La varicela: aspectos clínicos, diagnóstico de laboratorio, complicaciones y prevención

27 septiembre 2026

 

AUTORES

  1. Joan Marín Egea. Técnico Superior en Laboratorio de Diagnóstico Clínico. Facultad de Veterinaria de Zaragoza, Zaragoza, España.
  2. Marta Fernández Marín. Técnico Superior en Laboratorio de Diagnóstico Clínico. Hospital Nuestra Señora de Gracia, Zaragoza, España.
  3. Javier Sierra Cremallé. Técnico Superior en Laboratorio de Diagnóstico Clínico.  FITA – Fundación de Innovación y Transferencia Agroalimentaria de Aragón. Zaragoza, España.
  4. Lucía Romeo Arnal. Técnico Superior en Laboratorio de Diagnóstico Clínico.  FITA – Fundación de Innovación y Transferencia Agroalimentaria de Aragón. Zaragoza, España.
  5. Aroa Calvo Sanjuan. Técnico Superior en Laboratorio de Diagnóstico Clínico. Facultad de Veterinaria de Zaragoza, Zaragoza, España.
  6. Diego Moliner Manada. Técnico Superior en Laboratorio de Diagnóstico Clínico. Zaragoza, España.

RESUMEN

La varicela es una infección aguda altamente contagiosa causada por el virus varicela-zóster, perteneciente a la familia Herpesviridae. Aunque suele presentar evolución favorable en la infancia, puede ocasionar complicaciones graves, especialmente en adultos, embarazadas, recién nacidos e inmunodeprimidos. Este trabajo monográfico revisa la etiología, transmisión, epidemiología, manifestaciones clínicas, complicaciones, diagnóstico y medidas preventivas de la enfermedad, con especial atención al papel del laboratorio clínico. El diagnóstico puede establecerse clínicamente en presentaciones típicas, pero la vacunación ha incrementado la frecuencia de formas modificadas y atípicas, en las que la confirmación molecular adquiere mayor importancia. La reacción en cadena de la polimerasa es actualmente la prueba de elección para confirmar la infección, preferentemente a partir de material procedente de lesiones cutáneas, como líquido vesicular o costras. Las técnicas serológicas tienen utilidad principalmente para determinar susceptibilidad o evidencia de inmunidad, mientras que otras técnicas, como la inmunofluorescencia directa y el cultivo, presentan limitaciones frente a la PCR. La prevención se basa fundamentalmente en la vacunación y en medidas de control de la transmisión, especialmente en centros sanitarios. En España, el calendario de vacunación a lo largo de toda la vida incluye la vacunación frente al virus varicela-zóster en la infancia y contempla actuaciones específicas para adolescentes y personas susceptibles. El conocimiento de estas estrategias permite mejorar la detección, el manejo y la prevención de la varicela en el ámbito sanitario.

PALABRAS CLAVE

Varicela, virus varicela-zóster, diagnóstico, reacción en cadena de la polimerasa, vacunas, prevención de enfermedades.

ABSTRACT

Varicella is a highly contagious acute infection caused by varicella-zoster virus, a member of the Herpesviridae family. Although it usually has a favorable course in childhood, severe complications may occur, particularly in adults, pregnant women, newborns and immunocompromised patients. This monographic paper reviews the etiology, transmission, epidemiology, clinical manifestations, complications, diagnosis and prevention of varicella, with particular emphasis on the role of the clinical laboratory. Clinical diagnosis may be sufficient in typical presentations; however, vaccination has increased the frequency of mild and atypical forms, making laboratory confirmation increasingly relevant. Polymerase chain reaction is currently the preferred method for confirming infection, especially when performed on material collected from skin lesions such as vesicular fluid or crusts. Serological assays are mainly useful for assessing susceptibility or evidence of immunity, whereas direct fluorescent antibody testing and viral culture have important limitations compared with PCR. Prevention relies primarily on vaccination and transmission-control measures, particularly in healthcare settings. In Spain, the life-course immunization schedule includes varicella vaccination during childhood and specific recommendations for susceptible adolescents and adults. Knowledge of these strategies contributes to improved detection, management and prevention of varicella within healthcare practice.

KEY WORDS

Chickenpox, varicella-zoster virus, diagnosis, polymerase chain reaction, vaccines, disease prevention.

DESARROLLO DEL TEMA

La varicela es la manifestación clínica de la infección primaria por el virus varicela-zóster y constituye una de las infecciones exantemáticas clásicas de la infancia. El virus permanece posteriormente en estado de latencia en los ganglios sensitivos y puede reactivarse años después en forma de herpes zóster¹.

La enfermedad se caracteriza por fiebre, malestar general y una erupción cutánea pruriginosa que evoluciona a través de diferentes estadios, desde máculas y pápulas hasta vesículas y costras. Su elevada transmisibilidad facilita la aparición de casos secundarios en convivientes y brotes en colectivos susceptibles¹.

La vacunación ha modificado la epidemiología y la presentación clínica de la enfermedad. En personas vacunadas pueden observarse formas más leves, con menos lesiones y mayor proporción de lesiones maculopapulares, lo que puede dificultar el reconocimiento clínico y aumenta el valor de la confirmación mediante técnicas moleculares².

Desde la perspectiva del laboratorio clínico, la varicela es especialmente relevante porque el diagnóstico virológico permite confirmar casos atípicos, investigar brotes, apoyar la vigilancia epidemiológica y diferenciar, cuando está indicado, cepas vacunales de cepas salvajes³.

Agente etiológico y características de la infección:

El virus varicela-zóster es un virus ADN bicatenario perteneciente a la subfamilia Alphaherpesvirinae. Tras la infección primaria, el virus se replica inicialmente en tejidos respiratorios y linfáticos y posteriormente se produce una fase de viremia que permite su diseminación y llegada a la piel¹.

La característica biológica más importante es su capacidad para establecer una infección latente en los ganglios sensitivos. La infección primaria se manifiesta como varicela, mientras que la reactivación del virus latente da lugar al herpes zóster¹.

La respuesta inmunitaria del huésped participa de forma decisiva en la evolución clínica. En personas inmunocompetentes, la infección suele ser autolimitada; en cambio, la inmunosupresión, el embarazo, la edad adulta y determinados periodos neonatales aumentan el riesgo de enfermedad grave¹.

Transmisión y epidemiología:

La transmisión del virus se produce principalmente por vía aérea mediante aerosoles y secreciones respiratorias, además del contacto directo con el contenido de las lesiones cutáneas. La elevada contagiosidad explica que una persona susceptible expuesta a un caso tenga un riesgo considerable de infección¹.

La transmisión en los centros sanitarios constituye un problema relevante porque pacientes, profesionales y visitantes susceptibles pueden adquirir la infección. El retraso en el diagnóstico y la aplicación tardía de medidas de control favorecen la transmisión nosocomial¹.

La vacunación ha reducido de forma marcada la incidencia de varicela en los contextos donde se han implantado programas de vacunación sistemática⁵.

La prevención mediante vacunación constituye una estrategia fundamental para reducir la incidencia de la varicela. Las recomendaciones deben adaptarse al contexto epidemiológico y a las directrices sanitarias vigentes⁵.

Manifestaciones clínicas:

El periodo de incubación suele situarse aproximadamente entre 10 y 21 días. La enfermedad puede comenzar con fiebre, malestar, cefalea o anorexia y posteriormente aparece el exantema característico¹.

La erupción suele evolucionar en brotes sucesivos, por lo que pueden coexistir lesiones en diferentes fases de desarrollo. Las vesículas son pruriginosas y se transforman progresivamente en costras. La distribución es inicialmente troncal y posteriormente puede afectar cara y extremidades¹.

En las personas vacunadas puede aparecer la denominada varicela de brecha, generalmente más leve, con menor número de lesiones, menor duración y predominio de lesiones maculopapulares. Estas características pueden dificultar el diagnóstico exclusivamente clínico².

Complicaciones y grupos de riesgo:

Aunque la mayoría de los casos infantiles son leves, la varicela no debe considerarse una infección exenta de riesgo. Una revisión sistemática y metaanálisis mundial identificó un amplio espectro de complicaciones y confirmó que las complicaciones cutáneas e infecciosas constituyen una parte importante de la carga clínica de la enfermedad².

Las sobreinfecciones bacterianas de la piel y los tejidos blandos constituyen una de las complicaciones más frecuentes, especialmente en niños. En adultos, la neumonía por varicela adquiere especial relevancia y puede evolucionar a insuficiencia respiratoria¹.

Entre las complicaciones neurológicas se incluyen ataxia cerebelosa y encefalitis. También pueden aparecer hepatitis, alteraciones hematológicas y otras afectaciones sistémicas, con mayor riesgo en personas inmunodeprimidas².

Las embarazadas sin inmunidad constituyen un grupo especialmente vulnerable. La infección materna puede asociarse a neumonía materna y, dependiendo del momento de la gestación, a síndrome de varicela congénita. Además, la infección materna próxima al parto puede ocasionar varicela neonatal grave⁶.

Los recién nacidos, las personas inmunodeprimidas y otros pacientes con factores de riesgo requieren una valoración clínica individualizada y, en determinados contextos de exposición, medidas específicas de profilaxis posexposición⁶.

Diagnóstico clínico y diagnóstico diferencial:

El diagnóstico puede ser clínico cuando la presentación es típica y existe una historia epidemiológica compatible. Sin embargo, la disminución de la experiencia clínica derivada de la vacunación y la aparición de formas modificadas hacen recomendable la confirmación de laboratorio en situaciones seleccionadas².

El diagnóstico diferencial incluye otras enfermedades exantemáticas y vesiculares. Deben considerarse, según el contexto epidemiológico y clínico, infecciones por herpes simple, enterovirus, infecciones bacterianas con lesiones vesiculosas o pustulosas y otras enfermedades que puedan producir erupciones vesiculares. La correcta identificación tiene implicaciones directas para el aislamiento, la vigilancia y la prevención de nuevos casos.

Diagnóstico de laboratorio:

La reacción en cadena de la polimerasa es actualmente la prueba de elección para confirmar la infección por virus varicela-zóster. El CDC señala que la demostración de ADN viral mediante PCR en una muestra clínica es el método preferido, especialmente cuando la presentación es atípica o modificada por la vacunación³.

Obtención y procesamiento de muestras:

Las lesiones cutáneas constituyen la muestra de elección. El líquido vesicular y las costras proporcionan material adecuado para la detección molecular, y el raspado de la base de una lesión puede aumentar la recuperación del ADN viral. La selección correcta de la lesión y una recogida apropiada son determinantes para evitar resultados falsamente negativos⁴.

En los casos de varicela modificada, las lesiones pueden ser pequeñas o poco vesiculares, por lo que la experiencia del personal que realiza la toma de muestra resulta especialmente importante. Una muestra inadecuada puede comprometer la sensibilidad del análisis incluso cuando el paciente presenta una infección real².

Reacción en cadena de la polimerasa:

La PCR permite detectar cantidades pequeñas de ADN del virus en muestras clínicas. Su utilidad diagnóstica se debe a su rapidez y sensibilidad, por lo que constituye la técnica de elección para confirmar la infección.

Además de confirmar la infección, determinados procedimientos moleculares permiten diferenciar cepas vacunales de cepas salvajes. Esta posibilidad es especialmente útil cuando se investiga una erupción posterior a la vacunación, una sospecha de transmisión de virus vacunal o una infección en una persona vacunada³.

Serología:

La serología tiene una utilidad diferente a la PCR. La determinación de IgG específica puede emplearse para valorar evidencia de inmunidad, mientras que la interpretación de IgM presenta limitaciones y no debe sustituir a la PCR para la confirmación de una varicela cuando se dispone de una muestra de lesión adecuada³.

Los ensayos comerciales para IgG son útiles en determinadas situaciones, pero pueden presentar menor sensibilidad para detectar los títulos relativamente bajos inducidos por la vacunación. Por ello, la ausencia de IgG detectable mediante determinados ensayos no siempre permite excluir inmunidad vacunal².

Otras técnicas de laboratorio:

La inmunofluorescencia directa puede utilizarse como alternativa cuando la PCR no está disponible, aunque es menos sensible. El cultivo viral también puede emplearse, pero su utilidad diagnóstica es limitada por su menor sensibilidad y por el tiempo necesario para obtener resultados³.

Desde el punto de vista del laboratorio clínico, la elección de la técnica debe realizarse considerando el objetivo del análisis: confirmar una infección aguda, documentar inmunidad, investigar un brote o diferenciar una cepa vacunal de una cepa salvaje. La fase preanalítica, la correcta identificación del paciente, la selección de la muestra, el transporte y las condiciones de conservación son elementos esenciales para garantizar la calidad del resultado.

Tratamiento y medidas de control:

En personas sanas con varicela no complicada, el tratamiento suele ser sintomático. El manejo debe incluir medidas destinadas a controlar el prurito, mantener una adecuada hidratación y prevenir la sobreinfección bacteriana de las lesiones¹.

En pacientes con mayor riesgo de enfermedad grave puede ser necesario un manejo específico, que debe individualizarse según la edad, el estado inmunitario, el embarazo, la gravedad y la presencia de complicaciones⁶.

En el ámbito hospitalario son fundamentales el reconocimiento precoz, la comunicación con los servicios de prevención y control de infecciones y la aplicación inmediata de las medidas de aislamiento indicadas. El objetivo es evitar exposiciones innecesarias de pacientes y profesionales susceptibles².

Prevención y vacunación:

La vacunación constituye la principal estrategia preventiva frente a la varicela. La evidencia acumulada muestra que los programas de vacunación reducen de forma importante la incidencia de la enfermedad y que las estrategias de dos dosis ofrecen mayor protección frente a cualquier gravedad que las estrategias de una sola dosis⁵.

Los estudios sobre seguridad de las estrategias vacunales muestran que las reacciones locales y sistémicas leves son relativamente frecuentes, mientras que los acontecimientos adversos graves son poco frecuentes. La evidencia disponible apoya un perfil de seguridad favorable en población infantil inmunocompetente⁵.

Las recomendaciones de vacunación deben adaptarse al contexto epidemiológico y sanitario y mantenerse coberturas elevadas para lograr un impacto poblacional adecuado⁵.

En España, el calendario común de vacunación e inmunización a lo largo de toda la vida de 2025 contempla la vacunación frente a varicela. En adolescentes susceptibles se recomiendan dos dosis separadas por un intervalo mínimo de cuatro semanas, y existen recomendaciones específicas para personas adultas sin evidencia de inmunidad⁵.

El Ministerio de Sanidad establece como evidencia de inmunidad la documentación de vacunación con dos dosis, el antecedente de varicela, la historia de herpes zóster o una confirmación serológica positiva. En personas susceptibles se contempla la vacunación con dos dosis y se mantienen contraindicaciones específicas, entre ellas el embarazo y determinadas situaciones de inmunodepresión⁵.

Profilaxis posexposición:

Tras una exposición significativa, la actuación depende de la susceptibilidad y de las características de la persona expuesta. En personas sin evidencia de inmunidad que pueden vacunarse, la vacunación posexposición puede prevenir la enfermedad o disminuir su gravedad⁶.

En el personal sanitario susceptible expuesto, las actuaciones posexposición deben realizarse de forma precoz y de acuerdo con los protocolos vigentes⁶.

DISCUSIÓN

La revisión de la evidencia muestra que la varicela continúa siendo una infección relevante a pesar de la disponibilidad de vacunas eficaces. La reducción de la incidencia modifica el perfil clínico de los casos que llegan a los servicios sanitarios y, paradójicamente, puede disminuir la familiaridad de los profesionales con la presentación clásica².

El diagnóstico molecular ocupa un lugar central en este escenario. La PCR presenta ventajas claras sobre técnicas como el cultivo o la inmunofluorescencia, especialmente cuando la carga viral es baja o las lesiones son atípicas. La calidad de la muestra continúa siendo un factor limitante y, por ello, no debe considerarse la técnica molecular de forma aislada de la fase preanalítica³.

La vacunación sigue siendo la herramienta preventiva fundamental. En España, las recomendaciones oficiales integran la vacunación frente a la varicela dentro de la estrategia de inmunización a lo largo de la vida y contemplan actuaciones específicas para personas susceptibles⁵.

En España, la incorporación de la varicela al calendario común y las recomendaciones específicas para personas susceptibles permiten integrar la prevención a lo largo de la vida. La identificación de personas sin evidencia de inmunidad es especialmente importante en profesionales sanitarios y otros colectivos con riesgo de exposición o de transmisión a pacientes vulnerables⁵.

CONCLUSIONES

La varicela es una infección causada por el virus varicela-zóster que, aunque habitualmente presenta una evolución favorable en la infancia, puede producir complicaciones graves en grupos de riesgo. La vigilancia clínica debe mantenerse incluso en contextos de alta cobertura vacunal, ya que la presentación de los casos puede ser más leve o atípica.

La PCR constituye actualmente la herramienta de laboratorio de mayor utilidad para confirmar la infección, siendo las muestras obtenidas de lesiones cutáneas las preferidas. La correcta toma, identificación, conservación y procesamiento de las muestras son determinantes para obtener resultados fiables. La serología debe interpretarse según el objetivo clínico y epidemiológico, especialmente en personas vacunadas.

La vacunación es la medida preventiva fundamental y las estrategias de dos dosis proporcionan una protección elevada frente a la enfermedad. La prevención debe complementarse con medidas de control de la transmisión, identificación de personas susceptibles y actuaciones de profilaxis posexposición cuando estén indicadas.

Para el Técnico Superior en Laboratorio de Diagnóstico Clínico, la varicela representa un ejemplo de la importancia de integrar calidad preanalítica, técnicas moleculares, interpretación de resultados y comunicación con los equipos asistenciales. Esta actuación coordinada favorece el diagnóstico precoz, la vigilancia epidemiológica y la protección de pacientes y profesionales sanitarios.

BIBLIOGRAFÍA

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  4. Centers for Disease Control and Prevention. Specimen Collection for Varicella-Zoster Virus (VZV) Testing [Internet]. Atlanta: Centers for Disease Control and Prevention; 2024 May 10 [citado 2026 Ago 24]. Disponible en: https://www.cdc.gov/chickenpox/php/laboratories/collecting-vzv-specimens.html
  5. Ministerio de Sanidad. Varicela. Profesionales sanitarios – Vacunas [Internet]. Madrid: Ministerio de Sanidad; actualizado 2025 Jul [citado 2026 Ago 24]. Disponible en: https://www.sanidad.gob.es/areas/promocionPrevencion/vacunaciones/vacunas/profesionales/varicela.htm
  6. Centers for Disease Control and Prevention. Clinical Guidance for People at Risk for Severe Varicella [Internet]. Atlanta: Centers for Disease Control and Prevention; 2024 Apr 24 [citado 2026 Ago 24]. Disponible en: https://www.cdc.gov/chickenpox/hcp/clinical-guidance/index.html

 

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