- Javier Ordovás Sánchez. Médico Interno Residente, Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, España.
- Carlos Moreno Gálvez. Médico Interno Residente, Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, España.
- Luis Corbatón Gomollón. Médico Interno Residente, Hospital Universitario de Navarra. Navarra, España.
- Irene Cemborain Goñi. Médico Interno Residente, Hospital Universitario Lozano Blesa. Zaragoza, España.
- Álvaro Morella Barreda. Médico Interno Residente, Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, España.
- Javier Luna Ferrer. Médico Interno Residente, Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, España.
RESUMEN
La anemia ferropénica es la causa más frecuente de anemia en atención primaria y representa un importante problema de salud pública a nivel mundial. Afecta de manera predominante a mujeres en edad reproductiva, embarazadas, niños menores de cinco años y personas mayores, con una elevada prevalencia incluso en países de altos ingresos. Su origen se relaciona con una deficiencia de hierro, elemento esencial para la síntesis de hemoglobina y el adecuado funcionamiento celular, lo que provoca una disminución de la producción eritrocitaria y da lugar a anemia microcítica e hipocrómica.
Las principales causas de anemia ferropénica incluyen las pérdidas sanguíneas crónicas, especialmente de origen ginecológico y gastrointestinal, la disminución de la ingesta o absorción de hierro y el aumento de los requerimientos fisiológicos en determinadas etapas de la vida. Desde el punto de vista fisiopatológico, la depleción de los depósitos de hierro y la alteración en la regulación de la hepcidina desempeñan un papel clave en su desarrollo, especialmente en contextos de inflamación crónica.
El diagnóstico se basa en la evaluación clínica y en parámetros analíticos como la hemoglobina, la ferritina y la saturación de transferrina, siendo fundamental identificar la causa subyacente para un tratamiento adecuado. El abordaje terapéutico de primera línea consiste en la suplementación oral con hierro, reservándose la administración intravenosa para casos de intolerancia, malabsorción o respuesta insuficiente. La detección precoz y el manejo adecuado desde la atención primaria son esenciales para reducir las complicaciones asociadas y mejorar la calidad de vida de los pacientes.
PALABRAS CLAVE
Atención primaria, anemia ferropénica.
ABSTRACT
Iron deficiency anemia is the most common cause of anemia in primary care and represents a major global public health problem. It predominantly affects women of reproductive age, pregnant women, children under five years of age, and older adults, with a high prevalence even in high-income countries. Its origin is related to iron deficiency, an essential element for hemoglobin synthesis and proper cellular function, leading to reduced erythrocyte production and resulting in microcytic, hypochromic anemia.
The main causes of iron deficiency anemia include chronic blood loss, particularly gynecological and gastrointestinal bleeding, reduced iron intake or absorption, and increased physiological requirements at certain stages of life. From a pathophysiological perspective, depletion of iron stores and alterations in hepcidin regulation play a key role in disease development, especially in the context of chronic inflammation.
Diagnosis is based on clinical evaluation and laboratory parameters such as hemoglobin, ferritin, and transferrin saturation, with identification of the underlying cause being essential for appropriate management. First-line treatment consists of oral iron supplementation, while intravenous iron is reserved for cases of intolerance, malabsorption, or inadequate response. Early detection and appropriate management in primary care are crucial to reduce associated complications and improve patients quality of life.
KEY WORDS
Primary health care, iron deficiency anemia.
INTRODUCCIÓN
La anemia ferropénica es la causa más frecuente de anemia en atención primaria y constituye un problema de salud pública global, afectando a millones de personas en todo el mundo. Su prevalencia es especialmente alta en mujeres en edad reproductiva, embarazadas, niños menores de 5 años y adultos mayores. En países de altos ingresos, aproximadamente el 13% de las mujeres en edad fértil presentan anemia ferropénica, mientras que en el tercer trimestre del embarazo la prevalencia puede alcanzar hasta el 84%. En niños pequeños, la anemia afecta cerca del 47% de la población, y en adultos mayores supera el 23%.
La fisiopatología de la anemia ferropénica se basa en la deficiencia de hierro, un elemento esencial para la síntesis de hemoglobina y el funcionamiento de numerosas enzimas celulares. La depleción de los depósitos de hierro (ferritina) disminuye la saturación de transferrina y reduce la disponibilidad de hierro para la médula ósea, limitando la producción de eritrocitos y conduciendo a microcitosis, hipocromía y disminución de hemoglobina. La hepcidina, hormona reguladora del hierro, controla la absorción intestinal y la liberación desde los macrófagos; en deficiencia absoluta de hierro se suprime para aumentar la absorción, mientras que en inflamación crónica se eleva, bloqueando la movilización de hierro y contribuyendo a la anemia funcional. La anemia ferropénica afecta el rendimiento físico, cognitivo y a la calidad de vida, y se asocia a mayor morbimortalidad materno-infantil y complicaciones en comorbilidades crónicas. La Organización Mundial de la Salud ha establecido como objetivo reducir su prevalencia en mujeres en un 50% para 2025. La detección temprana y el manejo adecuado en atención primaria son esenciales para disminuir su impacto individual y poblacional1-5.
MATERIAL Y MÉTODO
Para la elaboración de este trabajo se realizó una revisión bibliográfica de artículos científicos relacionados con la anemia ferropénica, con el objetivo de sintetizar los aspectos más relevantes del diagnóstico y tratamiento de esta patología en el ámbito de la atención primaria, dada su elevada prevalencia y su importante repercusión en la salud de la población.
RESULTADOS1-6
Las causas principales de anemia ferropénica incluyen pérdidas sanguíneas crónicas (menstruación abundante o hemorragia gastrointestinal), disminución de la ingesta o absorción de hierro (dietas vegetarianas, enfermedad celíaca, gastritis atrófica o cirugía bariátrica) y aumento de requerimientos (embarazo, lactancia o infancia). En adultos, hasta el 94% de los casos se asocia a pérdidas sanguíneas crónicas. Factores como bajo nivel socioeconómico, sexo femenino, edad menor de 5 años y enfermedades crónicas (insuficiencia renal, insuficiencia cardíaca o enfermedad inflamatoria intestinal) incrementan el riesgo. En países de bajos ingresos, la deficiencia de hierro suele relacionarse con ingesta insuficiente, malabsorción y parasitosis intestinal.
Diagnóstico:
Los síntomas clínicos incluyen fatiga, debilidad, intolerancia al ejercicio, disnea, palidez, cefalea y taquicardia, derivados de la hipoxia tisular. Además, la deficiencia de hierro afecta funciones neurológicas y musculares, pudiendo causar dificultad para concentrarse, síndrome de piernas inquietas y pica, incluso antes de que se manifieste anemia franca. Estos síntomas pueden presentarse en ausencia de anemia, por lo que es fundamental la detección temprana en atención primaria.
El diagnóstico se basa en la combinación de parámetros hematológicos y bioquímicos. Se recomienda medir hemoglobina, ferritina y saturación de transferrina. En ausencia de inflamación, la ferritina es el marcador más fiable de los depósitos de hierro. Otros hallazgos incluyen microcitosis, hipocromía, disminución de hierro sérico y aumento de la capacidad total de fijación de hierro. Es esencial investigar la causa subyacente, especialmente en varones y mujeres posmenopáusicas, mediante endoscopía digestiva y pruebas para Helicobacter pylori o enfermedad celíaca.
Tratamiento:
El tratamiento de primera línea consiste en suplementación oral con hierro, preferentemente en forma de sulfato ferroso, a dosis de 325 mg diarios o en días alternos, lo que mejora la absorción y disminuye los efectos gastrointestinales adversos. La adherencia puede verse limitada por náuseas y estreñimiento, afectando hasta al 50% de los pacientes.
La respuesta clínica y de laboratorio debe reevaluarse a las 2-4 semanas, y posteriormente de forma mensual o trimestral según la evolución clínica y la causa subyacente, permitiendo así ajustar el tratamiento según respuesta y tolerancia. En casos de intolerancia, malabsorción, inflamación crónica o pérdidas sanguíneas continuas, está indicada la administración de hierro intravenoso, siendo una alternativa de tratamiento segura y con bajo riesgo de hipersensibilidad.
También es importante la identificación y manejo de factores de riesgo, además de investigar las posibles causas, y la educación nutricional y suplementación en grupos vulnerables, como embarazadas, lactantes y niños pequeños.
CONCLUSIONES
- La anemia ferropénica continúa siendo una patología altamente prevalente y con un importante impacto clínico y social.
- La atención primaria desempeña un papel clave en la detección temprana, el diagnóstico etiológico y el seguimiento de los pacientes.
- La ferritina sérica es el marcador más fiable para evaluar los depósitos de hierro en ausencia de inflamación.
- El tratamiento con hierro oral es eficaz en la mayoría de los casos, aunque debe individualizarse según tolerancia y respuesta.
- La identificación y corrección de la causa subyacente son fundamentales para evitar recurrencias.
- La educación nutricional y la prevención en grupos de riesgo son estrategias esenciales para reducir la prevalencia de esta enfermedad.
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