperación se basa en ideas de autodeterminación y autocontrol, la importancia de la motivación y el apoyo de las expectativas de una vida individual plena4.

En España en la década de los ochenta, tras la reforma psiquiátrica y la legislación internacional y nacional que la acompañó nos convertimos en un estado con un sistema de bienestar en el que las personas con trastorno mental tienen garantizados los derechos civiles y políticos, no pasa lo mismo con los derechos económicos, sociales y culturales. Las personas con enfermedad mental viven con prestaciones económicas escasas lo que perpetua su dependencia familiar y por tanto limitada independencia y autonomía, en otros casos, los que no dependen de la familia, dependen de las instituciones, o existen situaciones más extremas en las personas que se encuentran en situación de desamparo, personas en situación de calle. Estas situaciones hacen que los sujetos que padecen una enfermedad mental estén sometidos a una alta vulnerabilidad ya que están condenados a vivir sin recursos económicos propios, más allá de prestaciones y pensiones insuficientes que les reduce sus posibilidades de crear un proyecto de vida. Estas condiciones provocan un estrés severo que dificulta su proceso de recuperación10.

Mochales10 avisa en el cuidado que hay que tener en las prácticas de rehabilitación para que no se queden en simples evaluaciones técnicas realizadas por el saber de los profesionales, en ese caso estaremos ante la “cronicidad en la rehabilitación”, si no hay escucha, libertad para que las personas expresen su visión y discurso volveremos otra vez al juego de poder experto-paciente, dominación- sumisión, del que queremos tomar distancia.

Criterios de entrada en un Centro de Rehabilitación Psicosocial (CRP):

Las personas que precisan de los servicios del CRP se caracterizan por la cronicidad de sus patologías, esta característica conlleva a importantes implicaciones sociales. La población destinada a las intervenciones rehabilitadoras serán aquellas que tengan un diagnóstico de TMG y algunos de los siguientes criterios4:

CLÍNICOS:

Gravedad clínica:

  • Presencia de una significativa distorsión de la realidad o comportamiento visiblemente desadaptado atribuido al TMG.
  • Falta de contención y conductas de riesgo (auto o heteroagresividad).
  • Temporalidad: que los aspectos clínicos no se presenten de forma aislada o limitada en el tiempo, sino de manera continua o episódica recurrente, al menos dos años.

 

SOCIALES:

  • Perturbación o limitación de una función (disfunción o deficiencia).
  • Incapacidad funcional (discapacidad para el desempeño de un rol social).
  • Dependencia (necesidad permanente de mantenimiento por parte de otra persona o de un servicio concreto).
  • Sobrecarga familiar o persistente, o bien ausencia de familia, ausencia de red social.

 

UTILIZACIÓN DEL SERVICIO:

  • Utilización previa de uno o más servicios de salud mental, de forma prolongada o reiterada.
  • Un criterio pronóstico que, basándose en la evolución, haga prever la necesidad de utilización de una multitud de servicios en el futuro, que requiera una planificación y organización de la asistencia psiquiátrica y una coordinación interdepartemental o interinstitucional que solo sea posible desde los servicios públicos.
  • También se recomienda incluir a todas las personas con un TMG con alguna hospitalización previa y que haya abandonado por un periodo de más de seis meses su seguimiento psiquiátrico individual.
  • En el caso de que no se haya producido previamente una utilización de servicio, pero el pronóstico indique que habrá que utilizar servicios especializados de forma prolongada, es preferible que el caso solo sea considerado después de una revisión adecuada de los beneficios a obtener por su inclusión en dispositivos de más alto contenido terapéutico (agudos, corta estancia, hospital de día).

 

El Plan Individualizado de Rehabilitación (PIR):

El PIR es la metodología básica usada para la intervención en el TMG que comparten los distintos profesionales que participan en el proceso de rehabilitación. A partir de este instrumento se definen los objetivos de la rehabilitación e integración social para cada paciente partiendo de la valoración psicosocial previa y las estrategias que se desarrollarán. El PIR será flexible, evaluable y revisable durante todo el proceso, va a permitir una intervención coordinada y continuada a través de especificar los cambios personales y ambientales que se tienen que dar para conseguir los objetivos planteados que permitan la rehabilitación. Este instrumento deberá ser temporalizado en objetivos a corto, medio y largo plazo y por objetivos prioritarios en el ámbito individual, familiar y comunitario, junto con las actividades e intervenciones a realizar, los responsables de estas y su evaluación. Siempre ha de ser consensuado con el paciente y con el contexto con el que se relaciona (profesional o no profesional)4.

Las áreas en las que habrá que trabajar deberán girar en torno a programas que den respuesta a las demandas con el objeto de favorecer su autonomía y autodeterminación, áreas tales como la relacional, laboral, residencial, económica, entre otras. El sujeto afectado será agente de la planificación. Además, las cuestiones relativas a las redes sociales y a la rehabilitación social serán esenciales en el trabajo de rehabilitación10.

La red social en la rehabilitación psicológica:

La mayoría de la planificación en los centros de rehabilitación están orientados a la estabilidad clínica, a la consciencia de enfermedad especialmente a través de la medicación, pero la rehabilitación no solo se trata de “sobrevivir”, no solo se trata de tener unas necesidades básicas cubiertas sino de ir más allá, como puede ser la capacidad de relacionarse o de amar. Las personas con trastorno mental, por lo general, tienen relaciones interpersonales débiles y tienden a estar aislados dentro de sus comunidades. El sujeto es un ser social, necesitará de una relación de ayuda que combata el aislamiento y la soledad, el mantenimiento y la búsqueda de relaciones interpersonales, será una cuestión central que desde la rehabilitación habrá que acompañar y apoyar10.

No existe ninguna duda sobre el impacto que supone un TMG sobre la vida familiar, ni de la importancia que tiene la colaboración de la familia en los abordajes rehabilitadores. La familia es una parte muy importante en el abordaje de la rehabilitación psiquiátrica, la desinstitucionalización de los enfermos mentales y la vuelta de estos a sus hogares hizo que la familia tenga un papel relevante en el proceso de recuperación ya que requiere un importante peso emocional, físico y económico para los miembros de la unidad familiar. Esta presión, llamada “carga familiar” son consecuencia de varios elementos4:

  • La profundidad y severidad de los síntomas de la enfermedad y de las discapacidades que conllevan en muchas esferas de la vida; conductas extravagantes, inapropiadas, falsas creencias, retraimiento social extremo, humor impredecible, irritabilidad y agresividad.
  • La responsabilidad económica que supone tener en casa a una persona que no tiene trabajo, acompañado a que los padres tienen que dejar de realizar su actividad económica por tener que atender al hijo enfermo.
  • Los costes de la salud física y emocional. Ansiedad, tensión, culpa, desmoralización, depresión, frustración.

 

Las familias padecen situaciones estresantes que pueden llegar a afectarles psiquiátricamente. Estas situaciones pueden hacer que las reacciones de la familia sean de sobreprotección, hostilidad e hipercriticismo hacia el sujeto de manera inconsciente, es lo que se denomina: Alta Emoción Expresada, esto va a generar situaciones en el hogar que no faciliten la recuperación, incluso, que generen mayor estrés, hay estudios que relacionan la recaída de los pacientes con el curso del trastorno con las relaciones familiares11.

Será importante trabajar con las familias de los enfermos a través de programas psicoeducativos para evitar estas situaciones, dar herramientas y apoyar ante los problemas que puedan ir surgiendo, así como dar información de los problemas o trastornos que ayuden a reducir la ansiedad y generar un entorno seguro y de confianza con los profesionales4.

La red social es también muy importante en el proceso de integración para evitar el aislamiento y la estigmatización. Es importante que las personas con TMG tengan un buen apoyo social para que se integren con éxito en la comunidad de manera estable, de tal forma que actúen como un soporte de forma integrada y coordinada ante situaciones complicadas o recaídas. La articulación de estos soportes sociales será una de las tareas fundamentales del trabajador social dentro de los equipos de cualquier recurso rehabilitador.

Las redes sociales no profesionales con las que principalmente el trabajador social deberá de intervenir para que el paciente con un TMG este estable e integrado en su comunidad son: las redes primarias (familia, amigos, vecinos), las redes secundarias, las asociaciones y grupos de ayuda mutua de familiares y usuarios y el voluntariado social4.

Dispositivos de rehabilitación psicosocial:

La RPS es una intervención transversal a todo el sistema de atención a la salud mental. Las prácticas comunes a cualquier RPS son los dispositivos de tipo centro de RPS, los programas y dispositivos de apoyo a la vivienda, los servicios de inserción laboral, los equipos de tratamiento asertivo comunitario o las unidades de hospitalización de orientación rehabilitadora. En RPS, el todo (el efecto terapéutico) es más que la suma de las partes (las intervenciones específicas). Los tratamientos rehabilitadores se hacen desde dispositivos, constituido siempre por equipos multiprofesionales. Se trabaja conjuntamente desde la dimensión individual, grupal y familiar. Estas condiciones facilitan el establecimiento de una alianza terapéutica y ofrece una alta accesibilidad y proximidad, que es la base sobre la que se asentará posteriormente cualquier programa asistencial12.

A continuación, enumero los dispositivos existentes en la Comunidad Autónoma de Aragón en relación a la Salud Mental, deteniéndose en aquellos relacionados con la Rehabilitación Pisicosocial13.

  • Ámbito comunitario:
  • Equipos de Atención Primaria (EAP).
  • Unidad de Salud Mental (USM).
  • Unidad de Salud Mental Infanto Juvenil (USMIJ).
  • Unidad de Atención y Seguimiento de Adicciones (UASA).
  • Hospital General:
  • Unidades de Corta Estancia.
  • Unidades de Corta Estancia Infanto Juvenil.
  • Hospitales de Día.
  • Unidades específicas (Unidad de tratamiento de conductas adictivas, Unidad de tratamiento de la personalidad…).
  • Alojamiento supervisado:
  • Pisos supervisados.
  • Residencias de Salud Mental.
  • Dispositivos para la RPS:
  • Centros de Día: centros que tienen como principal objetivo el trabajo con pacientes con TMG y en situación de desadaptación social, familiar y/o laboral, con dificultades de funcionamiento y de autocuidados. Encaminados a favorecer la adquisición o recuperación de habilidades y destrezas para el funcionamiento dentro de la sociedad, fomentando su autonomía e independencia y potenciando su integración familiar; utilizan para ello técnicas de psicoterapia individuales y grupales, cuidados de enfermería, socialización, terapias ocupacionales.
  • Centros de Día Infanto Juvenil: igual que la anterior, pero para menores de dieciocho años.
  • Centro de Inserción Laboral (CIL): es un recurso social dirigido a la rehabilitación vocacional laboral de las personas con TMG y que se encuentran viviendo en la comunidad, favorecerá la inserción laboral en la empresa ordinaria, con un apoyo y supervisión, o bien en fórmulas de empleo protegido (Centros Especiales de Empleo), o, en su caso, sistemas de autoempleo.
  • Equipos de Apoyo Social Comunitario (EASC): equipos interdisciplinares que prestan atención social domiciliaria y apoyo comunitario que permita a usuarios con dificultades de funcionamiento mantenerse en su propio domicilio o en el entorno familiar, evitando situaciones de riesgo de marginación o de institucionalización, y, en segundo lugar, con aquellos usuarios que sean necesario, ofrecer apoyo para mejorar el enganche y vinculación con la red de recursos clínicos y rehabilitadores de salud mental y de servicios sociales y de apoyo en su propio entorno a fin de mejorar su situación y calidad de vida y ofrecer apoyo a sus familias.
  • Unidades de Media Estancia (UME): son elementos propios de tercer nivel o prevención terciaria, cuyo objetivo es, a partir de un ingreso de seis a doce meses aproximadamente, iniciar los planteamientos rehabilitadores del paciente y su posterior paso a otros recursos más cercanos a un funcionamiento sociolaboral normalizado. Combina terapias de grupo, cuidados de enfermería, terapia ocupacional y formación orientada a la integración laboral normalizada o protegida.
  • Unidades de Larga estancia (ULE): para pacientes sin autonomía, con nulos recursos sociofamiliares, aquellos que su enfermedad hace difícil otros planteamientos rehabilitadores. Siempre debe considerarse la rehabilitación y resocialización de pacientes en la medida de lo posible, para evitar un funcionamiento de institución meramente de custodia.
  • Unidades de Psicogeriatría: similares a las anteriores, pero se añade la pérdida de autonomía derivada de la edad.
  • Comunidad Terapéutica: recursos residenciales dirigido a personas con problemas de drogodependencia. Abuso o dependencia de sustancias psicoactivas como: alcohol, cannabis, heroína, cocaína, benzodiacepinas. En Aragón el recurso es la comunidad terapéutica Entabán, gestionada por Centro Solidaridad Zaragoza. El acceso al tratamiento es a través de la derivación desde la UASA a subcomisión de ingresos para ingreso en Comunidad Terapéutica.

 

El rol del profesional de Trabajo Social:

El profesional del trabajo social en salud mental es el especialista en lo social por lo que debe estudiar la dimensión ambiental que rodea al paciente a nivel micro y macro, observando y descubriendo aquellas disfunciones desde una visión biopsicosocial. Las funciones que desempeñan los trabajadores sociales en salud mental se pueden clasificar en funciones de atención directa, funciones preventivas y funciones de coordinación14.

La función de atención directa es la atención que se ofrece a los individuos, familias y grupos que en el momento presente o futuro presentan o pueden presentar problemas de naturaleza social junto con una problemática de salud mental. Las actuaciones irán dirigidas a trabajar los propios recursos de los afectados. El procedimiento comienza con el análisis de la demanda y detección de situaciones de riesgo y/o de necesidades individuales y/o familiares, continúa con la valoración sociofamiliar, el diagnóstico social y la posterior planificación de la intervención social, en esta se abordaran los acompañamientos, entrevistas, información y orientación, seguimientos y evaluación, visitas domiciliarias, apoyo y orientación a las familias, información sobre recursos comunitarios, así como derivación de usuarios. El proceso finaliza con la discusión del caso en el equipo multidisciplinar para estructurar el plan de trabajo.

Las funciones preventivas, de promoción e inserción social, tienen como objetivo la adaptación del paciente al medio social y familiar a través de la integración por medio de los recursos normalizados y especializados, así como la promoción de grupos de autoayuda, asociaciones de familiares y afectados, etc.

Las funciones de coordinación recaen sobre el trabajador social como consecuencia de ser el profesional especializado en lo social, en lo comunitario. Es función del profesional conocer los servicios del entorno y de informar y orientar sobre ellos al paciente, familia y equipo. La actividad en muchos casos se centra en coordinar los servicios sociolaborales y orientar a pacientes y familiares sobre los servicios existentes en la red de salud mental.

Centrándonos más concretamente en las funciones dentro del equipo rehabilitador en un CRP, realizará intervenciones tanto específicamente rehabilitadoras como de integración social, haciendo hincapié en estas últimas, con el objetivo de4:

  • Hacer un diagnóstico de la situación psicosocial del paciente en el que se refleje la situación personal: recursos propios y capacidades conservadas, el contexto: redes y apoyos sociales, recursos del entorno, y el malestar psicosocial generado en la interacción del individuo y el contexto: en el que se evidencie si existe alta emoción expresada en el contexto familiar y/o abandono, marginación, problemas judiciales, económicos, laborales etc. a partir de esta información diseñar una propuesta de intervención para mejorarla a través del PIR.
  • Disminuir aquellas situaciones que le causen desventaja o discapacidad dando el apoyo social que necesite para incrementar su adaptación social y favorecer su integración en la comunidad.

 

CONCLUSIONES

La reintegración de las personas con problemas de salud mental a la comunidad tras el proceso de desinstitucionalización ha representado un desafío significativo para la sociedad. No solo es necesario abordar los problemas derivados de la patología en sí, sino también aquellos relacionados con la desadaptación social del individuo, la carga emocional y económica que implica el cuidado familiar y la falta de recursos disponibles.

La intervención psicosocial debe centrarse en estos aspectos, que contribuyen a una situación de desventaja social, con el objetivo de mejorar la calidad de vida de la persona con problemas de salud mental. Esto se logra a través de un enfoque colaborativo en el que tanto los profesionales como el paciente comparten la responsabilidad del proceso. En este sentido, el modelo biopsicosocial se presenta como el marco adecuado para guiar la intervención.

En este contexto, el trabajo social se ocupa de proporcionar el análisis de la dimensión ambiental que afecta al paciente, identificando disfunciones y barreras que puedan limitar su rehabilitación. La colaboración interdisciplinaria garantiza que se cubran todas las facetas de la recuperación, desde la salud mental hasta la integración social.

La RPS deberá estar acompañada de un trabajo que se centre en empoderar al paciente para que pueda construir un proyecto de vida autónomo y digno, participando activamente en la comunidad. Este proceso exige paciencia, perseverancia, empatía y un compromiso constante con las fortalezas del individuo. Supone un desafío potenciar la capacidad de decisión de los pacientes, a pesar de los avances en modelos centrados en el paciente, aún persisten enfoques paternalistas que limitan la participación activa en la toma de decisiones.

Dentro de la red de recursos de salud mental, es esencial una adecuada orientación y derivación de los pacientes. Es necesario conocer los distintos dispositivos de atención disponibles, de manera que cada individuo sea derivado al recurso más adecuado para sus necesidades, evitando su dispersión a través de un sistema fragmentado que solo genera frustración tanto en los pacientes como en sus familias. Un enfoque centrado en la persona y su entorno, que considere sus deseos y limitaciones, es fundamental para diseñar un plan de intervención efectivo.

Finalmente, la familia debe considerarse un aliado esencial en el proceso de rehabilitación. El trabajo social se basa en la premisa de que el apoyo social, en particular el familiar, es un recurso clave para alcanzar los objetivos de recuperación. El apoyo emocional y el fortalecimiento de las redes de apoyo familiar, aumenta las probabilidades de éxito en el proceso de rehabilitación del paciente.

 

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