Higiene del sueño infantil: evidencia actual y papel de la enfermería

20 septiembre 2026

 

AUTORES

  1. Laura Tejerina Tejedo. Enfermera Especialista en Pediatría, Hospital Universitario Miguel Servet (Zaragoza, España).
  2. Martina Ibáñez Baró. Enfermera Especialista en Pediatría, Hospital Universitario Arnau de Vilanova (Lleida, España).
  3. Alba Ortiz Gómez. Enfermera Especialista en Salud Mental, Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa (Zaragoza, España).
  4. María Poves Ruiz. Enfermera Generalista, Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa (Zaragoza, España).
  5. Maddi Fernández Goñi. Enfermera Especialista en Salud Mental, Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa (Zaragoza, España).

RESUMEN

Introducción: La higiene del sueño constituye un componente fundamental para el desarrollo físico, cognitivo y emocional de la población pediátrica. La adquisición de hábitos de sueño saludables desde la infancia contribuye a mejorar la calidad del descanso y a prevenir alteraciones sobre la salud y el bienestar infantil. En los últimos años, tras el aumento de interés se han desarrollado intervenciones educativas dirigidas a niños, adolescentes y familias.

Objetivo: Analizar la evidencia sobre la higiene del sueño en la población pediátrica, factores que influyen en la calidad del sueño y de las principales estrategias educativas de promoción.

Metodología: Se realizó una revisión narrativa en las bases de datos PubMed y Web of Science. Se incluyeron estudios publicados entre 2021 y 2026 en inglés o español relacionados con los objetivos propuestos. Tras aplicar los criterios de inclusión y exclusión, se seleccionaron 11 estudios para su análisis.

Resultados: La higiene del sueño está influenciada por múltiples factores modificables como las rutinas familiares, el entorno y el uso de dispositivos electrónicos. Las intervenciones educativas demostraron una mejora sobre la calidad del sueño, especialmente con estrategias conductuales e implicación familiar activa. Las intervenciones escolares basadas exclusivamente en educación fueron menos consistentes, lo que refuerza la idea de desarrollar programas multicomponente. Además, la evidencia destaca el papel de los profesionales de Enfermería en la educación para la salud y en la promoción de hábitos de sueño saludables.

Conclusiones: La higiene del sueño resulta un método preventivo importante en la salud infantil. Las intervenciones educativas muestran un impacto positivo, cuando incluyen la participación familiar y un abordaje integral. Enfermería desempeña un papel esencial en la promoción de hábitos de sueño saludables desde ámbitos como Atención Primaria y el medio escolar, siendo necesarios nuevos estudios que permitan fortalecer la evidencia disponible y optimizar las intervenciones.

PALABRAS CLAVE

Higiene del sueño, sueño, niño, adolescente, educación para la salud, enfermería pediátrica.

ABSTRACT

Introduction: Sleep hygiene is a fundamental component of physical, cognitive, and emotional development in the pediatric population. Establishing healthy sleep habits from childhood contributes to improving sleep quality and preventing adverse effects on children’s health and well-being. In recent years, growing interest in this area has led to the development of educational interventions targeting children, adolescents, and families.

Objective: To analyze the evidence on sleep hygiene in the pediatric population, the factors influencing sleep quality, and the main educational strategies for its promotion.

Methodology: A narrative literature review was conducted using the PubMed and Web of Science databases. Studies published between 2021 and 2026 in English or Spanish and related to the proposed objectives were included. After applying the inclusion and exclusion criteria, 11 studies were selected for analysis.

Results: Sleep hygiene is influenced by multiple modifiable factors, including family routines, the sleep environment, and the use of electronic devices. Educational interventions demonstrated improvements in sleep quality, particularly when incorporating behavioral strategies and active family involvement. School-based interventions focused exclusively on education showed less consistent results, reinforcing the need for multicomponent programs. Furthermore, the evidence highlights the role of nursing professionals in health education and the promotion of healthy sleep habits.

Conclusions: Sleep hygiene represents an important preventive strategy for promoting children’s health. Educational interventions have a positive impact, particularly when they include family involvement and adopt a comprehensive approach. Nursing plays an essential role in promoting healthy sleep habits in settings such as Primary Care and schools. Further research is needed to strengthen the available evidence and optimize these interventions.

KEY WORDS

Sleep hygiene, sleep, child, adolescent, health education, pediatric nursing.

INTRODUCCIÓN

El sueño es una necesidad fisiológica esencial para el crecimiento, el desarrollo y el mantenimiento de la salud durante la infancia y la adolescencia. Un descanso óptimo favorece el desarrollo neurológico, el aprendizaje, la consolidación de la memoria, la regulación emocional, el rendimiento escolar y el correcto funcionamiento del sistema inmunitario. Una mala calidad o duración en el descanso se ha relacionado con alteraciones del comportamiento, dificultades cognitivas, obesidad, problemas metabólicos y un mayor riesgo de trastornos de salud mental1-4.

En los últimos años, la higiene del sueño ha adquirido protagonismo como estrategia preventiva para promover hábitos saludables. La higiene del sueño se define como el conjunto de hábitos conductuales y condiciones ambientales orientados a favorecer un sueño suficiente y de calidad. Sin embargo, no existe una definición única ni sobre los componentes que integran este concepto. Esta falta de uniformidad dificulta la aplicación de estrategias y la comunicación entre profesionales en su promoción. Entre los factores se incluyen un ambiente apto para el descanso, creación de rutinas y horarios regulares, evitación en el consumo de sustancias estimulantes y factores que influyen negativamente en el mantenimiento e inicio del sueño1,3.

Entre los factores más importantes actualmente destaca el uso de dispositivos electrónicos previo al descanso. La exposición a pantallas se ha relacionado con un retraso en la conciliación del sueño, una menor duración y una peor calidad del sueño en niños y adolescentes4.

La instauración de hábitos adecuados durante la infancia depende principalmente del entorno familiar. Las rutinas estables, la supervisión parental y el establecimiento de normas relacionadas con el uso de dispositivos y los horarios de descanso constituyen factores protectores que favorecen una adecuada higiene del sueño. En este contexto, la educación sanitaria dirigida a las familias adquiere un papel fundamental para promover cambios conductuales sostenibles5.

Las intervenciones educativas pueden mejorar los hábitos de sueño infantiles, especialmente combinando información con cambios conductuales que involucren a toda la familia. Un campo de actuación prometedor es el ámbito escolar donde se pueden desarrollar metodologías participativas en la adquisición de hábitos del sueño saludables6-8.

Los profesionales de Enfermería, especialmente en Atención Primaria, desempeñan un papel imprescindible en la promoción de hábitos saludables relacionados con el sueño mediante asesoramiento personalizado, educación para la salud y detección precoz de conductas de riesgo5,6.

Ante el creciente interés por la promoción de la salud del sueño y la aparición de nuevas estrategias educativas, resulta necesario revisar la evidencia científica disponible para conocer los principales factores que influyen en la higiene del sueño infantil y valorar la efectividad de las intervenciones desarrolladas en este ámbito.

OBJETIVOS

Objetivo general:

Analizar y sintetizar el conocimiento actual sobre la higiene del sueño y de su influencia en la salud infantil y de las principales estrategias educativas dirigidas a promover hábitos de sueño saludables.

Objetivos específicos:

  • Describir el concepto de higiene del sueño y su importancia durante la infancia y la adolescencia.
  • Identificar los principales factores que influyen en la calidad del sueño infantil y sus repercusiones sobre la salud física, cognitiva y emocional.
  • Revisar las intervenciones educativas y las estrategias de promoción de la higiene del sueño descritas en la literatura científica reciente.
  • Analizar el papel de los profesionales de Enfermería en la educación para la salud y en la promoción de hábitos de sueño saludables en la población pediátrica.

METODOLOGÍA

La búsqueda bibliográfica se llevó a cabo entre los meses de junio y agosto de 2026 en las bases de datos PubMed y Web of Science. La estrategia de búsqueda empleada fue sleep hygiene education AND child, adaptándose a las características de cada base de datos. Se limitaron los resultados a artículos publicados entre enero de 2021 y julio de 2026, en idioma inglés o español.

Como criterios de inclusión se establecieron: estudios originales, ensayos clínicos, estudios observacionales, revisiones sistemáticas, revisiones de alcance y revisiones bibliográficas que abordarán la higiene del sueño, la educación para la salud o las intervenciones dirigidas a mejorar los hábitos de sueño en población pediátrica.

Se excluyeron los artículos centrados exclusivamente en población adulta, aquellos relacionados con trastornos del sueño o enfermedades específicas sin abordar la higiene del sueño como intervención principal, las cartas al editor, editoriales, resúmenes de congresos y trabajos cuyo texto completo no estaba disponible. Finalmente, tras una lectura crítica se incluyeron 11 estudios.

RESULTADOS

Una revisión bibliográfica que analizó 548 estudios sobre higiene del sueño observó que únicamente el 44 % de las publicaciones proporcionaban una definición explícita. Se identificaron tres dimensiones comunes: factores conductuales, factores ambientales y el grado de control personal sobre los hábitos de sueño. Además, se identificaron una gran cantidad de factores que influyen en la higiene del sueño, siendo los más frecuentes sustancias y factores estimulantes como la cafeína, el tabaco, el ejercicio físico, el estrés, etc. Factores ambientales como la luz, el ruido, la temperatura, etc. Y factores conductuales y comportamentales como horarios de sueño, las rutinas previas al descanso y el control de estímulos1.

Durante la infancia, el sueño desempeña un papel esencial en el desarrollo físico, neurológico y emocional. Un descanso adecuado favorece la maduración cerebral, la consolidación de la memoria, el aprendizaje, el crecimiento y la regulación emocional, además de contribuir al correcto funcionamiento del sistema inmunológico. Fomentar una adecuada higiene del sueño desde la infancia ayudará a una mejor salud y calidad de vida2,3.

Factores que influyen en la higiene del sueño infantil:

Los estudios analizados identifican diversos factores modificables que condicionan la calidad del sueño infantil. Entre ellos, las rutinas familiares constituyen uno de los determinantes más importantes. Mantener horarios regulares para acostarse y levantarse, establecer actividades relajantes antes del descanso y evitar estímulos intensos en el periodo previo al sueño favorecen una mejor conciliación y continuidad del descanso nocturno1-5.

El ambiente donde duerme el niño también desempeña un papel relevante. Un dormitorio silencioso, oscuro, con temperatura confortable y destinado preferentemente al descanso favorece un sueño de mayor calidad. Del mismo modo, la práctica regular de actividad física y unos hábitos alimentarios saludables contribuyen al mantenimiento de un patrón de sueño adecuado1-4.

Carter B. et al destacan que el uso de dispositivos electrónicos antes de acostarse representa uno de los factores de riesgo más estudiados en la actualidad. Su uso durante la hora previa al sueño se asocia con una menor duración del descanso, un retraso en el inicio del sueño y una peor calidad del mismo, debido tanto a la estimulación cognitiva como a la exposición a la luz emitida por las pantallas4.

Estos resultados se ven reforzados por la revisión de Fatima et al., que señala que el uso excesivo del teléfono móvil y la dependencia de estos dispositivos se asocian con una peor calidad del sueño, mayor latencia de inicio del sueño y un incremento de la somnolencia diurna en niños y adolescentes. Los autores destacan que el uso problemático de dispositivos digitales constituye un problema emergente de salud pública y recomiendan limitar su uso9.

La familia constituye otro elemento determinante en la adquisición de hábitos saludables. Un estudio transversal realizado en Arabia Saudí de Alharbi A et al. donde incluyeron a 729 progenitores evidenció que la mayoría de los padres conocía las recomendaciones generales sobre higiene del sueño, como la importancia de establecer rutinas antes de acostarse (81,3 %) y limitar el uso de dispositivos electrónicos antes de dormir (71,0 %). Sin embargo, se reflejaron limitaciones conceptuales relacionadas con el efecto de la cafeína y las siestas sobre el sueño nocturno infantil. Además, el 73,9 % de los participantes manifestó interés en recibir mayor formación sobre higiene del sueño, reflejando la necesidad de desarrollar programas educativos dirigidos a las familias. También destacaron que el personal sanitario, en especial los pediatras, y los recursos digitales fueron las principales fuentes de información utilizadas por los padres5.

Consecuencias de una higiene del sueño inadecuada:

La evidencia revisada por Dias AP et al., Chow CM. y Carter B. et al, entre otros, demuestra que una higiene del sueño deficiente puede repercutir negativamente sobre múltiples dimensiones de la salud infantil. El sueño insuficiente desde el punto de vista cognitivo se relaciona con dificultades de atención, alteraciones de la memoria, disminución de la capacidad de aprendizaje, lo que puede generar un peor rendimiento escolar. En el ámbito conductual, también se ha asociado con mayor irritabilidad e impulsividad, dificultades para la regulación emocional y problemas de comportamiento. En relación con la salud física, se describe una asociación entre la falta de sueño y un mayor riesgo de sobrepeso, obesidad y alteraciones metabólicas. Asimismo, el sueño insuficiente repercute sobre la calidad de vida del niño y de su familia, favoreciendo la aparición de fatiga, somnolencia diurna y disminución del bienestar general2–4.

Intervenciones educativas para su promoción:

Las intervenciones educativas constituyen una de las estrategias más utilizadas para mejorar los hábitos de sueño en la población pediátrica. Estas intervenciones incluyen recomendaciones sobre el establecimiento de horarios regulares, la creación de rutinas antes de dormir, la adecuación del entorno de descanso, la reducción del uso de dispositivos electrónicos y la participación activa de las familias6-8.

Uno de los estudios de intervención más relevantes fue el desarrollado por Haylı et al., quienes evaluaron un programa de educación en higiene del sueño en 80 niños y adolescentes de entre 10 y 18. Tras la intervención, los participantes mostraron una mejoría estadísticamente significativa tanto en las puntuaciones del Children’s Sleep Habits Questionnaire como en el Three-Factor Eating Questionnaire (p < 0,01). Además, se observaron diferencias significativas entre ambos grupos en la evolución de los hábitos de sueño y de la conducta alimentaria, poniendo de manifiesto que la educación en higiene del sueño puede mejorar otros aspectos relacionados con la salud del niño. Estos resultados sugieren una estrecha relación entre la calidad del sueño y los hábitos alimentarios durante la infancia y la adolescencia, apoyando la incorporación de programas educativos que promuevan estilos de vida saludables desde una perspectiva integral6.

En la misma línea, la revisión de Tanaka et al. describe diversos programas de educación del sueño desarrollados en el ámbito escolar japonés, basados en una combinación de educación sanitaria y estrategias de autoayuda. Estos programas incluyen una sesión educativa breve sobre la importancia del sueño y a continuación un periodo donde los estudiantes identifican, aplican y registran conductas que favorecen el sueño. La revisión concluye que este enfoque mejora la adquisición de conocimientos, promueve los hábitos de sueño, incrementa la duración y calidad del descanso y reduce la somnolencia diurna y la irritabilidad, poniendo de manifiesto la importancia de combinar la información con herramientas que faciliten el cambio conductual11.

No obstante, los resultados de las intervenciones educativas no son completamente homogéneos. La revisión sistemática de Gaskin CJ et al. que incluyó 21 estudios con un total de 10.867 niños y adolescentes de 13 países concluyó que la mayoría de los programas escolares basados únicamente en educación sobre el sueño mostraban una eficacia limitada para modificar los hábitos de sueño. Los autores señalaron que muchas intervenciones eran breves, de baja intensidad y presentaban limitaciones metodológicas, por lo que propusieron el desarrollo de intervenciones multicomponente que implicarán tanto al entorno escolar como al familiar7.

En esta línea, el ensayo clínico piloto Good Nights Sleep Program desarrollado por una intervención dirigida simultáneamente a padres e hijos, donde se incluía educación sanitaria, estrategias de cambio conductual, modificación del entorno del dormitorio y seguimiento de objetivos. Los resultados preliminares mostraron que los niños aumentaron la duración del sueño medida mediante actigrafía, mientras que los padres presentaron una menor latencia de inicio del sueño y una mayor regularidad en los horarios de despertar. Estos hallazgos apoyan la importancia de implicar activamente a las familias y de diseñar intervenciones más proactivas y conductuales. En conjunto, la evidencia disponible indica que la educación en higiene del sueño constituye una herramienta útil para promover hábitos saludables, aunque su efectividad depende de la intensidad de la intervención, la duración del seguimiento, la implicación familiar y la combinación de diferentes estrategias educativas y conductuales8.

Papel de Enfermería en la promoción de hábitos de sueño saludables.:

La revisión evidencia que los profesionales de Enfermería desempeñan un papel fundamental en la promoción de la higiene del sueño desde una perspectiva preventiva y de promoción en salud. Su participación en las revisiones del Programa de Salud Infantil y en las consultas de Atención Primaria permite identificar precozmente hábitos inadecuados, detectar factores de riesgo y proporcionar recomendaciones individualizadas adaptadas a las necesidades de cada familia5.

Los estudios revisados ponen de manifiesto que el nivel de conocimientos de los progenitores influye directamente en los hábitos de sueño de los niños y que existe una elevada demanda de información sobre este tema. En este contexto, la educación sanitaria liderada por Enfermería constituye una oportunidad para mejorar la alfabetización en salud de las familias y favorecer la instauración de rutinas saludables desde los primeros años de vida5,6.

Las intervenciones desarrolladas por Enfermería deberían incluir recomendaciones sobre horarios regulares de sueño, establecimiento de rutinas previas al descanso, limitación del uso de dispositivos electrónicos antes de dormir, adecuación del ambiente del dormitorio y promoción de hábitos de vida saludables. Asimismo, la coordinación con pediatras, centros educativos y otros profesionales sanitarios favorece el desarrollo de estrategias multidisciplinares dirigidas a mejorar la salud del sueño infantil8-9.

La evidencia disponible indica que las intervenciones más eficaces son aquellas que combinan la educación sanitaria con estrategias de cambio conductual y la implicación activa de las familias. Por ello, la Enfermería, por su accesibilidad y continuidad asistencial, ocupa una posición privilegiada para liderar programas de promoción de la higiene del sueño tanto en Atención Primaria como en el ámbito escolar, contribuyendo a mejorar la salud y el bienestar de la población pediátrica5,6.

DISCUSIÓN

La presente revisión narrativa pone de manifiesto que la higiene del sueño constituye un componente esencial para el adecuado desarrollo físico, cognitivo y emocional de la población pediátrica. La evidencia científica analizada coincide en señalar que la adquisición de hábitos saludables desde edades tempranas favorece una mejor calidad del sueño y puede repercutir positivamente sobre otros aspectos de la salud, como el rendimiento escolar, la regulación emocional, el comportamiento y los hábitos alimentarios. Estos hallazgos respaldan la consideración del sueño como un pilar fundamental de la promoción de la salud infantil, al mismo nivel que la alimentación equilibrada y la actividad física2,3,6.

Uno de los principales hallazgos de esta revisión es la diversidad existente en torno al concepto de higiene del sueño. La revisión bibliográfica de De Pasquale et al. evidenció la ausencia de una definición universalmente aceptada y una importante variabilidad en los componentes incluidos dentro de este concepto1. Esta falta de consenso puede dificultar la comparación entre investigaciones y limitar la implementación de recomendaciones homogéneas en la práctica clínica. No obstante, la mayoría de los estudios coinciden en identificar como elementos fundamentales el establecimiento de rutinas estables, la regularidad de los horarios de sueño, la adecuación del ambiente del dormitorio y la limitación de factores que interfieren con el descanso, especialmente el uso de dispositivos electrónicos antes de acostarse y el uso problemático de teléfonos móviles, cuya utilización excesiva se ha relacionado con un deterioro de la calidad del sueño en población pediátrica1,3,4,9.

Respecto a los factores que condicionan la calidad del sueño, la revisión confirma que el entorno familiar desempeña un papel determinante en la adquisición y mantenimiento de hábitos saludables. El estudio de Alharbi y Bajaifar mostró que, aunque la mayoría de los progenitores conocía las recomendaciones básicas sobre higiene del sueño, persistían lagunas importantes relacionadas con determinados hábitos, como el consumo de cafeína o la duración adecuada de las siestas, y que un elevado porcentaje de familias demandaba mayor formación sobre este tema. Estos resultados sugieren que disponer de información general no garantiza necesariamente la aplicación correcta de las recomendaciones y ponen de manifiesto la necesidad de reforzar la educación sanitaria dirigida a las familias5.

En relación con las intervenciones educativas, los resultados obtenidos muestran que la educación en higiene del sueño constituye una estrategia prometedora, aunque su efectividad depende de las características de la intervención. El estudio cuasiexperimental de Haylı et al. demostró mejoras estadísticamente significativas tanto en la calidad del sueño como en los hábitos alimentarios tras un programa estructurado de educación en higiene del sueño. Estos hallazgos apoyan la existencia de una estrecha relación entre el descanso y otros comportamientos relacionados con la salud, reforzando la conveniencia de abordar la promoción del sueño desde una perspectiva integral6.

Estos resultados son coherentes con la revisión sistemática realizada por Halal y Nunes, quienes ya señalaron que los programas educativos podían mejorar los hábitos de sueño cuando incluían la participación de las familias y se adaptaban a las características de la población infantil. Sin embargo, los autores también destacaban la escasez de estudios de alta calidad metodológica, una limitación que continúa presente en parte de la literatura más reciente10.

Sin embargo, estos resultados contrastan parcialmente con los descritos por Gaskin et al., cuya revisión sistemática concluyó que muchos programas escolares basados exclusivamente en educación sobre el sueño presentaban una eficacia limitada para modificar de forma mantenida los hábitos de sueño7.

Los autores atribuyen estos resultados a la corta duración de las intervenciones, su baja intensidad y la heterogeneidad metodológica de los estudios incluidos. Esta aparente discrepancia con los hallazgos de Haylı et al. probablemente refleja que la efectividad de las intervenciones depende no solo del contenido educativo, sino también de factores como la intensidad del programa, el seguimiento realizado y el grado de implicación de los participantes. Esta interpretación también coincide con la revisión de Tanaka et al., que destaca que los programas educativos obtienen mejores resultados cuando complementan la información teórica con estrategias de autorregulación y seguimiento de las conductas promotoras del sueño, facilitando la aplicación práctica de los conocimientos adquiridos6,11.

En este sentido, los resultados del ensayo piloto de Gillis BT, Hinnant B, Neuhoff EL, et al., Good Nights Sleep Program, respaldan esta hipótesis al demostrar que las intervenciones multicomponente, que combinan educación sanitaria, estrategias de cambio conductual, modificaciones del entorno de descanso e implicación activa de padres e hijos, obtienen resultados prometedores tanto en la duración del sueño de los niños como en la mejora de determinados parámetros del sueño de los progenitores8.

Estos hallazgos coinciden con las recomendaciones de la literatura más reciente, que propone sustituir los programas educativos aislados por intervenciones más integrales, adaptadas al contexto familiar y social de cada niño2,7,8.

Los resultados de esta revisión también refuerzan el papel de los profesionales de Enfermería en la promoción de la higiene del sueño infantil. Debido a su contacto continuado con niños y familias durante las revisiones del niño sano y las actividades de educación sanitaria, la Enfermería dispone de una posición excelente para detectar precozmente hábitos inadecuados, ofrecer recomendaciones individualizadas y favorecer la instauración de rutinas saludables5,6.

Además, la incorporación sistemática sobre higiene del sueño en las consultas de Atención Primaria y en los programas de salud infantil podría contribuir a prevenir problemas de sueño anticipándose a la cronificación y reducir sus consecuencias sobre el desarrollo y crecimiento infantil2,6,8.

No obstante, esta revisión presenta algunas limitaciones. En primer lugar, se trata de una revisión narrativa, por lo que no se realizó una evaluación sistemática de la calidad metodológica de los estudios incluidos ni un metaanálisis de los resultados. Asimismo, los trabajos revisados presentan una considerable heterogeneidad en cuanto al diseño, las características de las muestras, los instrumentos de evaluación y las intervenciones desarrolladas, lo que dificulta la comparación directa entre estudios. Además, la mayoría de las investigaciones se desarrollaron en contextos culturales específicos, aspecto que puede limitar la generalización de algunos resultados a otros sistemas sanitarios y poblaciones.

A pesar de estas limitaciones, la revisión ofrece una visión actualizada del conocimiento disponible sobre la higiene del sueño infantil y pone de manifiesto la necesidad de continuar investigando mediante ensayos clínicos con mayor tamaño muestral, seguimientos prolongados e intervenciones estandarizadas. Como futuras líneas de investigación, sería recomendable evaluar el impacto de programas liderados por profesionales de Enfermería en diferentes ámbitos asistenciales, especialmente en Atención Primaria y en el entorno escolar, con el fin de valorar su efectividad a largo plazo y favorecer la incorporación de recomendaciones basadas en la evidencia dentro de los programas de promoción de la salud infantil.

CONCLUSIONES

La higiene del sueño constituye un elemento esencial para el adecuado desarrollo físico, cognitivo, emocional y conductual de la población pediátrica. La evidencia científica revisada pone de manifiesto que la adquisición de hábitos saludables desde edades tempranas favorece una mejor calidad del sueño y puede repercutir positivamente sobre otros aspectos relacionados con la salud, como el rendimiento académico, la regulación emocional, la alimentación y el bienestar general.

Los resultados muestran que múltiples factores modificables, entre ellos las rutinas familiares, el ambiente de descanso, el uso de dispositivos electrónicos antes de dormir y los conocimientos de los progenitores, influyen de forma significativa en la calidad del sueño infantil. La participación activa de las familias resulta un componente fundamental para el éxito de cualquier estrategia de promoción de hábitos saludables.

Las intervenciones educativas representan una herramienta eficaz para mejorar la higiene del sueño, especialmente cuando combinan educación sanitaria, estrategias de cambio conductual y participación familiar. No obstante, la evidencia disponible también indica que los programas educativos aislados y de corta duración pueden resultar insuficientes para generar cambios mantenidos en el tiempo, lo que pone de manifiesto la necesidad de desarrollar intervenciones multicomponente adaptadas al contexto de los niños y sus familias.

Los profesionales de Enfermería desempeñan un papel clave en la promoción de la higiene del sueño mediante actividades de educación para la salud, detección precoz de hábitos inadecuados y asesoramiento a niños, adolescentes y cuidadores. La incorporación sistemática de recomendaciones sobre higiene del sueño en las consultas de Atención Primaria, en el Programa de Salud Infantil y en el ámbito escolar podría contribuir a mejorar la calidad del descanso y prevenir problemas de salud asociados a un sueño insuficiente.

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