AUTORES
- Ewa Sokol Zurek. Técnico en Cuidados Auxiliares de Enfermería (TCAE). TCAE en Hospital Universitario Miguel Servet de Zaragoza. Aragón, España.
- Geanina María Dutu. Celador y pinche. Celador y pinche en Hospital Universitario Miguel Servet. Aragón, España.
- María del Mar Figueroa Carrasco. Técnico en Cuidados Auxiliares de Enfermería (TCAE) y Técnico Superior de Laboratorio Clínico y Biomédico (TEL). TCAE y TEL en Hospital Universitario Miguel Servet de Zaragoza. Aragón, España.
- María Inmaculada Sánchez Pichel. Técnico en Cuidados Auxiliares de Enfermería (TCAE) y Técnico Superior de Laboratorio Clínico y Biomédico (TEL). TCAE y TEL en Hospital Universitario Miguel Servet de Zaragoza. Aragón, España.
- Celia Romeo Biescas. Técnico en Cuidados Auxiliares de Enfermería (TCAE). TCAE en Hospital Universitario Miguel Servet de Zaragoza. Aragón, España.
- Rebeca Quílez Navarrete. Técnico en Cuidados Auxiliares de Enfermería (TCAE). TCAE en Hospital Universitario Miguel Servet de Zaragoza. Aragón, España.
RESUMEN
Objetivo: Evaluar las pautas de medición, seguimiento y control del sufrimiento físico grave en el departamento de emergencias hospitalarias, comprobando los beneficios de un abordaje analgésico inmediato y determinando el rol de los diferentes profesionales sanitarios en la mitigación del malestar del usuario.
Metodología: Se ejecutó un análisis documental de carácter descriptivo, apoyado en las directrices de consenso de sociedades médicas internacionales y en la práctica asistencial habitual observada en los entornos de cuidados críticos.
Resultados: El padecimiento agudo de gran intensidad constituye una urgencia de primer orden, ya que su prolongación incrementa las respuestas neuroendocrinas nocivas y las complicaciones clínicas. El empleo regular de herramientas de cuantificación y la activación ágil de planes analgésicos evitan el tratamiento insuficiente de este síntoma. El manejo farmacológico inmediato por parte del personal de enfermería, la prescripción médica oportuna y el soporte físico y ambiental provisto por los TCAE, sumados a las transferencias posturales seguras y traslados delicados efectuados por el cuerpo de celadores, disminuyen de forma contundente la carga de afección física y psicológica del enfermo.
Conclusiones: La contención efectiva del dolor actúa como un reflejo fidedigno de la excelencia en los cuidados y representa un deber deontológico. Este escenario obliga a una actuación cohesionada, empática y coordinada de todo el personal, priorizando siempre el bienestar y el respeto a la persona convaleciente.
PALABRAS CLAVE
Malestar agudo, departamento de emergencias, tratamiento del dolor, protección del enfermo, cuidados humanizados, evaluación del dolor, trabajo cooperativo.
ABSTRACT
Objective: To analyze the assessment, monitoring, and management strategies for severe acute pain in the hospital emergency department, examining the impact of early analgesic intervention and defining the roles of the multidisciplinary team in controlling patient suffering.
Methodology: A descriptive review was carried out based on current scientific evidence from international clinical practice guidelines and daily care experience within emergency units.
Results: Severe acute pain represents a priority challenge whose persistence increases systemic stress and morbidity. The systematic implementation of validated scales and the early initiation of analgesia protocols reduce the incidence of oligoanalgesia. Timely drug administration by nursing staff, medical therapeutic guidance, and non-pharmacological comfort measures executed by assistant nursing care technicians (ANCT), in close coordination with ergonomic movements and careful transfers performed by porters, significantly mitigate the physical and emotional impact of pain.
Conclusions: Optimal pain control is a direct indicator of clinical care quality and an ethical imperative that demands a coordinated, cross-cutting, and humanized response from the entire healthcare team, placing patient dignity and relief at the center of the therapeutic process.
KEY WORDS
Acute pain, emergency department, analgesia, patient safety, humanization, pain assessment, multidisciplinary care.
INTRODUCCIÓN
La manifestación dolorosa se define como una vivencia sensitiva y afectiva de carácter displacentero, la cual se encuentra asociada a un daño orgánico efectivo o latente1. Dentro del ámbito del paciente crítico y de las urgencias, este síntoma se consolida como uno de los hallazgos más frecuentes en la labor cotidiana, constituyendo de forma sostenida una de las causas primordiales de ingreso y de solicitud de atención en los departamentos de emergencias2.
La magnitud de este proceso biológico exhibe una notable fluctuación, condicionada tanto por el origen de la lesión primaria como por los condicionantes psicosociales y la susceptibilidad personal de cada sujeto3. Ante situaciones que cursan con algia aguda de gran intensidad —vinculada habitualmente a disrupciones esqueléticas, fracturas, crisis de cólico renal, síndromes isquémicos miocárdicos, pérdidas de continuidad cutánea por quemaduras o inflamación de vísceras abdominales—, resulta imperativo establecer un diagnóstico precoz y una estrategia analgésica contundente. Esto permite atenuar la respuesta neuroendocrina secundaria al estrés y evitar repercusiones sistémicas adversas3,4.
A pesar de la evolución y diversidad de los fármacos disponibles en la actualidad, la literatura médica evidencia que aún existen obstáculos que ralentizan el control del dolor, dando pie al concepto de «oligoanalgesia», término que describe la administración deficiente o rezagada de la terapia analgésica en los centros sanitarios5. En la actualidad, la supresión del padecimiento corporal y psíquico no se limita a un parámetro de calidad asistencial, sino que se reconoce como una prerrogativa esencial del paciente y un deber ético de obligado cumplimiento para el equipo multidisciplinar2,6. Por lo tanto, se hace indispensable diseñar circuitos de atención estandarizados que aseguren una monitorización regular del dolor y una respuesta médica inmediata7.
OBJETIVOS
Objetivo general
Analizar el abordaje clínico y la gestión asistencial aplicados al paciente con dolor agudo intenso en urgencias, fundamentando la trascendencia de una intervención multidisciplinar coordinada dirigida al control del sufrimiento.
Objetivos específicos
Identificar los instrumentos y escalas validadas para la correcta cuantificación y monitorización del dolor en el paciente crítico y no comunicativo.
- Describir las principales líneas de intervención farmacológica y física empleadas en el alivio del dolor agudo grave.
- Pormenorizar el papel asistencial, técnico y humano de los TCAE y celadores sanitarios en el circuito de atención al paciente con dolor.
- Fundamentar el valor de las estrategias de humanización y el manejo de la ansiedad en la percepción global del dolor.
- Promover pautas operativas transversales que incrementen la seguridad y la calidad percibida en el entorno de urgencias.
MÉTODO
Se llevó a cabo una revisión documental y descriptiva en torno a la producción científica, posicionamientos de sociedades especializadas y guías clínicas internacionales consagradas al tratamiento integral del dolor agudo en los servicios de emergencias1,4,5.
Se analizaron de manera pormenorizada las recomendaciones dictadas por organismos reguladores de la calidad y seguridad asistencial, así como los protocolos institucionales orientados al control analgésico2,7. Se examinaron en paralelo las competencias específicas de los distintos estamentos sanitarios, correlacionando sus funciones operativas con las medidas de confort no farmacológico y la prevención del disconfort derivado de la propia dinámica de urgencias.
RESULTADOS
La valoración del dolor agudo constituye el paso inicial y vertebrador de cualquier estrategia analgésica. La objetivación del síntoma mediante el uso de herramientas validadas permite clasificar la intensidad basal y calibrar con precisión la efectividad de las intervenciones médicas. Entre los instrumentos de mayor implantación clínica en las áreas de urgencias destacan:
- Escala Visual Analógica (EVA) y Escala Numérica (EN): Indicadas para pacientes con capacidad cognitiva preservada.
- Escala Verbal Simple (EVS): Útil en ancianos o personas con dificultades de abstracción matemática.
- Escalas de observación conductual (como PAINAD o Campbell): Específicas para lactantes, pacientes bajo sedación o con deterioro cognitivo severo.
Tras la tipificación del dolor, la administración precoz de analgesia se establece como una intervención prioritaria y de obligado cumplimiento. La estrategia farmacológica óptima responde a criterios de intensidad, comorbilidades del paciente y perfil farmacocinético de las sustancias, incluyendo analgésicos no opioides, antiinflamatorios no esteroideos (AINES), opioides mayores, bloqueos anestésicos locales o regionales y pautas coadyuvantes4,5.
Sin embargo, los resultados ponen de manifiesto que el alivio del sufrimiento no se agota en el plano farmacológico. Existen intervenciones no farmacológicas y de soporte asistencial que actúan de forma sinérgica, modulando la percepción dolorosa mediante la reducción del componente de ansiedad y miedo. Entre ellas se incluyen la comunicación clara, la empatía, la adecuación postural y el mantenimiento de un entorno físicamente confortable.
Dentro de este esquema integrador, el personal TCAE asume una función esencial en la vigilancia continua de los signos de disconfort y la monitorización indirecta de efectos secundarios de la analgesia (como náuseas o sedación). Asimismo, aplican de forma directa medidas de bienestar térmico, procuran un ambiente libre de ruidos estridentes y alertan de manera inmediata a enfermería ante variaciones en la esfera conductual del paciente2,6.
Por su parte, el celador sanitario desempeña un rol crítico durante los procesos de movilización y traslado intrahospitalario. La aplicación de técnicas ergonómicas correctas, la delicadeza en las transferencias a camillas de exploración radiológica y la anticipación de movimientos bruscos evitan el dolor incidental (dolor provocado por el movimiento), protegiendo la integridad física del usuario y disminuyendo significativamente el impacto del sufrimiento mecánico durante su estancia en el hospital6,7.
DISCUSIÓN
El abordaje del dolor agudo intenso en los servicios de urgencias modernos debe ser considerado como una auténtica emergencia médica, dado que la persistencia del estímulo nociceptivo desencadena alteraciones hemodinámicas, respiratorias e inmunitarias perjudiciales para la recuperación del enfermo1,4. La literatura científica actual evidencia de forma unánime que la monitorización del dolor como la «quinta constante vital» favorece una toma de decisiones terapéuticas más ágil, homogénea y segura, erradicando el sesgo de la subjetividad profesional5.
Bajo la óptica de la humanización de la salud, el control del dolor adquiere una dimensión transversal. El acto de escuchar activamente al paciente, legitimar y dar validez a su manifestación de sufrimiento, e informarle puntualmente sobre los plazos de acción de la analgesia reduce los niveles de cortisol y el estado de alerta general, optimizando los resultados de los compuestos farmacológicos administrados2. Esta aproximación humanizada exige una cohesión estrecha entre los profesionales del box de urgencias. Médicos, enfermeros, TCAE y celadores operan como eslabones de una misma cadena asistencial; la ineficacia de uno de ellos repercute directamente en la persistencia del síntoma6,7.
La implantación de protocolos de analgesia por objetivos y guías de triaje que facultan la intervención analgésica temprana se consolidan como las mejores herramientas para abatir los tiempos de espera y desterrar la inercia terapéutica5. Finalmente, se destaca la formación continuada y conjunta del equipo multidisciplinar como la vía prioritaria para actualizar conocimientos en analgesia multimodal, potenciar la seguridad clínica y consolidar un entorno asistencial enfocado firmemente en la dignidad humana3,7.
CONCLUSIONES
El dolor agudo intenso constituye un síntoma de elevada prevalencia en urgencias que requiere una aproximación diagnóstica y terapéutica prioritaria mediante el empleo de escalas objetivas estandarizadas.
El diseño de protocolos de analgesia temprana y la adición de medidas no farmacológicas de confort se correlaciona de forma directa con un aumento en la seguridad clínica y una notable optimización de la calidad asistencial.
El personal TCAE y el celador sanitario configuran pilares indispensables en el soporte del paciente con dolor, interviniendo de forma decisiva en la monitorización conductual, la adecuación ergonómica y la mitigación del sufrimiento físico asociado al traslado y la movilización.
La humanización del entorno de urgencias, sustentada en la comunicación empática, la coordinación interprofesional y la capacitación científica continuada del equipo, es la clave fundamental para responder eficazmente al alivio del dolor como un derecho inalienable del paciente.
BIBLIOGRAFÍA
- International Association for the Study of Pain (IASP). Pain terminology and definitions. Washington: IASP; 2023.
- Organización Mundial de la Salud. Calidad asistencial y seguridad del paciente. Ginebra: OMS; 2023.
- Ministerio de Sanidad. Estrategia para el abordaje del dolor en el Sistema Nacional de Salud. Madrid: Ministerio de Sanidad; 2022.
- World Health Organization. WHO guidelines on the management of chronic and acute pain. Geneva: WHO; 2023.
- American College of Emergency Physicians. Clinical policy on acute pain management in emergency departments. Dallas: ACEP; 2023.
- National Institute for Health and Care Excellence. Pain management guidelines. London: NICE; 2023.
- European Pain Federation. Acute pain management recommendations. Brussels: EFIC; 2022.