Ecografía clínica en urgencias para el diagnóstico de trombosis venosa profunda de extremidades inferiores: revisión narrativa

15 agosto 2026

 

AUTORES

  1. Alberto Carrillo Sola. FEA Medicina de Urgencias y Emergencias, Hospital Sant Pau i Santa Tecla (Tarragona). España.
  2. ⁠Carmen Arto Fernández. FEA Medicina Interna, Hospital Universitario Miguel Servet (Zaragoza). España.
  3. Carolina Hortoneda López. FEA Medicina de Urgencias y Emergencias. Servicio de Emergencias Sanitarias de la CV (Valencia). España.
  4. Raquel Díez Ramírez FEA Medicina de Urgencias y Emergencias, Servicio de Emergencias Sanitarias de la CV (Valencia). España.
  5. ⁠Ana Romeo Aparicio. FEA Ginecología y Obstetricia. Hospital Universitario Miguel Servet (Zaragoza). España.
  6. Naomi Artal López. FEA Obstetricia y Ginecologia, Parc Sanitari Sant Joan de Déu (Barcelona). España.

RESUMEN

La trombosis venosa profunda de extremidades inferiores es una patología frecuente en los servicios de urgencias y una causa relevante de morbimortalidad por su asociación con tromboembolismo pulmonar y síndrome postrombótico. Su presentación clínica puede ser inespecífica, por lo que el diagnóstico no debe apoyarse únicamente en la anamnesis o la exploración física, sino en la integración de la probabilidad clínica, el dímero D y las pruebas de imagen. La ecografía de compresión se ha consolidado como una herramienta fundamental para valorar la trombosis venosa profunda proximal. En los últimos años, la ecografía clínica realizada por médicos de urgencias ha adquirido un papel creciente por su disponibilidad inmediata, ausencia de radiación y capacidad para acelerar la toma de decisiones.

El objetivo de esta revisión narrativa es analizar el papel de la ecografía clínica en urgencias para el diagnóstico de la trombosis venosa profunda de miembros inferiores, con especial atención a su precisión, seguridad, eficiencia, limitaciones e implicaciones formativas. La evidencia revisada muestra que la ecografía realizada por urgenciólogos puede integrarse de forma segura en algoritmos diagnósticos basados en la escala de Wells dicotómica y el dímero D, siempre que exista formación estructurada, práctica habitual y criterios claros de reevaluación. Su principal aportación no es sustituir de forma indiscriminada a la ecografía reglada, sino mejorar el proceso diagnóstico cuando se utiliza dentro de un circuito clínico definido.

PALABRAS CLAVE

Trombosis venosa, ultrasonografía, servicios médicos de urgencia, dímero D, diagnóstico.

ABSTRACT

Lower-limb deep vein thrombosis is a frequent condition in emergency departments and a relevant cause of morbidity and mortality due to its association with pulmonary thromboembolism and post-thrombotic syndrome. Its clinical presentation is often nonspecific; therefore, diagnosis should not rely only on history taking or physical examination, but on the integration of clinical probability, D-dimer testing and imaging techniques. Compression ultrasound has become a key tool for the assessment of proximal deep vein thrombosis. In recent years, point-of-care ultrasound performed by emergency physicians has gained importance because of its immediate availability, lack of radiation and ability to shorten clinical decision-making.

The aim of this narrative review is to analyze the role of clinical ultrasound in emergency departments for the diagnosis of lower-limb deep vein thrombosis, focusing on diagnostic accuracy, safety, efficiency, limitations and training requirements. The reviewed evidence suggests that ultrasound performed by emergency physicians can be safely integrated into diagnostic algorithms based on the dichotomous Wells score and D-dimer testing, provided that structured training, regular practice and clear reassessment criteria are ensured. Its main contribution is not to replace formal ultrasound indiscriminately, but to improve the diagnostic pathway when used within a defined clinical framework.

KEYWORDS

Venous thrombosis, ultrasonography, emergency medical services, D-dimer, Diagnosis.

INTRODUCCIÓN

La trombosis venosa profunda (TVP) de extremidades inferiores es una manifestación de la enfermedad tromboembólica venosa caracterizada por la formación de un trombo en el sistema venoso profundo, habitualmente en territorios femoral, poplíteo o venas distales de la pierna. En urgencias, su relevancia deriva tanto de su posible progresión a tromboembolismo pulmonar como de sus complicaciones a medio y largo plazo, entre ellas el síndrome postrombótico. Por este motivo, el diagnóstico debe ser precoz, pero también ordenado, evitando tanto el infradiagnóstico como la indicación indiscriminada de pruebas complementarias5,6,10.

La sospecha clínica suele plantearse ante dolor, edema, aumento de perímetro, empastamiento o asimetría de una extremidad inferior. Sin embargo, estos hallazgos pueden aparecer en múltiples procesos no trombóticos, como celulitis, lesiones musculares, insuficiencia venosa, linfedema, rotura de quiste de Baker o traumatismos. Esta superposición clínica limita el valor de la exploración física aislada y obliga a trabajar con una estimación objetiva de la probabilidad pretest. En este contexto, la escala de Wells, especialmente en su versión dicotómica, permite clasificar a los pacientes en TVP probable o improbable y orientar la necesidad de dímero D o prueba de imagen2,3,10,20.

El dímero D tiene utilidad cuando se interpreta junto con la probabilidad clínica. En pacientes con TVP improbable según Wells dicotómico, un resultado negativo puede permitir excluir la enfermedad sin necesidad de imagen. Por el contrario, un resultado positivo no confirma la TVP y debe conducir a una prueba diagnóstica. En pacientes con TVP probable, el dímero D no debe utilizarse como herramienta aislada de exclusión, ya que la ecografía pasa a ocupar un papel central en la toma de decisiones3,5,10,14.

La ecografía de compresión se basa en un principio sencillo: una vena permeable se colapsa al aplicar presión con la sonda, mientras que una vena trombosada no lo hace. Aplicada al sistema femoropoplíteo, esta maniobra permite detectar la TVP proximal con un protocolo rápido, reproducible y aplicable a pie de cama. La incorporación de la ecografía clínica realizada por médicos de urgencias ha modificado el circuito diagnóstico tradicional, al permitir una valoración más temprana y una decisión clínica más ajustada al contexto asistencial1,7,9,12,13.

La TVP debe entenderse, además, dentro del espectro de la enfermedad tromboembólica venosa. Aunque esta revisión se centra en miembros inferiores, existen localizaciones menos habituales y situaciones complejas que pueden requerir estrategias específicas. Por ello, el diagnóstico inicial no debe limitarse a confirmar o descartar la presencia de un trombo, sino que debe integrar la extensión probable, la situación clínica, el riesgo hemorrágico y la necesidad de seguimiento5,6.

OBJETIVOS

Objetivo general:

Analizar el papel de la ecografía clínica realizada en los servicios de urgencias para el diagnóstico de la trombosis venosa profunda de extremidades inferiores, valorando su integración con la probabilidad clínica, el dímero D y los modelos diagnósticos de exclusión.

Objetivos específicos:

– Describir la utilidad de la escala de Wells dicotómica y de los modelos clínicos en la valoración inicial de la sospecha de TVP.

– Revisar el papel del dímero D en función de la probabilidad clínica pretest.

– Explicar los fundamentos de la ecografía de compresión en miembros inferiores.

– Valorar la precisión, seguridad y eficiencia de la ecografía realizada por médicos de urgencias.

– Identificar las principales ventajas organizativas de la ecografía clínica en urgencias.

– Señalar las limitaciones de la técnica y sus necesidades formativas.

– Proponer una integración práctica de la ecografía clínica dentro de algoritmos diagnósticos en urgencias.

MATERIAL Y MÉTODO

Se realizó una revisión bibliográfica narrativa centrada en el diagnóstico de la trombosis venosa profunda de extremidades inferiores en los servicios de urgencias, con especial atención a la ecografía clínica realizada por médicos de urgencias. La revisión se elaboró a partir de bibliografía seleccionada sobre ecografía de compresión, escala de Wells, dímero D, modelos clínicos de exclusión diagnóstica, actuación urgente en enfermedad tromboembólica venosa y análisis críticos sobre precisión, seguridad y eficiencia de la técnica1-6,12,13,15-19.

Se incluyeron artículos originales, revisiones clínicas, metaanálisis, guías clínicas, comentarios editoriales y trabajos orientados al ámbito de urgencias. No se planteó una revisión sistemática ni un metaanálisis, dado que el objetivo fue sintetizar de forma práctica la evidencia disponible y contextualizarla para la asistencia urgente. La información se organizó en apartados temáticos: sospecha clínica, modelos de probabilidad, dímero D, ecografía de compresión, ecografía realizada por urgenciólogos, seguridad, eficiencia, limitaciones, formación e integración en algoritmos. Se evitó extrapolar resultados no descritos en la bibliografía revisada y se mantuvieron los datos numéricos únicamente cuando procedían de los estudios incluidos.

RESULTADOS

Sospecha clínica de trombosis venosa profunda en urgencias:

La valoración inicial de una posible TVP comienza con una anamnesis dirigida y una exploración física completa. El objetivo no es confirmar el diagnóstico por la clínica, sino identificar qué pacientes tienen una probabilidad suficiente para continuar el estudio. Dolor localizado, edema unilateral, aumento de perímetro o empastamiento muscular deben interpretarse junto con factores predisponentes, como cirugía reciente, inmovilización, cáncer activo, antecedente de enfermedad tromboembólica venosa, tratamiento hormonal, embarazo, puerperio, traumatismo o ingreso hospitalario5,6,10.

El diagnóstico diferencial es amplio y condiciona parte de la dificultad. Una extremidad edematosa y dolorosa puede corresponder a una TVP, pero también a una infección de partes blandas, una lesión osteomuscular, una insuficiencia venosa descompensada o una colección local. Esta variabilidad explica por qué la sospecha clínica aislada tiene un rendimiento limitado. La decisión más segura es estimar primero la probabilidad clínica y, a partir de ella, decidir si el paciente puede seguir una estrategia de exclusión o precisa una prueba de imagen2,3,10,20.

La evaluación inicial también debe descartar datos de tromboembolismo pulmonar asociado. Disnea, dolor torácico pleurítico, síncope, taquicardia, hipoxemia o inestabilidad hemodinámica cambian el enfoque del caso y obligan a ampliar el estudio. En urgencias, la TVP no debe verse como un proceso exclusivamente local, sino como una manifestación posible de una enfermedad tromboembólica más amplia5,6,10.

Escala de Wells y modelos clínicos de probabilidad:

La escala de Wells es la herramienta más utilizada para ordenar la sospecha clínica de TVP. En urgencias resulta especialmente práctica su aplicación dicotómica, que clasifica a los pacientes en dos grupos: TVP improbable y TVP probable. Esta forma de uso facilita la toma de decisiones y permite definir qué pacientes pueden beneficiarse de una estrategia de exclusión mediante dímero D y cuáles precisan una prueba de imagen desde el inicio2,3,10,20.

La utilidad de la escala no radica en sustituir el juicio médico, sino en reducir la variabilidad y ajustar la indicación de pruebas complementarias a la probabilidad pretest. La evaluación de sus componentes en pacientes atendidos en urgencias refuerza la idea de que ningún dato clínico aislado es suficiente para tomar decisiones. El valor del modelo está en la combinación de signos locales, factores de riesgo y existencia de diagnósticos alternativos2,20.

Los modelos clínicos de exclusión permiten reducir exploraciones innecesarias cuando la probabilidad es baja y el dímero D es negativo. Esta estrategia evita dos errores frecuentes en la práctica: asumir que toda extremidad dolorosa precisa ecografía inmediata o, por el contrario, descartar una TVP porque la exploración no es llamativa. Cuando el modelo clínico se utiliza de forma sistemática, el proceso diagnóstico gana seguridad y eficiencia3,10,14.

Papel del dímero D:

El dímero D es un marcador de activación de la coagulación y fibrinólisis. Su principal utilidad en la sospecha de TVP es su capacidad para ayudar a excluir la enfermedad en pacientes con baja probabilidad clínica. Sin embargo, su especificidad es limitada. Puede elevarse por edad avanzada, infección, inflamación, cáncer, cirugía reciente, traumatismo, embarazo o ingreso hospitalario, entre otras situaciones. Por tanto, un resultado positivo no diagnostica TVP y no debe conducir por sí solo al inicio de anticoagulación5,10,14.

La interpretación correcta del dímero D depende de la pregunta clínica. En pacientes con TVP improbable según Wells dicotómico, un resultado negativo puede evitar la ecografía. En pacientes con TVP probable, su papel como prueba de exclusión es insuficiente, y la estrategia debe orientarse hacia la imagen3,10,14. Esta distinción permite utilizar el marcador de forma eficiente, reduciendo exploraciones innecesarias sin retrasar el diagnóstico en pacientes de mayor riesgo.

En urgencias, el uso indiscriminado del dímero D puede aumentar la carga diagnóstica sin mejorar la seguridad. Si se solicita en pacientes con alta probabilidad o en contextos donde es esperable que esté elevado, lo más probable es obtener resultados positivos de difícil interpretación. Su valor real aparece cuando se emplea tras una estimación clínica estructurada y con un plan diagnóstico definido3,5,10.

Ecografía de compresión en extremidades inferiores:

La ecografía de compresión es una técnica dinámica que valora la compresibilidad del sistema venoso profundo. En condiciones normales, la vena se colapsa con la presión ejercida por la sonda; si existe trombo, la compresión es incompleta o ausente. Aunque otros hallazgos pueden apoyar el diagnóstico, como material ecogénico intraluminal o alteraciones del flujo Doppler, la falta de compresibilidad sigue siendo el criterio principal en la ecografía clínica focalizada.7-9,15

La ecografía presenta un rendimiento especialmente alto en la valoración del territorio proximal. Las revisiones sobre precisión diagnóstica muestran que la sensibilidad disminuye cuando se pretende valorar territorios distales, lo que explica por qué los protocolos a pie de cama se orientan de forma preferente a la detección de TVP proximal clínicamente relevante9-11.

Los protocolos simplificados se centran en tres puntos anatómicos: la vena femoral común; la vena femoral, antiguamente llamada vena femoral superficial; y el hueco poplíteo. Esta aproximación permite valorar los principales territorios de TVP proximal mediante compresión venosa seriada, con una exploración breve, reproducible y orientada a una pregunta clínica concreta1,12,15,16.

La ecografía reglada de toda la extremidad permite valorar con mayor detalle los territorios distales, pero requiere más tiempo, disponibilidad y experiencia. Por este motivo, la ecografía clínica proximal no debe interpretarse como una técnica equivalente a una exploración vascular completa. Su utilidad se encuentra en la detección de TVP proximal y en la toma de decisiones iniciales. Cuando la ecografía proximal es negativa pero la probabilidad clínica es moderada o alta, o cuando persisten síntomas relevantes, debe realizarse una ecografía de control en una semana1,11,14.

Ecografía clínica realizada por médicos de urgencias:

La ecografía clínica a pie de cama se ha incorporado de forma progresiva a la medicina de urgencias porque permite responder preguntas concretas durante la valoración inicial. En la sospecha de TVP, la pregunta principal es si existe falta de compresibilidad en el sistema venoso profundo proximal. Esta orientación focalizada favorece la integración de la técnica en un algoritmo que combine probabilidad clínica, dímero D y ecografía1,12,13,15-18.

El estudio prospectivo multicéntrico de Jiménez Hernández et al. evaluó la precisión, seguridad y eficiencia de la ecografía realizada por urgenciólogos en pacientes con sospecha de TVP. Incluyó 304 pacientes, de los cuales 209 formaron parte del grupo intervención y 95 del grupo control. La prevalencia global de TVP fue del 35,5%. La sensibilidad de la ecografía realizada por urgenciólogos aumentó según la experiencia del operador: 71,4% en profesionales en fase de curso, 75,0% en quienes tenían al menos dos meses de práctica y 94,7% en usuarios habituales. La especificidad también fue elevada en los grupos con mayor experiencia1.

Estos datos tienen una lectura práctica: la ecografía clínica puede ser útil y segura, pero no es independiente de la competencia del profesional que la realiza. La formación inicial es necesaria, aunque no suficiente. La práctica continuada, la revisión de imágenes y la supervisión durante la curva de aprendizaje son elementos esenciales para mantener un rendimiento adecuado1,4,13,18,19.

El mismo estudio mostró un índice kappa de 0,80 entre urgenciólogos y radiólogos. Además, el tiempo hasta la realización de la ecografía fue menor cuando la técnica la realizó el urgenciólogo: 1,81 horas frente a 4,39 horas cuando dependía del circuito radiológico. Durante el seguimiento a 30 días se registraron tres fallecimientos, ninguno atribuible a recurrencia tromboembólica ni a hemorragia1. Estos resultados apoyan la utilidad de la técnica cuando se aplica dentro de una estrategia diagnóstica definida.

Precisión diagnóstica, seguridad y eficiencia:

La precisión diagnóstica de la ecografía clínica depende del protocolo utilizado, de la experiencia del operador y de la interpretación del resultado dentro del contexto clínico. Una exploración positiva en territorio proximal, técnicamente correcta y realizada por un profesional entrenado, tiene un valor clínico elevado. La dificultad aparece sobre todo ante exploraciones limitadas, antecedentes de TVP en la misma extremidad, edema importante, obesidad, dolor que dificulta la exploración o sospecha de trombosis distal aislada1,9,12,13,17.

La seguridad no se mide solo por la capacidad de detectar una TVP, sino también por la conducta adoptada ante una exploración negativa. Un resultado negativo en un paciente con baja probabilidad clínica no tiene el mismo significado que en un paciente con probabilidad moderada o alta. En este segundo escenario, la estrategia más prudente es completar el seguimiento con una ecografía de control en una semana, especialmente si la clínica persiste o existen factores de riesgo relevantes1,11,14.

La eficiencia de la ecografía clínica se observa principalmente en la reducción del tiempo hasta la decisión. Al estar disponible en la cabecera del paciente, puede acortar demoras, facilitar el inicio temprano de anticoagulación cuando el diagnóstico es evidente y evitar tratamientos innecesarios cuando la sospecha se descarta de forma segura. También puede disminuir traslados internos y consultas diferidas. Este beneficio, sin embargo, depende de que la técnica se utilice en un circuito asistencial bien definido1,4,16,19.

Ventajas organizativas en los servicios de urgencias:

Los servicios de urgencias trabajan con alta presión asistencial, necesidad de decisiones rápidas y disponibilidad variable de pruebas complementarias. En este escenario, la ecografía clínica aporta una ventaja operativa clara: permite transformar una sospecha diagnóstica en una decisión inicial durante la misma asistencia. Esto resulta especialmente útil en centros donde la ecografía reglada no está disponible de forma inmediata o donde la demora condiciona estancias prolongadas1,16,19.

La utilidad organizativa se observa en varios perfiles de pacientes. En aquellos con alta sospecha y ecografía positiva, permite iniciar tratamiento y organizar el ingreso o el seguimiento con menor demora. En pacientes con baja probabilidad, dímero D negativo y ausencia de hallazgos ecográficos, facilita evitar pruebas innecesarias. En situaciones intermedias, ayuda a decidir qué pacientes requieren control posterior o derivación para ecografía reglada1,3,5,14.

Para que esta ventaja sea real, la exploración debe quedar bien documentada. El registro debería incluir la indicación, la probabilidad clínica, los territorios explorados, la compresibilidad venosa, las limitaciones técnicas y la conducta recomendada. Una ecografía clínica no registrada o descrita de forma ambigua pierde valor asistencial y dificulta la continuidad del proceso diagnóstico18,19.

Limitaciones y necesidad de formación

La principal limitación de la ecografía clínica en TVP es su dependencia del operador. El rendimiento mejora de forma clara en profesionales que utilizan la técnica de manera habitual1,13. Por ello, la formación no debería limitarse a un curso breve, sino incluir práctica supervisada, evaluación de competencias, revisión periódica de imágenes y mantenimiento de la habilidad1,18,19.

La estrategia proximal es útil y eficiente, pero no pretende diagnosticar todas las trombosis distales. Esta limitación debe estar incorporada al algoritmo. En pacientes con síntomas persistentes, probabilidad clínica moderada o alta, o factores de riesgo relevantes, un estudio proximal negativo debe completarse con una ecografía de control en una semana. Esta recomendación es clave para mantener la seguridad del proceso y evitar cierres diagnósticos prematuros11,14.

También debe prestarse especial atención a los pacientes con TVP previa en la misma extremidad. En ellos pueden existir cambios residuales, fibrosis venosa o falta de compresibilidad crónica, lo que dificulta diferenciar trombosis antigua de recurrencia. En estos casos, la comparación con estudios previos y la valoración mediante ecografía reglada pueden ser necesarias. La ecografía clínica ofrece mayor rendimiento cuando se aplica a una pregunta concreta, en un paciente seleccionado y con límites técnicos reconocidos5,8,10.

Integración de la ecografía en algoritmos diagnósticos:

La ecografía clínica alcanza su mayor valor cuando forma parte de un algoritmo. La secuencia práctica comienza con la valoración clínica y la escala de Wells dicotómica. Si la TVP es improbable, el dímero D puede actuar como prueba de exclusión. Si es negativo, puede evitarse la ecografía. Si es positivo, debe realizarse imagen. En pacientes con TVP probable, la ecografía debe priorizarse desde el inicio y el dímero D no debe utilizarse como único criterio de descarte1,3,10,14,20.

Cuando el urgenciólogo realiza una ecografía de compresión y el resultado es positivo en territorio proximal, el diagnóstico puede considerarse suficientemente sólido si la exploración es técnicamente correcta y el profesional tiene competencia acreditada. Si el resultado es negativo, la conducta debe adaptarse a la probabilidad clínica. En pacientes de bajo riesgo puede plantearse alta con instrucciones claras. En pacientes con probabilidad moderada o alta, o si la clínica persiste, debe programarse una ecografía de control en una semana.1,11,14

Este enfoque evita dos extremos poco seguros: utilizar la ecografía clínica como prueba aislada en cualquier paciente o, por el contrario, mantener circuitos rígidos que desaprovechan una herramienta disponible a pie de cama. La estrategia más equilibrada es integrar POCUS en un circuito escalonado, con criterios definidos de confirmación, reevaluación y derivación1,4,18,19.

DISCUSIÓN

La ecografía clínica ha adquirido un papel relevante en el diagnóstico urgente de la TVP de extremidades inferiores. Su principal fortaleza es que permite responder de forma rápida a una pregunta clínica frecuente: si existe o no falta de compresibilidad en el sistema venoso profundo proximal. Cuando la técnica se realiza por profesionales entrenados y se interpreta dentro de un algoritmo, puede reducir tiempos, mejorar la toma de decisiones y mantener un perfil de seguridad adecuado1,12,13,17.

Sin embargo, su utilidad no debe confundirse con una sustitución generalizada de la ecografía reglada. La ecografía clínica es una herramienta focalizada, no una exploración vascular completa. Su rendimiento depende del operador, de la calidad de la imagen, del protocolo utilizado y de la probabilidad clínica del paciente. Una exploración negativa puede ser suficiente en un paciente de baja probabilidad, pero no debe cerrar el diagnóstico en pacientes con sospecha moderada o alta. En estos casos, la ecografía de control en una semana es una medida de seguridad necesaria cuando el estudio inicial es negativo y la sospecha persiste1,10,11,14.

La evidencia disponible también sitúa el beneficio de POCUS en el plano organizativo. En servicios con alta demanda o acceso no inmediato a ecografía reglada, disponer de una exploración a pie de cama puede disminuir la estancia, acelerar el inicio de anticoagulación cuando procede y reducir pruebas innecesarias en pacientes de bajo riesgo. Este beneficio solo se mantiene si la técnica está protocolizada, registrada y sometida a estándares mínimos de formación y calidad1,4,16,18,19.

La escala de Wells dicotómica y el dímero D continúan siendo piezas esenciales del proceso diagnóstico. La ecografía no debe desplazar el razonamiento clínico, sino integrarse en él. La combinación de probabilidad clínica, dímero D y ecografía permite seleccionar mejor a los pacientes, evitar exploraciones innecesarias y definir qué casos precisan seguimiento o confirmación posterior3,10,14,20.

El manejo de la TVP no termina con la detección del trombo. Una vez establecido el diagnóstico, deben valorarse extensión, riesgo hemorrágico, comorbilidades, indicación de anticoagulación, necesidad de ingreso, seguimiento ambulatorio y posible tromboembolismo pulmonar asociado5,6,10. La ecografía clínica acelera una parte del proceso, pero no sustituye la valoración integral del paciente con enfermedad tromboembólica venosa.

En conjunto, la ecografía clínica realizada por médicos de urgencias debe considerarse una herramienta de alto valor en pacientes seleccionados, dentro de algoritmos explícitos y con profesionales entrenados. Su mayor aportación no es competir con la ecografía reglada, sino mejorar la oportunidad diagnóstica y la eficiencia asistencial sin perder seguridad.

CONCLUSIONES

La trombosis venosa profunda de extremidades inferiores requiere en urgencias un abordaje diagnóstico estructurado, ya que la clínica aislada no permite confirmar ni excluir la enfermedad con seguridad. La integración de la escala de Wells dicotómica, el dímero D y la ecografía permite seleccionar mejor a los pacientes y reducir exploraciones innecesarias sin retrasar el diagnóstico en quienes presentan mayor probabilidad clínica. La ecografía de compresión proximal realizada por médicos de urgencias puede ser una herramienta precisa, segura y eficiente cuando se aplica por profesionales formados, con práctica habitual y dentro de un algoritmo definido. Su principal utilidad es acortar el tiempo hasta la decisión clínica, especialmente en entornos con presión asistencial o demora para la ecografía reglada. No obstante, una ecografía proximal negativa no tiene el mismo valor en todos los pacientes: si existe probabilidad clínica moderada o alta, síntomas persistentes o factores de riesgo relevantes, debe realizarse una ecografía de control en una semana. La implantación segura de esta técnica exige formación estructurada, registro adecuado, criterios claros de derivación y coordinación con los circuitos habituales de imagen. En este contexto, la ecografía clínica no sustituye de forma indiscriminada a la ecografía reglada, sino que complementa el proceso diagnóstico y puede mejorar la seguridad, la eficiencia y la calidad asistencial en urgencias.

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