Revisión bibliográfica sobre el efecto de la dieta mediterránea en la modulación positiva de la microbiota intestinal y prevención del cáncer de colon

25 julio 2024

AUTORES

  1. María Corpas Blas. Enfermera Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa. Zaragoza, España.
  2. Salud Castejón Alcaine. Enfermera. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, España.
  3. María José Carrasco López. Farmacéutica comunitaria. Zaragoza. España.
  4. Catalina González Perelló. Enfermera Hospital de Manacor. Mallorca, España.
  5. Celeste Cacho Martin.   Enfermera Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, España.
  6. Alba Marfull Bañeres. Enfermera. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, España.

 

RESUMEN

Según la SEOM, el cáncer es una de las principales causas de morbimortalidad en España. De entre todos los tipos de cáncer, el de colon, se diagnostica con mucha frecuencia y es uno de los más prevalentes. Dentro de los factores de riesgo evitables se encuentran las dietas inadecuadas. La microbiota intestinal o comúnmente llamada flora, es el conjunto de microorganismos que se encuentran en el tracto intestinal. El tipo de microbiota (colonias bacterianas) que tenemos, se ve influenciada por la dieta, además de por otros factores como el estrés, la genética, entre otros. A su vez, influye en nuestro sistema inmune. Además, la disbiosis de la microbiota se ha demostrado que está presente en enfermedades inflamatorias intestinales y en el cáncer de colon.

Objetivo: Revisar la evidencia actual existente acerca de los efectos de la dieta mediterránea sobre la modulación del microbiota intestinal y la posible prevención en la aparición del cáncer de colon.

Metodología: Se ha realizado una búsqueda bibliográfica en distintas bases de datos como PubMed, Science Direct, Web of Science, teniendo en cuenta los criterios de inclusión/exclusión establecidos.

Conclusión: La dieta es un factor extrínseco que influye directamente en la modulación de la microbiota intestinal y con ello, en la aparición y progresión de ciertas enfermedades inflamatorias intestinales, incluido el cáncer colorrectal.

PALABRAS CLAVE

Dieta mediterránea, microbiota intestinal, cáncer de colon, cáncer colorrectal.

ABSTRACT

According to the SEOM, cancer is one of the main causes of morbidity and mortality in Spain. Among all types of cancer, colon cancer is diagnosed very frequently and is one of the most prevalent. Among the avoidable risk factors are inadequate diets. The intestinal microbiota or commonly called flora, is the set of microorganisms found in the intestinal tract. The type of microbiota (bacterial colonies) we have is influenced by diet, as well as by other factors such as stress, genetics, among others. In turn, it influences our immune system. In addition, microbiota dysbiosis has been shown to be present in inflammatory bowel diseases and colon cancer.

Objective: To review the current evidence on the effects of the Mediterranean diet on the modulation of the intestinal microbiota and the possible prevention of colon cancer.

Methodology: A bibliographic search was carried out in different databases such as PubMed, Science Direct, Web of Science, considering the established inclusion/exclusion criteria.

Conclusion: Diet is an extrinsic factor that directly influences the modulation of the intestinal microbiota and thus the onset and progression of certain inflammatory bowel diseases, including colorectal cancer.

KEY WORDS

Mediterranean diet, gut microbiota, colon cancer, colorectal cancer.

INTRODUCCIÓN

El cáncer colorrectal (CCR) suele ser uno de los cánceres más diagnosticados. Se caracteriza por el crecimiento celular incontrolable en el colon o recto, con la capacidad de invadir tejidos vecinos, que puede presentar síntomas y signos como sangre oculta en heces, cambios en las heces, dolor abdominal, pérdida de peso y cansancio1,2.

Tras el informe realizado por el Instituto Nacional de Estadística (INE) en diciembre de 2021, el cáncer fue la segunda causa de muerte en España. De cada 100.000 habitantes, 11.021 defunciones fueron debidas a cáncer de colon (CC), de las cuales 9,5% fueron hombres y un 10% mujeres 3. En 2020, el CC fue una de las neoplasias malignas más diagnosticadas y se estima que en 2023 los cánceres que se diagnosticarán con más frecuencia en España serán los de colon y recto (42.721 nuevos casos), seguido del de mama y pulmón4.

La dieta juega un papel fundamental en la alteración de la composición del microbioma intestinal (MI). Un desequilibrio en la composición y metabolismo de la MI, se conoce como disbiosis. La disbiosis se asocia a una dieta occidentalizada o Western diet caracterizada por: el consumo elevado de alimentos procesados, grasas, sal, azúcares y carne roja y procesadas. Se asocia también con una mayor incidencia de EII y, con la aparición de diversas enfermedades, entre ellas, el CC. Existe una relación entre el consumo de carne roja y un riesgo mayor de aparición de adenomas en colon y recto, asociado con el papel mutagénico de algunas sustancias como nitrosaminas y nitrosamidas. Además, el consumo diario de alcohol eleva el riesgo de padecer CC, en comparación con no bebedores5,6,7.

Por otro lado, llevar una dieta mediterránea (DM), rica en fibra y compuestos bioactivos, como los polifenoles presentes en legumbres, verduras, frutas, cereales de grano entero y frutos secos, además de aceite de oliva virgen extra como grasa principal, junto con un consumo moderado de carnes blancas, pescado y bajo consumo en carnes rojas, tiene un efecto antiinflamatorio, beneficioso sobre la MI y la salud1,6,8,9.

Dada la alta morbimortalidad del CCR y los costes asociados a su tratamiento, la prevención de este cáncer es una prioridad urgente y existen mecanismos de cribado precoz. La promoción de la salud y el papel de las enfermeras son fundamentales para conseguir las tres dimensiones de la prevención del CCR. Las enfermeras/os están preparadas/os para actuar como educadoras y promocionar los consejos y cuidados, pero para ello, es necesaria la actualización de la evidencia para tener conocimientos suficientes y más actuales. En concreto, la educación nutricional como factor preventivo, es fundamental prevenir la aparición del CCR asociado a una dieta inadecuada y su efecto sobre la MI1,10,11.

OBJETIVO

Revisar la evidencia actual existente acerca de los efectos de la dieta mediterránea sobre la modulación de la microbiota intestinal y la posible prevención en la aparición del cáncer de colon.

METODOLOGÍA

Para llevar a cabo la revisión de la evidencia se realizó una búsqueda bibliográfica en diferentes bases de datos como PubMed, Science Direct y Web of Science. La búsqueda se realizó́ a lo largo del mes de mayo del 2024, basada en la siguiente pregunta PICO:

La dieta mediterránea ¿Cuáles son los efectos sobre el microbiota intestinal y qué influencia tiene sobre la prevención de cáncer de colon?

P: Problema: disbiosis intestinal y cáncer de colon.

I: Intervención a analizar: efectos beneficiosos de la dieta mediterránea.

C: Comparación: con otros tipos de alimentación menos saludable o que no siguen dieta mediterránea.

O: Resultados:  Mecanismos protectores generados por una DM en el microbiota intestinal y la prevención de cáncer de colon.

Las palabras clave utilizadas en la estrategia de búsqueda en dichas bases de datos fueron: “mediterranean diet”, “gut microbiota”, “colon cancer” “colorectal cancer” y se aplicaron los operadores booleanos como AND y OR, operadores literales como el entrecomillado (“”).

RESULTADOS

En diversos estudios se relaciona el patrón dietético y ciertas enfermedades, como las enfermedades inflamatorias intestinales y el cáncer colorectal con el microbiota intestinal, pero ¿qué es el microbiota? Se trata de un conjunto de microorganismos (bacterias, hongos, virus…) que residen en nuestro intestino12.

El consumo de fibra dietética (FD) y cereales integrales, parece que reduce la formación de pólipos en el colon y reduce el riesgo de desarrollar CCR. Los mecanismos que influyen en esta reducción del riesgo en primer lugar, es que la FD es un prebiótico del microbiota, y genera sustrato y energía por la fermentación de la microbiota y la producción de ácidos grasos de cadena corta (AGCC) lo que mejora el metabolismo del huésped. A su vez, esta producción de AGCC (como son acetato, propionato y butirato), favorece el crecimiento y diferenciación de los colonocitos sanos, y mejora la integridad de la mucosa intestinal. También se mejora el oxígeno y pH de la luz intestinal, la MI sana deshidroliza los ácidos biliares (AB) conjugados que son usados por las bacterias colónicas; Además por las características de la FD, se une a los AB y a los carcinógenos o sustancias tóxicas, al aumentar el tránsito intestinal que disminuye la exposición a factores proinflamatorios y tóxicos. Por el contrario, una baja ingesta de FD se asocia con mayor riesgo de desarrollar CCR y se relaciona con una menor producción de AGCC y menor efecto de los mecanismos descritos1,5,13,14,15.

Las principales funciones de la MI son prevenir la colonización de microorganismos patógenos, ayudar a digerir alimentos, absorber nutrientes, síntesis de vitaminas (del grupo B, K), producción de AGCC y estimular el sistema inmunitario1,12.

Existen numerosos tipos de bacterias. En el intestino de una persona sana (esófago, estómago y duodeno) encontramos mayoritariamente los filos Firmicutes, Bacteroidetes y Proteobacteria; sin embargo, en yeyuno, íleon, colon y recto, el microbioma está definido en un 90% por Firmicutes y Bacteroidetes1,2,9.

–  Firmicutes como Lactobacillus, Enteroccoccus y Clostridium que se encargan de la fermentación de hidratos de carbono.

–  Bacteroidetes incluye los géneros Bacteroides (asociados a una dieta occidental con alto consumo de grasa y proteína animal) y Prevotella (asociado a dieta alta en fibras prebióticas de origen vegetal).

–  Actinobacteria: Bifidobacterium, producen acetato y lactato, usados por otras bacterias intestinales para producir butirato.

–  Proteobacteria: Helicobacter, E.Coli, Clostridium (bacterias negativas si crecen en exceso e inofensivas si se encuentran en equilibrio).

La composición de la MI está influenciada por diversos factores: el ejercicio físico, el sueño, el estrés, la salud bucal, el uso prolongado de antibióticos, la edad, cómo nacemos, la genética y el tipo de dieta1,2,16,17.

Existe evidencia suficiente que afirma que la DM se asocia a un aumento de bacterias beneficiosas: Bifidobacteria, Bacterioidetes como Prevotella, y una disminución de Firmicutes y bacteroides, además de un aumento de AGCC. Por el contrario, un patrón dietético occidental, da lugar a un aumento de los filos Firmicutes y los AGCC están disminuidos1,5,9,16,17,18.

PATRÓN DIETÉTICO OCCIDENTAL:

Una dieta occidental rica en grasas animales y saturadas, un alto consumo de carnes rojas y procesadas, además de cereales refinados, dulces se asocia con un mayor riesgo de CCR. Altera negativamente la MI, y afecta la integridad de los enterocitos de la pared intestinal. Esto da lugar a disbiosis intestinal y conduce al aumento de la permeabilidad intestinal y endotoxemia metabólica, que promueve la translocación de sustancias tóxicas como los lipopolisacáridos (LPS). El aumento de LPS circulante provoca inflamación crónica de bajo grado. Disminuyen sustancias como los AGCC y aumentan sustancias como el N- óxido de trimetilamina (TMAO). Además, la proporción de Firmicutes/Bacteroidetes es más alta junto con concentraciones aumentadas de moléculas proinflamatorias, como el factor de necrosis tumoral (TNF-α) e interleucina 6 (IL-6) 1,19,20,21,22.

Los carbohidratos refinados, regulan negativamente la MI y el sistema inmunitario. El consumo de azúcares añadidos, especialmente bebidas azucaradas, tiene efectos perjudiciales en la MI promoviendo proporciones más altas de Firmicutes/Bacteroidetes y proporciones más bajas de productores de butirato. Asimismo, los azúcares añadidos pueden provocar un aumento de la permeabilidad intestinal y endotoxemia, que promueve la inflamación y complicaciones sistémicas1,2.

Una dieta alta en grasa produce ácidos biliares (AB) secundarios, que son factores de riesgo para el CCR. Las investigaciones muestran que la fibra posee un efecto protector contra el riesgo y la incidencia de CCR, previene la reabsorción de AB secundarios y reduce su circulación. Sin embargo, consumir menos de 15 gramos de fibra por día disminuye la producción de AGCC, se reduce la diversidad microbiana y produce un cambio en el metabolismo MI; todo ello produce más AB, incrementa los metabolitos dañinos e induce a un mayor riesgo de EII y cáncer. Los estudios han demostrado que las concentraciones de AGCC son más bajas en personas con CCR y con alto riesgo de CCR12,20,23.

La adherencia a un patrón dietético occidental aumenta el riesgo de CCR, particularmente entre las mujeres y principalmente en el cáncer de recto. Este patrón dietético da como resultado un aumento de Firmicutes, Protebacteria, Echerichia Coli, Bacteroides y una disminución de bacterias beneficiosas (Prevotella, Lactobacillus, Roseburia…) produciendo una disminución de AGCC20,24,25.

DIETA MEDITERRÁNEA:

Una alta adherencia al patrón DM tiene efecto protector, especialmente en hombres y en CC distal. La DM podría disminuir el riesgo de CCR, especialmente en el caso de los tumores distales de colon y recto24.

Llevar un patrón DM, la MI está representada por una mayor proporción de Bacteroidetes (asociado a un menor consumo de proteína animal) y menor proporción de Firmicutes y Fusobacterias asociado con el consumo elevado de fibra y consumo reducido de grasa20,25. Además, promueve una mayor concentración de Bacteroidetes y una menor relación firmicutes/bacteroidetes así como una mayor concentración de AGCC13,21. Los resultados de numerosos estudios brindan evidencia que confirma el hecho de que una alta adherencia a la DM tiene como resultado elevado proporción de diferentes colonias bacterianas degradadoras de fibra y carbohidratos asociados con el metabolismo de los AGCC (especialmente el butirato, con efecto antiinflamatorio) lo que puede ayudar a tener un estado de salud más óptimo, aunque este patrón dietético no altera de forma permanente la composición o el metabolismo de la MI. La ingesta regular de fibra, alrededor de 30g por día, se relaciona favorablemente con la síntesis de butirato13,22.

El consumo de FD está inversamente asociado con el riesgo de CCR a través de la liberación de IL-10, que protege contra el CCR. Actúa como una sustancia que se une y diluye las sustancias potencialmente cancerígenas en las heces y acelera su paso por el intestino en general. Algunos estudios también han encontrado que la fibra soluble, principalmente de frutas y verduras, puede retrasar la absorción de almidón reduciendo así el exceso de glucosa y la hiperinsulinemia asociada con el riesgo de CCR. Los Fructooligosacáridos (FOS) presentes en alimentos como alcachofas, cebollas, ajo, remolacha y Galactooligosacáridos (GOS) presentes en legumbres, leche, verduras y miel, forman parte de la fibra dietética y son prebióticos que inciden en la MI favoreciendo el crecimiento de bacterias como Bifidobacterium y Lactobacillus19,20,22.

Un posible mecanismo del efecto protector contra el CCR de los alimentos típicos de la DM, es que estos alimentos son buenas fuentes de antioxidantes como las vitaminas A, C, E y carotenoides, fibra, selenio y minerales. Todos estos nutrientes con efectos antioxidantes influyen sobre la flora del colon, y evitan la aparición y progresión del CCR19,20,22.

En relación al efecto del aceite de oliva (principal fuente de grasa de DM) varios estudios han demostrado que compuestos como el hidroxitirosol y la aleuropeína, tienen propiedades antiinflamatorias y antitumorales, ya que inducen la apoptosis y reducen la expresión de las proteínas ciclooxigenasa 2 (COX-2) y Bcl-2, dando lugar a una baja expresión de IL-6 y IL-8 que juegan un papel crucial en el desarrollo del CCR. Se relacionaron también con una mayor producción de Bifidobacterias, a su vez, el consumo de polifenoles de la DM, entre ellos el revesterol, incrementa el número de bacterias como Bifidobacterium y Lactobacillus. Es un antioxidante y antiinflamatorio que inhibe el NF-KB. En un estudio con ratones obesos, el tratamiento con resveratrol redujo la relación de Firmicutes/Bacteroidetes, promovió el crecimiento de Lactobacillus y Bifidobacterium. Por otro lado, la quercetina, presente en muchas frutas y verduras, interviene en las vías de señalización inmunitaria, inhibiendo la producción de LPS, COX-2, TNF-α, IL- 6. En las heces de ratones afectadas por colitis, se vió como aumentó la diversidad microbiana de Bifidobacterium y Lactobacillus, además de reducir los marcadores inflamatorios séricos y mejorar la disbiosis21,24.

 

CONCLUSIONES

La dieta es uno de los factores exógenos más importantes relacionados con la modulación de la MI y la etiología del CCR, pero existen otros factores que influyen como la genética, edad, etc.

Los alimentos incluidos en el patrón dietético mediterráneo tienen efectos beneficiosos para la salud, se relacionan con una mayor diversidad microbiana y previenen el desarrollo de enfermedades, como el CCR.

La fibra dietética y los AGCC protegen contra el CCR.

El consumo de carnes rojas y procesadas aumenta significativamente el riesgo de padecer cáncer de colon, ya que altera la MI.

Aunque existe asociación entre la disbiosis y CCR, se necesitan más estudios para demostrar esto, en cohortes más grandes.

 

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