Crisis gotosa grave en paciente con gota crónica

10 agosto 2025

 

 

Nº de DOI:10.34896/RSI.2025.55.17.002

 

 

AUTORES

  1. Andrea Soriano Barrera. Graduada en Enfermería. Enfermera Centro de Salud Rural, Teruel (España).
  2. Pablo De Fez Febré. Graduado en Medicina. FEA Psiquiatría Hospital Obispo Polanco, Teruel. (España).
  3. Joan Izquierdo Alabau. Graduado en Medicina. FEA Medicina Familiar y Comunitaria CS Santa Eulalia, Teruel (España).
  4. Alberto Muñoz Vos. Graduado en Medicina. MIR Medicina Familiar y Comunitaria en la Unidad Docente de Teruel, (España).
  5. Carlos Antonio Utria Hernández. Graduado en Medicina. FEA Urgencias Hospital Obispo Polanco Teruel (España).
  6. Ignacio Lasierra Lavilla. Graduado en Medicina. MIR Medicina Interna en Hospital Obispo Polanco, Teruel (España).

 

RESUMEN

Se presenta el caso de un hombre de 68 años con antecedentes de hiperuricemia, gota crónica con tofos y artrosis secundaria, que acude a urgencias por dolor intenso, inflamación y deformidad en el 3º dedo de la mano derecha, compatible con una crisis gotosa grave. El diagnóstico se realizó mediante clínica y pruebas complementarias sin hallazgos radiológicos agudos. Se realizó tratamiento con antiinflamatorios y ajuste de tratamiento hiperuricemiante con buena evolución.

PALABRAS CLAVE

Hiperuricemia, gota, artritis.

ABSTRACT

We present the case of a 68-yearold man with a history of hyperuricemia, chronic gout with tophi and secondary osteoarthritis, who presented to the emergency room for intense pain, inflammation and deformity in the 3rd finger of the right hand compatible with a severe gouty crisis. Diagnosis was made by clinical and complementary tests without acute radiological findings. Treatment with anti-inflammatories and adjustment of hyperuricemic treatment with good evolution.

KEY WORDS

Hyperuricemia, gout, arthritis.

INTRODUCCIÓN

La artritis gotosa es una inflamación articular causada por la deposición de cristales de urato monosódico, especialmente en pacientes con hiperuricemia crónica. La enfermedad puede manifestarse como episodios de dolor intenso, inflamación y deformidad articular. La afectación de las articulaciones de las manos, aunque menos frecuente que en otras localizaciones, puede ocasionar limitación funcional significativa. Este caso muestra una crisis gotosa grave en un paciente con gota crónica y artrosis secundaria, junto con una revisión bibliográfica reciente para actualizar los avances en diagnóstico y tratamiento.

PRESENTACIÓN DEL CASO CLÍNICO

Paciente de hombre de 68 años que acude por dolor intenso, edema y eritema en segundo dedo de mano derecha y tercer dedo de mano izquierda con deformidad (Figura 1 y 2). A la exploración se aprecia deformidad e inflamación con dolor y limitación funcional, junto con puntos de supuración activa. Tofos visibles en otras articulaciones. En la radiografía se aprecian signos crónicos sin otras alteraciones agudas, impresionando de crisis gotosa grave en paciente con gota crónica. Se pautó tratamiento con corticoide oral en pauta descendente y curas tópicas, con mejoría progresiva con disminución del dolor e inflamación.

DISCUSIÓN

La gota consiste en un síndrome que se manifiesta como una inflamación de las articulaciones secundarias a depósito de cristales de urato monosódico. La prevalencia global de esta enfermedad se sitúa entre el 1 y el 7%, con una incidencia en aumento, lo que podría relacionarse con la longevidad, los hábitos alimenticios y el mayor uso de diuréticos1,2.

Suele manifestarse en pacientes que presentan hiperuricemia, aunque casi la mitad de los pacientes que tienen una artritis gotosa, cuentan con niveles de ácido úrico normal2,3.

La artritis gotosa es la artritis inflamatoria más frecuente. Afecta fundamentalmente a varones de edad avanzada. Suele asociarse a factores de riesgo cardiovascular (hipertensión, diabetes mellitus, dislipemia).1,2,3

La mayoría de los pacientes, presentan de base una disminución de excreción de ácido úrico que se ve agravada por factores como: consumo de alcohol, ingesta de alimentos con purinas (carne, marisco), tratamientos quimioterápicos e insuficiencia crónica renal entre otros4.

El diagnóstico definitivo de la artritis gotosa consiste en la identificación de cristales de urato monosódico en el líquido sinovial de dicha articulación, aunque en la práctica no suele hacerse punción y el diagnóstico se basa en criterios clínicos2,5.

El tratamiento de la gota tiene como principal objetivo conseguir la disolución de los cristales de UMS depositados en estructuras articulares. Tal disolución se consigue mediante la reducción del urato en suero y parece conseguirse de forma más rápida si la uricemia alcanzada se encuentra significativamente por debajo del límite de saturación del urato (estimado en 6,8 mg/dl)1,2,6.

Esto se puede conseguir mediante la combinación de medidas no farmacológicas como dieta baja en purinas, eliminar el consumo de alcohol, ingesta hídrica elevada y control de factores de riesgo cardiovascular, entre otras, así como medidas farmacológicas2.

En la actualidad, no existe un consenso unánime respecto al momento ideal para iniciar el tratamiento farmacológico en pacientes con gota. No obstante, la mayoría de las guías clínicas coinciden en que es recomendable comenzar el tratamiento hipouricemiante tras el primer ataque de gota, una vez superada la fase aguda del episodio, lo que suele ocurrir entre tres y cuatro semanas después de la crisis inicial2,6.

El inicio del tratamiento con fármacos reductores de los niveles de ácido úrico está especialmente indicado en determinadas situaciones clínicas, incluso si el paciente se encuentra asintomático1,2.

En primer lugar, se recomienda iniciar el tratamiento en pacientes con hiperuricemia severa, definida por niveles de ácido úrico superiores a 13 mg/dl (0,8 mmol/l), aunque no presenten síntomas articulares. Asimismo, la presencia de tofos gotosos —depósitos de cristales de urato en tejidos blandos— justifica el comienzo del tratamiento1,2.

También debe iniciarse la terapia farmacológica en aquellos pacientes que han presentado episodios repetidos de gota, generalmente definidos como dos o más ataques al año, ya que esto indica un curso clínico recurrente que puede derivar en daño articular permanente1,2.

Otra indicación importante es la coexistencia de gota con cálculos urinarios de ácido úrico o una función renal disminuida, dado que estas condiciones agravan el impacto sistémico de la enfermedad y pueden complicar su evolución1,2.

Igualmente se justifica el uso profiláctico de fármacos hipouricemiantes en pacientes que reciben tratamientos citostáticos, presentan hiperuricemia secundaria a quimioterapia, o padecen discrasias sanguíneas como leucemias o linfomas, ya que el riesgo de hiperuricemia aguda en estos casos es elevado1,2.

En cuanto al manejo de las crisis agudas, aparte de medidas físicas, como reposo y aplicación de frio local, el tratamiento recomendado serían los antiinflamatorios no esteroideos (AINEs), sin diferencias importantes entre ellos. Los AINE selectivos de la COX2 también son efectivos. La colchicina continúa siendo apoyada. Si el paciente estaba recibiendo tratamiento con hipouricemiantes cuando sufrió el ataque agudo de gota, no deben suspenderse1,2,6.

Para los casos de gota crónica tofácea grave en quienes no se han podido normalizar los niveles de ácido úrico sérico, nuevos fármacos biológicos aportan alternativas en estos casos refractarios. La coexistencia con artrosis complica el manejo y puede favorecer deformidades persistentes1,2,4.

Situaciones especiales1:

  1. Pacientes anticoagulados: se puede iniciar tratamiento con colchicina en las primeras 24 horas del ataque agudo si no hay contraindicaciones por su efectividad y por no afectar a la coagulación. Asimismo, podría iniciarse tratamiento con corticoides vía oral. Si fuese necesario, podría utilizarse el celecoxib en estos pacientes
  2. Pacientes con insuficiencia renal moderada-severa: en estos casos se prefiere el tratamiento con corticoides, teniendo limitaciones en pacientes con HTA mal controlada o diabetes
  3. Pacientes embarazadas y en lactancia: la colchicina debe evitarse en ambos grupos. Los corticoides orales pueden ser utilizados con cuidado en ambos grupos. Durante la lactancia se puede usar también el grupo de los AINE.
  4. Paciente en diálisis y/o con trasplante de órgano sólido: no hay una recomendación específica sobre el empleo de medicamentos hipouricemiantes en pacientes en diálisis por ausencia de una evidencia mínimamente sólida que la sustente. Puede valorarse remitir a estos pacientes a unidades con suficiente experiencia clínica en su manejo, al igual que los pacientes con trasplante de órgano sólido

 

CONCLUSIÓN

Este caso muestra la importancia del manejo multidisciplinar en la gota crónica con crisis agudas y artrosis secundaria, destacando la necesidad de control metabólico y terapéutico estricto para evitar complicaciones articulares y mejorar la calidad de vida del paciente.

BIBLIOGRAFÍA

  1. Noriega Martínez V, Manzorro Fernández P.,Imaz Rubalcaba M.C. Caso clínico de artritis gotosa. Atención Primaria Práctica 2020 2:3 Número de artículo 100056
  2. Fisterra. Artritis gotosa e hiperuricemia. [Internet]. Fisterra; 2024 [consultado el 29 de mayo de 2025]. Disponible en: https://www-fisterra-com.ar-bvsalud.a17.csinet.es/guias-clinicas/artritis-gotosa-hiperuricemia/
  3. Dalbeth N, et al. Mechanisms of inflammation in gout. Nat Rev Rheumatol. 2021;17(6):364-374.
  4. Richette P, et al. Managing gout: strategies to improve quality of life. Nat Rev Rheumatol. 2021;17(3):136-146.
  5. Neogi T, et al. Imaging in gout: diagnostic and research applications. Arthritis Rheumatol. 2022;74(2):237-247.
  6. Juraschek SP, et al. Long-term urate-lowering therapy in gout: a systematic review. Rheumatology. 2023;62(1):1-10.

 

ANEXO

FIGURA 1

FIGURA 2

 

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