AUTORES
- Rebeca Asensio Vela. Diplomada en Enfermería. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud.
- Silvia Martin Serrano. Diplomada en Enfermería. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud.
- María Victoria Maqueda Alayeto. Diplomada en Enfermería. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud.
- Raquel Sancho Almau. Formación profesional en Técnico en Cuidados Auxiliares de Enfermería (TCAE). TCAE en Servicio Aragonés de Salud.
- Laura María Quijada García. Diplomada en Enfermería. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud.
- María Pilar Lafoz Rodrigo. Diplomada en Enfermería. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud.
RESUMEN
El síndrome de la impostora es un problema silencioso que afecta a miles de personas de todo el mundo, sin que sean conscientes de ello. Este hecho es independiente de factores como el estatus social, nivel laboral o edad cronológica. La primera percepción de esta patología, al denominarse síndrome, puede ser que no alcance una excesiva gravedad, sin embargo, aquellos que quienes lo padecen sufren tienen como síntomas sensación de inseguridad y dudas sobre las propias habilidades y logros, a pesar de tener éxito en su vida profesional.
En el mundo actual en el que vivimos, son múltiples las formas en las cuales nuestra salud mental puede estar afectada, siendo esta patología una de ellas. Cabe destacar que aparece en las personas con una mayor capacidad intelectual. Trabajar la autoestima, olvidarnos de falsas creencias irracionales, así como de la obsesión por ser perfectos, atenuaría esta realidad tan perjudicial.
PALABRAS CLAVE
Ansiedad, confianza, fraude, miedo, depresión.
ABSTRACT
Imposter syndrome is a silent problem that affects thousands of people around the world, without them being aware of it. This fact is independent of factors such as social status, job level or chronological age. The first perception of this pathology, when called a syndrome, may be that it does not reach excessive severity; however, those who suffer from it have as symptoms a feeling of insecurity and doubts about their own abilities and achievements, despite being successful in his professional life.
In the current world in which we live, there are multiple ways in which our mental health can be affected, this pathology being one of them. It should be noted that it appears in people with greater intellectual capacity. Working on self-esteem, forgetting about irrational false beliefs, as well as the obsession with being perfect, would mitigate this very harmful reality.
KEY WORDS
Anxiety, trust, fraud, fear, depression.
DESARROLLO DEL TEMA
La expresión “Síndrome del Impostor” fue acuñada por Suzanne Imes y Pauline Rose Clance en 1978. Podríamos definirlo como un sentimiento de desconfianza en las propias habilidades y logros, a pesar de las muestras de capacidad y los éxitos adquiridos1.
Existe una sombra invisible que, a menudo, acompaña especialmente a las mujeres en cada uno de los éxitos que consiguen. La competitividad y la alta exigencia que suponen las formaciones académicas, en especial las sanitarias, se convierten en escenarios que desatan las condiciones ideales para que las profesionales se vean afectadas por este síndrome2.
Hay que aclarar que esta patología no afecta de manera exclusiva a las mujeres, puesto que también pueden padecerla los hombres. Sin embargo, es mucho más frecuente ellas, razón por la cual se suele hablar más del síndrome de la impostora que del impostor3.
La persona que lo sufre se ve atrapada en un ciclo negativo de pensamientos y emociones sobre sus propias capacidades y habilidades. A menudo se relacionan los síntomas de este síndrome con el perfeccionismo y la autoeficacia, obstaculizando su crecimiento y potencial en todos los sentidos1-3.
Según datos de la Confederación Española de Salud Mental, una de cada cuatro personas en nuestro país, tiene o tendrá algún tipo de problema de salud mental a lo largo de su vida4.
Recientemente ha aparecido un nuevo término, hasta hace poco desconocido: el síndrome de la impostora. Un trastorno que afecta a una de cada siete personas, según el International Journal of Behavioral Science. Actualmente esta afección no es considerada un trastorno psicológico ni una patología, por lo que no se recoge en el Manual diagnóstico de los Trastornos Mentales5.
A causa de la pandemia, se ha agudizado la problemática relacionada con factores psicológicos personales. La ansiedad, el estrés y la depresión han sido una de las principales consecuencias de esta crisis sanitaria. Esta situación en la historia de la humanidad, ha hecho que seamos más conscientes de la verdadera importancia de la salud mental. Además el teletrabajo ha contribuido al aumento de personas con este síndrome, puesto que sentirse aislado de tu equipo mientras trabajas desde casa o de forma descentralizada al relacionarse menos socialmente con los compañeros tanto para tratar temas personales como laborales.
Las organizaciones deberían asegurarse de que, cada día, los trabajadores sigan recibiendo apoyo y reconocimiento por su trabajo y que los empleados nuevos cuenten con estructuras de apoyo que les infunden confianza.
Debemos conocer cuáles son las causas del origen del síndrome de la impostora, para poder prevenirlo, siendo su piedra fundamental baja autoestima. Esto se debe a que la autoestima se relaciona con la forma en que las personas nos autopercibimos; además, es la base sobre la cual reposa la confianza en nosotros mismo. Por ello, si la autoestima es baja, la persona es proclive a creerse no merecedor/a de tener éxito, haciendo que le resulte difícil aceptarlo en caso de que lo consiga.
Otras posibles causas que se relacionan con el síndrome de la impostora son:
- Pérdida de confianza en uno mismo.
- Falta de seguridad personal.
- La dinámica familiar en la infancia y el historial académico, como por ejemplo en el caso de padres que presionan demasiado a sus hijos para que saquen buenas notas.
- Las altas expectativas y la autoexigencia.
- Los estereotipos sexuales, debido a los mensajes recibidos sobre el éxito en los hombres y el fracaso en las mujeres1-5
Es otro aspecto relevante conocer los síntomas que presenta este síndrome para identificar a aquella persona que lo padece:
- Ansiedad y depresión
- Desconfianza hacia sus propias capacidades
- Insatisfacción permanente
- Sentimiento de culpabilidad por los logros obtenidos, la incapacidad de disfrutar de los éxitos y el miedo a que descubran que sus éxitos no se deben a ellos mismos
- Temor constante a ser percibido como un fraude por sus logros.
- Desmotivación por falta de confianza en sí mismo.
- Expectativas de fracaso ante cualquier situación.
- Sentimientos de tristeza y desesperanza…
- Estrés y baja productividad en el trabajo, ya que además en el ámbito laboral no corren riesgos porque tienen miedo de no estar a la altura, así que trabajan por debajo de su potencial. También aumenta sus niveles de estrés y afecta a su productividad porque a menudo postergan tareas, o bien trabajan demasiado en exceso para justificar que su éxito se debe al duro trabajo y no a su talento7.
Además de los síntomas generales, en función de la forma en la cual se desarrolle el síndrome, podremos diferenciar distintos tipos, aunque todos coinciden en que provocan en la persona afecta, un continuo desgaste mental, al dudar constantemente sobre sí mismo, y vivir con la idea de que en algún momento se pondrá en evidencia su (supuesta) incompetencia.
La perfeccionista:
El nivel de exigencia es desproporcionado. Este enfoque mental es destructivo sin ninguna duda, genera ansiedad, llegando a la obsesión por matices sin importancia y a la insatisfacción perpetua. Nunca se siente satisfecha por su trabajo o por aquello que hace. Se exige a sí misma metas imposibles, y a menudo inalcanzables.
La experta:
El impostor experto es aquel que necesita seguir formándose y que duda en aplicar lo que sabe por miedo al fracaso. Se caracteriza por una duda constante sobre sus conocimientos y capacidades, no creyendo nunca que lo que sabe es suficiente. Disfruta acumulando conocimiento, pero piensa que nunca sabe lo suficiente como para ser realmente competente, a pesar de ser ya un experto y tener un buen dominio en su ámbito.
El superhéroe o superheroína:
Entre los tipos de síndrome del impostor, este es el más común. Se hace cargo de responsabilidades que no le corresponden ya que así demuestra que puede con todo, generando una sensación de sobrecarga constante. Necesita hacer más que el resto para demostrarse a sí mismo que es competente. Ejemplo de ello es el trabajador que echa más horas en su jornada laboral, o quien necesita encargarse de las tareas de toda su familia y conocidos para sentirse útil y bien consigo mismo, padeciendo mucho estrés al esforzarse más de lo normal.
La genio:
Éste tipo se caracteriza por la creencia de que las cosas tienen que salir perfectas a la primera y que los fallos no están permitidos. Cuando esto no sucede se frustra y dirige fuertes críticas hacia sí misma. La idea de no ser competentes en muchas dimensiones más allá de su propia disciplina le inquieta y le hace pensar que, en realidad, no es bueno en nada. Entre los tipos de síndrome del impostor, este es sin duda uno de los más llamativos.
La solitaria:
Piensa que si pide ayuda, se descubrirá su incompetencia. Hay quien se niega a pedir ayuda o preguntar dudas porque su orgullo no tiene límites. Otros en cambio, lo que les pesa es el síndrome del impostor.Así es, abundan los hombres y mujeres que prefieren no consultar nada con nadie. Son los que evitan trabajar en equipo, los que rinden mejor en solitario. La razón de ello no es el orgullo, en absoluto. Temen que en algún momento alguien descubra que no son tan brillantes como asume la mayoría. Optan por la distancia como mecanismo de protección para no ponerse en evidencia, para que no se descubra que son unos (aparentes) impostores8.
El tratamiento para el síndrome de la impostora, puede incluir terapia psicológica, asesoramiento y capacitación adicional para mejorar la confianza en las habilidades y conocimientos profesionales. El tratamiento farmacológico puede ser de gran ayuda para aliviar los síntomas.
En el tratamiento de la ansiedad, se emplean habitualmente dos tipos de fármacos: los ansiolíticos, y los antidepresivos. Los ansiolíticos más utilizados pertenecen al grupo de las benzodiacepinas que producen un efecto tranquilizante
Además, el apoyo y la retroalimentación positiva entre compañeros/as y superiores también pueden ayudar a reducir los sentimientos de inseguridad y ansiedad en el lugar de trabajo. Existen una serie de pautas y consejos muy útiles para prevenir este síndrome:
- Dormir lo suficiente.
- Comer alimentos saludables.
- Mantener un horario regular en nuestros hábitos cotidianos.
- Salir de casa todos los días.
- Hacer ejercicio todos los días. Incluso un poco de ejercicio, como un paseo de 15 minutos, puede ayudar.
- No ingerir alcohol y ni cualquier otro tipo de drogas.
- Verbalizar y hablar con familiares o amigos cuando se sienta nervioso o asustado. Esta técnica se puede complementar mediante la escritura en una libreta o diario, apuntando tanto nuestros miedos, como nuestros logros. Esto ayudará a evitar olvidar las hazañas personales. Mientras más significativo sea el logro, más efectivo puede resultar para evitar el síndrome de la impostora cuando se presente.
- Averiguar sobre los diferentes tipos de actividades grupales a las que puede vincularse.
- Además, es importante tener muy presente que una cosa es cómo me siento y otra la realidad. No se trata de invalidar nuestras emociones, sino de corroborar los hechos con evidencias objetivas sobre nuestro trabajo.
- Háblate bonito. Controla tu diálogo interno, tu autocrítica para frenar el síndrome cuando lo detectes. Háblate como le hablarías a tu mejor amiga.
- Evitar las comparaciones, ya que suelen ser trampas sesgadas: ver cualquier punto fuerte en otra persona que hace que invalidamos los nuestros.
Hay que recordar que los seres humanos no somos perfectos, pues se trata del primer paso a la aceptación. Todos cometemos errores, y es importante recordar que son una parte normal del proceso de aprendizaje. En lugar de castigarnos por ellos, deberíamos tomarlos como una oportunidad para aprender y mejorar. Si te equivocas, toma nota de lo que puedes] hacer mejor la próxima vez y sigue adelante. Por último, se debe tener en cuenta que nunca viene mal pedir ayuda1-10.
BIBLIOGRAFÍA
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