AUTORES
- Vanessa Pérez Gamazo. Enfermera. Centro de Salud de Jaca, Hecho y Berdún (Huesca). España.
- Pablo Aguilar Baines. Enfermero. Centro de Salud de Sabiñánigo (Huesca). España. España.
- Alicia Mas Álvarez. Enfermera. Centro de Salud de Jaca, Hecho y Berdún (Huesca). España.
- Marta Mimbrera Jericó. Enfermera. Centro de Salud de Jaca, Hecho y Berdún (Huesca). España.
- Susana Teresa Lacasa Viscasillas. Enfermera. Centro de Salud de Sabiñánigo (Huesca). España.
- Sonsoles María Iglesias Constante. Matrona. Hospital de Jaca (Huesca). España.
RESUMEN
El herpes zóster es una infección causada por la reactivación del virus varicela-zóster, latente en los ganglios sensoriales tras una infección primaria. Su incidencia se incrementa significativamente con la edad y en personas con inmunosupresión, representando un problema relevante de salud pública. Entre sus complicaciones más frecuentes y discapacitantes se encuentra la neuralgia posherpética (NPH), caracterizada por dolor neuropático crónico que puede persistir durante meses o incluso años, afectando de forma notable la calidad de vida del paciente.
La vacunación ha demostrado ser una estrategia preventiva eficaz para reducir tanto la incidencia de herpes zóster como de sus complicaciones. La introducción de la vacuna recombinante adyuvada (Shingrix®) ha supuesto un avance notable, con una eficacia superior al 90% en adultos mayores, manteniéndose incluso en personas con inmunocompromiso. Esta eficacia, junto a un perfil de seguridad aceptable, ha impulsado su recomendación por parte de organismos internacionales y programas de salud pública.
El presente estudio revisa la evidencia científica más reciente sobre las vacunas disponibles frente al herpes zóster, analizando su eficacia clínica, seguridad, coste-efectividad e indicaciones específicas. Se abordan también las principales barreras para su implementación, como la baja cobertura vacunal, el desconocimiento de la población y la falta de financiación pública en algunos contextos. La revisión incluye 22 estudios publicados entre 2012 y 2024 en bases de datos científicas internacionales.
Finalmente, se proponen estrategias dirigidas a mejorar la aceptación de esta medida preventiva, con énfasis en la educación sanitaria, la implicación de los profesionales de atención primaria y la inclusión en calendarios vacunales del adulto.
PALABRAS CLAVE
Herpes zóster, vacuna, neuralgia posherpética, adultos mayores, inmunización.
ABSTRACT
Herpes zoster is an infection caused by the reactivation of the varicella-zoster virus, which remains latent in sensory ganglia after primary infection. Its incidence increases significantly with age and among immunocompromised individuals, representing a major public health concern. One of its most common and disabling complications is postherpetic neuralgia (PHN), characterized by chronic neuropathic pain that can last for months or even years, severely affecting patients’ quality of life.
Vaccination has proven to be an effective preventive strategy to reduce both the incidence of herpes zoster and its associated complications. The introduction of the adjuvanted recombinant vaccine (Shingrix®) has marked a significant advancement, demonstrating over 90% efficacy in older adults, including those with immunosuppression. This high efficacy, along with a favorable safety profile, has led to its recommendation by international health agencies and inclusion in adult immunization programs.
This study reviews the most recent scientific evidence regarding available vaccines against herpes zoster, focusing on their clinical efficacy, safety, cost-effectiveness, and specific clinical indications. The review also addresses the main barriers to implementation, such as low vaccination coverage, lack of public awareness, and limited public funding in certain health systems. A total of 22 studies published between 2012 and 2024 were included, sourced from major international databases.
Finally, the study proposes strategies to improve acceptance of this preventive measure, emphasizing the importance of health education, the role of primary care professionals, and the need for integration into adult immunization schedules to reduce the burden of herpes zoster in aging populations.
KEY WORDS
Herpes zoster, vaccine, postherpetic neuralgia, older adults, immunization.
DESARROLLO DEL TEMA
CARACTERÍSTICAS DE LAS VACUNAS FRENTE AL HERPES ZÓSTER:
Actualmente, existen dos tipos principales de vacunas desarrolladas para prevenir el herpes zóster: una de virus vivos atenuados y otra recombinante adyuvada. Ambas han mostrado beneficios en la reducción de la incidencia de la enfermedad y de sus complicaciones, aunque presentan importantes diferencias en cuanto a su composición, eficacia, perfil de seguridad e indicaciones clínicas.
Shingrix® (vacuna recombinante adyuvada)
Shingrix® es la vacuna de elección en la actualidad, recomendada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y múltiples agencias nacionales para la inmunización frente al herpes zóster en adultos mayores y personas con inmunosupresión1.
- Está compuesta por glicoproteína E del virus varicela-zóster (VZV), una proteína esencial para la replicación viral, combinada con el adyuvante AS01B, que potencia la respuesta inmune celular y humoral2.
- Ha demostrado una eficacia superior al 90% en personas mayores de 50 años, manteniéndose elevada incluso en pacientes de más de 70 años3.
- A diferencia de las vacunas de virus vivos, puede administrarse en personas inmunocomprometidas, incluyendo pacientes con VIH, cáncer, enfermedades autoinmunes o trasplante de órganos4.
- La duración de la protección es prolongada, con evidencia de eficacia sostenida durante al menos 7 a 8 años tras la administración de las dos dosis recomendadas, separadas entre 2 y 6 meses5.
Zostavax® (vacuna de virus vivos atenuados):
Zostavax® fue la primera vacuna autorizada para la prevención del herpes zóster, basada en el uso de virus varicela-zóster vivos atenuados. No obstante, presenta limitaciones importantes que han llevado a su progresiva sustitución6:
- Su eficacia es inferior, con una protección del 38% al 70% según la edad y el estado inmunitario del paciente, siendo menos efectiva en mayores de 70 años7.
- Está contraindicada en personas inmunodeprimidas, debido al riesgo de replicación viral y complicaciones asociadas8.
- Actualmente, ha sido retirada progresivamente en muchos países, al quedar superada por Shingrix® en términos de eficacia, duración de la protección y seguridad9.
En conclusión, la disponibilidad de una vacuna recombinante altamente eficaz como Shingrix® ha supuesto un avance significativo en la prevención del herpes zóster, especialmente en poblaciones de riesgo. Su perfil inmunológico, su aplicabilidad en pacientes inmunocomprometidos y su protección a largo plazo la posicionan como la herramienta preferente en los programas de vacunación del adulto.
EFICACIA Y REDUCCIÓN DE COMPLICACIONES:
Las vacunas frente al herpes zóster, en especial la vacuna recombinante adyuvada Shingrix®, han demostrado una alta eficacia no solo en la prevención de la enfermedad, sino también en la reducción de sus principales complicaciones, como la neuralgia posherpética (NPH), y en la disminución de la carga asistencial asociada. Su impacto clínico ha sido validado a través de múltiples ensayos clínicos y estudios en vida real.
Prevención del herpes zóster
Shingrix® ha demostrado una eficacia superior al 90% en la prevención del herpes zóster en adultos mayores de 50 años, incluyendo aquellos de edad avanzada10:
- En personas mayores de 70 años, la eficacia se mantiene elevada, con una reducción de la incidencia cercana al 85% incluso una década después de la vacunación2.
- Esta protección sostenida es especialmente relevante en una población con mayor riesgo de desarrollar formas graves de la enfermedad y complicaciones derivadas.
Reducción de la neuralgia posherpética (NPH):
La NPH es la complicación más frecuente e invalidante del herpes zóster, caracterizada por dolor crónico neuropático que puede durar meses o años. La vacunación con Shingrix®:
- Disminuye el riesgo de desarrollar NPH en más del 80% de los casos, incluso si se produce la enfermedad tras la vacunación11.
- Además, en los casos en que ocurre el herpes zóster, la intensidad del dolor y su duración son significativamente menores, lo que mejora la calidad de vida del paciente y reduce la necesidad de tratamientos analgésicos prolongados12.
Impacto clínico y reducción de hospitalizaciones:
Los beneficios de la vacunación no se limitan al individuo vacunado, sino que tienen un impacto directo en la reducción de complicaciones graves y hospitalizaciones, especialmente en personas mayores de 65 años y en pacientes con comorbilidades como diabetes, enfermedad cardiovascular o inmunosupresión13:
- Se ha documentado una disminución significativa de ingresos hospitalarios relacionados con herpes zóster y sus complicaciones en los sistemas sanitarios donde la vacunación con Shingrix® ha sido implementada.
- Esta reducción de eventos graves se traduce en menores costes sanitarios, menor consumo de recursos hospitalarios y una mejora global en la atención a la población envejecida14.
En conjunto, la alta eficacia de Shingrix® en la prevención del herpes zóster y sus complicaciones convierte a la vacunación en una estrategia clave de salud pública, con beneficios tanto clínicos como económicos, especialmente en contextos de envejecimiento poblacional y multimorbilidad.
SEGURIDAD Y TOLERACIA:
La evaluación de la seguridad y tolerancia es un aspecto fundamental en la introducción de cualquier vacuna en programas de salud pública, especialmente cuando va dirigida a poblaciones vulnerables como adultos mayores o personas inmunocomprometidas. En el caso de las vacunas frente al herpes zóster, la evidencia acumulada demuestra que tanto Shingrix® como Zostavax® presentan perfiles de seguridad aceptables, aunque con diferencias importantes que condicionan sus indicaciones y aplicabilidad.
Shingrix® (vacuna recombinante adyuvada).
La vacuna Shingrix® ha sido ampliamente estudiada en ensayos clínicos controlados y en estudios de seguimiento poscomercialización, mostrando un perfil de seguridad favorable, incluso en poblaciones con inmunosupresión.
- Las reacciones adversas locales son frecuentes, especialmente dolor, enrojecimiento e hinchazón en el sitio de inyección. Estas reacciones son leves a moderadas, de inicio rápido y resolución espontánea en 1 a 3 días15.
- Las reacciones sistémicas incluyen fiebre, fatiga, cefalea y mialgias, con una incidencia moderada y carácter transitorio. En general, no requieren intervención médica16.
- Lo más relevante es que su administración en pacientes inmunodeprimidos ha demostrado ser segura, sin aumento de eventos adversos graves ni riesgo de reactivación viral, lo que la convierte en la vacuna de elección en este grupo de riesgo17.
Zostavax® (vacuna de virus vivos atenuados):
Zostavax® presenta un menor índice de reacciones locales y sistémicas, debido a su formulación con virus vivos atenuados sin adyuvantes. Sin embargo, su uso está limitado por motivos de seguridad, especialmente en personas inmunocomprometidas8:
- Al tratarse de una vacuna con virus vivos, existe un riesgo teórico y clínico de diseminación viral en pacientes con inmunodeficiencia, lo que ha llevado a contraindicar su uso en este grupo.
- En la población inmunocompetente, los efectos adversos son poco frecuentes y generalmente leves, aunque su eficacia inferior frente a Shingrix® ha reducido significativamente su uso en la práctica clínica18.
En resumen, tanto los datos clínicos como la experiencia acumulada tras años de uso avalan que Shingrix® presenta un perfil de seguridad favorable, incluso en pacientes de alto riesgo, y que sus reacciones adversas, aunque frecuentes, son transitorias, leves y autolimitadas. Esta tolerabilidad, unida a su alta eficacia, sustenta su incorporación como vacuna preferente en programas de inmunización frente al herpes zóster.
INDICACIONES CLÍNICAS Y POBLACIONES PRIORITARIAS:
La vacunación frente al herpes zóster con la vacuna recombinante adyuvada Shingrix® se ha convertido en una intervención preventiva altamente recomendada en diversos grupos poblacionales, especialmente aquellos con mayor riesgo de reactivación del virus varicela-zóster (VZV) y de desarrollar complicaciones severas como la neuralgia posherpética (NPH). Las guías clínicas nacionales e internacionales han definido con claridad las indicaciones clínicas y poblaciones prioritarias que deben beneficiarse de esta estrategia.
Mayores de 65 años
Las personas de 65 años o más representan el principal grupo objetivo para la vacunación frente al herpes zóster:
- Con la edad, se produce un fenómeno de inmunosenescencia, es decir, un declive progresivo de la respuesta inmune celular, que favorece la reactivación del VZV.
- Este grupo presenta la mayor incidencia de herpes zóster y NPH, siendo también más susceptibles a hospitalizaciones y pérdida de funcionalidad asociadas6.
- La vacunación en esta franja de edad ha demostrado una reducción significativa de la enfermedad y sus complicaciones, con una buena relación coste-efectividad13.
Personas de 50 a 64 años con comorbilidades:
Se recomienda también la vacunación en personas de 50 a 64 años que presentan enfermedades crónicas que afectan a la función inmunitaria o aumentan la susceptibilidad a infecciones:
- Entre las comorbilidades más relevantes se encuentran: diabetes mellitus, EPOC, insuficiencia renal crónica, enfermedades cardiovasculares, hepatopatías crónicas, y otras condiciones que deterioran la inmunidad9.
- Estas personas pueden presentar formas más graves o prolongadas de herpes zóster, por lo que la prevención mediante vacunación es especialmente beneficiosa19.
Personas inmunodeprimidas:
Uno de los grandes avances de Shingrix® es su indicación en personas con inmunosupresión moderada o grave, ya que no contiene virus vivos:
- Está indicada en pacientes trasplantados, tanto de órganos sólidos como de progenitores hematopoyéticos.
- También en personas en tratamiento inmunosupresor (quimioterapia, biológicos, corticoides a largo plazo).
- Y en pacientes con VIH, enfermedades autoinmunes, inmunodeficiencias primarias o secundarias20.
- En todos estos grupos, la vacuna ha demostrado una respuesta inmunitaria adecuada y un perfil de seguridad favorable, sin riesgo de reactivación viral.
Profesionales sanitarios que atienden a personas vulnerables:
Aunque el riesgo personal de desarrollar herpes zóster en profesionales sanitarios no es mayor que en la población general, existe una indicación estratégica en quienes atienden a personas inmunodeprimidas o vulnerables:
- La vacunación de estos profesionales puede ayudar a reducir el riesgo de transmisión nosocomial y proteger a pacientes susceptibles en entornos hospitalarios o sociosanitarios.
- Se considera una medida preventiva complementaria, especialmente en unidades de oncología, geriatría, cuidados paliativos, trasplantes o VIH21.
En conclusión, la vacunación frente al herpes zóster debe priorizarse en adultos mayores, personas con comorbilidades o inmunosupresión y determinados profesionales sanitarios, como parte de una estrategia de prevención integral que reduzca la carga clínica, funcional y económica de esta enfermedad en la población.
COSTE-EFECTIVIDAD:
El análisis de coste-efectividad es un componente esencial en la evaluación de cualquier intervención preventiva, especialmente en el contexto de los programas de vacunación. Aunque la vacuna recombinante adyuvada Shingrix®presenta un coste elevado en comparación con otras vacunas —con un precio aproximado superior a 150 € por dosis, requiriéndose dos dosis por pauta completa—, diversos estudios han demostrado que su utilización es coste-efectiva en poblaciones seleccionadas, cuando se considera el impacto global en salud y en gasto sanitario.
Poblaciones en las que es coste-efectiva:
-Mayores de 65 años:
En este grupo etario, la incidencia del herpes zóster y de sus complicaciones, como la neuralgia posherpética, es notablemente elevada. La vacunación con Shingrix® reduce de forma significativa la aparición de casos, evitando consultas médicas, tratamientos prolongados y hospitalizaciones, lo cual justifica la inversión inicial. Los modelos farmacoeconómicos concluyen que la vacunación en esta cohorte genera ganancia de años de vida ajustados por calidad (AVAC/QALY) a un coste aceptable para los sistemas de salud22.
-Pacientes con enfermedades crónicas o inmunodeprimidos:
En personas con diabetes, EPOC, enfermedad renal crónica, VIH o en tratamiento inmunosupresor, el riesgo de desarrollar herpes zóster es mayor, así como el de complicaciones. En estos grupos, la vacunación previene ingresos hospitalarios, tratamientos complejos y reconsultas, lo que mejora su perfil coste-efectividad aún con un coste de adquisición elevado22.
Beneficios clínicos y económicos:
- Reducción del uso de recursos sanitarios: La vacunación disminuye la necesidad de consultas médicas, prescripción de analgésicos, interconsultas con unidades del dolor y hospitalizaciones por cuadros graves.
- Ahorros indirectos: La disminución del dolor crónico y de la discapacidad asociada se traduce en mejora de la calidad de vida, menor pérdida de productividad y menor carga para los cuidadores, especialmente en personas mayores o dependientes.
- Evita gastos futuros asociados al tratamiento de la neuralgia posherpética, que suele requerir múltiples fármacos y seguimiento prolongado, con bajo impacto terapéutico en muchos casos22.
Impacto en equidad y acceso:
La incorporación de Shingrix® en programas públicos de vacunación mejora la equidad en salud, al permitir que personas con menor capacidad adquisitiva también puedan beneficiarse de su protección:
- Su financiación pública o cofinanciación garantiza el acceso universal, especialmente en los grupos de mayor vulnerabilidad.
- Esto no solo mejora el control de la enfermedad, sino que también reduce las desigualdades sanitarias, cumpliendo con los principios de justicia y eficiencia en salud pública22.
En conclusión, a pesar de su coste elevado, la vacuna Shingrix® ha demostrado ser coste-efectiva en adultos mayores, pacientes con comorbilidades e inmunodeprimidos, generando beneficios clínicos significativos y reducciones comprobadas en el uso de recursos sanitarios. Su inclusión en calendarios vacunales del adulto representa una inversión sanitaria estratégica, con impacto positivo a nivel individual, familiar y sistémico.
BARRERAS PARA LA IMPLEMENTACIÓN:
A pesar de la elevada eficacia y el perfil de seguridad favorable de la vacuna recombinante adyuvada Shingrix®, su implementación generalizada en los sistemas de salud presenta múltiples barreras que dificultan el acceso equitativo y limitan su impacto en la prevención del herpes zóster y sus complicaciones. Estas barreras pueden clasificarse en económicas, profesionales, poblacionales y geográficas, y requieren un abordaje multidimensional para su superación.
Barreras económicas:
- La principal limitación es la falta de financiación pública en muchos países, lo que obliga a los pacientes a asumir el coste total de la vacuna, que supera los 300 € para completar la pauta (dos dosis).
- Este coste elevado restringe el acceso especialmente en poblaciones vulnerables, como adultos mayores con pensiones bajas o personas con enfermedades crónicas que ya enfrentan gastos sanitarios elevados.
- La ausencia de cofinanciación o subvenciones frena la equidad en salud y perpetúa desigualdades en prevención22.
Barreras profesionales:
- Muchos profesionales de atención primaria desconocen las recomendaciones actualizadas de vacunación frente al herpes zóster o no las consideran prioritarias en la consulta, especialmente en pacientes sin síntomas.
- La falta de formación específica y de protocolos claros en algunos entornos asistenciales provoca una baja prescripción, incluso en pacientes que cumplirían criterios clínicos para su administración22.
Barreras poblacionales:
- Existe una percepción generalizada de que el herpes zóster no es una enfermedad grave, lo que reduce la motivación para vacunarse, especialmente si el paciente debe asumir el coste.
- La escasa demanda espontánea de la vacuna se ve agravada por el desconocimiento de sus complicaciones (como la neuralgia posherpética) y del beneficio preventivo demostrado.
- La vacunación en edad adulta aún no está interiorizada culturalmente, a diferencia de la infancia, lo que limita su aceptación22.
Barreras geográficas:
- En zonas rurales o de difícil acceso, la disponibilidad física de la vacuna puede ser limitada, especialmente si no forma parte del calendario vacunal oficial ni está distribuida regularmente en centros de salud locales.
- La falta de campañas institucionales activas dirigidas a promover la vacunación del adulto mayor o inmunodeprimido reduce la visibilidad del problema y limita la demanda informada22.
En conjunto, estas barreras explican la baja cobertura vacunal frente al herpes zóster, incluso en países con sistemas de salud avanzados. Su superación requiere estrategias integradas que combinen financiación pública, formación profesional, campañas educativas poblacionales y garantía de acceso geográfico, con el objetivo de lograr una implementación eficaz y equitativa de esta medida preventiva.
COBERTURA VACUNAL Y ADHERENCIA:
La cobertura vacunal y la adherencia a la pauta completa son indicadores clave para evaluar la efectividad de una estrategia de inmunización en la práctica real. En el caso de la vacuna frente al herpes zóster, especialmente con Shingrix®, ambos parámetros varían notablemente según la existencia o no de programas públicos de vacunación, la accesibilidad del sistema y la organización del seguimiento.
En países con programas públicos de vacunación:
- En aquellos países que han incorporado la vacuna recombinante adyuvada al calendario vacunal del adulto o cuentan con programas de financiación parcial o total, se han alcanzado coberturas superiores al 40% en adultos mayores de 60 años, con picos aún más altos en grupos institucionalizados o de riesgo.
- La existencia de sistemas de seguimiento estructurados, como recordatorios automáticos o agendas electrónicas integradas en la historia clínica, ha demostrado ser eficaz para garantizar la adherencia a la segunda dosis, superando el 80% en muchos contextos22.
En países sin financiación pública:
- En ausencia de financiación, la cobertura vacunal se reduce drásticamente, situándose entre el 5% y el 25%, dependiendo del nivel de información, capacidad adquisitiva y accesibilidad local.
- Además, cuando no existen sistemas de seguimiento activo, la adherencia a la segunda dosis puede caer hasta un 60%, lo que compromete la eficacia inmunológica del esquema completo.
Estrategias recomendadas para mejorar cobertura y adherencia:
Para aumentar tanto la cobertura como la adherencia a la pauta completa de vacunación frente al herpes zóster, se recomiendan las siguientes estrategias:
- Sistemas de citación electrónica automatizada: envío de recordatorios por SMS, email o aplicaciones móviles para la segunda dosis.
- Información clara y accesible: material educativo adaptado a la población adulta, centrado en los beneficios de la vacunación, el riesgo real del herpes zóster y sus complicaciones.
- Vacunación integrada en visitas rutinarias: ofrecer la vacuna de forma proactiva durante consultas de medicina de familia, enfermería, revisiones de crónicos o campañas de vacunación antigripal22.
En resumen, la mejora de la cobertura y la adherencia requiere una combinación de accesibilidad económica, organización del sistema sanitario y educación sanitaria efectiva. Integrar la vacunación frente al herpes zóster en la atención primaria rutinaria y automatizar el seguimiento son claves para lograr un impacto real en la salud pública.
CONCLUSIONES
La vacuna recombinante adyuvada Shingrix® constituye en la actualidad la herramienta preventiva más eficaz frente al herpes zóster y sus complicaciones, destacando especialmente por su elevada eficacia (>90%), su durabilidad en el tiempo y su aplicabilidad en personas inmunodeprimidas, a diferencia de vacunas anteriores como Zostavax®. Su perfil de seguridad y tolerancia es favorable, incluso en poblaciones vulnerables, y la evidencia científica respalda su uso sistemático como intervención prioritaria en salud pública.
La vacunación con Shingrix® no solo reduce de forma significativa la incidencia de la enfermedad, sino también la aparición de complicaciones graves como la neuralgia posherpética, que representa una causa frecuente de dolor crónico y deterioro funcional en adultos mayores. Asimismo, contribuye a la disminución de hospitalizaciones, consultas médicas y uso de tratamientos analgésicos complejos, mejorando de forma directa la calidad de vida de los pacientes y generando beneficios económicos para los sistemas sanitarios.
No obstante, la implementación generalizada de esta vacuna enfrenta importantes desafíos. Las barreras económicas (como la falta de financiación pública), formativas (desconocimiento profesional y social) y logísticas (falta de acceso en zonas rurales o ausencia de seguimiento) limitan su cobertura y adherencia. Por ello, resulta imprescindible incorporar la vacunación frente al herpes zóster a los calendarios oficiales del adulto, acompañada de estrategias de educación sanitaria y formación profesional, sistemas de recordatorio electrónico y acciones que garanticen la equidad en el acceso.
En conclusión, la vacuna Shingrix® representa una medida efectiva, segura y coste-efectiva que debe ser incorporada de manera prioritaria en las políticas de prevención del adulto para reducir la carga de enfermedad, evitar complicaciones evitables y promover un envejecimiento saludable y digno.
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