Cuidados de enfermería en pacientes adultos con insuficiencia cardiaca: revisión narrativa de la literatura

20 septiembre 2026

 

AUTORES

  1. Inés Gracia Abril. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
  2. Mari Mar Marco Martín. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
  3. Iratxe Goded Navarrete. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
  4. Jennifer Polo Soriano. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
  5. Cristina Hernández Romano. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
  6. Adrián Cubas Esteban. Enfermero del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.

RESUMEN

La insuficiencia cardiaca es una enfermedad crónica y progresiva que presenta una elevada repercusión clínica y sanitaria, especialmente por la aparición de síntomas, descompensaciones y hospitalizaciones recurrentes. Se manifiestan con síntomas y signos como disnea, fatiga, edemas o intolerancia al esfuerzo pudiendo llegar a limitar la autonomía y deteriorar la calidad de vida, haciendo necesario un abordaje integral y continuado. Enfermería desempeña un papel fundamental en la valoración del paciente, la vigilancia clínica y la educación para el autocuidado.

Los cuidados enfermeros incluyen la valoración de signos y síntomas, el control del peso y del balance hídrico, la detección precoz de congestión e hipoperfusión y la vigilancia de la respuesta al tratamiento. Asimismo, la educación sanitaria resulta esencial para favorecer la adherencia terapéutica, el reconocimiento de signos de alarma, el adecuado manejo de líquidos y sodio y la incorporación de actividad física adaptada. La conciliación de la medicación, la prevención de complicaciones y la implicación de familiares y cuidadores completan un abordaje centrado en las necesidades individuales.

Una atención enfermera estructurada y continuada puede favorecer un mejor control de la enfermedad, potenciar la autonomía y el autocuidado y contribuir a reducir las descompensaciones y los reingresos hospitalarios. En pacientes con insuficiencia cardiaca avanzada, los cuidados deben incorporar además un enfoque paliativo orientado al control de síntomas, el confort y la calidad de vida. La coordinación entre los diferentes niveles asistenciales resulta esencial para garantizar la continuidad de los cuidados y responder de forma adecuada a la evolución de la enfermedad.

PALABRAS CLAVE

Insuficiencia cardíaca, enfermería, atención de enfermería, educación del paciente y autocuidado.

ABSTRACT

Heart failure is a chronic and progressive disease with a significant clinical and healthcare impact, particularly due to the occurrence of symptoms, decompensations, and recurrent hospitalizations. It presents with symptoms and signs such as dyspnea, fatigue, edema, and exercise intolerance, which may limit autonomy and impair quality of life, making comprehensive and continuous care necessary. Nursing plays a fundamental role in patient assessment, clinical monitoring, and education for self-care.

Nursing care includes the assessment of signs and symptoms, monitoring of weight and fluid balance, early detection of congestion and hypoperfusion, and monitoring of the response to treatment. Likewise, health education is essential to promote treatment adherence, recognition of warning signs, appropriate management of fluid and sodium intake, and the incorporation of adapted physical activity. Medication reconciliation, prevention of complications, and the involvement of family members and caregivers complete an approach focused on individual needs.

Structured and continuous nursing care can promote better disease control, enhance autonomy and self-care, and contribute to reducing decompensations and hospital readmissions. In patients with advanced heart failure, care should also incorporate a palliative approach focused on symptom control, comfort, and quality of life. Coordination between the different levels of care is essential to ensure continuity of care and respond appropriately to disease progression.

KEY WORDS

Heart failure, nursing, nursing care, patient education, self care.

INTRODUCCIÓN

La insuficiencia cardiaca es un síndrome clínico complejo que se produce cuando el corazón es incapaz de bombear la cantidad de sangre necesaria para satisfacer las demandas metabólicas del organismo o únicamente puede hacerlo a expensas de un aumento de las presiones de llenado. Se trata de una de las enfermedades cardiovasculares con mayor repercusión sanitaria debido a su elevada frecuencia, su carácter crónico y la necesidad de seguimiento continuado. En España, su prevalencia se sitúa en torno al 2% de la población adulta, aunque supera el 10% en las personas mayores de 70 años, lo que la convierte en un problema de salud cada vez más relevante en una población progresivamente envejecida1.

La magnitud de esta patología no solo se refleja en el número de personas afectadas, sino también en las consecuencias que genera sobre el sistema sanitario. La insuficiencia cardiaca constituye una de las principales causas de hospitalización en adultos mayores y presenta elevadas tasas de reingreso tras el alta. Además, se asocia a una importante morbimortalidad y a un considerable consumo de recursos asistenciales, derivados tanto de los ingresos hospitalarios como del control y seguimiento que estos pacientes precisan a largo plazo2.

Entre sus manifestaciones más habituales se encuentran la disnea, la fatiga, los edemas, la intolerancia al ejercicio y el aumento de peso secundario a la retención de líquidos. Estos síntomas se asocian a una disminución relevante de la calidad de vida relacionada con la salud, limitando la capacidad funcional y la autonomía de los pacientes. Asimismo, la incertidumbre ante la evolución de la enfermedad y el riesgo de nuevas descompensaciones pueden favorecer la aparición de ansiedad y otros problemas emocionales. Todo ello repercute también sobre familiares y cuidadores, quienes desempeñan un papel fundamental en el apoyo y seguimiento diario de la persona afectada.

Enfermería ocupa una posición estratégica en el abordaje integral de la insuficiencia cardiaca mediante la vigilancia clínica, la detección precoz de signos de descompensación, la educación sanitaria, el fomento del autocuidado y la coordinación de los cuidados entre los distintos niveles asistenciales. Aunque existe abundante evidencia sobre el manejo de esta enfermedad, la información relativa a las intervenciones enfermeras aparece dispersa en la literatura científica. Por ello, resulta pertinente realizar una revisión narrativa que permita sintetizar los cuidados de enfermería más relevantes y su aplicación en pacientes adultos con insuficiencia cardiaca3.

OBJETIVOS

General:

Analizar los cuidados de enfermería dirigidos a pacientes adultos con insuficiencia cardiaca descritos en la literatura científica.

Específicos:

  • Identificar las principales necesidades de cuidado en pacientes adultos con insuficiencia cardiaca.
  • Describir las intervenciones enfermeras de valoración, monitorización y manejo de la enfermedad.
  • Analizar las intervenciones educativas y de seguimiento dirigidas a mejorar el autocuidado y prevenir reingresos.

METODOLOGÍA

Se realizó una revisión narrativa de la literatura científica con el propósito de analizar los cuidados de enfermería dirigidos a pacientes adultos con insuficiencia cardiaca. La búsqueda bibliográfica se llevó a cabo en las bases de datos PubMed, Scielo, CINAHL, Scopus y Dialnet, utilizando como palabras clave previamente consultadas al DeCS/MeSH: Insuficiencia cardíaca, enfermería, atención de enfermería, educación del paciente y autocuidado; combinándolos mediante los operadores booleanos AND y OR.

La pregunta de investigación planteada fue: ¿Qué cuidados e intervenciones de enfermería se describen en la literatura científica para mejorar el manejo, el autocuidado y la evolución de los pacientes adultos con insuficiencia cardiaca?

Para estructurar la pregunta se utilizó el modelo PICO, donde P (Patient) corresponde a la población o problema de estudio, I (Intervention) a la intervención que se pretende analizar, C (Comparison) al comparador y O (Outcomes) a los resultados esperados. En este caso:

  • P: pacientes adultos con insuficiencia cardiaca.
  • I: cuidados e intervenciones de enfermería.
  • C: cuidados habituales o ausencia de intervención enfermera específica.
  • O: autocuidado, adherencia terapéutica, calidad de vida, control de síntomas y reducción de descompensaciones y reingresos hospitalarios.

Se estableció una acotación temporal de cinco años, seleccionando artículos publicados durante dicho periodo. Como criterios de inclusión se consideraron artículos científicos publicados en castellano o inglés, disponibles a texto completo y de acceso gratuito, centrados en pacientes adultos con insuficiencia cardiaca y relacionados con los cuidados o intervenciones de enfermería. Se excluyeron publicaciones en otros idiomas, artículos sin acceso al texto completo, estudios realizados en población pediátrica y trabajos que abordaran exclusivamente el tratamiento médico o quirúrgico sin relación con la práctica enfermera.

RESULTADOS

Valoración integral de enfermería:

La valoración enfermera debe ser sistemática y adaptarse a la situación clínica del paciente, tanto en la fase aguda como durante el seguimiento. Se debe controlar la disnea, la frecuencia respiratoria, la saturación de oxígeno, la frecuencia cardiaca, la tensión arterial y la perfusión periférica. También es fundamental valorar el estado de volumen, mediante el peso diario, la presencia de edemas, ascitis o ingurgitación yugular, así como la diuresis, el balance hídrico y la respuesta al tratamiento diurético 2,3.

Además, deben evaluarse la fatiga, tolerancia al esfuerzo y capacidad funcional, junto con el estado cognitivo y emocional, especialmente la ansiedad y la comprensión de la enfermedad. La valoración debe incluir también la adherencia al tratamiento, la alimentación, el control de líquidos y el seguimiento de las recomendaciones sanitarias4.

Es necesario conocer el entorno familiar y social, así como la capacidad del paciente y de su cuidador para realizar los cuidados en el domicilio. El aumento rápido de peso, la aparición de edemas o el empeoramiento de la disnea pueden indicar una retención progresiva de líquidos y constituir signos de alerta ante una posible descompensación3,5.

Monitorización y detección precoz de la descompensación:

La vigilancia enfermera permite identificar de forma temprana cambios que pueden indicar un empeoramiento de la insuficiencia cardiaca.

Entre los principales signos de alerta se encuentran: aumento rápido de peso, incremento de la disnea, ortopnea, disnea paroxística nocturna, aumento de los edemas, disminución de la diuresis y aparición de fatiga o intolerancia progresiva a las actividades habituales. También deben vigilarse el mareo, la hipotensión, el síncope, las alteraciones del nivel de consciencia, el dolor torácico y otros signos de deterioro clínico5,6.

Se puede agrupar en dos situaciones:

  • Signos de congestión: acumulación de líquido: aumento de peso, edemas y empeoramiento de la disnea.
  • Signos de hipoperfusión: gasto cardíaco insuficiente y una menor llegada de sangre a los tejidos, pudiendo manifestarse mediante hipotensión, mareo, confusión, oliguria o extremidades frías.

Ambos procesos pueden aparecer simultáneamente, pero requieren una vigilancia diferenciada para detectar precozmente la descompensación y actuar según la situación clínica1,2,5,6.

Manejo de la congestión y del balance hídrico:

El control del balance hídrico es fundamental para detectar y tratar la congestión. Enfermería debe registrar las entradas y salidas de líquidos, controlar diariamente el peso en condiciones similares y valorar la aparición o progresión de edemas y posibles alteraciones de la piel. También debe vigilar la diuresis y la respuesta al tratamiento diurético, junto con la tensión arterial, la frecuencia cardiaca y la aparición de síntomas tras los cambios terapéuticos5.

Se deben de aplicar restricciones de líquidos y sodio prescritas, teniendo en cuenta que no todos los pacientes requieren la misma limitación hídrica. Esta debe individualizarse según el estado clínico, el grado de congestión, la presencia de hiponatremia (concentración baja de sodio en sangre) y el tratamiento indicado. Durante el seguimiento es importante detectar signos de deshidratación, hipotensión o alteraciones electrolíticas3,4.

El tratamiento diurético puede aumentar la frecuencia y urgencia miccional y favorecer la hipotensión, por lo que deben establecerse medidas para prevenir caídas, especialmente en pacientes con movilidad reducida o riesgo de mareos6.

Educación para el autocuidado:

La educación sanitaria es una de las intervenciones enfermeras más importantes en el manejo de la insuficiencia cardiaca, ya que busca que el paciente participe activamente en el control de su enfermedad. Debe incluir información sobre la enfermedad y sus posibles descompensaciones, control diario del peso, reconocimiento de signos de alarma, adherencia al tratamiento, alimentación baja en sodio, manejo de líquidos según prescripción y actividad física adaptada. También es importante reforzar el abandono del tabaco, la reducción o evitación del alcohol, la vacunación y la prevención de infecciones según las recomendaciones establecidas2,4.

La educación debe ser individualizada y práctica, adaptándose a la capacidad de comprensión y a las circunstancias de cada paciente. No es suficiente con proporcionar información: enfermería debe comprobar que la persona comprende las recomendaciones y sabe cómo aplicarlas en su domicilio. Una estrategia útil es la técnica de repetición explicada por el paciente (teach-back), pidiéndole que explique con sus propias palabras qué signos debe vigilar, cómo realizará el control del peso y cuándo debe contactar con el equipo sanitario1,5.

La participación de la familia o del cuidador puede ser especialmente relevante cuando existen limitaciones físicas, cognitivas o dificultades para realizar el autocuidado. Una educación adecuada favorece la autonomía, facilita la detección precoz de cambios clínicos y puede contribuir a reducir las descompensaciones y los reingresos hospitalarios6.

Adherencia terapéutica y conciliación de la medicaciónz:

Enfermería desempeña un papel relevante en la conciliación y seguimiento del tratamiento farmacológico, especialmente durante las transiciones entre el hospital y el domicilio. Es necesario revisar la medicación habitual al ingreso y al alta, detectar duplicidades, olvidos o errores de administración y comprobar que el paciente conoce la finalidad de los principales tratamientos y sus posibles efectos adversos3.

La valoración debe incluir posibles barreras para la adherencia, como polimedicación, deterioro cognitivo, baja alfabetización sanitaria, dificultades económicas o falta de apoyo familiar. También es importante vigilar signos relacionados con el tratamiento, como hipotensión, bradicardia, alteraciones del potasio o deterioro de la función renal cuando corresponda, así como identificar medicamentos que puedan favorecer una descompensación, entre ellos determinados antiinflamatorios no esteroideos.

La falta de adherencia no debe interpretarse únicamente como una decisión del paciente. Con frecuencia está relacionada con la complejidad del tratamiento, la falta de comprensión, los efectos adversos o las dificultades para gestionar la medicación en el domicilio. Por ello, enfermería debe identificar estas barreras y adaptar la educación y el plan de cuidados a las posibilidades reales de cada persona1,5.

Actividad física, capacidad funcional y rehabilitación:

Enfermería debe valorar la tolerancia al esfuerzo, la capacidad funcional y la situación basal del paciente para adaptar la actividad a sus necesidades. Durante el ingreso, es fundamental prevenir la pérdida de capacidad funcional asociado a la inmovilidad, favoreciendo una movilización progresiva y segura cuando la situación clínica lo permita.

La educación debe incluir la alternancia entre actividad y descanso, así como estrategias de conservación de energía para las actividades de la vida diaria. El plan debe individualizarse según la fragilidad, las comorbilidades, la capacidad funcional previa y la respuesta del paciente, coordinándose con fisioterapia o rehabilitación cuando sea necesario.

El objetivo no es mantener un reposo innecesario ni indicar ejercicio sin adaptación, sino preservar la funcionalidad y la autonomía sin provocar un empeoramiento de los síntomas2,3,4.

Cuidados en insuficiencia cardiaca avanzada y enfoque paliativo:

En fases avanzadas de la insuficiencia cardiaca, los cuidados de enfermería deben orientarse también al control de síntomas y al mantenimiento de la calidad de vida, especialmente cuando existen disnea, dolor, fatiga o ansiedad persistentes. Es necesario valorar de forma integral las necesidades físicas, emocionales, sociales y espirituales del paciente.

Enfermería participa en la comunicación con el paciente y su familia, facilitando que conozcan la situación clínica y puedan expresar sus preferencias y objetivos de cuidado. También resulta importante apoyar al cuidador, detectar sobrecarga y favorecer la planificación anticipada de decisiones cuando proceda.

La atención paliativa no significa abandonar el tratamiento, sino adaptar los cuidados y las intervenciones a las necesidades y preferencias de cada persona, priorizando el confort, la funcionalidad y aquellos objetivos que considere más importantes. Cuando sea necesario, enfermería debe coordinarse con los equipos de cuidados paliativos para garantizar una atención continuada e individualizada1,5.

CONCLUSIONES

  • La insuficiencia cardíaca es una enfermedad crónica y progresiva que puede limitar de forma importante la capacidad funcional y la calidad de vida. Su evolución requiere un seguimiento continuado y una atención adaptada a las necesidades de cada paciente.
  • Las principales necesidades de cuidado se relacionan con el control de los síntomas, la congestión, la capacidad funcional, el tratamiento farmacológico y la adaptación a las actividades de la vida diaria, por lo que la valoración enfermera debe ser integral e individualizada.
  • La monitorización de parámetros clínicos, el control del peso, la valoración del balance hídrico y la identificación de signos de alarma permiten detectar precozmente posibles descompensaciones y favorecer una actuación rápida.
  • La educación sanitaria y el acompañamiento enfermero favorecen el autocuidado y la adherencia al tratamiento, ayudando al paciente y a su familia a reconocer cambios en su estado de salud y a tomar decisiones adecuadas en el domicilio.
  • En conjunto, los cuidados de enfermería contribuyen a mejorar el manejo de la enfermedad y a prevenir complicaciones y reingresos, especialmente cuando se mantienen mediante un seguimiento coordinado entre los diferentes niveles asistenciales.

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  6. Suárez Baulde A, Chacón Docampo M. Enfermeras de práctica avanzada y su influencia en la atención a pacientes con insuficiencia cardíaca: revisión sistematizada. Rev Asoc Esp Enferm Cardiol. 2024;31(93). doi:10.59322/AEEC.2024.118

 

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