- Javier Sánchez Núñez. Enfermero en CS Épila. Zaragoza, España.
- Elena Pilar Herrero Martín. Enfermera en CS Épila. Zaragoza, España.
- María Sánchez Rodríguez. Enfermera en CS Univérsitas. Zaragoza, España.
- María Paredes Serrano. Enfermera Especialista en Enfermería Familiar y Comunitaria en CS Delicias Norte. Zaragoza, España.
- Patricia Alconchel Echeverría. Enfermera en CS Alhama de Aragón. Zaragoza, España.
RESUMEN
La lactancia materna constituye una de las estrategias más eficaces para garantizar la supervivencia infantil, especialmente en contextos de conflictos armados y crisis humanitarias. La leche materna proporciona todos los nutrientes necesarios para el desarrollo del lactante, además de anticuerpos y protección inmunológica frente a enfermedades infecciosas. Asimismo, es un alimento seguro, disponible y adaptado a las necesidades del bebé, lo que la convierte en un recurso esencial en situaciones donde el acceso a agua potable, a alimentos y a atención sanitaria es limitado.
Las guerras y los desplazamientos forzados afectan gravemente la salud materno infantil. La destrucción de hospitales, la inseguridad alimentaria, el hacinamiento en campos de refugiados y la falta de saneamiento dificultan la lactancia y aumentan el riesgo de desnutrición y enfermedades. Además, en estos contextos, las madres enfrentan altos niveles de estrés, ansiedad y trauma psicológico. Todos estos factores pueden afectar la continuidad de la lactancia, aunque no impidan necesariamente la producción de leche.
Otro problema importante es la desinformación sobre la alimentación infantil. Muchas mujeres creen erróneamente que el estrés elimina la capacidad de amamantar, lo que favorece el abandono precoz de la lactancia y el uso inseguro de fórmulas infantiles. En contextos de guerra, la preparación inadecuada de fórmulas puede aumentar el riesgo de infecciones y mortalidad infantil.
Las organizaciones humanitarias, como la Organización Mundial de la Salud y UNICEF, desempeñan un papel fundamental mediante la promoción de la lactancia materna, la creación de espacios seguros para madres y bebés y la regulación del uso de sucedáneos de la leche materna.
En conclusión, la lactancia materna en contextos de guerra representa no solo una forma de alimentación, sino también un mecanismo de supervivencia, protección y resiliencia para madres y lactantes.
PALABRAS CLAVE
Lactancia materna, guerra, salud materno infantil, refugiados, nutrición del lactante, emergencias.
ABSTRACT
Breastfeeding is one of the most effective strategies to ensure child survival, especially in contexts of armed conflict and humanitarian crises. Breast milk provides all the nutrients necessary for infant development, as well as antibodies and immune protection against infectious diseases. It is also a safe, readily available food source adapted to the baby’s needs, making it essential in situations where access to clean water, food, and healthcare is limited.
Wars and forced displacement severely affect maternal and child health. The destruction of hospitals, food insecurity, overcrowding in refugee camps, and poor sanitation conditions make breastfeeding more difficult and increase the risk of malnutrition and disease. In addition, mothers often experience high levels of stress, anxiety, and psychological trauma, which may affect the continuation of breastfeeding, although they do not usually prevent milk production completely.
Another major issue is misinformation about infant feeding. Many women mistakenly believe that stress completely stops breast milk production, leading to the premature abandonment of breastfeeding and the unsafe use of infant formula. In war settings, the improper preparation of formula can increase the risk of infections and infant mortality.
Humanitarian organizations such as the Organización Mundial de la Salud and UNICEF play a crucial role by promoting breastfeeding, creating safe spaces for mothers and babies, and regulating the use of breast milk substitutes.
In conclusion, breastfeeding in war contexts is not only a form of nutrition, but also a mechanism of survival, protection, and resilience for both mothers and children.
KEY WORDS
Breast feeding, war, maternal and child health, refugees, infant nutrition, emergencies.
DESARROLLO DEL TEMA
La lactancia materna (LM) es el proceso por el cual la madre alimenta a su bebé, de forma natural al pecho, o extrayendo leche para posteriormente alimentarle constituyendo una de las formas más eficaces de garantizar la supervivencia de los niños, especialmente durante los primeros meses de vida. La leche materna es el alimento ideal para los lactantes ya que contiene toda la energía y nutrientes necesarios durante sus 6 primeros meses de vida, el 50% de los 6-12 meses, y hasta un tercio durante los 12-24 meses. Además, contiene anticuerpos que les protegen de muchas enfermedades propias de la infancia, y es segura y limpia. Es un fluido vivo y cambiante, se adapta a las necesidades del niño a lo largo del tiempo modificando su composición y volumen1. Debido a estas características y otros beneficios, la Organización Mundial de la Salud (OMS) promueve activamente la LM como la mejor fuente de alimentación para lactantes menores y mayores2.
Sin embargo, cuando una sociedad atraviesa una guerra, un desplazamiento forzado o una crisis humanitaria prolongada, las condiciones necesarias para mantener la lactancia se ven profundamente alteradas. Los conflictos armados destruyen infraestructuras sanitarias, interrumpen el acceso a alimentos y agua potable, separan familias, generan inseguridad y provocan graves consecuencias físicas y psicológicas en madres e hijos3,4.
En este contexto, la lactancia materna deja de ser únicamente una cuestión de nutrición y pasa a convertirse en un elemento de supervivencia, protección inmunológica y estabilidad emocional. La leche materna proporciona nutrientes esenciales, defensas inmunológicas y una fuente segura de alimentación cuando el acceso a agua potable o a fórmulas infantiles resulta limitado o peligroso. Al mismo tiempo, las mujeres lactantes enfrentan enormes dificultades derivadas del estrés, la violencia, la pobreza extrema y la falta de apoyo sanitario.
Los conflictos armados contemporáneos han puesto de manifiesto la vulnerabilidad específica de las madres y los lactantes. En escenarios como Siria, Yemen, Sudán, Ucrania o Gaza, las organizaciones humanitarias han advertido sobre el aumento de la desnutrición infantil y el riesgo de enfermedades prevenibles. La destrucción de hospitales y centros de salud, los desplazamientos masivos y la escasez de suministros afectan directamente la capacidad de las mujeres para alimentar a sus hijos de manera segura.
Este artículo analiza la relación entre la lactancia materna y los conflictos armados desde una perspectiva sanitaria, social y humanitaria. Se examinarán los beneficios de la lactancia en situaciones de emergencia, los obstáculos que enfrentan las madres lactantes en contextos de guerra, las consecuencias de la desinformación sobre la alimentación infantil y el papel de las organizaciones internacionales en la protección de la maternidad y la infancia.
La importancia de la lactancia materna:
La leche materna es considerada el alimento ideal para los recién nacidos debido a que contiene todos los nutrientes necesarios para el desarrollo físico y cognitivo durante los primeros meses de vida. Una de las características de la leche materna es que es cambiante a lo largo de sus diferentes fases.
El precalostro se acumula en los alvéolos durante el último trimestre de gestación y contiene exudado plasmático, células, inmunoglobulinas, lactoferrina, seroalbúmina, cloro, sodio y lactosa. En los primeros 4 días tras el parto se produce el calostro en volumen bajo, pero alta densidad (2-20 mL por toma), lo que favorece la función renal del lactante. En comparación con la leche madura, tiene menos contenido energético, lactosa, lípidos, glucosa, urea, y nucleótidos, pero tiene más proteínas, ácido siálico, vitaminas liposolubles y minerales.
Posteriormente, se produce la leche de transición, que se genera entre los 4-15 días posparto, aumentando su producción hasta 700 mL/día y ajustando su composición hasta llegar a la leche madura. Ésta última se produce en un volumen de 700-900 mL/día durante los primeros 6 meses, y al final de la lactancia, regresa a la fase calostral antes de cesar su producción. Contiene aproximadamente un 88% de agua, lo que ayuda a mantener un buen equilibrio electrolítico. Las proteínas, en su mayoría sintetizadas en la glándula mamaria, no incluyen beta-lactoglobulina, una proteína presente en la leche de vaca que puede causar problemas alérgicos en los lactantes alimentados con leche de fórmula. Los hidratos de carbono predominantes son la lactosa, que proporciona el 40% de la energía y aumenta a lo largo de la lactancia, y los oligosacáridos, cuya alta concentración disminuye con el tiempo y tienen un papel metabólico e inmunológico importante. Los lípidos constituyen entre el 3-5% de la leche, siendo la principal fuente de energía (40-55%).
La leche madura contiene todos los minerales necesarios para el niño, con un aporte bajo para favorecer el funcionamiento renal, incluyendo calcio, fósforo, magnesio, sodio, potasio, cobre, zinc y una pequeña proporción de hierro con alta biodisponibilidad. También tiene un buen contenido de vitaminas lipo- e hidrosolubles, además de enzimas, hormonas, factores de crecimiento, componentes celulares y bacterias propias de la leche humana5,6.
La LM ofrece numerosos beneficios para los lactantes, incluyendo una menor propensión al sobrepeso y la obesidad, así como una mayor inmunidad contra diversas enfermedades como infecciones respiratorias, otitis y afecciones gastrointestinales. También se relaciona con una reducción en la incidencia del Síndrome de Muerte Súbita del Lactante y promueve un mejor desarrollo dental y cerebral. Además, se ha observado que la leche materna reduce a largo plazo el riesgo de alergias, diabetes, obesidad, hipertensión y ciertos tipos de cáncer, con beneficios que aumentan con la duración de la lactancia7,8,9.
En cuanto a los beneficios aportados a la madre, se ha reportado que previene las hemorragias postparto disminuyendo la posibilidad de anemia, favorece la recuperación del peso pre-embarazo y produce bienestar emocional10 . Además, reduce el riesgo de desarrollar diabetes mellitus tipo 2, de padecer cáncer de mama y de ovario, patologías cardiovasculares como hipertensión e infarto de miocardio y disminuye los efectos de la osteoporosis postmenopausica 11,12.
Cuando se produce una emergencia humanitaria, la relevancia de la lactancia aumenta considerablemente. En contextos de guerra o desplazamiento, el acceso al agua potable suele ser limitado y las condiciones higiénicas se deterioran rápidamente4,13. La preparación de fórmulas infantiles requiere agua limpia, esterilización de recipientes y una cadena de suministro estable, elementos que rara vez están garantizados durante un conflicto armado.
En cambio, la leche materna está disponible de manera inmediata, no necesita preparación y mantiene una temperatura adecuada. Además, protege a los lactantes frente a enfermedades infecciosas que pueden propagarse rápidamente en campamentos de refugiados o zonas devastadas por la guerra. En estas circunstancias, la lactancia puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte.
Desde el punto de vista psicológico, el contacto físico entre madre e hijo favorece la regulación emocional y puede proporcionar una sensación de seguridad en medio de situaciones traumáticas. Para muchos bebés, el acto de amamantar representa uno de los pocos elementos de estabilidad en entornos caracterizados por el miedo, la violencia y la incertidumbre.
Conflictos armados y crisis humanitarias:
Los conflictos armados tienen consecuencias devastadoras sobre la población civil, especialmente sobre mujeres y niños14. Las guerras contemporáneas suelen desarrollarse en áreas urbanas densamente pobladas, donde hospitales, escuelas y sistemas de abastecimiento son frecuentemente destruidos o dañados. Esta situación afecta gravemente los servicios de salud materno infantil.
La destrucción de hospitales y centros de atención prenatal dificulta el seguimiento médico de los embarazos y reduce el acceso a asesoramiento sobre lactancia. Muchas mujeres dan a luz en refugios improvisados, campamentos o edificios destruidos, sin asistencia sanitaria adecuada. En numerosos casos, las madres carecen de privacidad, descanso y alimentación suficiente para recuperarse después del parto.
Los desplazamientos forzados constituyen otra consecuencia frecuente de los conflictos armados. Millones de personas se ven obligadas a abandonar sus hogares y trasladarse a regiones más seguras o cruzar fronteras internacionales. Durante estos desplazamientos, las familias suelen perder pertenencias esenciales, incluidos alimentos, medicamentos y productos de higiene3.
En los campamentos de refugiados, las condiciones de hacinamiento y falta de saneamiento aumentan el riesgo de brotes epidémicos. Las enfermedades gastrointestinales, especialmente peligrosas para los bebés, pueden propagarse rápidamente debido a la contaminación del agua y la escasez de instalaciones sanitarias4,15 . En este contexto, la lactancia materna ofrece una protección fundamental frente a infecciones potencialmente mortales.
Además, las guerras generan inseguridad alimentaria y pobreza extrema. Las madres lactantes pueden experimentar dificultades para alimentarse adecuadamente, lo que genera preocupación sobre su capacidad para producir leche suficiente. Aunque el estrés y la desnutrición severa pueden afectar la producción de leche, muchas mujeres siguen siendo capaces de amamantar incluso en condiciones adversas. Sin embargo, la percepción de “no tener suficiente leche” puede llevar al abandono prematuro de la lactancia.
Los conflictos también afectan la salud mental de las madres. El miedo constante, la pérdida de familiares, la violencia sexual y el trauma psicológico pueden influir negativamente en el bienestar emocional3. Algunas mujeres sienten culpa o ansiedad por no poder proporcionar condiciones seguras a sus hijos4. Aunque el estrés extremo puede dificultar temporalmente la salida de la leche, no suele impedir completamente la lactancia.
Mitos y desinformación en contextos de guerra:
Uno de los problemas más frecuentes en emergencias humanitarias es la difusión de información incorrecta sobre la lactancia materna. En muchos contextos, persiste la creencia de que el estrés elimina completamente la capacidad de producir leche. Esto lleva a algunas madres a abandonar la lactancia y depender de fórmulas infantiles que pueden no ser seguras.
Si bien el estrés puede afectar momentáneamente el reflejo de eyección de la leche, la producción suele mantenerse siempre que el bebé continúe succionando regularmente. El apoyo emocional, el descanso y la hidratación ayudan a restablecer el proceso de lactancia.
Otro problema importante es la distribución indiscriminada de fórmulas infantiles durante las emergencias. Aunque estas fórmulas son necesarias en determinados casos, como cuando la madre ha fallecido o existen contraindicaciones médicas específicas, su entrega masiva sin supervisión puede generar graves riesgos sanitarios.
En situaciones de guerra, muchas familias no tienen acceso continuo a agua potable ni químicos para esterilizar biberones. La preparación inadecuada de fórmulas aumenta el riesgo de diarreas, desnutrición y enfermedades infecciosas. Además, cuando el suministro humanitario se interrumpe, las familias pueden verse obligadas a diluir la fórmula para que dure más tiempo, reduciendo el aporte nutricional.
Las organizaciones internacionales han advertido que las donaciones no reguladas de leche artificial pueden socavar la confianza en la lactancia materna. Algunas campañas de ayuda, aunque bien intencionadas, terminan promoviendo el uso innecesario de sustitutos de la leche materna.
También existe desinformación relacionada con la alimentación de las madres lactantes. Muchas mujeres creen que, si comen poco, su leche pierde completamente su valor nutricional. Aunque una nutrición adecuada es importante para la salud materna, el organismo humano prioriza la producción de leche incluso en condiciones difíciles. La leche materna continúa proporcionando beneficios inmunológicos y nutricionales esenciales.
Lactancia y salud mental:
La salud mental de las madres constituye un aspecto fundamental en contextos de conflicto armado. Las mujeres que viven en zonas de guerra enfrentan situaciones extremadamente traumáticas: bombardeos, desplazamientos, pérdida de seres queridos, violencia física y sexual, separación familiar y destrucción de sus hogares.
Estas experiencias pueden desencadenar trastornos de ansiedad, depresión y estrés postraumático. La maternidad en medio de una guerra implica una carga emocional inmensa, ya que muchas madres sienten la responsabilidad constante de mantener vivos y protegidos a sus hijos.
La lactancia materna puede desempeñar un doble papel en relación con la salud mental. Por un lado, el contacto piel con piel y la liberación de hormonas como la oxitocina favorecen la creación de vínculos afectivos y pueden generar cierta sensación de calma tanto para la madre como para el bebé. El acto de amamantar puede convertirse en un espacio de conexión emocional en medio del caos.
Por otro lado, las dificultades asociadas a la lactancia en situaciones extremas pueden aumentar la angustia emocional. Algunas mujeres sienten presión social o culpa cuando tienen problemas para amamantar. Otras experimentan ansiedad por la falta de privacidad o por no poder alimentarse correctamente.
Por ello, el apoyo psicológico y comunitario resulta esencial. Los equipos humanitarios especializados en salud materno infantil suelen crear espacios seguros para mujeres y niños donde las madres pueden recibir asesoramiento, descansar y compartir experiencias con otras mujeres en situaciones similares.
El acompañamiento emocional es especialmente importante para las mujeres que han sufrido violencia sexual durante el conflicto. En algunos casos, estas experiencias traumáticas pueden afectar profundamente la relación con el propio cuerpo y dificultar la lactancia.
El papel de las organizaciones humanitarias:
Las organizaciones internacionales desempeñan un papel crucial en la protección de la lactancia materna durante las emergencias. Instituciones como UNICEF, la Organización Mundial de la Salud, Médicos Sin Fronteras y diversas organizaciones locales trabajan para garantizar la alimentación segura de los lactantes.
Una de las principales estrategias humanitarias consiste en promover la lactancia materna como método prioritario de alimentación infantil en emergencias. Para ello, se desarrollan campañas de información, formación de personal sanitario y creación de espacios seguros para madres lactantes.
Los llamados “espacios amigos de la madre y el bebé” ofrecen apoyo psicológico, asesoramiento sobre lactancia y atención básica de salud. Estos lugares permiten que las mujeres amamanten en condiciones más seguras y privadas.
Las organizaciones humanitarias también regulan la distribución de fórmulas infantiles. Las directrices internacionales recomiendan que los sustitutos de la leche materna solo se entreguen cuando sean estrictamente necesarios y bajo supervisión especializada.
Otra tarea importante es la capacitación de trabajadores humanitarios. En situaciones de emergencia, muchas personas voluntarias desconocen las recomendaciones adecuadas sobre alimentación infantil y pueden transmitir información incorrecta. La formación permite evitar prácticas perjudiciales y fortalecer el apoyo a las madres.
Asimismo, las organizaciones internacionales denuncian los ataques contra hospitales y centros sanitarios. La protección de la infraestructura médica es esencial para garantizar la atención prenatal, los partos seguros y el acompañamiento posnatal.
En conflictos recientes, los organismos internacionales han alertado sobre el incremento de la desnutrición infantil y el colapso de los sistemas sanitarios. En algunos territorios afectados por guerras prolongadas, la escasez de alimentos y medicamentos ha provocado graves crisis humanitarias que afectan especialmente a bebés y mujeres embarazadas.
Lactancia en campos de refugio:
Los campos para personas refugiadas representan uno de los escenarios más complejos para la alimentación infantil. En estos espacios, miles de personas viven frecuentemente en condiciones precarias, con acceso limitado a agua potable, electricidad y servicios médicos.
Las madres lactantes suelen enfrentar dificultades relacionadas con la falta de privacidad, el agotamiento físico y la inseguridad. Muchas mujeres deben cuidar simultáneamente de varios hijos mientras intentan conseguir alimentos, agua o asistencia médica.
A pesar de estas dificultades, la lactancia materna sigue siendo una de las formas más seguras de alimentar a los bebés15 . En los campos de refugiados, las enfermedades diarreicas constituyen una de las principales causas de mortalidad infantil, especialmente cuando las condiciones higiénicas son deficientes.
La leche materna reduce significativamente el riesgo de infecciones gastrointestinales y respiratorias. Además, proporciona hidratación, algo fundamental en regiones cálidas o con acceso limitado al agua.
Sin embargo, mantener la lactancia requiere apoyo continuo. Las mujeres necesitan información clara, acompañamiento y condiciones mínimas de seguridad1. En algunos campamentos, las organizaciones humanitarias crean grupos de apoyo entre madres para compartir experiencias y fortalecer redes comunitarias.
La protección frente a la violencia también resulta esencial. En numerosos contextos, las mujeres y niñas refugiadas enfrentan riesgo de agresiones sexuales o explotación3. La inseguridad puede dificultar incluso tareas cotidianas como buscar agua o acudir a los servicios sanitarios16,17.
Otro desafío importante es la duración prolongada de muchos desplazamientos. Algunas familias permanecen durante años en campos de refugiados, como se da en el caso de Palestina o Siria, lo que obliga a desarrollar estrategias sostenibles de atención materno infantil.
Casos recientes de conflictos armados:
En las últimas décadas, diversos conflictos han evidenciado la relación entre guerra, desnutrición y lactancia materna. En Siria, millones de personas fueron desplazadas debido a la guerra iniciada en 20114. La destrucción de hospitales y la escasez de recursos afectaron gravemente la atención sanitaria para mujeres embarazadas y recién nacidos.
En Yemen, la guerra y el bloqueo económico provocaron una de las mayores crisis humanitarias contemporáneas. Millones de niños sufren desnutrición aguda y muchas familias carecen de acceso estable a alimentos o servicios médicos. Las organizaciones humanitarias han insistido en la importancia de proteger la lactancia materna como estrategia de supervivencia infantil.
La guerra en Ucrania también generó importantes desafíos para las madres lactantes. Muchas mujeres dieron a luz en refugios subterráneos o estaciones de metro utilizadas como protección frente a bombardeos. Los desplazamientos masivos dificultaron el acceso a atención médica y apoyo postnatal.
En Sudán, los enfrentamientos armados y la crisis de desplazamiento han incrementado los riesgos de hambre y enfermedades infecciosas. Las organizaciones internacionales han alertado sobre el deterioro de las condiciones sanitarias y la amenaza de hambrunas.
En Gaza, las restricciones de acceso, los ataques contra infraestructuras y la escasez de agua potable han generado enormes dificultades para las familias con bebés pequeños. La alimentación infantil segura se ha convertido en una preocupación central para los equipos humanitarios.
Estos casos demuestran que la protección de la lactancia materna no puede separarse de la protección general de los derechos humanos y de la población civil.
Derechos humanos y protección de la maternidad:
La protección de las madres y los niños durante los conflictos armados forma parte del derecho internacional humanitario y de los tratados internacionales sobre derechos humanos. Las Convenciones de Ginebra establecen que la población civil debe ser protegida durante las guerras y que los hospitales y el personal sanitario no deben ser atacados.
Asimismo, la Convención sobre los Derechos del Niño reconoce el derecho de todos los menores a disfrutar del más alto nivel posible de salud y nutrición. Esto incluye el acceso a información adecuada sobre lactancia materna y alimentación infantil.
Las mujeres embarazadas y lactantes constituyen un grupo especialmente vulnerable en contextos de guerra. Por ello, las organizaciones internacionales insisten en la necesidad de garantizar corredores humanitarios, atención médica segura y acceso prioritario a alimentos y agua.
La protección de la maternidad también implica combatir la violencia sexual en conflictos armados. La violación y otras formas de violencia de género han sido utilizadas históricamente como armas de guerra. Estas prácticas tienen consecuencias devastadoras sobre la salud física y mental de las mujeres.
Además, la defensa de la lactancia materna está relacionada con el derecho a la información y a la salud pública. Las madres necesitan recibir orientación basada en evidencia científica, libre de intereses comerciales y adaptada a las condiciones de emergencia.
La resiliencia de las madres en contextos de guerra:
A pesar de las enormes dificultades, millones de mujeres continúan amamantando y cuidando a sus hijos en condiciones extremas. La resiliencia de las madres en contextos de guerra refleja una extraordinaria capacidad de adaptación y supervivencia.
En numerosos testimonios recogidos por organizaciones humanitarias, las mujeres describen la lactancia como una forma de proteger a sus hijos cuando todo lo demás parece derrumbarse. Muchas madres continúan alimentando a sus bebés incluso durante desplazamientos, bombardeos o largas travesías hacia lugares seguros.
La solidaridad comunitaria también desempeña un papel importante. En algunos campamentos o refugios, las mujeres crean redes de apoyo mutuo para compartir alimentos, cuidar niños y acompañarse emocionalmente3.
Sin embargo, la resiliencia no debe interpretarse como una justificación para ignorar las responsabilidades políticas e internacionales16,17,18. Las madres no deberían verse obligadas a sobrevivir sin apoyo en medio de situaciones inhumanas. La comunidad internacional tiene la obligación de proteger a la población civil y garantizar asistencia humanitaria suficiente.
Reconocer la fortaleza de las mujeres implica también escuchar sus necesidades y respetar su dignidad. Muchas madres desean participar activamente en las decisiones relacionadas con la ayuda humanitaria y la atención sanitaria.
CONCLUSIÓN
La lactancia materna adquiere una importancia vital en contextos de conflictos armados y crisis humanitarias. Más allá de ser una forma de alimentación, constituye un mecanismo de protección inmunológica, estabilidad emocional y supervivencia infantil.
Las guerras afectan profundamente las condiciones necesarias para la maternidad segura: destruyen hospitales, generan desplazamientos masivos, provocan hambre y exponen a las mujeres a situaciones extremas de violencia y vulnerabilidad. A pesar de ello, millones de madres continúan amamantando a sus hijos en circunstancias extraordinariamente difíciles.
La evidencia científica demuestra que la lactancia materna es especialmente importante durante las emergencias debido a que proporciona una fuente segura y accesible de nutrición. Sin embargo, para que las mujeres puedan mantener la lactancia necesitan apoyo sanitario, protección física, información adecuada y acompañamiento emocional.
Las organizaciones humanitarias cumplen un papel esencial al promover prácticas seguras de alimentación infantil, crear espacios de apoyo para madres y denunciar las violaciones del derecho internacional humanitario.
Asimismo, resulta fundamental combatir la desinformación relacionada con la lactancia en situaciones de guerra. El estrés y las dificultades económicas no eliminan automáticamente la capacidad de amamantar, y la distribución indiscriminada de fórmulas infantiles puede aumentar los riesgos sanitarios.
La relación entre lactancia materna y conflictos armados pone de manifiesto la estrecha conexión entre salud pública, derechos humanos y protección de la población civil. Garantizar el bienestar de madres y bebés no debe considerarse una cuestión secundaria, sino una prioridad humanitaria fundamental.
Finalmente, la situación de las mujeres lactantes en contextos de guerra recuerda la necesidad urgente de fortalecer la cooperación internacional, proteger los servicios sanitarios y defender el derecho de todos los niños a crecer en condiciones seguras y dignas. En medio de la destrucción causada por los conflictos armados, la lactancia materna continúa representando un acto de cuidado, resistencia y esperanza.
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