Intervención familiar en trastorno mental grave. Enfoque sistémico en trabajo social

14 septiembre 2025

 

AUTORES

  1. Nilsa Carmen Viejo Lezcano. Graduada en Trabajo social, trabajadora social SALUD Aragón. España.
  2. Raquel Brinquis Seco. Psicóloga Interna Residente, Hospital Obispo Polanco. Teruel. España.
  3. Pilar Ángela Pulido Arellano. Trabajadora Social SALUD Aragón. España.
  4. Miguel Bernal Rosa. Celador Hospital Obispo Polanco. Teruel, España.
  5. Paula Garcia Jordan. Graduada en Enfermería. España.

 

RESUMEN

La presencia de un Trastorno Mental Grave (TMG) en el seno familiar genera un impacto significativo que altera la estructura, los roles y la dinámica relacional del sistema familiar. Este artículo analiza la intervención familiar desde el trabajo social utilizando el modelo sistémico como marco teórico y metodológico. A través de una revisión bibliográfica, se abordan los principales conceptos que sustentan este enfoque, así como las herramientas específicas empleadas, como el genograma y el ecomapa. Se destaca la relevancia de la alianza terapéutica, la evaluación de factores de riesgo y protección, y la consideración del contexto ecológico para una intervención integral. El enfoque sistémico permite al profesional del trabajo social comprender la complejidad de las interacciones familiares, diseñar estrategias de apoyo personalizadas y promover la capacidad de afrontamiento y el bienestar familiar frente a la enfermedad mental.

PALABRAS CLAVE

Enfermedad mental severa, enfoque sistémico, relaciones familiares, trabajo social, salud mental.

ABSTRACT

The presence of a Severe Mental Disorder within the family unit has a profound impact, altering its structure, roles, and relational dynamics. This article analyzes family intervention from the perspective of Social Work, using the systemic model as a theoretical and methodological framework. Based on a literature review, key concepts underpinning this approach are explored, alongside specific tools such as the genogram and ecomap. The study emphasizes the importance of the therapeutic alliance, the assessment of risk and protective factors, and the consideration of the ecological context for a comprehensive intervention. The systemic approach enables social work professionals to understand the complexity of family interactions, design tailored support strategies, and foster coping capacities and overall family well-being in the context of mental illness.

KEY WORDS

Severe mental illness, systems approach, family relations, social work, mental health.

INTRODUCCIÓN

La presencia de un TMG en un miembro de la familia implica un impacto complejo y multifacético que afecta no solo al individuo directamente afectado, sino también a toda la estructura familiar y a las relaciones que la componen. Esta situación supone un reto para la familia, que debe adaptarse a nuevas realidades, enfrentar incertidumbres y reorganizar sus dinámicas para afrontar la crisis. En este sentido, el TMG no solo altera el equilibrio emocional de la persona enferma, sino que también puede modificar el funcionamiento global del sistema familiar, sus roles, límites, y patrones de interacción.

Desde una perspectiva sistémica, la familia se entiende como un sistema dinámico e interdependiente, donde cada miembro y cada relación tiene un papel fundamental. Los cambios que ocurren en uno de sus componentes repercuten inevitablemente en el conjunto, generando un proceso circular de influencias mutuas. Este enfoque permite trascender la visión tradicional centrada únicamente en el individuo para analizar cómo la enfermedad mental interactúa con las múltiples dimensiones del entorno familiar.

El trabajo social, desde esta mirada sistémica, pretende comprender estas complejidades. Su objetivo es analizar no solo las dificultades que surgen dentro de la familia, sino también identificar los recursos, fortalezas y redes de apoyo que pueden ser movilizados para facilitar la adaptación y el afrontamiento. Este enfoque integral resulta esencial para diseñar intervenciones que consideren tanto los factores de riesgo como los elementos de protección que configuran la resiliencia familiar frente a la enfermedad.

En resumen, abordar el TMG desde una perspectiva sistémica implica reconocer la familia como un sistema en constante transformación, donde las dificultades pueden ser comprendidas en su contexto y las intervenciones orientadas a promover un equilibrio que favorezca el bienestar de todos sus miembros.

OBJETIVO

Este artículo analiza cómo el modelo sistémico, desde el trabajo social, facilita la comprensión e intervención en familias con un miembro afectado por un TMG, utilizando herramientas como el genograma y el ecomapa para identificar recursos y dificultades del sistema familiar.

METODOLOGÍA

Para la elaboración del artículo se ha llevado a cabo una revisión bibliográfica sistemática centrada en libros especializados en trabajo social y salud mental, así como en artículos académicos sobre el modelo sistémico y la intervención familiar en casos de TMG. La búsqueda se realizó en la plataforma digital Dialnet utilizando las siguientes palabras clave: “trabajo social, salud mental y modelo sistémico”, “modelo sistémico y trabajo social” e “intervención familiar y trabajo social”.

RESULTADOS

La teoría general de los sistemas nace como contraposición a las reacciones causa-efecto entre variables, así como la unificación de varias ciencias. El fundador fue el biólogo Ludwig von Bertalanffy que desde los años veinte proponía una visión sistémica1.

El modelo sistémico basa sus principios teóricos en un paradigma totalizador y generalista de los hechos sociales, que va de lo particular a lo general bajo una visión circular-relacional. Parte de la convicción de que todo está incluido en un círculo: toda situación tiene una causa circular, que puede ser tanto punto de partida como de llegada. Por lo tanto, la explicación de cualquier hecho implica comprender el círculo como un todo, y no solo un aspecto aislado1. En las intervenciones familiares, se estudia a los individuos como parte de sistemas interpersonales, los cuales funcionan como contextos explicativos de sus conductas.

La perspectiva sistémica nos muestra cómo los procesos que ocurren dentro de la familia median en la superación de crisis, mostrando cómo esta afronta y reduce situaciones de estrés mediante una reorganización eficaz en su nuevo entorno1. En este caso, centrándonos en un diagnóstico de TMG dentro del núcleo familiar. La finalidad del modelo sistémico es estudiar las disfunciones en el contexto en el que se desarrollan.

Al recibir la noticia de un TMG en la familia, se identifican diversas reacciones familiares como protección, rabia, duelo, culpa y miedo. Además, una de las consecuencias que puede derivar de la aparición de un TMG en el núcleo familiar es el aislamiento social, el cual potencia el impacto negativo de la condición crónica, situando a las personas en una situación de mayor vulnerabilidad. Todos estos factores influyen de manera significativa en la estructura familiar2.

La familia es un sistema compuesto por varios subsistemas, dentro de los cuales se establecen límites o reglas familiares que pueden ser flexibles o rígidos. La aparición de un TMG afecta tanto a estos subsistemas como a sus límites, generando una estructura disfuncional que impacta en el proceso vital familiar. Como respuesta, surge la homeostasis, un mecanismo mediante el cual la familia evita “arriesgarse” a salir de su rutina, deteniéndose en su ciclo vital por temor a que se repita un brote psicótico o a que empeore la condición de la persona con TMG. En este contexto, se manifiesta la alta emoción expresada, creando un clima familiar de alta reactividad. Todos estos factores alteran profundamente la estructura familiar2.

Ante esta complejidad, la alianza terapéutica será necesaria para poder realizar una intervención familiar productiva. La relación terapéutica que el profesional establece con el paciente y la familia busca generar una transformación que permita la adquisición de cambios de conducta más adecuados para mejorar la autonomía, la adaptación y las relaciones con el entorno. Los factores que influyen en esta relación incluyen un ambiente estable, la aceptación mutua, la seguridad, la comodidad y una mayor intimidad. Para ello, es fundamental establecer una relación emocional de confianza, un ambiente terapéutico óptimo y respeto, evitando elementos que puedan dificultar la relación, tales como la resistencia, la transferencia y la contratransferencia3.

Pinsof destaca la importancia de las alianzas entre cada miembro de la familia y el terapeuta, así como las alianzas que el terapeuta establece con cada subsistema familiar (por ejemplo, una alianza diferenciada con los padres y otra con los hijos), además de la alianza global del terapeuta con todo el grupo familiar. Estas relaciones influyen mutuamente, conformando un sistema complejo de influencias recíprocas4. Además, el autor resalta la relevancia de la alianza intra-sistémica, que se refiere tanto a las alianzas internas dentro de la familia (entre todos sus miembros y subsistemas, sin incluir al terapeuta) como a las alianzas dentro del equipo terapéutico (por ejemplo, entre terapeuta y co-terapeuta, terapeuta y supervisor, o entre el terapeuta y otros profesionales que trabajan con la familia).

Por lo tanto, la alianza terapéutica ocupa un lugar fundamental en el proceso de intervención, ya que la solidez de esta alianza predice el éxito del tratamiento y explica, en gran medida, su posible fracaso.

Los componentes para una correcta relación terapéutica son el compromiso e implicación —que el cliente perciba sentido en el tratamiento—; la conexión emocional con el trabajador social, es decir, que sea una persona importante en la vida del cliente; ofrecer seguridad, para que el conflicto familiar pueda manejarse sin hacerse daño; y el sentido de compartir el propósito de la terapia en la familia, con objetivos comunes entre sus miembros4. Es importante tener en cuenta que la familia necesita a los profesionales y los profesionales a la familia.

Para crear esta alianza hay que atender las necesidades de la familia, especialmente las referidas como consecuencia de la aparición del TMG y la nueva situación que va a provocar en la familia el proceso de rehabilitación. Durante la valoración social habrá que diferenciar entre su punto de vista frente a la enfermedad y la persona afectada y por otro lado, la valoración de la familia en sí misma que nos permita conocer la fase del ciclo vital y los roles que esta ejerciendo cada miembro2.

La intervención sistémica eficaz debe iniciar con una evaluación cuidadosa de los factores de protección y vulnerabilidad presentes en el sistema familiar. Estos factores condicionan en gran medida la manera en que la familia enfrenta y se adapta a las dificultades. Mientras que los factores de vulnerabilidad incluyen elementos que aumentan la probabilidad de disfunción, como problemas económicos, conflictos interpersonales o enfermedades, los factores de protección son aquellos recursos que facilitan la resiliencia familiar, tales como el apoyo social, la cohesión, la comunicación efectiva y los recursos comunitarios. Reconocer y comprender esta dualidad permite al profesional no solo identificar los riesgos, sino también potenciar las fortalezas que favorecen el bienestar familiar5.

En familias donde un miembro presenta un TMG, esta evaluación adquiere una mayor complejidad y relevancia. Para adaptar la intervención a las necesidades específicas, es fundamental analizar en profundidad las dificultades y fortalezas particulares del sistema familiar. Aspectos como el momento del ciclo vital en que se encuentra la familia, la fase de duelo por la enfermedad, la carga que representa el cuidado, el nivel de emoción expresada y el grado de conocimiento y conciencia sobre el trastorno, son áreas clave que orientan la intervención sistémica2. De esta manera, la valoración no solo detecta problemáticas, sino que también brinda una base sólida para diseñar estrategias que fomenten la capacidad de adaptación y la salud emocional de la familia en su conjunto.

Las principales técnicas para la recogida y valoración de datos son la entrevista, el genograma y el ecomapa familiar1.

La entrevista debe reunir las características de neutralidad, hipotetización y circularidad. A través de la entrevista todos los miembros de la familia aportan y reciben información, será el profesional quién maneje esta información de manera que pueda introducirla en el sistema familiar y producir cambios de percepciones, el profesional organizará e introducirá nuevos datos en función de las hipótesis que se vaya planteando, de una forma flexible, facilitando el cambio y la reorganización del sistema siempre teniendo en cuenta sus tiempos, características y finalidades. El profesional debe abstenerse de juicios de valor alejándose de estereotipos. Actuará bajo el principio de equifinidad, en el que un sistema tiene la capacidad de alcanzar un mismo estado final partiendo de distintas condiciones iniciales y recurriendo a diferentes caminos. Durante la entrevista habrá que tener en cuenta la circularidad en tanto en cuanto el sistema es un todo en el que los diferentes miembros de la familia interactúan y se influyen mutuamente y de forma continua1.

El genograma familiar es una representación gráfica de tres generaciones que nos dará una imagen de la información general familiar, y así poder generar una hipótesis de partida del problema y del sistema familiar y que tiene tres niveles: estructura familiar, información sobre la familia y relaciones familiares. Esta combinación nos dará unas pautas de interacción familiar, sus reglas y fechas más importantes en su historia como familia, deberemos de conocer los cambios que se han ido produciendo tras un desajuste como puede ser una patología en la familia, cambios que se han dado en la estructura y en las relaciones del sistema familiar2.

Por otro lado, el ecomapa proporcionará una imagen de la manera en que el sistema familiar conoce las relaciones entre los distintos sistemas del entorno: escolar, laboral, ocio, cultural… así como sus estructuras. De esta forma se puede ver a la familia inmersa en sus medio y sus relaciones con los diversos sistemas que le rodean1.

Tras la valoración familiar, se debe definir el problema en su contexto, realizar el diagnóstico familiar, plantear la función del problema dentro de la dinámica familiar y cómo este impide el desarrollo del ciclo vital. Minuchin propone una serie de elementos metodológicos para establecer el diagnóstico familiar2:

  • Definir el problema con claridad.
  • Observar la estructura familiar, prestando atención a aspectos como los límites, la jerarquía, la simetría, la comunicación, los mitos familiares, las alianzas entre los miembros, así como la flexibilidad o rigidez del sistema.
  • Elaboración de las hipótesis, con el fin de ordenar la información, establecer el punto de partida para la investigación. La hipótesis servirá de guía, estas hipótesis deberán de ser sistémicas, es decir, incluir a todos los miembros de la familia nuclear.
  • Confirmar o modificar las hipótesis a través de la entrevista y el uso de técnicas específicas como las preguntas circulares, las esculturas familiares, el role playing y la prescripción de tareas.

 

Después de la valoración familiar, se elaborará un plan individualizado de rehabilitación que guiará la intervención. Este plan se diseña teniendo en cuenta las necesidades específicas de la familia y del miembro con TMG, así como los factores de protección y vulnerabilidad previamente identificados. Su propósito es establecer objetivos claros y realistas, definir las estrategias terapéuticas a implementar y asignar responsabilidades tanto al equipo profesional como a la familia. Además, permite un seguimiento continuo y la adaptación de las intervenciones según la evolución del proceso, asegurando así una atención personalizada y efectiva que favorezca la mejora en el funcionamiento familiar y la calidad de vida de todos sus miembros.

Por lo general, la familia constituye un recurso para el miembro que sufre de una patología mental. Los profesionales deben enseñar a la familia a ayudar a la persona afectada ya que no es fácil. Por un lado, la falta de conocimientos sobre la enfermedad, recursos y herramientas, y por otro lado, por el estado emocional en el que puede encontrarse la familia2.

Desde el trabajo social, es fundamental prestar atención al ambiente que rodea el sistema familiar con el que se interviene. Esto implica estudiar las múltiples interacciones que ocurren entre los distintos niveles del entorno, desde lo más cercano hasta lo más amplio. Para lograrlo, es necesario analizar las relaciones, las modalidades de comunicación y las reglas que rigen las interacciones dentro del sistema familiar.

Estas dinámicas se encuentran enmarcadas en la Teoría Ecológica de Bronfenbrenner, la cual establece que el desarrollo y bienestar de la familia están influenciados por diferentes contextos interrelacionados: el microsistema (entorno inmediato), mesosistema (relaciones entre entornos inmediatos), exosistema (contextos indirectos que afectan al individuo) y macrosistema (normas culturales y sociales). Entender estas capas permite al profesional reconocer cómo factores externos pueden incidir en la dinámica interna familiar y viceversa, ofreciendo así una visión integral que resulta clave para diseñar intervenciones efectivas y ajustadas a la realidad de cada familia1.

CONCLUSIONES

  • El modelo sistémico es fundamental para comprender cómo un TMG impacta en la dinámica familiar, permitiendo identificar vulnerabilidades y recursos que guían intervenciones orientadas a fortalecer la resiliencia familiar y el bienestar colectivo.
  • La alianza terapéutica, basada en la confianza y la colaboración entre profesionales, pacientes y familiares, es un elemento clave para facilitar cambios sostenibles y adaptar la intervención a las necesidades específicas del sistema familiar.
  • El profesional de trabajo social debe asumir un rol facilitador, promoviendo la identificación y modificación de patrones disfuncionales, favoreciendo nuevas formas de interacción y conectando a la familia con redes formales e informales de apoyo.
  • La evaluación integral de factores de riesgo y protección permite desarrollar intervenciones personalizadas que contribuyen a la autonomía, la salud emocional y la estabilidad del sistema familiar, superando la mirada centrada únicamente en el diagnóstico individual.
  • En suma, el enfoque sistémico potencia intervenciones significativas que contribuyen a reducir el estrés familiar, prevenir desequilibrios futuros y mejorar la calidad de vida de todos los miembros de la familia.

 

BIBLIOGRAFÍA

  1. De Pedro Herrera D. Una mirada persona-entorno. En: Ituarte Tellaeche A, editor. Prácticas del trabajo social clínico. Valencia: Nau Llibres; 2017. p. 191-208.
  2. Siurana López S. Intervención familiar del trabajador social en salud mental. En: Miranda Aranda M, editor. Lo social en la salud mental (I): Trabajo Social en Psiquiatría. Zaragoza: Prensas de la Universidad de Zaragoza; 2015. p. 309–47.
  3. Idareta Goldaracena F. Trabajo social psiquiátrico. Reivindicación ética de la dimensión social en salud mental. Valencia: Nau Llibres; 2018.
  4. Escudero Carranza V. La creación de la alianza terapéutica en la Terapia Familiar. Apunt Psicol. 2009;27(2–3):247–59. doi:10.55414/apd7wm74.
  5. Galán Rello D. Diseño de una intervención familiar a partir del modelo sistémico. Observatorio de las Ciencias Sociales en Iberoamérica [Internet]. 2024 Aug 6;5(2):89-102. doi:10.51896/ocsi.v5i2.590

 

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