Pregorexia: la anorexia en el periodo de gestación

31 agosto 2025

 

 

AUTORES

  1. Marina Margelí Martín. Enfermera Generalista CRP Nuestra Señora del Pilar. Zaragoza, España.
  2. Paula Palacín Sales. Enfermera de Atención Primaria Centro de Salud Fernando el Católico. Zaragoza, España.
  3. Erika López Alcain. Enfermera del Servicio de Radiología en Hospital Royo Villanova. Zaragoza, España.
  4. María Castiella Sanjoaquín. Enfermera Centro de Salud Delicias Sur. Zaragoza, España.
  5. Luna Rosa Bellosta López. EIR Pediatría del Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa. Zaragoza, España.
  6. Natalia Muñoz Agudo. Enfermera de Urgencias Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa. Zaragoza, España.

 

RESUMEN

Los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) en el embarazo están aumentando y afectan negativamente la salud materna y fetal. Factores como presión social por la delgadez y antecedentes de TCA, ansiedad o abuso elevan el riesgo. Los TCA pueden mejorar, mantener o empeorar durante el embarazo, y suelen agravarse en el posparto y la lactancia. Estos trastornos se asocian con complicaciones obstétricas y neonatales como bajo peso al nacer, parto prematuro y muerte perinatal. Muchas veces pasan desapercibidos por estigmas y falta de formación profesional. Se recomienda el uso de herramientas como el cuestionario SCOFF para su detección. No existen protocolos específicos para embarazadas, por lo que se requiere mayor investigación. El manejo debe ser multidisciplinario y con enfoque integral.

PALABRAS CLAVE

Pregorexia, anorexia, bulimia, trastornos de la conducta alimentaria, embarazo y salud mental.

ABSTRACT

Eating disorders (EDs) during pregnancy are on the rise and negatively impact both maternal and fetal health. Risk factors include societal pressure for thinness, history of EDs, anxiety, or past abuse. ED symptoms may improve, persist, or worsen during pregnancy, often intensifying postpartum and during breastfeeding. EDs are linked to obstetric and neonatal complications like low birth weight, preterm birth, and perinatal death. They often go unnoticed due to stigma and lack of professional training. Screening tools like the SCOFF questionnaire are recommended. No specific protocols exist for pregnant populations, highlighting the need for more research. Management requires a multidisciplinary and comprehensive approach.

KEY WORDS

Anorexia, bulimia, eating disorders, pregnancy, and mental health.

DESARROLLO DEL TEMA

La Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) son defensores de la integración de los enfoques de salud mental materna en las políticas, planes y actividades de salud materna e infantil existentes que apuntan a lograr el Objetivo de Desarrollo del Milenio 5: Mejorar la salud materna1.

Es especialmente preocupante la incidencia de los trastornos alimentarios en mujeres en edad fértil (Arnold et al., 2019), con efectos sobre el ciclo menstrual, función ovárica, fertilidad, sexualidad y embarazo (Behar et al., 2008). Esta incidencia, no solo es la más alta de todas las categorías de edad, sino que también está en una trayectoria creciente2. La prevalencia actual de los trastornos alimentarios durante el embarazo oscila entre el 1,5% y el 7,6%1.

En la última década se ha producido un aumento significativo de la incidencia del embarazo en pacientes que sufren trastornos de conducta alimentaria (TCA)3, como la anorexia nerviosa, la bulimia nerviosa o el trastorno por atracón. Este hecho se explica por los procesos sociales que constituyen un factor significativo en la etiología de la enfermedad. El anhelo de delgadez en el cuerpo de la mujer, se ha convertido en un deseo cultural. Teniendo en cuenta que el momento del embarazo es un período de mayor sensibilidad a la autopercepción negativa, la influencia cultural ha provocado que las mujeres embarazadas adquieran conductas con el fin de mantener una apariencia corporal “perfecta” que encaje socialmente4.

Hay dos teorías principales en conflicto en cuanto al efecto que el embarazo tiene en la insatisfacción con la imagen corporal: 1) Los cambios relacionados con el embarazo están en conflicto directo con las ideas sociales de belleza femenina (por ejemplo, aumento de peso) y, por lo tanto, aumentan la insatisfacción con la imagen corporal; 2) Debido a los cambios en las expectativas de la apariencia corporal durante el embarazo, las mujeres se liberan de los ideales sociales en este momento y, por lo tanto, la insatisfacción con la imagen corporal disminuiría durante este periodo de vida5.

Varios estudios han investigado las reacciones negativas relacionadas con los cambios en la imagen corporal, muestran que una historia de hábitos alimentarios irregulares previos está relacionada con episodios de atracones durante el embarazo. También otros estudios 5 observaron que las preocupaciones sobre el peso y la imagen corporal empeoran durante el embarazo y después del parto3.

Existen varios factores de riesgo que aumentan la probabilidad de desarrollar un trastorno de la conducta alimentaria durante los períodos pre y posnatal. Entre ellos se incluyen: Antecedentes de episodios previos de trastornos alimentarios; Trastornos depresivos, de ansiedad o trastorno obsesivo-compulsivo; Experiencia de abuso sexual o físico en el pasado; Trastornos dismórficos corporales; Embarazo no deseado; Adicciones; y Falta de apoyo comunitario6.

No existe un comportamiento uniforme que ocurra en mujeres con TCA cuando se embarazan (Bartels et al., 2021). Para algunas de ellas la preocupación por la salud de su hijo por nacer puede motivarlas al cese completo de sus conductas alimentarias anormales, con una recuperación durante el embarazo que se mantiene en el postparto. Otras pueden tener una mejoría parcial, con recaída posterior, mientras que para otro grupo su TCA se mantiene igual o incluso empeora7.

Sin embargo, lo difícil de aceptar es la apariencia de una mujer después del parto, donde las mujeres se enfrentan a la presión de volver a su apariencia y peso previos al embarazo lo más rápido posible4.

La lactancia además es un periodo crítico para la recaída de un TCA por la adaptación que implican los cambios de su figura corporal durante el embarazo7. Un estudio mostró que las madres con TCA muestran patrones alimentarios restrictivos, un vínculo afectivo deficitario con sus propias madres, exhiben más comorbilidades psiquiátricas; además sentimientos de culpa y vergüenza, cese precoz de la lactancia, elevado control del consumo de alimentos de sus hijas (os) y/o presión para comer, horarios irregulares de comidas, dieta desequilibrada y monótona, preferencia por la delgadez y actitud crítica sobre la silueta corporal de sus hijas (os) (Behar et al., 2014). Por otra parte, muchas veces los TCA pasan desapercibidos, debido a que las pacientes lo viven en silencio, con altos niveles de sufrimiento personal y estigmatización7.

Las expectativas contradictorias del deber ser la madre perfecta y la mujer perfecta, la cual que muestran los medios de comunicación, ejercen una presión en las mujeres para verse 6 “físicamente atractivas” contribuyen al estrés emocional crónico, que empuja a algunas mujeres a recurrir a restricciones dietéticas y ejercicio compulsivo para autorregular sus emociones, mientras amamantan a su hijo y le proporcionan una calidad de vida6.

Las investigaciones actuales muestran que tener un trastorno alimentario activo durante el embarazo predispone a una multitud de resultados obstétricos desfavorables2. La deshidratación y la disfunción cardiovascular se encuentran entre los riesgos que enfrentan las mujeres embarazadas con pregorexia, además de insuficiencia placentaria7, un mayor riesgo de hiperémesis y hemorragia ante parto2.

Además, en el bebé, se han observado varios efectos adversos, como: bajo peso al nacer, circunferencia de la cabeza más pequeña, mayor riesgo de microcefalia y bebés que nacen pequeños para la edad gestacional (PEG) (8). También hay una influencia de anemia en el bebé, nacimiento prematuro y muerte perinatal9. Los bebés que nacen con bajo peso tienen más probabilidades de desarrollar resistencia a la insulina, diabetes mellitus tipo 2 e hipertensión en etapas posteriores de la vida2. Podríamos clasificar los efectos adversos del bebé según el trastorno alimentario que padece la madre; La anorexia nerviosa se asocia con una menor longitud al nacer. En la bulimia nerviosa con el parto inducido, mientras que en el Trastorno por atracón con varias complicaciones del parto, además de mayor longitud al nacer, y gran tamaño para la edad gestacional2.

Hay que tener en cuenta que las mujeres embarazadas con bajo peso requieren de una evaluación profesional de trastornos alimentarios y, si efectivamente resulta que la anorexia nerviosa está activa, es necesario referirla a una clínica de trastornos alimentarios para su tratamiento y definir el embarazo como un embarazo de riesgo10.

Los trastornos de la conducta alimentaria, especialmente si son graves, se correlacionan con malos resultados perinatales, obstétricos y neonatales. Se recomienda que obstetras y médicos generales estén alerta y realicen cribados de TCA durante el embarazo11. Además, podrían mejorar la atención prenatal preguntando sobre el peso corporal, calculando el IMC pregestacional e investigando las conductas de pérdida de peso y los problemas psicológicos o psiquiátricos, como los trastornos alimentarios 712. Existen diferentes enfoques para identificar los trastornos alimentarios durante el embarazo; El profesional de la salud puede preguntar directamente por un diagnóstico de trastorno alimentario o por los síntomas centrales. O alternativamente, se pueden utilizar instrumentos de autoinforme13. Las principales barreras para identificarlos son las bajas tasas de divulgación, y de consulta en la atención prenatal, debido al estigma y la falta de oportunidades1. Otro factor de barrera es la escasa formación profesional. Los trastornos alimentarios siguen desnudándose y es necesario mejorar la educación y la formación de los profesionales sanitarios14. Además, se requieren estudios adicionales que orienten apropiadamente a los profesionales de salud en la prevención, detección precoz y tratamiento de los trastornos de la conducta alimentaria en el embarazo y puerperio15.

Actualmente no se dispone de ninguna herramienta de cribado desarrollada específicamente para su uso en poblaciones prenatales. También es problemático que no existan criterios consensuados para definir el bajo peso materno en el embarazo. Actualmente una guía proporcionada por el Gobierno australiano, es la única que recomienda explícitamente la detección de TCA en el embarazo16. Por otro lado, el cuestionario SCOFF es una herramienta de detección breve y ampliamente validada para los TCA1.

El manejo de las mujeres embarazadas que sufren trastornos alimentarios requiere un enfoque multidisciplinario2 con la cooperación entre especialistas en ginecología, psiquiatría, neonatología y pediatría17.

CONCLUSIÓN

En conclusión; los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) durante el embarazo representan un problema de salud pública creciente y complejo, con implicaciones significativas tanto para la salud física y mental de la madre como para el desarrollo y bienestar del bebé. La alta prevalencia de TCA en mujeres en edad fértil y su progresivo aumento durante el embarazo reflejan una realidad influenciada no sólo por factores individuales y clínicos, sino también por presiones socioculturales que refuerzan ideales corporales inalcanzables.

La falta de identificación y tratamiento oportuno de los TCA en el embarazo se ve agravada por el estigma, la escasa formación de los profesionales de salud y la ausencia de herramientas de cribado específicas para esta etapa. Este contexto contribuye a una mayor vulnerabilidad materna y perinatal, generando consecuencias obstétricas desfavorables como bajo peso al nacer, parto prematuro o complicaciones durante el parto, además de efectos psicológicos duraderos en la madre y su vínculo con el recién nacido.

Ante esta situación, resulta urgente integrar la salud mental materna y la detección de TCA en las políticas de salud materno-infantil, con un enfoque multidisciplinario que incluya a obstetras, psiquiatras, nutricionistas y pediatras. Se requiere no solo sensibilización profesional, sino también más investigación que permita el desarrollo de guías clínicas específicas y herramientas de evaluación adaptadas al contexto prenatal. Atender los TCA en el embarazo no solo mejora los resultados de salud, sino que también garantiza una atención más humana, integral y equitativa para las mujeres y sus hijos.

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