AUTORES
- Miguel Arquillos Domínguez. MIR Medicina Familiar y Comunitaria. Centro de Salud Delicias Norte, Sector III de Zaragoza, Aragón, España.
- Jorge Hernández Bernad. MIR Digestivo y Gastroenterología, Hospital Universitario de Burgos, Castilla y León, España.
- Isabel Lahoz Bernad. MIR Medicina Familiar y Comunitaria, Centro de Salud San Pablo, Sector II, Zaragoza, Aragón, España.
- Santi Arana Ballestar. MIR Medicina Familiar y Comunitaria, Centro de Salud Parque Goya, Sector I de Zaragoza, Aragón, España.
- Yedra Usón Rodríguez. MIR Reumatología. Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza, Aragón, España.
- Iván Páez Albitre. MIR Medicina Interna. Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza, Aragón, España.
RESUMEN
El insomnio es uno de los trastornos del sueño más prevalentes y un motivo frecuente de consulta en Atención Primaria. Se define como la dificultad persistente para iniciar o mantener el sueño, o la percepción de un sueño no reparador, con repercusión diurna significativa. Su prevalencia es elevada, afectando de forma crónica a alrededor del 10–15 % de la población adulta, siendo más frecuente en mujeres, personas mayores y pacientes con enfermedades crónicas. Puede clasificarse según su duración en transitorio, de corta duración o crónico, y según su etiología en primario o secundario.
El abordaje en Atención Primaria debe ser integral, priorizando las intervenciones no farmacológicas, como la higiene del sueño, el control de estímulos, la restricción del tiempo en cama y la terapia cognitivo-conductual, considerada la estrategia más eficaz a largo plazo. El tratamiento farmacológico, que incluye benzodiacepinas, fármacos Z, antidepresivos sedantes o melatonina, debe emplearse de forma individualizada, a la dosis mínima eficaz y durante el menor tiempo posible. El seguimiento clínico es fundamental para evaluar la respuesta, reforzar medidas conductuales y planificar la retirada progresiva de hipnóticos. La mayoría de los casos pueden manejarse en Atención Primaria, reservando la derivación para situaciones complejas o refractarias.
PALABRAS CLAVE
Insomnio, atención primaria, trastornos del sueño.
ABSTRACT
Insomnia is one of the most prevalent sleep disorders and a frequent reason for consultation in primary care. It is defined as persistent difficulty initiating or maintaining sleep, or the perception of non-restorative sleep, with significant daytime repercussions. Its prevalence is high, chronically affecting approximately 10–15% of the adult population, and is more common in women, older adults, and patients with chronic illnesses. It can be classified according to its duration as transient, short-term, or chronic, and according to its etiology as primary or secondary.
The approach in primary care should be comprehensive, prioritizing non-pharmacological interventions, such as sleep hygiene, stimulus control, time spent in bed restriction, and cognitive-behavioral therapy, considered the most effective long-term strategy. Pharmacological treatment, which includes benzodiazepines, Z-drugs, sedating antidepressants, or melatonin, should be used on an individual basis, at the lowest effective dose, and for the shortest possible duration. Clinical follow-up is essential to assess the response, reinforce behavioral measures, and plan the gradual withdrawal of hypnotics. Most cases can be managed in primary care, reserving referral for complex or refractory situations.
KEY WORDS
Insomnia, primary care, sleep disorders.
DESARROLLO DEL TEMA
El insomnio constituye uno de los trastornos del sueño más prevalentes en la población adulta y representa uno de los motivos de consulta más frecuentes en Atención Primaria1. Se caracteriza por la dificultad persistente para iniciar el sueño, mantenerlo o por la percepción de un sueño no reparador, con repercusión clínica significativa durante el día. Este trastorno tiene una gran relevancia clínica debido a su elevada prevalencia y a su asociación con un aumento del riesgo de enfermedades cardiovasculares, metabólicas y psiquiátricas, así como con un mayor número de accidentes laborales y de tráfico.
Además, el insomnio se asocia a un incremento del consumo de recursos sanitarios y a un deterioro importante de la calidad de vida. En este contexto, el papel del médico de Atención Primaria es fundamental, ya que suele ser el primer profesional sanitario al que consulta el paciente. Un abordaje adecuado en este nivel asistencial permite realizar una correcta evaluación, identificar causas subyacentes, evitar la cronificación del problema y reducir el uso inadecuado de fármacos hipnóticos.
DEFINICIÓN Y PREVALENCIA:
El insomnio se define como la dificultad persistente para iniciar el sueño, mantenerlo o despertarse precozmente, o la sensación de un sueño no reparador, a pesar de contar con condiciones adecuadas para dormir. Estos síntomas deben acompañarse de repercusión diurna, como cansancio, somnolencia, irritabilidad, alteraciones cognitivas o disminución del rendimiento laboral o social2.
Desde el punto de vista epidemiológico, se estima que hasta un 30-40 % de la población adulta presenta síntomas de insomnio de forma ocasional, mientras que el insomnio crónico afecta aproximadamente al 10-15 %. Es más frecuente en mujeres, personas mayores y pacientes con enfermedades crónicas. En Atención Primaria, el insomnio suele coexistir con ansiedad, depresión, dolor crónico y consumo de múltiples fármacos, lo que condiciona su manejo1.
CLASIFICACIÓN DEL INSOMNIO:
El insomnio puede clasificarse según diferentes criterios. Atendiendo a su duración, se distingue entre insomnio transitorio, de corta duración (menor de 3 meses) y crónico2. El insomnio transitorio suele estar relacionado con situaciones puntuales de estrés o cambios ambientales. El insomnio de corta duración o agudo se prolonga durante semanas (<3 meses) y suele asociarse a acontecimientos vitales estresantes o enfermedades intercurrentes. El insomnio crónico persiste durante al menos tres meses y requiere una evaluación y abordaje más estructurados.
Desde el punto de vista etiológico, el insomnio puede ser primario o secundario. El insomnio secundario es el más frecuente en Atención Primaria y puede estar asociado a enfermedades médicas, trastornos psiquiátricos, consumo de sustancias, efectos adversos de fármacos u otros trastornos del sueño. Asimismo, puede clasificarse en función del momento del sueño afectado en insomnio de conciliación, de mantenimiento o despertar precoz3,4.
TRATAMIENTO NO FARMACOLÓGICO:
Las intervenciones no farmacológicas constituyen la base del tratamiento del insomnio agudo con niveles de angustia leves y, especialmente en los casos crónicos, y deben ser siempre la primera opción terapéutica en Atención Primaria1,3. La educación en higiene del sueño incluye recomendaciones sobre horarios regulares, evitar siestas prolongadas, reducir el consumo de cafeína, alcohol y nicotina, así como mantener un entorno adecuado para dormir.
El control de estímulos y la restricción del tiempo en cama son técnicas conductuales que buscan reforzar la asociación entre la cama y el sueño. Se recomienda utilizar la cama solo para dormir, levantarse si no se concilia el sueño y evitar actividades estimulantes antes de acostarse.
Las técnicas de relajación, como la respiración diafragmática o la relajación muscular progresiva, ayudan a reducir la activación fisiológica y cognitiva. La terapia cognitivo-conductual para el insomnio ha demostrado ser la intervención más eficaz a largo plazo, aunque su disponibilidad es limitada. No obstante, en Atención Primaria pueden aplicarse intervenciones breves con buenos resultados3.
Hay que tener en cuenta los diferentes tipos de poblaciones que podemos encontrarnos, como la población geriátrica, los pacientes con trastornos psiquiátricos, neurológicos o aquellos con comorbilidad y afecciones médicas, e individualizar el tratamiento5.
TRATAMIENTO FARMACOLÓGICO:
El tratamiento farmacológico del insomnio debe plantearse como una medida complementaria y, preferentemente, de corta duración. Antes de su instauración, es imprescindible evaluar la causa del insomnio, la edad del paciente, la presencia de comorbilidades y el riesgo de efectos adversos.
Se plantea un uso farmacológico en el insomnio agudo con síntomas leves que en seguimiento se ha visto que es refractario al tratamiento no farmacológico, en el insomnio, tanto agudo como crónico que presenten una angustia grave, como puede ser la disminución del rendimiento diurno o la excesiva ansiedad producida por el mismo.
Entre los hipnóticos más utilizados se encuentran las benzodiacepinas, como lormetazepam, lorazepam o diazepam, y los denominados fármacos Z, como zolpidem, zopiclona o eszopiclona. Estos fármacos pueden ser eficaces a corto plazo, pero su uso prolongado se asocia a tolerancia, dependencia, caídas, deterioro cognitivo y somnolencia diurna, especialmente en personas mayores.
En pacientes con insomnio asociado a trastornos del estado de ánimo o ansiedad, pueden utilizarse antidepresivos con efecto sedante, como trazodona, mirtazapina o doxepina a dosis bajas. La melatonina y sus agonistas pueden considerarse especialmente en personas mayores o en alteraciones del ritmo circadiano.
En todos los casos, se recomienda emplear la dosis mínima eficaz durante el menor tiempo posible y realizar un seguimiento estrecho para revaluar la necesidad del tratamiento y planificar su retirada progresiva5.
SEGUIMIENTO DEL PACIENTE CON INSOMNIO:
El seguimiento del paciente con insomnio es un aspecto fundamental del abordaje en Atención Primaria. Tras iniciar el tratamiento, se recomienda realizar una revisión clínica aproximadamente máximo cada seis meses para valorar la evolución de los síntomas, la adherencia a las medidas no farmacológicas y la posible aparición de efectos adversos, especialmente si se ha instaurado tratamiento farmacológico.
Durante el seguimiento, es importante reforzar las medidas de higiene del sueño, revisar factores perpetuadores y evaluar la necesidad de mantener, ajustar, pero principalmente el intentar retirar el tratamiento farmacológico. En el caso de fármacos hipnóticos, debe planificarse desde el inicio una estrategia de retirada progresiva para evitar dependencia y efectos adversos.
El uso de diarios de sueño y escalas clínicas puede ser de utilidad para objetivar la evolución. Un seguimiento continuado permite detectar precozmente recaídas, mejorar la adherencia terapéutica y favorecer un manejo más eficaz y seguro del insomnio 5.
CRITERIOS DE DERIVACIÓN:
La mayoría de los casos de insomnio pueden manejarse en Atención Primaria. No obstante, se recomienda la derivación a atención especializada en situaciones como insomnio refractario al tratamiento adecuado, sospecha de otros trastornos del sueño, comorbilidad psiquiátrica grave o necesidad de pruebas diagnósticas específicas.
Asimismo, debe considerarse la derivación cuando el insomnio tiene un impacto significativo sobre la funcionalidad del paciente a pesar de un abordaje correcto en el primer nivel asistencial 4.
CONCLUSIONES
El insomnio es un problema de salud frecuente y relevante en Atención Primaria. Un abordaje integral, basado en una correcta evaluación clínica y en la priorización de intervenciones no farmacológicas, permite mejorar la calidad del sueño y reducir el uso inadecuado de hipnóticos.
El seguimiento continuado y el uso prudente del tratamiento farmacológico son claves para evitar la cronificación y los efectos adversos. El médico de familia desempeña un papel esencial en la detección, tratamiento y educación sanitaria del paciente con insomnio, contribuyendo de forma significativa a mejorar su calidad de vida.
BIBLIOGRAFÍA
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