AUTORES
- Carmen Tricas Ranchal. Enfermera Especialista en Atención Familiar y Comunitaria. Zaragoza, España.
- María Alicia Gamboa Vega. Enfermera Especialista en Atención Familiar y Comunitaria. Zaragoza, España.
- Amaia Fernández Zapata. Enfermera Especialista en Atención Familiar y Comunitaria. Zaragoza, España.
- Jesús Sáez Martínez. Enfermero Especialista en Atención Familiar y Comunitaria. Zaragoza, España.
- María Granada González. Enfermera. Zaragoza, España.
- Belén Pérez Romano. Enfermera Especialista en Atención Familiar y Comunitaria. Zaragoza, España.
RESUMEN
La enfermedad renal crónica (ERC) es una patología de creciente relevancia para la salud pública por su prevalencia, de hasta un 10% en la población española, y un elevado coste de tratamiento en estadíos avanzados. Viene habitualmente asociada a otras comorbilidades como la hipertensión arterial, la diabetes mellitus u otras patologías vasculares, así como la edad avanzada que en conjunto suponen una elevada morbimortalidad. Es importante conocer los cuidados específicos de la ERC y los destinados a atenuar los factores de riesgo que supongan un empeoramiento de la función renal. El adecuado control de la tensión arterial, la glucosa en sangre, la obesidad junto al manejo nutricional personalizado son algunos de los puntos destacados en las guías de práctica clínica.
PALABRAS CLAVE
Enfermedad renal crónica, autocuidado, dieta, factores de riesgo.
ABSTRACT
Chronic kidney disease (CKD) is a pathology of growing relevance to public health due to its prevalence, up to 10% in the Spanish population, and the high cost of treatment in advanced stages. It is usually associated with other comorbidities such as arterial hypertension, diabetes mellitus or other vascular pathologies, as well as advanced age, which together lead to high morbimortality. It is important to know the specific care of CKD and those aimed at attenuating the risk factors that lead to a worsening of renal function. Adequate control of blood pressure, blood glucose, obesity and personalized nutritional management are some of the points highlighted in the clinical practice guidelines.
KEY WORDS
Renal insufficiency, self-care, diet, risk factor.
DESARROLLO DE TEMA
Según la Sociedad Española de Nefrología, la enfermedad renal crónica (ERC) se define como el conjunto de enfermedades heterogéneas que afectan la estructura y función renal.
Esta patología se puede presentar de forma muy variable, esto es debido, en parte, a su etiopatogenia, la estructura del riñón afectada (glomérulo, vasos, túbulos o intersticio renal), su severidad y el grado de progresión1,2.
Se ha establecido como criterio diagnóstico el hallazgo de una tasa de filtrado glomerular (FG) inferior a 60 mL/min/1,73 m2 o daño renal durante al menos tres meses, secundario a la reducción progresiva e irreversible del número de nefronas con la consecuente incapacidad renal para llevar a cabo funciones depurativas, excretoras, reguladoras y endocrino-metabólicas1.
Las fases o estadíos son:
- 1: ≥90 TFG normal o aumentado, con otra evidencia de daño renal.
- 2: 60-89 Ligero descenso de la TFG, con otra evidencia de daño renal.
- 3A: 45-59 Disminución moderada de la TFG, con o sin otra evidencia de daño renal.
- 3B: 30-44 Disminución moderada de la TFG, con o sin otra evidencia de daño renal.
- 4: 15-29 Marcado descenso de la TFG, con o sin otra evidencia de daño renal.
- 5: <15 Fallo renal (enfermedad renal terminal).
Además, se deberá categorizar la albuminuria en cualquier grado de FG. También se recomienda sustituir el término «microalbuminuria» por el de albuminuria moderadamente elevada. Se clasificará la albuminuria como A1, A2 o A3, según el cociente albúmina/creatinina en una muestra aislada de orina sea < 30, 30-300 o > 300 mg/g, respectivamente2.
La ERC es un problema de creciente importancia en la salud pública ya que su progreso a etapas avanzadas, como la enfermedad renal terminal es un problema de salud con importante comorbilidad y que requiere intervenciones costosas como la diálisis o el trasplante renal2. En cuanto a la epidemiología se trata de una patología subestimada por el contínuo cambio en los criterios clasificatorios. La ERC afecta a aproximadamente el 10-15% de la población mundial, se estima actualmente un 10% en España3. La prevalencia varía considerablemente entre regiones y países, en gran medida debido a diferencias en la prevalencia de factores de riesgo como diabetes e hipertensión, así como en el acceso a servicios de salud y diagnóstico4. En España la prevalencia de ERC es de más del 20% en mayores de 60 años, y esta aumenta hasta un 40% en pacientes octogenarios, o con riesgo cardiovascular asociado5.
Entre las condiciones que incrementan la posibilidad de daño renal se encuentran: edad avanzada, historia familiar de ERC, masa renal disminuida, bajo peso al nacer, raza negra y otras minorías étnicas, hipertensión arterial, diabetes, obesidad o nivel socioeconómico bajo6.
Entre las condiciones que pueden causar directamente daño renal se encuentran: enfermedades autoinmunes, infecciones sistémicas, infecciones urinarias, litiasis renal, obstrucción de las vías urinarias bajas, fármacos nefrotóxicos, principalmente AINE6.
Tanto la hipertensión arterial como la diabetes pueden aumentar el riesgo, así como causar daño renal directo. La enfermedad vascular establecida puede acelerar el deterioro de la función renal1,6,7.
Actualmente y según la Guía de Práctica Clínica sobre detección y manejo de la ERC, no se sugiere el cribado de ERC en personas sin factores de riesgo. Con respecto a los pacientes, mayores de 50 años, con hipertensión o diabetes, se sugiere determinar la presencia de enfermedad renal al menos en una ocasión e idealmente cada 3 a 5 años1.
En cuanto a los pacientes con ERC establecida, los de riesgo bajo se revisarán con periodicidad anual, los pacientes de riesgo moderado con periodicidad semestral, y los pacientes de riesgo alto y muy alto se deberán revisar tres, cuatro o más veces al año. Esta pauta será válida para el paciente estable. La repetición periódica de los parámetros de función renal servirá, además, para optimizar la evaluación de la progresión de la enfermedad 2.
La ERC guarda relación con múltiples patologías y especialmente con la enfermedad cardiovascular. Esto hace que las medidas preventivas mediante las intervenciones habituales en factores de riesgo sean menos eficaces. Las estrategias basadas en el autocuidado de estos pacientes están siendo investigadas actualmente1.
En cuanto al ejercicio físico, se debe recomendar como medida de control de otros factores desencadenantes de la ERC, como son la hipertensión y la Diabetes Mellitus. Además, aunque la evidencia no es consistente, incluso en ausencia de otros factores como la hipertensión, la diabetes o antecedentes vasculares, algunos estudios han mostrado que la obesidad es un factor de riesgo independiente de ERC8. En estos pacientes es una recomendación fuerte según la GPC la pérdida de peso, la reducción en las grasas saturadas y el control en el consumo de hidratos de carbono para mantener adecuados niveles de Hb glicosilada.
El control de la tensión arterial constituye la base de la prevención cardiovascular, renal y global en el paciente con ERC. El objetivo de control será una tensión por debajo de 140/90 mmHg en pacientes con cociente albúmina/creatinina < 30 mg/g, y una tensión menor de 130/80 mmHg en pacientes con cociente albúmina/creatinina ≥ 30 mg/g2.
Según la guía del grupo KDIGO (Kidney Disease: Improving Global Outcome), que busca mejorar la atención a las enfermedades renales, cualquier intervención nutricional debe ser personalizada. La restricción y ajuste de nutrientes deben basarse en la etapa de la enfermedad, la presencia de comorbilidades y las necesidades individuales del paciente para optimizar el manejo y mejorar los resultados a largo plazo9.
En cuanto a la restricción en las proteínas, sólo estaría indicada a partir del estadío 3, siempre manteniendo un estado nutricional adecuado9,10.
Con respecto a la restricción hídrica se realizará en el caso de pacientes con síntomas de sobrecarga o retención hídrica que manifiesten edemas u otros síntomas asociados también a insuficiencia cardiaca descompensada 9,10.
En cuanto a los minerales, la excesiva cantidad de potasio en la sangre puede causar sintomatología que va desde leve como son hormigueos hasta arritmias más graves, para moderar su consumo hasta los 1.800-2.000 mg. Al día se recomienda realizar remojo y doble cocción sobre los alimentos como patata, legumbre y verduras. Hay que tener en cuenta que los alimentos al horno o vapor no pierden el potasio. En cuanto a las conservas es recomendable tirar el líquido. Algunas frutas como el plátano, aguacate y el melón tienen más potasio, por lo que deben ser consumidas con moderación. En cuanto a los alimentos más ricos en potasio se deberán evitar, el chocolate o cacao, los frutos secos, los cubitos de caldo o concentrados de carne o pescado y los precocinados y procesados en general entre otros10.
En pacientes con ERC y cifras de presión arterial elevadas, se sugiere un consumo de sal en la dieta de 4 a 6 g/día (de 1,6 a 2,4 g/día de sodio), una vez descartado que el paciente no presente un trastorno tubular con pérdida de sal. Para esto, se debe evitar la utilización de sal en la preparación de los alimentos, se puede sustituir por otras especias. También debe tener en cuenta la sal que llevan los alimentos que se compran, como el pan, los cubitos de caldo, concentrados de carne o pescado, las sopas de sobre, embutidos, ahumados, conservas, quesos, frutos secos, mariscos, galletas, bollería e incluso algunos tipos de agua mineral y refrescos con gas10.
Por último y de gran relevancia es muy importante conseguir la cesación del hábito tabáquico, así como evitar la exposición pasiva a este.
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