- Anxela Soto-Rodríguez. Enfermera Residente en Enfermería Familiar y Comunitaria, Centro de Salud A Cuña-Mariñamansa (Ourense), Servicio Gallego de Salud (SERGAS), España.
- Nuria Martínez-Blanco. Enfermera Especialista en Enfermería Familiar y Comunitaria, Centro de Salud A Cuña-Mariñamansa (Ourense), Servicio Gallego de Salud (SERGAS), España.
- Catarina Livana Fernández-Traba. Médico Residente en Dermatología Médico-Quirúrgica y Venereología. Servicio de Dermatología, Complexo Hospitalario Universitario de Ferrol, Servicio Gallego de Salud (SERGAS), España.
- Noelia Freire-Gonzalez. Técnico de Cuidados Auxiliares de Enfermería. Complexo Hospitalario de Ourense, Servicio Gallego de Salud (SERGAS), España.
- Raquel Lavandeira-Mosquera. Fisioterapeuta. Área Sanitaria de Coruña e Cee. Servicio Gallego de Salud (SERGAS), España.
- Alba Garcia Cid. Nutricionista. Centro de Salud A Cuña-Mariñamansa (Ourense), Servicio Gallego de Salud (SERGAS), España.
RESUMEN
Las bebidas energéticas constituyen uno de los segmentos de mayor crecimiento dentro del mercado de refrescos no alcohólicos, con un consumo en aumento especialmente entre adolescentes y adultos jóvenes. Estos grupos son particularmente vulnerables a los efectos adversos derivados de sus principales ingredientes: cafeína, taurina, D-glucurono-γ-lactona, azúcares, vitaminas del grupo B y extractos vegetales como ginseng, guaraná o ginkgo. A pesar de su amplia presencia en el mercado, sigue existiendo una falta de regulación específica a nivel europeo que establezca límites claros sobre su composición y, en especial, sobre la concentración máxima de compuestos estimulantes.
La evidencia científica disponible muestra que un consumo elevado se asocia con alteraciones cardiovasculares, neurológicas y metabólicas, además de trastornos del sueño y cambios conductuales. Asimismo, diversos estudios han evidenciado una correlación entre el consumo de estas bebidas y la adopción de conductas de riesgo, como el uso de alcohol, tabaco y drogas ilícitas, especialmente entre adolescentes.
Este artículo revisa la composición de las bebidas energéticas, los patrones actuales de consumo, la evidencia toxicológica y epidemiológica existente y los principales riesgos para la salud, con el fin de ofrecer un marco actualizado para profesionales sanitarios y responsables de salud pública. Como respuesta legislativa, la ley autonómica aprobada en Galicia en diciembre de 2025 establece un enfoque preventivo centrado en la protección de menores frente a estos riesgos. Entre sus medidas destacan: la prohibición del consumo, venta, suministro, transporte y posesión de bebidas energéticas por parte de menores; restricciones a la publicidad dirigida o accesible a ellos; limitación de la comercialización en entornos frecuentados por jóvenes; promoción de un etiquetado más claro; y el impulso de estrategias educativas orientadas a un consumo responsable.
PALABRAS CLAVE
Bebidas energéticas, conducta del adolescente, política de salud, promoción de la salud.
ABSTRACT
Energy drinks constitute one of the fastest-growing segments within the non-alcoholic beverage market, with consumption increasing especially among adolescents and young adults. These groups are particularly vulnerable to the adverse effects derived from their main ingredients: caffeine, taurine, D-glucurono-γ-lactone, sugars, B vitamins, and plant extracts such as ginseng, guarana, or ginkgo. Despite their widespread availability, there is still a lack of specific European regulation establishing clear limits on their composition, particularly regarding the maximum concentration of stimulant compounds.
Available scientific evidence shows that high consumption is associated with cardiovascular, neurological, and metabolic alterations, as well as sleep disturbances and behavioral changes. Furthermore, several studies have demonstrated a correlation between the consumption of these beverages and the adoption of risk behaviors, such as alcohol, tobacco, and illicit drug use, especially among adolescents.
This article reviews the composition of energy drinks, current consumption patterns, existing toxicological and epidemiological evidence, and the main health risks, with the aim of providing an updated framework for healthcare professionals and public health authorities. As a legislative response, the regional law approved in Galicia in December 2025 establishes a preventive approach focused on protecting minors from these risks. Its measures include: prohibiting the consumption, sale, supply, transport, and possession of energy drinks by minors; restricting advertising aimed at or easily accessible to them; limiting commercialization in settings frequented by young people; promoting clearer and more transparent labeling; and fostering educational strategies oriented toward responsible consumption.
KEY WORDS
Energy drinks, adolescent behavior, health policy, health promotion.
DESARROLLO DEL TEMA
El sector de las bebidas no alcohólicas incluye una amplia gama de productos como refrescos, bebidas deportivas y energéticas, muchas de ellas con un alto contenido de azúcar. En España hay más de 2000 tipos distintos de refrescos y cada año se incorporan alrededor de 150 novedades. Las bebidas energéticas han adquirido un papel destacado dentro del sector, representando en torno al 2 % del total de refrescos consumidos. Este crecimiento también se refleja a escala mundial: en 2008 se consumieron 3,9 mil millones de litros, el doble que, en 2003, con especial protagonismo en América del Norte, Asia-Pacífico y Europa Occidental. Entre 2006 y 2011 el mercado global aumentó un 45 %, y en Estados Unidos las ventas siguieron al alza en 20181-3.
Estas bebidas suelen contener cafeína (aprox. 80 mg por 250 ml), grandes cantidades de azúcar (hasta 11 g por cada 100 ml) y otros componentes estimulantes como taurina, L-carnitina, glucuronolactona, extractos vegetales y vitaminas del grupo B. También existen versiones sin azúcar y los llamados energy shots, que concentran dosis muy elevadas de cafeína (200–420 mg) en pequeños volúmenes. A pesar de su composición, no existe una regulación específica para las bebidas energéticas, que se consideran simplemente “otras bebidas refrescantes” mientras no superen el 0,5 % de alcohol en volumen. Esta falta de normas sobre ingredientes y límites máximos genera preocupación entre autoridades sanitarias y expertos2-5.
Algunos países europeos han establecido restricciones particulares como límites de cafeína o taurina, pero la Unión Europea no reconoce el término “bebida energética”, empleado solo con fines comerciales. La normativa comunitaria exige advertencias en el etiquetado si la bebida contiene más de 150 mg/l de cafeína, indicando su contenido exacto y desaconsejando su consumo en menores y embarazadas. Sin embargo, la información proporcionada por las marcas varía mucho5,6.
El consumo ha aumentado notablemente entre adolescentes y otros colectivos vulnerables. Se han identificado posibles efectos negativos como aumento de peso, hipertensión, insomnio, palpitaciones, alteraciones cardiovasculares y pérdida de densidad ósea, además de comportamientos de riesgo asociados a su consumo excesivo, como mezclarlas con alcohol. En Europa, en 2011 el 12 % de los adolescentes eran consumidores habituales, con cifras de hasta 7 litros mensuales, y un 16 % de los niños de 3 a 10 años también las consumían de forma regular2,4,6.
Cafeína:
La cafeína, un alcaloide natural del grupo de las xantinas presente en más de sesenta plantas como el café, el té, el cacao o el guaraná, es uno de los psicoestimulantes más consumidos en el mundo. Aunque su origen puede ser natural o sintético, sus principales fuentes dietéticas incluyen café, té, bebidas de cola, chocolate y bebidas energéticas, con concentraciones variables según el producto. En adultos europeos el café constituye la fuente predominante, mientras que en niños lo es el chocolate y en adolescentes las bebidas energéticas pueden llegar a representar más de las tres cuartas partes de la cafeína total ingerida.
Tras su ingesta, la cafeína se absorbe casi por completo, alcanzando máximos plasmáticos entre los 30 minutos y las 2 horas. Se distribuye por todo el organismo, atraviesa la barrera hematoencefálica y placentaria, y pasa a la leche materna. Su vida media oscila entre 3 y 7 horas en adultos, aunque esta puede variar debido a factores genéticos, hábitos como el tabaquismo o condiciones fisiológicas como el embarazo, donde puede multiplicarse hasta por cuatro. El metabolismo hepático se realiza principalmente a través de la enzima CYP1A2, generando como metabolitos principales paraxantina, teobromina y teofilina, que posteriormente se eliminan por vía renal6,7.
El mecanismo de acción de la cafeína se basa en el bloqueo de los receptores de adenosina, lo que disminuye la somnolencia y produce un efecto estimulante. Además, inhibe la fosfodiesterasa, aumenta el adenosín monofosfato cíclico (AMPc), moviliza calcio intracelular y favorece la liberación de neurotransmisores como dopamina, serotonina y noradrenalina, lo que explica su amplia repercusión sobre distintos sistemas fisiológicos. Estos efectos han llevado a relacionar su consumo, principalmente en forma de café, con una reducción del riesgo de enfermedades crónicas como diabetes tipo 2, enfermedad de Parkinson y varios tipos de cáncer; sin embargo, estos beneficios no pueden extrapolarse a las bebidas energéticas, cuyos perfiles de composición difieren sustancialmente7-9.
La cafeína también tiene un uso reconocido en terapéutica. En España forma parte de 34 medicamentos autorizados, sola o en combinación con analgésicos y otros principios activos, utilizándose principalmente para tratar la astenia ocasional y potenciar la acción de otros fármacos. No obstante, su consumo puede producir efectos adversos frecuentes como insomnio, irritabilidad, inquietud, palpitaciones, dolor abdominal o cefalea, y en dosis altas inducir ansiedad, ataques de pánico, temblores o disminución del umbral convulsivo7-9.
Los efectos de la cafeína se manifiestan en múltiples sistemas: en el sistema nervioso central mejora el rendimiento cognitivo y el estado de alerta, aunque puede deteriorar el sueño y provocar ansiedad; en el sistema cardiovascular incrementa la frecuencia y la contractilidad cardiaca, eleva la presión arterial y puede generar arritmias en individuos predispuestos; en el sistema respiratorio tiene un efecto broncodilatador útil en la apnea neonatal; en el sistema digestivo aumenta la secreción de ácido gástrico y puede favorecer el reflujo; en el sistema urinario ejerce un efecto diurético; y en el sistema osteomuscular potencia la contracción muscular, aunque ingestas extremadamente elevadas pueden producir rabdomiolisis7-8.
En cuanto a su consumo seguro, la European Food Safety Authority (EFSA) establece para adultos sanos una ingesta máxima de 400 mg diarios y hasta 200 mg por toma, mientras que para niños y adolescentes recomienda no superar los 3 mg/kg de peso corporal al día. Durante el embarazo se consideran seguros hasta 300 mg diarios. El etiquetado europeo exige advertencias especiales en bebidas con más de 150 mg/l de cafeína7-9.
La exposición a la cafeína a través de las bebidas energéticas varía según la edad, el peso corporal y la concentración de cafeína en la bebida. Los adultos presentan una contribución baja de estas bebidas al total de cafeína ingerida, pero en niños y adolescentes el porcentaje es mayor, especialmente en consumidores intensivos. Evaluaciones por peso corporal muestran que ciertos volúmenes y concentraciones, sobre todo en personas de bajo peso, superan los umbrales que provocan alteraciones del sueño o efectos adversos generales. En particular, consumos de 1000 ml diarios de cualquier bebida energética o de 500 ml de bebidas con concentraciones altas (40–55 mg/100 ml) exceden los límites de seguridad establecidos7-9.
En conjunto, la evidencia indica que, aunque la cafeína posee efectos beneficiosos en determinadas circunstancias y dosis, su consumo elevado, especialmente a través de bebidas energéticas, puede generar riesgos significativos, lo que subraya la importancia de seguir las recomendaciones oficiales y considerar el peso corporal y el volumen ingerido al evaluar su posible impacto en la salud3,5,9.
Taurina:
La taurina es un aminoácido azufrado no esencial que se encuentra de manera natural en carnes, pescados, mariscos, lácteos, huevos y algunas legumbres y frutos secos. Su ingesta dietética habitual oscila entre 10 y 400 mg diarios, con valores medios cercanos a 58 mg/día en dietas omnívoras y prácticamente nulos en dietas vegetarianas estrictas. Además de su aporte dietético, el organismo humano puede sintetizar entre 50 y 125 mg diarios a partir de cisteína y metionina. Tras su consumo, la taurina se absorbe rápidamente, alcanzando picos plasmáticos entre 60 y 90 minutos, y se elimina mayoritariamente por vía urinaria¹⁰.
En el organismo, la taurina cumple numerosas funciones biológicas esenciales. Participa en la formación de sales biliares, la osmoregulación, la estabilidad de las membranas celulares, la modulación del metabolismo del calcio y la función neuronal y muscular. Es uno de los aminoácidos libres más abundantes, especialmente en el músculo cardiaco y en el sistema nervioso central. Las deficiencias de taurina se han relacionado con alteraciones cardiovasculares, disfunción renal, miocardiopatías y daño neuronal¹⁰.
En las bebidas energéticas, la taurina aparece de forma habitual junto con cafeína y glucuronolactona. Su concentración típica se sitúa alrededor de 4000 mg/l, lo que supone aproximadamente 1000 mg por cada lata de 250 ml. Aunque el contenido puede variar ampliamente entre productos (entre 40 y 8000 mg/l), este valor medio se utiliza habitualmente en los estudios de evaluación de riesgos. En algunos países, como Alemania, se establecen límites regulatorios que restringen su concentración máxima a 4000 mg/l. El consumo de una o dos bebidas energéticas puede superar significativamente la ingesta diaria habitual de taurina¹³.
La exposición dietética a taurina derivada del consumo de bebidas energéticas muestra variabilidad según la edad y los patrones de consumo. En adultos europeos, la exposición media estimada es de unos 270 mg/día, alcanzando casi 600 mg/día en consumidores crónicos. En adolescentes y niños europeos, la ingesta media ronda los 280 mg diarios, con cifras que pueden duplicarse en consumidores habituales. En España, los valores estimados son similares en adultos (290 mg/día), aunque más bajos en adolescentes (149 mg/día)¹⁵.
En cuanto a la seguridad, los estudios toxicológicos en animales no han identificado efectos genotóxicos, teratogénicos ni carcinogénicos asociados a la taurina, y sitúan el nivel sin efecto adverso observable en 1000 mg/kg/día para alteraciones patológicas y 1500 mg/kg/día para efectos neuroconductuales. En humanos, dosis agudas de hasta 150 mg/kg no han mostrado toxicidad relevante. La taurina actúa como neuromodulador, especialmente a nivel del sistema nervioso central, donde interactúa con neurotransmisores como GABA, dopamina y serotonina. Posee propiedades antioxidantes y antiinflamatorias, demostradas principalmente en modelos animales, en los cuales también se han descrito posibles beneficios frente a enfermedades neurodegenerativas. Sin embargo, la evidencia en humanos es limitada y no permite atribuir beneficios cognitivos ni funcionales a la suplementación en personas sanas¹¹.
Las interacciones de la taurina con otros componentes de las bebidas energéticas, especialmente la cafeína, generan incertidumbre, dado que ambos compuestos pueden ejercer efectos opuestos sobre el sistema cardiovascular. Por esta razón, agencias como EFSA o Health Canada recomiendan precaución en poblaciones vulnerables, como niños, adolescentes y mujeres embarazadas, aunque consideran que el consumo de hasta 1400 mg/día de taurina es seguro para adultos¹².
Las evaluaciones de exposición basadas en distintos escenarios de consumo muestran que una lata diaria (250 ml) de bebidas energéticas con 4000 mg/l de taurina presenta baja probabilidad de efectos adversos para individuos de 50 a 70 kg. Sin embargo, consumos de 500 ml o 1000 ml diarios pueden superar los niveles recomendados y reducir significativamente los márgenes de seguridad, especialmente en adolescentes y adultos de menor peso corporal. Así, mientras una sola lata mantiene márgenes de seguridad adecuados, cuatro latas diarias reducirían este margen a valores preocupantes, situándose cerca de niveles donde podrían aparecer efectos adversos¹⁴.
En síntesis, aunque la taurina es un aminoácido con importantes funciones fisiológicas y un perfil toxicológico relativamente seguro, su consumo elevado a través de bebidas energéticas plantea incertidumbres debido a la posible interacción con otros estimulantes y a la falta de estudios a largo plazo sobre altas ingestas crónicas. Por ello, se recomienda limitar el consumo de bebidas energéticas y considerar el peso corporal y el volumen ingerido al evaluar el riesgo asociado¹⁴.
D-glucurono-γ-lactona:
La D-glucurono-γ-lactona es un metabolito endógeno de la glucosa producido principalmente en el hígado y en equilibrio con el ácido glucurónico. Se encuentra de forma natural en humanos, mamíferos y diversas fuentes dietéticas, y presenta una rápida absorción, metabolismo y excreción, predominando su eliminación como ácido glucárico, xilitol y L-xilulosa. Aunque la ingesta dietética habitual es muy baja (1–2 mg/día), su presencia como aditivo en bebidas energéticas puede elevar considerablemente la exposición, aportando una lata típica alrededor de 600 mg. Las concentraciones en estas bebidas varían ampliamente (240–2400 mg/l, con reportes de hasta 4800 mg/l), y con frecuencia no se especifican en el etiquetado¹³.
Los estudios toxicológicos en animales han mostrado inflamación renal a dosis elevadas, estableciéndose un Nivel Sin Efectos Adversos Observados (NOAEL) de 1000 mg/kg p.c./día en ratas. Sin embargo, debido a diferencias en el metabolismo entre roedores y humanos, la evidencia disponible no indica riesgos relevantes para la salud humana en los niveles de consumo estimados. La EFSA concluyó que la exposición actual a D-glucurono-γ-lactona a través de bebidas energéticas no constituye un problema de seguridad¹⁴.
El margen de seguridad para un consumo moderado, por ejemplo, una lata diaria de 250 ml con 2400 mg/l, se mantiene elevado (≥100 para adultos de 60–70 kg), aunque se reduce notablemente con ingestas más altas, como el consumo de tres latas al día. No obstante, incluso en escenarios conservadores, la exposición crónica estimada permanece muy por debajo del NOAEL establecido14.-15.
Se recomienda continuar la recopilación de datos sobre patrones reales de consumo, especialmente en adolescentes y adultos jóvenes, con el fin de refinar la evaluación de riesgos y asegurar un seguimiento adecuado de la exposición poblacional.
L-carnitina:
La L-carnitina es una amina cuaternaria derivada de los aminoácidos esenciales lisina y metionina, sintetizada endógenamente en hígado, riñón y cerebro, y obtenida también a través de alimentos de origen animal, especialmente la carne roja. Su función principal es facilitar el transporte de ácidos grasos de cadena larga hacia la matriz mitocondrial para su oxidación, además de favorecer la salida de ácidos grasos de cadena corta, reducir la acumulación de lactato y contribuir al mantenimiento de la integridad de las membranas celulares. El 95% de sus reservas corporales se encuentran en el músculo esquelético y el corazón¹⁶.
La ingesta dietética habitual se sitúa entre 100 y 300 mg/día, aunque la biodisponibilidad de la carnitina alimentaria (54–87%) es considerablemente mayor que la de los suplementos (14–18%). Las principales formas suplementarias incluyen L-carnitina libre, acetil-L-carnitina y propionil-L-carnitina. La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) establece límites de ingesta de hasta 2 g/día para L-carnitina y su clorhidrato, y hasta 3 g/día en forma de tartrato. Tras su absorción, la L-carnitina se distribuye en dos compartimentos, uno muscular de rotación lenta y otro rápido en órganos como hígado y riñón, y presenta una eliminación predominantemente renal, altamente eficiente pero saturable, lo que incrementa su excreción a dosis elevadas¹⁶.
Diversos factores pueden comprometer su síntesis endógena, como déficits de lisina, metionina o vitaminas implicadas en el proceso (C, B3, B6), así como enfermedades crónicas, malabsorción o alteraciones genéticas, pudiendo originar miopatías y cardiomiopatías asociadas a deficiencia de carnitina. Aunque se le atribuyen múltiples beneficios, la EFSA no ha encontrado evidencia concluyente que respalde alegaciones comunes sobre rendimiento, fatiga, metabolismo lipídico o fertilidad¹⁷.
En el contexto de bebidas energéticas, la L-carnitina se añade con supuestos fines ergogénicos, pero la información sobre cantidades reales y patrones de consumo es limitada. La evidencia disponible muestra que los efectos beneficiosos observados en deportistas, como mejora en la recuperación y reducción del daño muscular, provienen de estudios con suplementos farmacológicos (2–4 g/día), no con las dosis típicas presentes en estas bebidas. No se dispone de estudios bien controlados que demuestren efectos positivos o adversos atribuibles a la L-carnitina añadida a bebidas energéticas¹⁷.
En términos de seguridad, dosis elevadas hasta 15 g/día son generalmente toleradas, aunque pueden producir molestias gastrointestinales; niveles de 4–6 g/día incrementan el riesgo de efectos adversos. Se conocen advertencias específicas: la L-carnitina puede desencadenar convulsiones en personas con antecedentes epilépticos, y la acetil-L-carnitina puede interferir con el metabolismo tiroideo, por lo que no se recomienda en individuos con patologías o tratamientos tiroideos¹⁷.
Azúcares y edulcorantes:
El control del consumo de azúcares simples añadidos es esencial para la salud pública. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que estos no superen el 10% de la ingesta energética diaria y, preferiblemente, se mantengan por debajo del 5% con el fin de reducir el riesgo de caries dental, aumento de peso y trastornos metabólicos. La evidencia científica indica que disminuir la ingesta de azúcares añadidos favorece la pérdida de peso, mientras que su incremento, especialmente a través de bebidas azucaradas, se asocia con ganancia ponderal tanto en adultos como en población infantil. Asimismo, la ingesta elevada de bebidas azucaradas se vincula con un mayor riesgo de diabetes tipo 2, independientemente del aumento de peso, y con alteraciones lipídicas como elevación de triglicéridos, colesterol total y LDL-colesterol²⁰.
Las bebidas energéticas contienen habitualmente entre 10 y 12 g de azúcar por cada 100 ml; sin embargo, el gran tamaño de sus envases incrementa notablemente la ingesta total. Así, una lata de 250 ml puede aportar alrededor de 27,5 g de azúcar, mientras que una de 500 ml puede contener entre 55 y 60 g, lo que equivale a 220–240 kcal solamente procedentes de azúcares. Este aporte representa aproximadamente el 10% de la ingesta energética diaria recomendada, situándose ya en el límite máximo propuesto por la OMS, por lo que una sola lata de 500 ml dificulta mantener un consumo adecuado de azúcares simples durante el resto del día¹⁸.
En respuesta a estas preocupaciones, son frecuentes las versiones “cero azúcares”, que sustituyen el azúcar por edulcorantes. Aunque estos permiten reducir el contenido calórico, existe debate sobre su impacto a largo plazo. Se ha sugerido que podrían mantener una elevada preferencia por sabores dulces y, potencialmente, aumentar la ingesta de otros alimentos azucarados. Además, se requieren más investigaciones para comprender sus efectos sobre la microbiota intestinal y su posible relación con el riesgo de obesidad o diabetes.
Vitaminas en bebidas energéticas:
Las bebidas energéticas suelen incorporar cantidades elevadas de vitaminas hidrosolubles del grupo B, principalmente riboflavina (B2), niacina (B3), ácido pantoténico (B5), piridoxina (B6) y cobalamina (B12), con el fin de reforzar su imagen como productos que contribuyen al metabolismo energético. La legislación europea relevante (Reglamentos CE 178/2002, UE 1169/2011 y UE 1924/2006) establece los requisitos de seguridad alimentaria, etiquetado y declaraciones nutricionales y saludables, definiendo asimismo los valores de referencia de nutrientes (VRN) para la población adulta⁶.
Debido a que el contenido nutricional suele expresarse por 100 ml, mientras que los envases comerciales más comunes son de 250 o 500 ml, la cantidad real de vitaminas ingerida puede ser significativamente mayor. De hecho, en numerosas bebidas energéticas las vitaminas del grupo B superan ampliamente el 100 % del VRN por envase, y a menudo cumplen los criterios para utilizar declaraciones como “fuente de…” o “alto contenido de…”. Además, la EFSA ha autorizado la declaración “contribuye a mantener un rendimiento energético normal” para las vitaminas B2, B3, B6 y B12 cuando superan el 7,5 % del VRN en bebidas, algo habitual en estos productos¹⁵.
Las vitaminas del grupo B desempeñan funciones fisiológicas esenciales, como el apoyo al metabolismo de carbohidratos y proteínas, la reducción del cansancio y la fatiga, y el mantenimiento del rendimiento mental. Al ser hidrosolubles, su exceso suele eliminarse por vía urinaria; sin embargo, esta excreción puede verse comprometida en personas con alteraciones renales, lo que podría favorecer la aparición de efectos indeseados si la ingesta es elevada y frecuente⁵.
Los datos disponibles muestran que algunas vitaminas alcanzan el 200 % del VRN con volúmenes pequeños (p. ej., 100 ml para B2 y alrededor de 200 ml para B6 y B12), mientras que otras requieren cantidades mayores de bebida para alcanzar niveles equivalentes. Según la clasificación de riesgo de la Direction Générale de la Concurrence, de la Consommation et de la Répression des Fraudes (DGCCRF), las vitaminas B2, B5 y B12 presentan riesgo bajo, mientras que la niacina (nicotinamida) y la B6 se consideran de riesgo moderado, y la niacina en forma de ácido nicotínico se clasifica como de riesgo alto. Aun así, los niveles máximos de ingesta tolerable, 900 mg para nicotinamida, 10 mg para ácido nicotínico y 25 mg para B6, no se alcanzan con las bebidas energéticas presentes en el mercado español, por lo que la aparición de hipervitaminosis es improbable; de producirse, podría manifestarse con síntomas como náuseas o alteraciones hepáticas17-19.
Ginseng, guaraná y ginkgo en bebidas energéticas:
Las bebidas energéticas incorporan extractos vegetales como ginseng, guaraná y ginkgo para potenciar sus efectos estimulantes y mejorar su atractivo. El ginseng, tradicionalmente utilizado en Asia por sus propiedades adaptógenas, contiene ginsenósidos con actividad estimulante, inmunomoduladora y antioxidante. Aunque puede mejorar la resistencia, el rendimiento físico y la alerta, las cantidades presentes en estas bebidas (6–300 mg por envase) suelen ser inferiores a las dosis terapéuticas. Su consumo puede ocasionar insomnio, hipertensión, ansiedad o interacciones con anticoagulantes y antidepresivos, por lo que se desaconseja en embarazo, lactancia, menores y personas con trastornos cardiovasculares o nerviosos¹⁹.
El guaraná es una fuente natural muy concentrada de cafeína (2–4 %) y también aporta teobromina, teofilina y compuestos fenólicos. Se le atribuyen efectos estimulantes y antioxidantes, así como posibles mejoras en memoria, estado de ánimo y rendimiento físico. No obstante, la evidencia clínica es limitada y las dosis presentes en bebidas energéticas son muy inferiores a las recomendadas para efectos terapéuticos. Comparte los efectos adversos y contraindicaciones de la cafeína, incluyendo nerviosismo, insomnio, taquicardia e hipertensión, además de presentar interacciones con fármacos como IMAO y sedantes20-2³.
El ginkgo aporta flavonoides y lactonas terpénicas con efectos neuroprotectores y vasodilatadores, utilizados para deterioro cognitivo leve y trastornos circulatorios. Las cantidades incluidas en bebidas energéticas (15–20 mg por envase) son muy inferiores a las dosis clínicas (120–240 mg/día), por lo que es improbable que produzcan efectos terapéuticos. Puede provocar leves molestias gastrointestinales y, sobre todo, interactuar con anticoagulantes y antiagregantes, lo que aumenta el riesgo de hemorragias. Su consumo no se recomienda en embarazo ni lactancia²⁴.
La combinación de cafeína con extractos de ginseng, guaraná y ginkgo puede potenciar los efectos estimulantes y aumentar el riesgo de efectos adversos, incluidas interacciones farmacológicas. La falta de información precisa en el etiquetado sobre la cantidad de estos extractos dificulta la evaluación del riesgo por parte del consumidor. Diversos estudios han mostrado que bebidas que combinan cafeína con estos ingredientes pueden elevar la presión arterial y prolongar el intervalo QT²²,25.
No existen límites de ingesta específicos para estos extractos en bebidas energéticas; sin embargo, la cantidad presente de ginseng, guaraná y ginkgo es muy inferior a las dosis utilizadas con fines terapéuticos, por lo que es poco probable que produzcan efectos clínicos significativos por sí solos. Aun así, la cafeína adicional aportada por el guaraná puede incrementar el contenido total de cafeína, justificando la recomendación de declararla por separado en las etiquetas. Países como Australia ya exigen este etiquetado tras casos clínicos, incluido un episodio de fibrilación ventricular asociado a una bebida con alta carga de cafeína y guaraná⁹.
En consecuencia, se recomienda prudencia en el consumo, especialmente en embarazadas, niños y personas con enfermedades cardiovasculares o ansiedad.
REGULACIÓN, COMPOSICIÓN Y RECOMENDACIONES SOBRE BEBIDAS ENERGÉTICAS:
El término “bebida energética” carece actualmente de una definición y regulación legal específica, lo que dificulta establecer límites claros para sus ingredientes, concentraciones y combinaciones. Estos productos suelen contener cafeína como componente principal, junto con taurina, L-carnitina, D-glucurono-γ-lactona, vitaminas del grupo B y extractos vegetales como ginseng, guaraná o ginkgo. Se recomienda mejorar el etiquetado para que incluya la cantidad exacta de todos los ingredientes activos y la cafeína total, ya que puede proceder de múltiples fuentes⁶.
Respecto a la cafeína, ingestas superiores a 1,4 mg/kg/día pueden alterar el sueño, y por encima de 3 mg/kg/día se asocian con efectos adversos cardiovasculares y neurológicos. Se proponen límites de consumo según edad y peso, y la EFSA establece un máximo de 400 mg/día para adultos y adolescentes de 70 kg. Además, se aconseja regular el contenido máximo de cafeína y garantizar que el etiquetado refleje su aporte total¹.
Otros ingredientes pueden generar preocupaciones adicionales: exposiciones elevadas a D-glucurono-γ-lactona reducen el margen de seguridad; la cantidad real de L-carnitina suele ser desconocida; el contenido de azúcares en latas de 250 ml (27,5–30 g) puede favorecer ingestas excesivas; y algunas vitaminas B, especialmente la niacina en forma de ácido nicotínico, pueden asociarse a riesgo de hipervitaminosis. Los extractos vegetales, además, pueden interactuar con medicamentos, por lo que se desaconseja el consumo de ginseng y ginkgo en embarazadas, lactantes, niños y adolescentes⁵.
Finalmente, se destaca la necesidad de medidas de salud pública, como fomentar un consumo moderado, evitar la mezcla con alcohol, implementar monitorización anual, reforzar la educación nutricional y controlar la publicidad dirigida a menores. También se recomienda exigir advertencias para bebidas con más de 150 mg/l de cafeína, limitar el tamaño de los envases a 250 ml y evaluar formatos altamente concentrados como los “energy shots”¹².
LEY DE PROTECCIÓN DE LA SALUD DE LAS PERSONAS MENORES Y PREVENCIÓN DE LAS CONDUCTAS ADICTIVAS:
En diciembre de 2025, el Parlamento de Galicia aprobó una ley pionera en España que tiene como objetivo proteger la salud de los menores de edad y prevenir conductas adictivas, tanto por sustancias como sin ellas. Esta norma busca adelantarse a los riesgos emergentes asociados a patrones de consumo y comportamientos que afectan a niños y adolescentes, incorporando evidencia científica y adoptando un enfoque integral que combina prevención, educación, regulación y control del acceso a productos y prácticas potencialmente dañinas para la salud de los jóvenes3.
La ley amplía tradicionalmente los ámbitos regulados (alcohol y tabaco) para incluir nuevos productos y conductas adictivas, tales como26-27:
- Cigarrillos electrónicos y dispositivos de vapeo, equiparados al tabaco.
- Bebidas energéticas, equiparadas al alcohol en cuanto a restricciones para menores.
- Comportamientos sin sustancia como el uso compulsivo de videojuegos, redes sociales, tecnologías digitales y apuestas online.
Una de las medidas principales de la ley es la prohibición categórica del consumo de bebidas energéticas por parte de personas menores de 18 años. Este mandato se articula de la siguiente manera26-27:
- Consumo prohibido: Las personas menores de edad no pueden consumir bebidas energéticas en ningún contexto.
- Venta y suministro prohibidos: No se permite la venta, ni el suministro, ni la entrega de bebidas energéticas a menores de edad, incluso con consentimiento de padres o tutores.
- Transporte y posesión: También queda prohibido que los menores porten o transporten estas bebidas, lo que refuerza la restricción como política de salud pública.
- Estas prohibiciones se aplican tanto en espacios públicos como privados cuando se preste servicio al público o en contextos escolares o recreativos frecuentados por menores.
La ley prohíbe la venta de bebidas energéticas en espacios frecuentados predominantemente por menores, incluyendo26-27:
- Centros educativos (escuelas, institutos).
- Centros sanitarios cuando haya presencia significativa de menores.
- Instalaciones deportivas y recreativas dirigidas a menores o con alta presencia de jóvenes.
- Además, los establecimientos que venden bebidas energéticas deben:
- Separarlas físicamente de refrescos u otras bebidas no estimulantes.
- Colocar cartelería visible que informe de la prohibición de venta y consumo a menores.
La ley introduce restricciones en la publicidad de bebidas energéticas cuando esta esté dirigida a menores o pueda ser captada fácilmente por ellos. En concreto26-27:
- Se prohíbe la publicidad de bebidas energéticas dirigida o accesible a menores, entendiendo como tal cualquier anuncio, campaña o material promocional que pueda atraer a la población infantil o adolescente.
- Esto incluye publicidad en medios, redes sociales, espacios escolares, eventos juveniles o culturales donde participen o asistan menores.
- La intención es evitar la normalización del consumo y limitar los mensajes que puedan presentar estas bebidas como saludables, beneficiosas o integradas en estilos de vida deseables para jóvenes.
La ley también contempla la mejora del etiquetado de bebidas energéticas, aunque de manera indirecta, al promover que la información al consumidor refleje26-27:
- Riesgos potenciales para la salud relacionados con su consumo.
- Advertencias sobre el riesgo para menores de edad.
- Información clara sobre el contenido calórico y estimulante (por ejemplo, cafeína).
Aunque esta medida no obliga a un modelo específico de etiqueta, impulsa una mejor transparencia en la presentación de estos productos, de forma similar a los mensajes de advertencia que ya existen para tabaco o alcohol.
La inclusión de bebidas energéticas dentro de la ley no solo se limita a prohibiciones, sino que se encuadra dentro de un conjunto de medidas de prevención y educación sanitaria, tales como26-27:
- Programas informativos dirigidos a familias, educadores y profesionales de la salud sobre riesgos asociados al consumo de bebidas energéticas en menores.
- Campañas de concienciación en centros educativos para promover hábitos de consumo más saludables.
- Coordinación con servicios sanitarios para monitorizar efectos adversos y patrones de consumo en población joven.
El objetivo explícito de estas disposiciones es proteger la salud de las personas menores de edad, dado que:
- Las bebidas energéticas contienen estimulantes (como cafeína) y otros componentes que pueden tener efectos adversos sobre el sistema nervioso y cardiovascular de los jóvenes.
- El consumo frecuente o excesivo en niños y adolescentes puede contribuir a trastornos del sueño, ansiedad, palpitaciones, problemas metabólicos o cambios en la conducta.
- La normalización del consumo impulsada por la publicidad o el fácil acceso puede aumentar su prevalencia y, por tanto, el riesgo asociado.
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