Rosácea. Artículo monográfico

7 septiembre 2024

 

AUTORES

  1. Sonia Fajardo Soutullo. Enfermera en Centro de Salud Épila, Zaragoza.
  2. María Andrés Becerril. Enfermera en Centro de Salud Santa Isabel, Zaragoza.
  3. Ángel Antonio Benedí Ortíz. Enfermero en Quirófano del Hospital Clínico Lozano Blesa, Zaragoza.
  4. Cristina Macarulla Frías. Enfermera en Centro de Salud María de Huerva, Zaragoza.
  5. María Laborda Cerrada. Enfermera en Centro de Salud Épila, Zaragoza.
  6. Beatriz Benedí Ortíz. Enfermera en Centro de Salud Épila, Zaragoza.

 

RESUMEN

La rosácea es una enfermedad inflamatoria benigna de la piel de causa desconocida. Es prevalente en mujeres y más habitual en sujetos entre 30 y 50 años de piel blanca y origen caucásico. Suele afectar al área facial y por eso es una de las enfermedades que más afecta a la calidad de vida. El diagnóstico es clínico y se puede clasificar en cuatro subtipos diferentes. La causa exacta es desconocida, pero hay algunos factores como la genética, la inmunidad, algunos microorganismos, la alimentación, el ejercicio, etc. que están relacionados con su aparición. El tratamiento en general suele ser tópico, pero también puede ser oral y menos común el láser, fuentes de luz y la cirugía.

PALABRAS CLAVE

Rosácea, diagnóstico, tratamiento.

ABSTRACT

Rosacea is a benign inflammatory skin disease of unknown cause. It is prevalent in women and more common in individuals between 30 and 50 years old with fair skin and Caucasian origin. It usually affects the facial area, making it one of the diseases that most impacts quality of life. Diagnosis is clinical and it can be classified into four different subtypes. The exact cause is unknown, but factors such as genetics, immunity, certain microorganisms, diet, exercise, etc., are related to its onset. Treatment is generally topical, but it can also be oral, and less commonly, laser, light sources, and surgery.

KEY WORDS

Rosacea, diagnosis, treatment.

INTRODUCCIÓN

La rosácea es una dermatosis inflamatoria crónica benigna de causa desconocida, pero están relacionados varios factores como los trastornos de la reactividad vascular y la respuesta inmunológica frente a microorganismos como Demodex folliculorum, Bacilus oleronius o Helicobacter pylori. Presenta múltiples apariciones clínicas, caracterizada por la aparición de eritema, telangiectasias, pápulas y pústulas en el área centrofacial. También puede afectar áreas cutáneas extra faciales como el cuero cabelludo, el cuello, el pabellón auricular, el tórax anterior y los ojos, tanto en los párpados como en estructuras internas. Pueden inducir una tendencia al rubor facial espontáneo o a estímulos concretos. También pueden aparecer lesiones inflamatorias llamadas pápulas y pústulas. Se encuentra entre las enfermedades dermatológicas que más afectan a la calidad de vida1,2,3.

EPIDEMIOLOGÍA:

La rosácea es prevalente en sujetos de 30 y 50 años y se desconoce la prevalencia en niños porque la mayoría de los estudios son en adultos. Es prevalente en mujeres, pacientes de piel blanca y de origen caucásico. Es menos frecuente en personas de origen africano o piel negra2.

Dado que suele afectar al área facial, supone un impacto psicológico, social y laboral considerable. Hasta el 70% de los pacientes refieren una pérdida de autoestima y de confianza en sí mismos, y otro 70% expresa que sus relaciones profesionales están comprometidas por el impacto estético de la enfermedad y un tercio han perdido el puesto de trabajo por este motivo3.

DIAGNÓSTICO:

Para diagnosticar una rosácea no se necesitan hacer pruebas complementarias. No requiere analíticas sanguíneas (la rosácea no se manifiesta en ningún parámetro sanguíneo); no necesita cultivos (la rosácea no es una enfermedad infecciosa) ni biopsia cutánea (excepto en algunos casos en que haya dudas diagnósticas con otras posibles enfermedades que podrían simular la rosácea)1.

Para el diagnóstico se requiere que en las áreas convexas aparezcan uno o más de los signos primarios (eritema transitorio, también conocido como rubefacción, eritema persistente, telangiectasias, pápulas o pústulas). La presencia de signos secundarios no son obligatorios para el diagnóstico (quemazón, placas, sequedad, edema, etc.)3.

CLASIFICACIÓN:

Basándonos en los hallazgos clínicos, el NRSEC definió los siguientes diferentes cuatro subtipos de rosácea1,2:

  • Subtipo I. Rosácea eritematotelangiectásica (RET): es la presentación más frecuente. La lesión que la caracteriza es el eritema centrofacial difuso y persistente.
  • Subtipo II. Rosácea papulopustulosa (RPP): es la segunda forma de presentación más frecuente. Se caracteriza por la presencia de pápulas y/o pústulas eritematosas localizadas en la región centrofacial y se acompaña de eritema de intensidad variable. Su curso es crónico, recurrente y a veces severo. Las telangiectasias son menos comunes que en el subtipo I.
  • Subtipo III. Rosácea fimatosa: es más frecuente en hombres que en mujeres. Engrosamiento de la piel, eritematoso y edematoso. En estadio temprano es inflamatorio. Se prolifera de tejido fibroso y glándulas sebáceas, formando tapones de sebo y queratina en los orificios foliculares que drenan un material untuoso, maloliente.
  • Subtipo IV. Rosácea ocular: afecta igual en ambos sexos. Ocurre en el 50% de los pacientes con rosácea dependiendo si los estudios fueron realizados por dermatólogos y oftalmólogos. No siempre acompaña a las lesiones cutáneas y los síntomas pueden ser independientes de los hallazgos cutáneos. Suelen diagnosticarse tardíamente por lo que es importante conocer los síntomas para recibir un tratamiento precoz y adecuado.

 

CAUSAS:

La causa exacta de la rosácea es desconocida. Las dos principales anomalías son una disregulación neurovascular y una alteración de la inmunidad innata.

En su etiopatogenia se han implicado1:

  • Factores genéticos (muchos casos son familiares).
  • Mecanismos vasoactivos.
  • Alteraciones de la inmunidad innata.
  • Alteraciones de la inmunidad adquirida.
  • Mecanismos neurocutáneos.
  • Alteración de la barrera cutánea: la alteración de la pérdida transepidérmica de agua conduciría a una inflamación de la piel y la sequedad asociada explicaría la tendencia al prurito y la sensación de escozor.
  • Presencia de microorganismos: demodex folliculorum, Bacilus oleronius o Helicobacter pylori. Se ha visto que la piel con rosácea tiene una densidad del ácaro saprófito Demodex folliculorum superior a la presente en la piel normal, aunque no se ha demostrado una correlación directa entre esta densidad y la gravedad de la enfermedad.

 

Aunque se ha relacionado la rosácea con el sol, la radiación ultravioleta no causa la rosácea. Lo que sí está demostrado es que el calor, puede desencadenar brotes de la enfermedad1.

Pero hay varios puntos que apoyan diferentes hipótesis como el daño solar crónico conduciría a una acumulación de proteoglicanos y material elastótico en la dermis, que alteraría el soporte estructural vascular y favorecería la extravasación de fluidos, proteínas y mediadores inflamatorios. La radiación ultravioleta induce la proteína activadora 1 de la matriz las especies reactivas del oxígeno, que incrementan la actividad de las enzimas que degradan el colágeno, las metaloproteinasas. No obstante, algunos estudios muestran que el porcentaje de empeoramiento de la rosácea con la fotoexposición es bajo; otros indican que es muy elevado o que incluso produce mejoría. En conclusión, es difícil hacernos una idea sobre si la fotoexposición empeora o no la enfemerdad3.

También pueden afectar los siguientes factores como la alimentación, factores emocionales, climáticos, la temperatura, cosméticos y fármacos, factores relacionados con el estado de salud, el ejercicio físico y los irritantes comunes como la acetona, alcohol, etc.3.

TRATAMIENTO:

El tratamiento es básicamente sintomático debido a la falta de conocimiento sobre la fisiopatogenia de la enfermedad. El espectro terapéutico empleado incluye el uso de preparados para el cuidado de la piel, fotoprotección, antiinflamatorios, antibióticos, retinoides, láseres y técnicas quirúrgicas3.

Medidas generales2:

  • Educar e informar sobre la rosácea, así como del beneficio y la real expectativa de los diferentes tratamientos tópicos y sistémicos disponibles para mejorar la adherencia del paciente.
  • Evitar desencadenantes y agravantes: viento, calor, frío, ejercicios físicos extremos, comidas picantes, alcohol, bebidas calientes, estrés físico y psicológico, medicamentos (niacina, vasodilatadores, corticosteroides, inhibidores de calcineurina).
  • Promover hábitos de cuidado de la piel, fotoprotección, cosmecéuticos.
  • Instruir en el uso de maquillaje adecuado.
  • Promover conductas que mejoren la calidad de vida y la comorbilidad emocional de los individuos.

 

Tratamiento tópico:

Hay muchos productos tópicos utilizados para tratar la rosácea con poca evidencia científica disponible. Sólo unos pocos han sido aprobados.

La elección del agente tópico y/o la combinación de más de uno, se considerará en individuos con afectación leve a moderada, asociado a tratamiento sistémico en casos moderados a severos y en la etapa de mantenimiento después de la remisión de las lesiones. Las opciones tópicas a considerar son:

  • Ácido azelaico.
  • Ivermectina tópica.
  • Metronidazol.
  • Sulfacetamida de sodio.
  • Peróxido de benzoilo.
  • Antibióticos tópicos.
  • Inhibidores de la calcineurina.
  • Oximetazolina
  • Ácido retinoico
  • Brimonidina.

 

Tratamiento sistémico: Las tetraciclinas son los antibióticos orales más utilizados desde hace cincuenta años en la rosácea2.

Otros tratamientos: láser, fuentes de luz y cirugía2.

CONCLUSIÓN

La rosácea es una enfermedad que afecta a la calidad de vida. Una buena educación sanitaria sobre hábitos generales y manejo de los medicamentos puede mejorar considerablemente la calidad de vida del paciente.

 

BIBLIOGRAFÍA

  1. Academia Española de Dermatología y Venereología. Guía para pacientes con rosácea. 2021. Disponible en: https://aedv.es/wp-content/uploads/2021/09/Guia-Rosacea.pdf
  2. Troielli P, González Otero FM, Rios Yuil JM, Vázquez Martínez OT, Pabón Montoya JG, Ibarra M, et al. Actualización y recomendaciones para el diagnóstico y tratamiento de la rosácea en Latinoamérica. Med Cutan Iber Lat Am. 2016;44(S1):7-26. Disponible en: https://www.medigraphic.com/pdfs/cutanea/mc-2016/mcs161b.pdf
  3. Barco D, Alomar A. Rosácea. Actas Dermosifiliogr. 2008;99(4):244-56. Disponible en:  http://dx.doi.org/10.1016/s0001-7310(08)74672-6

 

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