Morbilidad asociada a los cambios electrocardiográficos en pacientes con evento vascular cerebral en el Hospital General de zona nº. 8 Córdoba, Veracruz. OADD Veracruz Sur. México

20 enero 2026

 

 

Nº de DOI: 10.34896/RSI.2026.84.25.001

 

 

AUTORES

  1. Carmen Reséndiz Dáttoly. N41 Subjefe de Educación en Enfermería y Carreras Técnicas Hospital General de Zona 8. OOAD Veracruz, Sur. México.
  2. Héctor Miguel Villalobos Natarén. Médico Especialista en Medicina de Urgencias. Hospital General de Zona 8. OOAD Veracruz, Sur, México.
  3. María Yazmín Hernández Ambrosio. Coordinador Clínico de Educación e Investigación en Salud, Hospital General de Zona 8. OOAD Veracruz, Sur, México.
  4. Dora María Durán Estrada. Coordinador Auxiliar de Investigación en Salud, Coordinación de Planeación y Enlace Institucional Orizaba, Ver, México.
  5. Jorge Antonio Ochoa Penagos. Médico Residente de tercer año en Urgencias Médico Quirúrgicas. Hospital General de Zona No. 8. OOAD Veracruz, Sur. México.

 

RESUMEN

Introducción: Durante febrero de 2011 se publicó un estudio que buscaba determinar los principales cambios electrocardiográficos en pacientes con enfermedad vascular cerebral en fase aguda de la enfermedad, por lo que se realizó un estudio transversal y descriptivo en expedientes de pacientes con diagnóstico de EVC de tipo isquémica o hemorrágica, los cuales se encontraban viviendo en la ciudad de Querétaro durante el periodo de julio a diciembre del año 2010. Del total de pacientes, la mayoría fueron del sexo masculino con edad promedio mayor a 65 años. Se presentó un predominio de EVC isquémico sobre el hemorrágico. Del total de pacientes, un porcentaje mayor al 50% de los electrocardiogramas resultaron con anomalías, resultando el acuminamiento de la onda T la alteración más frecuente, seguida de bloqueo de rama, ondas T negativas y pacientes que cursaron con fibrilación auricular. Como podemos apreciar, en este estudio podemos observar que la principal alteración electrocardiográfica encontrada es la elevación de la onda T y no solamente eso sino varios cambios encontrados en electrocardiografía, del total de pacientes, se ha observado aumento de las diferentes morbilidades asociadas a estos cambios y que pueden propiciar evolución tórpida e incluso la muerte. Estudios diversos indican que las principales comorbilidades asociadas a cambios electrocardiográficos suelen ser las cardiopatías como la fibrilación auricular, arritmias y cardiopatías congénitas, así como la hipertensión arterial y diabetes tipo 2.

Objetivo general: Determinar la morbilidad asociada a los cambios electrocardiográficos en pacientes con Evento Vascular Cerebral en el Hospital General de Zona No. 8 Córdoba, Ver.

Metodología: Se utilizó un estudio descriptivo, retrospectivo, transversal y analítico, con 289 expedientes de pacientes que cursaron con EVC en el mes de enero-diciembre de 2024 en el Hospital General de Zona No.8 Córdoba, Ver. Las variables a estudiar edad, sexo, cambios electrocardiográficos, morbilidad. Para variables cualitativas se presentaron en números y porcentajes; para variables cuantitativas media y varianza; para medir la morbilidad asociada a los cambios electrocardiográficos se utilizó Rho Spearman con la que se determinó la asociación entre los cambios electrocardiográficos y las comorbilidades más frecuentes. La información se ingresó a una base de datos para su análisis y discusión.

Resultados: De los 289 pacientes que conformaron el universo de estudio, 88 cumplieron con los criterios de inclusión para el análisis. La mayoría de los pacientes se concentró en el grupo etario mayor de 60 años. En cuanto al sexo, se observó una mayor proporción de cambios electrocardiográficos en el sexo masculino (55.4%) en comparación con el femenino (44.6%); sin embargo, la frecuencia de alteraciones electrocardiográficas fue elevada en ambos sexos. Se identificó una asociación estadísticamente significativa entre la presencia de cambios electrocardiográficos y las comorbilidades asociadas, particularmente la hipertensión arterial sistémica, la cual fue la comorbilidad con mayor asociación a alteraciones electrocardiográficas, presente en aproximadamente el 76% de los casos. Asimismo, se observó una asociación discreta entre las alteraciones electrocardiográficas y la mortalidad.

Conclusiones: La presencia de alteraciones electrocardiográficas mostró una asociación estadísticamente significativa con la mortalidad, lo que confirma el valor del electrocardiograma como una herramienta pronóstica relevante en pacientes con evento cerebrovascular. La hipertensión arterial sistémica y la diabetes mellitus tipo 2 fueron las comorbilidades más frecuentes y se relacionaron con una mayor presencia de anomalías electrocardiográficas. Estos hallazgos sugieren que la evaluación sistemática del electrocardiograma durante las fases aguda y subaguda del evento cerebrovascular permite identificar alteraciones eléctricas de origen multifactorial, cuya detección temprana puede contribuir a una mejor estratificación del riesgo y a la implementación de estrategias preventivas y terapéuticas orientadas a disminuir la mortalidad.

PALABRAS CLAVE

Evento vascular cerebral, isquemia, hemorrágico, comorbilidades, antecedentes, tratamiento, etiología, prevalencia.

ABSTRACT

Introduction: In February 2011, a study was published that sought to determine the main electrocardiographic changes in patients with cerebrovascular disease in the acute phase of the disease. Therefore, a cross-sectional, descriptive study was conducted on the records of patients diagnosed with ischemic or hemorrhagic stroke, who were living in the city of Querétaro during the period from July to December 2010. Of the total patients, the majority were male with a mean age over 65 years. There was a predominance of ischemic stroke over hemorrhagic stroke. Of the total patients, more than 50% of the electrocardiograms showed abnormalities, with T-wave swelling being the most frequent abnormality, followed by bundle branch block, negative T waves, and patients with atrial fibrillation. As we can see in this study, we can observe that the main electrocardiographic alteration found is the elevation of the T wave and not only that but several changes found in electrocardiography. Of the total number of patients, an increase in the different morbidities associated with these changes has been observed and that can lead to a torpid evolution and even death.

General Objective: To determine the morbidity associated with electrocardiographic changes in patients with a cerebrovascular event at General Hospital Zone No. 8, Córdoba, Veracruz.

Methodology: A descriptive, retrospective, cross-sectional, and analytical study was conducted with 165 patient records of patients who had a stroke during the months of January-December 2024 at General Hospital Zone No. 8, Córdoba, Veracruz. The variables studied were age, sex, mortality, electrocardiographic changes, and comorbidities. Qualitative variables were presented as numbers and percentages; quantitative variables were presented as mean and variance. The chi-square test was used to measure mortality associated with electrocardiographic changes, determining the relationship between electrocardiographic changes and the most common comorbidities. The information was entered into a database for analysis and discussion.

Results: Of the 289 patients who comprised the study population, 88 met the inclusion criteria for analysis. Most patients were concentrated in the age group older than 60 years. Regarding sex, a higher proportion of electrocardiographic changes was observed in males (55.4%) compared with females (44.6%); however, the frequency of electrocardiographic abnormalities was high in both sexes. A statistically significant association was identified between the presence of electrocardiographic changes and associated comorbidities, particularly systemic arterial hypertension, which was the comorbidity most strongly associated with electrocardiographic abnormalities and was present in approximately 76% of cases. Additionally, a modest association was observed between electrocardiographic abnormalities and mortality.

Conclusions: The presence of electrocardiographic abnormalities was significantly associated with mortality, confirming the value of the ECG as an independent prognostic marker in patients with stroke. Hypertension and type 2 diabetes mellitus were the most frequent comorbidities and were associated with the appearance of electrocardiographic abnormalities. Evidence suggests that systematic ECG evaluation in the acute and subacute phases of stroke allows for the detection of electrical dysfunction of multifactorial origin, the early identification of which could guide preventive and therapeutic strategies aimed at reducing mortality.

KEY WORDS

Cerebrovascular event, ischemia, hemorrhagic, comorbidities, history, treatment, etiology, prevalence.

INTRODUCCIÓN

La enfermedad cerebrovascular isquémica se define como un grupo de condiciones clínicas caracterizadas por un deterioro neurológico que ocurre repentinamente debido al bloqueo total o parcial de un vaso a nivel cerebral. El tipo clínico de esta enfermedad se divide en eventos cerebrovasculares isquémicos y ataques isquémicos cortos, según la duración de la condición clínica, pero ahora se clasifica según los hallazgos radiológicos1.

A nivel mundial, el Accidente cerebrovascular es la segunda causa de muerte y la principal causa de discapacidad, con un impacto económico significativo. Las herramientas de diagnóstico y tratamiento del ictus han hecho una gran contribución al tratamiento del ictus en los últimos años, cambiando la actitud nihilista hacia el ictus porque el ictus es una enfermedad repentina. El activador del plasminógeno tisular recombinante es eficaz dentro de las primeras tres horas después del inicio de un accidente cerebrovascular y su uso ha sido aprobado por la FDA y la Agencia Europea de Medicamentos. Se ha demostrado que los protocolos en la fase aguda para corregir los cambios fisiológicos subyacentes a las unidades de accidente cerebrovascular disminuyen la morbilidad y la discapacidad. Se están desarrollando varias estrategias para tratar a un gran número de pacientes, incluidos fármacos de amplio espectro, trombólisis venosa e intraarterial, identificación de pacientes con penumbra isquémica mediante nuevas técnicas de neuroimagen y tratamientos neuroprotectores para prevenir daños2.

Como se suele decir, las ECV son una de las principales causas de muerte y discapacidad en todo el mundo, con consecuencias negativas para el individuo, la familia y la sociedad. En los países latinoamericanos se considera un problema de salud pública. También se la conoce como una de las principales causas de depresión en las personas mayores, la población más vulnerable, con mayor incidencia en personas mayores de 60 años3.

Las ondas T cerebrales, también conocidas como ondas T gigantes, fueron descritas originalmente por Ippolito3 en 1954 en pacientes con insuficiencia cardíaca completa. Luego de esta descripción, se destacó su aparición en otras entidades cardiológicas como la enfermedad coronaria, el bloqueo de rama derecha y los pacientes con hipertensión pulmonar. Es importante mencionar que este cambio electrocardiográfico también puede ocurrir asociado con cambios metabólicos, especialmente hipopotasemia y enfermedades cerebrales agudas4.

Generalmente, los primeros signos de un Ictus son afasia, dolor de cabeza, hemiplejía y pérdida total o parcial del movimiento muscular de un lado de la cara. El EVC hemorrágico suele presentarse de forma lenta y lenta. El diagnóstico suele comenzar con la tomografía, pero existen otros métodos con sensibilidad similar a la tomografía computarizada, como la resonancia magnética y el eco de gradiente, que son mejores que el método mencionado en primer lugar. Finalmente, la cardiopatía hemorrágica se puede tratar de varias maneras, incluida la intervención quirúrgica, el tratamiento para controlar la hipertensión en los vasos sanguíneos, el control de la presión intracraneal, el tratamiento hemostático, el tratamiento antiepiléptico y el cuidado y tratamiento del cerebro5.

Los médicos deben tener en cuenta que aproximadamente el 20% de estos pacientes presentan signos de síndrome cardíaco CVA. El grado de enfermedad cardíaca preexistente y los factores vasculares subyacentes aumentan la susceptibilidad y moderan la gravedad del síndrome cardíaco de accidente cerebrovascular. Desde un punto de vista fisiopatológico, las manifestaciones del síndrome de apoplejía cardíaca pueden considerarse como el resultado de una prueba de esfuerzo cardíaco provocada por una apoplejía. Al menos tres causas principales de disfunción cardíaca parecen estar involucradas: toxicidad directa de catecolaminas, disfunción microvascular y revascularización coronaria. Estos procesos son interdependientes y pueden superponerse6.

Los accidentes cerebrovasculares contribuyen en gran medida a la mortalidad y morbilidad en el campo médico. Causan una debilidad significativa tanto física como emocional a los pacientes y sus familias. En muchos estudios se ha destacado la importancia de las investigaciones, el tratamiento temprano y la rehabilitación de un paciente con accidente cerebrovascular agudo. Las víctimas de accidentes cerebrovasculares son propensas a sufrir una variedad de eventos cardiovasculares como arritmias, hipotensión grave, paro cardíaco, etc. Algunos de estos pacientes que experimentan estos eventos cardíacos no tienen antecedentes de ninguna enfermedad cardíaca. Tanto las enfermedades arterioscleróticas cerebrales como las coronarias contribuyen significativamente a la aparición de muerte súbita en estos individuos, ya que los factores de riesgo para ambas enfermedades son los mismos. Así, el cribado de problemas cardíacos entre pacientes con ictus nos ayuda a reducir la mortalidad asociada a los accidentes cerebrovasculares. Los cambios del ECG en pacientes con accidentes cerebrovasculares han incluido depresión del segmento ST e inversiones de la onda T, como lo demuestran estudios previos. Esto plantea un desafío para los profesionales de la salud a la hora de distinguir los cambios en el ECG relacionados con el accidente cerebrovascular de aquellos debidos a una cardiopatía isquémica concomitante, todos los pacientes tienen cambios en el ECG similares a la isquemia, mientras que Fure B et al. observaron la prolongación del QT como el cambio más común7.

La incidencia del Evento vascular cerebral isquémico se ha incrementado, condición explicada por el aumento en la esperanza de vida y la aparición de comorbilidades, incluidas las de origen cardiaco específicamente la fibrilación auricular, patología propia del adulto en torno a la cual se pronostica incremento de la incidencia condicionada por factores de riesgo que incluyen edad, hipertensión y obesidad8.

La gravedad depende del tipo o curso de la enfermedad. Además, se ha informado que las diferentes manifestaciones del electrocardiograma en pacientes con enfermedad neurogénica pueden producir diferentes problemas en relación con diferentes cambios en la actividad neuronal, y la correcta detección del tiempo y la correcta determinación del tipo y dirección del trazo electrocardiográfico. Como resultado, la monitorización de los cambios del ECG, las características de los diferentes tipos de ictus y las indicaciones de las diferentes opciones de tratamiento desempeñarán un papel importante en el tratamiento y la prevención del ictus. Se estima que el número de pacientes que padecen enfermedades cerebrovasculares en China aumenta en 2 millones cada año9.

En el estudio realizado por Togha y cols, las anomalías más comunes asociadas con el accidente cerebrovascular en el ECG fueron anomalías de la onda T, intervalo QTc prolongado y arritmias, encontradas respectivamente en el 39,9%, 32,4% y 27,1% de los pacientes con accidente cerebrovascular y en el 28,9%, 30,7% y 16,2. de pacientes sin cardiopatía primaria. Según los resultados de estos estudios, las anomalías del ECG similares a la isquemia y la prolongación del intervalo QT pueden ocurrir en más del 90% de los pacientes con EVC hemorrágico y este valor decrece si los pacientes cuentan con antecedente de lesión cardíaca en tratamiento farmacológico10.

El ictus agudo es una de las enfermedades cardiovasculares más frecuentes en la práctica clínica, con una elevada morbilidad y discapacidad y una grave amenaza para la salud y el bienestar de los pacientes11.

En Cuba las enfermedades cerebrovasculares (ECV) constituyen la tercera causa de muerte, sólo superada por las enfermedades cardiovasculares y el cáncer. Aporta más de 50% de los ingresos por enfermedades neurológicas agudas en los centros de atención secundaria del país, con índices de letalidad intrahospitalaria que oscilan entre 10 y 64% para los diferentes subtipos etiológicos12.

Al respecto se han descrito las modificaciones eléctricas asociadas al envejecimiento que determinan alteraciones tisulares y celulares de las aurículas (fibrosis, apoptosis, hipertrofia, desorganización del gap junction y acortamiento del potencial de acción). De igual forma, la hipertensión arterial genera hipertrofia ventricular izquierda, condicionando disfunción diastólica con alteración en el llenado de la cavidad, dilatación auricular ipsilateral y retraso en la velocidad de conducción, favoreciendo la presencia de fibrilación auricular y con ella flujos turbulentos que propician trastornos de la coagulación, condición óptima para desarrollar procesos tromboembólicos. Se manifiesta electrocardiográficamente con irregularidad de la onda R-R, ausencia de onda P y actividad auricular irregular13.

La incidencia de fibrilación auricular en el evento vascular cerebral isquémico fluctúa entre el 20.0 y el 43.2%, valor que desciende al 10% cuando la fibrilación auricular no ha sido diagnosticada previamente14.

Las variaciones pueden explicarse por el avance del conocimiento médico en torno a esta arritmia y al desarrollo de las técnicas de monitoreo cardiaco. Realizar el diagnóstico temprano de la fibrilación auricular implica el inicio de la terapia anticoagulante efectiva, condición que puede constituirse como acción preventiva del accidente vascular cerebral isquémico y todas sus complicaciones15.

En el año 1970 ocurrieron 5155 defunciones, en el 2005 fueron 8787 y en el 2016 se informaron 9011 fallecidos por esta enfermedad, lo que evidencia el incremento en el número de defunciones por esta causa. Desde hace siglos se conoce que las enfermedades cardíacas pueden provocar de forma secundaria afectación del sistema nervioso central. El ejemplo más frecuentemente demostrado lo constituye el ictus isquémico cardioembólico, secundario a una fibrilación auricular16.

Sin embargo, este hecho visto a la inversa, es decir, lesiones del sistema nervioso central que provocan alteraciones cardíacas secundarias, hace tan solo medio siglo que fue planteado, fue Byres en el año 1947 quien lo describió en la hemorragia subaracnoidea17.

No fue hasta 1954 que Burch informó que pacientes con infarto cerebral también podían presentar alteraciones electrocardiográficas similar a los casos de ictus hemorrágicos, aunque es en estos últimos donde se ha comunicado con mayor frecuencia18.

El riesgo de enfermedad cardiovascular grave varía según la afección de acuerdo con la edad de los pacientes. Por tanto, es poco común en pacientes jóvenes. Por lo que se debe buscar migrañas y prolapso de la válvula mitral, como contexto importante para iniciar padecimientos relacionados al EVC; mientras tanto, en las personas mayores, desempeñan un papel importante el mal tratamiento de la presión arterial alta y la diabetes, colesterol y triglicéridos altos en la sangre. En estos pacientes, las enfermedades cardíacas como fibrilación auricular, hipertrofia ventricular izquierda y la enfermedad coronaria es importante dar seguimiento estrecho ya que la fibrilación auricular se destaca como la principal taquiarritmia causante de EVC19.

Cada año en Estados Unidos, aproximadamente 1,7 millones de personas son hospitalizadas por síndromes coronarios agudos, tres cuartas partes de las cuales (alrededor de 1,3 millones de pacientes) tienen angina inestable o infarto agudo de miocardio. La presencia de cambios en el segmento ST o en la onda T durante los síntomas y su retorno a la normalidad después de su resolución es diagnóstico de síndrome coronario agudo sin elevación del segmento ST; sin embargo, un electrocardiograma (ECG) normal en un paciente con dolor en el pecho no descarta la posibilidad de SCASEST. La isquemia aislada del ventrículo derecho o de la arteria circunfleja rara vez se refleja en un ECG de 12 derivaciones20.

En un estudio prospectivo de 501 pacientes, se detectaron arritmias graves dentro de las 72 horas posteriores al ingreso por accidente cerebrovascular isquémico agudo en 126 pacientes (25%). La incidencia de arritmia es máxima dentro de las 24 horas posteriores al ingreso. Síntomas clínicos importantes acompañan a la arritmia en aproximadamente el 24% de los casos, y se inicia tratamiento antiarrítmico en el 78% de los casos en los que se detecta arritmia. En series de casos más antiguas, se detectaron arritmias inespecíficas en la historia clínica o en el electrocardiograma al ingreso mediante telemetría continua en entre el 6 y el 25% de los pacientes que habían sufrido un accidente cerebrovascular. Algunas arritmias pueden ocurrir antes de un derrame cerebral y no están directamente relacionadas con el derrame cerebral21.

Algunos autores han sugerido que la comorbilidad entre lesión cerebral aguda y enfermedad arterial coronaria es el origen de los cambios electrocardiográficos y arritmias observadas durante un evento cerebral agudo. Según distintas series, la aparición de cambios en el ECG por hemorragia intraepitelial se produce en un 60-90% de los casos. La variación en la incidencia depende del tipo de estudio, la definición utilizada, el método utilizado para evaluar los cambios del ECG y el momento en que se obtuvo el ECG22.

La presión arterial alta provoca cambios en los órganos diana que no necesariamente están relacionados con los niveles de presión arterial. En el caso específico donde el corazón es el órgano diana en este estudio, las primeras manifestaciones son en la aurícula izquierda, resultando en cambios de la onda P, aumento de la duración y un índice de Macruz positivo, mayor que el P. Se han investigado la hipertensión y los índices de intensidad de onda de Cornell, Sokolov-Lyon, McCross y P, pero estos índices se han estudiado individualmente. En este estudio mencionado se recolectó una muestra de 102 pacientes participantes del programa de seguimiento y control de ASSBASALUD para determinar la frecuencia de cambios en los indicadores antes mencionados y compararla, en cuanto a parámetros del electrocardiograma, con otros estudios realizados sobre el tema en este estudio23.

En un estudio realizado en el hospital universitario de San Ignacio en la ciudad de Bogotá, se determinó que, en cuanto a los cambios electrocardiográficos durante el ictus isquémico agudo, el 64,2% de los pacientes presentó al menos uno de ellos. El 78,2% de ellos respondió a la repolarización y cambios de ritmo. En orden de frecuencia fueron los siguientes: prolongación del QT (25%), seguida de bradicardia sinusal (19,3%), ondas T planas (16,7%), depresión del ST (10,2%) y fibrilación auricular (4, 15)24.

Well y cols realizaron un estudio que examinó un algoritmo que previamente se había demostrado que identificaba la fibrilación auricular para determinar si las puntuaciones de FA con respecto al ECG podían predecir la presencia de cambios cognitivos o infartos cerebrales en participantes de un estudio poblacional longitudinal con pruebas cognitivas y neuroimagen. El hallazgo principal es que la puntuación de FA-ECG se asoció con una disminución tanto inicial como futura de la cognición y la atención global en individuos sin FA conocida. En los participantes con ECG que mostraba ritmo sinusal, también hubo una asociación entre una puntuación alta de AF en AI-ECG y la presencia de infartos cerebrales en la resonancia magnética25.

Otro estudio que realizó una cohorte de mujeres posmenopáusicas asintomáticas que no tenían antecedentes de ECG previa ni antecedentes de EVC y que participaban en el grupo de estrógeno más progestina del ensayo WHI, se encontró que las anomalías menores y mayores del ECG inicial se asociaron con riesgos significativamente mayores de enfermedades cardiovasculares y eventos cerebrovasculares, independiente de los factores de riesgo establecidos y del tratamiento hormonal. Varios estudios previos que evaluaron anomalías inespecíficas de la repolarización del ECG en mujeres encontraron asociaciones significativas entre los resultados de la enfermedad coronaria y las anomalías del ECG26.

Gao y cols determinaron que en una población que vive en una comunidad libre de accidentes cerebrovasculares, su estudio encontró que la desviación del eje izquierdo puede ocurrir antes de los infartos cerebrales encubiertos. Asimismo, encontraron que un intervalo QT largo se asoció con una hiperintensidad grave de la sustancia blanca y que las ondas Q y QS menores con anomalías del ST se relacionaron positivamente con la atrofia del surco. Estos resultados pueden revelar nuevos factores de riesgo y explicar las causas de las lesiones cerebrales vasculares silenciosas. Se necesitan más estudios para determinar la patología detallada de las lesiones de la enfermedad de pequeños vasos en la resonancia magnética27.

Agrawal y cols demostraron que la presencia de complejos ventriculares prematuros en un ECG de rutina se asocia con un mayor riesgo de accidente cerebrovascular isquémico, independientemente de los factores de riesgo tradicionales de accidente cerebrovascular. Estos hallazgos sugieren que las CVP detectadas incidentalmente, generalmente descartadas como hallazgos benignos, pueden ser un marcador de riesgo de accidente cerebrovascular en el futuro. Aún no se ha estudiado si la supresión de las CVP frecuentes con betabloqueantes o el uso de agentes antiplaquetarios puede reducir el riesgo observado de accidente cerebrovascular, pero se demuestra un avance en cuanto a los factores asociados para presentar alteraciones electrocardiográficas antes eventos cerebrales28.

Se incluyó en un estudio a pacientes con FA posterior a un EVC o un ataque isquémico transitorio entre abril de 2014 y abril de 2019. Los procedimientos de ambos tipos se recuperaron de la base de datos local. Todos los procedimientos se iniciaron tras una solicitud específica para el screening de arritmia como fuente embólica tras un evento cerebrovascular. En la base de datos de ECG MUSE-Västerbotten, identificaron los registros de ECG de los pacientes que se obtuvieron después de la solicitud inicial de detección de FA. Los registros de ECG se clasificaron con respecto a la aparición de FA o aleteo auricular detectado mediante la interpretación automática29.

Las arritmias cardíacas, especialmente la FA, pueden ser un factor etiológico importante en el EVC isquémico. Sin embargo, el uso de la monitorización cardíaca en las unidades de ictus va más allá del estudio de la etiología del ictus isquémico, ya que las arritmias cardíacas son una de las complicaciones que pueden presentarse en la fase aguda de un proceso cerebrovascular (ya sea isquémico o hemorrágico) y pueden provocar la muerte repentina del paciente30.

JUSTIFICACIÓN

Las enfermedades no transmisibles son importantes condicionantes de discapacidad y mortalidad a nivel mundial. El envejecimiento poblacional, así como el estilo de vida actual, ha condicionado el incremento de este tipo de patologías, siendo la obesidad, la diabetes y la hipertensión, problemas importantes de salud pública, dado que, comparten factores de riesgo en muchas ocasiones modificables, como lo son el peso, el sedentarismo y las toxicomanías, dando paso a complicaciones vasculares importantes como lo son los EVC. Considerando la falta de compromiso de ambas partes (hospitalaria y por parte de los pacientes), se ha observado un aumento poco perceptible de la mortalidad en pacientes que en algún momento de su vida padecieron un evento vascular cerebral.

Los EVC tienen impactos de distinto grado sobre la funcionalidad del paciente. Su diagnóstico y tratamiento conlleva altos costos, por ello, el estudio de sus factores condicionantes, en este caso, de arritmias específicas, podría ser de ayuda familiarizando al personal de salud con la patología más frecuente, siendo más sencillo para estos llevar a cabo la correcta identificación de este patrón y permitiendo otorgar tratamiento oportuno proporcionando mayor oportunidad de sobrevida a los pacientes. El manejo adecuado y las medidas de atención y cuidados específicos en el hogar facilitarían futuras alteraciones o riesgo de mortalidad asociado a esta patología y otras agregadas con las que el paciente se podría ver implicado.

Este tipo de análisis permite identificar complicaciones o patrones en poblaciones específicas. Además, no se cuenta con estadística reciente al respecto en la literatura nacional. Encontrar características puntuales en esta patología en la población objetivo podría permitir nuevas estrategias que aseguren o respalden la pertinencia de intervenciones específicas para el paciente. Lo que conllevaría a una mejor vigilancia y seguimiento en pacientes con estas alteraciones a fin de prevenir la mortalidad temprana por complicaciones por esta etiología.

PLANTEAMIENTO DEL PROBLEMA

En los últimos años, la demanda de asistencia urgente se ha ido incrementando de forma progresiva en nuestro país, así como ha aumentado de forma notable la atención a enfermedades neurológicas en los servicios de urgencias sin llevar un adecuado control en sus unidades de atención primaria lo que ha conllevado a un aumento en la mortalidad por descontrol en el evento vascular cerebral. Esto ha cambiado el patrón de asistencia a las urgencias de Neurología en muchos de los hospitales del estado. Hemos pasado de un sistema en el que el paciente neurológico era atendido por el médico de urgencias o el internista en un número importante de hospitales, a disponer de guardias de Neurología de presencia física en prácticamente todos los hospitales de segundo y tercer nivel. Un hecho que ha contribuido de forma decisiva ha sido la necesidad de atender al ictus del modo más precoz posible; en este campo también se ha producido una evolución espectacular en los últimos años, pasando de la trombólisis intravenosa a la práctica generalización de los procedimientos de rescate endovascular. Debido a esta patología, existe la posibilidad de cursar con alteraciones electrocardiográficas asociadas al ictus las cuales han sido en algunos casos evadidas por el personal de salud, dichas alteraciones asociadas conllevan a complicaciones del estado de salud del paciente con casos de desenlace mortal, la cual no ha sido investigada y tratada de la manera más óptima para garantizar la atención integral del paciente en el código cerebro y prevenir futuras complicaciones o secuelas derivadas del problema inicial, ya que se ha comprobado que hay una tasa de mortalidad asociada a estos cambios electrocardiográficos la cual se encuentra asociada a diferentes comorbilidades y descompensaciones, mismos que pasan desapercibidos y son de vital importancia para su atención y prevención dentro de una sala hospitalaria o en la consulta externa adecuada.

OBJETIVOS

OBJETIVO GENERAL:

Determinar la principal morbilidad asociada a los cambios electrocardiográficos en pacientes que cursan con EVC en el Hospital General de Zona No.8 en Córdoba, Veracruz.

OBJETIVOS ESPECÍFICOS:

  1. Identificar las variables sociodemográficas (sexo y edad) en pacientes que cursan con EVC.
  2. Conocer los cambios electrocardiográficos en pacientes que cursan con EVC.
  3. Conocer el porcentaje de morbilidad asociada a los cambios electrocardiográficos en pacientes que cursan con EVC.

 

HIPÓTESIS

Hipótesis nula:

La principal morbilidad asociada en cambios electrocardiográficos en paciente con EVC es la cardiopatía isquémica.

Hipótesis alterna:

La principal morbilidad asociada en cambios electrocardiográficos en paciente con EVC es la Diabetes Mellitus tipo 2.

MATERIAL Y MÉTODO

Diseño del estudio:

Estudio descriptivo, retrospectivo, transversal, analítico.

Lugar de estudio:

Hospital General de Zona No.8 de la ciudad de Córdoba, Veracruz.

Periodo para desarrollarse:

durante mayo-junio 2024.

Universo de trabajo:

El universo corresponderá a todos los expedientes de pacientes que ingresaron al servicio de Urgencias del Hospital General de Zona No.8 en Córdoba, Veracruz en el período enero-diciembre 2024.

Población:

Son todos aquellos pacientes con diagnóstico de EVC que presenten algún trastorno electrocardiográfico en el período enero-diciembre 2024.

SELECCIÓN DEL TAMAÑO DE MUESTRA:

La selección del tamaño de la muestra es no probabilística.

Tamaño de muestra: 289.

Criterios de inclusión:

1. Expedientes de pacientes ingresados en el área de Urgencias con el diagnóstico de EVC en el periodo del 01 de enero de 2023 al 31 de diciembre del año 2024.

2. Edad comprendida entre 18 y 85 años.

3. Pacientes hombres y mujeres.

4. Expedientes de pacientes que cuenten con electrocardiograma al momento de su ingreso que presente alteraciones.

5. Expedientes de pacientes con expediente con reporte completo de variables del estudio.

Criterios de exclusión:

1. Expedientes de pacientes sin diagnóstico certero de EVC.

2. Expedientes de pacientes sin alteraciones electrocardiográficas.

 

Criterios de eliminación:

Expedientes incompletos.

Definición de variables, véase en anexos.

DESCRIPCIÓN GENERAL DEL ESTUDIO:

Una vez que el protocolo de investigación se autorizó por el Comité Local de Investigación y el Comité de Ética en investigación, se notificó a las autoridades del Hospital General de Zona No. 8 de Córdoba, Veracruz, en colaboración con la Coordinación Clínica de Educación e Investigación en Salud para que se brindaran las facilidades necesarias para realizar el presente estudio. Los datos se obtuvieron de los expedientes de pacientes que ingresaron al servicio de Urgencias con el diagnóstico de Evento vascular cerebral tanto isquémico como hemorrágico y que sean atendidos como Código cerebro dentro de la unidad además que hayan ingresado en el período de enero a diciembre del 2024. Considerando que cumplieran con los criterios de inclusión. Tomando en cuenta antecedentes personales de importancia para esta patología y describir el manejo y seguimiento dados a estos pacientes. Se diseñó una base de datos para ingresar toda la información obtenida. El análisis estadístico fueron números y porcentajes para variables cualitativas, para variables cuantitativas media y varianza; para medir la asociación entre los cambios electrocardiográficos y la mortalidad se utilizó curva ROC.

ANÁLISIS ESTADÍSTICO

El análisis estadístico fueron números y porcentajes para variables cualitativas, para variables cuantitativas media y varianza; para medir la asociación entre los cambios electrocardiográficos y la morbilidad se utilizó Ro de Spearman.

ASPECTOS ÉTICOS

Este protocolo de investigación se realizó una vez que el Comité Local de Investigación y Ética en Investigación en Salud lo aprobó. Este estudio se apegó a las normas éticas Internacionales, los lineamientos institucionales, así como también lo establecido en la Ley General de Salud en materia de experimentación científica en seres humanos de los aspectos éticos de la investigación en sus artículos 13, 16 y 20 y a la declaración de Helsinki de 1964 que menciona que el propósito principal de la investigación médica en seres humanos es comprender las causas, evolución y efectos de las enfermedades y mejorar las intervenciones preventivas, diagnósticas y terapéuticas. La investigación médica está sujeta a normas éticas que sirven para promover y asegurar el respeto a todos los seres humanos y para proteger su salud y sus derechos individuales el bienestar de los seres humanos debe tener primacía sobre los intereses de la ciencia y la sociedad. Desde 2016 la declaración de Helsinki está complementada con la declaración de Taipei; las consideraciones éticas sobre las bases de datos de salud y los biobancos; que establece el respeto de la dignidad, autonomía, privacidad y confidencialidad de las personas, los médicos tienen obligaciones específicas, tanto éticas como legales, como responsables de proteger la información entregada por sus pacientes. La constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, en su artículo 4° publicado en el Diario Oficial de la Federación el 6 de abril de 1990, La ley General de Salud, publicada en el Diario Oficial de la Federación el 7 de febrero de 1984, establecen que toda persona tiene derecho a la protección de la salud, misma que este protocolo de investigación promueve. La Comisión Interinstitucional de Investigación en Salud publicado en el Diario Oficial de la Federación el 22 de octubre de 1983. Será órgano de consulta de dependencias e instituciones del sector público para el desarrollo de fomento y cumplimiento de las normas de ética y apoyar la definición de los lineamientos de bioseguridad en la realización de investigaciones, conforme a las disposiciones establecidas por el consejo de salubridad general.

El “Código” de Núremberg: Promulgado en 1947 adoptado por la comunidad internacional que habla sobre las condiciones para la realización de experimentos médicos en humanos; en este código, quedan expresadas normas básicas:

1.- El consentimiento del sujeto

2.- El experimento debe conducir a un resultado positivo, sin medios improvisados o innecesarios.

3.- No debe haber sufrimiento mental o físico innecesario.

4.- El grado de riesgo no ha de exceder la importancia de lo que se pretende demostrar.

5.- Durante el desarrollo del experimento, el sujeto podrá pedir que se suspenda, si se siente afectado mental o físicamente.

6.- Durante el desarrollo del experimento, los científicos encargados deben estar dispuestos a darlo por terminado si consideran riesgo de lesión o, incapacidad o muerte del sujeto en experimentación.

7.- Los resultados no serán publicados sin autorización del comité de ética de la institución y no serán revelados datos ni información a dichos pacientes.

RESULTADOS

En la distribución por grupos etarios, la mayor proporción de pacientes correspondió al grupo mayor de 60 años, con 219 casos (75.8%). Le siguió el grupo de 46 a 60 años, con 52 pacientes (18.0%). En menor proporción se identificaron los grupos de 31 a 45 años, con 11 casos (3.8%), y de 18 a 30 años, con 7 pacientes (2.4%) (n=289). Figura 1.

El grupo etario mayor de 60 años fue el más frecuente, con 219 pacientes (75.8%) (n = 289).

En relación con el sexo de los pacientes incluidos en el estudio, 147 correspondieron al sexo femenino (50.9%) y 142 al sexo masculino (49.1%) (n=298). Figura 2.

El sexo femenino fue ligeramente más frecuente, con 147 pacientes (50.9%) (n = 289).

En cuanto a las comorbilidades presentes en los pacientes, la Hipertensión arterial sistémica fue la condición más frecuente, identificada en 143 pacientes (49.5%). La combinación de Diabetes Mellitus e Hipertensión arterial se registró en 52 casos (18.0%), mientras que la Diabetes Mellitus como única comorbilidad se observó en 19 pacientes (6.6%). La combinación de Hipertensión arterial y cardiopatía estuvo presente en 16 pacientes (5.5%), la cardiopatía aislada en 16 pacientes (5.5%) y el cáncer en 16 pacientes (5.5%). Finalmente, 20 pacientes (6.9%) no presentaron ninguna comorbilidad (n=289). Figura 3.

Figura 3. Distribución de acuerdo con comorbilidades:

La Hipertensión arterial sistémica fue la comorbilidad más frecuente, presente en 143 pacientes (49.5%). n = 289.

En relación con los cambios electrocardiográficos, 201 pacientes (69.6%) presentaron alteraciones, mientras que 88 pacientes (30.4%) no mostraron cambios (n=238). Figura 4.

La mayoría de los pacientes presentó cambios electrocardiográficos, con 201 casos (69.6%..) n =289.

En cuanto a los tipos de cambios electrocardiográficos observados, la inversión de la onda T fue la alteración más frecuente, presente en 163 pacientes (56.4%). No se identificaron cambios en 88 pacientes (30.4%). La fibrilación auricular se observó en 24 pacientes (8.3%), el bloqueo de rama en 9 pacientes (3.1%) y la depresión del segmento ST en 5 pacientes (1.7%) (n=289). Tabla 1.

La inversión de la onda T fue el cambio electrocardiográfico más frecuente, presente en 163 pacientes (56.4%. n = 289.

Se evaluó la asociación entre la presencia de cambios electrocardiográficos y las comorbilidades de los pacientes. Se incluyeron siete categorías de comorbilidades, observándose diferencias en la distribución de los cambios electrocardiográficos entre los distintos grupos. La prueba de Chi-cuadrada de Pearson mostró un valor de χ² = 18.68 con 6 grados de libertad, con una significación estadística de p = 0.0047, lo que indica una asociación estadísticamente significativa entre ambas variables. Tabla 2.

En los pacientes con cambios electrocardiográficos la Hipertensión arterial fue la comorbilidad más frecuente presente en 103 personas (51.2%). Entre los pacientes sin cambios electrocardiográficos, la Hipertensión arterial y la combinación de Diabetes mellitus con Hipertensión arterial concentraron las mayores proporciones 24 (27.3%) (n=298). Se encontró una asociación estadísticamente significativa entre el tipo de comorbilidad y la presencia de cambios en el electrocardiograma. La prueba de chi-cuadrado de Pearson indicó que esta relación fue significativa, χ² (6, N = 289) = 23.30, p = .001.

DISCUSIÓN

El presente estudio tuvo como objetivos identificar las variables sociodemográficas (edad y sexo) en pacientes con evento vascular cerebral (EVC), describir los cambios electrocardiográficos (EKG) asociados y analizar la morbilidad relacionada con dichas alteraciones. Los resultados muestran que la mayoría de los pacientes fueron mayores de 60 años, con una distribución por sexo prácticamente equitativa y una alta prevalencia de alteraciones electrocardiográficas, principalmente la inversión de la onda T, asociadas de forma significativa con la presencia de comorbilidades, especialmente la hipertensión arterial sistémica31.

En la población analizada predominó el grupo etario mayor de 60 años (75.8%), con una distribución por sexo prácticamente equilibrada y una ligera mayor proporción de mujeres (50.9%). La frecuencia global de alteraciones electrocardiográficas fue elevada, ya que el 69.6% de los pacientes presentó algún cambio en el electrocardiograma, siendo la inversión de la onda T la alteración más común (56.4%), seguida de la fibrilación auricular (8.3%)32.

La proporción de electrocardiogramas anormales observada en este estudio es consistente con lo reportado en la literatura sobre pacientes con evento vascular cerebral, aunque ligeramente inferior a la descrita por Zeng et al. (2022), quienes evaluaron electrocardiogramas posteriores a ictus isquémico mediante herramientas de inteligencia artificial y reportaron alteraciones en el 78.84% de 3,506 registros analizados ([35]). Esta diferencia puede atribuirse a variaciones metodológicas, particularmente en los criterios diagnósticos empleados, el uso de clasificación automatizada frente a la interpretación clínica convencional, así como a diferencias en el momento del registro electrocardiográfico y en las características clínicas de las poblaciones estudiadas. No obstante, ambos estudios coinciden en señalar que la presencia de alteraciones electrocardiográficas es un hallazgo frecuente en pacientes con EVC y constituye una herramienta relevante para la evaluación y estratificación clínica temprana durante la hospitalización33.

En relación con el tipo de alteraciones electrocardiográficas, la elevada frecuencia de inversión de la onda T observada en esta cohorte resulta clínicamente significativa. Las alteraciones del segmento ST-T y de la repolarización ventricular han sido asociadas de manera consistente con desenlaces adversos tras un evento cerebrovascular. En este sentido, Braga et al. (2020), en un estudio realizado en Brasil, reportaron que las alteraciones de la onda T se asociaron con un incremento significativo de la mortalidad a 90 días (OR 3.873; IC95% 1.135–13.215), así como con peor desenlace funcional, mientras que el patrón de “strain” ventricular mostró una asociación aún más marcada con mortalidad (OR 12.970; IC95% 1.519–110.723) ([34]). Aunque el presente estudio no evaluó patrones específicos como el “strain” ni incluyó desenlaces funcionales, la alta proporción de inversión de la onda T observada sugiere la presencia de alteraciones de la repolarización con posible relevancia pronóstica, en concordancia con lo descrito en estudios previos34.

Si bien en esta serie no se analizó el intervalo QT corregido como una variable independiente, diversos estudios han documentado que una proporción considerable de pacientes con ictus presenta prolongación del QTc durante la fase aguda. Ahn et al. (2021), en un estudio realizado en Corea, demostraron que los pacientes ubicados en el cuartil superior de QTc presentaron un mayor riesgo de mortalidad a largo plazo (HR 1.49; IC95% 1.07–2.08)32. De forma similar, Amin et al. (2020) reportaron prolongación del QTc en el 34% de los pacientes con primer evento de ictus isquémico, en contraste con la ausencia de este hallazgo en el grupo control ([33]). Estos datos respaldan que las alteraciones de la repolarización ventricular constituyen un fenómeno frecuente y clínicamente relevante tras el EVC, lo que permite integrar la elevada frecuencia de inversión de la onda T observada en este estudio dentro de un mismo eje fisiopatológico relacionado con disautonomía y estrés neuro-cardiogénico35.

En cuanto a las comorbilidades, la hipertensión arterial sistémica fue la condición más frecuente, presente en el 49.5% de los pacientes, y mostró una asociación estadísticamente significativa con la presencia de alteraciones electrocardiográficas (χ² = 18.68; gl = 6; p = 0.0047). Al analizar las proporciones internas, se observó que el 81.1% de los pacientes con hipertensión arterial presentó cambios electrocardiográficos, en comparación con el 60.7% de aquellos con diabetes mellitus tipo 2 aislada, el 57.7% de los pacientes con diabetes e hipertensión combinadas y el 43.8% de los pacientes con hipertensión asociada a cardiopatía. Este gradiente sugiere que el perfil cardiometabólico, particularmente la hipertensión arterial, concentra una mayor carga de anormalidades eléctricas en esta población36.

Estos hallazgos son concordantes con estudios realizados en poblaciones no seleccionadas por EVC, en los que la hipertensión arterial se ha asociado con daño de órgano blanco y alteraciones electrocardiográficas. Tin et al. (2022), en un estudio realizado en atención primaria en Hong Kong, reportaron que el 33.5% de los pacientes hipertensos presentó algún hallazgo electrocardiográfico anormal, con prevalencias específicas de cardiopatía isquémica probable (6.3%), hipertrofia ventricular izquierda (4.0%) y fibrilación auricular (1.0%) ([36]). La mayor frecuencia de alteraciones observada en el presente estudio puede explicarse por el contexto clínico distinto, ya que la población analizada cursaba con EVC, un estado agudo o subagudo caracterizado por estrés autonómico y mayor complejidad clínica. Desde el punto de vista fisiopatológico, la remodelación ventricular inducida por la sobrecarga de presión en pacientes hipertensos se traduce en alteraciones eléctricas detectables en el electrocardiograma, como lo describe Aronow (2017), lo que aporta coherencia a la asociación observada entre hipertensión y cambios electrocardiográficos37.

En relación con la diabetes mellitus tipo 2, aunque el presente estudio no se diseñó para estimar la prevalencia de alteraciones electrocardiográficas en esta población de forma aislada, la proporción de pacientes con EKG anormal dentro de los subgrupos diabéticos (aproximadamente 58–61%) fue considerable. Este hallazgo contrasta con lo reportado en el metaanálisis de Getnet et al. (2025), quienes estimaron una prevalencia agrupada del 31% de anormalidades electrocardiográficas en pacientes con diabetes mellitus tipo 2 ([38]). La diferencia observada es congruente con un escenario de mayor complejidad clínica, en el que la coexistencia de diabetes, evento vascular cerebral y posible disautonomía o daño cardíaco concomitante incrementa la probabilidad de presentar alteraciones electrocardiográficas.

Finalmente, si bien el presente análisis se centró en la caracterización electrocardiográfica y su relación con comorbilidades, la asociación entre electrocardiogramas anormales y mortalidad descrita en la literatura aporta un marco interpretativo relevante. Lee et al. (2024), en una cohorte poblacional de más de 660,000 adultos, demostraron que las anormalidades mayores del electrocardiograma se asocian con un incremento tanto de la mortalidad por todas las causas como de la mortalidad cardiovascular, destacando el papel de la fibrilación auricular y de las alteraciones mayores del segmento ST-T como predictores independientes ([31]). En este contexto, los hallazgos del presente estudio refuerzan el valor del electrocardiograma como una herramienta clínica fundamental en la evaluación integral de pacientes con evento vascular cerebral.

 

CONCLUSIONES

En relación con la identificación de las variables sociodemográficas, la población analizada se caracterizó por un predominio de adultos mayores, concentrándose la mayor proporción de casos en el grupo etario mayor de 60 años. La distribución por sexo fue prácticamente equitativa, con una ligera predominancia del sexo femenino, lo que confirma que el evento vascular cerebral afecta principalmente a personas de edad avanzada, sin observarse una diferencia relevante en su frecuencia según el sexo dentro de la cohorte estudiada.

En cuanto a los cambios electrocardiográficos en pacientes con evento vascular cerebral, se observó una elevada frecuencia de alteraciones en el electrocardiograma, presentes en más de dos tercios de los pacientes. La inversión de la onda T fue el hallazgo más común, seguida de la fibrilación auricular, lo que evidencia que las alteraciones de la repolarización ventricular y las arritmias constituyen hallazgos frecuentes en este grupo de pacientes. Estos resultados resaltan la utilidad del electrocardiograma como una herramienta clínica esencial para la evaluación inicial y el seguimiento de pacientes con evento vascular cerebral.

Respecto a la morbilidad asociada a los cambios electrocardiográficos, se identificó una asociación estadísticamente significativa entre la presencia de alteraciones en el electrocardiograma y las comorbilidades, particularmente la hipertensión arterial sistémica. Los pacientes hipertensos mostraron una mayor proporción de cambios electrocardiográficos en comparación con aquellos sin comorbilidades o con otras condiciones asociadas. Estos hallazgos sugieren que la carga de morbilidad cardiovascular y metabólica influye de manera importante en la aparición de alteraciones electrocardiográficas en pacientes con evento vascular cerebral, lo que subraya la necesidad de una evaluación integral que considere tanto el estado neurológico como el cardiovascular en el abordaje clínico de estos pacientes.

 

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ANEXOS

Definición de variables:

NOMBRE DE LA VARIABLE DEFINICIÓN CONCEPTUAL DEFINICIÓN OPERACIONAL TIPO DE VARIABLE/ESCALA INDICADOR O ÍNDICE
Edad Tiempo que ha vivido una persona desde su nacimiento Número de años transcurridos desde el nacimiento de un ser vivo hasta su muerte Cuantitativa

Continua

Mayor a 18 años y hasta los 85 años.
Sexo Atributos socialmente construidos, roles, actividades, responsabilidades y necesidades predominantemente relacionadas con la pertenencia del sexo masculino o femenino Se reviso en el expediente clínico si el sexo del expediente corresponde al sexo masculino o femenino Cualitativo

Nominal Dicotómica

  1. Masculino
  2. Femenino
Cambios electrocardiográficos Se refiere a todas las alteraciones encontradas en un electrocardiograma o que no son parte del electrocardiograma normal. Se describe el aumento de voltaje en la onda T, complejos QRS anchos, aplanamiento de onda P, bloqueos, arritmias de origen desconocido. Cuantitativa

Nominal

Dicotómica

  1. Si
  2. No
Morbilidad Es la presencia de dos o más enfermedades o trastornos en una persona al mismo tiempo, las cuales pueden ser causa directa de mortalidad o complicaciones de la salud. Se realiza búsqueda de estados de salud que contribuyen a la evolución tórpida del paciente y que pueden desencadenar en una defunción. Cualitativa 1.Diabetes tipo 2.

2.Hipertensión arterial.

3. Cáncer.

4. Enfermedad cardíaca previa.

 

Figura 1. Distribución de acuerdo con edad:

Histograma El contenido generado por IA puede ser incorrecto.

El grupo etario mayor de 60 años fue el más frecuente, con 219 pacientes (75.8%) (n = 289).

 

Figura 2. Distribución según el sexo:

Imagen que contiene Aplicación El contenido generado por IA puede ser incorrecto.

El sexo femenino fue ligeramente más frecuente, con 147 pacientes (50.9%) (n = 289).

Figura 3. Distribución de acuerdo con comorbilidades:

Imagen que contiene Texto El contenido generado por IA puede ser incorrecto.

La Hipertensión arterial sistémica fue la comorbilidad más frecuente, presente en 143 pacientes (49.5%). n = 289.

 

Figura 4. Proporción de pacientes con cambios electrocardiográficos.

Imagen que contiene Gráfico El contenido generado por IA puede ser incorrecto.

La mayoría de los pacientes presentó cambios electrocardiográficos, con 201 casos (69.6%..) n =289.

 

Tabla 1. Clasificación de cambios electrocardiográficos:

f %
Sin cambios 88 30.4
Inversión de la onda T 163 56.4
Fibrilación auricular 24 8.3
Bloqueo de rama 9 3.1
Depresión del segmento ST 5 1.7
Total 298 100

La inversión de la onda T fue el cambio electrocardiográfico más frecuente, presente en 163 pacientes (56.4%. n = 289.

 

Tabla 2. Asociación entre comorbilidades y cambios electrocardiográficos:

Con cambios EKG Sin cambios EKG
Comorbilidad f % f %
Sin comorbilidades 19 9.5 7 8.0
DM tipo 2 17 8.5 11 12.5
HAS 103 51.2 24 27.3
Cáncer 11 5.5 6 6.8
Cardiopatía 14 7.0 9 10.2
DM + HAS 30 14.9 22 25.0
HAS + cardiopatía 7 3.5 9 10.2
Total 201 100.0 88 100.0

En los pacientes con cambios electrocardiográficos la Hipertensión arterial fue la comorbilidad más frecuente presente en 103 personas (51.2%). Entre los pacientes sin cambios electrocardiográficos, la Hipertensión arterial y la combinación de Diabetes mellitus con Hipertensión arterial concentraron las mayores proporciones 24 (27.3%) (n=298). Se encontró una asociación estadísticamente significativa entre el tipo de comorbilidad y la presencia de cambios en el electrocardiograma. La prueba de chi-cuadrado de Pearson indicó que esta relación fue significativa, χ² (6, N = 289) = 23.30, p = .001.

 

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