Monográfico. Nuevos retos en los cuidados de los pacientes mayores con infección por el virus de la inmunodeficiencia humana

2 marzo 2024

 

AUTORES

  1. Alina Cristina Stanici Paraschiv. Enfermera en Consultas de Oftalmología. Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza.
  2. Jose Carlos Espín Giménez. Enfermero en Centro de Rehabilitación Psicosocial Nuestra Señora del Pilar, Zaragoza.
  3. Francisco José Ortega Teruel. Enfermero en UCI. Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza.
  4. Elena Ruiz Álvarez. Enfermera en Atención Primaria, Zaragoza.
  5. Carlos Ramírez Laguarta. Enfermero en Atención Primaria, Zaragoza.
  6. Yolanda Naya Mateu. Médico en Atención Primaria, Zaragoza.

 

RESUMEN

El aumento de la esperanza de vida y la cronicidad de la infección por el virus de la inmunodeficiencia humana han llevado a un progresivo envejecimiento de la población que vive con este diagnóstico. En este contexto han surgido nuevos retos en el cuidado de las personas infectadas como las comorbilidades asociadas, el envejecimiento precoz, la fragilidad y los síndromes geriátricos entre otros. Para poder afrontar las nuevas demandas, cubrir las necesidades futuras y mejorar la calidad de vida de esta población se requiere un abordaje específico, global y multidisciplinario.

PALABRAS CLAVE

Virus de la inmunodeficiencia humana (VIH), cronicidad, edad avanzada, comorbilidades, fragilidad, envejecimiento precoz.

ABSTRACT

The increase in life expectancy and the chronicity of the infection caused by the human immunodeficiency virus have resulted in a progressive aging of the population with this diagnosis. In this context, new challenges have emerged in the care of infected people such as associated comorbidities, premature aging, frailty and geriatric syndromes among others. A specific, global, and multidisciplinary approach is required in order to face the new demands, meet future needs, and improve the quality of life of this segment of the population.

KEY WORDS

Human immunodeficiency virus (HIV), chronicity, elderly, comorbidities, frailty, premature aging.

DESARROLLO DEL TEMA

La mayor comorbilidad vinculada al envejecimiento de la población con infección por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) exige un cambio en la atención a estos pacientes porque, según afirma Knobel H, coordinador de la atención del VIH/sida en el Hospital del Mar de Barcelona, “estamos muy acostumbrados a tratar y hay que intentar prevenir”1. Los ambiciosos objetivos marcados por el Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/SIDA (ONUSIDA) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) “90% diagnosticados – 90% en tratamiento – 90% con supresión viral” resultan insuficientes. Autores como Lazarus JV et al recalcan la necesidad de “un cuarto 90” que asegure una buena calidad de vida relacionada con la salud2,3.

La OMS define el VIH como un retrovirus que infecta a las células del sistema inmunitario, alterando o anulando su función hasta que deja progresivamente de luchar contra las infecciones y enfermedades. El síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA) se refiere a los estadios más avanzados de la infección4.

La terapia antirretroviral de gran actividad ha tenido un profundo impacto en la evolución de la enfermedad cambiando radicalmente el escenario, de una enfermedad mortal a una crónica. Lo que ha llevado a un envejecimiento de la población con infección por VIH, principalmente por el aumento de la supervivencia pero también por el cada vez más elevado número de nuevos diagnósticos en personas mayores de 49 años5.

El resultado de esta cronificación se puede ver en los datos epidemiológicos de los últimos años. Según ONUSIDA, en el año 2012 en los 7 países desarrollados, el porcentaje de personas con infección por VIH con más de 49 años era del 33%6. A nivel europeo, el estudio holandés liderado por Smit M, considera que, en el año 2030, la población con infección por VIH tendrá una edad media de 56 años y el grupo de mayores de 49 años representará el 73%7.

En cuanto a los nuevos diagnósticos, en España se mantiene una incidencia constante en la última década. En el año 2017 había entre 130.000 y 160.000 personas con infección por el VIH y ese mismo año se diagnosticaron 3.381 nuevos casos. De estos, el 14,4% se registraron en personas mayores de 49 años, siendo también el grupo etario con mayor porcentaje de diagnóstico tardío, el 67%8.

A pesar de la esperanza de vida cercana a la de la población general los factores etiológicos vinculados a la inflamación crónica y la inmunosenescencia acelerada generan importantes problemas asistenciales que llegan a ser incluso superiores en la vida real al manejo de la propia infección VIH5,9. El reto, según el artículo publicado por Llibre JM et al “no es el de la atención al paciente con infección por VIH, como enfermedad crónica aislada, sino el del paciente en situación de cronicidad, como concepto más amplio”10. Por lo tanto, el abordaje tiene que evolucionar más allá del control de la infección y el manejo del tratamiento e incluir aspectos más actuales como el manejo de la infección a largo plazo, las comorbilidades y problemas asociados a la edad como la fragilidad y los síndromes geriátricos11.

Las comorbilidades asociadas tienen una gran relevancia clínica no solo por el incremento de la carga de morbilidad sino también por disminuir la calidad de vida de forma considerable y de ser la causa principal de muerte en los países desarrollados. Los pacientes diagnosticados con VIH mayores de 49 años tienen cuatro veces más riesgo que la población general de sufrir un infarto agudo de miocardio y otros eventos cardiovasculares. También presentan mayor riesgo de osteopenia y osteoporosis, fracturas patológicas, trastornos neurocognitivos, hiperlipidemia, diabetes mellitus, enfermedad pulmonar obstructiva crónica y neoplasias no-definitorias de sida12,13.

Además, la población con infección por VIH, envejece de forma acelerada, no como la población general, lo que hace que estas comorbilidades y otros problemas de salud propios de la vejez se desarrollen de forma prematura14,15. Estudios como el publicado por Guaraldi et al.16 y el de Maciel et al.17 coinciden que el número de comorbilidades en la población con infección por VIH es similar al de la población general 10 años más mayor.

Según Álvarez Cabo et al, el actual modelo sanitario impide dar una respuesta óptima a las necesidades de las personas diagnosticadas de VIH ya que “se caracteriza por la resolución de episodios agudos pero tiene poca capacidad de anticiparse a las complicaciones, que en su mayoría derivan de procesos crónicos”18. Estudios publicados acerca del impacto de las intervenciones enfermeras en la atención a la cronicidad resaltan que las actuaciones enfermeras mejoran la efectividad clínica y consiguen un mayor número de medidas de control, un mejor registro de los parámetros clínicos, disminuyen las visitas a urgencias y los ingresos hospitalarios y también existe una mejora en la satisfacción percibida en los pacientes19.

Dentro de los diferentes marcos teóricos que definen la profesión de enfermería, Virginia Henderson hace referencia a la labor de enfermería que debe ser capaz de fomentar la actividad del paciente para que éste adquiera su independencia y de asistir a los pacientes en las actividades básicas de la vida diaria 20. Buscar el empoderamiento de las personas diagnosticadas de VIH resulta imprescindible si se tiene en cuenta que existe una estrecha correlación entre la protección de los derechos y el empoderamiento y las posibilidades de prevenir la infección en el beneficio de la salud pública11,21.

 

BIBLIOGRAFÍA

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