Sobrecrecimiento bacteriano del intestino delgado (SIBO): revisión narrativa con presentación de un caso clínico

9 agosto 2026

 

AUTORES

  1. Gemma Gonzalo Hernández. Médico de Atención Primaria. Médico de Atención Continuada. Centro de Especialidades Inocencio Jiménez. Zaragoza, España.
  2. David Gómez Martín. Médico Especialista en Cardiología. Unidad de Cardiología Intervencionista y Hemodinámica. Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza, España.
  3. Cristina Castán Torralba. Médico Especialista en Anestesiología, Reanimación y Terapéutica del dolor. Hospital Vall de Hebrón, Barcelona, España.
  4. Juan Miguel Morillas Molina. Médico especialista en Medicina Física y Rehabilitación. Hospital Rafael Méndez. Lorca, Murcia, España.
  5. Sara Pasamón García. Médico Especialista en Pediatría. Hospital San Pedro. Logroño, España.
  6. Marta Guerra Lacambra. Médico Especialista en Urología. Hospital Rafael Méndez. Lorca, Murcia, España.

RESUMEN

El sobrecrecimiento bacteriano del intestino delgado (SIBO, Small Intestinal Bacterial Overgrowth) es una alteración caracterizada por un incremento anormal de microorganismos en el intestino delgado que provoca síntomas digestivos y alteraciones en la absorción de nutrientes. La clínica suele ser inespecífica, lo que dificulta el diagnóstico y puede retrasar el tratamiento. En los últimos años, el conocimiento de la microbiota intestinal y el desarrollo de pruebas de aliento con hidrógeno y metano han permitido mejorar el abordaje diagnóstico de esta entidad2-4. El objetivo de este artículo es revisar la evidencia científica disponible sobre el SIBO y presentar un caso clínico ficticio basado en la literatura, con el fin de ilustrar su diagnóstico y manejo.

PALABRAS CLAVE

SIBO, microbiota intestinal, prueba de aliento, hidrógeno, metano.

ABSTRACT

Small intestinal bacterial overgrowth (SIBO) is characterized by an abnormal increase in bacterial concentration within the small intestine, resulting in gastrointestinal symptoms and impaired nutrient absorption. Clinical manifestations are usually nonspecific, making diagnosis challenging. Recent advances in the understanding of the intestinal microbiota and the use of hydrogen and methane breath tests have improved the diagnosis of this condition2-4. This article reviews current evidence on SIBO and presents a fictional clinical case illustrating its diagnosis and management.

KEYWORDS

SIBO, intestinal microbiota, breath test, hydrogen, methane.

INTRODUCCIÓN

El sobrecrecimiento bacteriano del intestino delgado (SIBO) se define como la proliferación excesiva de bacterias en un segmento intestinal que fisiológicamente presenta una baja concentración microbiana1. Esta alteración modifica el equilibrio de la microbiota intestinal, favoreciendo procesos de fermentación anómalos, producción excesiva de gases y alteraciones en la digestión y absorción de nutrientes1,6.

En condiciones normales, diversos mecanismos limitan el crecimiento bacteriano en el intestino delgado. Entre ellos destacan la acidez gástrica, la motilidad intestinal, la secreción de bilis y enzimas pancreáticas, la acción inmunológica de la mucosa y la presencia de la válvula ileocecal6. Cuando alguno de estos mecanismos se ve alterado por enfermedades sistémicas, cirugía digestiva, trastornos de la motilidad o determinados tratamientos farmacológicos, aumenta el riesgo de desarrollar SIBO1,3.

Las manifestaciones clínicas son muy variables y, con frecuencia, se solapan con las de otros trastornos digestivos funcionales. Los síntomas más habituales incluyen distensión abdominal, dolor abdominal, flatulencia, meteorismo, diarrea y, en algunos pacientes, estreñimiento relacionado con una mayor producción de metano por microorganismos metanógenos1,3. En los casos más prolongados pueden aparecer malabsorción, pérdida de peso y déficits nutricionales, especialmente de vitaminas liposolubles y vitamina B121.

Durante décadas, el diagnóstico del SIBO se basó en el cultivo del aspirado yeyunal, considerado el método de referencia, aunque su carácter invasivo, coste elevado y escasa disponibilidad limitaron su utilización en la práctica clínica1. Actualmente, las pruebas de aliento con glucosa o lactulosa constituyen la principal herramienta diagnóstica por ser métodos sencillos, seguros y no invasivos.² Las guías del American College of Gastroenterology recomiendan su utilización en pacientes con síntomas compatibles y factores de riesgo, evitando su empleo indiscriminado en población sin sospecha clínica.³ Del mismo modo, el consenso europeo insiste en la necesidad de seguir protocolos estandarizados de preparación del paciente e interpretación de resultados para mejorar su precisión diagnóstica4.

El interés científico por esta entidad comenzó hace varias décadas. Los estudios pioneros de Tabaqchali y colaboradores y de Drasar et al. demostraron que las alteraciones de la flora intestinal modificaban la función del intestino delgado y podían provocar trastornos digestivos y de absorción7,8. Posteriormente, las investigaciones sobre la microbiota intestinal han confirmado la compleja interacción entre microorganismos y huésped, aportando nuevos conocimientos sobre la fisiopatología del SIBO y abriendo nuevas líneas de investigación dirigidas a optimizar su diagnóstico y tratamiento5,6.

PRESENTACIÓN DEL CASO CLÍNICO

Se presenta el caso de una mujer de 63 años que acudió a la consulta de Digestivo por distensión abdominal progresiva, meteorismo intenso y dolor abdominal de predominio posprandial con nueve meses de evolución. La paciente refería además episodios alternantes de diarrea y estreñimiento, sensación de plenitud tras pequeñas ingestas y pérdida involuntaria de cinco kilogramos durante los últimos seis meses.

Como antecedentes personales destacaban diabetes mellitus tipo 2 diagnosticada hacía quince años, neuropatía diabética leve e ingesta continuada de inhibidores de la bomba de protones desde hacía más de cuatro años por enfermedad por reflujo gastroesofágico. No presentaba antecedentes de enfermedad inflamatoria intestinal ni cirugía digestiva previa.

En la exploración física únicamente se observó una discreta distensión abdominal, sin signos de irritación peritoneal ni masas palpables. La analítica sanguínea mostró parámetros inflamatorios normales, función hepática y pancreática conservadas y ausencia de anemia. El estudio serológico para enfermedad celíaca fue negativo y el análisis de heces descartó infección intestinal.

Ante la persistencia de la clínica y la presencia de factores predisponentes para SIBO, se realizó una prueba de aliento con lactulosa siguiendo las recomendaciones de preparación establecidas por las guías internacionales2,4. El resultado mostró un incremento precoz del hidrógeno superior a 20 ppm durante los primeros 90 minutos, acompañado de una elevación moderada del metano, hallazgos compatibles con sobrecrecimiento bacteriano del intestino delgado asociado a sobrecrecimiento de microorganismos metanógenos2,3.

Tras establecer el diagnóstico, se inició tratamiento con rifaximina durante 14 días, junto con recomendaciones dietéticas encaminadas a disminuir la fermentación intestinal y una revisión del tratamiento antisecretor para valorar la necesidad de mantener el inhibidor de la bomba de protones. Se aconsejó también un adecuado control glucémico, dada la influencia de la neuropatía diabética sobre la motilidad intestinal. En la revisión realizada seis semanas después, la paciente refirió una clara mejoría de la distensión abdominal, reducción de la flatulencia y normalización progresiva del ritmo intestinal, con recuperación parcial del peso perdido, una evolución acorde con la descrita en la literatura científica1,3,5.

DISCUSIÓN

El caso clínico presentado refleja una situación frecuente en la práctica clínica, ya que el SIBO suele manifestarse mediante síntomas digestivos inespecíficos que pueden confundirse con otros trastornos funcionales, especialmente con el síndrome del intestino irritable.¹ Esta falta de especificidad clínica explica que el diagnóstico continúe siendo un desafío y que sea imprescindible realizar una valoración integral del paciente, considerando tanto la sintomatología como la presencia de factores predisponentes antes de solicitar pruebas complementarias3.

En el caso descrito, la paciente presentaba varios factores de riesgo reconocidos en la literatura, como la diabetes mellitus de larga evolución y el tratamiento prolongado con inhibidores de la bomba de protones. La diabetes puede producir alteraciones de la motilidad intestinal secundarias a la neuropatía autonómica, favoreciendo el estancamiento del contenido intestinal y el crecimiento bacteriano1,3. Por otro lado, la disminución de la acidez gástrica asociada al tratamiento antisecretor reduce una de las principales barreras fisiológicas frente a la colonización bacteriana del intestino delgado1.

Las pruebas de aliento con hidrógeno y metano constituyen actualmente la herramienta diagnóstica no invasiva de elección. El consenso norteamericano establece que un incremento precoz del hidrógeno tras la administración del sustrato es compatible con SIBO, mientras que la detección de niveles elevados de metano orienta hacia un sobrecrecimiento de microorganismos metanógenos, entidad que puede presentar características clínicas diferenciadas, como una mayor asociación con el estreñimiento.² Estas recomendaciones también son respaldadas por la guía europea, que insiste en la necesidad de realizar una correcta preparación del paciente para minimizar los resultados falsos positivos y falsos negativos4.

Los hallazgos observados en este caso coinciden con los publicados por Plauzolles et al., quienes demostraron en una cohorte de práctica clínica que las pruebas de aliento poseen utilidad diagnóstica cuando se interpretan junto con la historia clínica y los factores predisponentes del paciente5. No obstante, los autores también destacan que estas pruebas no deben emplearse de forma indiscriminada en pacientes con síntomas inespecíficos sin una adecuada sospecha clínica, ya que ello puede disminuir su rendimiento diagnóstico5.

Desde el punto de vista fisiopatológico, la alteración de la microbiota intestinal desempeña un papel esencial en el desarrollo del SIBO. La proliferación excesiva de bacterias favorece la fermentación precoz de los hidratos de carbono, con la consiguiente producción de hidrógeno, metano y otros metabolitos responsables de la distensión abdominal y del dolor6. Además, el consumo bacteriano de determinados nutrientes y la desconjugación de los ácidos biliares pueden originar malabsorción de grasas, déficit vitamínicos y pérdida de peso en pacientes con enfermedad prolongada1.

Los primeros trabajos publicados sobre la flora intestinal ya sugerían que las modificaciones en la composición bacteriana del intestino podían alterar significativamente la función digestiva. Los estudios de Tabaqchali et al. y Drasar et al. constituyeron la base sobre la que posteriormente se desarrolló el concepto actual de SIBO y permitieron comprender la importancia del equilibrio de la microbiota en el mantenimiento de la salud intestinal7,8. Aunque desde entonces el conocimiento científico ha evolucionado considerablemente, estos estudios continúan siendo una referencia histórica en este campo.

En cuanto al tratamiento, las guías clínicas recomiendan un abordaje individualizado que combine el tratamiento antibiótico con la corrección de los factores predisponentes siempre que sea posible3. En el caso presentado, la mejoría clínica tras la administración de rifaximina y la revisión del tratamiento antisecretor coincide con los resultados descritos en la literatura y pone de manifiesto la importancia de actuar no solo sobre el sobrecrecimiento bacteriano, sino también sobre los mecanismos que favorecen su aparición1,3

CONCLUSIONES

En conclusión, el SIBO representa una entidad clínica cada vez más reconocida cuya incidencia probablemente continuará aumentando debido al envejecimiento de la población y al incremento de enfermedades asociadas a alteraciones de la motilidad intestinal. El diagnóstico debe fundamentarse en una adecuada correlación entre la clínica, los factores de riesgo y las pruebas de aliento realizadas conforme a protocolos estandarizados. Asimismo, el conocimiento creciente de la microbiota intestinal permitirá desarrollar estrategias diagnósticas y terapéuticas más precisas, favoreciendo un manejo más eficaz y una mejora de la calidad de vida de los pacientes afectados.¹⁻⁶

CONFLICTO DE INTERESES

Los autores declaran no presentar conflictos de intereses.

BIBLIOGRAFÍA

  1. Bushyhead D, Quigley EM. Small Intestinal Bacterial Overgrowth. Gastroenterol Clin North Am. 2021;50:463-474.
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  3. Pimentel M, Saad RJ, Long MD, Rao SSC. ACG Clinical Guideline: Small Intestinal Bacterial Overgrowth. Am J Gastroenterol. 2020;115:165-178.
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  5. Plauzolles A, Uras S, Pénaranda G, Bonnet M, Dukan P, Retornaz F, et al. Small Intestinal Bacterial Overgrowths and Intestinal Methanogen Overgrowths Breath Testing in a Real-Life French Cohort. Clin Transl Gastroenterol.2023;14:e00556.
  6. Zoetendal EG, Raes J, Van den Bogert B, Arumugam M, Booijink CC, Troost FJ, et al. The human small intestinal microbiota is driven by rapid uptake and conversion of simple carbohydrates. ISME J. 2012;6:1415-1426.
  7. Tabaqchali S, Okubadejo OA, Neale G, Booth CC. Influence of abnormal bacterial flora on small intestinal function. Proc R Soc Med. 1966;59:1244-1246.
  8. Drasar BS, Shiner M, McLeod GM. Studies on the intestinal flora. I. The bacterial flora of the gastrointestinal tract in healthy and achlorhydric persons. Gastroenterology. 1969;56:71-79.

 

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