Desgarros cutáneos en el adulto mayor: revisión narrativa

10 septiembre 2026

 

AUTORES

  1. María Amparo Bujanda Roselló. Enfermera Especialista EfyC SALUD Aragón. España.
  2. Lara María Ceboller Buisan. Enfermera Especialista EfyC SALUD Aragón. España.
  3. Paula Cebollero Buisan. Enfermera Especialista EfyC SALUD Aragón. España.
  4. Lorea García Etayo. Enfermera Osasunbidea. Navarra, España.
  5. Rebeca Pérez Moreno. Enfermera Especialista EfyC SALUD Aragón. España.
  6. Silvia Yanguas González. Enfermera Especialista EfyC Osasunbidea. Navarra, España.

RESUMEN

Los desgarros cutáneos son lesiones traumáticas agudas que afectan principalmente a personas de edad avanzada y pacientes con piel frágil. Su aparición está relacionada con la acción de fuerzas mecánicas como la fricción, el cizallamiento, los traumatismos cerrados y la retirada de adhesivos médicos. A pesar de su elevada prevalencia, continúan siendo lesiones infradiagnosticadas e infrarregistradas en numerosos entornos asistenciales. El envejecimiento cutáneo, la dermatoporosis, la dependencia funcional, la inmovilidad y determinadas intervenciones sanitarias constituyen factores de riesgo relevantes. El objetivo de este trabajo es revisar la evidencia científica disponible acerca de la epidemiología, factores de riesgo, clasificación, prevención y tratamiento de los desgarros cutáneos en el adulto mayor. Se realizó una revisión narrativa basada en documentos de consenso internacionales y publicaciones científicas recientes. Los resultados muestran que la identificación precoz de pacientes vulnerables, la aplicación de estrategias preventivas y el empleo de protocolos estandarizados pueden disminuir significativamente la incidencia de estas lesiones. El sistema de clasificación propuesto por el International Skin Tear Advisory Panel (ISTAP) constituye actualmente la herramienta más validada para su categorización. El abordaje terapéutico debe orientarse a preservar el colgajo cutáneo viable, minimizar nuevos traumatismos y favorecer la cicatrización en ambiente húmedo.

PALABRAS CLAVE

Skin tears, aged, wound healing, skin care, nursing care.

ABSTRACT

Skin tears are acute traumatic wounds that primarily affect older adults and individuals with fragile skin. Their development is associated with mechanical forces such as friction, shear, blunt trauma, and medical adhesive removal. Despite their high prevalence, they remain underdiagnosed and underreported in many healthcare settings. Skin aging, dermatoporosis, functional dependency, impaired mobility, and certain healthcare interventions are important risk factors. The aim of this study was to review the available scientific evidence regarding epidemiology, risk factors, classification, prevention, and treatment of skin tears in older adults. A narrative review was conducted using international consensus documents and recent scientific publications. Findings suggest that early identification of vulnerable patients, implementation of preventive strategies, and standardized protocols can significantly reduce the incidence of skin tears. The International Skin Tear Advisory Panel (ISTAP) classification system is currently the most widely validated tool for categorizing these injuries. Therapeutic management should focus on preserving viable skin flaps, minimizing additional trauma, and promoting moist wound healing.

KEY WORDS

Skin tears, aged, wound healing, skin care, nursing care.

INTRODUCCIÓN

Los desgarros cutáneos son lesiones traumáticas agudas caracterizadas por la separación parcial o total de las capas de la piel como consecuencia de fuerzas mecánicas externas¹. Estas lesiones afectan principalmente a personas mayores, especialmente aquellas con fragilidad cutánea, dependencia funcional o enfermedades crónicas asociadas².

Payne y Martin describieron por primera vez estas lesiones en 1990 como heridas traumáticas que provocan la separación de la epidermis de la dermis debido a fuerzas de fricción o cizallamiento⁴. Posteriormente, diferentes organismos internacionales han ampliado su definición, incluyendo los traumatismos cerrados y las lesiones asociadas a adhesivos médicos¹.

El progresivo envejecimiento poblacional ha convertido los desgarros cutáneos en un problema emergente de salud pública. Los cambios fisiológicos asociados al envejecimiento, como el adelgazamiento epidérmico, la pérdida de colágeno y elastina, la disminución de la vascularización y la reducción de la hidratación cutánea, aumentan significativamente la susceptibilidad a sufrir estas lesiones¹.

Además, la dermatoporosis, considerada una forma de insuficiencia cutánea crónica caracterizada por atrofia, fragilidad y pérdida de las propiedades biomecánicas de la piel, constituye uno de los principales factores predisponentes².

Aunque durante años estas lesiones fueron consideradas inevitables en personas mayores, actualmente se reconoce que gran parte de los factores asociados a su aparición son potencialmente modificables. Una revisión sistemática reciente identificó que determinadas intervenciones sanitarias, como la movilización inadecuada de pacientes dependientes, la retirada traumática de adhesivos, la ausencia de hidratación cutánea y ciertas prácticas de higiene, pueden incrementar significativamente el riesgo de desarrollar desgarros cutáneos³.

Por ello, la prevención, identificación precoz y manejo adecuado de estas lesiones representan actualmente una prioridad dentro de los programas de seguridad del paciente y de los cuidados de enfermería.

Epidemiología:

La prevalencia de los desgarros cutáneos presenta una considerable variabilidad según el entorno asistencial estudiado. Las tasas más elevadas se han descrito en residencias de mayores y centros sociosanitarios, donde confluyen factores como la fragilidad, la dependencia y la pluripatología².

En España, los estudios de prevalencia de lesiones cutáneas relacionadas con la dependencia muestran porcentajes cercanos al 1 % en hospitales, atención primaria y centros sociosanitarios². Sin embargo, diversos autores consideran que estas cifras podrían estar infraestimadas debido al infrarregistro y a la ausencia de sistemas estandarizados de clasificación y documentación¹.

La encuesta internacional realizada por LeBlanc et al. reveló que el 81 % de los profesionales sanitarios no utilizaban herramientas específicas para clasificar los desgarros cutáneos y que aproximadamente el 40 % de estas lesiones no eran documentadas adecuadamente¹.

OBJETIVOS

Objetivo general:

Analizar la evidencia científica disponible sobre los desgarros cutáneos en personas adultas mayores.

Objetivos específicos:

  • Describir los principales factores de riesgo asociados a los desgarros cutáneos.
  • Analizar la epidemiología de estas lesiones.
  • Revisar los sistemas de clasificación existentes.
  • Examinar las estrategias preventivas recomendadas.
  • Evaluar las intervenciones terapéuticas actualmente respaldadas por la evidencia científica.

METODOLOGÍA

Se realizó una revisión narrativa de la literatura científica utilizando como fuentes principales las recomendaciones internacionales del International Skin Tear Advisory Panel (ISTAP), documentos de consenso sobre prevención y tratamiento de desgarros cutáneos y publicaciones científicas recientes relacionadas con estas lesiones.

Se incluyeron documentos que abordaban la epidemiología, factores de riesgo, clasificación, prevención y tratamiento de los desgarros cutáneos en población adulta. Asimismo, se incorporó una revisión sistemática sobre intervenciones de enfermería asociadas al riesgo de desarrollar desgarros cutáneos³.

La información obtenida fue analizada de forma descriptiva y organizada en categorías temáticas para facilitar su síntesis e interpretación.

Factores de riesgo:

Los factores de riesgo pueden clasificarse en intrínsecos y extrínsecos.

Factores intrínsecos:

Entre los principales factores intrínsecos destacan:

  • Edad avanzada.
  • Dermatoporosis.
  • Piel seca y frágil.
  • Antecedentes de desgarros cutáneos.
  • Enfermedades crónicas.
  • Polifarmacia.
  • Malnutrición.
  • Deterioro cognitivo.
  • Alteraciones visuales y sensoriales¹².

Factores extrínsecos:

Los factores extrínsecos incluyen:

  • Caídas.
  • Fricción y cizallamiento.
  • Transferencias y movilizaciones inadecuadas.
  • Retirada traumática de adhesivos.
  • Golpes contra mobiliario o dispositivos sanitarios.
  • Manipulación durante actividades básicas de la vida diaria¹.

La revisión sistemática de Cilluffo et al. identificó que muchas intervenciones de enfermería pueden convertirse en factores desencadenantes cuando no se aplican medidas preventivas adecuadas³.

Clasificación:

Actualmente, la clasificación más recomendada es la desarrollada por el International Skin Tear Advisory Panel (ISTAP)¹²:

Tipo 1: Sin pérdida de piel. El colgajo puede reposicionarse completamente sobre el lecho de la herida.

Tipo 2: Pérdida parcial del colgajo. No es posible cubrir completamente el lecho de la herida.

Tipo 3: Pérdida total del colgajo. El lecho queda completamente expuesto.

Este sistema ha demostrado una adecuada validez y reproducibilidad clínica¹.

Prevención:

La prevención constituye la medida más eficaz para reducir la incidencia de los desgarros cutáneos.

Las principales recomendaciones incluyen¹³:

  • Inspección periódica de la piel.
  • Uso regular de emolientes.
  • Evitar jabones agresivos.
  • Mantener una adecuada hidratación y nutrición.
  • Proteger las extremidades mediante ropa adecuada.
  • Minimizar la fricción y el cizallamiento.
  • Utilizar dispositivos de ayuda para transferencias.
  • Emplear adhesivos atraumáticos de silicona.
  • Educar a pacientes, familiares y profesionales sanitarios.

Tratamiento:

El objetivo principal del tratamiento es favorecer la cicatrización preservando la máxima cantidad posible de tejido viable¹.

Las intervenciones recomendadas incluyen:

  1. Control de la hemorragia.
  2. Limpieza suave de la herida.
  3. Reposición del colgajo cutáneo cuando sea viable.
  4. Protección de la piel perilesional.
  5. Mantenimiento de un ambiente húmedo de cicatrización.
  6. Prevención de la infección.
  7. Control del dolor.
  8. Selección de apósitos atraumáticos¹.

El uso de suturas, grapas o adhesivos convencionales suele estar contraindicado debido a la fragilidad de la piel envejecida¹.

DESARROLLO

Los desgarros cutáneos constituyen una de las lesiones traumáticas más frecuentes en personas mayores, aunque continúan recibiendo menor atención que otras lesiones cutáneas relacionadas con la dependencia².

La evidencia disponible demuestra que la mayoría de los factores asociados a estas lesiones son identificables y potencialmente prevenibles. Los programas estructurados de valoración del riesgo y cuidado de la piel han mostrado resultados favorables en la reducción de su incidencia¹.

Asimismo, la revisión sistemática de Cilluffo et al.³ pone de manifiesto la necesidad de revisar determinadas prácticas asistenciales que tradicionalmente han formado parte de los cuidados rutinarios y que pueden incrementar el riesgo de lesión cuando se aplican sobre pieles frágiles.

La implantación de protocolos basados en la evidencia y la formación específica de los profesionales sanitarios continúan siendo aspectos fundamentales para mejorar la prevención y el tratamiento de estas lesiones.

CONCLUSIONES

Los desgarros cutáneos representan un importante problema de salud en la población geriátrica debido a su elevada frecuencia, impacto clínico y potencial de complicaciones.

La edad avanzada, la dermatoporosis, la dependencia funcional y determinadas intervenciones asistenciales constituyen los principales factores de riesgo.

La identificación precoz de pacientes vulnerables, la aplicación de medidas preventivas y el empleo de sistemas de clasificación validados como el ISTAP permiten optimizar el manejo clínico y reducir la incidencia de estas lesiones.

El fortalecimiento de la formación profesional y la implementación de protocolos específicos basados en la evidencia deben considerarse prioridades para mejorar la calidad de los cuidados y la seguridad del paciente.

BIBLIOGRAFÍA

  1. LeBlanc K, Campbell K, Beeckman D, Dunk AM, Harley C, Hevia H, et al. Recomendaciones de mejores prácticas para la prevención y tratamiento de los desgarros de piel en el adulto mayor. London: Wounds International; 2018.
  2. Chiquero Valenzuela S, Rodríguez Palma M, García Fernández FP, López Franco MD. Desgarros cutáneos: su incorporación al marco conceptual de las lesiones cutáneas relacionadas con la dependencia. Gerokomos. 2023;34(1):78-84.
  3. Cilluffo S, Bassola B, Beeckman D, Lusignani M. Risk of skin tears associated with nursing interventions: a systematic review. J Tissue Viability. 2023;32(1):120-129.
  4. Payne RL, Martin ML. Defining and classifying skin tears: need for a common language. Ostomy Wound Manage. 1993;39(5):16-20.
  5. LeBlanc K, Baranoski S. Skin tears: state of the science. Adv Skin Wound Care. 2011;24(9):2-15.
  6. Carville K, Lewin G. Caring in the community: a prevalence study of wounds and skin lesions. Primary Intention. 1998;6(4):160-166.
  7. LeBlanc K, Christensen D, Cook J, Culhane B, Gutierrez A, Holloway S, et al. The art of dressing selection: a consensus statement on skin tears and best practice. Adv Skin Wound Care. 2016;29(1):32-46.

 

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