AUTORES
- Silvia Jiménez Almor. Fisioterapeuta. Clínica Molière, Cuarte de Huerva, España.
- Rut García Lázaro. Fisioterapeuta. Cee Rincón de Goya de Zaragoza, España.
- Andrea Gayán Fenero. Fisioterapeuta. Servicio Aragonés de Salud, España.
- Noelia Gallego Sereno. Fisioterapeuta. Hospital Militar Zaragoza, España.
- Diana Cristina Gavín Roche. Fisioterapeuta. Residencia Emera Zaragoza, España.
RESUMEN
La reconstrucción del ligamento cruzado anterior (LCA) tiene como objetivo permitir un regreso seguro al deporte. Sin embargo, la elevada incidencia de nuevas lesiones ha evidenciado que el tiempo transcurrido desde la cirugía, por sí solo, no constituye un criterio suficiente para autorizar la vuelta a la práctica deportiva.
El objetivo de esta revisión bibliográfica fue analizar la evidencia científica sobre los principales criterios funcionales utilizados para el regreso al deporte tras la reconstrucción del LCA y su influencia en la reducción del riesgo de nueva rotura.
Se realizó una búsqueda bibliográfica en la base de datos PubMed, seleccionando artículos publicados entre 2016 y 2026 en inglés y español.
La evidencia revisada muestra que la recuperación de la fuerza muscular, el rendimiento en pruebas funcionales, el control neuromuscular y la preparación psicológica son los principales criterios empleados para valorar la preparación del deportista. Asimismo, la combinación de estos parámetros permite realizar una evaluación más completa y favorece un retorno al deporte más seguro e individualizado.
En conclusión, la decisión de autorizar el retorno al deporte debe basarse en una valoración multifactorial del paciente y no exclusivamente en el tiempo transcurrido desde la reconstrucción del LCA.
PALABRAS CLAVE
Ligamento cruzado anterior, retorno al deporte, reconstrucción del ligamento cruzado anterior, rehabilitación, criterios funcionales.
ABSTRACT
Anterior cruciate ligament (ACL) reconstruction aims to enable a safe return to sport. However, the high incidence of secondary injuries has shown that the time elapsed since surgery alone is not sufficient to determine an athlete’s readiness to return to sports.
The aim of this bibliographic review was to analyze the current scientific evidence on the main functional criteria used to guide return to sport after ACL reconstruction and their role in reducing the risk of reinjury.
A literature search was conducted in the PubMed database, including articles published between 2016 and 2026 in English and Spanish.
The reviewed evidence shows that muscle strength recovery, functional performance tests, neuromuscular control, and psychological readiness are the main criteria used to assess an athlete’s readiness to return to sport. Furthermore, combining these parameters allows a more comprehensive evaluation and supports a safer and more individualized return-to-sport decision.
In conclusion, return-to-sport decisions after ACL reconstruction should be based on a multifactorial assessment that integrates both physical and psychological criteria rather than relying solely on the time elapsed since surgery.
KEY WORDS
Anterior cruciate ligament, return to sport, anterior cruciate ligament reconstruction, rehabilitation, functional performance.
INTRODUCCIÓN
La rotura del ligamento cruzado anterior (LCA) es una de las lesiones traumáticas más frecuentes y relevantes de la rodilla en personas físicamente activas y deportistas. Su incidencia es especialmente elevada en disciplinas que implican cambios de dirección, aceleraciones, desaceleraciones, saltos y aterrizajes, donde la estabilidad dinámica de la rodilla desempeña un papel fundamental. La reconstrucción quirúrgica del LCA continúa siendo el tratamiento de elección en los pacientes que desean recuperar un elevado nivel de actividad física debido a las importantes limitaciones funcionales que ocasiona. Sin embargo, la intervención quirúrgica representa únicamente el inicio del proceso de recuperación, siendo imprescindible un programa de rehabilitación estructurado que permita restaurar la fuerza muscular, el control neuromuscular y la función de la extremidad inferior antes de autorizar el Return to Sport (RTS)1-3.
El RTS constituye uno de los principales objetivos tanto para los pacientes como para los profesionales sanitarios tras la reconstrucción del LCA. No obstante, la evidencia científica demuestra que volver a practicar deporte no implica necesariamente recuperar el mismo nivel competitivo previo a la lesión. Las revisiones más recientes muestran que, aunque una elevada proporción de deportistas consigue regresar a la actividad deportiva durante el primer año tras la cirugía, el porcentaje que alcanza nuevamente su nivel de rendimiento previo es considerablemente inferior. Además, el riesgo de sufrir una segunda lesión del LCA, ya sea sobre el injerto reconstruido o sobre la rodilla contralateral, continúa siendo uno de los principales problemas durante los primeros años tras la vuelta a la competición, especialmente en deportistas jóvenes y en aquellos que practican deportes de alta demanda funcional2-4.
Tradicionalmente, la decisión de permitir el RTS se fundamentaba principalmente en el tiempo transcurrido desde la intervención quirúrgica, estableciendo periodos relativamente fijos de recuperación. Sin embargo, durante la última década este paradigma ha cambiado de forma significativa. Tanto los consensos internacionales como los estudios prospectivos han puesto de manifiesto que el tiempo desde la cirugía, considerado de manera aislada, no constituye un criterio suficiente para determinar la preparación del deportista. En consecuencia, la tendencia actual consiste en utilizar un modelo de decisión multifactorial basado en criterios objetivos, capaz de valorar de forma conjunta la recuperación física, funcional y psicológica del paciente antes de autorizar el regreso a la práctica deportiva1,5,6.
Dentro de este nuevo enfoque, los criterios funcionales han adquirido un papel protagonista. La recuperación de una fuerza muscular simétrica, especialmente del cuádriceps, la superación de pruebas funcionales de salto (hop tests), la evaluación del control neuromuscular y del equilibrio dinámico, así como la ausencia de síntomas clínicos relevantes, constituyen algunos de los parámetros más utilizados para valorar la capacidad del deportista para afrontar las demandas de su modalidad deportiva5-7.
En los últimos años también ha cobrado especial relevancia la valoración de la preparación psicológica. Factores como el miedo a una nueva lesión, la confianza en la rodilla operada, la autoeficacia o la motivación pueden condicionar tanto la calidad del proceso de rehabilitación como el éxito del retorno deportivo8.
A pesar del creciente número de publicaciones sobre este tema, continúa existiendo cierta heterogeneidad respecto a los criterios empleados para autorizar la RTS, así como sobre la importancia que debe otorgarse a cada una de las variables evaluadas. Por ello, resulta de interés revisar la evidencia científica disponible para identificar los criterios funcionales que presentan un mayor respaldo en la literatura y que pueden contribuir a una toma de decisiones más segura e individualizada1,8,9.
OBJETIVO
El objetivo de esta revisión bibliográfica es analizar la evidencia científica sobre los criterios funcionales empleados tras una ligamentoplastia del ligamento cruzado anterior para una vuelta a la práctica deportiva segura y con disminución del riesgo de una nueva lesión.
METODOLOGÍA
Se realizó una revisión bibliográfica en julio de 2026 consultando la base de datos PubMed, empleando una estrategia de búsqueda basada en términos relacionados con la reconstrucción del ligamento cruzado anterior y el RTS, combinados mediante operadores booleanos AND y OR de la siguiente manera: («anterior cruciate ligament reconstruction» OR «ACL reconstruction») AND («return to sport» OR «return to play”).
Se incluyeron estudios entre 2016 y 2026, publicados en inglés, realizados en humanos, y que fueran: revisiones sistemáticas, metaanálisis, ensayos clínicos, estudios de cohortes y documentos de consenso.
De forma excepcional, se incluyó un artículo publicado con anterioridad a este periodo por corresponder al estudio original de validación de la escala Anterior Cruciate Ligament–Return to Sport after Injury (ACL-RSI), considerada una herramienta de referencia para la valoración de la preparación psicológica en pacientes sometidos a reconstrucción del ligamento cruzado anterior.
Se excluyeron las cartas al editor, protocolos de investigación, resúmenes de congresos, estudios duplicados y aquellos trabajos que no abordaban específicamente los criterios funcionales para el retorno al deporte o cuya temática principal no estaba relacionada con la reconstrucción del ligamento cruzado anterior.
Tras la lectura del título y del resumen de los estudios recuperados, se seleccionaron aquellos que cumplían los criterios de inclusión. Posteriormente se realizó una lectura a texto completo de los artículos finalmente incluidos para extraer la información referente a los criterios funcionales empleados para el retorno al deporte, los resultados clínicos y el riesgo de nueva lesión.
RESULTADOS
Evolución del concepto Return to Sport:
Durante años, la decisión de autorizar el RTS tras la reconstrucción del ligamento cruzado anterior (LCA) se fundamentó principalmente en el tiempo transcurrido desde la intervención quirúrgica, estableciéndose periodos de recuperación relativamente estandarizados de entre seis y doce meses. Sin embargo, la creciente incidencia de lesiones del injerto y de roturas del ligamento cruzado anterior contralateral observadas tras el regreso a la competición, puso de manifiesto que el tiempo, considerado de forma aislada, no constituye un indicador fiable de la recuperación funcional del deportista1,4.
Como consecuencia, en los últimos años se ha producido un cambio de paradigma hacia un modelo de valoración basado en criterios objetivos. El consenso internacional del Panther Symposium ACL Injury Return to Sport Consensus Group establece que el retorno al deporte debe entenderse como un proceso progresivo y continuo, diferenciando tres fases: Return to Participation, que hace referencia a la reincorporación parcial a la práctica deportiva; Return to Sport, entendida como el regreso al deporte elegido, aunque no necesariamente al nivel previo; y Return to Performance, que implica recuperar el rendimiento deportivo existente antes de la lesión. Este modelo destaca que el paso entre las diferentes etapas debe individualizarse según la evolución clínica y funcional del paciente, evitando establecer tiempos fijos aplicables a todos los deportistas1.
En esta misma línea, Burgi et al., observaron una elevada heterogeneidad entre los protocolos utilizados en la práctica clínica. Los autores identificaron que, aunque la mayoría de los estudios continúan incluyendo el tiempo postoperatorio como uno de los criterios de decisión, cada vez es más frecuente la utilización de baterías de evaluación que combinan pruebas de fuerza muscular, test funcionales de salto, cuestionarios de función de la rodilla y escalas de valoración psicológica. Esta revisión concluye que ningún criterio aislado presenta suficiente capacidad para determinar la preparación del deportista y recomienda emplear modelos de evaluación multifactoriales que integren diferentes dominios funcionales10.
Las revisiones más recientes apoyan igualmente este cambio de enfoque. La revisión narrativa de Chetty M et al., señala que la decisión sobre el retorno al deporte ha evolucionado desde un modelo centrado exclusivamente en la cicatrización biológica del injerto hacia otro orientado a la recuperación integral del paciente. En este contexto, la valoración clínica debe incorporar, a parte de los mencionados previamebte, factores psicológicos, expectativas del paciente, demandas específicas del deporte practicado y riesgo individual de nueva rotura. Este enfoque pretende facilitar una toma de decisiones compartida entre el profesional sanitario, el deportista y el resto del equipo multidisciplinar9.
A pesar de estos avances, la literatura continúa mostrando una considerable variabilidad respecto a las pruebas empleadas y a los puntos de corte utilizados para autorizar el retorno deportivo. Esta falta de consenso dificulta la comparación entre estudios y pone de manifiesto la necesidad de seguir investigando qué criterios funcionales presentan una mayor capacidad para identificar a los deportistas preparados para regresar a la competición con el menor riesgo posible de una segunda lesión1,9,10.
Situación actual de la RTS tras la reconstrucción del LCA:
El Return to Sport constituye uno de los principales objetivos tras la reconstrucción del ligamento cruzado anterior. No obstante, la evidencia científica demuestra que regresar a la práctica deportiva no siempre implica recuperar el mismo nivel competitivo previo a la lesión ni garantiza una reincorporación libre de complicaciones. En este sentido, las revisiones sistemáticas publicadas durante los últimos años muestran que las tasas de retorno presentan una elevada variabilidad, condicionada por factores como la edad, el sexo, el nivel competitivo, el tipo de deporte practicado y los criterios empleados para autorizar la reincorporación deportiva2,3.
La revisión sistemática y metaanálisis realizada sobre deportistas de élite y profesionales de D’Ambrosi R et al., manifiesta que la mayoría de los atletas consiguen volver a competir tras la reconstrucción del LCA, generalmente durante el primer año postoperatorio. Sin embargo, el porcentaje de deportistas que recuperan exactamente el mismo nivel competitivo previo a la lesión es inferior al de aquellos que simplemente regresan a la práctica deportiva. Los autores destacan además que la reincorporación varía considerablemente entre modalidades deportivas y niveles de competición, lo que refleja la necesidad de individualizar el proceso de recuperación en función de las demandas específicas de cada disciplina2.
En relación con el sexo, una revisión específica realizada en mujeres deportistas señala que, aunque las tasas globales de retorno son comparables a las descritas en la población general, las deportistas femeninas presentan características particulares que pueden influir tanto en el tiempo necesario para completar la rehabilitación como en el riesgo de sufrir una nueva lesión. Entre los factores descritos destacan las diferencias biomecánicas, neuromusculares y hormonales, así como determinadas variables psicológicas que pueden condicionar el proceso de recuperación y el regreso a la competición3.
A pesar de los avances en las técnicas quirúrgicas y en los protocolos de rehabilitación, la aparición de una segunda lesión continúa representando una de las principales preocupaciones tras el RTS. La revisión sistemática y metaanálisis con seguimiento a diez años evidenció una tasa agrupada de nueva rotura del injerto del 11 % y de lesión del ligamento cruzado anterior contralateral del 12 %, sin diferencias significativas entre ambas. Asimismo, los autores identificaron diversos factores asociados a un mayor riesgo de una segunda lesión, entre los que destacan la edad inferior a 18 años, el empleo de injertos de isquiotibiales, un elevado nivel de actividad deportiva y el retorno a deportes de pivote, donde el riesgo de rerrotura del injerto fue aproximadamente 2,9 veces superior al observado en pacientes que no practicaban este tipo de disciplinas4.
Criterios físicos para el Return to Sport:
La recuperación de la fuerza muscular, especialmente del músculo cuádriceps, representa uno de los criterios más importantes antes de autorizar el retorno al deporte. Tras la reconstrucción del LCA es frecuente observar déficits persistentes de fuerza, incluso varios meses después de finalizar la rehabilitación, lo que puede alterar la biomecánica de la rodilla y comprometer la estabilidad dinámica durante actividades de alta demanda funcional1,6,10.
Las revisiones analizadas coinciden en que la valoración de la fuerza debe realizarse de forma objetiva, siendo la dinamometría isocinética el método de referencia cuando está disponible. No obstante, en la práctica clínica también pueden emplearse dinamómetros portátiles u otras pruebas funcionales que permitan cuantificar la capacidad muscular de forma fiable8-10.
Uno de los parámetros más utilizados es el Índice de Simetría entre Extremidades (Limb Symmetry Index, LSI), que compara el rendimiento de la extremidad intervenida respecto a la sana. Aunque los puntos de corte varían ligeramente entre estudios, la mayoría de los protocolos consideran recomendable alcanzar una simetría igual o superior al 90 % antes de permitir la RTS con elevada demanda funcional5,6,10.
Además de la fuerza del cuádriceps, diferentes autores destacan la importancia de valorar la musculatura isquiotibial y la relación funcional entre ambos grupos musculares, ya que un déficit persistente podría incrementar las cargas sobre el injerto durante actividades de aceleración, desaceleración o cambio de dirección6,8.
La revisión de Burgi et al. identifica los Hop Tests como las pruebas funcionales más utilizadas en los protocolos de Return to Sport tras la reconstrucción del LCA. Entre ellas destacan el Single Hop Test, el Triple Hop Test, el Triple Crossover Hop Test y el 6-Meter Timed Hop Test, que permiten valorar tanto la distancia alcanzada como la calidad del movimiento y la simetría entre extremidades10.
Diversos estudios destacan la importancia de valorar el equilibrio dinámico, la estabilidad postural y la calidad del patrón de movimiento mediante pruebas funcionales específicas, ya que estas permiten detectar alteraciones que pueden pasar desapercibidas durante la exploración clínica convencional. Entre las herramientas utilizadas con mayor frecuencia se encuentran el Y-Balance Test, pruebas de equilibrio monopodal y diferentes test de control dinámico durante aterrizajes o cambios de dirección7-10.
La revisión sistemática de Integrating Psychological and Physical Assessments señala que la combinación de la valoración de la fuerza, las pruebas funcionales y el control neuromuscular proporciona una estimación más precisa de la preparación física del deportista que cualquiera de estos parámetros evaluados de forma aislada8. En este sentido, tanto el consenso Panther como la revisión Ready or Not recomiendan emplear baterías de evaluación multidimensionales que integren diferentes dominios funcionales antes de autorizar el retorno al deporte1,9.
Eficacia de los criterios funcionales en la reducción del riesgo de nueva rotura:
La evidencia científica revisada coincide en señalar que la utilización de criterios funcionales objetivos antes de autorizar el RTS permite identificar con mayor precisión a aquellos pacientes que han alcanzado una recuperación suficiente para afrontar las demandas de la práctica deportiva. Frente a los protocolos basados exclusivamente en el tiempo transcurrido desde la reconstrucción del LCA, las baterías funcionales ofrecen una valoración más completa del estado físico y psicológico del deportista, permitiendo individualizar la toma de decisiones y reducir el riesgo de una segunda lesión1,8,9.
Uno de los trabajos con mayor impacto en este ámbito es el estudio prospectivo de Grindem et al., realizado sobre la cohorte Delaware-Oslo. Los autores observaron que retrasar el retorno al deporte hasta, al menos, los nueve meses tras la reconstrucción del LCA, junto con el cumplimiento de criterios funcionales adecuados, se asociaba con una reducción significativa del riesgo de sufrir una nueva lesión. Del mismo modo, demostraron que por cada mes de retraso en el retorno deportivo, hasta los nueve meses postoperatorios, el riesgo de nueva rotura disminuía de forma progresiva. Estos resultados pusieron de manifiesto que el tiempo puede influir en la recuperación, pero únicamente cuando se acompaña de una adecuada restauración funcional, desaconsejando utilizar el criterio temporal como único indicador para autorizar el regreso a la competición5.
No obstante, la revisión narrativa Ready or Not pone de manifiesto que la práctica clínica actual se dirige hacia modelos de decisión compartida en los que intervienen diferentes profesionales sanitarios, el propio deportista e incluso el cuerpo técnico cuando se trata de deporte competitivo, y por tanto no únicamente criterios funcionales. Los autores destacan que la combinación de pruebas objetivas de fuerza, test funcionales, valoración psicológica y análisis de las demandas específicas del deporte constituye actualmente la estrategia más respaldada por la evidencia científica para disminuir el riesgo de nueva rotura y optimizar el retorno deportivo9.
Preparación psicológica y su influencia en el retorno al deporte:
Durante los últimos años, la preparación psicológica ha adquirido un papel cada vez más relevante. La revisión sistemática con metaanálisis Integrating Psychological and Physical Assessments to Obtain Optimal Return-to-Sport Outcomes after ACL Reconstruction identifica la preparación psicológica como uno de los componentes con mayor influencia sobre el éxito de la rehabilitación. Los autores concluyen que los modelos de evaluación que combinan pruebas físicas y psicológicas presentan una mayor capacidad para orientar la toma de decisiones que aquellos basados exclusivamente en criterios funcionales. Entre los factores psicológicos más estrechamente relacionados con el retorno deportivo destacan la confianza en la rodilla intervenida, la percepción de autoeficacia, la motivación y, especialmente, el miedo a sufrir una nueva lesión8.
La revisión Ready or Not coincide con estos resultados y señala que la mayoría de los profesionales sanitarios considera insuficiente fundamentar el alta deportiva únicamente en parámetros físicos. Según esta revisión, existe un consenso creciente sobre la necesidad de incorporar la evaluación psicológica dentro los criterios a conseguir antes la vuelta a la practica deportiva, ya que un porcentaje considerable de pacientes presenta una recuperación funcional adecuada, pero continúa mostrando elevados niveles de temor o inseguridad que condicionan negativamente su rendimiento deportivo9.
Entre las herramientas más utilizadas para valorar la preparación psicológica destaca la escala Anterior Cruciate Ligament-Return to Sport after Injury (ACL-RSI)11, diseñada para evaluar aspectos relacionados con las emociones, la confianza y la percepción del riesgo durante el proceso de retorno al deporte. Diversos estudios incluidos en las revisiones analizadas indican que puntuaciones elevadas en esta escala se asocian con una mayor probabilidad de regresar al deporte y de recuperar el nivel competitivo previo, mientras que valores bajos suelen relacionarse con miedo de nueva lesión, menor confianza y retraso en la reincorporación deportiva8,9.
CONCLUSIONES
La evidencia científica disponible indica que el proceso de retorno al deporte tras la reconstrucción del ligamento cruzado anterior ha evolucionado desde modelos basados exclusivamente en el tiempo postoperatorio hacia estrategias de evaluación multifactoriales e individualizadas. En la actualidad, la decisión de autorizar el regreso a la práctica deportiva debe sustentarse en una valoración integral del paciente, combinando la exploración clínica con criterios objetivos de recuperación funcional y preparación psicológica.
Entre los criterios físicos, la recuperación de la fuerza muscular, especialmente del cuádriceps, la simetría funcional entre ambas extremidades, el rendimiento en pruebas funcionales de salto y la adecuada recuperación del control neuromuscular constituyen los parámetros que presentan un mayor respaldo científico. La utilización de estos criterios permite objetivar el grado de recuperación del deportista y facilita una toma de decisiones más segura que la basada únicamente en el tiempo transcurrido desde la cirugía.
Asimismo, la literatura revisada pone de manifiesto que la preparación psicológica representa un componente imprescindible del proceso de rehabilitación. Factores como el miedo a una nueva lesión, la confianza en la rodilla operada y la percepción de autoeficacia influyen directamente sobre la probabilidad de regresar al deporte y recuperar el nivel competitivo previo, por lo que su evaluación debería integrarse de forma sistemática dentro de los protocolos de alta deportiva.
Aunque todavía no existe una batería universalmente aceptada ni un consenso absoluto sobre los puntos de corte de las diferentes pruebas funcionales, los estudios revisados coinciden en que la combinación de criterios físicos y psicológicos constituye actualmente la estrategia más adecuada para disminuir el riesgo de nueva rotura.
Finalmente, resulta necesario continuar desarrollando estudios prospectivos de alta calidad que permitan estandarizar los criterios de retorno al deporte y establecer protocolos de evaluación homogéneos que faciliten su aplicación en la práctica clínica.
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