AUTORES
- Víctor Pé De La Riva. Médico Residente de 4º año. Servicio de Urgencias. Hospital Ernest Lluch Martín. Carretera de Sagunto-Burgos Km 254, 50300, Calatayud (Zaragoza).
- Victoria Laguna Monterde. TCAE. Hospital Clínico Universitario «Lozano Blesa». Avda. San Juan Bosco, 15 50009 Zaragoza.
- Juan Andrés Passarino Iglesias. Médico Residente de 4º año. Servicio de Urgencias. Hospital Ernest Lluch Martín. Carretera de Sagunto-Burgos Km 254, 50300, Calatayud (Zaragoza).
- Laura Maria Agud Sanz. Enfermera. Servicio de Radiodiagnóstico. Hospital Clínico Universitario «Lozano Blesa». Avda. San Juan Bosco, 15 50009 Zaragoza.
- Jorge Sánchez Melús. Facultativo Especialista de Área. Servicio de Urgencias. Hospital Ernest Lluch Martín. Carretera de Sagunto-Burgos Km 254, 50300, Calatayud (Zaragoza).
RESUMEN
El mal de altura es una afección fisiológica que se manifiesta cuando el organismo no logra adaptarse adecuadamente a la disminución de la presión atmosférica y del oxígeno disponible en altitudes elevadas, generando una serie de síntomas que pueden variar en gravedad. Esta condición afecta a personas que ascienden a alturas significativas sin un periodo de aclimatación adecuado, y la manifestación clínica puede ir desde síntomas leves, como cefalea y malestar general, hasta complicaciones graves que comprometen la vida del paciente, como el edema agudo de pulmón y el edema cerebral de altura.
En el caso clínico presentado, un varón de 14 años que presentó sensación de opresión centrotorácica y dolor epigástrico tras subir a un pico montañoso de forma precipitada fue diagnosticado de esta patología. Fue valorado y estudiado en un servicio de urgencias hospitalarias comarcal sin hallar signos de alarma. No obstante, dada la potencial gravedad de esta entidad, resulta crucial la identificación temprana y un manejo adecuado para evitar complicaciones mayores. Este caso subraya la importancia de la vigilancia clínica en pacientes que, sin una exposición previa a grandes alturas, desarrollan síntomas agudos tras un ascenso rápido, destacando la necesidad de un diagnóstico precoz y un tratamiento dirigido a prevenir la progresión de las complicaciones.
PALABRAS CLAVE
Mal de altura, mal de montaña, altitud, aclimatación, dolor torácico, adolescente.
ABSTRACT
Altitude sickness is a physiological condition that occurs when the body fails to adapt adequately to the decrease in atmospheric pressure and available oxygen at high altitudes, generating a series of symptoms that can vary in severity. This condition affects people who ascend to significant heights without an adequate acclimatization period, and the clinical manifestation can range from mild symptoms, such as headache and general malaise, to serious complications that compromise the patient’s life, such as acute pulmonary edema and high-altitude cerebral edema.
In the clinical case presented, a 14-year-old male who presented a sensation of central thoracic oppression and epigastric pain after climbing a mountain peak in a hasty manner was diagnosed with this pathology. He was assessed and studied in a regional hospital emergency service without finding any warning signs. However, given the potential severity of this entity, early identification and adequate management are crucial to avoid major complications. This case highlights the importance of clinical monitoring in patients who, without previous exposure to high altitudes, develop acute symptoms after rapid ascent, highlighting the need for early diagnosis and treatment aimed at preventing the progression of complications.
KEY WORDS
Altitude sickness, mountain sickness, altitude, acclimatization, chest pain, adolescent.
INTRODUCCIÓN
El mal de altura, también conocido como mal de montaña o soroche, es un síndrome causado por la exposición a altitudes elevadas donde la presión atmosférica y la cantidad de oxígeno disponible disminuyen considerablemente1,2. Esta condición ha sido reconocida desde tiempos antiguos, con descripciones que se remontan a la época de los primeros exploradores de montañas y viajeros a regiones de gran altitud3. Sin embargo, fue en el siglo XIX cuando el mal de altura comenzó a ser estudiado sistemáticamente. Paul Bert, un fisiólogo francés, fue uno de los pioneros en la investigación sobre los efectos de la hipoxia (falta de oxígeno) en el cuerpo humano, estableciendo una base científica para entender esta patología3. Más adelante, en el siglo XX, se realizaron estudios más detallados, especialmente con el auge del montañismo y la exploración de alturas extremas como el Himalaya3.
El mal de altura se presenta de forma habitual en personas que ascienden rápidamente a altitudes superiores a los 2,500 metros (8,200 pies) sin permitir que su cuerpo se aclimate adecuadamente1-3. Los síntomas suelen aparecer entre 6 y 12 horas después de llegar a una altitud elevada y pueden incluir cefalea, náuseas, vómitos, fatiga, mareos y dificultad para dormir3. En su forma más leve, conocida como mal agudo de montaña (MAM), los síntomas son similares a los de una resaca y suelen resolverse con reposo y aclimatación. Sin embargo, si el ascenso continúa sin el debido proceso de adaptación, pueden desarrollarse formas más graves de la enfermedad, como el edema pulmonar de altura (EPA) y el edema cerebral de altura (ECA), ambos potencialmente mortales1-3.
PRESENTACIÓN DEL CASO CLÍNICO
Paciente varón de 14 años que acude acompañado de su madre por episodio de dolor torácico sobre las 20:00h. Según relata, estaba en lo alto de un pico montañoso cerca de su pueblo cuando ha comenzado a percibir sensación de opresión centrotorácica y dolor epigástrico, por lo que a los 10 minutos ha comenzado a realizar el descenso. Se ha dirigido a su centro de salud, donde ha sido valorado y se le ha realizado un ECG (el cual aporta) en el que se visualiza una supradesnivelación del segmento ST generalizada, más llamativa en cara inferior y derivaciones anteriores. Comenta que no suele exponerse a altitudes tan elevadas y que no está acostumbrado. Niega clínica catarral reciente, pero menciona sensación disneica sin tos, palpitaciones u otra sintomatología cardiorrespiratoria. Tampoco náuseas, vómitos, sudoración profusa u otros síntomas de vegetatismo. Sin fiebre ni otros síntomas de interés.
Constantes vitales: Tensión Arterial: 131/65, Frecuencia Cardiaca: 90 lat/min, Saturación de Oxígeno: 99%
Buen estado general. Alerta y colaborador. Activo y reactivo. Consciente, orientado, receptivo y perceptivo. Glasgow 15/15. Mucosas Normocoloreadas y normohidratadas. Eupneico en reposo. Afebril. Escala de Lake Louise4: 3 puntos (Leve). Auscultación cardíaca: Ruidos cardíacos rítmicos sin extratonos. No se auscultan soplos ni roce pericárdico. Auscultación pulmonar: Murmullo vesicular conservado sin ruidos patológicos sobreañadidos. Buena ventilación en todos los campos. Exploración abdominal: Abdomen blando, depresible, no doloroso a la palpación profunda en ninguno de los cuadrantes. Sin signos de irritación peritoneal. No se palpan masas ni visceromegalias; tampoco orificios herniarios. Peristaltismo conservado. Sucusión renal bilateral negativa. EEII: Sin signos de edema ni TVP. Pulsos pedios bilaterales conservados y simétricos.
ECG: Sinusal, rítmico a 80 lat/min. Ondas P normales. PR normal de 140 mseg. No se observan ondas Q patológicas. QRS estrecho de 100 mseg. QT normal de 360 mseg. Sin claras desnivelaciones patológicas del segmento ST; impresiona de elevación del punto J de 1-2 mm predominantemente en derivaciones inferiores y cara anterior. Ondas T normales; sin alteraciones agudas de la repolarización. No se objetivan imágenes de bloqueo ni de hipertrofia ventricular.
Bioquímica: Glucosa 88 mg/dL; Urea 21 mg/dL; Creatinina 0,82 mg/dL; Troponina T Ultrasensible 5,11 ng/L; Na 141 mmol/L; K 4,2 mmol/L; Cl 103 mmol/L; Proteína C Reactiva 0,6 mg/L. Gasometría venosa: pH 7,4; pO2 30 mmHg; pCO2 46 mmHg; CO3H 25,3 mmol/L; Lactato basal 0,9 mmol/L; Calcio iónico 4,94 mg/dL; Anión GAP 16,1 mmol/L. Hemograma: Hematíes 5,98 mill/mm3; Hb 17,5 g/dL; Hto. 50,7%; Leucocitos 8,52 mil/mm3; Neutrófilos 65,1%; Plaquetas 228 mil/mm3. Coagulación: Tiempo de Protrombina 11,5 seg; Actividad de Protrombina 99%; INR-TP 1,01; TTPa 34 seg; Fibrinógeno derivado 321 mg/dL.
Rx de TÓRAX, PA Y LAT: Sin alteraciones pleuroparenquimatosas agudas ni signos de consolidación pulmonar en el momento actual. ICT normal. Senos costofrénicos libres. Hilios normales. Tráquea no desplazada. Aorta normal. Ventana aortopulmonar permeable. Espacios retroesternal y retrocardíaco libres.
Ecocardioscopia: No se visualiza líquido libre sugestivo de derrame pericárdico. Contractilidad conservada sin asimetrías entre aurículas, ventrículos y septo.
DISCUSIÓN Y CONCLUSIONES
El diagnóstico del mal de altura se basa principalmente en la historia clínica y en la observación de los síntomas tras una exposición reciente a altitud elevada1-3,5. No existen pruebas de laboratorio específicas para el mal de altura4, aunque en casos graves pueden realizarse estudios complementarios, como radiografías de tórax para detectar edema pulmonar o imágenes por resonancia magnética (IRM) para evaluar el edema cerebral5. La presencia de síntomas clásicos tras un ascenso rápido es suficiente para sospechar de esta condición4.
El tratamiento del mal de altura depende de la severidad de los síntomas. En casos leves, se recomienda el reposo, la hidratación y, si es posible, la aclimatación. El descenso a una altitud más baja es la medida más efectiva si los síntomas no mejoran. En casos más graves, es esencial el descenso inmediato a una altitud menor y, en ocasiones, se requiere oxigenoterapia o el uso de cámaras hiperbáricas portátiles. La acetazolamida es un medicamento que se usa para acelerar el proceso de aclimatación, y los corticosteroides pueden ser necesarios en casos de edema cerebral1-3,5.
Las complicaciones del mal de altura pueden ser graves y, si no se tratan a tiempo, pueden llevar a la muerte. El edema pulmonar de altura, por ejemplo, se caracteriza por una insuficiencia respiratoria aguda severa, mientras que el edema cerebral de altura se manifiesta por confusión, pérdida de coordinación y, eventualmente, coma. Ambas condiciones requieren intervención médica urgente. Debido a la potencial gravedad de estas complicaciones, es crucial que los viajeros y montañistas estén bien informados sobre los riesgos del mal de altura y tomen las precauciones necesarias para prevenirlo1-3,5.
En el presente caso, un joven de 14 años fue valorado por opresión centrotorácica en contexto de ascenso a la montaña (2.718 m) y la clínica cedió de forma autolimitada al descender de nuevo a su pueblo. Tras la valoración de la exploración física y las pruebas complementarias efectuadas, no se logró objetivar signos de alarma que requieren tratamiento urgente y fue diagnosticado de mal de altura de intensidad leve con sintomatología cardiorrespiratoria secundaria (dolor torácico y sensación disneica), por lo que finalmente se decidió alta hospitalaria pautando tratamiento antiinflamatorio y recomendando medidas físicas, tales como evitar exposición a alturas sin periodo de aclimatación.
BIBLIOGRAFÍA
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- Bärtsch P, Swenson ER. Clinical practice: Acute high-altitude illnesses. N Engl J Med. 2013 Jun 13;368(24):2294-302. doi: 10.1056/NEJMcp1214870. PMID: 23758234.
- West JB; American College of Physicians; American Physiological Society. The physiologic basis of high-altitude diseases. Ann Intern Med. 2004 Nov 16;141(10):789-800. doi: 10.7326/0003-4819-141-10-200411160-00010. PMID: 15545679.
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ANEXOS
Imagen 1: ECG con dolor.
Imagen 2: ECG sin dolor.
Imagen 3: Rx de tórax PA.
Imagen 4: Rx de tórax lateral.



