Abordaje de la obstrucción intestinal mecánica por lito biliar; enfoque en la enterolitotomía vs. colecistectomía en un solo tiempo

28 marzo 2026

 

Nº de DOI: 10.34896/RSI.2026.59.12.001

 

AUTORES

  1. Wellington Paul Luna Verdezoto, Médico General Universidad Escuela Superior Politécnica de Chimborazo, Médico Libre Ejercicio de la Profesión, https://orcid.org/0009-0009-5296-2141, San Miguel de Bolivar, Ecuador.
  2. Jean Pier Carranza Zambrano, Médico Universidad de Guayaquil, Médico General en Funciones Hospitalarias, https://orcid.org/0009-0008-8108-3288, Chone, Ecuador.
  3. Ricardo José Flores Rengifo, Médico General Universidad Católica de Santiago de Guayaquil, Médico General en Funciones Hospitalarias, Clínica Sur Hospital, https://orcid.org/0009-0007-4985-3716, Guayaquil, Ecuador.
  4. Joao Steven Villegas Delgado, Médico Cirujano Universidad Laica Eloy Alfaro de Manabí, Médico en Funciones Hospitalarias Hospital Básico El Empalme, https://orcid.org/0009-0004-0953-5084, El Empalme, Ecuador.
  5. Any Josette Llangari Recalde, Médico General Universidad Católica de Santiago de Guayaquil, Médico General Consulta Privada, https://orcid.org/0009-0004-5263-6796, Guayaquil, Ecuador.

 

RESUMEN

Introducción: El íleo biliar es una complicación infrecuente pero grave de la colelitiasis, responsable de una proporción significativa de las obstrucciones intestinales mecánicas no estranguladas en la población de edad avanzada. A pesar de los avances en cuidados perioperatorios, la morbimortalidad sigue siendo considerable debido a las comorbilidades subyacentes de los pacientes y al retraso en el diagnóstico. El manejo quirúrgico óptimo sigue siendo objeto de debate, dividiéndose principalmente entre la resolución exclusiva de la obstrucción (enterolitotomía) y un abordaje definitivo en un solo tiempo (enterolitotomía, colecistectomía y cierre de la fístula).

Objetivo: Revisar y analizar exhaustivamente la literatura científica actual sobre la fisiopatología, diagnóstico y abordaje terapéutico del íleo biliar, comparando los resultados clínicos entre la enterolitotomía aislada y la cirugía en un solo tiempo.

Método: Se realizó una búsqueda bibliográfica narrativa en bases de datos indexadas (PubMed/MEDLINE, Scopus, Web of Science, Google Scholar) priorizando artículos publicados entre 1990 y 2025. Se utilizaron términos MeSH relevantes y se seleccionaron las 20 referencias de mayor impacto científico para estructurar el manuscrito.

Resultados: La evidencia actual demuestra que la enterolitotomía aislada asocia una menor tasa de mortalidad (aproximadamente 11.7%) en comparación con la cirugía en un solo tiempo (16.9%), especialmente en pacientes con alto riesgo quirúrgico. La tomografía computarizada es el estándar de oro diagnóstico. Las tasas de recurrencia tras la enterolitotomía simple son inferiores al 5%, lo que justifica su elección como abordaje de primera línea en pacientes inestables.

Conclusiones: La enterolitotomía aislada debe considerarse el tratamiento de elección para la mayoría de los pacientes con íleo biliar, priorizando la resolución del cuadro obstructivo. La colecistectomía y reparación de la fístula en un solo tiempo debe reservarse exclusivamente para pacientes jóvenes, hemodinámicamente estables, sin comorbilidades severas y con indicaciones biliares agudas concurrentes.

PALABRAS CLAVE

Íleo biliar, obstrucción intestinal, enterolitotomía, colecistectomía, fístula biliar, cirugía general.

ABSTRACT

Introduction: Gallstone ileus is an infrequent but severe complication of cholelithiasis, responsible for a significant proportion of non-strangulated mechanical bowel obstructions in the elderly population. Despite advances in perioperative care, morbidity and mortality remain considerable due to underlying patient comorbidities and delayed diagnosis. The optimal surgical management remains heavily debated, primarily divided between exclusively resolving the obstruction (enterolithotomy alone) and a definitive one-stage approach (enterolithotomy, cholecystectomy, and fistula closure).

Objective: To comprehensively review and analyze the current scientific literature on the pathophysiology, diagnosis, and therapeutic approach to gallstone ileus, comparing the clinical outcomes between enterolithotomy alone and one-stage surgery.

Method: A narrative literature search was conducted in indexed databases (PubMed/MEDLINE, Scopus, Web of Science, Google Scholar), prioritizing articles published between 1990 and 2025. Relevant MeSH terms were utilized, and the 20 most impactful scientific references were selected to structure the manuscript.

Results: Current evidence demonstrates that enterolithotomy alone is associated with a lower mortality rate (approximately 11.7%) compared to one-stage surgery (16.9%), especially in high-risk surgical patients. Computed tomography is the diagnostic gold standard. Recurrence rates following simple enterolithotomy are under 5%, justifying its selection as the first-line approach in unstable patients.

Conclusions: Enterolithotomy alone should be considered the treatment of choice for the majority of patients with gallstone ileus, prioritizing the resolution of the obstructive event. One-stage cholecystectomy and fistula repair should be exclusively reserved for young, hemodynamically stable patients without severe comorbidities, and with concurrent acute biliary indications.

KEY WORDS

Gallstone ileus, intestinal obstruction, enterolithotomy, cholecystectomy, biliary fistula, general surgery.

INTRODUCCIÓN

El íleo biliar es una complicación mecánica inusual pero potencialmente letal de la enfermedad litiásica biliar de larga evolución. Descrito por primera vez por el médico danés Thomas Bartholin en 1654, el término «íleo biliar» es, desde el punto de vista fisiopatológico, un nombre inapropiado, ya que no se trata de un íleo paralítico o adinámico, sino de una verdadera obstrucción intestinal mecánica intraluminal provocada por la impactación de uno o más cálculos biliares aberrantes dentro del tracto gastrointestinal1,2.

Epidemiológicamente, el íleo biliar representa entre el 1% y el 4% de todas las causas de obstrucción mecánica del intestino delgado en la población general. Sin embargo, su relevancia clínica aumenta drásticamente en la población geriátrica, llegando a ser la causa de hasta el 25% de las obstrucciones del intestino delgado no estranguladas en pacientes mayores de 65 años3,4. Presenta una predilección marcada por el sexo femenino, con una relación mujer:hombre que oscila entre 3:1 y 4:1, lo cual refleja la mayor prevalencia de colelitiasis en mujeres2,5.

A pesar del perfeccionamiento de las técnicas quirúrgicas, la anestesia y las unidades de cuidados intensivos, el íleo biliar continúa asociándose con tasas de morbilidad (20-50%) y mortalidad (7-18%) preocupantemente altas6,7. Este pronóstico sombrío es multifactorial, derivado del retraso en la presentación clínica, la dificultad inherente del diagnóstico temprano y la fragilidad fisiológica del paciente típico, que a menudo presenta múltiples comorbilidades cardiovasculares, respiratorias y metabólicas5.

El núcleo de la controversia quirúrgica contemporánea radica en la magnitud de la intervención requerida durante el evento agudo. El cirujano se enfrenta al dilema de realizar un procedimiento de control de daños enfocado únicamente en la descompresión intestinal (enterolitotomía aislada) frente a un abordaje definitivo que busca curar la patología de base y prevenir recurrencias (cirugía en un solo tiempo: enterolitotomía, colecistectomía y reparación de la fístula bilioentérica)1,8. El presente artículo de revisión narrativa proporciona un análisis crítico y exhaustivo de las estrategias diagnósticas y terapéuticas, con el objetivo de establecer recomendaciones quirúrgicas basadas en la evidencia actual.

MÉTODO

Metodología de búsqueda bibliográfica:

Para la elaboración de este artículo de revisión narrativa, se llevó a cabo una búsqueda bibliográfica exhaustiva y estructurada utilizando las principales bases de datos biomédicas internacionales: PubMed/MEDLINE, Scopus, Web of Science y Google Scholar. El periodo de búsqueda se restringió preferentemente a la literatura publicada entre enero de 1990 y enero de 2025 para capturar tanto los estudios clásicos definitorios (como la extensa revisión de Reisner y Cohen) como las tendencias laparoscópicas y tomográficas modernas.

Se estructuró la estrategia de búsqueda utilizando los siguientes términos MeSH (Medical Subject Headings) y palabras clave en texto libre, conectados mediante operadores booleanos (AND, OR): («Gallstone Ileus» OR «Biliary Ileus») AND («Intestinal Obstruction») AND («Enterolithotomy» OR «Cholecystectomy» OR «Digestive System Surgical Procedures») AND («One-stage surgery» OR «Two-stage surgery»).

Criterios de inclusión:

  1. Artículos originales, series de casos amplias, revisiones sistemáticas, metaanálisis y revisiones narrativas de alto impacto.
  2. Estudios que detallarán explícitamente el manejo quirúrgico y compararán la enterolitotomía con procedimientos más extensos.
  3. Artículos publicados en idioma inglés o español.

 

Criterios de exclusión:

  1. Reportes de casos aislados sin revisión de literatura que no aportaran datos estadísticos o fisiopatológicos novedosos.
  2. Estudios con datos incompletos respecto a la mortalidad o morbilidad quirúrgica.

 

Tras la eliminación de duplicados y el cribado de títulos y resúmenes, se evaluó el texto completo de los artículos seleccionados. Finalmente, se seleccionaron 20 referencias bibliográficas verificables y de máxima relevancia clínica para sustentar el desarrollo de este manuscrito, garantizando el rigor académico y la objetividad médica.

RESULTADOS

Fisiopatología:

La génesis del íleo biliar exige una cascada patológica secuencial iniciada por una inflamación crónica del sistema biliar. La colecistitis crónica litiásica provoca una reacción inflamatoria transmural progresiva en la vesícula biliar, lo que conduce a la formación de adherencias densas con los órganos adyacentes del tracto gastrointestinal (epiplón, duodeno, estómago o colon)4,9.

El evento mecánico principal es la isquemia tisular focal. Un cálculo biliar de gran tamaño ejerce presión constante sobre la pared vesicular inflamada, desencadenando necrosis por decúbito. Este proceso erosivo culmina con la perforación de las paredes fusionadas y la creación de un trayecto anómalo: la fístula bilioentérica9,10. Anatómicamente, las fístulas colecistoduodenales son las más frecuentes, constituyendo entre el 70% y el 80% de los casos, dada la íntima proximidad entre el infundíbulo vesicular y la primera o segunda porción del duodeno. Menos frecuentes son las fístulas colecistocolónicas (10-20%), colecistogástricas (5%) y las fístulas coledocoduodenales2,4.

Una vez que el cálculo atraviesa la fístula, su destino depende de su diámetro y de la dinámica propulsiva del intestino. La mayoría de los cálculos menores de 2 a 2.5 cm transitan sin incidentes por el tubo digestivo y son expulsados en las heces. No obstante, los cálculos que superan los 2.5 cm de diámetro tienen un alto potencial obstructivo3,10.

El sitio de impacto está dictado por el calibre anatómico y la actividad peristáltica de los diferentes segmentos intestinales. Aproximadamente el 50-70% de los cálculos se impactan en el íleon terminal o en la válvula ileocecal, por ser el segmento más estrecho y de menor peristaltismo del intestino delgado1,6. Otros sitios de impactación incluyen el yeyuno proximal o íleon medio (20-40%), el estómago o duodeno (síndrome de Bouveret, 1-3%), y excepcionalmente el colon, generalmente a nivel del sigma en presencia de estenosis diverticular previa tras pasar por una fístula colecistocolónica6,11.

Presentación clínica:

La presentación clínica del íleo biliar se caracteriza por ser insidiosa, inespecífica y frecuentemente fluctuante, lo que constituye el factor primario del retraso diagnóstico, el cual promedia de 3 a 5 días desde el inicio de los síntomas hasta el ingreso hospitalario12.

El paciente prototípico es una mujer de edad avanzada (séptima u octava década de la vida) que acude al servicio de urgencias por un cuadro de dolor abdominal de tipo cólico, náuseas, emesis que progresa de biliosa a fecaloidea, distensión abdominal y ausencia de canalización de gases y heces2,4.

Una característica clínica distintiva, aunque no siempre identificada, es el «fenómeno de rodamiento» (tumbling phenomenon). Este fenómeno se traduce en una clínica de obstrucción intestinal intermitente y subaguda. A medida que el cálculo viaja por el intestino, puede impactarse temporalmente, provocando espasmos dolorosos y vómitos; posteriormente, la fatiga del músculo liso o los cambios de posición desimpactan el lito parcialmente, permitiendo el paso de gas y líquido, aliviando temporalmente los síntomas hasta que el cálculo se vuelve a enclavar en un segmento más distal4,13.

Paradójicamente, la historia de patología biliar (cólicos biliares previos o colecistitis) se encuentra ausente hasta en el 30% de los pacientes, ya que el establecimiento de la fístula actúa como un mecanismo de autodescompresión biliar, mitigando el dolor en el hipocondrio derecho y el riesgo de ictericia (la cual se presenta en menos del 15% de los casos)6,14. A la exploración física, los hallazgos son consistentes con deshidratación severa, desequilibrio hidroelectrolítico (consecuencia de los vómitos de repetición), distensión abdominal y ruidos hidroaéreos metálicos o ausentes. El compromiso hemodinámico y la sepsis grave se observan en las fases tardías cuando ocurre isquemia o perforación intestinal de la pared suprayacente al lito15.

Abordaje diagnóstico:

El diagnóstico temprano del íleo biliar exige un alto índice de sospecha. Las modalidades de imagenología son la piedra angular para confirmar la etiología mecánica y planificar la estrategia quirúrgica.

Radiografía simple de abdomen:

Históricamente, el diagnóstico inicial se basaba en la radiografía de abdomen en decúbito y bipedestación. El criterio diagnóstico clásico es la Tríada de Rigler, descrita en 1941, que patognomónicamente sugiere íleo biliar y consiste en:

  1. Neumobilia o aerobilia: Aire dentro del árbol biliar.
  2. Obstrucción intestinal: Asas de intestino delgado dilatadas con niveles hidroaéreos.
  3. Lito aberrante: Un cálculo biliar radiopaco en una posición anatómica ectópica (frecuentemente en la fosa ilíaca derecha o pelvis).

 

Balthazar describió un cuarto signo (Tétrada de Balthazar), consistente en el cambio de posición del cálculo en radiografías seriadas11. A pesar de su especificidad, la Tríada de Rigler se observa completa en solo un 15% a 50% de los casos. La radiolucidez de muchos cálculos de colesterol (solo el 15-20% están suficientemente calcificados) y la superposición de gas intestinal limitan drásticamente su sensibilidad4,12.

Ultrasonografía abdominal:

La ecografía puede ser un complemento útil para detectar colelitiasis residual, inflamación de la fosa vesicular, o identificar la presencia de gas en la vesícula biliar. Ocasionalmente, puede visualizar el cálculo impactado rodeado de líquido en las asas dilatadas. Sin embargo, su utilidad suele verse severamente obstaculizada por el meteorismo secundario al íleo11,12.

Tomografía Computarizada (TC):

En la actualidad, la TC abdominopélvica con contraste intravenoso constituye el estándar de oro (Gold Standard) absoluto. Su sensibilidad alcanza el 93% y su especificidad roza el 100%12,16. La TC ofrece ventajas críticas:

  • Identifica con precisión el sitio exacto y la causa de la obstrucción.
  • Confirma la neumobilia de manera mucho más sensible que la radiografía simple.
  • Logra visualizar cálculos isodensos o radiolúcidos gracias al contraste intraluminal o al halo de líquido perilesional.
  • Mapea la fístula bilioentérica y el estado inflamatorio de la vesícula.
  • Descarta complicaciones isquémicas de la pared intestinal (neumatosis intestinal, gas portal).

 

Véase tabla 1 en anexos, comparación de modalidades diagnósticas en íleo biliar.

Diagnóstico diferencial:

Dado que la sintomatología inicial se mimetiza con otras causas de oclusión, el diagnóstico diferencial debe incluir todas las etiologías de obstrucción mecánica del intestino delgado y grueso, particularmente en el paciente anciano:

  • Adherencias o bridas postoperatorias: La causa más común de obstrucción del intestino delgado general, aunque menos probable en pacientes sin cirugía abdominal previa.
  • Hernias complicadas: Hernias inguinales, crurales, umbilicales o incisionales estranguladas o encarceladas.
  • Neoplasias: Carcinoma colorrectal derecho, o tumores primarios/metastásicos del intestino delgado.
  • Cuerpos extraños y bezoares: Fitolitos o tricobezares, que fisiopatológicamente imitan la impactación intraluminal.
  • Invaginación intestinal (Intususcepción): A menudo secundaria a tumores lipomatosos o adenomas en adultos.
  • Estenosis inflamatorias: Enfermedad de Crohn, enteritis por radiación o secuelas isquémicas.

 

La TC juega un papel decisivo para excluir estas patologías de forma rápida y categórica16.

Estrategias terapéuticas:

El manejo inicial debe ser médico e imperativo antes del abordaje quirúrgico. La descompresión gastrointestinal con sonda nasogástrica y la agresiva resucitación hídrica e hidroelectrolítica son fundamentales para optimizar al paciente séptico, anciano y con hipovolemia secundaria al secuestro en el tercer espacio2,17.

El objetivo quirúrgico primordial del íleo biliar es el alivio inmediato de la obstrucción mecánica. Las discrepancias surgen sobre cómo manejar la patología biliar concurrente. Existen tres escuelas de pensamiento o abordajes principales:

Enterolitotomía aislada (Cirugía en dos tiempos diferida o definitiva):

Es el procedimiento estándar y el más utilizado a nivel global. Consiste en la realización de una laparotomía exploradora, localización de la zona de transición obstructiva e identificación del cálculo impactado.

Técnica: El cálculo no debe extraerse en el mismo sitio de la impactación debido a la congestión e isquemia mural, lo que aumentaría el riesgo de dehiscencia. El lito debe ordenarse (desplazarse manualmente) proximalmente hacia un segmento de intestino más sano. Se realiza una enterotomía longitudinal en el borde antimesentérico, se extrae el cálculo y se cierra la incisión de manera transversal (en uno o dos planos) para evitar la estenosis de la luz intestinal15,18.

Es mandatorio palpar minuciosamente el resto del intestino delgado y el estómago buscando cálculos sincrónicos, ya que en el 10-15% de los casos existen litos múltiples que podrían causar íleo biliar recurrente precoz si se omiten1.

Justificación: La enterolitotomía aislada exige un menor tiempo quirúrgico, menor exposición a anestésicos generales y reduce el trauma en pacientes fisiológicamente mermados. Múltiples series de casos y revisiones, destacando la clásica de Reisner y Cohen, demostraron que este abordaje de mínima intervención presenta una mortalidad notablemente menor (11.7%) comparado con el abordaje de un solo tiempo (16.9%)1,5.

Cirugía en un solo tiempo (One-stage surgery):

Este abordaje implica la enterolitotomía descrita, seguida en el mismo acto quirúrgico por una colecistectomía y la reparación primaria de la fístula bilioentérica (habitualmente mediante cierre primario del defecto duodenal o exclusión gástrica, dependiendo de la anatomía)7,14.

Justificación: Los defensores del procedimiento en un solo tiempo argumentan que dejar la fístula in situ conlleva riesgos inaceptables de colangitis ascendente, íleo biliar recurrente, sangrado gastrointestinal, y un ligero incremento a largo plazo de carcinoma de vesícula biliar secundaria a la inflamación crónica7,18.

Limitaciones: La disección del cuadrante superior derecho en presencia de intensa inflamación crónica y aguda (síndrome de Mirizzi anatómico, adherencias plastronadas) es técnicamente demandante y prolonga sustancialmente el tiempo quirúrgico. En pacientes ancianos con reserva cardiopulmonar limitada (clasificación ASA III-IV), este trauma adicional eleva drásticamente la morbilidad por fuga duodenal y la mortalidad general5,17. Por lo tanto, actualmente este abordaje se reserva exclusivamente para pacientes jóvenes, hemodinámicamente estables (ASA I-II), con alteraciones de la coagulación controladas y en presencia de indicaciones biliares absolutas concurrentes (gangrena vesicular, colecistitis aguda purulenta)1,16.

Cirugía en dos tiempos (Two-stage surgery):

Consiste en realizar una enterolitotomía de urgencia como control de daños, seguida de una colecistectomía y cierre de la fístula de manera programada (intervalo de 4 a 6 semanas) una vez que el paciente se ha recuperado del evento agudo y ha mejorado su estado nutricional e inmunológico14.

Actualmente, la cirugía en dos tiempos pre-programada ha caído en desuso. La evidencia demuestra que la inmensa mayoría de las fístulas bilioentéricas cicatrizan y cierran espontáneamente si el conducto cístico está permeable y no existen cálculos residuales en la vesícula (el paso del lito grande descomprime el sistema). Solo en un 5% al 10% de los pacientes tratados con enterolitotomía aislada desarrollarán síntomas biliares recurrentes que justifiquen una colecistectomía diferida posterior1,4,6.

El rol de la Laparoscopia:

Con el advenimiento de técnicas mínimamente invasivas, el abordaje laparoscópico ha ganado terreno. La laparoscopia diagnóstica permite confirmar la ubicación del lito. Posteriormente, se puede realizar una laparoscopia asistida, extrayendo el segmento de intestino afectado a través de una mini-laparotomía o incisión periumbilical para realizar la enterotomía de forma extracorpórea, lo que minimiza el derrame entérico19. Este abordaje ha demostrado disminuir la incidencia de infección del sitio quirúrgico, las hernias incisionales y el tiempo de estancia hospitalaria, aunque está supeditado a la experiencia del cirujano y la distensión abdominal del paciente19,20.

Véase tabla 2 en anexos, comparación de estrategias quirúrgicas para el íleo biliar.

Pronóstico y seguimiento:

El pronóstico del íleo biliar depende fuertemente de la precocidad del diagnóstico y del estado basal del paciente. Históricamente, las tasas de mortalidad rondaban el 15-20%. Sin embargo, series contemporáneas que emplean el diagnóstico oportuno por TC y priorizan la enterolitotomía aislada reportan una reducción de la mortalidad a rangos entre 5% y 9%5,17.

Las complicaciones postoperatorias más prevalentes incluyen infección del sitio quirúrgico, evisceración, neumonía intrahospitalaria, falla renal aguda y trombosis venosa profunda.

El íleo biliar recurrente tras enterolitotomía simple ocurre en aproximadamente el 5% de los pacientes, frecuentemente dentro de los primeros seis meses, generalmente ocasionado por litos sincrónicos que pasaron desapercibidos en la primera cirugía o cálculos neoformados que atraviesan la fístula persistente1,4. Para mitigar este riesgo sin someter al paciente a una resección biliar compleja, algunos autores proponen el seguimiento clínico y, si existen síntomas de dispepsia biliar persistente, considerar la colecistectomía laparoscópica electiva meses después. El riesgo de desarrollar colangiocarcinoma o carcinoma de vesícula biliar a largo plazo existe teóricamente por la inflamación persistente, pero su baja incidencia relativa en la población octogenaria no justifica una colecistectomía profiláctica rutinaria de alto riesgo8,16.

DISCUSIÓN

El análisis bibliográfico refleja una clara evolución en el pensamiento quirúrgico respecto al manejo del íleo biliar a lo largo de las últimas tres décadas. A mediados del siglo XX, la corriente predominante impulsaba la cirugía en un solo tiempo, fundamentada en el paradigma de no dejar patología residual que pudiera predisponer a recurrencias u oncogénesis biliar.

No obstante, el estudio de Reisner y Cohen en 1994, que agrupó la abrumadora cifra de 1001 pacientes, marcó un punto de inflexión paradigmático1. Al demostrar que el abordaje en un solo tiempo acarreaba un incremento estadísticamente significativo en la mortalidad respecto a la enterolitotomía simple (16.9% vs. 11.7%), el péndulo quirúrgico viró hacia el conservadurismo. Estudios recientes con bases de datos nacionales (como el National Surgical Quality Improvement Program en EE. UU.) corroboran estos hallazgos clásicos, demostrando que procedimientos que añaden colecistectomía en el contexto de urgencia por íleo biliar multiplican el riesgo de complicaciones severas e incrementan las estancias en la UCI4,5.

El consenso actual de la literatura indica que el tratamiento no puede ser dogmático, sino rigurosamente individualizado. La toma de decisiones debe sustentarse en el algoritmo propuesto por cirujanos hepatobiliares: la enterolitotomía es el pilar y el rescate del paciente. Si tras desimpactar el intestino, el paciente permanece hemodinámicamente robusto, sus requerimientos de vasopresores son nulos, la anatomía del triángulo de Calot es mínimamente hostil y el equipo quirúrgico posee amplia experiencia biliopancreática, el abordaje en un solo tiempo es una consideración válida y elegante. Por el contrario, en el escenario más común —un paciente de edad avanzada, hipovolémico y con inflamación masiva del lecho duodeno-pancreático— la resección biliar constituye una temeridad iatrogénica8,16,17.

Asimismo, la integración rutinaria de la tomografía computarizada y las vías de abordaje laparoscópico han contribuido silenciosamente a la mejora de los desenlaces. La TC previene incisiones exploratorias ciegas, permitiendo abordajes laparoscópicos dirigidos o incisiones más pequeñas, atenuando la cascada de citoquinas inflamatorias postquirúrgicas asociadas a grandes laparotomías exploradoras19,20.

 

CONCLUSIONES

El íleo biliar continúa siendo una patología clínica desafiante que requiere perspicacia diagnóstica y prudencia quirúrgica. Las conclusiones fundamentales derivadas de esta revisión de la literatura son:

  1. La sospecha clínica precoz es imperativa en pacientes ancianos que presentan síntomas de obstrucción intestinal, especialmente sin antecedentes de cirugías abdominales.
  2. La Tomografía Computarizada abdominopélvica es el método diagnóstico de elección debido a su altísima sensibilidad para detectar no solo el lugar de la obstrucción, sino la tríada radiológica completa e información vital preoperatoria.
  3. La enterolitotomía aislada se consolida como el estándar de oro quirúrgico para el manejo inicial de la gran mayoría de los pacientes, brindando el mejor equilibrio entre el alivio efectivo de la obstrucción y la minimización de la mortalidad perioperatoria.
  4. La cirugía en un solo tiempo (colecistectomía simultánea y cierre de la fístula) presenta un perfil de morbimortalidad elevado y su aplicación debe restringirse a un grupo minuciosamente seleccionado de pacientes de bajo riesgo quirúrgico, con buena reserva funcional y condiciones locales anatómicas favorables.
  5. El seguimiento a largo plazo evidencia que la fístula suele tener un cierre espontáneo asintomático, haciendo innecesaria una segunda intervención biliar de rutina en más del 90% de los pacientes tratados exclusivamente con enterolitotomía.

 

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ANEXOS

Tabla 1. Comparación de modalidades diagnósticas en íleo biliar:

MODALIDAD DIAGNÓSTICA SENSIBILIDAD VENTAJAS PRINCIPALES LIMITACIONES PRINCIPALES
Radiografía de Abdomen 15% – 50% Rápida, bajo costo, revela la Tríada de Rigler. Baja sensibilidad, litos radiolúcidos invisibles, gas superpuesto interfiere.
Ultrasonografía 30% – 40% Sin radiación, evalúa vía biliar nativa. Dependiente del operador, severamente limitada por el gas intestinal.
TC Abdominopélvica > 93% Estándar de oro, ubica exactitud anatómica, detecta isquemia, planifica cirugía. Requiere traslado de paciente, uso de contraste (riesgo renal en deshidratados).

 

Tabla 2. Comparación de estrategias quirúrgicas para el íleo biliar:

ESTRATEGIA QUIRÚRGICA TASA DE MORTALIDAD HISTÓRICA* INDICACIONES PRINCIPALES VENTAJAS DESVENTAJAS
Enterolitotomía Aislada 11.7% Pacientes añosos, inestables, con múltiples comorbilidades (ASA III-IV). Menor tiempo quirúrgico, resuelve la urgencia vital de manera eficaz. Riesgo de íleo biliar recurrente (~5%), riesgo de colecistitis futura.
Cirugía en Un Solo Tiempo 16.9% Pacientes estables (ASA I-II), jóvenes, anatomía favorable, gangrena biliar. Procedimiento curativo definitivo, elimina riesgo de recurrencia y colangitis. Mayor estrés quirúrgico, alta morbilidad (fugas duodenales, sepsis biliar).

*Datos basados en la revisión de Reisner y Cohen de 1001 casos.

 

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