AUTORES
- Sara Chocarro Arróniz. Hospital Universitario de Navarra. Navarra, España.
- Leyre Lecumberri Alzueta. Hospital Universitario de Navarra. Navarra, España.
- Amaia Ros Maiz. Hospital Universitario de Navarra. Navarra, España.
RESUMEN
Introducción: La fractura de cadera constituye una de las principales causas de morbimortalidad, discapacidad y pérdida de autonomía en las personas mayores. El envejecimiento de la población ha incrementado su incidencia, convirtiéndola en un importante problema de salud pública. La rehabilitación geriátrica multidisciplinar representa una estrategia fundamental para favorecer la recuperación funcional, disminuir las complicaciones y mejorar la calidad de vida tras el tratamiento quirúrgico.
Objetivo: Analizar la evidencia científica disponible sobre la eficacia de la rehabilitación geriátrica multidisciplinar en pacientes mayores con fractura de cadera, identificando las intervenciones más efectivas para optimizar la recuperación funcional y prevenir complicaciones.
Metodología: La literatura se examinó mediante una revisión narrativa apoyada en PubMed, SciELO, Cochrane Library y CINAHL. Se seleccionaron guías clínicas, revisiones sistemáticas, metaanálisis, ensayos y estudios observacionales publicados en español o inglés entre 2018 y 2026, siempre que abordaran la recuperación después de una fractura de cadera en población mayor.
Resultados: La evidencia científica demuestra que la movilización precoz, la valoración geriátrica integral, el ejercicio terapéutico, el soporte nutricional y el abordaje multidisciplinar favorecen una recuperación funcional más rápida, reducen las complicaciones hospitalarias y disminuyen la institucionalización. La participación activa de enfermería mejora la continuidad asistencial y la adherencia al tratamiento rehabilitador.
Discusión-conclusiones: La rehabilitación geriátrica multidisciplinar constituye el tratamiento de elección tras la fractura de cadera en personas mayores. Su aplicación precoz e individualizada mejora la funcionalidad, incrementa la independencia y reduce la morbimortalidad.
PALABRAS CLAVE
Fracturas de cadera, rehabilitación, anciano, recuperación de la función, atención de enfermería, grupo de atención al paciente.
ABSTRACT
Introduction: Hip fracture is one of the leading causes of morbidity, disability and loss of independence among older adults. Population ageing has increased its incidence, making it a major public health concern. Multidisciplinary geriatric rehabilitation is considered a key strategy to improve functional recovery, reduce complications and enhance quality of life after surgery.
Objective: To analyse the available scientific evidence regarding the effectiveness of multidisciplinary geriatric rehabilitation after hip fracture in older adults.
Methodology: The literature was examined through a narrative review drawing on PubMed, SciELO, the Cochrane Library and CINAHL. Clinical guidelines, systematic reviews, meta-analyses, trials and observational studies published in English or Spanish from 2018 to 2026 were selected when they addressed recovery after hip fracture in older people.
Results: Current evidence shows that early mobilisation, comprehensive geriatric assessment, therapeutic exercise, nutritional support and multidisciplinary care improve functional recovery, reduce complications and lower institutionalisation rates. Nursing plays a key role in patient education, prevention of complications and continuity of care.
Discussion-conclusions: Multidisciplinary geriatric rehabilitation should be considered the standard of care following hip fracture in older adults because it improves functional outcomes, promotes independence and reduces morbidity and mortality.
KEY WORDS
Hip fractures, rehabilitation, aged, recovery of function, nursing care, patient care team.
INTRODUCCIÓN
La fractura de cadera constituye uno de los problemas de salud más relevantes en la población geriátrica por su frecuencia y por las consecuencias clínicas, funcionales, sociales y económicas que genera. Habitualmente se trata de una fractura por fragilidad producida tras una caída de baja energía, en un contexto de osteoporosis, pérdida de masa muscular y disminución de la capacidad de respuesta frente a situaciones agudas. El envejecimiento progresivo de la población y el aumento de la supervivencia hacen prever que su repercusión asistencial continúe creciendo, especialmente entre las personas de edad avanzada con mayor vulnerabilidad y dependencia previa1-3.
La importancia de esta lesión no se limita al episodio traumático ni al tratamiento quirúrgico. La fractura suele actuar como un acontecimiento desestabilizador que puede acelerar el deterioro funcional, reducir la movilidad y comprometer la capacidad para realizar las actividades básicas de la vida diaria. Muchos pacientes presentan pluripatología, polifarmacia, fragilidad, deterioro cognitivo o desnutrición antes del ingreso, factores que dificultan la recuperación y aumentan el riesgo de delirium, infecciones, úlceras por presión, tromboembolismo, sarcopenia y otras complicaciones asociadas a la inmovilidad1,3-7.
Además de la morbimortalidad, la fractura de cadera puede ocasionar pérdida de independencia, necesidad de ayuda de terceras personas, sobrecarga familiar e institucionalización. La imposibilidad de recuperar el nivel funcional previo afecta a la calidad de vida y condiciona un incremento del uso de recursos sanitarios y sociosanitarios. Por ello, el éxito terapéutico no debe valorarse únicamente mediante la consolidación de la fractura o la ausencia de complicaciones quirúrgicas, sino también mediante la recuperación de la marcha, la autonomía personal, la participación en el entorno habitual y la posibilidad de regresar al domicilio3-4,8-9.
La cirugía constituye el tratamiento de elección en la mayoría de los casos y debe integrarse en un proceso asistencial continuo. Sin embargo, el resultado funcional posterior depende de múltiples elementos: el estado basal, el tipo de fractura, la situación cognitiva y nutricional, el control del dolor, el tiempo hasta la intervención, la estabilidad clínica y el inicio de la movilización. Un retraso innecesario en la activación del paciente favorece el desacondicionamiento físico y la pérdida acelerada de fuerza muscular, mientras que la sedestación, la bipedestación y la marcha tempranas, cuando no existen contraindicaciones, facilitan la recuperación y reducen las consecuencias del reposo prolongado2,4,10.
En este contexto, la rehabilitación geriátrica ha evolucionado desde intervenciones aisladas hacia modelos multidisciplinares y coordinados. En ellos participan traumatología, geriatría, enfermería, fisioterapia, terapia ocupacional, nutrición y trabajo social, con objetivos compartidos y adaptados a las características de cada paciente. La valoración geriátrica integral permite identificar problemas médicos, funcionales, mentales, nutricionales y sociales, priorizar necesidades y establecer un plan individualizado que abarque tanto la fase hospitalaria como la transición al domicilio o a otros recursos asistenciales8-9,11.
El ejercicio terapéutico constituye uno de los pilares del proceso rehabilitador. Los programas deben incluir fortalecimiento progresivo de los miembros inferiores, entrenamiento del equilibrio, reeducación de la marcha, práctica de transferencias y recuperación de las actividades cotidianas. La intensidad y la progresión han de ajustarse a la tolerancia, las comorbilidades y el nivel funcional previo. La continuidad del ejercicio tras el alta, resulta especialmente importante, ya que la recuperación puede prolongarse durante meses y el abandono precoz del programa limita las posibilidades de recuperar la independencia10,12-17.
La nutrición y la prevención de la sarcopenia también deben formar parte del abordaje integral. La ingesta insuficiente, la pérdida de peso y el déficit proteico pueden reducir la capacidad para participar en la rehabilitación y retrasar la recuperación muscular. La valoración nutricional precoz permite detectar situaciones de riesgo y establecer medidas individualizadas de soporte energético y proteico. La combinación de una nutrición adecuada con ejercicio de fuerza y movilización progresiva puede contribuir a preservar la masa muscular y mejorar la respuesta funcional5-6,18.
Otro componente esencial es la prevención secundaria. Haber sufrido una fractura de cadera identifica a una persona con alto riesgo de nuevas caídas y fracturas osteoporóticas. El proceso rehabilitador debe incorporar la evaluación del riesgo de caída, la revisión de fármacos, el abordaje de alteraciones visuales o auditivas, la adaptación del domicilio, la recomendación de ayudas técnicas y la valoración del tratamiento de la osteoporosis. Estas medidas requieren coordinación entre el hospital, Atención Primaria, rehabilitación y los recursos comunitarios para evitar que la atención finalice con el alta quirúrgica19-22.
Desde el ámbito enfermero, la atención se extiende a todas las fases del proceso, desde la vigilancia clínica en el ingreso hasta la educación del paciente y sus cuidadores tras el alta. Esta continuidad resulta fundamental para que las recomendaciones se mantengan en el tiempo7,9-10,23-24.
A pesar del amplio reconocimiento de estas intervenciones, persisten diferencias en la organización de los programas, su intensidad, duración y continuidad, así como en los recursos disponibles para aplicarlos. Analizar la evidencia reciente permite identificar los componentes con mayor utilidad clínica y comprender cómo su integración puede favorecer resultados más homogéneos. Por este motivo, la presente revisión tiene como finalidad examinar la eficacia de la rehabilitación geriátrica multidisciplinar tras la fractura de cadera, con especial atención a la recuperación funcional, la prevención de complicaciones, la continuidad asistencial y el papel de enfermería dentro del equipo8-11.
OBJETIVOS
La revisión se orientó a esclarecer qué componentes del proceso rehabilitador favorecen una recuperación segura y sostenida en las personas mayores con fractura de cadera.
Objetivo general:
Profundizar en la evidencia disponible acerca de la rehabilitación geriátrica multidisciplinar tras la fractura de cadera en personas mayores, considerando su repercusión sobre la recuperación funcional, la prevención de complicaciones y la continuidad asistencial.
Objetivos específicos:
• Caracterizar las intervenciones rehabilitadoras desarrolladas desde el postoperatorio hasta el seguimiento domiciliario.
• Explorar la influencia de la movilización temprana sobre la fuerza muscular, el equilibrio y la recuperación de la marcha.
• Determinar la utilidad de la valoración geriátrica integral en la planificación del proceso rehabilitador.
• Precisar las funciones de enfermería en la vigilancia clínica, la educación sanitaria y la coordinación de los cuidados.
• Reconocer las estrategias más eficaces para prevenir delirium, desnutrición, nuevas caídas y fracturas posteriores.
METODOLOGÍA
El trabajo se planteó como una revisión bibliográfica narrativa centrada en la recuperación geriátrica posterior a la fractura de cadera. La consulta documental se efectuó en PubMed, CINAHL, SciELO y Cochrane Library, y se complementó con guías clínicas y documentos de organismos especializados.
La estrategia de búsqueda combinó los descriptores en ciencias de la salud (DeCS/MeSH) “Hip Fractures”, “Rehabilitation”, “Aged”, “Recovery of Function”, “Nursing Care” y “Patient Care Team”, enlazados mediante los operadores booleanos AND y OR y adaptados a la sintaxis de cada base de datos, por ejemplo: (“Hip Fractures” AND “Rehabilitation” AND “Aged”) AND (“Recovery of Function” OR “Patient Care Team”). Esta combinación se adaptó a los campos y filtros disponibles en cada fuente documental.
Se priorizaron revisiones sistemáticas, metaanálisis, ensayos clínicos, estudios observacionales y recomendaciones profesionales con utilidad para la práctica. La selección otorgó mayor peso a las fuentes de mayor nivel de evidencia (guías de práctica clínica, revisiones sistemáticas y metaanálisis), recurriendo a estudios observacionales u otros diseños de menor rango únicamente cuando no se disponía de evidencia de mayor calidad sobre un aspecto concreto. La información se organizó atendiendo a la movilidad, la recuperación de las actividades cotidianas, la prevención de complicaciones y la coordinación entre disciplinas.
Criterios de inclusión:
Se consideraron publicaciones en español o inglés aparecidas entre 2018 y 2026, referidas a personas de 65 años o más con fractura de cadera. Los trabajos debían abordar al menos uno de los siguientes componentes: movilización, ejercicio terapéutico, valoración geriátrica, nutrición, cuidados enfermeros, prevención secundaria o seguimiento después del alta.
Criterios de exclusión:
Se descartaron los estudios dedicados únicamente a la técnica quirúrgica o al tratamiento farmacológico, los trabajos con población no geriátrica sin resultados diferenciados, los registros duplicados y las publicaciones que no aportaban datos aplicables a los objetivos de la revisión.
RESULTADOS
Recuperación funcional y activación temprana:
La documentación analizada muestra que la recuperación no depende de una intervención aislada, sino de la combinación progresiva de activación física, evaluación geriátrica, soporte clínico y preparación del retorno al entorno habitual8,10-11. La Tabla 1 resume las principales intervenciones descritas y su objetivo terapéutico.
Entre las actuaciones con mayor respaldo se encuentra la movilización precoz. Las guías de práctica clínica recomiendan iniciar la sedestación y la deambulación durante las primeras 24-48 horas posteriores a la cirugía, siempre que la situación clínica del paciente lo permita. Esta intervención reduce las complicaciones derivadas del reposo prolongado, como la trombosis venosa profunda, las infecciones respiratorias, las úlceras por presión y la pérdida acelerada de masa muscular. Además, favorece una recuperación más rápida de la capacidad funcional y disminuye la duración de la estancia hospitalaria2,4,10.
La activación temprana debe entenderse como una secuencia graduada y no como una intervención uniforme. En pacientes con estabilidad hemodinámica puede avanzarse desde los cambios posturales y la sedestación al borde de la cama hasta la bipedestación, las transferencias y la marcha asistida. En cambio, la presencia de anemia sintomática, hipotensión, dolor no controlado o alteraciones cognitivas obliga a adaptar el ritmo sin abandonar el objetivo de evitar la inmovilidad. La valoración diaria de tolerancia, fatiga, equilibrio y seguridad permite ajustar las metas y prevenir que una exigencia excesiva genere miedo, rechazo o eventos adversos2,4,10.
Planificación geriátrica y coordinación profesional:
La valoración geriátrica integral ocupa una posición central en la planificación rehabilitadora. Este modelo asistencial permite identificar precozmente problemas médicos, funcionales, cognitivos, nutricionales y sociales que pueden interferir en la recuperación del paciente. La participación del geriatra dentro del equipo multidisciplinar facilita la optimización del tratamiento de las comorbilidades, la revisión de la medicación y la planificación individualizada de los cuidados, lo que se traduce en una menor incidencia de complicaciones y una mayor probabilidad de recuperar la autonomía funcional3,11,25. La Tabla 2 sintetiza el papel de cada profesional dentro del equipo multidisciplinar.
Los factores pronósticos identificados en la literatura ayudan a anticipar necesidades y a establecer expectativas realistas. La fragilidad, el deterioro cognitivo previo, la dependencia para las actividades básicas, la desnutrición y la multimorbilidad se asocian con una recuperación más lenta y con mayor riesgo de institucionalización. Sin embargo, estos elementos no deberían utilizarse para excluir a la persona de la rehabilitación, sino para intensificar la vigilancia, simplificar las instrucciones, implicar a los cuidadores y priorizar objetivos funcionales significativos. La planificación compartida evita programas estandarizados que no se ajustan al potencial ni al entorno social del paciente3,8,11,25.
Ejercicio, nutrición y capacidad física:
La fisioterapia articula buena parte de la recuperación posterior a la fractura de cadera. Los programas individualizados incluyen ejercicios de fortalecimiento muscular, entrenamiento del equilibrio, reeducación de la marcha y trabajo sobre las actividades básicas de la vida diaria. La evidencia científica demuestra que estas intervenciones mejoran significativamente la fuerza de los miembros inferiores, la velocidad de la marcha y la capacidad para realizar actividades cotidianas de forma independiente. Asimismo, los programas que continúan tras el alta hospitalaria muestran mejores resultados funcionales que aquellos limitados al periodo de ingreso8,10,12-13.
La progresión del ejercicio terapéutico resulta especialmente útil para prevenir la pérdida de fuerza y la sarcopenia asociadas al reposo prolongado. El entrenamiento de resistencia, adaptado a las características del paciente, favorece la recuperación de la masa muscular y mejora el equilibrio y la estabilidad durante la marcha. Estas mejoras se relacionan con una disminución del riesgo de caídas y con una mayor independencia funcional durante los meses posteriores a la intervención quirúrgica5,10,14-15.
La dosis de ejercicio y su continuidad condicionan los resultados. Los programas que combinan sesiones supervisadas con práctica autónoma o acompañada tienden a ofrecer mayores oportunidades de repetición, aunque la adherencia disminuye cuando las pautas son complejas, generan dolor o no se integran en la rutina diaria. Explicar la finalidad de cada ejercicio, registrar los avances y vincular las tareas a actividades concretas —levantarse de una silla, caminar hasta el baño o subir un escalón— favorece la implicación. Tras el alta, el seguimiento domiciliario o ambulatorio permite progresar la carga y corregir errores técnicos antes de que se consoliden12-17.
La situación nutricional condiciona igualmente la respuesta rehabilitadora. La desnutrición es frecuente en pacientes de edad avanzada con fractura de cadera y constituye un factor de riesgo para retrasar la recuperación funcional y aumentar la mortalidad. La valoración nutricional precoz, junto con el aporte adecuado de proteínas, energía y vitamina D cuando está indicado, favorece la regeneración del tejido muscular y mejora la respuesta al programa de rehabilitación. Algunos estudios también señalan beneficios asociados a la suplementación proteica en pacientes con riesgo de sarcopenia5-6,18.
Prevención de complicaciones y cuidados durante el ingreso:
Los trabajos seleccionados muestran que el delirium postoperatorio continúa siendo una de las complicaciones más frecuentes durante el ingreso hospitalario. Su aparición se asocia con un peor pronóstico funcional, mayor duración de la hospitalización y aumento de la dependencia tras el alta. Las intervenciones preventivas basadas en medidas no farmacológicas, como la correcta orientación del paciente, el control adecuado del dolor, la movilización temprana, el mantenimiento de una correcta hidratación y la participación activa de la familia, han demostrado reducir su incidencia y mejorar la evolución clínica4,7,26.
Un control analgésico suficiente es indispensable para favorecer la recuperación funcional. Un tratamiento analgésico adecuado facilita la movilización precoz, mejora la participación en las sesiones de fisioterapia y disminuye el riesgo de inmovilización prolongada. Las estrategias multimodales, que combinan diferentes grupos farmacológicos junto con técnicas regionales cuando están indicadas, permiten obtener un adecuado control del dolor minimizando los efectos adversos2,4.
En el plano asistencial, enfermería actúa como figura de referencia a lo largo de todo el proceso. La enfermera participa en la valoración inicial del paciente, el control del dolor, la prevención de úlceras por presión, la vigilancia del estado nutricional, la prevención del delirium y de las infecciones, así como en la educación sanitaria dirigida tanto al paciente como a sus cuidadores. Además, coordina la continuidad de los cuidados tras el alta y favorece la comunicación entre los distintos profesionales implicados en el proceso rehabilitador9-10,23.
La educación enfermera adquiere especial relevancia durante la preparación del alta. El paciente y sus cuidadores necesitan reconocer signos de alarma, comprender el uso seguro de ayudas técnicas, conocer las recomendaciones de carga y organizar la analgesia para facilitar el ejercicio. También resulta útil comprobar mediante demostración práctica que pueden realizar transferencias, cambios posturales y desplazamientos sin aumentar el riesgo de caída. Cuando existen déficits cognitivos o sensoriales, la información debe simplificarse, repetirse y acompañarse de instrucciones escritas. Esta intervención reduce incertidumbre, mejora la confianza del cuidador y favorece la continuidad del plan rehabilitador9-10,23-24.
Durante la transición al domicilio, enfermería puede identificar problemas que suelen pasar inadvertidos en el alta convencional: dificultades para obtener medicación, ausencia de apoyo familiar, barreras arquitectónicas, miedo a caminar o escasa comprensión del programa de ejercicios. La comunicación estructurada con Atención Primaria y rehabilitación facilita la detección precoz de dolor persistente, estreñimiento, deshidratación, lesiones cutáneas o pérdida de funcionalidad. La revisión de estos aspectos permite intervenir antes de que provoquen abandono terapéutico, consulta urgente o reingreso hospitalario8-9,23-24.
Autonomía, prevención secundaria y continuidad asistencial:
La terapia ocupacional cobra especial relevancia en pacientes con limitaciones funcionales importantes. Su intervención se orienta al entrenamiento en actividades básicas e instrumentales de la vida diaria, la adaptación del domicilio y la recomendación de ayudas técnicas que permitan mantener la independencia del paciente. Estas actuaciones facilitan el regreso al entorno habitual y disminuyen el riesgo de institucionalización3,9,24.
Los estudios coinciden además en que la prevención secundaria constituye un componente imprescindible de la rehabilitación. Tras una fractura de cadera, el riesgo de sufrir una nueva fractura osteoporótica aumenta considerablemente, por lo que resulta necesario instaurar medidas dirigidas a reducir dicho riesgo. Entre ellas destacan el tratamiento de la osteoporosis, la revisión de la medicación potencialmente relacionada con caídas, la corrección de déficits visuales o auditivos, la adaptación del domicilio y el desarrollo de programas de ejercicio físico destinados a mejorar el equilibrio y la fuerza muscular19-22.
El proceso rehabilitador se prolonga tras la salida del hospital. El seguimiento desde Atención Primaria, la rehabilitación ambulatoria o los programas domiciliarios ayuda a mantener los avances, detectar dificultades tempranas y ajustar los objetivos a la evolución de cada persona8-9,16.
La comparación entre modalidades sugiere que no existe un único entorno rehabilitador óptimo para todos los pacientes. La rehabilitación intrahospitalaria ofrece supervisión intensa y acceso inmediato al equipo, mientras que la domiciliaria permite practicar tareas en el contexto real y detectar obstáculos del hogar. Los programas ambulatorios pueden ser adecuados cuando existe apoyo suficiente y capacidad de desplazamiento. La elección debe basarse en la estabilidad clínica, el nivel funcional, la cognición, el soporte social y la accesibilidad a recursos. Más que el lugar, parece determinante que exista continuidad, progresión de objetivos y comunicación entre profesionales8,16-17,23-24.
La recuperación funcional a medio plazo también está condicionada por el miedo a caer y por la percepción de inseguridad. Aunque el paciente haya recuperado fuerza suficiente, la evitación de la marcha puede reducir la actividad, favorecer un nuevo desacondicionamiento y aumentar la dependencia. El acompañamiento progresivo, el entrenamiento en situaciones reales y el refuerzo de logros concretos ayudan a recuperar confianza. La implicación del cuidador debe orientarse a proporcionar apoyo sin sustituir innecesariamente las capacidades conservadas, pues una sobreprotección mantenida puede limitar la autonomía12-17,23-24.
De forma global, la evidencia reunida sugiere que la rehabilitación geriátrica multidisciplinar proporciona beneficios significativos sobre la recuperación funcional, la calidad de vida y la autonomía de las personas mayores con fractura de cadera. La integración de intervenciones médicas, enfermeras, fisioterapéuticas, nutricionales y sociales permite ofrecer una atención centrada en el paciente, favoreciendo una recuperación más rápida y reduciendo tanto las complicaciones como la dependencia a largo plazo8,10-11.
DISCUSIÓN-CONCLUSIONES
La lectura conjunta de los estudios exige cautela, porque los programas difieren en duración, intensidad, entorno y escalas de valoración. Esta variabilidad limita las comparaciones directas; a la vez, evidencia que la planificación debe partir de la situación funcional, cognitiva y social de cada paciente.
La heterogeneidad también afecta a la definición de recuperación. Algunos trabajos priorizan la velocidad de la marcha o las escalas funcionales, mientras que otros consideran el regreso al domicilio, la autonomía en las actividades cotidianas o la reducción de reingresos. Esta diversidad explica que intervenciones similares produzcan resultados aparentemente distintos. Para la práctica clínica, resulta más útil combinar indicadores objetivos con metas relevantes para la persona, como volver a utilizar el baño sin ayuda, desplazarse dentro de casa o retomar una actividad social significativa8,10-17.
Enfermería aporta continuidad entre las distintas fases asistenciales mediante vigilancia clínica, prevención de complicaciones, educación y coordinación con pacientes, cuidadores y profesionales. Este papel se relaciona con la adherencia al programa, la preparación del alta y la identificación temprana de barreras para recuperar la autonomía9-10,23-24.
La nutrición, la prevención del delirium y el control analgésico no deben interpretarse como medidas accesorias. Su adecuada integración permite que el paciente participe en la terapia y limita factores que frenan la recuperación. La evidencia disponible apoya la valoración nutricional precoz, las medidas no farmacológicas frente al delirium y una analgesia que favorezca la movilización5-7,18,26.
Los resultados relativos al ejercicio son favorables, aunque existe variabilidad en la intensidad, duración y supervisión de los programas. El fortalecimiento, el entrenamiento del equilibrio y la práctica de actividades cotidianas parecen ofrecer mejores resultados cuando se adaptan al nivel previo de autonomía y se mantienen después del ingreso12-17.
La evidencia no permite establecer una duración idéntica para todos los programas. Los pacientes con buen nivel funcional previo pueden progresar con mayor rapidez, mientras que quienes presentan fragilidad, miedo a caer o deterioro cognitivo necesitan más supervisión y periodos prolongados. Por ello, la finalización del tratamiento no debería depender únicamente de un número prefijado de sesiones. La reevaluación periódica de fuerza, equilibrio, marcha y desempeño cotidiano ofrece una base más coherente para decidir si conviene intensificar, mantener o modificar las intervenciones12-17.
La movilización en las primeras 24-48 horas aparece de manera consistente como una intervención prioritaria. Su beneficio no depende únicamente de iniciar la marcha, sino de combinar control del dolor, estabilidad clínica y objetivos progresivos. Las guías y los estudios de rehabilitación coinciden en que esta estrategia reduce el desacondicionamiento y facilita una recuperación funcional más temprana2,4,10.
Los hallazgos de esta revisión respaldan un modelo rehabilitador que comienza en la fase aguda y continúa más allá del alta. Las revisiones sobre equipos geriátricos y atención ortogeriátrica muestran ventajas frente a una asistencia fragmentada, especialmente cuando la valoración clínica, funcional, cognitiva y social se traduce en un plan común de cuidados8,11,25,27-28.
La contribución enfermera enlaza la fase aguda con la recuperación posterior: observa cambios clínicos, favorece una movilización segura, prepara a cuidadores y sostiene la comunicación entre servicios. Esta función transversal distingue el abordaje rehabilitador de una suma de actuaciones independientes.
Desde una perspectiva organizativa, la aportación enfermera podría reforzarse mediante planes de alta estructurados, llamadas de seguimiento y circuitos de comunicación con Atención Primaria. Estas medidas no sustituyen a fisioterapia ni a geriatría, sino que integran las recomendaciones y ayudan a verificar su aplicación. La enseñanza práctica, la conciliación de la medicación y la identificación de dificultades sociales permiten que el plan acordado por el equipo sea comprensible y viable en el domicilio9-10,23-24.
En síntesis, recuperar la marcha y las actividades cotidianas requiere comenzar pronto, progresar con objetivos realistas y prevenir los problemas que interrumpen la terapia. Mantener el acompañamiento tras el alta permite consolidar logros y reducir la exposición a nuevas caídas o fracturas.
Las implicaciones para la gestión asistencial son claras: los beneficios dependen menos de una técnica aislada que de la coordinación y de la continuidad. La implantación de protocolos comunes puede reducir variaciones innecesarias, pero debe conservar flexibilidad para adaptarse a la evolución del paciente. Del mismo modo, la disponibilidad desigual de rehabilitación domiciliaria, terapia ocupacional o seguimiento geriátrico puede generar diferencias en los resultados que no responden a la situación clínica, sino al acceso a recursos8,11,23-25.
Entre las limitaciones de esta revisión se encuentran su carácter narrativo, la heterogeneidad de los diseños y la amplitud de los resultados evaluados. Además, algunos estudios agrupan pacientes con perfiles funcionales muy diferentes, lo que dificulta trasladar sus conclusiones a todos los contextos. Aun así, la coincidencia entre guías, revisiones y estudios clínicos respalda la movilización precoz, la evaluación geriátrica, el ejercicio progresivo y la continuidad asistencial como componentes esenciales2,4,8,10-17.
Futuras investigaciones deberían describir con mayor precisión la dosis de ejercicio, los componentes del seguimiento y los criterios utilizados para finalizar la rehabilitación. También sería conveniente analizar resultados centrados en la persona y en el cuidador, además de las escalas clínicas habituales. Esta información facilitaría la comparación entre modelos y permitiría definir itinerarios asistenciales más homogéneos sin perder la necesaria individualización8,10-17.
Por todo ello, la rehabilitación geriátrica multidisciplinar debe incorporarse desde el postoperatorio inmediato y reajustarse durante el seguimiento según la capacidad física, el estado cognitivo, la situación nutricional y el contexto social de la persona mayor.
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ANEXOS
Tabla 1. Principales intervenciones de la rehabilitación geriátrica tras fractura de cadera:
| Intervención | Objetivo principal | Beneficios descritos |
| Movilización precoz | Recuperar la deambulación | Reduce complicaciones y estancia hospitalaria |
| Valoración geriátrica integral | Individualizar los cuidados | Mejora el pronóstico funcional |
| Fisioterapia | Recuperar fuerza y marcha | Incrementa la independencia funcional |
| Terapia ocupacional | Favorecer la autonomía | Mejora las actividades de la vida diaria |
| Soporte nutricional | Corregir desnutrición y sarcopenia | Favorece la recuperación muscular |
| Educación sanitaria | Promover autocuidados y prevención | Disminuye el riesgo de nuevas caídas |
Fuente: elaboración propia a partir de las referencias2-6,8-15,18,25,27-28.
Tabla 2. Papel del equipo multidisciplinar:
| Profesional | Principales funciones |
| Traumatología | Tratamiento quirúrgico y seguimiento de la fractura |
| Geriatría | Valoración geriátrica integral y manejo de comorbilidades |
| Enfermería | Cuidados, prevención de complicaciones, educación sanitaria y coordinación asistencial |
| Fisioterapia | Recuperación de la movilidad, fuerza, equilibrio y marcha |
| Terapia ocupacional | Entrenamiento funcional y adaptación del domicilio |
| Nutrición | Valoración nutricional y soporte dietético |
| Trabajo social | Coordinación de recursos sociosanitarios y planificación del alta |
Fuente: elaboración propia a partir de las referencias3-4,8-11,16-17,22-24.