AUTORES
- Ana María Sánchez Oliván. Hospital Universitario San Jorge. Huesca. España.
- Carlota Aguareles Barón. CRP Santo Cristo de los Milagros. Huesca. España.
- M.ª Ángeles Borrás Mandrión. Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa. Zaragoza. España.
- Claudia Plana Pérez. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza. España.
- Alba Rodríguez Lanao. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza. España.
- Larissa Neres Souza. Hospital Universitario Santa Bárbara. Soria. España.
- Alexandra Lona Calomarde. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza. España.
RESUMEN
Las bebidas energéticas son bebidas estimulantes que contienen principalmente cafeína, taurina, azúcares y otros compuestos. Su consumo se ha incrementado notablemente en los últimos años, especialmente entre adolescentes y adultos jóvenes. El abuso de estas bebidas se ha relacionado con diversos efectos adversos, entre ellos alteraciones cardiovasculares como hipertensión arterial, palpitaciones y arritmias cardíacas.
A pesar de la evidencia existente sobre sus riesgos para la salud, el consumo de bebidas energéticas continúa siendo frecuente, especialmente cuando se combinan con alcohol. Esta práctica puede aumentar el riesgo de complicaciones cardiovasculares en personas jóvenes sin antecedentes patológicos previos.
Se presenta el caso clínico de un varón de 19 años que acudió al servicio de urgencias por palpitaciones, mareo y malestar general tras el consumo de tres bebidas energéticas, una de ellas mezclada con alcohol. Tras la valoración clínica, monitorización cardíaca y administración del tratamiento pautado, el paciente evolucionó favorablemente, recuperando el ritmo sinusal y siendo dado de alta con recomendaciones y educación sanitaria.
Este caso pone de manifiesto la importancia de la detección precoz de las complicaciones asociadas al consumo de bebidas energéticas y el papel fundamental de enfermería en la monitorización, educación sanitaria y prevención de conductas de riesgo.
PALABRAS CLAVE
Bebidas energéticas, fibrilación auricular, arritmias cardíacas, educación sanitaria, enfermería.
ABSTRACT
Energy drinks are stimulant beverages that mainly contain caffeine, taurine, sugars, and other compounds. Their consumption has increased considerably in recent years, particularly among adolescents and young adults. Excessive consumption of these beverages has been associated with various adverse effects, including cardiovascular alterations such as hypertension, palpitations, and cardiac arrhythmias.
Despite the growing evidence regarding their health risks, the consumption of energy drinks remains common, especially when combined with alcohol. This practice may increase the risk of cardiovascular complications in young individuals without previous medical conditions.
This article presents the clinical case of a 19-year-old male who attended the emergency department with palpitations, dizziness, and general malaise after consuming three energy drinks, one of them mixed with alcohol. Following clinical assessment, cardiac monitoring, and the prescribed treatment, the patient showed a favorable clinical outcome, recovered normal sinus rhythm, and was discharged with recommendations and health education.
This case highlights the importance of early recognition of complications associated with energy drink consumption and the essential role of nursing professionals in patient monitoring, health education, and the prevention of risky behaviors.
KEY WORDS
Energy drinks, atrial fibrillation, cardiac arrhythmias, health education, nursing.
INTRODUCCIÓN
Las denominadas bebidas energéticas surgieron en 1906, se comercializaban como una gaseosa de cola que contenía altos niveles de cafeína. En 1926 William Owen creó una bebida destinada a proporcionar energía a pacientes convalecientes para favorecer su recuperación, por lo que su uso inicialmente fue exclusivamente terapéutico. No fue hasta 1938 cuando esta fórmula comenzó a comercializarse entre el público general. Sin embargo, con la llegada de la Segunda Guerra Mundial, su consumo disminuyó considerablemente, cayendo finalmente en desuso1.
Durante la década de 1960 en Asia esta fórmula fue modificándose progresivamente. Fue en 1962 cuando apareció en Japón la primera bebida energética, una fórmula diseñada para potenciar la resistencia física, mejorar la capacidad de reacción, aumentar la concentración y retrasar el sueño. Estas bebidas afirmaban contener compuestos beneficiosos para el metabolismo capaces de eliminar sustancias nocivas del organismo. Entre sus ingredientes se encontraban la taurina, vitaminas del complejo B, niacina y ginseng1. En Tailandia se agregó cafeína y azúcar a los ingredientes anteriores.
En 1987, una empresa austríaca lanzó la primera bebida energética en el continente europeo, permitiendo que este producto comenzará a expandirse. Los años 90 fueron la década clave en la expansión de las bebidas energéticas, ya que pasó de ser un producto destinado a atletas de élite a convertirse en una opción para todo el público, pasando a comercializarse y consumirse como si se tratara de un refresco. Muchos clientes las consumían con el fin de mantenerse despiertos, aumentar el rendimiento y la concentración. En el año 2000 hicieron su entrada en el mercado español transformando el sector de las bebidas refrescantes. Desde entonces su consumo ha aumentado de forma notable, consolidándose como una opción muy popular entre los jóvenes, especialmente entre universitarios, trabajadores nocturnos y personas que buscan rendir al máximo en su día a día2.
LEGISLACIÓN:
En España, las bebidas energéticas no cuentan con una normativa específica propia, sino que se encuentran incluidas dentro de la reglamentación de bebidas refrescantes establecida por el Real Decreto 650/2011. Esta normativa permite su comercialización siempre que cumplan los requisitos generales aplicables a este tipo de productos alimentarios³.
Por otra parte, el Reglamento (UE) n.º 1169/2011 establece que las bebidas con un contenido elevado de cafeína (superior a 150 mg/L) deben incluir en su etiquetado la advertencia: «Contenido elevado de cafeína. No recomendado para niños ni mujeres embarazadas o en período de lactancia», además de indicar la cantidad de cafeína presente en el producto⁴.
Ante el aumento de su consumo entre adolescentes y jóvenes y la creciente evidencia sobre sus efectos adversos, el Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 anunció en 2026 nuevas medidas destinadas a restringir la venta de bebidas energéticas a menores de edad. Algunas comunidades autónomas, como Galicia y Asturias, ya han implantado limitaciones específicas para proteger a la población joven⁵.
PREVALENCIA DE CONSUMO:
La Encuesta ESTUDES 2025, elaborada anualmente por el Ministerio de Sanidad con el objetivo de conocer la situación y las tendencias del consumo de drogas y otras adicciones entre los estudiantes que cursan Enseñanzas Secundarias en España sobre alcohol y drogas, arroja los siguientes resultados6. El 38,4 % de los jóvenes de 14 a 18 años ha consumido una bebida energética en los últimos 30 días, es decir, 4 de cada 10 adolescentes encuestados habían consumido bebidas energéticas en el último mes, siendo la incidencia mayor entre los chicos (45,7 % frente a un 31,0 % en chicas). Además, el informe revela que, de este 38,4 %, un 15,2 % mezcla estas bebidas energéticas con alcohol, una práctica que multiplica los riesgos para la salud. Esta pauta de consumo (bebidas energéticas combinadas con alcohol) está más extendida en los chicos (17,2 %) que en las chicas (12,8 %) con una tendencia creciente con la edad.
El consumo de estas bebidas se intensifica en la etapa previa al acceso a la universidad y durante la misma. Diversos estudios han descrito una elevada prevalencia de consumo de bebidas energéticas entre estudiantes universitarios, especialmente durante los periodos de exámenes7. Sin embargo, su consumo no se limita solo al ámbito académico ya que también es frecuente en contextos de ocio nocturno donde se consume de manera aislada o combinada con alcohol.
RIESGOS PARA LA SALUD
Entre los ingredientes de las bebidas energéticas encontramos cafeína, azúcares y otros compuestos estimulantes como taurina o guaraná, cuyos efectos combinados pueden tener repercusiones negativas sobre la salud. Diversos estudios han evidenciado que el consumo habitual de bebidas energéticas se asocia con alteraciones como insomnio, nerviosismo, irritabilidad y ansiedad. La cafeína actúa como estimulante del sistema nervioso central, lo que puede provocar una hiperactivación mantenida y afectar negativamente a la calidad del sueño. Asimismo, se ha descrito la aparición de tolerancia y dependencia en consumidores habituales, especialmente en población joven¹.
Desde el punto de vista cardiovascular, estas bebidas pueden producir efectos adversos como taquicardia, hipertensión arterial y alteraciones del ritmo cardíaco. En algunos casos, se han descrito síntomas como palpitaciones y dolor torácico tras su consumo. Estos efectos se relacionan principalmente con el elevado contenido en cafeína y otros estimulantes, que pueden alterar la función cardíaca, especialmente en individuos susceptibles8.
En cuanto a los efectos metabólicos, el alto contenido en azúcares simples presente en muchas bebidas energéticas se ha asociado con un mayor riesgo de obesidad, resistencia a la insulina y desarrollo de diabetes mellitus tipo 2. El consumo frecuente de estas bebidas contribuye a una elevada ingesta calórica y a alteraciones en el metabolismo de la glucosa9.
Por otro lado, también se han descrito efectos a nivel gastrointestinal, como náuseas, vómitos e irritación gástrica, así como aumento de la diuresis debido al efecto de la cafeína. Estos síntomas pueden aparecer especialmente en situaciones de consumo elevado7,9.
PRESENTACIÓN DEL CASO CLÍNICO
Varón de 19 años que acude al servicio de urgencias acompañado por sus amigos por palpitaciones y sensación de latidos cardíacos rápidos, sensación de mareo y malestar general. Refiere haber consumido tres latas de bebida energética y la última mezclada con whisky. Según sus amigos, estaban en el parque y el consumo se ha producido aproximadamente hace dos horas y media. Al ver que se encontraba mal han decidido acompañarlo a urgencias.
VALORACIÓN INICIAL, EXPLORACIÓN FÍSICA
Paciente consciente y orientado en las tres esferas. Glasgow: 15/15. Tensión arterial: 139/85 mmhg, SatO2: 98 %, frecuencia respiratoria 24 respiraciones por minuto. Frecuencia cardíaca 142 latidos por minuto. Temperatura: 37,2 °C. Auscultación cardíaca: ritmo irregular, taquicardia, sin soplos. Auscultación pulmonar: murmullo vesicular, sin ruidos patológicos. No toma ningún tratamiento.
PRUEBAS COMPLEMENTARIAS:
Electrocardiograma: fibrilación auricular con respuesta ventricular rápida a 142 lpm, ausencia de ondas P visibles y ritmo irregularmente irregular.
Analítica de sangre (hemograma, bioquímica, iones, marcadores cardíacos, función renal): sin alteraciones significativas, discreta hipopotasemia (3,4 mEq/L).
Glucemia: 118 mg/dL, ligeramente elevada por estimulación de cafeína y estrés.
RX de tórax sin alteraciones.
TRATAMIENTO:
Monitorización cardíaca continua. Monitorización de constantes vitales cada 15 minutos.
Suero fisiológico 0,9 % 500 ml en 1 hora.
Suero fisiológico 0,9 % + 10 mEq cloruro potásico en una hora con bomba de perfusión (una vía periférica solo para el cloruro potásico).
Diltiazem 0,25 mg/kg intravenoso en bolo lento durante 2 minutos (dosis 18 mg). Se puede repetir la dosis.
Diazepam 5 mg IV.
VALORACIÓN DE ENFERMERÍA SEGÚN LAS NECESIDADES DE VIRGINIA HENDERSON
Respiración: FR: 24 respiraciones/min. Respiración taquipneica. SatO2: 98 %. TA: 139/85mmHg. Frecuencia cardíaca 142 lpm. Necesidad alterada.
Comer y beber adecuadamente: Dice llevar una dieta equilibrada, come todos los alimentos. No alergias alimentarias. Peso: 72,180 kg. Talla: 1,76 m. IMC: 23,24 kg/m2. Consumo elevado de bebidas energéticas. Riesgo de deshidratación por consumo elevado de cafeína. Sueroterapia de mantenimiento. Necesidad alterada.
Necesidad de eliminar por las vías corporales: Autónomo para la eliminación. Poliuria por consumo excesivo de cafeína y taurina con riesgo de deshidratación. Necesidad alterada.
Necesidad de moverse y mantener posturas adecuadas: Autónomo. Paciente estable de pie pero dice sentirse mareado, riesgo de caídas y síncope por fibrilación auricular. Necesidad alterada.
Necesidad de dormir y descansar: Dificultad para relajarse, insomnio por cafeína. Necesidad alterada.
Necesidad de escoger la ropa adecuada, vestirse y desvestirse: Necesidad no alterada.
Necesidad de mantener la temperatura corporal dentro de los límites normales: Temperatura corporal de 37,2 °C. Piel normocoloreada y normotérmica, sin sudoración excesiva. Necesidad no alterada.
Necesidad de mantener la higiene corporal y la integridad de la piel: Autónomo. Aspecto aseado. Necesidad no alterada.
Evitar los peligros/seguridad: Conducta de riesgo por consumo elevado de bebidas energéticas. Necesidad alterada.
Comunicarse con los demás: Consciente y orientado. Glasgow: 15/15. Está preocupado por la situación. Colaborador durante la entrevista aunque nervioso e inquieto. Necesidad alterada.
Vivir de acuerdo con sus propios valores y creencias: Sin alteraciones.
Ocuparse de algo de tal manera que su labor tenga un sentido de realización personal: Universitario estudia ingeniería. Necesidad no alterada.
Participar en actividades recreativas: Consumo de bebidas estimulantes y alcohol en contexto social. Riesgo de que se vuelva a repetir este comportamiento. Necesidad alterada.
Aprender, descubrir, satisfacer la curiosidad personal: Desconoce los riesgos del consumo de bebidas energéticas, precisa educación sanitaria. Necesidad alterada.
DIAGNÓSTICOS DE ENFERMERÍA NANDA-I 2024-202610. RESULTADOS ESPERADOS SEGÚN LA CLASIFICACIÓN DE RESULTADOS DE ENFERMERÍA (NOC11). INTERVENCIONES ENFERMERAS SEGÚN LA CLASIFICACIÓN DE INTERVENCIONES DE ENFERMERÍA (NIC12).
00029. Disminución del gasto cardíaco relacionado con alteración del ritmo cardíaco (fibrilación auricular) evidenciado por taquicardia 142 lpm, palpitaciones intensas, mareo y malestar general.
NOC: 0401. Estado cardiovascular: frecuencia cardíaca dentro de los límites normales. Ritmo cardíaco regular. Perfusión tisular adecuada.
NIC: 4160. Monitorización cardiaca. 4090. Manejo de arritmias. 6680. Control de signos vitales. 2300. Administración de medicación.
00146. Ansiedad relacionada con situación aguda y percepción de palpitaciones evidenciada por inquietud, nerviosismo y sensación de malestar.
NOC: 1211. Nivel de ansiedad
NIC: 5820. Disminución de la ansiedad. 5270. Apoyo emocional.
00201. Riesgo de perfusión tisular cardíaca ineficaz relacionado con alteración del ritmo cardíaco (fibrilación auricular), taquicardia y consumo de bebidas estimulantes.
NOC: 0405. Perfusión tisular: cardiaca. 0401. Estado cardiovascular.
NIC: 4160. Monitorización cardiaca. 4090. Manejo de arritmias. 6680. Control de signos vitales. 4040. Cuidados cardiacos.
00126. Conocimientos deficientes relacionados con falta de información sobre los efectos y los riesgos de las bebidas energéticas y el alcohol, evidenciado por verbalización de consumo de estas bebidas.
NOC: 1803. Conocimiento: conducta de salud.
NIC: 5510. Educación sanitaria. 4360. Modificación de la conducta. 5602. Conocimiento: proceso de la enfermedad.
ACTIVIDADES DE ENFERMERÍA
Monitorización continua de la frecuencia cardiaca y el ritmo cardíaco mediante ECG. Valorar la presencia de signos y síntomas de bajo gasto cardíaco (diaforesis, mareo, disminución del nivel de conciencia, etc.). Monitorización de constantes vitales para control cada 15 minutos. Canalización de dos vías periféricas para administración de sueroterapia, reposición electrolítica y medicación pautada, vigilando los efectos terapéuticos y efectos adversos. Mantener al paciente en reposo, proporcionando un ambiente tranquilo, evitando estímulos que puedan aumentar su frecuencia cardiaca. Valorar el nivel de ansiedad del paciente. Administrar tratamiento ansiolítico y valorar su efecto. Proporcionarle un ambiente tranquilo y seguro evitando estímulos externos. Permanecer junto al paciente transmitiéndole seguridad y apoyo emocional. Fomentar la expresión de sus miedos y preocupaciones. Proporcionar información clara y adaptada sobre los riesgos de las bebidas energéticas y el alcohol y sobre los efectos adversos. Explicar la relación entre el consumo y los síntomas presentados. Fomentar hábitos saludables y comprobar si el paciente lo ha comprendido. Registrar toda la evolución clínica.
EJECUCIÓN
El paciente llegó a urgencias con palpitaciones intensas, mareo y malestar general tras ingesta de bebidas energéticas y alcohol. Consciente y orientado, pero muy ansioso. Se realizó un ECG donde se evidenció una fibrilación auricular. Se extrajo analítica de sangre y se canalizaron dos vías venosas periféricas, una en cada extremidad superior. Se inició monitorización cardíaca continua y control de constantes vitales. Se inició fluidoterapia de 500 ml suero fisiológico al 0,9 % durante 1 hora. Se administraron 18 mg de diltiazem en bolo lento. Tras una hora de tratamiento la FC descendió a 130 lpm y la TA fue de 130/80. El paciente continuaba ansioso y se administró 5 mg de diazepam IV. Se administró una segunda dosis de diltiazem por persistencia de taquicardia. Tras resultados de analítica con hallazgos de leve hipopotasemia, por orden médica se administró 500 ml de suero fisiológico al 0,9 % con 10 mEq de cloruro potásico en 1 hora. El paciente refirió mejoría de palpitaciones junto a disminución de la ansiedad (frecuencia cardíaca 103 lpm). A las tres horas el paciente estaba tranquilo, sin palpitaciones ni mareo. Con buena tolerancia al tratamiento y ritmo cardíaco controlado (91 lpm). Se volvió a extraer analítica de sangre y se mantuvo al paciente monitorizado y en reposo. Se inició educación sanitaria sobre los riesgos del consumo de bebidas energéticas y alcohol. A las cinco horas el resultado de la analítica fue normal con iones y glucemia dentro de rango. Se volvió a realizar ECG de control que evidenció ritmo sinusal normal 82 lpm. Paciente hemodinámicamente estable, sin palpitaciones ni mareo por lo que se decide alta hospitalaria con las siguientes recomendaciones: Evitar consumo de bebidas energéticas y alcohol y seguimiento en atención primaria.
EVALUACIÓN
Durante su estancia en el servicio de urgencias el paciente permaneció monitorizado de forma continua. Inicialmente presentó fibrilación auricular con respuesta ventricular rápida, acompañada de palpitaciones, ansiedad y sensación de mareo.
Tras la administración del tratamiento médico y las intervenciones de enfermería se observó una disminución progresiva de la frecuencia cardíaca, con mejoría clínica de la sintomatología.
El paciente permaneció hemodinámicamente estable, consciente y orientado durante todo el proceso asistencial, mostrando buena tolerancia al tratamiento administrado.
Se realizó educación sanitaria sobre los riesgos asociados al consumo de bebidas energéticas y alcohol, insistiendo en la prevención de nuevos episodios.
Finalmente, se objetivó recuperación del ritmo sinusal y estabilidad clínica, por lo que se procedió al alta médica con seguimiento por atención primaria.
CONCLUSIONES
El consumo excesivo de bebidas energéticas puede desencadenar alteraciones cardiovasculares potencialmente graves incluso en personas jóvenes sin antecedentes cardíacos conocidos.
La combinación de bebidas energéticas y alcohol incrementa el riesgo de aparición de eventos adversos cardiovasculares.
La actuación precoz del personal de enfermería mediante la monitorización clínica, el control de síntomas y la educación sanitaria resulta fundamental para favorecer una evolución favorable y prevenir futuras complicaciones.
Es necesario continuar desarrollando medidas preventivas y campañas de sensibilización dirigidas a la población joven sobre los riesgos asociados a estas bebidas.
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