Actuación de enfermería en la prevención primaria del desarrollo de úlceras por presión

4 junio 2025

 

AUTORES

  1. Oumaima Aboulmakarim Rabbani. Graduada en Enfermería, Zaragoza. Aragón, España.
  2. Paula Bujalance Latasa. Graduada en Enfermería, Zaragoza. Aragón, España.
  3. Silvia Carnicer Izaguerri. Graduada en Enfermería, Zaragoza. Aragón, España.
  4. Ariadna Gracia Prad. Graduada en Enfermería, Zaragoza. Aragón, España.

 

RESUMEN

La úlcera por presión (upp) es una lesión que afecta a la piel y los tejidos subyacentes como consecuencia de una presión prolongada sobre una zona específica del cuerpo, especialmente en individuos con movilidad reducida.

La problemática asociada a las úlceras por presión es significativa, ya que pueden provocar dolor intenso, infecciones, y complicaciones que pueden llevar a una disminución de la calidad de vida y un aumento en la morbilidad y mortalidad de los pacientes. Además, su tratamiento puede implicar costos elevados y prolongar la estancia hospitalaria. Por ello, la prevención primaria es fundamental la cual incluye la implementación de cambios posturales, el uso de superficies de apoyo adecuadas y una evaluación y cuidado de la piel. Además, es esencial implementar estrategias de educación tanto para el personal de salud como para los cuidadores y pacientes, junto con intervenciones nutricionales y de cuidado integral para evitar la aparición de úlceras por presión.

PALABRAS CLAVE

Úlceras por presión, piel, pacientes, enfermería, prevención primaria.

ABSTRACT

Pressure ulcers (PU) are lesions that affect the skin and underlying tissues as a result of prolonged pressure on a specific area of ​​the body, especially in individuals with reduced mobility.

The problems associated with pressure ulcers are significant, as they can cause intense pain, infections, and complications that can lead to a decrease in the quality of life and an increase in morbidity and mortality in patients. In addition, their treatment can involve high costs and prolong hospital stays. Therefore, primary prevention is essential, which includes the implementation of postural changes, the use of adequate support surfaces, and an evaluation and care of the skin. In addition, it is essential to implement educational strategies for both health personnel and caregivers and patients, along with nutritional and comprehensive care interventions to prevent the appearance of pressure ulcers.

KEY WORDS

Pressure ulcers, skin, patients, nursing, primary prevention.

DESARROLLO DEL TEMA

Una úlcera por presión (UPP) es una lesión que se origina por isquemia y se localiza en la piel y/o en el tejido subyacente, generalmente sobre una prominencia ósea. Este tipo de lesión ocurre debido a la presión, ya sea de forma aislada o combinada con fuerzas de cizalla1,2.

Desde el siglo pasado, se sabe que las UPP son el resultado directo de la presión ejercida sobre la piel. Esta fuerza actúa de manera perpendicular, comprimiendo los tejidos entre dos superficies rígidas: una interna, correspondiente a una prominencia ósea del paciente, y otra externa. Además, en algunos casos, la presión se combina con la fuerza de cizalla, la cual se produce cuando el paciente se desliza. Cuando, además de la presión o la combinación de presión y cizalla, intervienen otros factores como la humedad o la fricción, se habla de lesiones mixtas o combinadas. En ocasiones, también pueden aparecer sobre tejidos blandos.

sometidos a presión externa por diferentes materiales o dispositivos sanitarios (mascarilla o tubo endotraqueal, cánula de traqueotomía, sondas, catéteres, férulas, aparatos ortopédicos, sensores de pulsioximetría. …).

Se estima que la presión máxima de oclusión capilar con importancia clínica es de 32 mmHg. Cuando en un área determinada esta presión supera dicho umbral por un tiempo prolongado, se desencadena un proceso de isquemia tisular que limita el suministro de oxígeno y nutrientes, lo que conduce a la degeneración del tejido. Si la presión persiste, esto puede derivar en necrosis y muerte tisular3,4.

1.1 Localizaciones frecuentes de úlceras por presión (UPP):

Las úlceras por presión (UPP) pueden desarrollarse en cualquier parte del cuerpo, dependiendo de las áreas sometidas a mayor presión. Las localizaciones más frecuentes son las zonas de apoyo que coinciden con

prominencias óseas.

Localizaciones más frecuentes según la posición del paciente:

  • Decúbito supino: región occipital de la cabeza, omóplatos, codos, sacro, talones y dedos de los pies.
  • Decúbito lateral: orejas, hombros, costillas, trocánter mayor, rodillas, maleolo tibial y codo.
  • Decúbito prono: nariz y pómulos, acromion, costillas y esternón, cresta iliaca, rodillas y dedos de los pies.
  • Sedestación: occipucio, omoplato, codo, sacro, tuberosidad isquiática3.

 

1.2 Clasificación de las úlceras por presión:

Estadio 1: eritema no blanqueable:

Piel intacta con enrojecimiento persistente en una zona localizada que no desaparece al ejercer presión. En pieles de tonalidad más oscura, el enrojecimiento puede no ser evidente.

No obstante, en comparación con un área (adyacente u opuesta) del cuerpo no sometida a presión, puede incluir cambios en uno o más de los siguientes aspectos:

  • Temperatura de la piel (caliente o fría).
  • Consistencia del tejido (edema, induración).
  • Sensaciones (dolor, escozor).

 

Estadio 2: úlcera de espesor parcial:

Pérdida parcial del grosor de la piel que afecta a la epidermis, dermis o ambas.

Úlcera superficial que tiene aspecto de abrasión, ampolla o cráter superficial.

Estadio 3: pérdida total del grosor de la piel:

Pérdida completa del grosor de la piel con daño o necrosis del tejido subcutáneo, que puede profundizarse sin alcanzar la fascia subyacente. Puede presentarse en forma de cráter, aunque en algunos casos puede estar cubierto por tejido necrótico.

Estadio 4: pérdida total del espesor de los tejidos:

Pérdida completa del grosor de la piel, acompañada de destrucción extensa, necrosis tisular o daño en estructuras profundas como músculo, hueso, tendones o cápsulas articuladas.

Tanto en los estadios III como IV, pueden aparecer lesiones con cavidades, túneles o trayectos sinuosos. En estos casos, es necesario evaluar la eliminación del tejido necrótico antes de determinar el estadio de la úlcera (1,3) .

Prevención primaria:

La prevención de las UPP, especialmente la prevención primaria, se considera una actividad prioritaria en la atención sanitaria en la que el profesional de enfermería desempeña un papel fundamental.

Una vez identificado el riesgo de desarrollar una UPP, se deben planificar y desarrollar los cuidados, de forma individualizada. De esta manera, no sólo se reduce la incidencia y recurrencia de UPP, sino que también se disminuye las complicaciones que de ellas pueden derivarse como (dolor, infecciones, desnutrición, problemas metabólicos, limitación funcional, impacto psicológico …) así como la duración de los tratamientos y por ende el gasto sanitario.

Valoración integral del paciente:

La evaluación completa se basa en la estimación del riesgo de desarrollo de UPP, considerando el uso de escalas de valoración como apoyo al criterio clínico y al análisis de los factores de riesgo, tanto intrínsecos como extrínsecos, que influyen en la aparición de estas lesiones.

El personal de enfermería tiene la responsabilidad de evaluar el riesgo dentro de las primeras 24 horas después del ingreso. Los resultados de esta valoración sirven de guía para la planificación de los cuidados. Dado que la condición del paciente puede variar, es esencial llevar a cabo reevaluaciones periódicas. La valoración del riesgo no debe realizarse únicamente al ingreso, sino que, según el nivel de riesgo, será necesario repetirlo3,4.

Factores de riesgo de UPP:

En el desarrollo de las UPP intervienen factores etiológicos como la presión y la cizalla, que pueden actuar de manera aislada o en conjunto. Además, es fundamental considerar otros elementos que afectan la resistencia tisular y aumentan la vulnerabilidad del paciente a estas lesiones. Estos factores predisponentes o coadyuvantes se dividen en:

Intrínsecos, relacionados con el estado de salud del paciente.

Extrínsecos, relacionados con su entorno y controlados por el propio paciente o el cuidador.

Factores intrínsecos:

  • Edad.
  • Movilidad disminuida.
  • Medicación: inmunosupresores, benzodiacepinas, corticoides, sedantes, inotrópicos.
  • Trastornos en el transporte de oxígeno: trastornos vasculares periféricos, estasis venosa, trastornos cardiovasculares.
  • Alteraciones cognitivas: desorientados, confusos.
  • Déficit sensorial y motor.
  • Pérdida sensitiva/motora: paresia/parálisis, pérdida de la sensibilidad dolorosa.
  • Espasticidad/contracturas.
  • Alteraciones nutricionales y metabólicas.
  • Incontinencia: fecal, urinaria, mixta.

 

Factores extrínsecos:

  • Humedad.
  • Fricción.
  • Sujeción mecánica.
  • Inmovilidad requerida por el proceso (inestabilidad hemodinámica).
  • Uso de dispositivos sanitarios.
  • Entorno social de riesgo: situación socioeconómica, lejanía de prestaciones sanitarias y ayudas sociales.
  • Formación inadecuada del cuidador o el profesional.
  • Hábitos tóxicos: tabaquismo, alcohol3,4,5.

 

Cuidados en la prevención de UPP:

Es necesario tratar todos aquellos procesos que puedan incidir en el desarrollo de las UPP, como alteraciones respiratorias, circulatorias, metabólicas, etc.

Es importante implicar a los pacientes y familia en la ejecución y seguimiento de los cuidados.

Piel:

  • Examinar el estado de la piel al menos una vez al día, prestando especial atención a:
  • Prominencias óseas (sacro, talones, caderas, tobillos, codos).
  • Zonas expuestas a humedad (por incontinencia, transpiración, estomas, secreciones).
  • Presencia de sequedad, excoriaciones, eritema, maceración, fragilidad, temperatura, induración…
  • Mantener la piel del paciente en todo momento limpia y seca
  • Utilizar jabones o agentes de limpieza de pH neutro.
  • Lavar la piel con agua tibia, enjuagar bien y secar cuidadosamente sin frotar, prestando especial atención a los espacios entre los dedos y los pliegues.
  • Evitar el uso de alcoholes (como los de romero o tanino) y colonias sobre la piel.
  • Aplicar crema hidratante o aceite, procurando su completa absorción sin emplear fricciones excesivas ni masajes intensos.
  • Considerar la opción de emplear productos que contengan ácidos grasos hiperoxigenados en las áreas de riesgo de formación de úlceras por presión, siempre y cuando la piel se mantenga intacta ya que aumentan la tonicidad cutánea, mejoran la microcirculación y evitan la deshidratación de la piel.
  • Se recomienda, preferentemente, el uso de lencería confeccionada con tejidos naturales.
  • Con el fin de minimizar las posibles lesiones causadas por fricción, utilizar apósitos protectores, tales como hidrocoloides, películas o espumas de poliuretano.
  • Prestar especial atención a las áreas que hayan sufrido lesiones por presión previamente, dado que estas presentan un elevado riesgo de desarrollar nuevas lesiones por recurrencia3,4,5.
  • En el caso de las úlceras por presión asociadas al uso de dispositivos sanitarios (UPP-DS), el aspecto fundamental en su abordaje terapéutico es la identificación del factor causante de la presión y su eliminación. No obstante, en muchos casos, estos dispositivos resultan indispensables para el tratamiento y cuidado del paciente, lo que imposibilita su retirada. En algunas situaciones, dichas lesiones derivan de una inadecuada colocación o fijación del dispositivo.

 

Las estrategias de prevención para este tipo de lesiones se encuentran detalladas en las siguientes recomendaciones:

  • Alivio de la presión mediante la aplicación de un dispositivo alternativo.
  • Los dispositivos deben tener el tamaño y el ajuste adecuados.
  • Realizar una evaluación de la piel circundante a los dispositivos diagnósticos y terapéuticos al menos dos veces al día y con mayor frecuencia en pacientes que sean vulnerables a cambios de líquido y/o con edema general o localizado.
  • Considerar el uso de apósitos como medida preventiva para la aparición de úlceras por presión asociadas a dispositivos sanitarios.
  • Destacar la necesidad de que los visitantes permanezcan atentos a esto durante las visitas.
  • Seguir las instrucciones del fabricante6.

 

Control del estado nutricional y analítico:

Es fundamental garantizar una adecuada hidratación del paciente, con un mínimo de 2 litros de líquidos al día, siempre que no esté contraindicado. Se recomienda la administración de suplementos proteicos, vitamínicos y minerales, en caso de ser necesario. En aquellos pacientes que presenten dificultades para deglutir, se les podrán suministrar espesantes y gelatinas.

Frecuentemente, los pacientes con úlceras por presión (UPP) experimentan factores que pueden dificultar una nutrición adecuada, tales como la edad avanzada, la inapetencia, la pérdida de dientes, trastornos neurológicos o un nivel bajo de conciencia.

Cuando un paciente presenta un déficit nutricional, esto puede provocar un retraso en la cicatrización de las lesiones y aumentar el riesgo de aparición de nuevas úlceras. Una dieta equilibrada no solo favorece la cicatrización de las lesiones existentes, sino que también puede contribuir a prevenir la aparición de nuevas UPP, así como otras complicaciones locales o infecciosas.

Un marcador común para evaluar el estado nutricional del paciente es la albúmina sérica, cuyo rango normal se encuentra entre 3.5 y 5.0 mg/dl. Niveles por debajo de este rango pueden retrasar la cicatrización. Cabe señalar que la vida media de la albúmina es de aproximadamente 3 semanas, por lo que es posible que los niveles séricos sean normales durante un tiempo, a pesar de existir una deficiencia subyacente.

Las proteínas son fundamentales para la síntesis de los componentes del tejido conectivo, incluido el colágeno. Asimismo, los aminoácidos son esenciales para la producción de anticuerpos y enzimas. En cuanto a los requerimientos diarios de proteínas, para un adulto sano se estima una cantidad aproximada de 0.8 g por kilogramo de peso corporal.

Cuando el paciente presenta una herida de espesor parcial, el requerimiento diario de proteínas se incrementa considerablemente, alcanzando entre 1.0 y 1.5 g/kg por día, e incluso mayores cantidades en pacientes críticos. Las heridas profundas o múltiples requieren un aporte proteico aún mayor3.

Manejo de la presión:

No existe un consenso definitivo respecto a la frecuencia óptima de los cambios posturales en los pacientes, por lo que se requiere la implementación de planes de cuidados individualizados según las necesidades de cada persona.

Se recomienda lo siguiente:

  • Evitar colocar al paciente sobre lesiones por presión preexistentes o sobre prominencias óseas.
  • Limitar, en la medida de lo posible, el tiempo en el que la cabeza permanece elevada y restringir su elevación a un máximo de 30° (posición semi-Fowler).
  • En la posición de decúbito lateral, no aumentar la inclinación por encima de los 30°, ya que esto incrementa el riesgo de formación de úlceras por presión sobre los trocánteres.
  • En caso de que el paciente presente riesgo de desarrollar úlceras por presión o ya presente lesiones, evitar la sedestación a menos que tenga la capacidad de reposicionarse de manera autónoma o disponga de una superficie especializada para la gestión de la presión.
  • Es fundamental enfatizar que ningún tipo de colchón puede sustituir la necesidad de realizar cambios posturales periódicos.
  • Utilización de superficies especiales de manejo de presión:

 

Estas superficies están diseñadas para la redistribución de la presión en pacientes que presentan úlceras por presión (UPP) o que tienen un riesgo elevado de desarrollarlas.

Se entenderá por superficies especiales de apoyo aquellas que han sido específicamente concebidas para la gestión de la presión, con el objetivo de reducirla o aliviarla. En este sentido, el fabricante debe proporcionar información detallada sobre su correcto uso, incluyendo la indicación del tipo de pacientes a los que está destinada, los niveles de riesgo adecuados, las características de las lesiones de los pacientes susceptibles de beneficiarse de su uso, así como los parámetros de efectividad en relación con la reducción y el alivio de la presión.

Asimismo, resulta esencial que, en todos los niveles asistenciales, se utilicen superficies de apoyo adecuadas, seleccionadas en función del riesgo identificado de desarrollar úlceras por presión y del estado clínico del paciente.

  • Paciente con riesgo bajo: Se recomienda el uso preferente de superficies estáticas, tales como colchonetas o cojines estáticos de aire, colchonetas, colchones o cojines de fibras especiales, colchones de espuma especiales, colchonetas o cojines viscoelásticos, entre otros.
  • Paciente con riesgo medio: Se recomienda el uso preferente de superficies dinámicas, como colchonetas alternantes de aire con celdas medianas, o bien superficies estáticas de alto rendimiento, como colchones de espuma especiales o colchones y colchonetas viscoelásticas.
  • Paciente con riesgo alto: Se recomienda el uso de superficies dinámicas, tales como colchones de aire alternante o colchonetas de aire alternante con grandes celdas.
  • Los pacientes con riesgo medio y alto deben utilizar un cojín con capacidad para reducir la presión durante la sedestación.

 

Es fundamental considerar las superficies especiales como un complemento dentro de los cuidados, sin que éstas sustituyan las prácticas esenciales como la movilización y los cambios posturales.

Pueden funcionar como superficies destinadas a la reducción de la presión, no necesariamente hasta niveles que impidan el cierre capilar, y como sistemas de alivio de presión, al disminuir el nivel de presión en los tejidos blandos por debajo de la presión de oclusión, además de mitigar la fricción y el cizallamiento3.

Educación:

La educación sanitaria del paciente desempeña un papel crucial en la prevención de úlceras por presión. El paciente, junto con la familia y los cuidadores, son fundamentales para la prevención de estas lesiones. Diversos estudios de intervención han demostrado una reducción del 57% en la incidencia de úlceras por presión tras la implementación de un programa educativo enfocado en su prevención.

El profesional de enfermería ocupa una figura central en este proceso, ya que debe actuar como educador, estableciendo un esquema dirigido tanto al personal de salud como al paciente y su familia. Este esquema debe incluir un plan que contemple las medidas generales de prevención y los cuidados necesarios para el manejo adecuado de este tipo de heridas.

Es esencial considerar que, si el paciente se encuentra consciente, orientado y colaborador, su participación facilitará la educación para la salud. De ser así, se podrá fomentar un nivel óptimo de autocuidado, siempre bajo la supervisión y orientación del personal de enfermería. En el caso de que el paciente no esté capacitado para realizar los cuidados por sí mismo, será necesaria la colaboración de la familia, quienes deberán ser informados acerca de las medidas y cuidados requeridos.

Finalmente, es fundamental asegurar la continuidad de la educación sanitaria, promoviendo la transmisión de información y la preparación tanto del paciente como de su entorno familiar. En este sentido, se recomienda la presencia de un familiar durante la realización de los cuidados por parte del personal de enfermería, así como su invitación a participar activamente en dicho proceso. Esto permitirá obtener la colaboración de los cuidadores principales antes del alta hospitalaria, contribuyendo así a mejorar la eficacia y eficiencia de los cuidados, al mismo tiempo que se favorece el bienestar del paciente y, por ende, de su núcleo familiar3.

 

CONCLUSIÓN

La labor de enfermería desempeña un papel fundamental en la prevención del desarrollo de úlceras por presión, ya que a través de una vigilancia constante, la aplicación de medidas preventivas y la educación al paciente y su entorno, es posible reducir significativamente su incidencia. La identificación temprana de factores de riesgo, la implementación de cambios posturales, el uso adecuado de dispositivos de alivio de presión y el mantenimiento de una adecuada higiene y nutrición son estrategias esenciales en este proceso.

Asimismo, la formación continua del personal de enfermería y la aplicación de protocolos basados en la evidencia contribuyen a mejorar la calidad de la atención y la seguridad del paciente. En este sentido, se destaca la importancia de un enfoque multidisciplinario que garantice una atención integral y personalizada, permitiendo no solo la prevención, sino también una mejor calidad de vida para los pacientes en riesgo de desarrollar estas lesiones.

 

BIBLIOGRAFÍA

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  5. Ramírez Martínez JR. Úlceras por presión: conceptualización y presentación de algoritmo de prevención. NPunto [Internet]. 2024 [citado 28 de febrero]; 7 (79). Disponible en: https://www.npunto.es/revista/79/articulo-de-revision-ulceras-por-presion-conceptualizacion-y-presentacion-de-algoritmo-de-prevencion
  6. Gefen A, Alves P, Ciprandi G, Coyer F, Milne CT, Ousey K, et al. Úlceras por presión relacionadas con dispositivos: prevención SEGURA. J Wound Care [Internet]. 2020 [citado 28 de febrero];29 (Sup2a). Disponible en: https://www.magonlinelibrary.com/doi/full/10.12968/jowc.2020.29.Sup2a.S1?rfr_dat=cr_pub++0pubmed&url_ver=Z39.88-2003&rfr_id=ori%3Arid%3Acrossref.org

 

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