Manejo y extracción de insecto vivo en el conducto auditivo externo en urgencias pediátricas: reporte de un caso

7 septiembre 2025

 

AUTORES

  1. Elena Castilla Torre. F.E.A Servicio de Pediatría. Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa. Zaragoza, España.
  2. Rebeca Lanuza Arcos. F.E.A Servicio de Pediatría. Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa. Zaragoza, España.
  3. Alejandra Mercedes Fuentes Vidal. Residente de Servicio de Pediatría. Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa. Zaragoza, España.
  4. Andrea Jordán Mena. Residente del Servicio de Pediatría. Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa. Zaragoza, España.
  5. Carmen Segura Rosillo. Residente del Servicio de Pediatría. Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa. Zaragoza, España.
  6. Marta Hortal Briz. Residente del Servicio de Pediatría. Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa. Zaragoza, España.

 

RESUMEN

La presencia de cuerpos extraños en el conducto auditivo externo constituye un motivo frecuente de consulta en los servicios de urgencias pediátricas. Aunque la mayoría de ellos son inertes, en algunos casos puede tratarse de organismos vivos, generalmente insectos, lo que representa un reto diagnóstico y terapéutico. Los insectos vivos en el canal auditivo pueden causar síntomas como otalgia, sensación de cuerpo extraño, hipoacusia o zumbidos, aunque en muchos casos los pacientes permanecen asintomáticos. Su movilidad puede aumentar el riesgo de lesiones locales, incluyendo la perforación timpánica, por lo que la primera medida terapéutica consiste en la inmovilización del insecto.

Se presenta el caso clínico de un paciente varón de 6 años que acude a urgencias por molestias óticas tras haber estado en la piscina. La otoscopia revela la presencia de una hormiga viva en el conducto auditivo demostrando integridad de la membrana timpánica sin otras lesiones asociadas. Se realiza instilación de suero salino fisiológico con el objetivo de inmovilizar al insecto. Mediante inclinación de la cabeza se facilita la salida espontánea del insecto junto con el líquido introducido. El paciente es dado de alta sin complicaciones.

La instilación de soluciones acuosas o antisépticos no ototóxicos constituye una técnica segura, eficaz y bien tolerada. Su uso debe considerarse siempre que se descarte una perforación timpánica, la presencia de cuerpos expansibles y evitando sustancias potencialmente nocivas que puedan agravar el cuadro clínico.

PALABRAS CLAVE

Oído, oído externo, cuerpos extraños, insectos, pediatría.

ABSTRACT

The presence of foreign bodies in the external auditory canal is a common reason for consultation in pediatric emergency departments. Although most are inert, some cases involve living organisms, typically insects, which pose additional diagnostic and therapeutic challenges. Live insects in the ear canal can cause symptoms such as otalgia, foreign body sensation, hearing loss, or tinnitus, although many patients may remain asymptomatic. The mobility of the insect increases the risk of local injury, including tympanic membrane perforation; therefore, the first therapeutic measure should be its immobilization.

We present the clinical case of a 6-year-old male patient who visited the emergency department with right ear discomfort after swimming in a pool. Otoscopy examination revealed a live ant in the external auditory canal, with an intact tympanic membrane and no associated injuries. Physiological saline was instilled to immobilize the insect. Tilting of the patient’s head facilitated the spontaneous expulsion of the insect along with the instilled fluid. The patient was discharged without complications.

The instillation of aqueous solutions or non-ototoxic antiseptics is a safe, effective, and well-tolerated technique. Its use should be considered when tympanic membrane perforation and expansible foreign bodies have been ruled out, and substances with potential ototoxicity or risk of worsening the clinical condition should be avoided.

KEY WORDS

Ear, external ear, foreign bodies, insects, pediatrics.

INTRODUCCIÓN

La presencia de cuerpos extraños en el conducto auditivo externo constituye un motivo frecuente de consulta en los servicios de urgencias pediátricas1. Estos pueden ser objetos inertes (joyería, abalorios o papel); de origen vegetal, u organismos vivos2,3,4. En la mayoría de los casos, se trata de pacientes asintomáticos cuyo diagnóstico se realiza de forma incidental o tras la visualización directa del episodio por parte de un adulto2. Se estima que en población pediátrica la presencia de insectos vivos en el conducto auditivo externo representa entre un 4 y un 20% de las consultas por cuerpos extraños en el oído, alcanzando hasta un 80% en población adulta5. Los síntomas más comunes incluyen otalgia, zumbidos o molestias auditivas, otorrea o hipoacusia, en algunos casos se han descrito lesiones timpánicas o síntomas vestibulares. Su presencia puede generar incomodidad y ansiedad, tanto en el paciente como en sus cuidadores. Su extracción puede resultar más compleja, lo que convierte su manejo en un reto clínico que requiere un abordaje más específico

Se presenta el caso clínico de un paciente pediátrico con presencia de un insecto vivo en el conducto auditivo externo tratado en un servicio de urgencias pediátricas.

PRESENTACIÓN DEL CASO CLÍNICO

Paciente varón de 6 años que acude a urgencias acompañado por su madre por leve otalgia derecha, iniciada tras pasar la tarde en la piscina. Niega la introducción voluntaria de cuerpo extraño.

A su llegada a urgencias, el paciente presenta constantes estables y triángulo de evaluación pediátrica estable. La exploración física general resulta compatible con la normalidad. La otoscopia del oído derecho revela la presencia de un cuerpo extraño compatible con insecto vivo (hormiga) en el conducto auditivo externo. Se objetiva membrana timpánica íntegra y no se observan lesiones en el conducto auditivo. La otoscopia del oído izquierdo es normal.

Se coloca al paciente en decúbito lateral con el oído afecto hacia arriba, el paciente se muestra colaborador sin precisar administrar sedación. Se instila suero salino fisiológico hasta llenar completamente el conducto auditivo externo. Posteriormente se le solicita que incline la cabeza hacia el lado contrario, objetivando salida de suero salino fisiológico junto con el insecto.

La reevaluación posterior no muestra la presencia de cuerpo extraño ni lesiones asociadas.

El paciente es dado de alta sin incidencias, sin requerir valoración por parte del servicio de otorrinolaringología ni precisar un seguimiento posterior.

DISCUSIÓN Y CONCLUSIONES

La presencia de cuerpos extraños en el conducto auditivo externo es una situación clínica frecuente en los servicios de urgencias de pediatría. En una minoría de casos, se trata de organismos vivos, como insectos, lo que añade un componente de urgencia debido al malestar físico y emocional que pueden generar, y el riesgo de lesiones locales provocadas por su propia movilidad.

El diagnóstico se basa en la anamnesis y la exploración física mediante visualización directa por otoscopia2. Es fundamental determinar el tipo de cuerpo extraño, su localización y tamaño, la integridad de la membrana timpánica y la presencia de lesiones asociadas.

El primer paso para una adecuada extracción de un insecto vivo consiste en convertirlo en un objeto inerte con el fin de minimizar los posibles daños en el conducto auditivo externo y la membrana timpánica durante la extracción, así como las propias molestias que genera la presencia de un organismo vivo2,5. Para ello se utilizan sustancias líquidas como etanol, povidona yodada, o aceite vegetal que inducen la muerte del insecto por toxicidad o asfixia en pocos segundos según algunos ensayos realizados in vitro. La instilación de suero salino hipertónico, suero salino fisiológico o agua suponen una opción alternativa, aunque parecen aumentar los tiempos de asfixia respecto a las opciones anteriores 5. El uso de lidocaína tópica se considera una opción efectiva2, 6, conviene tener en cuenta el riesgo de producir vértigo como posible efecto secundario5. La utilización de clorhexidina tópica puede ser otra alternativa eficaz pero se debe tener en cuenta su potencial ototoxicidad5.

Es importante descartar la presencia de cuerpos orgánicos o vegetales (semillas, pan, legumbres…) antes de utilizar cualquier sustancia líquida debido a su capacidad de expansión al absorber el líquido instilado2,5,6. Una vez que el insecto pasa a ser un cuerpo inerte, puede extraerse mediante la utilización de instrumentos como pinzas o ganchos, siempre evitando producir lesiones en el conducto auditivo o empeorar la localización del cuerpo extraño o su impactación. En algunos casos se ha descrito la salida espontánea del insecto sin precisar su exterminación ni extracción instrumental mediante la utilización de una fuente de iluminación externa en una sala oscura7. La derivación a otorrinolaringología está indicada cuando la extracción no sea posible, se anticipen dificultades técnicas, existan intentos fallidos, o el paciente presente sintomatología compleja. En determinados escenarios puede ser necesario recurrir a la utilización de instrumental específico o incluso realizar la extracción bajo anestesia general3.

En conclusión, aunque existen múltiples métodos descritos para la extracción de cuerpos extraños, no son tantos los enfoques específicos para la extracción de organismos vivos. Es fundamental realizar una valoración clínica inicial cuidadosa previa a la intervención, especialmente para descartar la presencia de perforación timpánica o cuerpos expansibles. Asimismo, resulta clave conocer las distintas técnicas de extracción disponibles y seleccionar la más adecuada en función del tipo de cuerpo extraño y la situación clínica del paciente, priorizando siempre la seguridad y la mínima invasividad del procedimiento.

Este caso pone de manifiesto la utilidad de un abordaje conservador mediante la instilación de soluciones acuosas como una alternativa eficaz, capaz de evitar maniobras invasivas o derivaciones innecesarias. No obstante, es imprescindible reconocer a tiempo aquellas situaciones que requieren la intervención de un especialista con el fin de prevenir complicaciones mayores.

 

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