Actualización del abordaje fisioterapéutico en la tortícolis muscular congénita: valoración y estrategias terapéuticas basadas en la evidencia

31 agosto 2026

 

AUTORES

  1. Esther Rodríguez Terradillos. Fisioterapeuta del Servicio Aragonés de Salud (Barbastro).
  2. Martín Blecua Udina. Fisioterapeuta del Servicio Aragonés de Salud (Barbastro).
  3. Minerva Sabás Saludas. Terapeuta ocupacional del Servicio Aragonés de Salud (Barbastro).
  4. Óscar Romeo Gracia. Enfermero del Servicio Aragonés de Salud (Huesca).
  5. Alejandro Blecua Udina. Enfermero del Servicio Aragonés de Salud (Huesca).
  6. Carmen Jaime Giménez. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud (Barbastro).

RESUMEN

La tortícolis muscular congénita (TMC) constituye una de las alteraciones musculoesqueléticas más frecuentes durante los primeros meses de vida y supone uno de los principales motivos de derivación a fisioterapia pediátrica. Se trata de una alteración caracterizada por una inclinación lateral de la cabeza hacia el lado afectado y una rotación cervical hacia el lado contralateral. Suele ocurrir como consecuencia del acortamiento o fibrosis del músculo esternocleidomastoideo (ECOM). Aunque su etiología continúa siendo motivo de debate, la evidencia científica señala que la identificación precoz y el inicio temprano del tratamiento fisioterapéutico se asocian con una recuperación más rápida, una menor duración del tratamiento y un menor riesgo de desarrollar plagiocefalia posicional o las asimetrías craneofaciales, las cuales son alteraciones secundarias¹.

El objetivo de este trabajo es revisar la evidencia científica actual sobre la fisioterapia en pacientes con tortícolis muscular congénita, especialmente en la valoración y en las principales estrategias de tratamiento empleadas.

Para ello se realizó una revisión bibliográfica narrativa mediante la consulta de las bases de datos PubMed/MEDLINE, PEDro, Cochrane Library y Scopus, seleccionando revisiones sistemáticas, guías de práctica clínica y estudios relacionados con la valoración y el tratamiento fisioterapéutico de esta patología.

Los estudios revisados muestran que el abordaje fisioterapéutico debe fundamentarse en una valoración integral del lactante e incluir un programa individualizado basado en educación familiar, posicionamiento terapéutico, estiramientos específicos, recuperación de la movilidad cervical, estimulación del movimiento activo y promoción de un desarrollo motor simétrico¹⁻³.

En definitiva, la fisioterapia constituye el tratamiento de elección en la tortícolis muscular congénita. La intervención precoz y la implicación activa de la familia representan dos de los factores con mayor influencia sobre el pronóstico, favoreciendo así la recuperación funcional y disminuyendo la necesidad de tratamientos invasivos posteriores¹.

PALABRAS CLAVE

Tortícolis muscular congénita, fisioterapia, lactante, rehabilitación, desarrollo infantil.

ABSTRACT

Congenital muscular torticollis (CMT) is one of the most common musculoskeletal disorders during infancy and represents a frequent reason for referral to pediatric physical therapy. It is characterized by ipsilateral head tilt and contralateral cervical rotation, generally resulting from shortening or fibrosis of the sternocleidomastoid muscle. Although its etiology remains controversial, current evidence indicates that early diagnosis and prompt physiotherapy intervention are associated with faster recovery, shorter treatment duration and a lower risk of secondary complications such as positional plagiocephaly and craniofacial asymmetry¹.

The aim of this review is to analyze the current scientific evidence regarding physiotherapeutic assessment and the main therapeutic strategies used in patients with congenital muscular torticollis.

A narrative literature review was conducted using PubMed/MEDLINE, PEDro, Cochrane Library and Scopus. Systematic reviews, clinical practice guidelines and original studies addressing physiotherapy assessment and treatment were included.

The available evidence suggests that physiotherapy management should be based on a comprehensive assessment of the infant and should include family education, therapeutic positioning, stretching exercises, restoration of cervical range of motion, active movement training and promotion of symmetrical motor development¹⁻³.

In conclusion, physiotherapy is considered the first-line treatment for congenital muscular torticollis. Early intervention and active family participation are key factors influencing prognosis, improving functional outcomes and reducing the need for invasive procedures¹.

KEY WORDS

Congenital muscular torticollis, physical therapy, infant, rehabilitation, child development.

INTRODUCCIÓN

La tortícolis muscular congénita (TMC) es una alteración musculoesquelética que se caracteriza por una posición anómala de la cabeza y el cuello secundaria, en la mayoría de los casos, a un acortamiento unilateral del músculo esternocleidomastoideo (ECOM)¹. En la clínica se manifiesta mediante una inclinación lateral de la cabeza hacia el lado afectado y una rotación cervical hacia el lado contrario, acompañadas de una limitación variable de la movilidad cervical activa y pasiva².

Se trata de una de las alteraciones ortopédicas más frecuentes durante la infancia, con una incidencia variable descrita en la literatura que oscila aproximadamente entre el 0,3 % y el 2 % de los recién nacidos vivos, aunque algunos estudios indican cifras superiores cuando se incluyen las formas leves o las preferencias posturales aisladas³. Las diferencias metodológicas entre los diversos estudios, así como la ausencia de criterios diagnósticos homogéneos, explican en parte esta variabilidad epidemiológica.

Durante años la TMC fue considerada una alteración exclusivamente muscular. Sin embargo, el conocimiento actual ha permitido comprender que sus repercusiones van más allá del acortamiento del ECOM. La persistencia de una posición cefálica asimétrica durante un periodo de rápido crecimiento puede condicionar modificaciones en el desarrollo craneofacial, alteraciones de la alineación corporal y cambios en la adquisición de determinados logros motores, especialmente cuando el diagnóstico o el tratamiento se retrasan¹,⁴.

La etiología es motivo de controversia. Entre las hipótesis más aceptadas se encuentran la restricción del espacio intrauterino, determinadas posiciones fetales mantenidas, los traumatismos obstétricos y la alteración del aporte vascular al músculo esternocleidomastoideo, que favorecería la aparición de fibrosis y pérdida de elasticidad²,⁵. No obstante, ningún mecanismo aislado explica todos los casos descritos, por lo que actualmente se considera que el origen de la TMC es multifactorial.

La valoración clínica de estos pacientes debe ir más allá de la exploración cervical. Además de cuantificar la limitación del rango de movimiento y valorar las características del músculo afectado, es igual de importante analizar el desarrollo motor, el control cefálico, la simetría postural y la posible presencia de deformidades craneales asociadas. Este enfoque integral permite establecer un plan terapéutico individualizado y detectar precozmente aquellos pacientes que pueden requerir un seguimiento más estrecho¹.

En la actualidad existe un amplio consenso en considerar la fisioterapia como el tratamiento conservador de primera elección¹. Diversos estudios han demostrado que el inicio precoz en el tratamiento de la intervención, preferiblemente durante los primeros meses de vida, reduce significativamente el tiempo necesario para alcanzar la resolución clínica y disminuye la probabilidad de recurrir a procedimientos más invasivos, como la infiltración con toxina botulínica o la cirugía¹,⁶.

El abordaje fisioterapéutico en la actualidad ha evolucionado de un modelo centrado exclusivamente en los estiramientos pasivos hacia una intervención más global, en la que adquieren especial relevancia la educación familiar, la estimulación del movimiento activo, el posicionamiento terapéutico, la promoción del desarrollo motor y la participación de los cuidadores durante todo el proceso rehabilitador². Este cambio de enfoque es debido a la creciente evidencia que demuestra que la recuperación funcional depende tanto de la normalización de la movilidad cervical como de la adquisición de patrones motores simétricos durante el desarrollo del lactante.

En este contexto, resulta de interés revisar la evidencia científica más reciente sobre la valoración y el tratamiento fisioterapéutico de la tortícolis muscular congénita, para poder agrupar las recomendaciones actuales y ofrecer una visión actualizada que pueda servir de apoyo a la práctica clínica diaria.

OBJETIVO

El objetivo de la presente revisión narrativa es analizar la evidencia científica disponible acerca de la valoración de fisioterapia y de las principales estrategias de intervención centradas en el tratamiento de la tortícolis muscular congénita, haciendo especial hincapié en la importancia del diagnóstico precoz, la individualización del tratamiento y la participación de la familia durante el proceso rehabilitador.

Como objetivos específicos se plantean:

  • Describir las principales características clínicas y fisiopatológicas de la tortícolis muscular congénita.
  • Revisar las herramientas de valoración utilizadas en fisioterapia pediátrica.
  • Analizar las intervenciones fisioterapéuticas con mayor respaldo científico.
  • Identificar los factores pronósticos relacionados con la evolución clínica y la recuperación funcional del paciente.

METODOLOGÍA

Se realizó una revisión bibliográfica narrativa con el objetivo de recopilar y analizar la evidencia científica disponible más relevante sobre la valoración y el tratamiento fisioterapéutico de la tortícolis muscular congénita.

La búsqueda bibliográfica se llevó a cabo mediante la consulta de las bases de datos PubMed/MEDLINE, PEDro, Cochrane Library y Scopus, por tratarse de las principales fuentes de información científica relacionadas con las ciencias de la salud y la fisioterapia.

Para la estrategia de búsqueda se emplearon los términos indexados en Medical Subject Headings (MeSH): Congenital Muscular Torticollis, Physical Therapy Modalities, Physical Therapy Specialty, Infant, Rehabilitation, Exercise Therapy y Range of Motion, Articular, combinados mediante los operadores booleanos AND y OR.

Como criterios de inclusión se seleccionaron revisiones sistemáticas, guías de práctica clínica, ensayos clínicos, estudios observacionales y documentos de consenso publicados preferentemente durante los últimos quince años, escritos en inglés o español y centrados en la evaluación o el tratamiento fisioterapéutico de la tortícolis muscular congénita.

Se excluyeron aquellos trabajos orientados y relacionados con tortícolis de origen neurológico, traumático, inflamatorio u ocular, así como estudios en los que la intervención fisioterapéutica no constituyera el objetivo principal o cuya información disponible fuera insuficiente para llevar a cabo su análisis.

Tras la revisión crítica de la literatura, se seleccionaron los estudios considerados de mayor calidad metodológica y relevancia clínica para la elaboración del presente trabajo, priorizando las guías de práctica clínica y las revisiones sistemáticas por su mayor nivel de evidencia científica¹⁻³.

DESARROLLO

Etiología y fisiopatología:

La tortícolis muscular congénita es una alteración del sistema musculoesquelético cuya etiología continúa siendo motivo de debate. Aunque clásicamente se ha atribuido a una lesión localizada del músculo esternocleidomastoideo, actualmente se acepta que su origen es multifactorial y que probablemente intervienen diversos factores mecánicos, vasculares y perinatales².

Entre las hipótesis etiopatogénicas más ampliamente aceptadas se encuentra la teoría de la restricción intrauterina. Según esta propuesta, determinadas posiciones fetales mantenidas durante las últimas semanas de gestación podrían generar una compresión prolongada sobre el músculo esternocleidomastoideo, favoreciendo su acortamiento y limitando el desarrollo normal de sus fibras musculares⁴. Esta teoría se ve reforzada por la mayor incidencia descrita en embarazos múltiples, fetos de gran tamaño y presentaciones anómalas, situaciones en las que el espacio intrauterino disponible puede verse reducido.

Otra de las teorías plantea que determinados acontecimientos ocurridos durante el parto, especialmente aquellos relacionados con partos instrumentados, distócicos o de larga duración, podrían ocasionar una lesión muscular localizada que evolucionaría posteriormente hacia un proceso de fibrosis. Sin embargo, numerosos pacientes diagnosticados de tortícolis muscular congénita presentan antecedentes obstétricos completamente normales, lo que sugiere que el traumatismo obstétrico no constituye una explicación suficiente para todos los casos descritos².

La hipótesis vascular propone que una disminución transitoria del aporte sanguíneo al músculo esternocleidomastoideo produciría fenómenos de isquemia muscular seguidos de necrosis focal y fibrosis reparativa. Esta alteración estructural explicaría la aparición del denominado pseudotumor del esternocleidomastoideo, una masa fusiforme palpable que suele detectarse durante las primeras semanas de vida y que, en la mayoría de los casos, desaparece progresivamente con el tiempo⁵.

Desde un punto de vista histológico, diferentes estudios han demostrado la sustitución parcial de las fibras musculares normales por tejido conectivo rico en colágeno, acompañado de una disminución de la elasticidad muscular y de modificaciones en la organización de las fibras musculares². Estas alteraciones condicionan la pérdida de extensibilidad del músculo y justifican la limitación del rango articular observada clínicamente.

Las consecuencias biomecánicas derivadas del acortamiento unilateral del músculo esternocleidomastoideo resultan fácilmente comprensibles si se analiza la función anatómica de dicho músculo. Cuando el ECOM se contrae de forma unilateral produce una inclinación lateral de la cabeza hacia el mismo lado y una rotación hacia el lado contralateral. En presencia de un acortamiento permanente, esta posición deja de ser un movimiento fisiológico para convertirse en una postura mantenida que condiciona la alineación de toda la región cervical⁶.

No obstante, las repercusiones de la TMC trascienden la propia columna cervical. Durante los primeros meses de vida el sistema nervioso central se encuentra en una fase de extraordinaria plasticidad y el desarrollo motor depende, en gran medida, de la posibilidad de explorar el entorno mediante movimientos variados y simétricos. La persistencia de una posición cefálica preferente puede modificar la información propioceptiva, vestibular y visual recibida por el lactante, favoreciendo la aparición de patrones motores compensatorios y limitando la adquisición de determinadas habilidades motrices⁷.

Entre las alteraciones secundarias más frecuentemente asociadas destacan la plagiocefalia posicional, las asimetrías faciales, la elevación del hombro ipsilateral, las alteraciones de la alineación escapular y, en casos mantenidos, modificaciones compensatorias en la columna vertebral y el tronco¹. Aunque muchas de estas alteraciones son reversibles cuando el tratamiento se inicia de forma precoz, su persistencia puede dificultar la recuperación funcional y prolongar el tiempo necesario para alcanzar una alineación postural adecuada.

En los últimos años también ha aumentado el interés por estudiar la relación entre la tortícolis muscular congénita y el desarrollo psicomotor. Diversos trabajos han observado que algunos lactantes con limitaciones cervicales importantes pueden presentar retrasos transitorios en la adquisición de determinados hitos motores, especialmente durante el primer año de vida⁷. No obstante, la mayoría de estos retrasos parecen resolverse cuando el tratamiento fisioterapéutico consigue restaurar la movilidad cervical y favorecer un desarrollo motor simétrico, por lo que actualmente se considera que la detección y la intervención precoces desempeñan un papel fundamental en el pronóstico.

A la luz de la evidencia disponible, la tortícolis muscular congénita debe entenderse como una alteración funcional compleja que afecta no solo al músculo esternocleidomastoideo, sino también al desarrollo postural y motor del lactante. Esta concepción justifica la necesidad de realizar una valoración fisioterapéutica integral y de diseñar programas de tratamiento dirigidos tanto a recuperar la movilidad cervical como a favorecer el desarrollo global del niño.

Valoración fisioterapéutica:

La valoración fisioterapéutica constituye el punto de partida para establecer un diagnóstico funcional, determinar la gravedad de la afectación y diseñar un plan de tratamiento individualizado. Además de confirmar la presencia de las características clínicas propias de la tortícolis muscular congénita, debe permitir identificar posibles alteraciones asociadas que puedan condicionar la evolución del paciente o requerir la derivación a otros profesionales sanitarios¹.

Las guías de práctica clínica recomiendan realizar una valoración integral del lactante, considerando no solo la movilidad cervical, sino también el desarrollo motor, la simetría corporal, la presencia de deformidades craneales y la participación de la familia en el tratamiento¹.

Anamnesis:

La evaluación comienza con una entrevista dirigida a los padres o cuidadores, en la que se recogen antecedentes obstétricos, perinatales y familiares que puedan aportar información relevante para el diagnóstico.

Entre los aspectos que deben investigarse destacan:

  • Edad del lactante en el momento de la valoración.
  • Momento en el que los padres detectaron la inclinación de la cabeza.
  • Evolución de la sintomatología.
  • Tipo de parto (eutócico, instrumentado o cesárea).
  • Presentación fetal.
  • Embarazo múltiple.
  • Antecedentes de restricción del crecimiento intrauterino.
  • Presencia de complicaciones durante la gestación o el parto.
  • Tratamientos realizados previamente.

Asimismo, resulta conveniente conocer las rutinas habituales del niño, incluyendo las posiciones en las que permanece durante más tiempo, la tolerancia al decúbito prono, las preferencias durante la alimentación o el sueño y el grado de participación espontánea en el movimiento activo.

Observación clínica:

La inspección constituye uno de los elementos fundamentales de la exploración.

Debe realizarse con el lactante en diferentes posiciones (decúbito supino, decúbito prono, sedestación asistida y durante el manejo por parte de los cuidadores), observando la alineación espontánea de la cabeza, el cuello y el tronco.

Los principales aspectos que deben valorarse son:

  • Inclinación lateral de la cabeza.
  • Rotación cervical espontánea.
  • Posición de ambos hombros.
  • Simetría facial.
  • Presencia de deformidades craneales.
  • Alineación del tronco.
  • Preferencia por mirar siempre hacia el mismo lado.

También es recomendable observar la calidad del movimiento espontáneo, ya que algunos lactantes muestran una limitación evidente únicamente durante actividades funcionales y no durante la exploración pasiva.

Exploración del rango de movimiento cervical:

La cuantificación del rango articular constituye uno de los principales indicadores de gravedad y permite monitorizar objetivamente la evolución del tratamiento.

Debe evaluarse tanto la movilidad activa como la pasiva.

La exploración incluye:

  • Rotación cervical hacia ambos lados.
  • Inclinación lateral derecha e izquierda.
  • Calidad del movimiento.
  • Presencia de resistencia al final del recorrido.
  • Aparición de compensaciones durante la movilización.

Siempre que sea posible, la medición debe realizarse mediante instrumentos objetivos como el goniómetro o el artrodial, aunque en la práctica clínica también puede utilizarse la estimación visual cuando no se dispone de dispositivos específicos².

Las guías de práctica clínica recomiendan registrar sistemáticamente las diferencias entre ambos lados para facilitar el seguimiento evolutivo y valorar la respuesta al tratamiento¹.

Valoración del músculo esternocleidomastoideo:

La palpación del ECOM proporciona información relevante sobre las características del tejido muscular y permite detectar la presencia de fibrosis o de una masa muscular palpable.

Durante la exploración deben valorarse:

  • Grosor muscular.
  • Elasticidad.
  • Consistencia del tejido.
  • Presencia de dolor durante la palpación.
  • Existencia de pseudotumor del esternocleidomastoideo.

En algunos casos puede apreciarse una masa fusiforme bien delimitada durante las primeras semanas de vida, cuya evolución suele ser favorable con tratamiento conservador³.

La exploración debe realizarse con especial delicadeza para evitar molestias innecesarias al lactante y favorecer su colaboración durante el resto de la valoración.

Valoración del desarrollo motor:

Uno de los aspectos que más relevancia ha adquirido en los últimos años es la evaluación del desarrollo motor global.

La evidencia científica demuestra que las alteraciones mantenidas de la movilidad cervical pueden influir en la adquisición de determinados hitos motores, especialmente durante el primer año de vida⁴.

Por este motivo, la valoración fisioterapéutica debe incluir el análisis de aspectos como:

  • Control cefálico.
  • Simetría de movimientos.
  • Apoyo sobre ambos miembros superiores en decúbito prono.
  • Capacidad para realizar giros.
  • Reacciones de enderezamiento.
  • Reacciones de equilibrio acordes a la edad.
  • Desarrollo de la sedestación.
  • Inicio del gateo, cuando corresponda.

Más que buscar retrasos aislados, el objetivo consiste en identificar posibles estrategias compensatorias que puedan mantenerse durante el crecimiento si no se corrigen de forma precoz.

Valoración de la plagiocefalia y de las asimetrías craneofaciales:

La relación entre la tortícolis muscular congénita y la plagiocefalia posicional está ampliamente documentada¹.

La limitación mantenida de la movilidad cervical favorece que el lactante apoye repetidamente la misma región del cráneo sobre superficies rígidas, aumentando el riesgo de deformidad craneal.

Durante la exploración deben observarse:

  • Aplanamiento occipital.
  • Asimetría frontal.
  • Desplazamiento anterior de una de las orejas.
  • Asimetría facial.
  • Alteraciones en la alineación mandibular.

Cuando la deformidad craneal es importante o genera dudas diagnósticas, puede ser necesaria la valoración conjunta con pediatría, neurocirugía o cirugía maxilofacial, según los protocolos de cada centro.

Escalas de valoración:

El empleo de instrumentos estandarizados permite objetivar la gravedad inicial y monitorizar la evolución clínica.

Entre las herramientas más utilizadas destacan:

Muscle Function Scale (MFS)

Evalúa la capacidad del lactante para mantener la cabeza alineada respecto al tronco durante la inclinación lateral. Presenta buena fiabilidad interobservador y constituye una herramienta útil para valorar la función de la musculatura cervical lateral⁵.

Congenital Muscular Torticollis Severity Classification:

Clasifica la gravedad de la TMC considerando la edad del paciente, el grado de limitación cervical y la presencia de masa muscular. Esta clasificación facilita la planificación del tratamiento y permite estimar el tiempo aproximado de recuperación¹.

Aunque estas escalas aportan información objetiva, ninguna de ellas debe sustituir al razonamiento clínico del fisioterapeuta. Su utilización debe entenderse como un complemento dentro de una valoración global que contemple tanto la movilidad cervical como el desarrollo funcional del lactante.

Diagnóstico diferencial:

Antes de iniciar el tratamiento es imprescindible descartar otras patologías que puedan manifestarse con una inclinación cefálica similar.

Entre los principales diagnósticos diferenciales se encuentran:

  • Tortícolis de origen ocular.
  • Malformaciones vertebrales cervicales.
  • Síndrome de Klippel-Feil.
  • Hemivértebras cervicales.
  • Alteraciones neurológicas centrales o periféricas.
  • Tumores de la fosa posterior.
  • Infecciones cervicales.
  • Traumatismos.
  • Reflujo gastroesofágico asociado al síndrome de Sandifer.

La presencia de signos de alarma como dolor intenso, limitación cervical brusca, alteraciones neurológicas, ausencia de mejoría con el tratamiento o aparición tardía de la sintomatología debe motivar la derivación médica para ampliar el estudio diagnóstico¹.

Tratamiento fisioterapéutico:

La fisioterapia constituye el tratamiento conservador de elección en la tortícolis muscular congénita y presenta elevados porcentajes de éxito cuando se inicia de forma precoz¹. La evidencia científica demuestra que los lactantes tratados durante los primeros meses de vida requieren un menor tiempo de intervención y presentan una recuperación funcional más rápida que aquellos cuyo tratamiento comienza de forma tardía¹,².

El objetivo del tratamiento no consiste únicamente en recuperar el rango de movimiento cervical, sino también en favorecer el desarrollo motor normal, prevenir deformidades secundarias y promover la adquisición de patrones posturales simétricos.

Las guías de práctica clínica recomiendan que la intervención combine diferentes estrategias terapéuticas, adaptándolas a las características individuales de cada paciente, su edad, la gravedad de la afectación y el grado de implicación familiar¹.

Educación familiar:

La educación de los padres o cuidadores constituye uno de los pilares fundamentales del tratamiento. Debido a que el lactante permanece la mayor parte del tiempo en su entorno familiar, el éxito del abordaje depende en gran medida de la correcta aplicación de las recomendaciones domiciliarias.

Durante las primeras sesiones resulta imprescindible explicar de forma sencilla la naturaleza de la patología, los objetivos del tratamiento y la importancia de realizar las actividades recomendadas de forma constante. Esta información contribuye a mejorar la adherencia terapéutica, disminuye la ansiedad familiar y favorece una participación activa durante todo el proceso rehabilitador³.

Los padres deben recibir instrucciones individualizadas sobre la forma correcta de manipular al lactante, estimular el movimiento hacia el lado limitado e integrar los ejercicios dentro de las actividades habituales de alimentación, juego, higiene o descanso.

La evidencia disponible señala que la combinación del tratamiento realizado en consulta con un programa domiciliario supervisado obtiene mejores resultados que la intervención clínica aislada¹.

Posicionamiento terapéutico:

El posicionamiento constituye una estrategia sencilla y de gran utilidad durante los primeros meses de vida. Su objetivo es disminuir la tendencia del lactante a mantener siempre la misma orientación cefálica y favorecer la exploración espontánea hacia el lado con menor movilidad.

Las recomendaciones deben adaptarse a cada caso, aunque habitualmente incluyen:

  • Alternar la orientación del lactante dentro de la cuna para favorecer que gire la cabeza hacia el lado restringido.
  • Colocar juguetes, luces o estímulos sonoros en el lado de menor movilidad.
  • Modificar la posición del cuidador durante la alimentación para estimular la rotación cervical activa.
  • Alternar el brazo utilizado para sostener al niño durante el transporte.
  • Evitar mantener durante periodos prolongados dispositivos de retención, como hamacas, portabebés o sillas infantiles, cuando limiten el movimiento espontáneo de la cabeza.

Estas modificaciones ambientales permiten aumentar el número de movimientos activos realizados por el lactante sin necesidad de convertir todas las actividades en ejercicios estructurados.

Estiramientos musculares:

Los estiramientos específicos del músculo esternocleidomastoideo continúan siendo una de las intervenciones con mayor respaldo científico¹.

Su finalidad es recuperar progresivamente la longitud muscular, mejorar el rango articular cervical y disminuir las limitaciones funcionales derivadas del acortamiento del músculo.

Los movimientos empleados dependerán del lado afectado, aunque generalmente incluyen la combinación de:

  • Inclinación cervical hacia el lado sano.
  • Rotación cervical hacia el lado afectado.
  • Mantenimiento de la posición durante un tiempo determinado, evitando maniobras bruscas o dolorosas.

Actualmente existe consenso en que los estiramientos deben realizarse de forma suave, progresiva y respetando en todo momento la tolerancia del lactante. Las movilizaciones forzadas o excesivamente dolorosas no han demostrado mejores resultados y pueden dificultar la colaboración del niño y de la familia¹.

La frecuencia de los estiramientos debe individualizarse según las características clínicas del paciente y la capacidad de los cuidadores para integrarlos dentro de la rutina diaria.

Recuperación de la movilidad activa:

La recuperación del rango articular pasivo no garantiza por sí sola una función cervical normal. Por este motivo, el tratamiento debe incluir actividades dirigidas a favorecer el movimiento activo y el control voluntario de la cabeza.

Las estrategias más utilizadas consisten en estimular visualmente al lactante mediante juguetes, voces o estímulos luminosos colocados hacia el lado limitado, promoviendo que sea el propio niño quien realice el movimiento de rotación o inclinación.

Estas actividades presentan la ventaja de integrarse fácilmente en el juego, aumentando la participación del lactante y favoreciendo el aprendizaje motor.

Además, el trabajo activo contribuye al fortalecimiento de la musculatura cervical y facilita la incorporación de los nuevos rangos articulares dentro de los patrones motores habituales.

Desarrollo motor y estimulación funcional:

En los últimos años el tratamiento fisioterapéutico ha evolucionado desde un enfoque centrado exclusivamente en el esternocleidomastoideo hacia una visión más global del desarrollo infantil¹.

Actualmente se considera que la intervención debe favorecer la adquisición de habilidades motoras acordes con la edad, prestando especial atención a la simetría de los movimientos y a la calidad del control postural.

Entre las actividades habitualmente utilizadas destacan:

  • Trabajo en decúbito prono supervisado (tummy time).
  • Estimulación del apoyo simétrico sobre ambos miembros superiores.
  • Facilitación del control cefálico.
  • Entrenamiento de las reacciones de enderezamiento.
  • Estimulación de los giros.
  • Favorecimiento de la sedestación cuando corresponde al desarrollo evolutivo.
  • Actividades orientadas al gateo y a la transición entre posturas.

El denominado tummy time merece una consideración especial, ya que numerosos estudios han demostrado sus beneficios tanto sobre el fortalecimiento de la musculatura extensora como sobre la prevención de la plagiocefalia posicional⁴.

No obstante, estas actividades deben adaptarse siempre a la edad y al nivel madurativo del lactante, evitando plantear objetivos motores para los que todavía no se encuentre preparado.

Terapia manual:

Dentro de la práctica clínica pueden emplearse diferentes técnicas manuales como complemento del tratamiento convencional.

Entre ellas se describen movilizaciones de tejidos blandos, técnicas miofasciales, masaje terapéutico y movilizaciones articulares suaves de la región cervical.

Sin embargo, la evidencia científica disponible continúa siendo limitada respecto al beneficio específico de estas intervenciones cuando se comparan con programas basados en educación familiar, estiramientos y ejercicio terapéutico².

Por este motivo, las guías de práctica clínica recomiendan que estas técnicas no constituyan el tratamiento principal, sino un recurso complementario dentro de un programa de intervención más amplio¹.

Plagiocefalia asociada:

La plagiocefalia posicional constituye una de las alteraciones más frecuentemente asociadas a la tortícolis muscular congénita.

La limitación mantenida de la movilidad cervical favorece el apoyo repetido sobre la misma región occipital, pudiendo producir deformidades progresivas del cráneo durante los primeros meses de vida⁵.

El tratamiento fisioterapéutico debe orientarse a corregir la causa que origina la preferencia postural mediante la recuperación de la movilidad cervical y la modificación de las posiciones mantenidas.

Entre las medidas más recomendadas se incluyen:

  • Incrementar el tiempo en decúbito prono supervisado.
  • Variar la orientación cefálica durante el descanso.
  • Favorecer cambios frecuentes de posición.
  • Estimular la rotación activa hacia ambos lados.
  • Reducir el tiempo prolongado en sistemas de retención.

Cuando la deformidad craneal es moderada o grave, o no muestra mejoría con las medidas conservadoras, puede ser necesaria la valoración conjunta por otros especialistas para considerar tratamientos complementarios, como la ortesis craneal.

Frecuencia y duración del tratamiento

La duración del tratamiento depende de múltiples factores, entre ellos la edad de inicio, la gravedad de la limitación cervical, la presencia de fibrosis muscular, el grado de afectación funcional y la adherencia al programa domiciliario.

Los lactantes que inician fisioterapia durante el primer mes de vida suelen alcanzar la resolución clínica en un periodo considerablemente más corto que aquellos diagnosticados después de los seis meses¹.

Por ello, las revisiones más recientes insisten en la necesidad de establecer circuitos asistenciales que permitan la derivación precoz desde atención primaria, pediatría y neonatología hacia los servicios de fisioterapia pediátrica.

Asimismo, resulta recomendable realizar reevaluaciones periódicas para comprobar la evolución del rango de movimiento, la simetría postural y el desarrollo motor, adaptando el tratamiento a las necesidades de cada paciente.

Factores pronósticos y evolución clínica:

La evolución clínica de la tortícolis muscular congénita depende de múltiples factores relacionados tanto con las características del paciente como con el momento de inicio del tratamiento y la adherencia al programa terapéutico. Aunque la mayoría de los lactantes presentan una evolución favorable mediante tratamiento conservador, la duración del proceso rehabilitador puede variar considerablemente entre unos casos y otros¹.

La edad en el momento del diagnóstico constituye el principal factor pronóstico descrito en la literatura. Diversos estudios han demostrado que los niños tratados durante el primer mes de vida alcanzan la recuperación funcional completa en un periodo significativamente más corto que aquellos cuya intervención comienza varios meses después¹,². Este hecho pone de manifiesto la importancia de la detección precoz por parte de pediatras, matronas y otros profesionales implicados en el seguimiento del recién nacido.

Otro factor estrechamente relacionado con el pronóstico es la gravedad inicial de la afectación. Los pacientes que presentan una limitación importante del rango de movimiento cervical, una masa palpable en el músculo esternocleidomastoideo o signos evidentes de fibrosis suelen requerir programas de tratamiento más prolongados que aquellos con formas clínicas leves¹.

La presencia de alteraciones asociadas, especialmente plagiocefalia posicional, asimetrías craneofaciales o retrasos en la adquisición de determinados hitos motores, también puede influir en la evolución clínica y aumentar la complejidad del abordaje terapéutico³. En estos casos resulta especialmente importante realizar un seguimiento periódico que permita adaptar los objetivos del tratamiento a la evolución del paciente.

La implicación de la familia constituye otro de los factores pronósticos más relevantes. La realización correcta y continuada de las recomendaciones domiciliarias, junto con la asistencia regular a las sesiones de fisioterapia, favorece una recuperación más rápida y disminuye el riesgo de persistencia de limitaciones funcionales¹. Por el contrario, la baja adherencia al tratamiento puede prolongar el tiempo necesario para alcanzar los objetivos terapéuticos y reducir la eficacia de la intervención.

En la mayoría de los pacientes, el tratamiento conservador permite recuperar progresivamente la movilidad cervical y corregir la postura anómala de la cabeza. No obstante, un pequeño porcentaje de casos presenta una respuesta insuficiente a pesar de haber recibido un tratamiento fisioterapéutico adecuado. En estas situaciones puede valorarse la utilización de otras alternativas terapéuticas, como la infiltración de toxina botulínica o el tratamiento quirúrgico, especialmente cuando persiste una limitación funcional importante tras completar el crecimiento inicial del lactante⁴.

En conjunto, la evidencia científica disponible respalda que el pronóstico de la tortícolis muscular congénita es generalmente favorable cuando el diagnóstico y la intervención se realizan de forma precoz, siendo excepcionales los casos que precisan procedimientos invasivos¹.

DISCUSIÓN

La presente revisión pone de manifiesto que la fisioterapia continúa siendo el tratamiento conservador de referencia para la tortícolis muscular congénita, existiendo un elevado grado de consenso entre las principales guías de práctica clínica y las revisiones sistemáticas publicadas durante los últimos años¹,⁵.

Uno de los aspectos más relevantes identificados es el cambio progresivo en la concepción del tratamiento. Mientras que los primeros programas de intervención se centraban fundamentalmente en el estiramiento pasivo del músculo esternocleidomastoideo, la evidencia actual propone un abordaje mucho más amplio, orientado a favorecer el desarrollo motor global del lactante, la recuperación de la movilidad activa y la participación constante de la familia durante todo el proceso terapéutico¹.

Este cambio resulta especialmente importante si se considera que la limitación cervical no constituye únicamente una alteración localizada del músculo afectado, sino que puede influir sobre la organización postural, el control cefálico y la adquisición de patrones motores durante una etapa de gran plasticidad del sistema nervioso⁶. En consecuencia, el éxito del tratamiento no debe valorarse exclusivamente mediante la recuperación del rango de movimiento, sino también a través de la normalización de la función motora y de la simetría corporal.

Las recomendaciones actuales insisten en la necesidad de realizar una valoración fisioterapéutica integral que incluya tanto la exploración musculoesquelética como la observación del desarrollo motor y la detección precoz de posibles alteraciones asociadas. Este enfoque permite identificar factores que podrían modificar el pronóstico y facilita la elaboración de programas de tratamiento individualizados¹.

La educación de los padres representa otro de los elementos con mayor impacto clínico. La mayoría de las intervenciones recomendadas deben repetirse varias veces al día e integrarse dentro de las actividades habituales del lactante. Por este motivo, el fisioterapeuta no solo actúa como terapeuta, sino también como educador, proporcionando a la familia los conocimientos y las habilidades necesarias para continuar el tratamiento fuera del entorno sanitario. Diversos estudios han señalado que una adecuada adherencia al programa domiciliario se asocia con una reducción significativa del tiempo necesario para alcanzar la recuperación funcional².

Respecto a las diferentes técnicas terapéuticas, la evidencia disponible continúa respaldando el uso combinado de estiramientos específicos, posicionamiento terapéutico, ejercicios activos y estimulación del desarrollo motor¹. Sin embargo, la utilidad de algunas intervenciones complementarias, como determinadas técnicas de terapia manual o de liberación miofascial, continúa siendo objeto de debate debido a la limitada calidad metodológica de los estudios disponibles⁵. Esto pone de manifiesto la necesidad de interpretar sus resultados con prudencia y priorizar aquellas estrategias respaldadas por un mayor nivel de evidencia científica.

A pesar del creciente número de publicaciones sobre esta patología, todavía existen aspectos que requieren mayor investigación. Persisten diferencias entre estudios respecto a la intensidad óptima del tratamiento, la frecuencia de las sesiones, el número de repeticiones de los estiramientos o el momento más adecuado para introducir determinadas actividades funcionales. Del mismo modo, sería conveniente disponer de ensayos clínicos con metodologías más homogéneas que permitan comparar de forma directa las distintas modalidades de intervención.

Entre las limitaciones de la presente revisión debe señalarse que se trata de una revisión narrativa y no de una revisión sistemática. En consecuencia, aunque se ha realizado una búsqueda bibliográfica amplia y se han priorizado estudios de elevada calidad metodológica, la selección de la evidencia no siguió un protocolo sistemático de evaluación del riesgo de sesgo. No obstante, la inclusión de guías de práctica clínica, revisiones sistemáticas y estudios ampliamente citados permite ofrecer una visión actualizada y clínicamente útil sobre el abordaje fisioterapéutico de la tortícolis muscular congénita.

CONCLUSIONES

La tortícolis muscular congénita constituye una de las alteraciones musculoesqueléticas más frecuentes durante la infancia y representa un motivo habitual de derivación a los servicios de fisioterapia pediátrica.

La evidencia científica disponible respalda la fisioterapia como tratamiento conservador de primera elección, especialmente cuando la intervención se inicia durante los primeros meses de vida. La detección precoz permite reducir la duración del tratamiento, favorecer una recuperación funcional más rápida y disminuir el riesgo de desarrollar alteraciones secundarias, como la plagiocefalia posicional o las asimetrías craneofaciales.

El abordaje fisioterapéutico debe fundamentarse en una valoración integral del lactante, contemplando tanto la exploración musculoesquelética como el análisis del desarrollo motor y de la función postural. Asimismo, el tratamiento debe combinar diferentes estrategias terapéuticas, entre las que destacan la educación familiar, el posicionamiento terapéutico, los estiramientos específicos, la recuperación del movimiento activo y la estimulación del desarrollo motor.

La participación activa de la familia constituye un elemento imprescindible para el éxito del tratamiento, ya que permite trasladar los objetivos terapéuticos al entorno cotidiano del niño y favorecer la continuidad de la intervención entre las sesiones de fisioterapia.

Finalmente, aunque la mayoría de los pacientes presentan una evolución favorable con tratamiento conservador, resulta necesario continuar desarrollando estudios de alta calidad metodológica que permitan optimizar los protocolos de intervención y reforzar la evidencia disponible sobre las diferentes estrategias fisioterapéuticas.

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ANEXOS

Anexo 1. Principales componentes de la valoración fisioterapéutica en la tortícolis muscular congénita

Área de valoración Aspectos a evaluar Relevancia clínica
Anamnesis Antecedentes obstétricos, perinatales y evolución clínica Identificación de factores de riesgo
Observación clínica Inclinación cefálica, rotación espontánea, alineación corporal Detección de asimetrías posturales
Movilidad cervical Rotación e inclinación activa y pasiva Cuantificación de la limitación funcional
Músculo esternocleidomastoideo Elasticidad, longitud, fibrosis, masa palpable Determinación de la gravedad
Desarrollo motor Control cefálico, giros, sedestación, simetría motora Valoración funcional global
Cráneo y cara Plagiocefalia, asimetrías faciales Detección de complicaciones asociadas
Escalas funcionales Muscle Function Scale y clasificación de gravedad Seguimiento evolutivo

Anexo 2. Principales intervenciones fisioterapéuticas y objetivos terapéuticos

Intervención Objetivo principal Evidencia actual
Educación familiar Favorecer la adherencia al tratamiento Muy alta
Posicionamiento terapéutico Reducir preferencias posturales Alta
Estiramientos del ECOM Recuperar la longitud muscular Muy alta
Movilización cervical Mejorar el rango articular Alta
Ejercicio activo Favorecer el control motor Muy alta
Desarrollo motor Promover patrones motores simétricos Muy alta
Tummy time Fortalecer musculatura extensora y prevenir plagiocefalia Alta
Terapia manual Complementar el tratamiento Evidencia limitada

Anexo 3. Factores asociados a un mejor o peor pronóstico

Factores de buen pronóstico Factores de peor pronóstico
Inicio del tratamiento antes de los 3 meses Inicio tardío del tratamiento
Escasa limitación cervical inicial Restricción importante del rango articular
Ausencia de fibrosis significativa Fibrosis marcada del ECOM
Buena adherencia familiar Escasa realización del programa domiciliario
Ausencia de plagiocefalia importante Asimetrías craneales severas
Seguimiento periódico Abandono precoz del tratamiento

Anexo 4. Algoritmo de actuación fisioterapéutica

Sospecha clínica de tortícolis muscular congénita

Valoración fisioterapéutica inicial

  • Anamnesis.
  • Exploración cervical.
  • Valoración del desarrollo motor.
  • Detección de plagiocefalia.

Clasificación de la gravedad

Inicio del tratamiento

  • Educación familiar.
  • Posicionamiento.
  • Estiramientos.
  • Ejercicio activo.
  • Desarrollo motor.

Reevaluación periódica

Alta fisioterapéutica

  • Recuperación del rango cervical.
  • Simetría postural.
  • Desarrollo motor acorde con la edad.

 

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