Soledad y salud en la vejez

5 septiembre 2024

 

AUTORES

  1. Ángeles Gómez Auría. Trabajadora Social, TEL, TCAE. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza.
  2. Lorena Rudilla Pinzón. Trabajadora Social. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza.
  3. Carmen Ramos Margalejo. Enfermera. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza.
  4. Pilar Ramos Margalejo. Enfermera. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza
  5. Olga Tolosa González. Trabajadora Social. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza.
  6. M. Cruz Camacho Pescador. Trabajadora Social.  Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa. Zaragoza.

 

RESUMEN

La salud es el aspecto que más preocupa al conjunto de la población española y especialmente a las personas ancianas. Conforme la edad avanza el estado de salud se hace más importante pues mantener unas buenas condiciones de salud es un factor muy influyente para mantener la calidad de vida.

En el caso de los ancianos, el tener buena salud o salud que les permite auto valerse por sí mismos, es la condición imprescindible que decide entre vivir en soledad o tener que buscar otras alternativas. Las personas mayores presentan una alta preocupación por la salud, conservar un buen estado de salud constituye la mejor garantía para seguir disfrutando de la independencia residencial, no debe extrañar que sea el bien más preciado. En los ancianos, lo que causa un verdadero pánico es la situación de dependencia irreversible, una pérdida de la autonomía funcional. En el hogar, la salud es importante para realizar las tareas necesarias para sobrevivir y fuera del hogar, para evitar el aislamiento social.

PALABRAS CLAVE

Vejez, soledad, salud, independencia, hogar.

ABSTRACT

Health is one of the spanish people most concerned issue, especially speaking about elderly. As they grow older, health status becomes more important because stay health is one of the most influential topic to ensure a good level of life quality.

About elderly, to be healthy let them be autonomous, something essential that allows them to discern from living alone or having to look for alternatives solutions. Old people worries about health, trying to preserve good health status becomes a warranty to keep living independent from nursing, so it becomes clear that is the most precious commodity. Around elderly, the most fearsome situation is the irreversible dependence, a lost of functional autonomy. At home, health is important to do activities that let you survive and, going out, to prevent social isolation.

KEY WORDS

Elderly, loneliness, health, independency, home.

 

OBJETIVOS

Objetivo General:

  1. Revisar la bibliografía existente sobre las formas de convivencia de las personas mayores.

 

Objetivos Específicos:

  1. Realizar una búsqueda bibliográfica a través de buscadores específicos en ciencias sociales y revistas especializadas.
  2. Distinguir cuáles son las motivaciones e inconvenientes para decantarse por vivir solos en su domicilio o la elección de otro tipo de alternativas.
  3. Evaluar qué tipo de problemas de salud y de estado emocional pueden aparecer en las personas mayores que viven solas.

 

METODOLOGÍA

Según las fuentes que se han utilizado, es una investigación secundaria, ya que se ha recopilado información en diferentes manuales efectuados por otros expertos e investigadores acerca del tema en cuestión. Se han seleccionado las fuentes secundarias más relevantes para elaborar las ideas principales del artículo, priorizando las fuentes de mayor impacto académico,

El informe ha comenzado con una sustancial búsqueda bibliográfica analizando datos sobre la situación, sobre los conceptos a tratar, información recabada de bases de datos, artículos científicos, libros, revistas, noticias de periódicos, páginas web de entidades.

RESULTADOS

La soledad ha recibido gran atención de los medios en los dos últimos años, debido a que diversos trabajos de investigación la han identificado como una amenaza para la salud. La salud y la soledad son dos variables difíciles de distinguir sobre cuál es la dependiente y cuál es la independiente, ya que dependiendo del caso, una puede repercutir a la otra.

La salud genera un efecto limitado sobre las relaciones sociales obligando a los mayores a permanecer en el domicilio, haciéndoles sentir una soledad mayor. No es necesario que la falta de salud sea real, ya es suficiente si es sospechado o percibido por el individuo. Los responsables del sistema sanitario advierten en este sentido que las consultas a veces se llenan de personas ancianas que, guiadas por la soledad, no sienten ninguna dolencia pero acuden al centro de salud. Otro punto a destacar es cuando la falta de salud debe afrontarse sólo por la carencia de hijos o la lejanía de estos generando sensaciones de vacío, malestar y desamparo extremo, según Cañás, M., & Úrtasun, M1.

En cuanto a las enfermedades más comunes, se encuentra la depresión, esta aparece como la más intensa y la más asociada a la viudedad, pero no siempre tiene porqué ser así, las personas solteras también pueden experimentarla. A veces la soledad que sienten precisamente es la que les lleva a la enfermedad. Depresión y soledad conforman así un entramado. Esta enfermedad puede llegar a crear un enorme problema si no se remedia y es muy importante aquí el apoyo familiar y social además del tratamiento médico (Quiroz, C. O. A.; Quintana, J. T; et al.2).

La vida en solitario y la salud presentan diferentes inquietudes y temores en los ancianos, las más importantes se muestran a continuación (Bazo3):

  • Tratamiento en solitario de las pequeñas dolencias: la vida en soledad afecta en la salud de forma preventiva y curativa. En la preventiva, afecta porque asusta la idea de ser víctima de un accidente o enfermedad sin tener a nadie que les ayude y, en el caso de la curativa porque notan la ausencia de alguien que pueda ayudarles en cualquier momento, cualquier circunstancia o problema de la vida diaria.
  • El sentimiento de indefensión ante un problema de salud fulminante: aunque el estado de la salud sea excelente no quita que las personas mayores sientan indefensión cuando viven solas y se imaginan lo que podría ser de ellas si fuesen víctimas de algún accidente doméstico o una enfermedad repentina no teniendo a nadie que les pueda socorrer. Este miedo es lógico puesto que es en el hogar donde más caídas sufren los ancianos. La falta de compañía les hace pensar en una situación carente de auxilio que podría originarse incluso la muerte. Estas personas creen que quien tiene compañía tiene una gran ventaja para recibir asistencia. Pero ninguno de estos temores es suficiente para que quieran abandonar su soledad, pues algunas personas, aun habiendo sufrido algún percance, prefieren volver al hogar unipersonal y exponerse a otro riesgo antes que cambiar a otras alternativas. Para reducir este sentimiento, algunas personas recurren a otras alternativas como la Teleasistencia.
  • La muerte en soledad: el sentimiento de indefensión se hace extensible a la muerte sin que nadie esté presente. Esto les hace imaginar su propio fallecimiento en soledad y es interpretado de diferentes maneras. Hay personas que prefieren una muerte rápida sin dar problemas a la familia; y, hay otras que el mero hecho de pensar que van a morir en soledad les causó auténtico pánico.
  • La inseguridad ciudadana: muchas personas mayores tienen miedo a sufrir algún delito en el domicilio, temor que se agudiza en vacaciones. La falta de compañía las expone a padecer todo tipo de robos en una magnitud superior frente a los que viven acompañados. Muchas personas achacan la inseguridad ciudadana a la sociedad actual haciendo referencia a tiempos pasados donde ese miedo no existía. Se quejan de tener que verse en la obligación de mantener las puertas de las viviendas bien cerradas ante el miedo a sufrir algún robo. Esta visión es influida por los medios de comunicación ante la continua difusión de hechos delictivos haciendo que toda la sociedad en general tenga una sensación de inseguridad.

 

La vida en solitario puede llegar a ofrecer grandes ventajas, pero también grandes desventajas. Conscientes de esas ventajas e inconvenientes, las motivaciones para llevar a cabo la vida en solitario son diferentes. Estas motivaciones se han agrupado en dos grandes grupos: motivos de tipo personal (mejor autonomía, más libertad, mayor independencia), y motivos de obligación circunstancial (para no molestar, porque no tienen redes de apoyo familiares, entre otros).

Las encuestas señalan en su mayoría, que el motivo principal que las personas mayores señalan para vivir en solitario es “la independencia”, es decir, “porque así lo quieren ellos” y en segundo lugar porque carecen de redes de apoyo familiares. Las dos primeras razones responden a motivos voluntarios mientras que la tercera razón responde a motivos de obligación circunstancial. Según el resultado de las encuestas se puede afirmar que la mayoría de los ancianos señalan que viven solos porque así lo quieren mientras una minoría lo hace por obligación circunstancial.

Los motivos personales que fomentan la decisión voluntaria de las personas mayores de vivir en soledad son las siguientes (Quiroz, C. O. A et al.2):

  • Apego a la vivienda propia: el gran apego que sienten las personas mayores a la vivienda, es uno de los motivos principales para vivir en soledad. Rechazan la idea de abandono de la vivienda por los recuerdos que le desprende y prefieren continuar en la vivienda propia a veces en malas condiciones y sin compañía. Recalcar que en España la dimensión material de la vivienda viene tradicionalmente como el gran ahorro de los españoles, es decir es un activo importante. Hay situaciones donde la vivienda está en condiciones pésimas y regulares dando lugar a situaciones especialmente crueles y aun así no quieren abandonarla por los recuerdos que les traen, el hogar propio se convierte en una fuente de satisfacción elevada.
  • Cercanía con los hijos: que un pariente o hijo viva cerca es un gran motivo para continuar viviendo en soledad. Las personas mayores se consideran afortunadas cuando cuentan con algún hijo/familiar o persona cercana viviendo en la misma localidad, la situación alcanza el calificativo de privilegiada si encima habita en un domicilio próximo. Hay algunos hijos que habitan incluso en el mismo edificio. Contar con la presencia en un lugar próximo de un familiar concede grandes beneficios (compañía, posibilidad de obtener ayuda, etc) y les permite continuar con su vida autónoma.
  • La permanencia en el contexto social: el grado de proximidad de los hijos es un elemento central, puesto que las personas mayores encuentran en la situación geográfica un motivo para permanecer viviendo solos en su hogar y, más especialmente, las personas que viven en el entorno rural y que, por motivos diversos, han de mudarse a las ciudades.

 

Todo ello les supone un tremendo coste emocional, deben de cambiar de hábitat, a un entorno que puede ser difícil de encajar.

  • El libre diseño de la actividad diaria: algunas personas mayores prefieren vivir solas que verse en la obligación de acoplarse a las normas impuestas por otras personas, no admiten que manden sobre sus vidas. La libertad en este sentido se estima como un bien supremo.
  • La serenidad que garantiza el hogar propio: hacer frente al continuo ajetreo que supone vivir con parientes especialmente cuando hay nietos o sobrinos de por medio es algo que a las personas mayores les supone un problema y prefieren vivir en la tranquilidad del hogar. Esta serenidad del hogar es mayor cuando los seres queridos viven cerca. Muchas veces también influye el miedo a que les manden tareas relacionadas con los niños con el ajetreo que ello supone y la libertad que les resta.
  • Autosuficiencia económica: Contar con una pensión, posibilita la decisión de continuar en autonomía. La obligación de sostener económicamente a las personas mayores se ha desplazado de la familia y ha pasado a la sociedad. Actualmente, las personas mayores forman parte de las primeras generaciones que han podido beneficiarse del estado y, por ello, son más independientes que nunca.

 

Las personas mayores justifican la vida en solitario por decisión propia por seguir integradas en su vivienda y entorno. Esta decisión se ve fomentada por la cercanía/lejanía con un hijo o con la familia, lo que implicaría cambiar de entorno. Todo ello influye también en la libertad que poseen con su autonomía.

A pesar de existir motivos de carácter personal y voluntario, también existen motivos de obligación que dan lugar al sentimiento de soledad, (Camargo-Rojas, Chavarro-Carvajal CM3):

  • La ausencia de descendientes.
  • La escasez de espacio en las viviendas de los familiares: con la caída de la natalidad en España las viviendas cada vez son más ajustadas y muchas veces carecen de espacio para acoger a más personas para no caer en el hacinamiento. Muchas personas deciden no causar molestias por la falta de espacio.
  • El vacío que le esperaría en un hogar ajeno: vivir en un hogar que no es el propio y pasar la mayor parte del tiempo en soledad debido a las obligaciones laborales de los hijos, es otro factor que influye. Prefieren pasar tiempo solos en un entorno que conocen que en un entorno que puede resultarles extraño.
  • La idea muy enraizada del estorbo: consideran que vivir en solitario es realizar un comportamiento solidario, pues se trata de impedir que los familiares sufran las molestias que causaría la supuesta mudanza. Existe un pensamiento generalizado de que quienes comparten domicilio con los hijos pasan a representar un estorbo para los mismos. Otra posibilidad es que los propios familiares acaben en el domicilio de la persona mayor, lo que genera también un pensamiento de estorbo al ver que es un enorme sacrificio que no quieren que se efectúe.
  • La intención de no deteriorar las relaciones familiares: hay personas que tienen un temor que es bastante extendido de que la cotidianidad deteriorar la relación pudiendo crear enfrentamientos. Es un miedo a que el contacto con los seres queridos se resienta negativamente por culpa del roce diario. Puede ocurrir por diferencias intergeneracionales, por la existencia de yernos y nueras a los que se identifica por crear el clima de desconfianza capaz de desestabilizar el bienestar familiar o incluso por la televisión pues estas personas creen que el canal es potencialmente conflictivo al tener que adaptarse a lo que los dueños de la casa quieren. También se dan casos en los que las relaciones entre las personas mayores y sus familiares no son cordiales.

 

Por otro lado, existen tres alternativas que supondría una solución a la problemática de la soledad, el ingreso en una residencia, la rotación periódica en casas de varios parientes y la relación de pareja.

En primer lugar, la institucionalización no suele suponer una alternativa que muchas personas tengan presente. La posibilidad de recurrir a una residencia se ve casi siempre distante y solo aquellas personas que padecen problemas de salud y que pueden llegar a perder la independencia funcional llegan a plantearse esta opción. Según expone López Doblas J.4, este rechazo a las residencias proviene de diferentes factores:

  • Las condiciones materiales: existe la dificultad para encontrar una habitación individual suponiendo un cese de la intimidad. La comida es otro factor que influye en la negatividad de estos centros por la calidad que ofrecen. Por otro lado, las actividades y los horarios pueden suponer otros aspectos negativos. En la misma línea, las grandes listas de espera y las relaciones de calidad-cuantía económica son un incentivo que hace que las personas mayores no quieran ingresar.
  • Condiciones ambientales: Prevalece la idea de un clima general de abandono y desamparo en el interior de los centros, son un cuadro lleno de ancianos tristes, solitarios, enfermos y escasos de alicientes para vivir. Además, la lejanía con el domicilio habitual, también resulta ser un hándicap, por lo que se reivindica que los centros están ubicados en el mismo contexto donde los individuos han habitado siempre. Efectivamente las personas que provienen del medio rural se exponen a este problema dado que las residencias suelen localizarse en núcleos urbanos y no rurales.

 

Por otro lado, también existen factores positivos como: “la influencia positiva del caso del familiar”: Algunas personas tienen o han tenido algún familiar ya institucionalizado, por lo que dicha experiencia tiende a motivar una visión más favorable de las residencias. Esto también ocurre cuando algún familiar o allegado trabaja en un centro residencial, a través de este trabajador las personas mayores obtienen más información y sus opiniones cambian. Muchos acuden a las residencias con imágenes equivocadas de las mismas y una vez que se encuentran allí, la imagen se vuelve más positiva. Se debe recalcar que, el contar con familiares trabajadores en centros residenciales, no siempre favorece que estas personas prefieran las residencias frente a otro tipo de alternativas.

Hay diferentes pareceres de cara a la institucionalización en los centros, López Doblas J.4:

  • Personas con fuerte rechazo que bajo ningún concepto quieren ir a una residencia: son personas con expreso deseo de no ser institucionalizadas pase lo que pase. Se baraja entonces la opción de acudir al hogar de los hijos como la opción más viable. Estos mayores no admiten que pudiendo contar con el recurso familiar, tengan que acabar siendo atendidos en un centro por muy buenas condiciones que le ofrezcan. Esto sucede también con las personas que no tienen hijos, aunque tienen menor exigencia ante la familia y se extiende la esperanza de recibir atenciones en el seno del grupo familiar. Estas personas se basan en el cuidado que han ejercido a sus hijos o familiares y se apoyan en ese pasado para esperar recibir apoyo en su futuro.
  • Personas que a pesar de no estar del todo convencidas de no existir otra opción aceptarían ingresar en una residencia a pesar de no ser lo que desean: el deterioro de la salud y la imposibilidad de continuar con la autonomía funcional serían las razones básicas que solo aceptarían a la hora de admitir su institucionalización. Piensan ir a una residencia siempre y cuando la familia no pueda hacer frente a sus necesidades: cuando no les quede otra alternativa y la salud se vea afectada. Ven la institucionalización como el último recurso si todos los demás fallan y fuera totalmente necesario. No quieren ingresar en una residencia, pero se resignan a lo que el destino les quiera deparar.
  • Por último, algunas personas ven la institucionalización como la solución más viable: Hay que tener en cuenta que dada la incorporación masiva de la mujer al mundo laboral, las dificultades de atención a los ancianos pueden provocar una presión social de ingresarlos en residencias que garanticen su cuidado. Las residencias cubren unos servicios que escapan de las posibilidades de actuación de los parientes. Algunos ancianos ven la institucionalización como la opción más probable que habrán de escoger llegado el momento en que pierdan la autonomía. Este pensamiento es muy general también de las personas que carecen de hijos y ven la institucionalización como su destino final. Hay también muchas personas que a pesar del apoyo mostrado por las familias prefieren la institucionalización en el supuesto de verse incapaces.

 

En segundo lugar, la rotación periódica con los familiares es otra movilidad de convivencia que en otras épocas era muy común. En la actualidad tiene un alcance bastante escaso pues abunda la idea de entorno que representan los ancianos que se trasladan con la familia, sensación de la que los ancianos tratan de huir. Por este motivo muchos rechazan esta alternativa.

Al igual que la institucionalización, se trata de una alternativa que las personas mayores que viven solas la interpretan como una posible solución de convivencia pensando en el futuro, de cara al día en que se vieran incapacitados por sí mismos. Existe la idea generalizada de que la rotación de los ancianos es una fuente de conflictos entre parientes, pues la base de estos conflictos se halla en el reparto del tiempo para dedicar sus cuidados y el manifiesto desinterés de ellos por prestar los cuidados. Esto es conocido por los ancianos e intentan evitarlo a toda costa para evitar ser tratados como objetos en vez de como seres humanos.

El rechazo a este tipo de alternativa es mucho mayor cuando los hijos habitan en localidades diferentes a las del anciano, pues quieren evitar ser una molestia y estar de un sitio para otro fuera de su entorno. Este cambio de lugar de residencia y de contexto cada cierto tiempo, puede causar desajustes que pueden ser muy perjudiciales.

En tercer lugar, la búsqueda de pareja es una alternativa muy escasamente elegida, consiste en dar con alguien con quien establecer una nueva unión y en base a la cual rehacer su vida. Las encuestas señalan que la posibilidad de reorganizar la vida con otra persona aumenta cuanto más tiempo haya transcurrido desde la pérdida de la relación anterior.

Hay personas mayores que mantienen una relación amorosa y no llegan a formalizarla con el matrimonio y tampoco comparten hogar por un cúmulo de circunstancias personales, familiares y sociales. De entre las causas que originan la negativa a esta alternativa son (López Doblas J.4):

  • La edad: es el primer gran obstáculo para el establecimiento de la relación sentimental. No está mal visto que quienes tienen una situación de viudedad prematura renazcan su vida pero si se ve mal en personas que ya tienen edades avanzadas. Las personas mayores que establecen un vínculo amoroso son objeto de constante condena dado que carece de sentido y de necesidad entregarse a una nueva relación. A partir de estos argumentos no existen razones para tener relaciones sentimentales surgidas en la vejez.
  • El estigma social: los mayores que viven solos tienden a asociar la búsqueda de pareja con la participación activa en bailes, fiestas y entornos de diversión en general. En esto tienen una gran influencia los medios de comunicación y lo que se ve a través de ellos: la vejez tiende a asociarse a estilos de vida lúdicos. De esta forma se llega a catalogar a las personas mayores de escasez de moralidad cuando salen de fiesta y se lo pasan bien mediante la juega y el exceso.
  • La dedicación de la vida a un único cónyuge: la idea de dedicar la vida a una única persona aflora en el rechazo de la nueva relación sentimental, ya que se considera que aceptar un segundo compromiso significa deshonrar la memoria del difunto. Este pensamiento se produce al margen del tiempo que haya transcurrido desde el fallecimiento. Optar por otro hombre es una especie de traición. Este pensamiento es más común en mujeres que en hombres.
  • El interés de la compañía: existe la creencia generalizada de que las personas mayores que se casan lo hacen esencialmente por la compañía que adquieren al hacerlo, es decir, es el sufrimiento de la soledad lo que empuja a la búsqueda de pareja y por tanto no hay otro sentimiento que el de buscar compañía. Hay muchas personas que creen que la falta de compañía puede vencerse por otros medios sin necesidad de buscar una nueva relación, pues no es fruto de un amor sincero.
  • El intercambio desigual: muchas mujeres sostienen que un nuevo matrimonio les traería más desventajas que beneficios pues consideran que perderían la libertad e independencia y se verían en la obligación de cuidar de un hombre por los roles desiguales de la sociedad. Esta perspectiva no ocurre desde el género masculino, pues los varones muestran un comportamiento mucho más abierto a la vida en pareja.
  • La autonomía económica: en la actualidad no es necesario el matrimonio para conseguir la falta de recursos que padecían las mujeres en el pasado, con lo cual no es necesario buscar pareja por necesidades económicas. De este modo la suficiencia económica conquistada por la mujer se convierte en una herramienta para hacer frente a la condición tradicional femenina sometida al dominio masculino.

 

CONCLUSIONES

La decisión de vivir en solitario es un conjunto de razones personales, familiares y sociales que la favorecen unas de carácter voluntario y otras de carácter impositivo. No se puede decir que todos los ancianos vivan solos porque lo desean, ya que se obviara el carácter impositivo de algunos casos ni se puede afirmar que viven solos por imposición porque se culpará a las familias completamente de la incapacidad para atender a los mayores.

En cualquier caso, las encuestas, los discursos y otros estudios dan a entender que el carácter obligado ocupa un segundo lugar mientras que la voluntariedad se encuentra en el primero. La soledad residencial está mucho mejor valorada que otro tipo de alternativas, pero es el equilibrio entre la voluntad y la imposición el que acaba determinando el sentido que se otorga a la soledad residencial.

 

BIBLIOGRAFÍA

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