AUTORES
- Silvia Guillén Cariñena. Licenciada en Medicina y Cirugía por la Facultad de Medicina y Odontología de Valencia. MIR de Familia y Comunitaria en el Hospital San Jorge de Huesca. Huesca, España.
- Simeón Solaz Moreno. Diplomado en Enfermería por la Escuela Universitaria de Enfermería de Valencia. Enfermero de Urgencias y Emergencias 061 Aragón. España.
- Enrique José Izuel García. Graduado en Enfermería por la Facultad de Ciencias de la Salud UNIZAR. Enfermero de Urgencias y Emergencias 061 Aragón. España.
- Marina Castro Rojas. Graduada en Enfermería por la Universidad de Córdoba. Enfermera de Urgencias y Emergencias 061 Aragón. España.
- Samuel Martínez Morales. Diplomado en Enfermería por la Universidad de Cádiz. Enfermero de Urgencias y Emergencias 061 Aragón. España.
- Sandra Leal Martínez. Graduada en Enfermería por la Facultad de Ciencias de la Salud UNIZAR. Enfermera de Urgencias y Emergencias 061 Aragón. España.
RESUMEN
La bronquiolitis es un diagnóstico clínico cuya mayoría de casos pueden manejarse de forma ambulatoria mediante medidas de soporte. La oxigenoterapia está indicada si la saturación es <92%1,4. El uso rutinario de broncodilatadores, corticoides y antibióticos no está recomendado2,4,6,7,8. La educación a las familias y la aplicación de protocolos comunes reducen la variabilidad clínica2. La inmunización universal con nirsevimab puede modificar de forma sustancial la incidencia y carga asistencial de esta patología en los próximos años10,13.
Objetivo: revisar la evidencia actual y actualizar las recomendaciones prácticas sobre el abordaje extrahospitalario de la bronquiolitis aguda en lactantes, con especial énfasis en la atención primaria y los servicios de urgencias.
Método: Revisión narrativa de guías de práctica clínica internacionales (AEP, semFYC, NICE, AAP), revisiones Cochrane y literatura reciente sobre prevención e inmunización frente al virus respiratorio sincitial (VRS).
PALABRAS CLAVE
Bronquiolitis, lactante, atención primaria, atención pre-hospitalaria, terapéutica.
ABSTRACT
Bronchiolitis is a clinical diagnosis and most cases can be managed as outpatients with supportive measures. Oxygen therapy is indicated if oxygen saturation is below 92%1,4. The routine use of bronchodilators, corticosteroids and antibiotics is not recommended2,4,6,7,8. Educating families and implementing standardised protocols reduces clinical variability2. Universal immunisation with nirsevimab could substantially reduce the incidence and healthcare burden of this disease in the coming years10,13.
Objective: To review current evidence and update practical recommendations on the pre-hospital management of acute bronchiolitis in infants, with special emphasis on primary care and emergency services.
Methods: Narrative review of international clinical guidelines (AEP, semFYC, NICE, AAP), Cochrane reviews and recent literature on prevention and immunization against respiratory syncytial virus (RSV).
KEY WORDS
Bronchiolitis, infant, primary health care, pre-hospital emergencies care, treatment.
DESARROLLO DEL TEMA
La bronquiolitis aguda constituye la infección respiratoria más frecuente en lactantes menores de dos años. Supone una elevada carga asistencial en Atención Primaria y servicios extrahospitalarios, con gran impacto en periodos epidémicos invernales1,2.
La incidencia anual se estima en 20–30 por cada 100 niños menores de un año. El pico epidémico en España ocurre entre noviembre y marzo3.
El virus respiratorio sincitial (VRS) es el principal agente causal, responsable de hasta el 80% de los casos3,4. La inflamación de la vía aérea pequeña y la hiperproducción de moco condicionan obstrucción y dificultad respiratoria.
El diagnóstico es fundamentalmente clínico, basado en la aparición de rinorrea, tos, fiebre baja y signos de dificultad respiratoria1,5. No se recomienda la realización rutinaria de radiografías ni analíticas salvo complicaciones o diagnóstico incierto1.
La anamnesis debe incluir edad, antecedentes personales y factores de riesgo del lactante como prematuridad, cardiopatía congénita o inmunodeficiencias2,4. La exploración física se centra en determinar la frecuencia respiratoria, valorar la existencia de tiraje o aleteo nasal y determinar la saturación de oxígeno. Para objetivar la gravedad del cuadro pueden utilizarse escalas como la de Wood-Downes o escala de Tal2.
La mayoría de los casos son leves y pueden ser manejados de manera ambulatoria con medidas generales2,4,6. Se recomienda la realización rutinaria de lavados nasales al lactante así como el fraccionamiento de las tomas y una adecuada hidratación2. La oxigenoterapia sólo está indicada en caso de que la saturación de oxígeno descienda por debajo de 92%¹,⁴. No se recomienda el uso rutinario de broncodilatadores, corticoides ni antibióticos2,4,6,7,8. En lactantes mayores de 6–12 meses con antecedente familiar de asma puede considerarse una prueba terapéutica con salbutamol4.
RECOMENDACIONES PRÁCTICAS Y ALGORITMO DE ACTUACIÓN:
El manejo extrahospitalario de la bronquiolitis debe basarse en criterios claros y homogéneos, que faciliten la toma de decisiones en entornos de alta presión asistencial como la Atención Primaria y los servicios de urgencias extrahospitalarias1,2. La literatura disponible, incluida la Guía de Práctica Clínica del Ministerio de Sanidad y los consensos de la Asociación Española de Pediatría, coincide en que la evaluación clínica inicial es determinante y debe estructurarse de manera ordenada.
En primer lugar, resulta imprescindible una anamnesis detallada, recogiendo la edad del lactante, la presencia de antecedentes de riesgo (prematuridad, enfermedad pulmonar crónica, cardiopatía congénita, inmunodeficiencia), así como el inicio y evolución de los síntomas respiratorios1,2. La exploración física debe valorar el grado de dificultad respiratoria mediante la frecuencia respiratoria, la presencia de tiraje intercostal o subcostal, el aleteo nasal, el quejido espiratorio y la presencia de apneas o pausas respiratorias. La medición de la saturación de oxígeno con pulsioximetría es un parámetro clave1,2, ya que permite diferenciar casos que requieren derivación inmediata.
La clasificación de gravedad en leve, moderada o grave, utilizando escalas clínicas como la de Wood-Downes o el Tal score, ayuda a uniformar criterios2. En cuadros leves, los pacientes pueden ser manejados en el domicilio con medidas de soporte, siempre que exista una adecuada educación familiar y capacidad de seguimiento2. En los casos moderados, puede optarse por la observación en un centro de salud o en un dispositivo de urgencias extrahospitalarias, proporcionando oxigenoterapia transitoria si fuera necesario y reevaluando periódicamente la evolución1,2. Los cuadros graves requieren derivación hospitalaria inmediata, dado el riesgo de insuficiencia respiratoria o complicaciones asociadas1,2.
Las medidas de soporte constituyen el pilar terapéutico fundamental1,2. Estas incluyen mantener una adecuada hidratación, recomendar el fraccionamiento de las tomas para mejorar la tolerancia alimentaria y realizar lavados nasales frecuentes para reducir la obstrucción de vías aéreas superiores2. En los servicios de urgencias, puede valorarse la administración de oxígeno suplementario cuando la saturación es inferior al 92%1,4. La evidencia científica disponible desaconseja el uso rutinario de broncodilatadores, corticoides y antibióticos, salvo en situaciones muy específicas2,4,6,7,8. Por ejemplo, algunos consensos sugieren la posibilidad de una prueba terapéutica con salbutamol en lactantes mayores de seis meses con antecedentes familiares de asma, aunque esta práctica no está universalmente recomendada.
Un aspecto fundamental del abordaje es la educación a las familias. Los padres deben recibir instrucciones claras sobre cuáles son los signos de alarma que requieren atención médica inmediata2. Estos signos de alarma incluyen el aumento de la dificultad respiratoria, aparición de tiraje intenso, apneas, el rechazo absoluto de la alimentación, fiebre persistente o cianosis. La información debe transmitirse de forma comprensible, garantizando que los cuidadores disponen de los recursos necesarios para identificar un empeoramiento clínico.
La implementación de protocolos locales y algoritmos de actuación tiene un impacto positivo en la práctica clínica2. Estos protocolos no solo mejoran la homogeneidad en la atención, sino que también reducen la variabilidad innecesaria y optimizan los recursos sanitarios. Por ejemplo, un algoritmo sencillo puede estructurarse en cuatro pasos: (1) valoración inicial de gravedad y saturación de oxígeno, (2) identificación de factores de riesgo, (3) clasificación en leve, moderado o grave, y (4) toma de decisiones respecto a manejo domiciliario, observación en centro sanitario o derivación hospitalaria.
La evidencia muestra que la mayor parte de los casos de bronquiolitis pueden resolverse en el domicilio sin complicaciones, lo que resalta la importancia de evitar derivaciones innecesarias que sobrecargan las urgencias hospitarias¹,². Sin embargo, también se ha demostrado que la detección precoz de los casos graves reduce la morbimortalidad y evita retrasos en la administración de soporte vital avanzado.
En la práctica clínica cotidiana, los profesionales de Atención Primaria y urgencias extrahospitalarias se enfrentan a la presión de atender un gran volumen de consultas en periodos epidémicos. En este contexto, disponer de criterios claros de actuación y algoritmos visuales favorece una toma de decisiones más ágil y segura2. Asimismo, la coordinación entre niveles asistenciales (Atención Primaria, urgencias extrahospitalarias y hospital) es esencial para garantizar la continuidad de cuidados y evitar duplicidad de pruebas o ingresos innecesarios2.
En conclusión, las recomendaciones prácticas y el uso de algoritmos de actuación en la bronquiolitis aguda extrahospitalaria representan una herramienta clave para mejorar la calidad de la atención. La estandarización de criterios, la correcta educación de las familias y la adecuada estratificación de gravedad son los pilares sobre los que debe sustentarse este abordaje.
IMPACTO DE LA INMUNIZACIÓN FRENTE AL VRS:
La profilaxis frente al virus respiratorio sincitial (VRS) ha supuesto un reto durante décadas debido a la elevada carga de enfermedad y al limitado arsenal preventivo disponible10. Tradicionalmente, palivizumab, un anticuerpo monoclonal, fue la única opción profiláctica, indicada exclusivamente para lactantes de alto riesgo (prematuros extremos, cardiopatías congénitas o enfermedad pulmonar crónica). Su uso generalizado se vio limitado por el elevado coste y la necesidad de administraciones mensuales durante la temporada epidémica, lo que reducía su impacto a nivel poblacional4.
La reciente introducción de nirsevimab ha supuesto un hito en la prevención10. Este anticuerpo monoclonal de vida media prolongada se administra en una única dosis y ha demostrado en ensayos clínicos una eficacia superior al 70% en la reducción de hospitalizaciones por VRS en lactantes durante su primera temporada epidémica10,13. Además, su perfil de seguridad ha sido favorable, con una tolerancia adecuada incluso en recién nacidos a término13.
El impacto potencial de la inmunización universal con nirsevimab es muy relevante desde una perspectiva de salud pública10,12. Se estima que su implementación podría reducir de forma significativa las hospitalizaciones por bronquiolitis, aliviar la presión sobre los servicios de urgencias y hospitalización pediátrica, y disminuir el absentismo laboral de los cuidadores10,11. Este beneficio se multiplica si se considera la carga indirecta de la enfermedad, que incluye costes sanitarios y sociales.
Desde el punto de vista epidemiológico, la inmunización masiva podría modificar la curva estacional del VRS, reduciendo los picos epidémicos y atenuando la saturación de los servicios sanitarios en los meses invernales12. La experiencia inicial en programas piloto europeos y en algunos contextos nacionales confirma una reducción notable en las consultas por bronquiolitis y en las hospitalizaciones asociadas12.
No obstante, la implementación universal plantea desafíos logísticos y económicos11. Es preciso diseñar estrategias de distribución y aplicación que garanticen la cobertura de todos los recién nacidos, incluyendo áreas rurales o con menor acceso a servicios sanitarios11. Asimismo, la financiación pública de este programa requerirá evaluaciones de coste-efectividad que respalden la inversión a largo plazo11. A pesar de estos retos, la inmunización frente al VRS representa uno de los avances más prometedores en la prevención de infecciones respiratorias en lactantes de las últimas décadas12.
A nivel práctico, la coordinación entre Atención Primaria y hospitalaria será esencial para garantizar la correcta implementación del programa, evitando inequidades en el acceso y asegurando un seguimiento adecuado. En este sentido, los profesionales de Atención Primaria desempeñarán un papel clave tanto en la administración como en la educación a las familias sobre los beneficios de la inmunización.
En conclusión, la inmunización universal con nirsevimab tiene el potencial de transformar el manejo de la bronquiolitis en los próximos años, disminuyendo la incidencia, reduciendo la presión asistencial y mejorando los resultados en salud a nivel poblacional.
La evidencia respalda un abordaje principalmente de soporte1,2. Persiste una alta variabilidad en la práctica clínica2,4. La estandarización mediante protocolos comunes y la inmunización universal pueden cambiar el panorama de esta enfermedad10,12.
CONCLUSIONES
La bronquiolitis aguda es un diagnóstico clínico que rara vez requiere pruebas complementarias1,2. La mayoría de los casos son leves y deben tratarse en el domicilio1,2. La oxigenoterapia es el único tratamiento con evidencia clara1,4. La prevención y educación familiar son pilares fundamentales para reducir complicaciones y presión asistencial2.
BIBLIOGRAFÍA
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- Asociación Española de Pediatría. Documento de consenso sobre bronquiolitis aguda (actualización 2023). An Pediatr (Barc). 2023,98(1):1.e1–1.e20.
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ANEXOS
Cuadro 1. Clasificación clínica de la bronquiolitis en lactantes.
| Parámetro | Leve | Moderada | Grave |
| Frecuencia respiratoria | Normal o ligera taquipnea | Taquipnea moderada | Taquipnea marcada / bradipnea |
| Esfuerzo respiratorio | Tiraje leve, sin aleteo nasal | Tiraje intercostal o subcostal moderado, aleteo nasal | Tiraje intenso, quejido espiratorio, uso de músculos accesorios |
| Auscultación | Sibilancias o crepitantes dispersos | Sibilancias difusas, roncus | Murmullo vesicular disminuido, apneas |
| Saturación de O₂ (SatO₂) | ≥ 94% | 92–93% | < 92% |
| Alimentación/hidratación | Conservada | Disminuida (ingesta <50% habitual) | Imposibilidad de alimentación, deshidratación |
| Estado general | Buen estado, activo | Irritable, dificultad para conciliar sueño | Letargia, dificultad para despertar |
Esquema 1. Algoritmo de derivación hospitalaria en bronquiolitis.
1. Valoración inicial en AP/urgencias extrahospitalarias
– Historia clínica y factores de riesgo (prematuridad, cardiopatía, inmunodeficiencia).
– Exploración física + SatO₂.
– Clasificación según Cuadro 1.
2. Manejo según gravedad
– Leve → Manejo domiciliario: hidratación, lavados nasales, observación, educación familiar.
– Moderada → Observación en centro de salud/urgencias: control clínico, oxigenoterapia transitoria si precisa, reevaluación periódica.
– Grave → Derivación hospitalaria inmediata.
3. Criterios de derivación hospitalaria
– SatO₂ <92% mantenida.
– Apneas o pausas respiratorias documentadas.
– Dificultad respiratoria grave.
– Intolerancia alimentaria marcada / signos de deshidratación.
– Lactantes <6–8 semanas o con comorbilidad significativa.
Figura 1. Comparación de incidencia de bronquiolitis según estado vacunal y región.
