Abordaje fisioterapéutico del lipedema. Artículo monográfico

5 septiembre 2026

 

AUTORES

  1. Nayara Pomar Clavel. Fisioterapeuta en el Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.

RESUMEN

El lipedema es una enfermedad crónica y progresiva del tejido adiposo que afecta principalmente a mujeres y ocasiona dolor, edema, limitación funcional y un importante impacto psicológico. El diagnóstico precoz es fundamental para limitar la progresión de la enfermedad, aunque continúa siendo un reto debido a la ausencia de criterios estandarizados. La evidencia científica respalda el papel de la fisioterapia mediante intervenciones como la terapia descongestiva compleja (TDC), la terapia de compresión, el drenaje linfático manual y el ejercicio terapéutico en la mejora de la sintomatología y la funcionalidad. No obstante, son necesarios más estudios que permitan establecer protocolos de actuación consensuados y optimizar el abordaje clínico del lipedema.

PALABRAS CLAVE

Lipedema, fisioterapia.

ABSTRACT

Lipedema is a chronic and progressive disorder of the adipose tissue that primarily affects women and is characterized by pain, edema, functional impairment, and a significant psychological burden. Early diagnosis is essential to limit disease progression, although it remains challenging due to the lack of standardized diagnostic criteria. Scientific evidence supports the role of physical therapy through interventions such as complete decongestive therapy, compression therapy, manual lymphatic drainage, and therapeutic exercise in improving symptoms and functional capacity. Nevertheless, further research is needed to establish consensus-based treatment protocols and optimize the clinical management of lipedema.

KEY WORDS

Lipedema, physiotherapy.

DESARROLLO DEL TEMA

El lipedema es una enfermedad crónica, progresiva y específica del tejido adiposo que se caracteriza por una acumulación desproporcionada de grasa en el tejido subcutáneo, principalmente en las extremidades inferiores, acompañada de dolor, sensibilidad al tacto y limitación funcional. Esta patología fue reconocida por la Organización Mundial de la Salud (OMS) e incluida desde 2018 en la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-11; código EF02.2), dentro del grupo de los síndromes de adiposis dolorosa1,2.

Se estima que afecta aproximadamente entre el 12% y el 18% de las mujeres adolescentes y adultas en todo el mundo, mientras que su presencia en hombres es tiene una prevalencia cercana al 0,2%. Aunque puede manifestarse a cualquier edad, su inicio suele coincidir con periodos de importantes cambios hormonales, como la pubertad, el embarazo o la menopausia, lo que pone de manifiesto la influencia endocrina en su desarrollo1,2.

A pesar de que la etiología del lipedema continúa sin conocerse por completo, actualmente se considera una enfermedad de origen multifactorial. Entre los factores implicados destacan la predisposición genética, descrita en aproximadamente el 60% de las pacientes, y las alteraciones hormonales, especialmente relacionadas con los estrógenos. Diversos estudios han observado una expresión anómala de los receptores estrogénicos en el tejido adiposo afectado, caracterizada por una disminución del receptor de estrógeno alfa (RE-α) y un aumento del receptor beta (RE-β), lo que respalda el papel de los mecanismos endocrinos en la fisiopatología de la enfermedad2,3.

El diagnóstico precoz resulta fundamental para instaurar un tratamiento conservador que permita ralentizar la progresión del proceso y mejorar la calidad de vida de las pacientes. Sin embargo, en la actualidad continúa siendo una enfermedad infradiagnosticada y frecuentemente confundida con otras patologías debido a la ausencia de criterios diagnósticos universalmente estandarizados. Entre las patologías con las que con mayor frecuencia se confunde destacan el linfedema, la obesidad y determinados trastornos vasculares, como la insuficiencia venosa crónica o la flebitis. El diagnóstico es esencialmente clínico y se basa en una anamnesis y en una exploración física1.

Entre las manifestaciones clínicas más características se encuentran el dolor espontáneo o a la palpación, la sensación de pesadez en las extremidades, la aparición frecuente de hematomas por fragilidad capilar, el edema ortostático, la hipermovilidad articular, la debilidad muscular y el signo de Stemmer negativo. Además, la distribución del tejido adiposo presenta un patrón característico, con una afectación bilateral y simétrica de las extremidades, que genera una marcada desproporción entre la mitad inferior y superior del cuerpo4.

La acumulación patológica de este tejido suele acompañarse de un incremento del líquido intersticial presente en la matriz extracelular, contribuyendo a la sensación de pesadez y al aumento del volumen de las extremidades. La coexistencia de obesidad, inmovilidad o insuficiencia venosa y linfática puede favorecer la progresión de la enfermedad y agravar la sintomatología3,5.

La gravedad del lipedema puede clasificarse atendiendo a las alteraciones cutáneas y a los cambios estructurales del tejido adiposo. En el estadio I la superficie cutánea permanece lisa, aunque existe un aumento del tejido adiposo subcutáneo. En el estadio II aparecen irregularidades en la piel y nódulos palpables como consecuencia de la fibrosis del tejido. Finalmente, el estadio III se caracteriza por importantes depósitos de grasa y deformidades de las extremidades, que condicionan una gran limitación funcional1,2.

Además de la clasificación por estadios, Schingale propuso en 2003 una clasificación basada en la distribución anatómica del tejido adiposo, diferenciando cinco tipos de lipedema según la extensión de la afectación. El tipo I se limita a la región glútea y las caderas; el tipo II afecta a glúteos, caderas y muslos hasta las rodillas; el tipo III se extiende desde las caderas hasta los tobillos; el tipo IV incluye la afectación de las extremidades superiores, además de las inferiores; y el tipo V, también denominado lipolinfedema, corresponde a las formas más avanzadas en las que el lipedema se asocia a una alteración del sistema linfático, favoreciendo la aparición de un edema secundario1,2.

El lipedema produce un importante deterioro de la calidad de vida y de la capacidad funcional. La limitación de la movilidad, el dolor persistente y la progresión de la enfermedad repercuten no solo en el físico, sino también en el bienestar psicológico y social de las pacientes. Es frecuente la presencia de ansiedad, depresión, baja autoestima e incluso trastornos de la conducta alimentaria, lo que pone de manifiesto el importante impacto biopsicosocial de esta patología3,4.

A diferencia de la obesidad, el tejido adiposo característico del lipedema no responde ni a la dieta ni al ejercicio físico convencional. Actualmente no existe una cura, por lo que el manejo terapéutico se orienta al control de los síntomas, la prevención de complicaciones y la mejora de la funcionalidad. Para ello se dispone de tratamientos quirúrgicos, como la liposucción, y de estrategias conservadoras, entre las que la fisioterapia constituye uno de los pilares fundamentales del abordaje6.

TRATAMIENTO FISIOTERÁPICO:

La fisioterapia representa el principal tratamiento conservador del lipedema, desempeñando un papel esencial. Aunque no modifica el exceso de tejido adiposo característico de la enfermedad, contribuye a reducir el dolor, el edema, la sensación de pesadez y las limitaciones funcionales, favoreciendo además una mejor calidad de vida3,4,6.

El tratamiento fisioterápico debe individualizarse según el estadio clínico, la presencia de complicaciones y las necesidades de cada paciente. Combina educación para la salud, terapia manual, ejercicio terapéutico, terapia compresiva y recomendaciones dirigidas a promover un estilo de vida saludable 5.

La educación para la salud tiene especial relevancia, ya que favorece la adherencia al tratamiento y promueve la incorporación de hábitos saludables, incluyendo una alimentación equilibrada y la práctica regular de ejercicio físico, factores que contribuyen al control del peso corporal, la reducción de los síntomas y la prevención de complicaciones3,5.

Los últimos estudios se han centrado en la efectividad de combinar todos los componentes de la terapia descongestiva compleja (TDC), que integra la terapia de compresión, el drenaje linfático manual, el ejercicio terapéutico y las medidas higiénico-dietéticas, adaptándose a las características clínicas de cada paciente4,6.

La terapia de compresión ha sido recomendada por las guías clínicas alemanas como una intervención eficaz para disminuir el dolor y aliviar los síntomas asociados al lipedema. Su principal objetivo no es reducir el volumen del tejido adiposo, sino mejorar la sintomatología, favorecer el retorno venoso y linfático y disminuir la sensación de pesadez. No obstante, la evidencia disponible sobre su eficacia cuando se aplica de forma aislada continúa siendo limitada, ya que la mayoría de los estudios la evalúan en combinación con otras intervenciones4,6.

La terapia manual es otro componente esencial del tratamiento fisioterápico. Entre las técnicas más utilizadas destaca el drenaje linfático manual (DLM), realizado mediante diferentes métodos como Vodder, Leduc o Godoy, cuyo objetivo es estimular el drenaje linfático y favorecer la eliminación del exceso de líquido intersticial. Sin embargo, su uso está en discusión por el desacuerdo sobre el deterioro linfático en el lipedema. Por otro lado, las técnicas de liberación miofascial y de movilización de los tejidos blandos han mostrado resultados prometedores en la reducción del dolor y la mejora de la movilidad tisular5,6.

El ejercicio terapéutico es descrito como una herramienta fundamental dentro del tratamiento conservador. Programas de entrenamiento de fuerza, ejercicios aeróbicos de bajo impacto y ejercicio acuático han demostrado mejorar la capacidad funcional y la calidad de vida de las pacientes. Además de sus beneficios musculoesqueléticos, el ejercicio ejerce un efecto antiinflamatorio y favorece la función mitocondrial del tejido adiposo subcutáneo3-6.

El fortalecimiento de la musculatura de las extremidades inferiores contribuye a potenciar la bomba muscular, incrementando el retorno venoso y el drenaje linfático, lo que favorece la reducción del edema y ayuda a prevenir su progresión. Del mismo modo, la actividad física regular disminuye la fatiga y la debilidad muscular, favoreciendo la autonomía funcional y promoviendo la adopción de un estilo de vida activo3.

La evidencia actual sugiere que la combinación de la terapia de compresión y el ejercicio terapéutico produce mejores resultados que la aplicación aislada de cualquiera de estas intervenciones, consiguiendo un mayor alivio sintomático y una mejora significativa de la calidad de vida6.

Por otra parte, la fisioterapia también desempeña un papel relevante en el pre y postoperatorio de las pacientes sometidas a liposucción, contribuyendo a disminuir el edema postquirúrgico, controlar el dolor, favorecer la recuperación funcional y reducir el riesgo de complicaciones4,6.

CONCLUSIÓN

La evidencia científica disponible sitúa a la fisioterapia como el tratamiento conservador de referencia en pacientes con lipedema, demostrando beneficios sobre el dolor, el edema, la movilidad y la funcionalidad mediante intervenciones como la terapia descongestiva compleja, la terapia manual, la compresión y el ejercicio terapéutico. No obstante, la falta de guías clínicas estandarizadas y la limitada calidad metodológica de parte de la evidencia disponible demuestran la necesidad de desarrollar nuevos estudios que permitan optimizar el tratamiento y establecer recomendaciones clínicas más concretas.

BIBLIOGRAFÍA

  1. Esmer M, Schingale FJ, Unal D, Yazıcı MV, Güzel NA. Physiotherapy and rehabilitation applications in lipedema management: A literature review. Lymphology. 2020; 53(2):88-95.
  2. Carballeira Braña A, Poveda Castillo J. The Advanced Care Study: Current Status of Lipedema in Spain, A Descriptive Cross-Sectional Study. Int J Environ Res Public Health [Internet]. 2023 [citado en agosto de 2026]; 20(17):6647. Disponible en: https://doi.org/10.3390/ijerph20176647
  3. Annunziata G, Paoli A, Manzi V, Camajani E, Laterza F, Verde L, et al. The Role of Physical Exercise as a Therapeutic Tool to Improve Lipedema: A Consensus Statement from the Italian Society of Motor and Sports Sciences (Società Italiana di Scienze Motorie e Sportive, SISMeS) and the Italian Society of Phlebology (Società Italiana di Flebologia, SIF). Curr Obes Rep [Internet]. 2024 [citado en agosto de 2026]; 13(4):667-679. Disponible en: https://doi.org/10.1007/s13679-024-00579-8
  4. Río-González Á, Delgado-Pérez E, García-García E, González-Fernández L, García-Isidoro S, Cerezo-Téllez E. Physiotherapy Intervention in the Immediate Postoperative Phase of Lipedema Surgery-Observational Study. J Clin Med [Internet]. 2025 [citado en agosto de 2026]; 14(7):2137. Disponible en: https://doi.org/10.3390/jcm14072137
  5. Donahue PMC, Crescenzi R, Petersen KJ, Garza M, Patel N, Lee C, et al. Physical Therapy in Women with Early Stage Lipedema: Potential Impact of Multimodal Manual Therapy, Compression, Exercise, and Education Interventions. Lymphat Res Biol [Internet]. 2022 [citado en agosto de 2026]; 20(4):382-390. Disponible en: https://doi.org/10.1089/lrb.2021.0039
  6. Czerwińska M, Gruszecki M, Rumiński J, Hansdorfer-Korzon R. Evaluation of the Effectiveness of Compression Therapy Combined with Exercises Versus Exercises Only Among Lipedema Patients Using Various Outcome Measures. Life (Basel). [Internet] 2024 [citado en agosto de 2026]; 14(11):1346. Disponible en: https://doi.org/10.3390/life14111346

 

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