- Carlos Moreno Gálvez. Médico Interno Residente, Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, España.
- Ignacio Ladrero Paños. Médico Interno Residente, Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, España.
- Laura Morales Blasco. Médico Interno Residente. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, España.
- Mario Martínez Fleta. Médico Interno Residente, Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, España.
- Alejandra Ruiz Colodrero. Médico Interno Residente. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, España.
- Alicia Viñas Barros. Médico Interno Residente, Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa. Zaragoza, España.
RESUMEN
El ejercicio de fuerza se ha consolidado como una herramienta eficaz en la mejora de la composición corporal y la salud metabólica. Su práctica regular induce modificaciones en la masa muscular, la masa grasa y los compartimentos hídricos corporales, que pueden evaluarse mediante técnicas como la antropometría y la bioimpedanciometría (BIA). La antropometría permite medir pliegues cutáneos, perímetros y diámetros óseos, proporcionando información indirecta de la masa grasa y magra. La bioimpedanciometría, por su parte, ofrece una estimación rápida y no invasiva de la composición corporal, incluyendo masa libre de grasa, masa grasa, agua corporal total y ángulo de fase, parámetro emergente en la valoración funcional. Este artículo revisa la evidencia científica sobre los cambios inducidos por programas de entrenamiento de fuerza evaluados por antropometría y BIA, discutiendo ventajas, limitaciones y aplicaciones clínicas y deportivas.
PALABRAS CLAVE
Ejercicio de fuerza, antropometría, bioimpedanciometría, composición corporal, salud metabólica.
ABSTRACT
Resistance training has emerged as an effective strategy to improve body composition and metabolic health. Regular practice leads to modifications in muscle mass, fat mass, and body water compartments, which can be assessed using anthropometry and bioimpedance analysis (BIA). Anthropometry provides indirect estimates of fat and lean mass through skinfolds, circumferences, and bone diameters, whereas BIA offers a fast, non-invasive evaluation of fat-free mass, fat mass, total body water, and the phase angle, an emerging functional biomarker. This article reviews the scientific evidence on changes induced by resistance training evaluated with anthropometry and BIA, discussing advantages, limitations, and clinical and sports applications.
KEY WORDS
Resistance training, anthropometry, bioimpedance analysis, body composition, metabolic health.
INTRODUCCIÓN
El ejercicio de fuerza ha pasado de ser una estrategia circunscrita al ámbito deportivo a consolidarse como una herramienta fundamental en la promoción de la salud, la prevención de enfermedades crónicas y la rehabilitación funcional¹. Numerosos estudios han demostrado su impacto positivo en la masa muscular, la fuerza, la densidad mineral ósea, el metabolismo glucídico y lipídico, y la reducción del riesgo de enfermedades cardiovasculares y metabólicas². Entre sus beneficios más destacados se encuentra la capacidad de modificar de manera favorable la composición corporal, reduciendo la masa grasa y aumentando la masa libre de grasa³.
La evaluación de estos cambios es esencial para monitorizar la eficacia de las intervenciones. La antropometría, método clásico y accesible, proporciona información sobre distribución de grasa y masa muscular mediante medición de pliegues cutáneos, perímetros y diámetros óseos⁴. La bioimpedanciometría (BIA), en cambio, se ha popularizado por su rapidez y capacidad de estimar compartimentos corporales de manera no invasiva, además de aportar el ángulo de fase, un indicador relacionado con la integridad celular y el estado nutricional⁵. Ambas herramientas son complementarias y ofrecen una visión práctica para la investigación y el seguimiento clínico o deportivo.
MATERIAL Y MÉTODO
Se realizó una revisión narrativa de literatura publicada entre 2015 y 2024 en PubMed, Scopus y Web of Science. Se seleccionaron ensayos clínicos, revisiones sistemáticas y guías que evaluarán cambios en composición corporal inducidos por entrenamiento de fuerza, analizados mediante antropometría o bioimpedanciometría. Se priorizaron estudios en adultos sanos y en poblaciones con patologías metabólicas o riesgo cardiovascular, por su relevancia clínica.
RESULTADOS
Los resultados de los estudios analizados muestran que el entrenamiento de fuerza, incluso en períodos relativamente cortos de 8 a 12 semanas, produce mejoras significativas en la composición corporal global y segmentaria. Desde el punto de vista antropométrico, los programas de fuerza generan reducciones en el porcentaje de grasa corporal de entre 1 y 3 % y disminuciones de los pliegues cutáneos de muslo, abdomen y tríceps en torno al 10–15 %, con incrementos en los perímetros musculares de brazos y piernas que oscilan entre 1 y 2 cm, reflejando un aumento real de masa muscular⁴. Estas variaciones suelen acompañarse de una reducción de la circunferencia de cintura, lo que indica un descenso de la grasa visceral, especialmente cuando el entrenamiento se combina con una dieta equilibrada o un déficit calórico moderado.
A través de la bioimpedanciometría, se ha documentado un incremento de la masa libre de grasa (FFM) entre 1,0 y 2,5 kg y una disminución de la masa grasa (FM) de entre 1,2 y 2,0 kg tras programas de fuerza de 10 a 16 semanas⁵. Estos cambios suelen ir acompañados de una ligera elevación del peso corporal total en sujetos previamente sedentarios debido al aumento de masa muscular. El agua corporal total (TBW) también se incrementa, fundamentalmente a expensas del agua intracelular (ICF), lo que refleja una mejora en la hidratación muscular y en la capacidad de almacenamiento intracelular. En algunos estudios con adultos mayores, el ICF aumentó hasta un 10 %, acompañado de una disminución paralela del agua extracelular, lo que sugiere un desplazamiento favorable hacia una composición más funcional del tejido muscular⁶.
El ángulo de fase (PhA) se ha consolidado como un marcador de calidad celular y adaptaciones estructurales derivadas del ejercicio de fuerza. El PhA se calcula a partir de la relación entre la reactancia (Xc) y la resistencia (R) y refleja el grado de integridad de la membrana celular y la cantidad relativa de masa activa. Diversos estudios han mostrado incrementos del PhA de 0,4° a 0,8° tras 12–24 semanas de entrenamiento, cambios que correlacionan directamente con las mejoras de fuerza y masa magra⁷. Esta ganancia se asocia con mayor contenido de agua intracelular y aumento de la capacitancia celular, indicando una mejor funcionalidad tisular. De igual modo, cuando se interrumpe el entrenamiento (detraining), el PhA tiende a disminuir progresivamente, regresando hacia los valores basales, lo que subraya la necesidad de mantener la continuidad del estímulo mecánico⁷.
A nivel eléctrico, la resistencia (R) tiende a reducirse en aproximadamente 5–10 Ω tras programas de fuerza regulares, debido al aumento del volumen de tejidos conductores como la masa magra, mientras que la reactancia (Xc) se incrementa en valores medios de 3–5 Ω, reflejando mayor integridad y capacidad de las membranas celulares⁶. Estos cambios son especialmente relevantes en contextos clínicos como la sarcopenia, la obesidad o la rehabilitación, donde la evolución del PhA y los parámetros eléctricos pueden servir como indicadores tempranos de mejora antes de observarse cambios significativos en peso o circunferencia corporal.
En cuanto a la comparación entre técnicas, la antropometría permite visualizar de forma directa las modificaciones morfológicas externas y resulta ideal para el seguimiento rutinario o en entornos con recursos limitados. Sin embargo, su precisión depende en gran medida de la experiencia del evaluador. La bioimpedanciometría, aunque más sensible, requiere control riguroso de condiciones previas —estado de hidratación, ayuno, ejercicio reciente— para garantizar la validez de los resultados. El uso conjunto de ambas proporciona una visión integral: la antropometría cuantifica el cambio estructural visible y la BIA revela el cambio interno, metabólicamente relevante.
En el ámbito clínico, los beneficios del ejercicio de fuerza medidos por estas herramientas trascienden la estética corporal. El aumento de la masa magra y del agua intracelular se relaciona con una mejor sensibilidad a la insulina, un metabolismo basal más elevado y una mayor capacidad funcional, especialmente en adultos mayores y pacientes con enfermedades crónicas². El incremento del ángulo de fase, además, se asocia a una menor fragilidad, una mejor respuesta inmune y una recuperación funcional más rápida, lo que consolida al ejercicio de fuerza como intervención esencial tanto en prevención como en tratamiento de múltiples patologías.
CONCLUSIONES
El entrenamiento de fuerza es una intervención eficaz para mejorar la composición corporal, aumentando la masa libre de grasa y reduciendo la masa grasa. La antropometría y la bioimpedanciometría son herramientas valiosas y complementarias para monitorizar estos cambios, cada una con ventajas y limitaciones propias. La evidencia respalda la inclusión sistemática de programas de fuerza en estrategias de salud pública y en el manejo clínico de patologías metabólicas y musculoesqueléticas. La incorporación del ángulo de fase como parámetro de seguimiento abre nuevas perspectivas en la valoración funcional de las adaptaciones al ejercicio.
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