AUTORES
- Ignacio Tobajas Diez. Fisioterapeuta del Servicio de Salud de Aragón.
- Alicia Fernández Sevilla. Fisioterapeuta de Spania Fisioterapia.
- Isabel Galiana Cameo. Fisioterapeuta Hospital Docteur Delafontaine.
- Inés Langarita de Gregorio. Enfermera del Servicio de Salud de Aragón.
- María Morro Goñi. Enfermera del Servicio de Salud de Aragón.
- Clara Ramón Peinado. Enfermera del Servicio de Salud de Aragón.
RESUMEN
El músculo piramidal se origina en el sacro y se inserta en el trocánter mayor del fémur, actuando como rotador externo de la cadera y estabilizador durante la marcha. El síndrome piramidal es una neuropatía por atrapamiento del nervio ciático. Afecta principalmente a adultos jóvenes, especialmente mujeres, causando dolor glúteo unilateral que puede irradiarse hacia la pierna y empeorar con la sedestación prolongada y ciertas actividades físicas. El diagnóstico se basa en la historia clínica y la exploración física, apoyado por pruebas como electromiografía y resonancia magnética. El tratamiento incluye distintas técnicas fisioterapéuticas, antiinflamatorios, inyecciones locales y cirugía en casos severos.
PALABRAS CLAVE
Síndrome del músculo piramidal, diagnóstico diferencial, examen físico.
ABSTRACT
The piriformis muscle originates from the sacrum and inserts into the greater trochanter of the femur, acting as an external rotator of the hip and stabilizer during walking. Piriformis syndrome is a neuropathy caused by compression of the sciatic nerve. It primarily affects young adults, especially women, causing unilateral buttock pain that may radiate down the leg and worsen with prolonged sitting and certain physical activities. Diagnosis is based on clinical history and physical examination, supported by tests such as electromyography and magnetic resonance imaging. Treatment includes various physiotherapeutic techniques, anti-inflammatory medications, local injections, and surgery in severe cases.
KEY WORDS
Piriformis muscle syndrome, diagnosis, physical examination.
DESARROLLO DEL TEMA
RECUERDO ANATÓMICO:
El músculo piriforme o piramidal tiene su origen en la superficie anterior del hueso sacro entre el 1º y el 4º agujeros sacros, en el ligamento sacrotuberoso y en el margen superior del agujero ciático mayor. Sale de la pelvis por la escotadura ciática y se dirige caudal y lateralmente por la zona glútea para insertarse mediante un tendón largo en el borde superior del trocánter mayor, en la región posterior de la cadera1,2.
Se encuentra en contacto con el ligamento anterior de la articulación sacroilíaca y la raíz del primero, segundo y tercer nervio sacro. Su borde superior limita con el glúteo menor y el inferior, que está estrechamente relacionado con el tronco del nervio ciático3, con el gémino superior.
Se encuentra inervado por una rama del nervio ciático mayor (ramas ventrales de S1y S2) y recibe vascularización de las arterias glúteas inferiores, glúteas superiores y pudendas internas.
El músculo piramidal es el principal rotador externo cuando la cadera está en posición neutra o en extensión y puede actuar como abductor cuando la cadera se encuentra en flexión. Además, proporciona estabilidad durante la marcha y la bipedestación3,4.
Existen variaciones anatómicas en esta zona en un importante porcentaje de la población. En un 80% de los casos se encuentra un nervio único pasando entre el piramidal y el reborde del agujero ciático mayor, en íntimo contacto con el músculo piramidal; sin embargo, existen variaciones (20%) que pueden comprometer la integridad del nervio. El ciático puede también presentarse como dos troncos separados a nivel del piramidal (tibial y peroneo) y pasar uno de ellos a través del vientre muscular, o bien, un tronco por delante y el otro por detrás. Como tercera posibilidad, el ciático, como tronco único, puede salir entre los vientres del músculo3.
El síndrome piramidal se define como una neuropatía por atrapamiento del nervio ciático causada por la compresión o irritación del mismo por el músculo piramidal a su paso por la escotadura isquiática5,6.
Los primeros estudios que abordaron este síndrome datan de 1928 a cargo de Yeoman, quien buscó correlacionar la patología sacroilíaca con la aparición de ciatalgia. Desde entonces y en años venideros, tanto su diagnóstico como su tratamiento, han sido motivo de controversia, dudándose incluso en ocasiones de su existencia7.
En la actualidad, debido a esta controversia, se tiende a englobar esta entidad dentro del síndrome subglúteo o síndrome glúteo profundo8.
EPIDEMIOLOGÍA:
Esta afección aparece de forma general en el rango de edad comprendido entre los 18 y los 55 años, aunque con mayor frecuencia entre la cuarta y quinta década, siendo mucho más frecuente en el sexo femenino, con una proporción que en función del estudio al que atendamos puede variar de 6:1 o 3:1 casos9, probablemente debido a las diferentes condiciones anatómicas de la pelvis de la mujer10.
La ausencia de acuerdo respecto a un diagnóstico fiable de este síndrome sesga el análisis de su epidemiología, encontrándo en la literatura datos muy dispares.
La prevalencia de patología ciática en la población general se estima entre el 12% y el 27%. Varios estudios calculan que el síndrome piramidal puede representar entre el 5% y el 8% de todos los casos de ciática11 mientras que otros aseguran que puede situarse entre el 0.5 y el 1%.
ETIOLOGÍA:
La causa más común es la sobrecarga muscular debido a deportes que exigen cambios de dirección o manejo de cargas. Esta sobrecarga suele asociarse a inflamación o edema, con la consecuente hipertrofia del músculo y compresión secundaria del nervio ciático, motivo de la sintomatología dolorosa12.
Sin embargo, esta afección no se limita al ámbito deportivo; de igual forma personas con obesidad, vida sedentaria o cuya situación laboral les exige mantenerse por largo tiempo en posición sedente son susceptibles a la aparición del síndrome piramidal4,9.
Los traumatismos directos sobre la zona glútea13 o determinadas condiciones biomecánicas como una hiperpronación del pie, hiperlordosis, alteraciones de la marcha o vicios posturales con excesiva rotación externa de cadera pueden propiciar la aparición de este síndrome14.
SINTOMATOLOGÍA / CLÍNICA:
La clínica del síndrome piramidal puede ser muy inespecífica. Comúnmente se caracteriza por un dolor profundo y unilateral en la región glútea que puede extenderse por el miembro inferior siguiendo el trayecto del nervio ciático y hacia la zona lumbar baja.
El dolor es de naturaleza intermitente, no se produce de manera continua, sino que se pone de manifiesto con diferentes maniobras, como son la sedestación prolongada, subir y bajar escaleras, saltar, correr, etc15.
En casos más graves pueden aparecer alteraciones sensitivas, motoras y tróficas en la región glútea como consecuencia de la compresión mantenida del nervio ciático a su paso por el músculo piramidal.
EXPLORACIÓN:
Al realizar la exploración física para diagnosticar el síndrome del piramidal, es importante tener en cuenta que no existe una prueba patognomónica. Para precisar el examen clínico, se sugieren varias maniobras que nos ayudan a identificar el origen muscular de los dolores.
Por ejemplo, al evaluar al paciente de pie, podemos realizar pruebas de flexión anterior del tronco en diferentes posiciones para observar cómo reacciona el dolor15. En decúbito supino, podemos llevar a cabo diversas maniobras, como la rotación interna pasiva de los miembros inferiores o la elevación de la pierna extendida en distintas posiciones de rotación.
En cuanto a los signos clínicos útiles para el diagnóstico, destacan la maniobra de Freiberg, Pace y Beatty16, que nos permiten evaluar la respuesta del paciente ante ciertos movimientos. Además, existen otros criterios diagnósticos importantes, como la reproducción del dolor al presionar el músculo piramidal o al realizar un tacto rectal específico. Es fundamental recordar que algunos signos clásicos pueden resultar ambiguos en su interpretación y su resultado puede variar en diferentes exploraciones.
Por otro lado, la intolerancia a permanecer sentado durante mucho tiempo puede ser un indicador relevante para diferenciar este síndrome de otras condiciones clínicas.
DIAGNÓSTICO:
El síndrome del piramidal se caracteriza por la compresión del nervio ciático debido a la irritación o contracción del músculo piramidal. Esta condición clínica se manifiesta con dolor y molestias en la zona lumbar y las extremidades inferiores. A pesar de su baja prevalencia, el diagnóstico del síndrome del piramidal puede resultar difícil debido a la ausencia de pruebas específicas que lo confirmen de manera concluyente17.
El proceso diagnóstico se fundamenta en la anamnesis detallada del paciente, los síntomas referidos y la evaluación física realizada por un profesional de la salud. Para corroborar el diagnóstico, se recurre a pruebas complementarias como ecografías, resonancias magnéticas y electromiogramas, con el propósito de descartar otras posibles etiologías del dolor ciático y confirmar la implicación del músculo piramidal en la sintomatología presentada.
Es esencial establecer una diferenciación adecuada entre el síndrome del piramidal y otras entidades clínicas que puedan manifestarse con síntomas similares, tales como bursitis isquioglútea, bursitis trocantérica, síndrome de isquiotibiales, dolores sacroilíacos y radiculopatías. Cada una de estas condiciones posee características distintivas que permiten discernirlas del cuadro clínico asociado al síndrome del piramidal1.
Aunque, como comentamos, el diagnóstico se basa primordialmente en hallazgos clínicos, algunas investigaciones sugieren que pruebas como la electromiografía (EMG), tomografía axial computarizada (TAC) o resonancia magnética (RMN) pueden ser de utilidad para confirmar el diagnóstico mediante la identificación de alteraciones en el músculo piramidal o en el nervio ciático.
Un abordaje diferencial meticuloso será fundamental para descartar otras posibles causas de dolor ciático y considerar estudios complementarios que contribuyan a confirmar este intrincado diagnóstico.
TRATAMIENTO:
El tratamiento del síndrome piriforme abarca una variedad de enfoques terapéuticos diseñados para aliviar el dolor y restaurar la función muscular y articular afectada. Entre las opciones más efectivas se encuentra el estiramiento regular del músculo piriforme18, que ha demostrado ser eficaz no sólo para reducir la irritación del nervio ciático debido a espasmos musculares, sino también para mejorar la actividad funcional de la cadera.
La movilización neuronal se destaca como una intervención clave para el alivio sintomático19, reduciendo la compresión del nervio ciático. Este enfoque, combinado con el estiramiento muscular, proporciona resultados más rápidos y completos. La aplicación de calor antes del estiramiento ayuda a relajar aún más el músculo, facilitando el proceso de elongación y reduciendo la incomodidad durante la terapia.
La liberación de puntos gatillo a través de la liberación miofascial en la región glútea también se emplea para reducir los espasmos del piriforme y aliviar el dolor. Esta técnica, combinada con sesiones regulares de estiramiento, promueve una postura adecuada y conciencia del movimiento, previniendo la recurrencia de espasmos.
Para casos más severos o persistentes, se recurre a tratamientos conservadores como relajantes musculares, antiinflamatorios no esteroideos y analgésicos para reducir la tensión muscular y mejorar la función nerviosa. Las inyecciones de toxina botulínica20 directamente en el músculo piriforme ofrecen alivio temporal al relajar el músculo tenso y reducir la presión sobre el nervio ciático.
En situaciones donde el tratamiento conservador no es suficiente, se consideran opciones más invasivas como la infiltración local de lidocaína o incluso la cirugía21 para liberar la compresión del nervio ciático mediante la liberación del músculo piriforme en su inserción femoral.
La fisioterapia juega un papel crucial en todos estos enfoques terapéuticos, utilizando técnicas como la cinesiterapia para mejorar el rango de movimiento y la fuerza muscular, así como la mesoterapia para reducir la tensión muscular y mejorar la circulación. La electroterapia y la crioterapia también son herramientas valiosas en la recuperación, ofreciendo beneficios analgésicos y de relajación muscular.
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