Punción seca en el abordaje de la espasticidad: una revisión narrativa de la evidencia disponible

27 agosto 2026

 

AUTORES

  1. Andrés Martí Pellicer. Fisioterapeuta. Hospital Comarcal de Inca. Islas Baleares, España.
  2. Alicia Cítores Garrido. Fisioterapeuta. Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa. Zaragoza, España.
  3. Alicia Marijuán Moros. Fisioterapeuta. Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa. Zaragoza, España.
  4. Laura Mas Moreno. Fisioterapeuta. Hospital Nuestra Señora de Gracia. Zaragoza, España.
  5. Francisco Aranda Mangado. Fisioterapeuta. Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa. Zaragoza, España.

RESUMEN

La espasticidad es un trastorno motor frecuente asociado a lesiones del sistema nervioso central y constituye una manifestación común en diversas patologías neurológicas, como el ictus, la lesión medular, la esclerosis múltiple, la parálisis cerebral o el traumatismo craneoencefálico. La espasticidad produce rigidez muscular, limitación funcional y dolor, afectando significativamente a la autonomía del paciente y a su calidad de vida.

Entre las estrategias terapéuticas disponibles para su manejo se incluyen intervenciones farmacológicas, como la infiltración de toxina botulínica tipo A, así como diferentes abordajes rehabilitadores. En los últimos años, la punción seca (PS) ha comenzado a investigarse como una posible alternativa terapéutica para la reducción de la espasticidad muscular. Esta técnica mínimamente invasiva consiste en la inserción de una aguja fina en el tejido muscular sin la administración de sustancias, produciendo estímulos mecánicos y neurofisiológicos que pueden influir en la modulación del tono muscular.

El presente trabajo tiene como objetivo revisar y sintetizar la evidencia científica disponible sobre la efectividad de la punción seca en el tratamiento de la espasticidad. Los estudios publicados en los últimos años, incluyendo ensayos clínicos aleatorizados y revisiones sistemáticas, sugieren que la punción seca podría contribuir a la disminución de la espasticidad a corto plazo, mejorar el rango de movimiento articular y reducir la sensibilidad al dolor en pacientes con alteraciones neurológicas, especialmente tras ictus.

Aunque los resultados preliminares son prometedores, la evidencia disponible todavía es limitada y heterogénea en términos metodológicos. Por ello, se requieren estudios adicionales con diseños rigurosos que permitan confirmar la eficacia y seguridad de esta técnica dentro de los programas de rehabilitación multidisciplinar dirigidos al tratamiento de la espasticidad.

PALABRAS CLAVE

Espasticidad, punción seca, fisioterapia, rehabilitación neurológica, hipertonía muscular.

ABSTRACT

Spasticity is a common motor disorder associated with lesions of the central nervous system and is frequently observed in several neurological conditions such as stroke, spinal cord injury, multiple sclerosis, cerebral palsy, and traumatic brain injury. Spasticity leads to muscle stiffness, functional limitations, and pain, significantly affecting patient autonomy and quality of life.

Among the therapeutic strategies available for its management are pharmacological interventions, such as intramuscular injections of botulinum toxin type A, as well as different rehabilitation approaches. In recent years, dry needling (DN) has emerged as a potential therapeutic alternative for the treatment of muscle spasticity. This minimally invasive technique involves the insertion of a fine needle into muscle tissue without the injection of any substance, producing mechanical and neurophysiological effects that may influence muscle tone modulation.

The aim of this study is to review and synthesize the current scientific evidence regarding the effectiveness of dry needling in the treatment of spasticity. Recent studies, including randomized controlled trials and systematic reviews, suggest that dry needling may contribute to short-term reductions in spasticity, improvements in joint range of motion, and decreased pressure pain sensitivity in patients with neurological disorders, particularly after stroke.

Although preliminary findings are promising, the available evidence remains limited and methodologically heterogeneous. Further well-designed studies are needed to confirm the efficacy and safety of this technique within multidisciplinary rehabilitation programs for spasticity management.

KEY WORDS

Spasticity, dry needling, physiotherapy, neurological rehabilitation, muscle hypertonia.

DESARROLLO DEL TEMA

Dentro de las alteraciones musculares, la espasticidad es un trastorno motor que está presente con mucha frecuencia en la mayor parte de entidades patológicas neurológicas y neurodegenerativas. En 2023 la Sociedad Española de Rehabilitación y Medicina Física (SERMEF) inició una campaña de sensibilización de la espasticidad, pues afecta en España a uno de cada 1000 habitantes y aproximadamente a un total de 12 millones de personas en el mundo1, con gran impacto no solo en la salud, sino también en la calidad de vida del paciente y sus familiares y cuidadores.

La espasticidad es un trastorno motor asociado a lesiones en el sistema nervioso central que provocan distintos síndromes clínicos, como espasmos, clonus o hipertonía. La lesión de la motoneurona superior tiene efectos negativos significativos sobre la funcionalidad motriz y la calidad de vida. Debido a la hiperexcitabilidad del reflejo miotático y la desinhibición de la influencia cortical sobre los circuitos medulares el músculo o músculos afectados reaccionan con hipertonía y resistencia aumentada al estiramiento pasivo, dependiente además de la velocidad2.

Dependiendo de la enfermedad que pueda ocasionar espasticidad, la prevalencia de este síntoma puede variar notablemente. En el ictus, se estima que alrededor de un 38-40% de los pacientes tendrá algún grado de espasticidad3 y el 16% requerirá tratamiento. Esto será diferente dependiendo del tiempo transcurrido, y varía entre el 27% al mes y el 42,6% en la fase crónica (> 3 meses)4. En la lesión medular también hay cifras discordantes, pero se estima que un 40% de las personas con una lesión medular tendrá espasticidad. Sin embargo, los datos de los estudios varían entre un 40% y un 78%5. En la esclerosis múltiple, la espasticidad está presente en más del 80% de los pacientes en algún momento de la enfermedad6; en la parálisis cerebral, en el 72-91%7, y en el traumatismo craneoencefálico moderado-grave, hasta en el 63,4%8.

La espasticidad se manifiesta en numerosas patologías neurológicas, a veces de forma instantánea, aunque en otras ocasiones se manifiesta lentamente, alcanzando puntos máximos entre 1 y 4 meses después de un ictus9. Aunque el conocimiento de la prevalencia de la enfermedad nos permite tener una idea de la dimensión del problema, la realidad es que no se disponen de esos datos de manera precisa.

La espasticidad ocasiona rigidez muscular y, a veces, dolor. Esto puede afectar en las tareas más cotidianas, lo que, en definitiva, repercute en la capacidad de tener una vida independiente. La afectación de la neurona motora superior asocia signos clínicos exaltados (de hiperfunción) como la hiperreflexia, espasmos, clonías y espasticidad, junto a otros atenuados (de hipofunción) que incluyen pérdida de movimiento, de fuerza o de destreza10. Afecta a los músculos, limitando el movimiento de las articulaciones de las extremidades y sin el tratamiento adecuado, esta rigidez puede influir en la capacidad de caminar, vestirse, sentarse o levantarse en una silla, darse la vuelta en la cama o coger objetos con la mano, afectando a la calidad de vida. Si no se trata, rara vez la espasticidad disminuye y suele evolucionar a una mayor afectación.

Se han propuesto diversos abordajes terapéuticos para el manejo de la espasticidad muscular, siendo probablemente la infiltración intramuscular de toxina botulínica tipo A (BTX-A) uno de los más utilizados11. Se ha observado que la aplicación de BTX-A en pacientes que han sufrido un ictus se asocia con mejoras moderadas en el rendimiento de la extremidad superior12 y en la función y la espasticidad de las extremidades inferiores13.

Dado que muchos pacientes pueden presentar reacciones alérgicas, la Punción Seca (PS) se ha propuesto como una técnica alternativa para el tratamiento de la espasticidad muscular14. La bibliografía referente al estudio sobre la efectividad de la utilización de la PS en espasticidad es reciente y existen todavía resultados contradictorios, principalmente justificables por la metodología utilizada (si la punción era superficial o profunda) y la precisión de la técnica (muchos estudios no llevaban a cabo la PS ecoguiada dificultando así la efectividad real de la técnica). No obstante, diversos ensayos clínicos aleatorizados, metodología considerada gold standard, empiezan a arrojar resultados prometedores en la utilización de la PS profunda para tratar la espasticidad.

El creciente interés por esta técnica y la aparición de nuevos estudios clínicos han impulsado la necesidad de analizar de manera crítica la evidencia científica disponible. Por ello, el objetivo del presente trabajo es revisar y sintetizar la literatura existente sobre la efectividad de la punción seca en el tratamiento de la espasticidad en pacientes con patología neurológica.

La técnica de punción seca se define como una técnica mínimamente invasiva por la cual se introduce una aguja fina en el cuerpo sin inyectar sustancia alguna. Al no emplear ningún agente químico, se considera que es el estímulo mecánico producido por la aguja el que provoca un efecto físico sobre el organismo; por eso se trata de una técnica de fisioterapia invasiva. Cabe destacar que la PS no debe aplicarse nunca de manera aislada, sino combinada con otras técnicas de fisioterapia como estiramientos, técnicas manuales, movilizaciones, termoterapia, educación o combinada con técnicas de abordaje neurológico como concepto Bobath y facilitación neuromotriz.

Los mecanismos de acción de la PS son todavía desconocidos, pero se deduce que pueden ser de dos tipos15: por un lado, ejerce un efecto neurofisiológico al reducir la sensibilización central y periférica mediante la disminución de la nocicepción periférica y la modulación de la actividad en el asta dorsal medular. La inserción de la aguja activa fibras Aδ y C, así como distintas áreas cerebrales relacionadas con el procesamiento del dolor, evidenciando efectos a nivel periférico, espinal y supraespinal. Por otro lado, la PS produce un efecto mecánico asociado a la respuesta de espasmo local, que disminuye la concentración de sustancias nociceptivas, aumenta el pH16, favorece la hiperemia y mejora la hipoxia tisular, además de generar un estiramiento local que contribuye a normalizar la longitud de las sarcómeras acortadas.

Su utilización clínica está ampliamente aceptada en el síndrome de dolor miofascial como técnica directa sobre los puntos gatillo miofasciales (PGM), pero los autores científicos han comenzado a investigar su posible efectividad en el tratamiento de otras alteraciones musculares relacionadas con el aumento del tono basal, tal y como ocurre ante la presencia de espasticidad.

Existen cuatro revisiones sistemáticas, de los años 2020 y 2021, que recopilan los mejores ensayos clínicos aleatorizados (Level 1 RCTs) disponibles sobre la efectividad de la PS en el tratamiento de la espasticidad, eso sí, todas específicamente acotadas a pacientes post-ictus17-20. Todas coinciden en que la utilización de PS en el tratamiento de pacientes con espasticidad tiene una evidencia moderada y positiva: es una técnica efectiva en el abordaje de la espasticidad consiguiendo su disminución en el corto plazo, mejorar el rango de movimiento de las articulaciones afectadas y disminuir la sensibilidad al dolor por presión.

A pesar de estos hallazgos prometedores, los estudios disponibles presentan una considerable heterogeneidad metodológica. Las diferencias en los protocolos de intervención, en la selección de músculos tratados, en las medidas de resultado utilizadas y en el tamaño muestral de los estudios dificultan la comparación directa de los resultados y limitan la generalización de las conclusiones.

Otra revisión sistemática evaluó específicamente la seguridad de la técnica²¹. Aunque no identificó en la literatura motivos de preocupación en relación con la PS, señala que, al tratarse de la primera revisión bibliográfica centrada en este ámbito, la evidencia disponible sobre su seguridad en pacientes con espasticidad es todavía limitada. No obstante, su seguridad ya ha sido demostrada en otras poblaciones diana²², lo que permite plantear que su aplicación en pacientes con espasticidad no debería implicar riesgos adicionales, especialmente considerando que su efectividad ha sido documentada en numerosos estudios.

El objetivo global del tratamiento en pacientes con espasticidad es reducir el exceso de esta para evitar la aparición de deformidades y reducir las limitaciones funcionales secundarias23. Para cumplirlo, el tratamiento de la espasticidad requiere un abordaje multidisciplinar, por lo que el médico rehabilitador coordina un equipo formado por: fisioterapeutas, logopedas, terapeutas ocupacionales, neuropsicólogos, auxiliares de enfermería y personal de enfermería.

Para que el tratamiento fisioterapéutico en la espasticidad sea realmente efectivo, es esencial contar con programas bien estructurados y garantizar la participación activa tanto del paciente como de sus cuidadores. La implicación familiar y del equipo terapéutico contribuye a una mejor adherencia y optimización de los resultados. El fisioterapeuta no solo debe centrarse en preservar el equilibrio articular y muscular, sino también en mejorar la funcionalidad del paciente y prevenir complicaciones derivadas de la espasticidad, como el dolor. Un enfoque coordinado entre los distintos profesionales de salud es clave para potenciar los efectos del tratamiento y favorecer el desarrollo máximo de las capacidades funcionales del paciente. La fisioterapia ha demostrado ser eficaz en la reducción del tono muscular y en la ampliación de los rangos de movimiento, además de fortalecer los músculos débiles y mejorar la postura y la movilidad. Para lograr un impacto significativo, el tratamiento debe ser personalizado, ajustándose a las necesidades individuales y la rutina diaria del paciente. Así mismo, es fundamental que no se limite a sesiones puntuales, sino que se integre de forma continua en su entorno habitual, promoviendo así una recuperación más estable y efectiva.

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