AUTORES
- David Rillo Gil. Fisioterapeuta. MAZ, Zaragoza. España.
- Marta Fustero Albero. Fisioterapeuta. FADEMA, Zaragoza. España.
- Javier Planas Gil. Fisioterapeuta. MAZ, Zaragoza. España.
- Inés Ariza Lafaja. Fisioterapeuta. MAZ, Zaragoza. España.
- Raquel Burillo Nebra. Fisioterapeuta. E. SIERRA, Zaragoza. España.
- Ana Badules Sánchez. Fisioterapeuta. V. Abenia, Zaragoza. España.
RESUMEN
Los trastornos asociados al latigazo cervical (WADs) son frecuentes tras colisiones por vehículos de motor y generan una amplia variedad de síntomas físicos y psicológicos. Clínicamente, se caracterizan por dolor cervical, cefalea, rigidez, vértigo, alteraciones sensoriales y deterioro funcional. La evaluación debe incluir una historia clínica completa, un examen físico detallado, y radiológico si es necesario. El pronóstico se ve influido por factores como el nivel inicial de dolor y discapacidad, la movilidad reducida y expectativas negativas de recuperación. El tratamiento debe centrarse en mantener la actividad, fomentar el ejercicio terapéutico y ofrecer educación adecuada, evitando el reposo prolongado y el uso rutinario de collarines. Las terapias pasivas tienen un papel limitado, y el tratamiento farmacológico debe ajustarse a la severidad del dolor. Un abordaje multimodal estructurado mejora los resultados funcionales y reduce el riesgo de cronificación.
PALABRAS CLAVE
Lesiones por latigazo cervical, dolor de cuello, modalidades de fisioterapia.
ABSTRACT
Whiplash-Associated Disorders (WADs) commonly follow motor vehicle collisions and present with a wide range of physical and psychological symptoms. Clinically, they include neck pain, headache, stiffness, dizziness, sensory changes, and functional impairment. Assessment should involve a complete clinical history, a detailed physical examination and radiological imaging (if needed). Prognosis is influenced by initial pain and disability levels, reduced mobility, and negative recovery expectations. Management should prioritize maintaining activity, therapeutic exercise, and proper education, while avoiding prolonged rest and routine use of cervical collars. Passive therapies play a limited role, and pharmacologic treatment should be tailored to pain severity. A structured multimodal approach improves outcomes and reduces the risk of chronicity.
KEY WORDS
Whiplash Injuries, neck pain, physical therapy modalities.
DESARROLLO DEL TEMA
El latigazo cervical (Whiplash) es un mecanismo lesional que implica una transferencia de energía por aceleración-deceleración al cuello, habitualmente consecuencia de colisiones en vehículos de motor. Este mecanismo puede originar lesiones óseas o de tejidos blandos, dando lugar a un conjunto de manifestaciones clínicas, denominadas trastornos asociados al latigazo cervical (Whiplash-Associated Disorders, WADs en inglés). Entre algunos de los síntomas más reportados por los pacientes se encuentran sordera, visión borrosa, tinnitus, cefalea, trastornos temporomandibulares y dolor irradiado¹.
La mayoría de los adultos involucrados en accidentes de tráfico presenta dolor cervical, que suele coexistir con dolor en extremidades, cefalea, mareos, rigidez, fatiga y alteraciones del sueño. Y se estima que más del 85% de los pacientes refiere dolor cervical tras el accidente, siendo común la presencia de esguinces y distensiones musculares, alteraciones psicológicas o incluso traumatismo craneoencefálico leve². La duración media del proceso de recuperación se sitúa en torno a los 101 días, aunque hasta el 23% de los casos puede prolongarse más allá del año³.
Evaluación clínica:
La valoración inicial debe comenzar con una historia clínica completa, que incluya información sobre edad, sexo, nivel educativo, características del accidente y antecedentes previos de dolor cervical. También se debe documentar la intensidad del dolor, rigidez, debilidad, síntomas neurológicos y expectativas del paciente sobre su recuperación.
La exploración física debe incluir observación de la postura, palpación de puntos dolorosos, evaluación del rango de movimiento cervical (flexión, extensión, rotaciones e inclinaciones), examen neurológico básico y valoración de comorbilidades. El estado psicológico también debe ser considerado, ya que puede influir significativamente en la evolución clínica.
La Canadian C-Spine Rule (CSR) es una herramienta clave para decidir cuándo solicitar radiografías cervicales, permitiendo reducir pruebas innecesarias sin comprometer la seguridad del paciente⁴. Para la clasificación de los WADs se utiliza el sistema de Quebec, que va del grado 0 (sin síntomas) al grado IV (lesiones óseas o fracturas). Instrumentos como la Escala Visual Analógica (EVA) y el Neck Disability Index (NDI) permiten cuantificar la intensidad del dolor y el nivel de discapacidad funcional.
Estas medidas deben reevaluarse en distintos momentos (7 días, 3 semanas, 6 y 12 semanas) para valorar la evolución y ajustar el plan terapéutico según los cambios observados5.
Pronóstico:
Existen múltiples factores que influyen en la evolución de los WADs. Un nivel inicial elevado de dolor (>5/10 en EVA) o de discapacidad (>15/50 en NDI) se asocian a un peor pronóstico. Del mismo modo, una baja movilidad cervical, la hiperalgesia al frío y la presencia de síntomas postraumáticos intensos predicen un mayor riesgo de cronificación6.
Por otro lado, algunos factores como el dolor en el hombro, la posición en el vehículo, el uso de cinturón o el nivel educativo no se correlacionan de forma consistente con el pronóstico. En pacientes con expectativas de recuperación negativas o síntomas psicológicos significativos, una evaluación especializada puede ser necesaria para implementar estrategias de intervención adecuadas5.
Tratamiento:
El enfoque terapéutico actual para los WADs enfatiza la importancia de mantener al paciente activo y funcional desde las fases iniciales. Se debe tranquilizar al paciente, explicar la naturaleza benigna del proceso en la mayoría de los casos y desaconsejar el reposo prolongado. Asimismo, informar de que la recuperación depende en gran medida del retorno a las actividades habituales, ayuda a mejorar la adherencia al tratamiento y reduce la ansiedad7.
Los ejercicios terapéuticos constituyen la base del tratamiento: ejercicios activos de movilidad cervical, contracciones isométricas de baja carga, y progresivamente ejercicios de resistencia y fuerza según la tolerancia del paciente. El objetivo es restaurar la función, prevenir la atrofia y mejorar el control motor.
En algunos casos, puede considerarse la inclusión de terapia manual, manipulaciones suaves como complementos. Aunque su evidencia es limitada, pueden ser útiles para aliviar síntomas transitorios8.
En cuanto al tratamiento farmacológico, los analgésicos simples como el paracetamol son la primera línea. Si no se obtiene mejoría, pueden utilizarse AINES. Los opioides deben reservarse para cuadros refractarios con dolor severo y durante un tiempo limitado. No se recomienda el uso de relajantes musculares, anticonvulsivos, antidepresivos, toxina botulínica A ni inyecciones de esteroides debido a su escasa eficacia y riesgos asociados9.
Está contraindicado el uso sistemático de collarines cervicales, especialmente en los grados I y II de WAD, ya que promueven el desuso y pueden perpetuar el dolor. La restricción voluntaria de la actividad también se asocia con peores resultados funcionales y mayor riesgo de cronificación5.
No existe evidencia sólida que respalde el uso de modalidades físicas como tracción, TENS, ultrasonido, láser, diatermia o crioterapia. Estas intervenciones pueden considerarse solo como parte de un programa estructurado multimodal, siempre y cuando no sustituyan las medidas activas5.
La cirugía se reserva exclusivamente para los casos con radiculopatía confirmada, que no responden al tratamiento conservador o presentan deterioro neurológico progresivo. En estos pacientes, la decisión quirúrgica debe ser cuidadosamente valorada por un equipo multidisciplinar5.
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