AUTORES
- Sara Sanz Sanz. Farmacéutica. Servicio de Microbiología y Parasitología. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza. España.
- Alexander Tristancho-Baró. Médico. Servicio de Microbiología y Parasitología. Hospital Ernest Lluch. Zaragoza. España.
- Olga Algara Robles. Farmacéutica. Servicio de Microbiología y Parasitología. Hospital de Alcañiz. Teruel. España.
- Violeta Frutos Millán. Médico. Servicio de Microbiología y Parasitología. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza. España.
- Laura Eva Franco-Fobe. Farmacéutica. Servicio de Microbiología y Parasitología. Hospital de Barbastro. Huesca. España.
- Natalia Burillo Navarrete. Médico. Servicio de Microbiología y Parasitología. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza. España.
RESUMEN
Se describe el caso clínico de una paciente que viajó a África y a su regreso a España presentó una lesión en el cuarto dedo del pie izquierdo, de la que se extrajo una larva de mosca. Se analizan los pasos realizados para identificar la especie. Se trataba de Cordylobia anthropophaga, agente causal de miasis cutánea importada, y se describe su ciclo vital.
PALABRAS CLAVE
Miasis, larva de mosca.
ABSTRACT
The clinical case of a patient who traveled to Africa and on her return to Spain presented a lesion in the fourth toe of the left foot, from which a fly larva was extracted, is described. The steps taken to identify the species are analyzed. It was Cordylobia anthropophaga, causal agent of imported cutaneous myiasis, and its life cycle is described.
KEY WORDS
Myiasis, fly larvae.
INTRODUCCIÓN
La miasis cutánea es una infestación parasitaria de la piel causada por las larvas de determinadas especies de mosca. Los casos de miasis cutánea son cada vez más frecuentes en nuestro medio, esto es así debido a los movimientos migratorios. Conocer esta patología y sus agentes causales es importante para poder realizar un diagnóstico precoz y diferencial con otras patologías y con otros casos de pseudomiasis producidos por larvas de moscas autóctonas de nuestro entorno como son Oestrus ovis e Hypoderma spp, entre otras. Esto nos llevará a iniciar un tratamiento adecuado, evitar otras medidas terapéuticas innecesarias, así como poner de relieve las medidas preventivas que eviten su diseminación en las personas que viajan a países endémicos.
PRESENTACIÓN DEL CASO CLÍNICO
Mujer de 22 años de edad, natural de España, sin patologías previas de interés, que se fue de voluntariado a Senegal la primera quincena de noviembre del año 2023. Su función allí consistía en realizar revisiones pediátricas en un colegio, más concretamente enseñaba a los niños a tomar medidas de higiene (correcto lavado de las manos, adecuado cepillado de los dientes, etc.). También hacían excursiones por la zona. En una de esas excursiones fueron a una isla, la paciente recuerda ir en barca y al bajarse de ella meter los pies en agua estancada, caliente, y de aspecto oscuro, iba con sandalias. También relata que durmió varios días en el jardín de la casa donde vivían. A su llegada a España volvió a ponerse las zapatillas que usaba de rutina y empezó a notar mucho dolor en el cuarto dedo del pie izquierdo, pensó que se trataba de una rozadura al cambiar de la sandalia al zapato cerrado. Pasados unos días no solo le dolía cuando llevaba el calzado, sino que también estando en la cama sentía pinchazos en el dedo y mucho dolor. Siguió pensando que se trataba de una herida por el uso de los zapatos y se la empezó a limpiar, se la lavaba con agua y jabón y después se aplicaba mupirocina y se la tapaba con un apósito. Hasta que un día vio el calcetín y el apósito llenos de sangre, se los retiró y vio que había algo blanco que pensó que era pus (figura 1), empezó a presionar los laterales de la lesión para quitar todo el ¨pus¨, y al hacerlo se extrajo del dedo una larva. Relacionó directamente la presencia de la larva con el agua caliente en la que había metido los pies durante la excursión anteriormente mencionada.
Un familiar de la paciente pertenecía al sector sanitario y nos hizo llegar la larva al laboratorio de Microbiología y Parasitología del Hospital Universitario Miguel Servet. Allí se introdujo la larva en potasa (KOH) al 10% durante 10 días. Pasado este tiempo se lavó la larva con agua destilada y se procedió a realizar un proceso de deshidratación de alcoholes, que consistía en tener la larva inmersa, durante 3 días consecutivos, en alcohol de distinta concentración. Se introdujo en alcohol de 70ºC, 96ºC y 100ºC. Con todo este procedimiento se pretendía aclarar la superficie de la larva para poder ver mejor sus estructuras internas (figura 2). Posteriormente se colocó la larva sobre un portaobjetos, se añadió xilol y unas gotas de entelam, se colocó un cubre y se observó al microscopio. Se identificó la larva como Cordylobia anthropophaga al observarse las estructuras internas típicas de esta especie. Dichas estructuras son: la presencia de pequeñas y numerosas espículas en la zona ventral y dorsal de los segmentos anteriores, la posesión de un par de ganchos bucales dentados en forma de azadón y la visualización de los espiráculos posteriores (figura 3).
La paciente recibió tratamiento antibiótico con amoxicilina–ácido clavulánico para evitar la sobreinfección de la herida y actualmente se encuentra asintomática.
DISCUSIÓN-CONCLUSIONES
C. anthropophaga, también llamada mosca tumbu o “gusano de Cayor”, es un díptero cuyo hábitat natural es el continente africano, especialmente el sur del Sahara y África central. Pertenece a la familia Calliphoridae, género Cordylobia. La hembra adulta realiza la puesta de huevos (100-500) preferentemente en suelos arenosos frecuentados por animales, pero también puede hacerlo sobre ropa húmeda tendida. Los huevos eclosionan en 2-4 días y las larvas pueden permanecer a la espera de un huésped humano o animal hasta 15 días. Cuando entran en contacto con la piel se introducen hasta la dermis, dejando en la superficie el extremo caudal para respirar. La larva tarda de 8 a 15 días en desarrollarse en el huésped y al cabo de este tiempo abandona al hospedador y cae el suelo, donde se transforma en pupa y posteriormente en mosca adulta1,2. La introducción de la larva es casi imperceptible para el huésped, siendo los lugares preferidos el tronco, los muslos y las nalgas. Más tarde, la lesión adquiere un aspecto de forúnculo, con una apertura apical por la que respira la larva, y suele acompañarse de dolor, prurito y a veces sensación de movimiento bajo la piel. Puede aparecer linfadenopatía regional, febrícula e insomnio, pero la complicación más frecuente es la sobreinfección de las lesiones por el rascado3. C. anthropophaga produce miasis específica cutánea, al ser sus larvas endoparásitos obligados del tejido dérmico y subdérmico1.
En cuanto al tratamiento, en la mayoría de los casos lo mejor es la extracción quirúrgica de la larva a través del orificio respiratorio, utilizando unas pinzas finas. Cuando esto no resulta sencillo, pueden emplearse otros procedimientos, como la aplicación de parafina, ungüentos aceitosos o mantequilla, que taponan el orificio respiratorio y obligan a la larva a salir. Posteriormente suele ser suficiente emplear antisépticos tópicos, y sólo de manera ocasional se necesitan antibióticos orales para prevenir o tratar una sobreinfección secundaria y antiinflamatorios para reducir la reacción local4.
En el año 2023 en nuestro hospital tuvimos además de este caso, otro caso más de miasis cutánea por C. anthropophaga, también se trataba de un paciente que había viajado al continente africano5. Aunque no existe en nuestro entorno una gran prevalencia de este tipo de enfermedades (esto podría cambiar, y de hecho está cambiando debido a los continuos movimientos poblaciones), es importante conocer su existencia, así como realizar un diagnóstico diferencial que permita distinguirlas de otras pseudo-miasis causadas por larvas de mosca de nuestro medio; así se podrá instaurar un tratamiento adecuado y tomar las medidas preventivas óptimas que eviten su propagación.
BIBLIOGRAFÍA
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Figura 1: Aspecto de la lesión antes de la extracción de la larva.
Autor figura 1: paciente. Dio su consentimiento para emplear la fotografía en el artículo.
Figura 2: Larva de Cordylobia anthropophaga tras proceso de deshidratación de alcoholes. Lupa 10x.
Figura 3: Espiráculos posteriores tras procedimiento de deshidratación de alcoholes. Microscopio 4x.



