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Sr. Editor:
La vía intramuscular (IM), método de administración de medicamentos en planos profundos para su posterior absorción a través del tejido muscular, es de uso frecuente tanto en urgencias como en consultas de atención primaria, un escenario que puede venir precipitado en numerosas ocasiones por la demanda e insistencia del paciente para el uso de esta técnica ante la autopercepción de mayor beneficio respecto a otras vías de administración.
Entendemos vía de administración como el lugar o recorrido a través del cual el fármaco entra al organismo, una elección que vendrá condicionada fundamentalmente por la situación física y mental del paciente, así como por las propiedades fisicoquímicas del fármaco1, volumen a inyectar, técnica de administración o inclusive lugar anatómico para la punción2. En este conjunto el abordaje parenteral – término común a la vía intradérmica, SC, IM, intravenosa (IV), intrarraquídea, intraarterial y/o intrarticular, ejemplifica el proceso de suministrar un fármaco directamente al organismo a través de una inyección3.
Anualmente ya nivel mundial, se administran más de 12 mil millones de medicamentos a través de la vía IM1, siendo el método más frecuente de administración farmacológica después de la vía oral (VO)2; breve inciso a esta última, es que se trata de la vía de administración que otorga más comodidad y seguridad, por lo que siendo además la más costo-efectiva, debería ser de elección siempre que fuera posible4. Por su parte la inyección IM, posiblemente abalada por su comodidad, facilidad ejecutoria y velocidad de absorción que oscila entre 10 a 30 minutos2, podría ser utilizada tanto para preparados acuosos como oleosos -alcanzando una absorción mayor cuanto más acuosa sea la droga, fármacos irritantes para el tejido subcutáneo y volúmenes moderadamente grandes que, aunque en relación a la zona anatómica pertinente aproximadamente oscilan entre 1 a 7 ml. Sin embargo, no todo son ventajas. La vía IM, además de estar limitada de acuerdo a las características fenotípicas del paciente como baja masa muscular, conlleva el potencial riesgo de infección localizada, lesión en nervios periféricos locorregionales y, en caso de una práctica reiterada, fibrosis local y por ende absorción errática2.
Pese a lo expuesto, existen numerosos factores que condicionan la elección de la vía de administración a favor de la IM en situaciones sin evidencia médica que lo sustente. Respecto a la formación profesional, el desconocimiento de las indicaciones de la vía IM, así como de la farmacocinética de los medicamentos, ausencia de protocolos actualizados para la toma de decisiones en Atención Primaria, escasas notificaciones de reacciones adversas medicamentosas (RAM) en lo concerniente a la vía IM haciendo que exista la falacia de mayor seguridad respecto a su valor teórico real, son algunas de las circunstancias comunes en la práctica médica asistencial4.
Por otra parte, y de acuerdo a mi experiencia profesional, otro motivo que pudiera justificar el sobreuso de esta vía en servicios de urgencias y Atención Primaria, es la presión asistencial por parte de los usuarios para recibir medicación IM, una situación que más allá de generar conflicto en la consulta, debilitando por ende la relación de confianza bidireccional médico- paciente, insta a actuar en contra del principio de beneficencia con y para el paciente. Alguno de los falsos mitos extendidos a nivel poblacional son la concepción errónea de que la absorción de medicamentos VO es más variable y lenta que la IM, que la vía IM es menos gastrolesiva que la VO, que los medicamentos IM son más efectivos y potentes respecto a los administrados por otra vía como la VO o que la medicación VO cuenta con menor tasa de absorción en pacientes desnutridos5.
Presentamos un escenario que reafirma la importancia de la educación sanitaria poblacional como herramienta base de la buena praxis médica en materia de calidad asistencial en AP, entendida como un proceso dinámico y longitudinal que, además de informar de acuerdo a medicina basada en la evidencia, motivará y ayudará al mantenimiento de prácticas seguras a fin de minimizar riesgos innecesarios de acuerdo al principio ético tanto de beneficencia como de no maleficencia.
BIBLIOGRAFÍA
1. Martínez Moreno J, Oliva Pérez J. Administración parenteral de Medicamentos, Vía Intramuscular. A propósito de un caso clínico. Repositorio UCAM. Murcia; 2019.
2. Groote Murillo M, Salido Marco L, Organero Guerrero L, Ruiz Ciprés R. Revisión bibliográfica sobre el procedimiento para administrar fármacos por vía intramuscular. Revista Médica y de Enfermería Ocronos [Internet]. 2020 [cited 2025 Feb 4];3(8):213. Available from: https://revistamedica.com/procedimiento-administrar-farmacos-via-intramuscular/
3. Losada Benito A, Sainz de Rozas Aparicio C. Administración segura de medicamentos vía parenteral. Universidad de la Rioja. 2018.
4. Antoñazas Serrano A. Vía oral Vs. vía intramuscular: medicamentos de uso frecuente en Atención Primaria y Urgencias [Internet]. 2022 [cited 2025 Feb 3]. Available from: https://es.slideshare.net/slideshow/20221018-va-oral-vs-va-intramuscular-docdocx-253656451/253656451#1
5. Preevid: ¿Qué beneficios proporciona el uso de la vía intramuscular frente a la oral en la administración de medicación? / What benefits does the use of the intramuscular versus the oral route provide in the administration of medication? [Internet]. [cited 2025 Feb 4]. Available from: https://www.murciasalud.es/preevid/22478#