- Ainhoa Leticia González Esgueda. Diplomada en Enfermería. Servicio de Urgencias del Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa. Zaragoza. España.
- Romina Andrea Ghimes Croitoru. Graduada en Enfermería. Servicio de Medicina Interna del Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza. España.
- Sabrina Gil Navarro. Diplomada en Enfermería. Servicio de Medicina Interna del Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza. España.
- Alexandra Marco Bernad. Diplomada en Enfermería. Servicio de Medicina Interna del Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza. España.
- Laura Larena Fernández. Diplomada en Enfermería. Servicio de Neonatos del Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza. España.
- Noelia Lafuente Carrasco. Graduada en Enfermería. Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología del Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza. España.
CARTA AL EDITOR
Los últimos 25 años han estado marcados por la implementación de herramientas de inteligencia artificial (IA) en distintos ámbitos de la vida cotidiana, laboral en general, y en la salud1,2. Se presume que el impacto que tendrá esta nueva tecnología en el ámbito sanitario será incluso más importante que el paso de la asistencia sanitaria analógica con historias clínicas en formato papel al uso sistematizado de ordenadores de forma cotidiana en prácticamente todos los hospitales del mundo moderno que se ha ido dando de forma progresiva en los últimos 40 años3,4, siendo la IA en sus diferentes modalidades una tecnología que se implementa de forma mucho más rápida y con cambios que indudablemente van a modificar la práctica profesional.
La IA, emerge como una verdadera revolución que podría significar un cambio importante en todos los aspectos de la atención desde los procesos administrativos hasta el diagnóstico por imagen siendo ya una realidad que algunos algoritmos de aprendizaje profundo son incluso más precisos que especialistas sanitarios humanos1,2. Promete mejoras en la precisión diagnóstica, agilizando también procesos asistenciales, facilitando la monitorización continua y el análisis en tiempo real de una mayor cantidad de datos sanitarios5.
La implementación progresiva de herramientas basadas en IA en este entorno supone un cambio paradigmático en la forma de ejercer la enfermería y quizás incluso redimensiona lo que esta profesión significa4,5. Implementar IA en salud probablemente será inevitable, pero su dinámica compleja supone un desafío en enfermería, donde los profesionales afrontan dilemas éticos, datos sensibles y deben tomar decisiones clínicas inmediatas que antes dependían de algoritmos estándar y juicio humano.
Dentro de los desafíos para implementar la tecnología la resistencia al cambio o desconfianza tecnológica es uno de los factores que podría generar rechazo, esto es algo habitual cada vez que se implementan nuevas tecnologías, y dicha resistencia fue similar con la digitalización de la historia clínica. En la actualidad existe cierto escepticismo hacia la IA siendo una novedosa, que genera especiales preocupaciones sobre la fiabilidad y el porcentaje de errores, por lo que para los profesionales que se encuentran en áreas de alta carga laboral como urgencias o áreas de primaria el uso de una IA no optimizada podría complicar en vez de facilitar las tareas cotidianas5. Otro desafío importante es el temor a la pérdida de la capacidad humana para desarrollar una actividad profesional autónoma, convirtiendo al personal sanitario excesivamente dependiente de la tecnología lo que podría reducir su capacidad de respuesta en entornos límites, es por esto que se requiere de integrar de forma eficiente esta nueva tecnología, lo que además genera el temor de deshumanizar una de las profesiones en las que el rol activo de cuidado es esencial. También debe considerarse la brecha de conocimientos digitales, el ritmo vertiginoso de la tecnología es difícil de seguir sobre todo por profesionales sanitarios que dedican gran parte de su formación a la memorización y adquisición de habilidades y conocimientos prácticos muy específicos, aislándose de formaciones tecnológicas, ya que en específico son pocos los conocimientos transferibles de la formación universitaria sanitaria que puedan ser traducidos como competencias relacionadas con la IA y otras tecnologías emergentes4,5.
No obstante no todo son limitantes, en la actualidad algunas de las implementaciones de la IA que aportan mayor beneficio en el área laboral son la reducción de la carga administrativa, al automatizar tareas repetitivas dependientes de ordenador, permiten al personal aumentar y mejorar la calidad de la atención enfermera paciente, esto es aplicable no solo en las consultas diarias en centros hospitalarios sino que al menos en teoría algoritmos de predicción podrían ayudar a intervenir de manera precoz problemas salud que incluso pasan desapercibidos por las profesionales y esto indudablemente se traduce en una mejor eficiencia y calidad en el cuidado enfermero4,5. La IA se vislumbra como la herramienta por excelencia para la ayuda en la toma de decisiones, ya que permite sintetizar de forma ordenada y concisa mucha información en poco tiempo en apenas segundos, facilitando a los profesionales, la capacidad de manejar grandes volúmenes de datos clínicos, identificando patrones y tendencias; tal es el caso que ya se propone en la actualidad implementar sistemas de IA para monitoreo continuo de signos, o para detectar variaciones leves en los mismos. Además, surge la posibilidad de nuevas áreas de especialización en enfermería, con profesionales destinados a implementar herramientas de IA aplicados a la enfermería, abriendo un nuevo campo profesional que hasta hace 5 o 10 años era inexistente. En hospitales españoles, todo apunta a que en un futuro próximo se implementaran de forma sistemática el triaje automatizado con IA, pudiendo reducir de forma importante el tiempo de atención hospitalaria y favoreciendo la consulta eficaz de pacientes en atención primaria y el seguimiento de cuidados crónicos.
La IA exige que el personal de enfermería adapte sus habilidades técnicas, éticas, comunicativas y organizacionales, mejorando el cuidado y bienestar del paciente. Hoy es una oportunidad para optimizar la práctica enfermera y garantizar una atención centrada en el paciente.
BIBLIOGRAFÍA
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