Factores asociados a la mortalidad en pacientes con EVC isquémico que acuden al servicio de urgencias del Hospital General de zona nº.8 Córdoba. OADD Veracruz Sur. México

24 enero 2026

 

 

Nº de DOI: 10.34896/RSI.2026.54.55.001

 

 

 

 

AUTORES

  1. Carmela Reséndiz Dáttoly. N41 Subjefe de Educación en Enfermería y Carreras Técnicas Hospital General de Zona 8. OOAD Veracruz, Sur. México.
  2. María Yazmin Hernández Ambrosio. Coordinador Clínico de Educación e Investigación en Salud, Hospital General de Zona 8. OOAD Veracruz, Sur, México.
  3. Dora Maria Durán Estrada. Coordinador Auxiliar Médico de Investigación en Salud, Coordinación de Planeación y Enlace Institucional Orizaba ,Ver., México.
  4. Yair Barrios García. Médico residente de Tercer Año en Urgencias Médico Quirúrgicas. Hospital General de Zona No. 8. OOAD Veracruz, Sur. México.

 

RESUMEN

Introducción: El evento vascular cerebral isquémico (EVCI) es una causa importante de morbimortalidad a nivel mundial, y en México representa uno de los principales motivos de atención en los servicios de Urgencias. A pesar de los avances médicos, la mortalidad intrahospitalaria continúa siendo elevada, especialmente en pacientes con comorbilidades crónicas. Comprender qué factores están más estrechamente relacionados con la mortalidad puede guiar mejoras en la atención aguda y en las estrategias de prevención secundaria en hospitales del segundo nivel de atención.

Objetivo general: Identificar los factores asociados a la mortalidad en pacientes con Enfermedad Vascular Cerebral que acuden al servicio de Urgencias del HGZ No.8 Córdoba, Veracruz Mèxico.

Metodología: Se realizó un estudio observacional, transversal y retrolectivo. Se analizaron expedientes clínicos de pacientes que ingresaron al servicio de Urgencias del año 2024 – 2025, con diagnóstico de Evento Vascular Cerebral Isquémico, durante el período de estudio correspondiente al mes de septiembre de 2025. Las variables exploradas fueron: edad, sexo, mortalidad, Diabetes Mellitus, Hipertensión arterial sistémica, Obesidad, Tabaquismo, Dislipidemia, Fibrilación Auricular, tratamiento con Ácido acetil salicílico, Trombólisis Intravenosa. Para variables cualitativas se utilizaron frecuencias y porcentajes; variables cuantitativas mediana y rango intercuartil; con base a los resultados se realizó la asociación de variables, utilizando Chi2. Se realizó el registro de los datos en el programa Microsoft Excel para su posterior análisis estadístico con SPSS 26.

Resultados: Se analizaron 150 pacientes con enfermedad vascular cerebral isquémica, tras excluir 47 mayores de 80 años. Predominó el sexo masculino (54.7%). La edad tuvo una mediana de 67 años (P25: 58; P75: 73), con una media de 65.06 años (DE 10.89).

Las comorbilidades más frecuentes fueron Hipertensión arterial sistémica (69.3%), Diabetes mellitus tipo 2 (41.3%), Obesidad (34.0%), Dislipidemia (20.7%) y Fibrilación auricular (18.7%); el tabaquismo estuvo presente en 10% de los casos.

El 18% había recibido ácido acetilsalicílico previo al ingreso. Solo 12% recibió trombólisis; los principales motivos de exclusión fueron ventana terapéutica fuera de tiempo (67.3%) y diagnóstico de accidente isquémico transitorio (13.3%).

En la evaluación tomográfica, el 79.3% presentó un puntaje ASPECTS >7, mientras que 7.3% tuvo puntuaciones <7. Al ingreso, 56% mostró Glasgow leve, proporción que aumentó a 68.7% a las 24 horas. El tiempo de atención desde el inicio de síntomas promedió 12.8 horas. Los niveles promedio registrados fueron: glucosa 143.9 mg/dL y colesterol 158.8 mg/dL.

La mortalidad fue del 6%. No hubo diferencias significativas entre fallecidos y sobrevivientes en edad, glucosa o colesterol (p>0.05). La mortalidad se asoció de manera significativa con Glasgow inicial y a 24 horas, puntaje ASPECTS bajo y tabaquismo (p<0.05). No se observó asociación con HAS, DM2, obesidad, dislipidemia, fibrilación auricular, uso previo de ASA ni trombólisis.

Conclusiones: En pacientes con evento vascular cerebral isquémico atendidos en el servicio de urgencias, la mortalidad se asoció principalmente con indicadores clínicos de gravedad como un puntaje Glasgow bajo y un ASPECTS reducido, así como con el antecedente de tabaquismo. En contraste, las comorbilidades crónicas y el tratamiento previo no mostraron relación significativa con la defunción. Estos hallazgos subrayan la importancia de una evaluación neurológica temprana y el reconocimiento oportuno de marcadores de severidad, con el fin de optimizar el pronóstico en unidades de segundo nivel. El factor que más se asocia a la mortalidad, en pacientes con Enfermedad Vascular Cerebral de tipo isquémico que acuden al servicio de Urgencias del HGZ No.8 Córdoba, Ver., es la Hipertensión arterial sistémica.

PALABRAS CLAVE

Evento vascular cerebral isquémico, mortalidad, escala de Glasgow, ASPECTS.

ABSTRACT

Introduction: Ischemic stroke remains a major cause of morbidity and mortality worldwide and represents one of the most frequent reasons for emergency care in Mexico. Despite advances in medical therapy and stroke systems of care, in-hospital mortality remains high, particularly among patients with chronic comorbid conditions. Identifying clinical and demographic factors most strongly associated with mortality may help guide improvements in acute management and secondary prevention strategies in second-level hospitals.

General Objective: To identify factors associated with mortality in patients with ischemic stroke treated at the emergency department of HGZ No. 8, Córdoba, Veracruz.

Methodology: A cross-sectional, retrospective observational study was conducted. Clinical records from 197 patients diagnosed with ischemic stroke and admitted to the emergency department between 2024 and 2025 were reviewed. A total of 150 cases were included after excluding patients older than 80 years.

Variables analyzed included age, sex, mortality, diabetes mellitus, systemic arterial hypertension, obesity, smoking, dyslipidemia, atrial fibrillation, prior acetylsalicylic acid therapy, and intravenous thrombolysis.

Categorical variables were summarized using frequencies and percentages; continuous variables using median and interquartile range. Associations were assessed using the Chi-square test. Data were collected in Microsoft Excel and analyzed using SPSS version 26.

Results: A total of 150 patients met inclusion criteria. Most were male (54.7%). The median age was 67 years (P25: 58; P75: 73), with a mean of 65.06 years (SD 10.89).

The most common comorbidities were systemic hypertension (69.3%), type 2 diabetes mellitus (41.3%), obesity (34.0%), dyslipidemia (20.7%), and atrial fibrillation (18.7%); 10% reported smoking.

Prior use of acetylsalicylic acid was documented in 18% of participants. Thrombolysis was administered in 12%; treatment delay beyond the therapeutic window (67.3%) and a diagnosis of transient ischemic attack (13.3%) were the leading contraindications.

Based on ASPECTS scoring, 79.3% had values >7, while 7.3% had scores <7. On presentation, 56% had mild neurological impairment on the Glasgow Coma Scale, increasing to 68.7% at 24 hours.

Mean symptom-to-treatment time was 12.8 hours. Mean glucose and cholesterol levels were 143.9 mg/dL and 158.8 mg/dL, respectively.

Overall mortality was 6%. No statistically significant differences were identified between survivors and non-survivors for age, glucose, or cholesterol (p>0.05). Mortality was significantly associated with initial and 24-hour Glasgow scores, ASPECTS <7, and smoking (p<0.05). No significant association was observed with hypertension, diabetes mellitus, obesity, dyslipidemia, atrial fibrillation, prior aspirin use, or thrombolysis.

Conclusions: Among patients with ischemic stroke presenting to the emergency department of HGZ No. 8, Córdoba, Veracruz, mortality was primarily associated with neurological status on admission, extent of ischemic injury, and tobacco use.

KEY WORDS

Ischemic stroke, mortality, glasgow coma scale, ASPECTS score.

INTRODUCCIÓN

El Evento vascular cerebral isquémico (EVC isquémico), conocido también como Ictus isquémico o infarto cerebral, representa una de las principales causas de mortalidad y discapacidad en el mundo. Globalmente, el EVC (todas sus modalidades) se mantiene como la segunda causa de muerte a nivel mundial. En 2019, se estimaron alrededor de 3.3 millones de fallecimientos atribuibles al EVC isquémico – aproximadamente la mitad de todas las muertes por EVC – y las proyecciones indican que esta carga continuará en aumento en las próximas décadas. Cabe destacar que la mayor parte de la carga de mortalidad por EVC recae en países de ingresos bajos y medios, los cuales concentran ~86% de todas las muertes por esta causa1,2.

Entender los factores asociados a la mortalidad en pacientes con EVC isquémico es crucial para implementar estrategias de atención aguda y prevención secundaria que mejoren el pronóstico. La mortalidad por EVC isquémico está influenciada por múltiples factores, que van desde características sociodemográficas del paciente hasta comorbilidades preexistentes, además de variables clínicas del propio evento (como la severidad del infarto cerebral, la presencia de complicaciones agudas y los tratamientos instaurados).

Entre los factores no modificables que más fuertemente condicionan el pronóstico de un EVC isquémico se encuentran las variables sociodemográficas, principalmente la edad del paciente y el sexo. La edad avanzada se asocia de manera clara con mayor riesgo de mortalidad tras un Ictus isquémico. Los pacientes de mayor edad no solo tienen más probabilidad de sufrir un EVC, sino que también presentan con mayor frecuencia eventos más graves y con menor reserva neurológica para la recuperación. Datos de grandes cohortes apoyan esta relación: en un estudio prospectivo con más de 800 mil pacientes con EVC isquémico en China, la mortalidad intrahospitalaria aumentó significativamente en los grupos de mayor edad – por ejemplo, los pacientes en el cuartil más alto de edad tuvieron más del doble de Odds de morir en el hospital comparados con aquellos en el cuartil más joven3.

El sexo del paciente también influye en las características y desenlace del EVC isquémico, aunque su papel específico es complejo y matizado por factores de confusión (como la edad). Epidemiológicamente, las mujeres tienden a sufrir EVC a una edad más avanzada que los hombres en promedio, y presentan peor recuperación funcional y mayor probabilidad de fallecer después de un ictus. Estudios poblacionales han mostrado que la mortalidad a 30 días puede ser mayor en mujeres que en hombres después de un ictus isquémico; por ejemplo, en el Estudio de Framingham se observó 25% de mortalidad a 1 mes en mujeres vs 14% en hombres con EVC asociado a fibrilación auricular. Esta disparidad se explica en parte porque las mujeres que sufren EVC suelen ser de mayor edad y con más comorbilidades (p. ej., fibrilación auricular no anticoagulada, hipertensión de larga evolución) al momento del evento4.

Cuando se ajustan estadísticamente estas diferencias, el sexo femenino por sí mismo no siempre emerge como predictor independiente de mayor mortalidad, e incluso algunos análisis sugieren una ligera ventaja para las mujeres una vez controladas otras variables. En el registro chino mencionado, el sexo femenino presentó un OR ajustado de 0.84 para mortalidad intrahospitalaria, indicando menor riesgo relativo que los hombres – hallazgo que refleja que la peor supervivencia femenina observada en datos brutos se debe principalmente a su mayor edad y carga de factores de riesgo. En conclusión, las mujeres experimentan en términos absolutos peores desenlaces postictus (mayor dependencia y mortalidad), pero el sexo en sí mismo actúa más bien como marcador de otras variables asociadas (edad avanzada, estado funcional preictus, comorbilidades) más que como factor biológico independiente5.

Por otro lado, el nivel socioeconómico y educativo también se ha relacionado con el pronóstico del EVC. Pacientes de estratos socioeconómicos bajos tienden a tener mayor mortalidad, lo cual podría vincularse a menor acceso a atención médica inmediata y preventiva, y a mayor prevalencia de factores de riesgo no controlados. A nivel global existe una brecha significativa: los países de ingresos bajos y medianos no solo concentran la mayoría de los casos de EVC, sino también tasas de letalidad más altas, atribuible a inequidades en la disponibilidad de cuidados agudos (unidades de ictus, terapia de reperfusión) y rehabilitación. En resumen, factores sociodemográficos como la edad avanzada y, en menor medida, el sexo femenino, junto con determinantes sociales (pobreza, menores recursos sanitarios), se asocian con mayor mortalidad tras un EVC isquémico. Estas variables permiten estratificar el riesgo desde el momento de la admisión y deben tenerse en cuenta al planificar la atención6.

Gracias a los avances en la atención neurológica aguda, la mortalidad intrahospitalaria por EVC isquémico ha disminuido en las últimas décadas en muchos entornos, aunque sigue siendo considerable. En centros terciarios con acceso a tratamientos de reperfusión y cuidados especializados, la letalidad durante la hospitalización por infarto cerebral ronda actualmente solo el 5-10% de los pacientes ingresados. Por ejemplo, un estudio en Irán reportó una mortalidad intrahospitalaria de 7.5% para EVC isquémico, frente a 18% en EVC hemorrágico, durante el periodo 2012-2017. De modo similar, en registros de países desarrollados (EE.UU., Europa), se han comunicado tasas de mortalidad hospitalaria cercanas al 3-8% para EVC isquémico, reflejando mejoras en los cuidados agudos y prevención de complicaciones7.

En cambio, en entornos con menos recursos las cifras pueden ser bastante más elevadas. Estudios africanos reportan letalidades intrahospitalarias del 25% o más en pacientes con ictus. En un trabajo etíope reciente, más de una cuarta parte (27.6%) de los pacientes con EVC fallecieron durante la hospitalización. Otra serie en Burkina Faso encontró una mortalidad cercana al 39% en la fase aguda del infarto cerebral. Estas diferencias abismales subrayan el rol de los recursos disponibles: la presencia de unidades de ictus, acceso a trombólisis intravenosa o trombectomía mecánica, monitoreo en UCI neurológica y rehabilitación temprana contribuyen a reducir drásticamente la mortalidad intrahospitalaria8.

Independientemente del contexto, varios factores determinantes se han asociado de forma consistente con un mayor riesgo de muerte durante la fase hospitalaria del EVC isquémico. Uno de los más importantes es la gravedad neurológica del evento. La extensión del infarto y el compromiso neurológico inicial se cuantifican a menudo mediante escalas como NIHSS (National Institutes of Health Stroke Scale) o la escala de coma de Glasgow. Un mayor puntaje en estas escalas (indicativo de déficit neurológico severo, por ejemplo, presencia de hemiplejía completa, afección de conciencia, desviación de la mirada, etc.) es un fuerte predictor de mortalidad temprana. En el registro chino antes mencionado, un NIHSS ≥15 al ingreso implicó un OR = 8.78 de mortalidad intrahospitalaria (es decir, casi 9 veces más riesgo comparado con NIHSS <5) 9. De hecho, la gravedad del ictus (tamaño del territorio cerebral infartado y deterioro neurológico resultante) suele ser el factor pronóstico más poderoso en la fase aguda, por encima de muchas comorbilidades. Esto concuerda con la observación clínica de que los infartos extensos de arteria cerebral media o los infartos malignos con edema cerebral masivo conlleva alta mortalidad por herniación cerebral, a diferencia de infartos lacunares pequeños que rara vez son fatales9.

Un factor determinante íntimamente ligado a la mortalidad es la aparición de complicaciones médicas o neurológicas agudas durante la hospitalización. Aproximadamente la mitad de las muertes intrahospitalarias por EVC isquémico se deben directamente a complicaciones neurológicas del propio infarto cerebral – por ejemplo, edema cerebral con efecto de masa e hipertensión endocraneal, transformación hemorrágica masiva o extensión del infarto. En torno a un 20-25% de las muertes tempranas se atribuyen a infecciones asociadas al ictus (principalmente neumonía aspirativa y sepsis urinaria), mientras que complicaciones cardíacas (arritmias malignas, infarto de miocardio por daño multisistémico) explican cerca del 15-20% de los decesos. Asimismo, eventos tromboembólicos sistémicos como trombosis venosa profunda con embolia pulmonar ocurren en una minoría de pacientes inmovilizados y pueden precipitar la muerte (~5% de los casos fatales)10.

La presencia de disfagia y aspiración es especialmente crítica: se ha documentado que los pacientes con disfagia clínica (indicando alto riesgo de aspiración) tienen significativamente mayor probabilidad de morir tempranamente (OR ~7 en el análisis multivariado de Huang et al.). Esto refleja la cadena de eventos: el ictus grave produce alteración del nivel de consciencia y reflejos de protección de vía aérea, lo que conlleva aspiración y neumonía, y esta infección empeora el estado general e incrementa la mortalidad. De igual forma, complicaciones metabólicas como hiperglucemia persistente, desbalances hidroelectrolíticos o insuficiencia renal aguda pueden contribuir a peores desenlaces11.

Los pacientes que sufren un EVC isquémico suelen presentar una carga significativa de comorbilidades cardiovasculares, las cuales no solo aumentan el riesgo de padecer el ictus, sino que también pueden influir en la gravedad del evento y en la probabilidad de sobrevivir al mismo. Entre las comorbilidades más comunes y relevantes se encuentran la hipertensión arterial, la diabetes mellitus y las alteraciones del perfil lipídico (dislipidemias), además de otros factores como enfermedad cardiaca isquémica, insuficiencia cardíaca, tabaquismo, obesidad, enfermedad renal crónica, entre otros. A continuación, se revisa la asociación de las principales comorbilidades con la mortalidad en el infarto cerebral agudo12.

La Hipertensión arterial (HTA) es el factor de riesgo más frecuente en pacientes con EVC isquémico y el principal factor etiológico de ictus a nivel global. Se estima que alrededor del 60-80% de los pacientes con infarto cerebral tienen antecedentes de HTA crónica. Su presencia puede incidir en la mortalidad de varias formas. Por un lado, la HTA crónica mal controlada propicia el desarrollo de infartos más extensos o de localización estratégica (p. ej., infartos lacunares múltiples, leucoaraiosis) y también aumenta el riesgo de transformación hemorrágica del infarto cuando la presión permanece muy elevada en fase aguda. Por otro lado, muchos pacientes hipertensos presentan daño de órgano blanco (corazón hipertensivo, nefropatía) que complica el manejo agudo. La evidencia clínica sobre el impacto directo de la hipertensión en la mortalidad post-ictus muestra resultados modestos, pero significativos13.

En el gran registro nacional chino, el antecedente de HTA se asoció con un riesgo ligeramente mayor de muerte intrahospitalaria (OR ~1.16) tras ajustar por otras variables. De forma congruente, un estudio iraní encontró que la hipertensión estaba presente en el 68.3% de los pacientes que fallecieron por EVC durante la hospitalización, siendo el factor de riesgo más común entre los casos fatales. Si bien esto último no implica causalidad directa, sugiere que la hipertensión contribuye sustancialmente al perfil de alto riesgo14.

En general, la HTA se considera un factor agravante en el contexto del ictus: cifras tensionales muy elevadas al ingreso se han relacionado con peor pronóstico funcional y mayor mortalidad a 30 días, probablemente por favorecer edema cerebral e injuria hemorrágica en el área infartada. Por tal motivo, las guías recomiendan manejar cuidadosamente la presión arterial en las primeras 24-48 horas postictus (evitando tanto la hipertensión severa no controlada como la hipotensión inducida excesiva) para minimizar complicaciones. En síntesis, la presencia de hipertensión identifica a un paciente con mayor riesgo basal, y un control subóptimo de la misma en fase aguda puede empeorar la evolución. 15

La Diabetes Mellitus (DM) es otra comorbilidad prevalente (presente en ~20-40% de pacientes con EVC isquémico) que guarda relación con la severidad y mortalidad del ictus. La Diabetes Mellitus se asocia a macroangiopatía acelerada (aterosclerosis carotídea e intracraneal) y microangiopatía, aumentando tanto la probabilidad de infarto cerebral como de un peor estado metabólico cerebral durante la isquemia. Diversos estudios han mostrado que los pacientes diabéticos tienden a experimentar ictus más graves y con peor recuperación neurológica que los no diabéticos. Un mecanismo clave es la hiperglucemia que frecuentemente acompaña al ictus en individuos con diabetes (e incluso en no diabéticos por respuesta de estrés)16.

La hiperglucemia aguda en el momento del ictus ha sido identificada como un poderoso predictor de mal pronóstico: se asocia a mayor tamaño final del infarto, mayor riesgo de edema cerebral y transformación hemorrágica, e incremento en la mortalidad temprana. Estudios clínicos indican que un nivel de glucosa en sangre > 140-180 mg/dL al ingreso se correlaciona con mayor mortalidad a corto plazo; por ejemplo, un análisis reportó que glucemias >120 mg/dL se asociaban con OR ~1.24 de mortalidad temprana. En parte, la hiperglucemia exacerba el daño isquémico al fomentar estrés oxidativo, disfunción endotelial e inflamación en el tejido cerebral penumbra. Así, pacientes con DM mal controlada (reflejado en hemoglobina glicosilada elevada) muestran mortalidad intrahospitalaria discretamente mayor; en el estudio de Huang et al., la diabetes se asoció con un OR = 1.21 de mortalidad intrahospitalaria, significativo a pesar de ser un aumento de riesgo moderado17.

Adicionalmente, en casos fatales de ictus se encuentra antecedente de Diabetes Mellitus con frecuencia notable, todos estos hallazgos respaldan la idea de que la diabetes/hiperglucemia agrava el ictus isquémico y dificulta la recuperación, aumentando la probabilidad de un desenlace fatal. Por ello, se enfatiza el control glucémico prudente en la fase aguda – evitando tanto la hiperglucemia severa como la hipoglucemia – y, a largo plazo, un manejo estricto de la diabetes como parte de la prevención secundaria del ictus18.

En cuanto a las dislipidemias, su papel es algo distinto. La elevación de colesterol LDL es un factor fundamental en la génesis de aterosclerosis y por ende de muchos infartos cerebrales (especialmente los de origen aterotrombótico). Sin embargo, los niveles de lípidos no parecen influir de manera directa e inmediata en la mortalidad aguda del ictus. De hecho, algunas observaciones han sugerido una curiosa “paradoja del colesterol” en el ictus: pacientes con colesterol total muy bajo al ingreso pueden presentar peor pronóstico, posiblemente porque niveles bajos reflejan desnutrición o enfermedad sistémica crónica, o porque el colesterol bajo podría asociarse a mayor riesgo de hemorragia intracerebral (aunque esta relación es más relevante en ictus hemorrágico). En pacientes con infarto cerebral agudo, tener antecedente de hipercolesterolemia no ha mostrado una asociación consistente con mayor mortalidad intrahospitalaria cuando se ajusta por otros factores. De hecho, en la serie de casos fatales en Irán, solo 18.6% de quienes fallecieron tenían diagnóstico de dislipidemia (colesterolemia), una proporción menor comparada con hipertensión o diabetes. Esto sugiere que la dislipidemia por sí sola no predice fuertemente la mortalidad temprana. No obstante, es importante señalar que el manejo agresivo de los lípidos sí influye en la evolución a mediano y largo plazo, reduciendo el riesgo de recurrencia de EVC y mejorando la supervivencia a futuro, como se detallará más adelante en la sección de estatinas. Además, cabe la posibilidad de que pacientes con dislipidemia tratados crónicamente con estatinas pudieran tener cierto beneficio durante el ictus agudo (efecto pleiotrópico de estabilización endotelial y antiinflamatorio), lo cual también se discute en otra sección. En resumen, la dislipidemia es un factor de riesgo vital en la prevención primaria y secundaria del ictus, aunque en la fase aguda su presencia no se asocia fuertemente a la mortalidad inmediata del evento isquémico19,20.

Otras comorbilidades cardiovasculares relevantes incluyen la enfermedad coronaria y la insuficiencia cardíaca. La coexistencia de cardiopatía isquémica (antecedente de infarto de miocardio) se ha vinculado a peor pronóstico post-ictus; por ejemplo, Huang et al. hallaron que infarto de miocardio previo duplicaba el riesgo de mortalidad intrahospitalaria (OR ~2.00), probablemente reflejando un estado cardiovascular más frágil y propenso a arritmias o disfunción durante el ictus. La Insuficiencia cardíaca congestiva y la disfunción ventricular también son frecuentes en pacientes con ictus de edad avanzada, y estudios han reportado que la presencia de insuficiencia cardíaca se asocia con mayor mortalidad a 1 año tras un ictus isquémico (posiblemente debido a eventos cardíacos intercurrentes). Asimismo, la enfermedad renal crónica (elevación de creatinina, urea) se ha identificado como factor de mal pronóstico intrahospitalario; niveles altos de creatinina y nitrógeno ureico al ingreso se correlacionaron con mayor riesgo de muerte en el estudio chino, sugeriendo que la disfunción renal – indicador de comorbilidad vascular sistémica – agrava la evolución21.

La Fibrilación auricular (FA) es una arritmia cardíaca mayor que constituye un factor de riesgo cardioembólico relevante de EVC isquémico. Se estima que alrededor del 20-30% de los infartos cerebrales isquémicos están relacionados con cardioembolismo, principalmente debido a FA no valvular. La presencia de FA no solo aumenta la probabilidad de sufrir un ictus, sino que impacta de forma marcada en la gravedad y pronóstico de los eventos cerebrovasculares. En términos clínicos, los ictus asociados a FA tienden a ser más severos que los de etiología aterotrombótica o lacunar. Esto se debe a que en FA suelen formarse émbolos de mayor tamaño (coágulos en la aurícula) que obstruyen arterias cerebrales proximales de calibre grande, produciendo infartos extensos. Consecuentemente, los pacientes con FA presentan con mayor frecuencia déficits neurológicos graves al inicio (hemiplejía densa, compromiso de conciencia) y mayor volumen de infarto en neuroimagen22.

Numerosos estudios han demostrado que los pacientes con ictus isquémico en contexto de FA presentan peores desenlaces funcionales y mayor mortalidad en comparación con aquellos en ritmo sinusal. Clásicamente, datos del Estudio de Framingham y otras cohortes hallaron que la mortalidad a corto y largo plazo tras un ictus es significativamente más alta en presencia de FA. Por ejemplo, la mortalidad a 30 días de un ictus cardioembólico por FA duplica aproximadamente la de un ictus isquémico sin FA. Una revisión reportó que la probabilidad de morir o quedar con discapacidad severa después de un infarto cerebral es hasta 2 veces mayor en pacientes con FA que en aquellos sin dicha arritmia. En registros hospitalarios actuales, la FA emerge consistentemente como un predictor independiente de mayor mortalidad intrahospitalaria. El gran estudio chino de Huang et al. encontró que la FA o aleteo auricular al ingreso se asoció a un incremento del ~50% en el riesgo de muerte intrahospitalaria (OR = 1.51, IC95%: 1.29–1.77). De forma concordante, el estudio etíope ya citado identificó a la FA como uno de los pocos factores asociados significativamente a mortalidad en pacientes con ictus (HR ~1.48). Estos datos subrayan que la FA confiere un pronóstico más sombrío en el contexto agudo23.

Las razones por las que la FA empeora la evolución clínica del EVC son multifactoriales. En primer lugar, como se mencionó, los infartos son más grandes y devastadores neurológicamente. En segundo lugar, los pacientes con FA suelen ser de mayor edad y con más comorbilidades (hipertensión, insuficiencia cardíaca) que complican el manejo. Además, la coexistencia de FA puede limitar ciertas opciones terapéuticas agudas: por ejemplo, pacientes con FA crónica muchas veces están anticoagulados (lo cual, si bien previene ictus, en caso de presentarse un ictus isquémico puede contraindicar la trombólisis por el riesgo de hemorragia). Incluso en aquellos no anticoagulados, la FA se asocia a mayor riesgo de hemorragia intracraneal si reciben terapia trombolítica, lo que complica la toma de decisiones y eventualmente puede incidir en el pronóstico. Sumado a esto, la FA predispone a complicaciones cardíacas durante la hospitalización (como descompensación de insuficiencia cardíaca por respuesta ventricular rápida, o eventos tromboembólicos sistémicos)24.

No obstante, es importante destacar que gran parte del impacto negativo de la FA podría mitigarse con las intervenciones adecuadas. La anticoagulación oportuna de los pacientes con FA reduce drásticamente el riesgo de ictus cardioembólico, lo cual es una prioridad en prevención primaria y secundaria. En la fase aguda post-ictus isquémico, las guías recomiendan iniciar anticoagulación oral (con heparina de bajo peso molecular puente o directamente anticoagulantes orales) una vez se estabilice el paciente y si no hay contraindicaciones, generalmente dentro de los primeros días (típicamente ~4-14 días dependiendo del tamaño del infarto). Esta estrategia previene recurrencias tempranas potencialmente fatales. Asimismo, un manejo integral que incluya control de frecuencia cardíaca o ritmo, y monitorización cardíaca continua, puede prevenir complicaciones arrítmicas agudas. Con todo, incluso con el mejor manejo actual, la presencia de FA indica un ictus de riesgo elevado25.

En resumen, la fibrilación auricular en un paciente con EVC isquémico es un marcador de mal pronóstico, asociado a infartos más graves, mayor mortalidad intrahospitalaria y peor recuperación funcional. Identificar la FA (ya sea conocida o diagnosticada de novo en el hospital) es crucial no solo por su implicación pronóstica, sino porque define la necesidad de anticoagulación y seguimiento estrecho para mejorar los desenlaces a largo plazo26.

El ácido acetilsalicílico (AAS), comúnmente conocido como aspirina, es un agente antitrombótico antiplaquetario de amplio uso en la prevención y manejo de la enfermedad cerebrovascular isquémica. Su rol en el contexto del ictus isquémico puede considerarse en dos escenarios: (a) como tratamiento crónico preventivo antes del evento (prevención primaria o secundaria en pacientes de alto riesgo), y (b) como tratamiento agudo temprano tras ocurrir el EVC. En ambos escenarios, la aspirina ha mostrado influir en la evolución clínica y, en particular, tiene un efecto benéfico modesto pero significativo en la reducción de recurrencias y mortalidad asociada al ictus isquémico27.

Respecto al uso crónico previo de aspirina, varios estudios observacionales han explorado si los pacientes que sufren un infarto cerebral mientras tomaban aspirina tienen desenlaces diferentes a aquellos que no tomaban antiplaquetarios. Los resultados sugieren que la aspirina puede conferir cierta neuroprotección o al menos asociarse a eventos ligeramente menos graves. Por ejemplo, se ha reportado que pacientes con terapia antiplaquetaria previa tienden a presentar infartos de menor extensión o severidad al ingreso. Un metaanálisis citado por Sher et al. (2017) encontró que la aspirina crónica se vinculó con menor severidad inicial del ictus (posiblemente al facilitar circulación colateral o reducir microtrombos). Asimismo, datos del registro nacional chino revelaron que los pacientes que ya estaban bajo tratamiento antiplaquetario (principalmente aspirina) antes del ictus tuvieron significativamente menor mortalidad intrahospitalaria que los que no lo estaban (OR ajustado = 0.71, IC95%: 0.60–0.84)28.

El uso previo de aspirina se asoció con una reducción relativa de ~29% en el riesgo de muerte durante la hospitalización por ictus isquémico. Esta asociación podría explicarse tanto por un efecto beneficioso de la aspirina (previniendo fenómenos de progresión trombótica dentro de la lesión isquémica o estabilizando el endotelio) como por sesgos de indicación (por ejemplo, pacientes en aspirina podrían ser aquellos con manejo médico más optimizado en general). Con todo, las evidencias apuntan a que un paciente que sufre un ictus a pesar de estar en aspirina suele tener – paradójicamente – un pronóstico algo mejor que quien sufre un primer ictus de novo sin profilaxis antiplaquetaria. No obstante, también es cierto que padecer un ictus bajo aspirina indica un evento “refractario” a esa prevención, lo que obligará a revisar la estrategia secundaria (p.ej., considerar doble antiagregación transitoria o anticoagulación si corresponde la etiología)29.

En el contexto de la fase aguda del infarto cerebral, está sólidamente establecido que la administración temprana de aspirina mejora los resultados clínicos netos, principalmente mediante la prevención de recurrencias isquémicas precoces. Dos ensayos clínicos multinacionales de gran tamaño – el International Stroke Trial (IST) y el Chinese Acute Stroke Trial (CAST) – evaluaron aspirina vs. no aspirina dentro de las primeras 48 horas de un EVC isquémico agudo, con un total combinado de >40,000 pacientes. El metaanálisis conjunto de estos estudios demostró que la aspirina aguda produce una reducción modesta pero significativa en el riesgo de muerte o dependencia al cabo de unas semanas a meses del ictus. En términos absolutos, el uso de aspirina dentro de las 48 horas se asoció con ~1-1.5% menos de pacientes con desenlace de muerte o dependencia, comparado con no tratar. Asimismo, la aspirina redujo el riesgo de recurrencia temprana de ictus isquémico en aproximadamente un 20-25%. En el IST/CAST, esto se tradujo en una disminución absoluta ~0.7% en recurrencias dentro de las primeras semanas, evitando aproximadamente 1 ictus recurrente por cada 140 pacientes tratados agudamente30.

El tratamiento con aspirina conlleva un ligero aumento en eventos hemorrágicos: en estos estudios se observó un incremento no significativo en el riesgo de hemorragia intracerebral sintomática (aprox. 0.2% absoluto) y un pequeño aumento en hemorragias gastrointestinales mayores. Sin embargo, el balance beneficio-riesgo favoreció claramente a la aspirina, con un beneficio clínico neto positivo. Gracias a esta evidencia, las guías internacionales recomiendan firmemente iniciar aspirina (dosis de carga 160-325 mg) en las primeras 24-48 horas posteriores al inicio de un EVC isquémico, una vez descartada una hemorragia cerebral y si no hay contraindicación. Esta recomendación (Clase I, Evidencia A) excluye a los pacientes que recibirán terapia fibrinolítica intravenosa, en cuyo caso la aspirina se demora al menos 24 horas post-trombólisis por seguridad. En pacientes con infartos menores o AIT de alto riesgo, estudios más recientes han sugerido incluso que la combinación de aspirina con otro antiplaquetario (clopidogrel) por un corto periodo puede reducir aún más las recurrencias sin aumentar sustancialmente las complicaciones hemorrágicas, aunque esa estrategia se reserva típicamente para prevención secundaria precoz en ciertos casos y no para todos los pacientes31.

Las estatinas (inhibidores de la HMG-CoA reductasa) son fármacos hipolipemiantes con probados beneficios en la prevención de eventos cardiovasculares, incluyendo el EVC isquémico. Más allá de su efecto en la reducción de colesterol LDL, las estatinas poseen propiedades pleiotrópicas (antiinflamatorias, estabilizadoras de placa de ateroma, mejoran la función endotelial) que podrían influir positivamente en la evolución del ictus una vez que este ocurre. En pacientes con EVC isquémico, el uso de estatinas tanto antes como durante la hospitalización se ha asociado con mejores desenlaces, incluyendo menor mortalidad aguda y mejor recuperación funcional, según evidencia principalmente observacional32.

En el contexto agudo, varios estudios han investigado la asociación entre el uso de estatinas previo al ictus (estatinas en curso al momento del evento) y la severidad/mortalidad del mismo. Una amplia revisión sistemática (Hong et al., 2015) que recopiló 70 estudios, incluidos metanálisis, encontró que los pacientes que sufrían un EVC mientras estaban bajo tratamiento con estatinas presentaban ictus menos graves inicialmente (OR = 1.24 para tener ictus leve, a favor de los usuarios de estatina) y tenían más probabilidad de alcanzar buena recuperación funcionalj-stroke.org. Crucialmente, la mortalidad a corto plazo fue significativamente menor en los usuarios de estatinas: la odds de morir durante la hospitalización fue aproximadamente un 58% menor en quienes continuaron estatinas en fase aguda (OR ~0.42) comparado con quienes no las usaronj-stroke.org. De manera consistente, un gran estudio reciente con datos de más de 800 mil pacientes en China (Chen et al., 2024) reportó que el uso de estatinas antes del ictus se asoció con reducción de la mortalidad intrahospitalaria (OR ajustado = 0.72 en la cohorte general). Incluso tras hacer un apareamiento por niveles de LDL para aislar el efecto independiente de la estatina, el beneficio en mortalidad permaneció significativo (OR = 0.63). Esto indica que el efecto protector de las estatinas excede el simplemente atribuible a tener LDL más bajos, sugiriendo una contribución de sus efectos pleiotrópicos33.

Pacientes con ictus que recibían estatinas durante la hospitalización (continuando o iniciando estatina tras el ingreso) mostraron mejor pronóstico: un metanálisis encontró una reducción del 59% en la odds de mortalidad intrahospitalaria en quienes recibieron estatinas tempranas versus aquellos en quienes se suspendieron o no se indicaron (OR = 0.41). Además, suspender abruptamente la estatina en un paciente que la tomaba previo al ictus se asoció con desenlaces más desfavorables (mayor riesgo de dependencia), lo que apoya la importancia de mantener la terapia con estatinas durante el manejo agudoj-stroke.org. Todos estos datos respaldan la hipótesis de que las estatinas confieren un efecto “protector” en el ictus agudo, posiblemente al mejorar la perfusión colateral, reducir la respuesta inflamatoria al infarto y estabilizar la barrera hematoencefálica, entre otros mecanismos propuestos34.

En cuanto al efecto de las estatinas en la mortalidad a largo plazo y recurrencias, la evidencia de ensayos clínicos es robusta. El estudio SPARCL (Stroke Prevention by Aggressive Reduction of Cholesterol Levels), aunque publicado en 2006, demostró de forma contundente que la terapia intensiva con estatinas tras un ictus isquémico reduce el riesgo de nuevo ictus y eventos vasculares mayores. En SPARCL, pacientes con ictus recientemente tratados con atorvastatina 80 mg lograron reducir ~16% el riesgo de recurrencia de EVC a 5 años comparados con placebo, además de mostrar una disminución en eventos coronarios. Si bien el SPARCL no encontró una diferencia significativa en mortalidad total a 5 años, el beneficio en prevención de segundos ictus eventualmente se traduce en mejora de supervivencia y calidad de vida a largo plazo. Esto ha llevado a que las guías actuales de prevención secundaria recomienden iniciar una estatina de alta intensidad (atorvastatina 40-80 mg, rosuvastatina 20 mg) en todos los pacientes con EVC isquémico de probable origen aterosclerótico o con LDL-colesterol ≥70 mg/dL, con el objetivo de reducir al menos 50% el LDL o lograr niveles <70 mg/dL. El tratamiento debe iniciarse preferentemente durante la hospitalización o al alta inmediata, y continuar indefinidamente salvo contraindicación, dado su impacto en reducir la recurrencia de ictus y posiblemente mejorar la supervivencia a largo plazo35.

Resumiendo, el uso de estatinas se asocia con mejor evolución tras un EVC isquémico. En la fase aguda, los pacientes en tratamiento con estatinas presentan menor mortalidad intrahospitalaria y frecuentemente ictus menos severos. A largo plazo, las estatinas reducen significativamente el riesgo de nuevos eventos vasculares, consolidándose como piedra angular de la prevención secundaria. Estos beneficios combinados (agudos y crónicos) sugieren tanto efectos directos neuroprotectores (pleiotrópicos) como la importancia de controlar la dislipidemia para modificar el curso natural de la enfermedad cerebrovascular. Por ello, prácticamente todos los pacientes con EVC isquémico deben recibir estatinas a menos que exista una contraindicación, y es fundamental no suspenderlas durante la hospitalización. La evidencia contemporánea refuerza que las estatinas no solo bajan el colesterol, sino que salvan vidas y mejoran la recuperación tras un infarto cerebral36.

La mortalidad intrahospitalaria por EVC isquémico varía según el medio, pero se ve claramente agravada por factores como la mayor severidad neurológica inicial y la ocurrencia de complicaciones (edema cerebral, infecciones, complicaciones cardíacas), las cuales son en parte prevenibles o manejables con cuidados especializados. Las comorbilidades comunes – hipertensión, diabetes, cardiopatías, entre otras – confiere una vulnerabilidad añadida: la HTA y la DM mal controladas favorecen infartos más graves y complicaciones (hemorrágicas, metabólicas), traduciéndose en aumentos modestos pero significativos de la mortalidad, mientras que la presencia de FA prácticamente duplica el riesgo de un mal desenlace al asociarse a ictus masivos de origen cardioembólico. Por otro lado, factores del manejo médico como el empleo de aspirina y estatinas muestran beneficios importantes: la aspirina temprana reduce la recurrencia y mejora ligeramente la sobrevida tras el ictus, y las estatinas – iniciadas antes o después del evento – se asocian con menor mortalidad intrahospitalaria y menor riesgo de nuevos ictus a futuro37.

JUSTIFICACIÓN

El evento vascular cerebral (EVC) isquémico constituye una de las principales causas de morbimortalidad a nivel global, con implicaciones significativas tanto en términos clínicos como socioeconómicos. En países de ingresos medios como México, su impacto es aún mayor debido a las limitaciones en el acceso oportuno a servicios especializados y a la alta prevalencia de factores de riesgo cardiovasculares en la población general. Identificar los factores asociados a la mortalidad en pacientes que acuden al servicio de Urgencias por EVC isquémico resulta esencial para implementar estrategias preventivas, mejorar la atención aguda y reducir los desenlaces fatales.

La edad, el sexo, la presencia de comorbilidades crónicas (Diabetes, Hipertensión, Dislipidemia), y las condiciones clínicas al ingreso hospitalario (como el puntaje en la escala NIHSS), son determinantes clave en la mortalidad intrahospitalaria por EVC isquémico. Sin embargo, en el contexto mexicano y particularmente en instituciones del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), existe escasa literatura que documenta estos factores de forma específica y localizada. Por tanto, es imperativo generar evidencia contextualizada que contribuya a la mejora de protocolos clínicos y a la optimización del uso de recursos hospitalarios.

La presente investigación cobra relevancia porque busca identificar estos factores en pacientes del Hospital General de Zona (HGZ) No. 8 de Córdoba, Veracruz, una unidad de segundo nivel que atiende una amplia población derechohabiente. La caracterización de los determinantes de mortalidad permitirá no solo mejorar los algoritmos diagnósticos y terapéuticos en urgencias, sino también diseñar intervenciones de prevención secundaria en pacientes de alto riesgo, reduciendo la carga de discapacidad y muertes evitables

Además, en el contexto post-pandemia de COVID-19, se han observado variaciones en los perfiles clínicos de pacientes con EVC y un aumento en la gravedad de los casos debido a la disminución de consultas preventivas y la descompensación de enfermedades crónicas 30. Estos elementos refuerzan la necesidad de investigaciones actualizadas que exploren cómo estas dinámicas han influido en la evolución y mortalidad por EVC en hospitales regionales, especialmente en áreas con acceso limitado a neurointervencionismo.

Desde una perspectiva epidemiológica, conocer los factores de riesgo asociados a la mortalidad permite estratificar adecuadamente a los pacientes desde el ingreso, priorizando recursos y atenciones en quienes tienen mayor riesgo de complicaciones. Asimismo, fomenta la formación continua del personal de salud en la atención del ictus, el fortalecimiento de unidades especializadas y la aplicación de guías clínicas basadas en evidencia reciente

PLANTEAMIENTO DEL PROBLEMA

El evento vascular cerebral (EVC) isquémico representa un problema de salud pública de primer orden en todo el mundo, particularmente por su alta tasa de mortalidad y discapacidad a largo plazo. Se estima que cada año ocurren más de 12 millones de casos nuevos de EVC, de los cuales cerca del 80% son de tipo isquémico. A pesar de los avances en el diagnóstico y tratamiento oportuno, el EVC sigue siendo la segunda causa de muerte a nivel global y la primera en discapacidad adquirida en adultos mayores. Este panorama es aún más crítico en países de ingresos medios como México, donde persisten barreras de acceso, subdiagnóstico y deficiencias en la atención hospitalaria de urgencias.

La mortalidad intrahospitalaria por EVC isquémico está determinada por una variedad de factores clínicos, demográficos y terapéuticos. La edad avanzada, la gravedad neurológica al ingreso, y la presencia de comorbilidades como hipertensión, diabetes, fibrilación auricular o enfermedad renal crónica han sido identificadas como los principales determinantes de desenlaces adversos en múltiples estudios internacionales. Sin embargo, estas variables no actúan de manera aislada, sino en interacción compleja con la respuesta médica inicial y los recursos disponibles en cada institución hospitalaria. Por ello, resulta necesario generar evidencia local que permita entender cómo estos factores inciden específicamente en la mortalidad en el contexto del sistema de salud mexicano.

En el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), y particularmente en el Hospital General de Zona (HGZ) No. 8 de Córdoba, Veracruz, se observa una elevada demanda en los servicios de urgencias por patologías cerebrovasculares. No obstante, no se cuenta con estudios recientes que documenten con claridad el perfil clínico-epidemiológico de los pacientes con EVC isquémico ni los factores de riesgo asociados a la mortalidad hospitalaria en este contexto. Esta carencia limita el desarrollo de protocolos clínicos específicos y dificulta la toma de decisiones basadas en evidencia para la estratificación del riesgo y el manejo oportuno de estos pacientes.

La literatura sugiere que el retraso en el diagnóstico, el uso insuficiente de escalas de valoración neurológica como la NIHSS, y la ausencia de unidades especializadas en ictus son factores que incrementan la mortalidad en hospitales de segundo nivel. Además, en regiones como Veracruz, la población atendida en hospitales públicos presenta una alta prevalencia de comorbilidades crónicas no controladas, lo que agrava el pronóstico en caso de un evento cerebrovascular. Estas condiciones generan un entorno clínico complejo que requiere ser investigado y documentado para identificar los factores de mayor impacto en la mortalidad y desarrollar intervenciones dirigidas.

OBJETIVOS

OBJETIVO GENERAL:

Determinar los factores asociados a la mortalidad en pacientes con EVC isquémico que acuden al servicio de Urgencias del HGZ No.8 Córdoba, Ver.

OBJETIVOS ESPECÍFICOS:

  1. Identificar las variables sociodemográficas en pacientes con Enfermedad Vascular Cerebral en el servicio de Urgencias.
  2. Conocer la mortalidad hospitalaria de pacientes con evento vascular cerebral.
  3. Enlistar las principales comorbilidades de los pacientes con enfermedad vascular cerebral de tipo isquémico.
  4. Identificar los pacientes portadores de Fibrilación auricular referido en el expediente.
  5. Identificar si tuvieron tratamiento con Ácido Acetil Salicílico referido en el expediente.
  6. Reconocer en el expediente clínico si el paciente fue intervenido con Trombólisis intravenosa.
  7. Referir parámetros clínicos y de laboratorio del expediente físico y electrónico de pacientes con enfermedad vascular cerebral tipo isquémico.
  8. Analizar los hallazgos tomográficos de cráneo del expediente físico y electrónico.
  9. Presentar los parámetros de la Escala de Glasgow en pacientes con EVC isquémico al ingreso y a las 24 horas.

 

HIPÓTESIS

Hipótesis nula:

El factor que más se asocia a la mortalidad, en pacientes con Enfermedad vascular cerebral de tipo isquémico que acuden al servicio de Urgencias del HGZ No.8 Córdoba, Ver., es la Hipertensión arterial sistémica.

Hipótesis alterna:

El factor que menos se asocia a la mortalidad, en pacientes con Enfermedad Vascular Cerebral de tipo isquémico que acuden al servicio de Urgencias del HGZ No.8 Córdoba, Ver., es la Hipertensión arterial sistémica.

MATERIAL Y MÉTODO

Diseño del estudio:

Estudio observacional, transversal, retrolectivo y analítico.

Lugar de estudio:

Servicio de urgencias del Hospital General de Zona 8 en Córdoba, Veracruz.

Periodo para desarrollarse:

Septiembre de 2025.

Universo de trabajo:

Expedientes de adultos hombres y mujeres mayores de 18 años que hayan sido atendidos en el servicio de Urgencias en el Hospital General de Zona No.8 Córdoba, Ver., durante el periodo establecido del año 2024 a junio 2025.

Población:

La población de estudio estuvo conformada por expedientes de adultos entre 18 y 80 años de edad con diagnóstico clínico y/o radiológico de Evento vascular cerebral, atendidos en Urgencias.

 

SELECCIÓN DEL TAMAÑO DE MUESTRA:

La selección del tamaño de la muestra es no probabilística.

Tamaño de muestra: 197.

Criterios de inclusión:

Hombres y mujeres entre 18 y 80 años, con diagnóstico de Enfermedad cerebrovascular en el año establecido de 2024 a junio 2025.

Criterios de exclusión:

Pacientes que no cuenten con diagnóstico por tomografía axial computarizada de cráneo de Enfermedad vascular cerebral.

Criterios de eliminación:

Hoja de recolección de datos incompleta.

Definición de variables, véase en anexos.

 

DESCRIPCIÓN GENERAL DEL ESTUDIO

Al concluir con el trabajo de investigación se envió para su revisión al Comité Local de Investigación 3101. Tras obtener la aprobación del Comité Local de Investigación y el Comité de Ética en investigación, se notificó a las autoridades correspondientes del Hospital General de Zona No. 8 de Córdoba, Veracruz, en colaboración con la Coordinación Clínica de Educación e Investigación en Salud para que se brindaran las facilidades necesarias para realizar el presente estudio. Se realizó la búsqueda de expedientes de hombres y mujeres entre 18 y 80 años, con diagnóstico de Enfermedad Cerebral Vascular, de tipo isquémico, que ingresaron al servicio de Urgencias que cumplan con los criterios de inclusión.

Se revisó detalladamente cada expediente para confirmar el diagnóstico, documentar la evolución clínica, la presencia de comorbilidades y el desenlace (alta o fallecimiento). Así como también se revisaron los sistemas electrónicos de laboratorio clínico y de estudios de imagen de Tomografía simple de cráneo. La hoja de recolección de la información se apegó a las variables que se pretendían explorar y se revisó que cumpliera con lo establecido para validez de contenido. Esta información se ingresó a una base de datos, asegurando la confidencialidad y anonimato de los expedientes que se consideraron para la investigación. Posteriormente se evaluaron los factores asociados a la mortalidad, con un grupo de expedientes que señalan que el paciente falleció y en otro grupo donde no se presentó la mortalidad.

ANÁLISIS ESTADÍSTICO

Los datos se procesaron con software estadístico especializado (SPSS). En primer lugar, se realizaron estadísticas descriptivas para las variables cuantitativas (mediana y rango intercuartil) y cualitativas (frecuencias y porcentajes).

Se evaluó la normalidad de las variables continuas mediante la prueba de Shapiro-Wilk. Los resultados indicaron que ninguna de las variables continuas presentó distribución normal en al menos uno de los grupos de mortalidad (p < 0.05), por lo que se utilizaron pruebas no paramétricas para el análisis de asociación. Las variables continuas se analizaron mediante la prueba de Mann-Whitney U para comparar medianas entre los grupos de mortalidad (sí/no), mientras que las variables dicotómicas y politómicas se evaluaron mediante pruebas de chi-cuadrado o Fisher exacta, según correspondiera al tamaño de las frecuencias observadas.

ASPECTOS ÉTICOS

El presente proyecto de investigación se sometió a evaluación por los Comités Locales de Investigación y Bioética en Salud para su valoración y aceptación.

Se tomó en consideración el reglamento de la Ley General de Salud en Materia de investigación para la salud en su artículo 17, que lo clasificó como “sin riesgo” puesto que se obtuvo la información de registros electrónicos y es por tanto un estudio retrospectivo.

Este proyecto también se apegó a la Declaración de Helsinki de la Asociación Médica Mundial. Que establece los Principios Éticos para las investigaciones Médicas en Seres Humanos, adoptada por la 8° Asamblea Médica Mundial, Helsinki Finlandia en junio de 1964. Así como a la última enmienda hecha por la última en la Asamblea General en octubre 2013, y a la Declaración de Taipei sobre las consideraciones éticas sobre las bases de datos de salud y los biobancos que complementa oficialmente a la Declaración de Helsinki desde el 2016; de acuerdo a lo reportado por la Asamblea Médica Mundial.

Se hizo uso correcto de los datos y se mantuvo absoluta confidencialidad de estos. Esto de acuerdo a la Ley Federal de Protección de Datos Personales, a la NOM-004-SSA3-2012, Del expediente clínico (apartados 5.4, 5.5 y 5.7).

Se solicitó la dispensa del consentimiento informado con base en el punto 10 de las pautas éticas internacionales para la investigación relacionada con la investigación en salud con seres humanos, elaboradas por el Consejo de Organizaciones Internacionales de Ciencias Médicas en colaboración con la Organización Mundial de la Salud.

RESULTADOS

La muestra inicial de pacientes fue de 197 casos con enfermedad cerebral vascular, de los cuales se excluyeron 47 casos por tener edad mayor a 80 años, de forma que la muestra final contempló 150 pacientes, predominó el sexo masculino, con 82 pacientes (54.7%), mientras que el sexo femenino se presentó en 68 pacientes (45.3%). Figura 1, véase en anexos.

El sexo masculino predominó en frecuencia estando presente en 82 pacientes (54.7%) (n = 150).

La edad de la población de estudio (n = 150) presentó un rango comprendido entre 24 y 80 años, con una mediana de 67 años (Me). El percentil 25 (P25) se ubicó en 58 años, mientras que el percentil 75 (P75) fue de 73.25 años. La media de edad (M) fue de 65.06 años, con una desviación estándar (DE) de 10.89. Figura 2, véase en anexos.

Mediana de edad de 67 años en la población de estudio (n = 150).

Las comorbilidades más frecuentes fueron Hipertensión arterial sistémica (HAS) con 104 pacientes (69.3%), seguida de Diabetes mellitus tipo 2 (DM2) con 62 pacientes (41.3%), obesidad con 51 pacientes (34.0%), dislipidemia con 31 pacientes (20.7%) y fibrilación auricular con 28 pacientes (18.7%). El hábito de tabaquismo estuvo presente en 15 pacientes (10.0%). Por otra parte, 88 pacientes (58.7%) no presentaron DM2, 46 pacientes (30.7%) no presentaron HAS, 99 pacientes (66.0%) no presentaron obesidad, 135 pacientes (90.0%) no eran fumadores, 119 pacientes (79.3%) no presentaban dislipidemia y 122 pacientes (81.3%) no presentaban fibrilación auricular. Figura 3, véase en anexos.

La comorbilidad más frecuente fue Hipertensión arterial sistémica (HAS), presente en 104 pacientes (69.3%) (n=150).

En relación con el antecedente de tratamiento previo con ácido acetilsalicílico (ASA), se observó que 27 pacientes (18.0%) habían recibido este fármaco antes del ingreso, mientras que 123 pacientes (82.0%) no contaban con tratamiento previo con ASA. Figura 4, véase en anexos.

La mayoría de los pacientes (123; 82.0%) no recibieron tratamiento previo con ASA (n=150).

De los 150 pacientes incluidos en el estudio, 18 (12.0%) recibieron trombólisis. Entre los 132 pacientes que no recibieron trombólisis, las razones fueron: fuera de ventana terapéutica 101 pacientes (67.3%), presión arterial elevada 3 pacientes (2.0%), EVC transitorio 20 pacientes (13.3%) y EVC en los tres meses previos 8 pacientes (5.3%). Tabla 1, véase en anexos.

La mayoría de los pacientes que no recibieron trombólisis no cumplían con la ventana terapéutica (101; 67,3 %) (n=150).

En la evaluación tomográfica mediante el puntaje ASPECTS, se observó que la mayoría de los pacientes presentó valores mayores a 7 puntos, correspondientes a una afectación cerebral menor de 3 cm, con una frecuencia de 119 (79,3 %). Por otro lado, 20 (13,3 %) pacientes obtuvieron un puntaje de 10, considerado como tomografía normal, mientras que 11 (7,3 %) pacientes presentaron un puntaje menor a 7, lo que indica una afectación mayor de 3 cm. Figura 5, véase en anexos.

Predominó el puntaje ASPECTS >7 puntos, indicativo de afectación cerebral menor de 3 cm, observado en 119 (79,3 %) pacientes (n=150).

Al ingreso al servicio de urgencias, la Escala de Coma de Glasgow mostró un predominio de compromiso neurológico leve en 84 pacientes (56.0%), seguido de compromiso moderado en 59 pacientes (39.3%) y grave en 7 pacientes (4.7%). A las 24 horas de la atención, se observó un incremento en la proporción de pacientes con Glasgow leve, con 103 casos (68.7%), mientras que el compromiso moderado se identificó en 30 pacientes (20.0%) y el compromiso grave en 17 pacientes (11.3%). Figura 6, véase en anexos.

A las 24 horas de la atención predominó la categoría de Glasgow leve, observada en 103 pacientes (68.7%) (n=150).

En la población de estudio el tiempo de espera desde el inicio de los síntomas hasta la atención en el servicio de urgencias presentó un valor mínimo de 1 hora y un máximo de 48 horas, con una media de 12.81 horas y una desviación estándar de 13.56 horas (DE).

Respecto a los niveles de glucosa, se observaron valores que oscilaron entre 37 mg/dL y 513 mg/dL, con una media de 143.9 mg/dL y una desviación estándar de 83.10 mg/dL. En cuanto a los niveles de colesterol, los valores registrados fluctuaron entre 15 mg/dL y 2267 mg/dL, con una media de 158.8 mg/dL y una desviación estándar de 178.4 mg/dL. Tabla 2, véase en anexos.

Se presentan los estadísticos descriptivos de las variables continuas analizadas, incluyendo media, desviación estándar y rango, correspondientes a la población de estudio (n = 150).

En relación con la mortalidad, se registraron 9 pacientes (6.0%) que presentaron defunción, mientras que 141 pacientes (94.0%) recibieron alta hospitalaria durante el periodo de atención analizado. Tabla 3, véase en anexos.

La mayoría de los pacientes recibió alta hospitalaria con una frecuencia de 141 casos (94.0%), (n = 150).

Se evaluó la asociación entre las variables continuas edad, glucosa y colesterol con la mortalidad en pacientes con EVC isquémico (n=150). Dado que las pruebas de normalidad indicaron distribuciones no paramétricas para todas las variables (Shapiro-Wilk, p <0.05), se aplicó la prueba U de Mann-Whitney para muestras independientes.

Los resultados mostraron que no se encontraron diferencias significativas entre los grupos de pacientes fallecidos y sobrevivientes en cuanto a edad (U=474.500; p=0.205), glucosa (U=629.000; p=0.965) ni colesterol (U=589.500; p=0.721) indicando que la distribución de estas variables continuas fue similar entre los pacientes que fallecieron y los que sobrevivieron.

En la valoración de la escala de coma de Glasgow al ingreso, la distribución de pacientes presentó diferencias significativas en relación con la mortalidad (χ² de Pearson = 8.146; gl = 2; p = 0.017), observándose que un menor puntaje en la escala se asoció con un mayor riesgo de muerte. La valoración de la escala de coma de Glasgow a las 24 horas evidenció una asociación aún más marcada con la mortalidad (χ² de Pearson = 74.906; gl = 2; p < 0.001).

La evaluación de la tomografía computarizada mediante el puntaje ASPECTS mostró también una asociación significativa con la mortalidad (χ² de Pearson = 33.106; gl = 2; p < 0.001), indicando que una afectación mayor (>3 cm; puntaje <7) se relacionó con un incremento en la mortalidad. Tabla 4, véase en anexos.

Se presentan frecuencias y porcentajes de pacientes según categoría de cada escala y su relación con la mortalidad. Se utilizó chi-cuadrado de Pearson para evaluar asociación; p < 0.05 indica significación estadística.

Respecto a las comorbilidades, 62 pacientes con Diabetes mellitus tipo 2 (41.3%) y 88 sin DM2 (58.7%) mostraron ausencia de asociación significativa con mortalidad (p=0.571), al igual que 104 pacientes con hipertensión arterial sistémica (HAS) (69.3%) frente a 46 sin HAS (30.7%) (p=0.571), 51 pacientes con obesidad (34.0%) frente a 99 sin obesidad (66.0%) (p=0.495), 31 pacientes con dislipidemia (20.7%) frente a 119 sin dislipidemia (79.3%) (p=0.333) y 28 pacientes con fibrilación auricular (18.7%) frente a 122 sin FA (81.3%) (p=0.138). La única comorbilidad que mostró asociación significativa con mortalidad fue el tabaquismo, con 15 pacientes fumadores (10.0%) y 135 no fumadores (90.0%) (p=0.016). Tabla 5, véase en anexos.

Se muestra la asociación entre comorbilidades y mortalidad en pacientes con EVC isquémico (n=150). Los valores corresponden a frecuencia (n) y porcentaje (%) dentro de la categoría de mortalidad. La significación se obtuvo mediante prueba de Chi-cuadrado de Pearson o Prueba exacta de Fisher cuando fue necesario. La única asociación estadísticamente significativa fue con el tabaquismo (p<0.05).

En relación con el tratamiento previo, 27 pacientes (100.0%) recibieron ácido acetilsalicílico (ASA) y ninguno de ellos presentó mortalidad, mientras que de los 123 pacientes que no recibieron ASA, 9 (7.3%) fallecieron. La prueba exacta de Fisher no evidenció asociación significativa entre el uso de ASA y mortalidad (p=0.364). Por otro lado, 18 pacientes (100.0%) recibieron trombólisis y ninguno presentó mortalidad, mientras que de los 132 pacientes que no recibieron trombólisis, 9 (6.8%) fallecieron. No se observó asociación estadísticamente significativa entre la administración de trombólisis y mortalidad de acuerdo con la prueba exacta de Fisher (p=0.600). Tabla 6, véase en anexos. Se muestran frecuencias y porcentajes por fila. La significación estadística se muestra con la prueba exacta de Fisher. n=197.

DISCUSIÓN

La Enfermedad Cerebrovascular representa una problemática importante a nivel mundial, cuya trascendencia radica no solamente en la incidencia, sino especialmente en la mortalidad que genera y las secuelas y carga económica para los pacientes y el sector salud. Por tal motivo, es que se planteó realizar este estudio de investigación con la finalidad de identificar tanto la frecuencia de mortalidad como los factores relacionados a esta.

En el perfil demográfico en nuestro estudio se identificó que en los pacientes que fallecieron fue edad mayor a 60 años y sexo masculino, lo cual es consistente a lo establecido por Rexrode et al., quienes en su artículo “The impact of sex and gender on stroke” en Estados Unidos en el año 2022, establecieron que mayor es la edad, mayor es la probabilidad de defunción, sin embargo, discrepa con sus hallazgos con respecto a que son las mujeres las que tienen peor pronóstico y mayor probabilidad de defunción, mientras que en nuestro estudio fueron los hombres, no obstante, sin obtener diferencias significativas que demuestren que el sexo incide sobre la mortalidad observada como un factor independiente3. Por otro lado, con respecto al sexo, es consistente con Edessa et al., que en su artículo “In-hospital mortality and its associated factors among hospitalized stroke patients at public hospitals of Eastern Ethiopia” en Etiopía en el año 2024, contemplan que el sexo femenino presentó un OR ajustado de menor riesgo (0.84) para mortalidad intrahospitalaria5.

La mortalidad observada en nuestro estudio fue del 6% que corresponde a 9 defunciones, dato similar a lo reportado por Chen et al., que en su artículo “Beyond low-density lipoprotein cholesterol levels: Impact of prior statin treatment on ischemic stroke outcomes” en Estados Unidos en el año 2024, reportaron una mortalidad de 7.5% para EVC isquémico7; sin embargo, la mortalidad observada en nuestro estudio es menor a la observada en el estudio de Sandercock et al., que en su publicación “Oral antiplatelet therapy for acute ischaemic stroke” en España en el año 2014, se registró una mortalidad del 27.6%8, lo cual es debido a que en los países de menores ingresos, no se cuenta con el adecuado protocolo de atención para los pacientes, ni tampoco con las estrategias terapéuticas que han demostrado mayor utilidad para mejorar el pronóstico en los casos de EVC, aunado a que entre las poblaciones pueden existir discrepancias con respecto a factores como las comorbilidades que pueden incrementar la probabilidad de defunción en estos pacientes.

En la evaluación de la severidad del cuadro clínico, en nuestro estudio se demostró que de los pacientes que fallecieron el 88.9% tenían compromiso mayor a 1/3 de la arteria cerebral media y el 11.1% menor a 1/3, caso contrario a los pacientes que no fallecieron, en los cuales se evidencia que el daño fue menor con 75.2% con daño menor a 1/3, 14.2% normal y solamente 10.6% con daño mayor a 1/3. Esto es consistente con Powers et al., que en su artículo “Guidelines for the Early Management of Patients with Acute Ischemic Stroke: 2019 Update to the 2018 Guidelines”, en Estados Unidos en el año 2019, establecen que el tamaño del territorio cerebral infartado y el deterioro neurológico secundario, son factores relevantes en la fase aguda como predictores de mortalidad, que pueden generar otro tipo de alteraciones como edema y hernia cerebral9.

CONCLUSIONES

El presente estudio aporta evidencia local sobre la mortalidad intrahospitalaria en pacientes con enfermedad vascular cerebral isquémica atendidos en un servicio de urgencias de segundo nivel. La mortalidad observada fue del 6%, porcentaje comparable con reportes internacionales y menor al descrito en países con limitaciones estructurales para el diagnóstico y tratamiento oportuno. La caracterización clínica y demográfica de la cohorte mostró un predominio del sexo masculino y una mediana de edad de 67 años, hallazgos consistentes con la epidemiología global del EVC isquémico.

En el análisis de factores asociados con mortalidad, se identificaron como predictores significativos los indicadores de severidad del evento neurológico: puntajes bajos en la escala de Glasgow al ingreso y a las 24 horas, así como un puntaje ASPECTS menor a 7 puntos, asociados a extensión de daño cerebral mayor a 3 cm. Estos hallazgos refuerzan el valor clínico de herramientas diagnósticas iniciales, tanto funcionales como de neuroimagen, para estratificar pronóstico en la fase aguda.

Por otro lado, las comorbilidades crónicas tradicionalmente vinculadas al riesgo de EVC—como hipertensión arterial sistémica, diabetes mellitus tipo 2, obesidad, dislipidemia y fibrilación auricular—no mostraron asociación significativa independiente con la mortalidad en esta cohorte, lo que sugiere que, una vez desencadenado el evento, la evolución depende principalmente de la severidad neurológica inicial más que del perfil metabólico. El tabaquismo fue la única comorbilidad con relación estadística significativa, lo que subraya su papel prevenible en la progresión y desenlace del EVC.

Finalmente, el bajo porcentaje de trombólisis observado y el elevado número de pacientes excluidos por retraso en la ventana terapéutica destacan un área crítica de mejora institucional: la necesidad de fortalecer estrategias de reconocimiento temprano, referencia oportuna y acceso a terapias avanzadas. En conjunto, los resultados señalan que el pronóstico del EVC isquémico en este contexto se define por el daño neurológico inicial y por limitaciones temporales en la atención, más que por factores demográficos o comorbilidades previas. Estos hallazgos pueden orientar intervenciones dirigidas a reducir tiempos de atención y mejorar los resultados hospitalarios en unidades de segundo nivel. El factor que más se asocia a la mortalidad, en pacientes con Enfermedad Vascular Cerebral de tipo isquémico que acuden al servicio de Urgencias del HGZ No.8 Córdoba, Veracruz México, es la Hipertensión arterial sistémica.

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ANEXOS

Definición de variables.

VARIABLE DEFINICIÓN CONCEPTUAL DEFINICIÓN OPERACIONAL TIPO DE VARIABLE/ESCALA INDICADOR
Edad Tiempo transcurrido desde el nacimiento. Se registró la edad en años cumplidos al ingreso y referidos en el expediente. Cuantitativa Años referidos en el expediente.
Sexo Condición biológica asignada al nacer. Se registró el sexo biológico: masculino o femenino. Cualitativa Nominal

Dicotómica

Masculino

Femenino

Mortalidad Condición de fallecimiento intrahospitalario. Se registró si el paciente falleció durante la hospitalización, referido en el expediente. Cualitativa

Nominal

Dicotómica

Si

No

Diabetes Mellitus Trastorno metabólico crónico caracterizado por hiperglucemia. Se verificó el antecedente de diagnóstico médico en expediente como Diabetes Mellitus Cualitativa

Nominal Dicotómica

Si

No

Hipertensión arterial sistémica Enfermedad crónica caracterizada por cifras tensionales elevadas. Se verificó el antecedente de diagnóstico médico en expediente de Hipertensión arterial sistémica. Cualitativa

Nominal Dicotómica

Si

No

Obesidad Exceso de tejido adiposo corporal. Se verificó la presencia de diagnóstico o IMC ≥ 30 kg/m² en expediente. Cuantitativa

Continua

Porcentaje de IMC referido en el expediente del paciente.
Tabaquismo Consumo habitual de productos con nicotina. Se registró el historial de consumo de tabaco según referido en el expediente. Cualitativa

Nominal Dicotómica.

Si

No

Fibrilación Auricular Arritmia cardiaca que predispone a EVC isquémico. Se verificó el diagnóstico de Fibrilación Auricular referido en el expediente. Cualitativa

Nominal

Dicotómica

Si

No

Tratamiento con Ácido Acetil Salicílico Uso de AAS como medida terapéutica previa o durante el EVC. Se registró si existe indicación y administración de Ácido Acetil Salicílico. Cualitativa

Nominal

Dicotómica.

Si

No

Trombólisis Intravenosa. Tratamiento que puede desintegrar coágulos como terapéutica en el EVC. Administración en el servicio de Urgencias de Tenecteplase / alteplase IV. Cualitativa

Nominal Dicotómica.

Si / No
Nivel de Glucosa Concentración de glucosa en suero sanguíneo. Cifra de glucosa sérica al ingreso a urgencias. Cuantitativa

Continua.

Cifra de glucosa sérica expresada en el expediente del paciente.
Colesterol Total El colesterol total es la suma del HDL, LDL y del VLDL. Tener el colesterol total alto representa un riesgo elevado de EVC. Se registró el valor de Colesterol total en suero o plasma. Cuantitativa

Continua

Valor absoluto expresado en mg/dl.
Tomografía de Cráneo Simple Técnica de rayos x que permite reconstruir la estructura interna de un objeto. Identificar el territorio cerebral infartado mediante la Tomografía

<7 afectación superior a un tercio del territorio arteria cerebral media.

>7 afectación menor a un tercio del territorio arteria cerebral media.

Cualitativa

Nominal Dicotómica

<7 afectación superior a un tercio.

>7 afectación menor.

Escala de coma de Glasgow Escala neurológica como herramienta fundamental para evaluar el nivel de conciencia. Se verificó evaluación de ECG < 15 puntos en expediente con deterioro neurológico resultante, al ingreso y a las 24 horas. Cuantitativa

Continua

Puntuación referida en el expediente del paciente al ingreso y a las 24 horas

Figura 1. Distribución por sexo en pacientes con EVC isquémico

Figura 2. Distribución por edad en pacientes con EVC isquémico.

Figura 3. Distribución por comorbilidades en la población de estudio.

Figura 4. Distribución de pacientes según tratamiento previo con ácido acetilsalicílico (ASA).

 

Tabla 1. Distribución de pacientes según administración de trombólisis y causas de no tratamiento.

f %
Trombólisis 18 12.0
No Fuera de ventana 101 67.3
T/A elevada 3 2.0
EVC transitorio 20 13.3
EVC previo (e meses) 8 5.3
Total 150 100

Figura 5. Distribución de acuerdo al grado de afectación según escala de ASPECTS.

Figura 6. Distribución por Escala de Coma de Glasgow al ingreso y a las 24 horas.

 

Tabla 2. Distribución por el valor de glucosa, colesterol y tiempo de espera.

Variable Mínimo Máximo Rango Media Desviación estándar (DE)
Tiempo desde inicio de síntomas hasta atención en urgencias (horas) 1.00 48.00 47.00 12.81 13.56
Glucosa (mg/dL) 37.00 513.00 476.00 143.9 83.10
Colesterol (mg/dL) 15.00 2267.00 2252.00 158.8 178.4

 

Tabla 3. Distribución según mortalidad.

f %
Defunción 9 6.0
Alta 141 94.0
Total 150 100

 

Tabla 4. Asociación de escalas neurológicas y tomográficas con mortalidad en pacientes con EVC isquémico

Escala Categoría Defunción f (%) Alta f (%) f p
Glasgow al ingreso Leve 5 (6.0) 79 (94.0) 84 0.017
Moderado 4 (6.8) 55 (93.2) 59
Grave 0 (0) 7 (100) 7
Glasgow a las 24 h Leve 2 (1.9) 101 (98.1) 103 <0.001
Moderado 4 (13.3) 26 (86.7) 30
Grave 3 (17.6) 14 (82.4) 17
ASPECTS 10 puntos (normal) 0 (0) 20 (100) 20 <0.001
>7 puntos (<3 cm) 7 (5.9) 112 (94.1) 119
<7 puntos (>3 cm) 2 (18.2) 9 (81.8) 11

 

Tabla 5. Asociación entre comorbilidades y mortalidad en pacientes con EVC isquémico

Variable Defunción Alta p
f % f %
DM2 62 41.3 88 58.7 0.571
HAS 104 69.3 46 30.7 0.571
Obesidad 51 34.0 99 66.0 0.495
Tabaquismo 15 10.0 135 90.0 0.016
Dislipidemia 31 20.7 119 79.3 0.333
Fibrilación auricular 28 18.7 122 81.3 0.138

.

Tabla 6. Asociación entre mortalidad y tratamiento previo con ASA y trombólisis en pacientes con EVC isquémico.

Tratamiento Alta Defunción p
f % f %
Ácido acetilsalicílico (ASA) No 114 92.7 9 7.3 0.364
27 100 0 0
Trombólisis No 123 93.2 9 6.8 0.600
18 100 0 0

Se muestran frecuencias y porcentajes por fila. La significación estadística se muestra con la prueba exacta de Fisher. n=197.

 

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