- Carmen Candela Medina Blasco. Técnico en Cuidados Auxiliares de Enfermería (TCAE). TCAE en Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Sergio Marcuello Guallar. Celador. Aragón, España.
- Elena Lacueva Zapater. Técnico en Cuidados Auxiliares de Enfermería (TCAE). TCAE en Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Juan Carlos Sáez Moreno. Celador. Celador en Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Rocío del Carmen Gavilanes Escobar. Técnico en Cuidados Auxiliares de Enfermería (TCAE). TCAE en Hospital Universitario Miguel Servet de Zaragoza. Aragón, España.
- Jennifer Bomati Quintana. Técnico en Cuidados Auxiliares de Enfermería (TCAE). TCAE en Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
RESUMEN
La enfermedad de Whipple es una infección bacteriana crónica y poco frecuente causada por Tropheryma whipplei, que afecta principalmente al intestino delgado, pero puede comprometer múltiples órganos. Se caracteriza por diarrea crónica, pérdida de peso, dolor abdominal y artralgias, pudiendo evolucionar hacia manifestaciones sistémicas como endocarditis, alteraciones neurológicas y oculares. El diagnóstico se basa en la biopsia duodenal con macrófagos PAS positivos y la confirmación mediante PCR. El tratamiento requiere antibióticos prolongados, habitualmente ceftriaxona seguida de trimetoprim-sulfametoxazol, o bien doxiciclina con hidroxicloroquina en casos refractarios. Aunque el pronóstico ha mejorado notablemente, las recaídas son frecuentes y el seguimiento a largo plazo es esencial. La investigación actual se centra en nuevas técnicas diagnósticas, terapias más cortas y el papel del microbioma.
PALABRAS CLAVE
Enfermedad de Whipple, tropheryma, bacterias, síndromes de malabsorción, técnicas de diagnóstico molecular.
ABSTRACT
Whipple’s disease is a rare, chronic bacterial infection caused by Tropheryma whipplei, which primarily affects the small intestine but can also involve multiple organs. It is characterized by chronic diarrhea, weight loss, abdominal pain, and arthralgia, and can progress to systemic manifestations such as endocarditis and neurological and ocular disorders. Diagnosis is based on duodenal biopsy with positive PAS macrophages and confirmation by PCR. Treatment requires long-term antibiotics, usually ceftriaxone followed by trimethoprim-sulfamethoxazole, or doxycycline with hydroxychloroquine in refractory cases. Although the prognosis has improved, falls are common, and long-term follow-up is essential. Current research focuses on new diagnostic techniques, shorter therapies, and the role of the microbiome.
KEY WORDS
Whipple Disease, tropheryma, bacteria, malabsorption syndromes, molecular diagnostic techniques.
DESARROLLO DEL TEMA
La enfermedad de Whipple es una infección bacteriana crónica y poco frecuente causada por Tropheryma whipplei, un bacilo grampositivo intracelular que afecta principalmente al intestino delgado, aunque puede comprometer múltiples órganos y sistemas¹. Su incidencia es muy baja, estimándose en menos de un caso por millón de habitantes al año, lo que la convierte en una enfermedad rara². Afecta predominantemente a varones caucásicos de mediana edad, con una relación hombre-mujer de 8:1. La baja incidencia y la inespecificidad de los síntomas contribuyen a su infradiagnóstico³. Fue descrita por primera vez en 1907 por George Hoyt Whipple, y en 1992 se identificó el agente causal mediante técnicas de biología molecular⁴.
El agente causal, T. Whipplei, es ubicuo habiéndose detectado en aguas residuales y en la microbiota oral de individuos sanos. Sin embargo, sólo una minoría desarrolla la enfermedad, lo que sugiere una predisposición genética o inmunológica³. La transmisión exacta no está completamente aclarada, aunque se postula la vía fecal-oral. Estudios recientes han mostrado que la colonización asintomática es relativamente frecuente, pero la progresión hacia enfermedad clínica requiere factores de susceptibilidad aún no bien definidos⁵.
Desde el punto de vista de la fisiopatología, la bacteria invade la mucosa intestinal y es fagocitada por macrófagos, pero no destruida. Esto genera acumulación de macrófagos cargados de material PAS positivo en la lámina propia, que interfiere con la absorción de nutrientes. Se ha observado que los pacientes presentan defectos en la inmunidad celular, especialmente en la activación de linfocitos T y en la producción de citocinas proinflamatorias. Esta alteración inmunológica explicaría por qué la mayoría de individuos expuestos no enferman, mientras que una minoría desarrolla una infección sistémica progresiva.
La enfermedad de Whipple se manifiesta con síntomas digestivos como diarrea crónica, esteatorrea, dolor abdominal y pérdida de peso progresiva. A menudo se asocia con artralgias migratorias, que pueden preceder a los síntomas intestinales durante años. En fases avanzadas, la afectación sistémica incluye fiebre, linfadenopatías, hiperpigmentación cutánea, endocarditis, alteraciones neurológicas y compromiso ocular². La afectación neurológica puede ser grave, con demencia, movimientos oculares anormales, ataxia, convulsiones y deterioro cognitivo progresivo. La afectación cardíaca, en forma de endocarditis crónica, puede presentarse incluso sin síntomas digestivos y constituye un reto diagnóstico. También se han descrito casos de artritis crónica, pleuritis, pericarditis y compromiso pulmonar. La afectación ocular puede incluir uveítis, retinitis y pérdida progresiva de visión1-6.
El diagnóstico se basa en la combinación de hallazgos clínicos, histológicos y moleculares. La biopsia duodenal muestra macrófagos cargados de material PAS positivo en la lámina propia, característico de la enfermedad. La confirmación se realiza mediante PCR para detectar ADN de T. whipplei en tejido intestinal, líquido cefalorraquídeo, sangre o líquido sinovial⁷. La PCR ha demostrado ser una herramienta sensible y específica, especialmente útil en pacientes con manifestaciones extraintestinales. También se han desarrollado técnicas de inmunohistoquímica y secuenciación genómica que permiten una caracterización más precisa del patógeno⁸.
El diagnóstico diferencial incluye enfermedad celíaca refractaria, linfoma intestinal, infecciones micobacterianas y otras causas de malabsorción. La demora diagnóstica es frecuente, con intervalos de varios años entre el inicio de los síntomas y la confirmación, lo que contribuye a la progresión sistémica y a la mortalidad³.
El tratamiento antibiótico prolongado es esencial para erradicar la infección y prevenir recaídas. El esquema clásico consiste en ceftriaxona intravenosa durante dos semanas seguida de trimetoprim-sulfametoxazol oral durante al menos un año². Alternativamente, se han utilizado doxiciclina combinada con hidroxicloroquina, con buenos resultados en casos refractarios o con afectación neurológica⁸. La duración prolongada del tratamiento se justifica por la capacidad del bacilo de persistir en macrófagos y en el sistema nervioso central.
La respuesta clínica suele ser rápida, con mejoría de los síntomas digestivos y articulares en pocas semanas. Sin embargo, las recaídas ocurren en hasta un 30% de los pacientes, especialmente en aquellos con compromiso neurológico⁷.
El pronóstico ha mejorado significativamente desde la introducción de la terapia antibiótica. Antes del tratamiento, la enfermedad era invariablemente mortal en pocos años. Actualmente, la supervivencia a largo plazo es posible, aunque persisten secuelas neurológicas en algunos pacientes. La mortalidad se asocia principalmente a recaídas no tratadas o a un diagnóstico tardío. Se recomienda un seguimiento clínico y microbiológico durante varios años tras finalizar la terapia, con controles periódicos de PCR en sangre y, en casos con afectación neurológica, en líquido cefalorraquídeo⁶.
En investigación, se exploran nuevas técnicas diagnósticas basadas en secuenciación genómica y ensayos serológicos para mejorar la detección precoz. Asimismo, se estudian regímenes antibióticos más cortos y estrategias de inmunomodulación para reducir las recaídas⁸. El futuro de la investigación también apunta a comprender mejor la interacción entre T. Whipplei y el sistema inmunitario, así como el papel del microbioma intestinal en la susceptibilidad a la enfermedad. Se investiga también el desarrollo de biomarcadores que permitan diferenciar colonización de infección activa, lo que podría mejorar la precisión diagnóstica y evitar tratamientos innecesarios.
La enfermedad de Whipple es, en definitiva, una infección bacteriana rara y multisistémica que requiere un alto índice de sospecha clínica. El diagnóstico precoz mediante biopsia y PCR, junto con un tratamiento antibiótico prolongado, son fundamentales para mejorar el pronóstico. La investigación futura deberá centrarse en comprender los mecanismos de susceptibilidad individual, optimizar las terapias y desarrollar herramientas diagnósticas más accesibles1-8.
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