AUTORES
- Laura Tejerina Tejedo. Enfermera Especialista en Pediatría, Hospital Universitario Miguel Servet (Zaragoza, España).
- Martina Ibáñez Baró. Enfermera Especialista en Pediatría, Hospital Universitario Arnau de Vilanova (Lleida, España).
- Alba Ortiz Gómez. Enfermera Especialista en Salud Mental, Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa (Zaragoza, España).
- María Poves Ruiz. Enfermera Generalista, Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa (Zaragoza, España).
- Maddi Fernández Goñi. Enfermera Especialista en Salud Mental, Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa (Zaragoza, España).
RESUMEN
Introducción: El uso de dispositivos con pantalla ha aumentado exponencialmente durante las últimas décadas, convirtiéndose en un elemento habitual en la vida de niños y adolescentes. Aunque las nuevas tecnologías ofrecen oportunidades para el aprendizaje y la comunicación, la evidencia científica ha señalado posibles efectos sobre diferentes dimensiones de la salud infantil.
Objetivo: Analizar la evidencia científica disponible sobre el impacto del uso de pantallas en la salud de la población pediátrica e identificar el papel de la enfermería pediátrica en la promoción de hábitos digitales saludables.
Metodología: Se realizó una revisión narrativa de la literatura mediante una búsqueda bibliográfica en las bases de datos PubMed (MEDLINE) y Web of Science durante julio de 2026. Se incluyeron revisiones sistemáticas, metaanálisis y revisiones publicadas entre 2021 y 2026, en inglés, realizadas en población pediátrica y relacionadas con el uso de pantallas y su repercusión sobre el desarrollo cognitivo, el lenguaje, la salud mental, el sueño, la actividad física y las intervenciones dirigidas a reducir el tiempo de exposición. Finalmente, se seleccionaron nueve estudios para su análisis.
Resultados: La evidencia analizada muestra que un uso excesivo y no supervisado de pantallas se asocia con peores resultados en el desarrollo cognitivo y del lenguaje, una peor calidad del sueño y un incremento del sedentarismo. Asimismo, las intervenciones más eficaces para reducir el tiempo de pantalla son aquellas que implican activamente a las familias mediante educación sanitaria, establecimiento de normas y promoción de actividades alternativas. Las recomendaciones actuales destacan la importancia de adaptar el uso de dispositivos digitales a la edad del niño, priorizando la supervisión parental y la calidad del contenido.
Conclusiones: El uso de pantallas constituye un factor relevante para la salud infantil cuando sustituyen actividades esenciales para el desarrollo. La enfermería pediátrica desempeña un papel importante en la promoción de hábitos digitales saludables mediante la educación para la salud, la detección precoz de patrones de uso inadecuados y el acompañamiento a las familias.
PALABRAS CLAVE
Tiempo de pantalla, medios digitales, salud infantil, desarrollo infantil, enfermería pediátrica.
ABSTRACT
Introduction: The use of screen-based devices has increased considerably over recent decades, becoming a common part of children’s and adolescents’ daily lives. Although digital technologies provide opportunities for learning and communication, growing scientific evidence suggests that excessive exposure may negatively affect several aspects of child health.
Objective: To analyse the available scientific evidence on the impact of screen use on paediatric health and to identify the role of paediatric nursing in promoting healthy digital habits.
Methods: A narrative review was conducted using a literature search in PubMed (MEDLINE) and Web of Science during July 2026. Systematic reviews, meta-analyses and review articles published between 2021 and 2026 in English were included. Eligible studies focused on the paediatric population and evaluated the relationship between screen use and cognitive development, language development, mental health, sleep, physical activity or interventions aimed at reducing screen time. Nine high-quality studies were finally included.
Results: The available evidence indicates that excessive and unsupervised screen use is associated with poorer cognitive and language development, increased risk of mental health problems, poorer sleep quality and greater sedentary behaviour. The most effective interventions involve active parental participation through health education, family rules regarding screen use and the promotion of alternative leisure activities. Current recommendations emphasise age-appropriate screen use, parental supervision and high-quality digital content.
Conclusions: Screen use represents an important factor influencing child health, particularly when it replaces activities essential for healthy development. Paediatric nurses play a key role in promoting healthy digital habits through health education, early identification of inappropriate screen use and family counselling.
KEY WORDS
Screen time, digital media, child health, child development, paediatric nursing.
INTRODUCCIÓN
La aparición de los dispositivos digitales en la vida cotidiana ha transformado de forma significativa los hábitos de ocio, aprendizaje y comunicación de la población infantil. El acceso cada vez más temprano a dispositivos con pantalla ha favorecido un incremento progresivo del tiempo de exposición durante los primeros años de vida, convirtiéndose en un aspecto a tener en cuenta en el ámbito de la salud pública y la práctica clínica pediátrica. Aunque las tecnologías digitales se consideran una herramienta de aprendizaje y entretenimiento cuando se utilizan de forma adecuada, la evidencia ha puesto de manifiesto que un uso excesivo o inadecuado puede repercutir negativamente sobre diferentes dimensiones del desarrollo infantil, especialmente a edades tempranas donde es mayor la plasticidad cerebral1-3.
Los primeros años de vida constituyen un periodo decisivo para el desarrollo neurológico, cognitivo, emocional y social del niño. Durante esta etapa se establecen conexiones neuronales fundamentales para conseguir los hitos del desarrollo como, la adquisición del lenguaje, funciones ejecutivas, autorregulación emocional y habilidades sociales, procesos que dependen de la interacción con el entorno y con las personas que rodean al niño. En este contexto, la sustitución de actividades como el juego libre, la lectura o la interacción familiar por el uso prolongado de pantallas ha originado una creciente preocupación entre los profesionales sanitarios y las sociedades científicas3,4.
El uso prolongado de pantallas ha evidenciado peores resultados en diversos indicadores de salud infantil como disminución de habilidades sociales e interacción con el entorno, disminución de capacidad en el lenguaje y desarrollo cognitivo, aumento del sedentarismo y sobrepeso y obesidad infantil, disminución en el descanso nocturno, entre otras1,3,5,6.
La influencia de las pantallas sobre la salud infantil no depende únicamente del tiempo de exposición. El contenido, el contexto de uso y la supervisión parental también forman un papel importante en los efectos sobre la salud infantil. Además, la percepción y las actitudes de los padres respecto al uso de dispositivos es relevante en el establecimiento de hábitos digitales saludables, constituyendo uno de los principales retos para las intervenciones preventivas3,7,8.
Ante esta situación, diferentes organismos internacionales y sociedades científicas, entre ellas la Academia Americana de Pediatría, la Organización Mundial de la Salud y diversas sociedades pediátricas europeas, recomiendan limitar la exposición a pantallas durante los primeros años de vida, fomentar actividades de juego libre y activo y promover un uso responsable y supervisado de los medios digitales. La enfermería pediátrica desempeña un papel esencial en la promoción de hábitos saludables mediante la educación sanitaria personalizada, la detección precoz de patrones de uso inadecuados y el asesoramiento durante los controles de salud infantil del niño sano en las consultas de Atención Primaria7.
Por todo ello, resulta necesario sintetizar la evidencia científica disponible sobre las repercusiones del uso de pantallas en la población pediátrica, con el fin de identificar sus principales efectos sobre la salud y proporcionar información útil que contribuya al diseño de estrategias preventivas y de promoción de la salud desde la práctica enfermera.
OBJETIVOS
Objetivo general:
Analizar la evidencia científica disponible sobre el impacto del uso de pantallas en la salud de la población pediátrica, identificando sus principales efectos sobre el desarrollo infantil y el papel de la enfermería pediátrica en la promoción de un uso responsable de los dispositivos digitales.
Objetivos específicos:
- Describir la influencia del uso de pantallas sobre el desarrollo cognitivo y del lenguaje en la población infantil.
- Analizar la relación entre el tiempo de exposición a pantallas y la salud mental, el bienestar emocional y el desarrollo psicosocial de niños y adolescentes.
- Examinar la evidencia científica acerca de los efectos del uso de pantallas sobre la calidad del sueño, el sedentarismo y la actividad física.
- Identificar las intervenciones más eficaces para reducir el tiempo de exposición a pantallas y promover hábitos digitales saludables en la infancia.
- Revisar las recomendaciones emitidas por las principales sociedades científicas sobre el uso de dispositivos digitales en la población pediátrica.
- Valorar el papel de la enfermería pediátrica en la educación para la salud, la prevención y el asesoramiento a las familias para favorecer un uso responsable de las pantallas.
METODOLOGÍA
Se realizó una revisión narrativa de la literatura científica con el objetivo de sintetizar la evidencia disponible sobre el impacto del uso de pantallas en la salud de la población pediátrica y analizar el papel de la enfermería en la promoción de hábitos digitales saludables.
La búsqueda bibliográfica se llevó a cabo durante el mes de julio de 2026 en las bases de datos PubMed (MEDLINE) y Web of Science.
Se utilizó la siguiente ecuación de busqueda: («screen time» OR «digital media» OR «screen media» OR «electronic media») AND (child OR infant OR toddler OR preschool OR adolescent) AND (sleep OR «language development» OR «child development» OR «cognitive development» OR «mental health» OR obesity OR «physical activity»). Tras la aplicación de los criterios de búsqueda se encontraron 128 registros.
Se establecieron como criterios de inclusión: revisiones sistemáticas, metaanálisis y revisiones narrativas publicadas entre 2021 y 2026; estudios realizados en población pediátrica (0-18 años); investigaciones que analizaran la relación entre el uso de pantallas o de medios digitales y variables relacionadas con el desarrollo cognitivo, el desarrollo del lenguaje, la salud mental, el sueño, la actividad física y sedentarismo o las intervenciones destinadas a hacer un uso de pantallas responsable.
Se excluyeron aquellos estudios realizados exclusivamente en población adulta, centrados en patologías específicas, revisiones sobre instrumentos de medida del uso de pantallas, así como aquellos cuyo contenido no respondía al objetivo de la presente revisión.
Finalmente, se seleccionaron los artículos con mayor relevancia clínica y calidad metodológica, priorizando revisiones sistemáticas y metaanálisis. La selección final estuvo constituida por 9 estudios, que sirvieron como base para la síntesis narrativa de los resultados.
RESULTADOS
La incorporación de dispositivos digitales en la vida cotidiana ha favorecido un incremento progresivo del tiempo de exposición a pantallas desde edades tempranas. En la actualidad los dispositivos electrónicos forman parte del entorno habitual y rutinas de niños y adolescentes, utilizándose con fines educativos y recreativos. Esta realidad hace imprescindible la necesidad de conocer las posibles repercusiones del uso de pantallas sobre la salud y el desarrollo infantil1.
Las revisiones analizadas coinciden en señalar que el tiempo de exposición a dispositivos digitales ha aumentado de forma considerable durante la última década, especialmente tras la pandemia por COVID-19, favoreciendo una mayor dependencia de las tecnologías digitales para el ocio, la comunicación y el aprendizaje. Aunque su uso como herramienta educativa puede aportar beneficios cuando existe una utilización adecuada y supervisada, la evidencia destaca que la exposición prolongada o sin un adecuado control por parte del entorno del niño y/o adolescente se asocia con un mayor riesgo de presentar alteraciones en diferentes dimensiones del desarrollo infantil1-5.
Los efectos del uso de pantallas no dependen exclusivamente del tiempo de exposición. Diversos estudios destacan la importancia de factores como la edad de inicio, el tipo de dispositivo, la calidad del contenido, el contexto del uso y el grado de participación y control parental durante su utilización. En este sentido, la evidencia indica que la visualización compartida con los padres y la selección de contenidos adaptados a la edad pueden disminuir algunos de los efectos negativos, mientras que el uso en solitario y durante las horas previas al sueño, se relaciona con peores resultados en salud1,7.
Las sociedades científicas, como la Comisión de Dependencia Digital de la Sociedad Italiana de Pediatría, coinciden que el uso de pantallas debe adaptarse a la edad y la etapa del desarrollo infantil, priorizando el juego activo, la interacción social y las actividades que favorezcan el aprendizaje y el desarrollo psicomotor. Estas recomendaciones enfatizan la necesidad de limitar al mínimo posible el tiempo de exposición durante los primeros años de vida y promover un uso responsable y supervisado de los dispositivos electrónicos por parte tanto de las familias como de los profesionales sanitarios7.
– Impacto sobre el desarrollo cognitivo y del lenguaje infantil:
Mallawaarachchi S et al. y da Silva Junior DC et al. destacan que los primeros años de vida constituyen un periodo imprescindible para el desarrollo cerebral, distinguido por una elevada plasticidad neuronal y por la adquisición de conexiones neuronales que forman los cimientos para poder adquirir habilidades cognitivas, lingüísticas y socioemocionales esenciales para el desarrollo posterior. Durante esta etapa, las experiencias de interacción con el entorno y con los cuidadores desempeñan un papel determinante en la consolidación de las funciones ejecutivas, la atención, la memoria, el lenguaje y la capacidad de aprendizaje. En este contexto, la exposición temprana y prolongada a dispositivos con pantalla ha suscitado una creciente preocupación debido a su posible interferencia con estos procesos madurativos1,2.
La revisión sistemática y metaanálisis realizada por Mallawaarachchi et al. evidenció que un mayor tiempo de exposición a pantallas durante la primera infancia se asocia con peores resultados en el desarrollo cognitivo y psicosocial. Los autores observaron asociaciones entre el uso prolongado de dispositivos digitales y un menor rendimiento en funciones ejecutivas, capacidad de atención, memoria de trabajo y habilidades de autorregulación. Además, señalaron que el contexto de utilización constituye un factor importante, de modo que la exposición pasiva y sin supervisión parental presenta un impacto más desfavorable que el consumo compartido de contenidos educativos1.
En relación con el desarrollo del lenguaje, la revisión sistemática de da Silva Junior et al. dedujo que la exposición frecuente a pantallas durante los primeros seis años de vida se relaciona con un mayor riesgo de retraso en la adquisición del lenguaje tanto expresivo como receptivo. Entre los principales problemas asociados destaca la disminución del tiempo dedicado a la interacción verbal entre el niño y sus cuidadores, considerada uno de los principales estímulos para el desarrollo lingüístico durante la primera infancia. Del mismo modo, la sustitución de actividades como la lectura compartida, el juego por el uso de dispositivos electrónicos puede limitar las oportunidades de aprendizaje y adquisición del vocabulario2.
No obstante, la evidencia disponible también pone de manifiesto que los efectos del uso de pantallas dependen de múltiples factores. Los contenidos educativos de calidad y el uso compartido entre padres e hijos parecen asociarse a mejores resultados que la exposición pasiva o prolongada a contenidos de entretenimiento1-3.
En su revisión Santos RMS et al. destaca que las sociedades científicas recomiendan evitar la exposición a pantallas durante los primeros años de vida cuando no exista una finalidad educativa claramente definida y promover actividades que favorezcan la interacción social, el juego activo y la comunicación familiar. Estas recomendaciones se fundamentan en la necesidad de preservar las experiencias de aprendizaje que resultan esenciales para el adecuado desarrollo cognitivo y lingüístico del niño en las primeras etapas del desarrollo3.
- Salud mental y desarrollo psicosocial:
La salud mental constituye uno de los ámbitos más investigados en relación con el uso de dispositivos digitales durante la infancia y la adolescencia. El aumento del tiempo dedicado a pantallas, especialmente al uso de redes sociales, plataformas de vídeo y videojuegos, ha generado preocupación por su posible influencia sobre el bienestar emocional, las relaciones interpersonales y el desarrollo psicosocial de niños y adolescentes1-7.
La revisión sistemática de Santos et al. identificó una asociación importante entre un mayor tiempo de exposición a pantallas y un incremento de síntomas de ansiedad, depresión, baja autoestima y problemas de conducta sobre todo en adolescentes. Aunque la magnitud de estas asociaciones fue variable entre los estudios incluidos, los autores observaron una tendencia general que relaciona un uso excesivo de dispositivos digitales con un peor estado de salud mental. No obstante, como limitación dentro de la revisión, destacan que la mayoría de las investigaciones disponibles son estudios observacionales, por lo que no es posible establecer una relación causal significativa entre ambas variables4.
De forma similar, la revisión publicada en Anales de Pediatría por Eddy Ives et al. destaca que el impacto de las pantallas sobre la salud mental depende de múltiples factores, entre ellos el tiempo de utilización, el tipo de contenido consumido y la forma de interacción con los dispositivos. El uso excesivo de redes sociales se ha asociado con una mayor exposición a comparaciones sociales, ciberacoso y alteraciones de la imagen corporal y autoconcepto, circunstancias que pueden favorecer la aparición de sintomatología ansiosa o depresiva, especialmente durante la adolescencia5.
Además de las alteraciones emocionales, diversos estudios describen una relación entre el uso intensivo de pantallas y dificultades en la regulación emocional, el control de impulsos y la capacidad de establecer relaciones interpersonales entre iguales1,4.
Sin embargo, la evidencia disponible también pone de manifiesto que no todo el uso de dispositivos digitales resulta perjudicial. El consumo de contenidos educativos, la comunicación con familiares y amigos o la utilización de herramientas digitales con fines académicos pueden aportar beneficios cuando se realizan de forma equilibrada y supervisada. En este sentido, diversos autores coinciden en que el problema no radica exclusivamente en el acceso a la tecnología, sino en el uso excesivo, la ausencia de supervisión parental y el desplazamiento de actividades esenciales para el desarrollo infantil1,5.
Por ello, las recomendaciones actuales insisten en promover un uso responsable de las tecnologías digitales, estableciendo límites de tiempo adecuados a la edad, fomentando espacios libres de pantallas y favoreciendo la comunicación familiar sobre el uso seguro de internet y las redes sociales5,7.
- Impacto del uso de pantallas sobre el sueño:
El sueño desempeña un papel fundamental en el crecimiento, el desarrollo neurológico y el bienestar físico y emocional de niños y adolescentes. Un descanso adecuado favorece los procesos de consolidación de la memoria, el aprendizaje y el desarrollo cerebral, mientras que la privación o la mala calidad del sueño se asocian con alteraciones cognitivas, conductuales y metabólicas. En este contexto, la exposición a pantallas en las horas previas al descanso nocturno se ha identificado como uno de los factores que afectan negativamente a los hábitos de sueño1,6.
La evidencia disponible muestra una asociación entre el uso excesivo de pantallas y una menor duración del sueño, un retraso en la hora de inicio del descanso nocturno y una peor calidad del sueño en la población pediátrica. La revisión sistemática de Wilhite et al. concluye que los niños y adolescentes que combinan elevados niveles de sedentarismo con una mayor exposición a pantallas presentan una mayor probabilidad de no cumplir las recomendaciones internacionales de sueño, lo que repercute negativamente sobre factores físicos, psicológicos y académicos6.
Por una parte, el tiempo dedicado al uso de dispositivos electrónicos reduce el tiempo disponible para dormir. Otro aspecto a tener en cuenta es la exposición a la luz emitida por las pantallas, la cual puede interferir a nivel hormonal en la secreción de melatonina y alterar el ritmo circadiano, dificultando el inicio del sueño. Además, los contenidos altamente estimulantes, como videojuegos o redes sociales, aumentan el nivel de activación cognitiva y emocional, favoreciendo una mayor latencia de inicio del sueño y despertares nocturnos más frecuentes5,7.
Un sueño insuficiente se ha relacionado con una disminución de la atención y del rendimiento escolar, alteraciones del estado de ánimo, dificultades en la regulación emocional y un mayor riesgo de sobrepeso y obesidad debido a cambios hormonales y conductuales que favorecen un estilo de vida menos saludable5,6.
Por ello, las principales sociedades científicas recomiendan evitar el uso de dispositivos electrónicos durante la hora previa al sueño, establecer rutinas de descanso regulares y mantener los dormitorios libres de pantallas. Estas medidas, junto con la educación dirigida a las familias sobre la importancia del sueño durante el desarrollo infantil, constituyen estrategias preventivas fundamentales para promover hábitos saludables desde la infancia7.
- Actividad física y sedentarismo:
El aumento del tiempo dedicado al uso de dispositivos electrónicos ha contribuido a la adopción de estilos de vida más sedentarios durante la infancia y la adolescencia. Aunque el uso de pantallas es uno de los múltiples factores que favorecen este hecho, Wilhite K et al. señala que una exposición prolongada, sobre todo durante el tiempo de ocio, suele asociarse con una disminución del tiempo destinado al juego activo y al ejercicio físico5.
La revisión sistemática de Wilhite et al. mostró que los niños y adolescentes con mayor tiempo de comportamiento sedentario y exposición a pantallas presentan una mayor probabilidad de no cumplir las recomendaciones internacionales de sueño, actividad física y tiempo sedentario. Asimismo, estos autores observaron que el cumplimiento conjunto de las recomendaciones sobre actividad física, sueño y limitación del sedentarismo se asocia con mejores resultados físicos, psicológicos y educativos5.
Por otra parte, el incremento del tiempo sedentario favorece la disminución de la actividad física y puede asociarse con hábitos alimentarios poco saludables, como el consumo de alimentos ultraprocesados y bebidas energéticas durante el uso de dispositivos electrónicos. Aunque la obesidad infantil es de origen multifactorial, la evidencia identifica el tiempo de pantalla como un factor modificable que debe abordarse conjuntamente con la alimentación, la actividad física y los hábitos de sueño para promover un estilo de vida saludable4,5.
- Estrategias de intervención para promover un uso saludable de las pantallas:
La evidencia respalda que las intervenciones más eficaces para reducir el tiempo de pantalla son aquellas que implican activamente a las familias y combinan diferentes estrategias educativas. El metaanálisis de Jones et al. concluyó que las intervenciones multicomponente, basadas en educación sanitaria, establecimiento de normas familiares, promoción de actividades alternativas y participación de los cuidadores, consiguen reducir el tiempo de exposición a pantallas. Por el contrario, las intervenciones basadas únicamente en proporcionar información muestran una efectividad limitada6.
La percepción de las familias constituye otro elemento determinante para el éxito de estas intervenciones. Chong et al. observaron que muchos padres reconocen los posibles efectos negativos del uso excesivo de pantallas, pero manifiestan dificultades para establecer límites debido a la conciliación laboral y familiar, la utilización de los dispositivos como herramienta para entretener a los niños y la creciente presencia de la tecnología en la vida cotidiana8.
En los últimos años también se han desarrollado intervenciones digitales dirigidas a padres y cuidadores. La revisión de Sandborg et al. señala que las aplicaciones móviles y los programas de educación online pueden mejorar los conocimientos sobre hábitos saludables relacionados con el uso de pantallas, el sueño, la alimentación y la actividad física durante la primera infancia, aunque todavía existe escasa evidencia sobre sus efectos a largo plazo9.
- Recomendaciones para un uso saludable de las pantallas:
La Organización Mundial de la Salud y la Academia Americana de Pediatría recomiendan evitar el uso recreativo de pantallas durante los primeros años de vida, limitar el tiempo de exposición en función de la edad y favorecer contenidos educativos de calidad compartidos con los cuidadores. En la misma línea, la Sociedad Italiana de Pediatría aconseja evitar el uso de dispositivos electrónicos durante las comidas y antes de acostarse, mantener los dormitorios libres de pantallas y establecer normas familiares consensuadas sobre su utilización7.
En este contexto, la enfermería pediátrica desempeña un papel esencial en la promoción de hábitos digitales saludables mediante la educación para la salud, la valoración de hábitos relacionados con el uso de pantallas durante los controles del Programa de Salud Infantil y el asesoramiento individualizado a las familias, favoreciendo la adopción de estrategias preventivas adaptadas a las necesidades de cada niño7-9.
DISCUSIÓN
La presente revisión pone de manifiesto que el uso de pantallas constituye un factor relevante en la salud infantil, debido a su asociación con diferentes aspectos del desarrollo cognitivo, lingüístico, emocional y físico. La evidencia analizada muestra que una exposición prolongada a dispositivos digitales se relaciona con peores resultados en múltiples indicadores de salud, aunque la magnitud de estos efectos depende de variables como la edad del niño, el tiempo de exposición, el tipo de contenido consumido y el contexto en el que se utilizan los dispositivos1-7.
Uno de los hallazgos más consistentes de la literatura revisada es la influencia del uso excesivo de pantallas sobre el desarrollo durante los primeros años de vida. Las revisiones sistemáticas incluidas coinciden en señalar que la exposición temprana puede asociarse con un peor desarrollo cognitivo y del lenguaje, especialmente cuando sustituye actividades fundamentales como el juego, la lectura compartida o la interacción con el entorno. Estos resultados respaldan las recomendaciones actuales de limitar la exposición durante la primera infancia y priorizar experiencias que favorezcan el aprendizaje mediante la interacción social7.
Respecto a la salud mental, la evidencia disponible muestra una asociación entre un mayor tiempo de pantalla y un incremento de síntomas de ansiedad, depresión, problemas conductuales y dificultades en la regulación emocional, especialmente durante la adolescencia. Sin embargo, la mayoría de los estudios incluidos en las revisiones presentan un diseño observacional, por lo que no se puede generalizar la información puesto que factores como el contexto familiar, el nivel socioeconómico, la calidad del sueño, la actividad física o la existencia de problemas emocionales previos también pueden influir sobre el uso de dispositivos digitales y el bienestar psicológico1,4,5.
Otro aspecto relevante la necesidad de valorar un enfoque amplio multicomponente teniendo en cuenta no solo el tiempo de pantalla sino también el contexto de uso y la calidad del contenido. La evidencia revisada indica que no todas las formas de exposición producen los mismos efectos. El uso compartido con los cuidadores, el acceso a contenidos educativos adaptados a la edad y la utilización responsable de la tecnología presentan un perfil diferente al consumo pasivo, prolongado o sin supervisión. Este cambio de perspectiva resulta especialmente importante para evitar mensajes excesivamente restrictivos y favorecer recomendaciones realistas y adaptadas a las necesidades de cada familia1,2,7.
En relación con las estrategias de intervención, los estudios analizados coinciden en que las medidas más eficaces son aquellas que implican activamente a los padres y combinan educación sanitaria, establecimiento de normas familiares y promoción de alternativas de ocio saludable. Estos hallazgos refuerzan la importancia de considerar a la familia como el principal agente de cambio durante la infancia y justifican el desarrollo de intervenciones educativas desde Atención Primaria y otros ámbitos asistenciales6,8,9.
Desde la perspectiva de la enfermería pediátrica, se destaca la necesidad de incorporar de forma sistemática la valoración de los hábitos digitales durante los controles de salud infantil. La educación para la salud, el asesoramiento individualizado y la detección precoz de patrones de uso inadecuados representan intervenciones de bajo coste y elevado potencial preventivo. Además, la enfermería ocupa una posición privilegiada para acompañar a las familias en el establecimiento de normas consensuadas sobre el uso de dispositivos electrónicos, promoviendo un equilibrio entre la utilización de la tecnología y otras actividades esenciales para el desarrollo infantil. Con el objetivo de trasladar la evidencia a la práctica clínica, se propone un plan de cuidados de enfermería basado en la taxonomía NANDA, NOC y NIC (ANEXO 1)7-10.
Esta revisión presenta como limitación la heterogeneidad de las revisiones y la gran cantidad de estudios observacionales incluidos en los artículos dificulta la comparación directa de los resultados y limita la posibilidad de establecer conclusiones consistentes.
CONCLUSIONES
La evidencia científica analizada en esta revisión narrativa indica que el uso de pantallas constituye un factor con potencial impacto sobre diferentes dimensiones de la salud infantil. Una exposición excesiva y no supervisada se asocia con alteraciones en el desarrollo cognitivo y del lenguaje, un mayor riesgo de problemas de salud mental, una peor calidad del sueño y un aumento del sedentarismo. No obstante, esta reducción en la calidad de la salud depende de múltiples factores, como la edad del niño, el tiempo de exposición, el tipo de contenido consumido y el contexto familiar en el que se utilizan los dispositivos digitales.
Los resultados ponen de manifiesto que el problema no se basa únicamente en la presencia de la tecnología, sino en el uso inadecuado que puede desplazar actividades esenciales para el desarrollo, como el juego activo, la interacción con los cuidadores, la lectura o la práctica de actividad física. En este sentido, la supervisión parental, la selección de contenidos de calidad y el establecimiento de normas familiares constituyen elementos clave para favorecer un uso responsable de las pantallas.
Las intervenciones más eficaces identificadas en la literatura son aquellas que implican activamente a las familias mediante educación para la salud, el establecimiento de límites consensuados y la promoción de alternativas de ocio más saludables. Estos hallazgos refuerzan la importancia de desarrollar estrategias preventivas desde edades tempranas y de adaptar las recomendaciones a las características y necesidades de cada familia.
Desde la perspectiva de la enfermería pediátrica, los profesionales desempeñan un papel fundamental en la promoción de hábitos digitales saludables, mediante la valoración sistemática del uso de pantallas durante los controles de salud infantil en las consultas de Atención Primaria, la educación sanitaria basada en la evidencia y el acompañamiento a las familias en la adquisición de hábitos que favorezcan el desarrollo integral del niño.
Finalmente, resulta necesario continuar investigando mediante estudios longitudinales que permitan establecer una relación causal entre el uso de pantallas y los diferentes resultados en salud, así como evaluar la efectividad de las intervenciones dirigidas a promover un uso seguro, equilibrado y adaptado a cada etapa del desarrollo infantil.
BIBLIOGRAFÍA
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- NNNConsult [Internet]. Barcelona: Elsevier; 2014– [citado 1 ago 2026]. Disponible en: https://www.nnnconsult.com
ANEXOS
ANEXO I. PROPUESTA DE PLAN DE CUIDADOS DE ENFERMERÍA
VALORACIÓN
- Datos del paciente tipo:
- Paciente en edad pediátrica con exposición prolongada a dispositivos electrónicos.
- Rutinas diarias asociadas al uso digital poco saludables.
- Entorno familiar con dificultad para establecer límites de uso.
- Signos y síntomas
- Uso excesivo de pantallas
- Dificultar para limitar el acceso a dispositivos electrónicos.
- Posible impacto sobre actividad física, sueño, juego libre, interacciones personales…
- Mantenimiento de hábitos poco saludables en su entorno.
En este contexto los padres pueden acudir a la consulta de Atención Primaria manifestando interés en adquirir hábitos más saludables y beneficiosos para la familia, existe la necesidad sanitaria de hacer una adecuada educación sobre el tiempo de pantalla y hábitos en la crianza, donde se precisa una implicación familiar activa para consolidar cambios que perduren en el tiempo.
Para ello se necesitará establecer un conjunto de normas claras y coherentes, dar importancia al rol de crianza de la unidad familiar y reforzar rutinas e identificar actividades de ocio alternativo.
DIAGNÓSTICOS NANDA:
- Disposición para mejorar la conducta de crianza (00438) relacionada con el interés manifestado por los cuidadores en promover hábitos digitales saludables y favorecer el crecimiento y desarrollo óptimos del niño.
- Riesgo de deterioro de la conducta de crianza (00437) relacionado con dificultades para establecer límites consistentes en el uso de pantallas, mantener rutinas estructuradas y supervisar conductas digitales del niño.
RESULTADOS ESPERADOS (NOC)
- [2211] Desempeño del rol de padres
- Establece normas de conducta claras.
- Mantiene la estructura en la vida del niño.
- Mantiene la rutina diaria en la vida del niño.
- Sirve de modelo positivo.
- Supervisa las actividades en Internet.
- Supervisa las redes sociales.
- Previene conductas de riesgo.
- Mantiene una comunicación abierta.
- Expresa expectativas realistas sobre el rol parental.
- Expresa satisfacción con el rol parental.
- [1602] Conducta de promoción de la salud.
- Participa en actividades de educación sanitaria.
- Aplica recomendaciones sobre el uso responsable de dispositivos digitales.
- Favorece hábitos saludables en el entorno familiar.
- Integra actividades alternativas al tiempo de pantalla.
- [1855] Conocimiento: estilo de vida saludable.
- Identifica actividades alternativas al tiempo de pantalla.
- Incorpora rutinas que favorecen el sueño, la actividad física y el juego.
- Reconoce estrategias para mantener hábitos digitales saludables.
- [1642] Conducta de mejora del sueño
- Mantiene una hora de acostarse consistente.
- Reduce la exposición a pantallas antes de dormir.
- Adecuación del entorno al sueño.
INTERVENCIONES (NIC)
- 5510 Educación para la salud
- Informar a los cuidadores sobre las recomendaciones actuales de tiempo de pantalla según la edad.
- Explicar la relación entre el uso excesivo de pantallas y el desarrollo infantil, el sueño, la salud mental y la actividad física.
- Entregar material educativo adaptado al nivel de comprensión de la familia.
- Recomendar evitar el uso de pantallas durante las comidas y antes de dormir.
- Explicar la importancia del juego activo, la lectura compartida y la interacción familiar para el desarrollo infantil.
- Mantener aparatos electrónicos fuera de la habitación del niño.
- Fomentar aficiones y actividades saludables que promuevan la forma física y habilidades motoras.
- 5246 Asesoramiento
- Identificar las dificultades familiares para reducir el tiempo de pantalla.
- Establecer objetivos realistas y consensuados con la familia.
- Favorecer la resolución de dudas y reforzar los cambios positivos.
- Ayudar a priorizar cambios conductuales concretos y sostenibles.
- 7040 Apoyo al cuidador principal
- Reforzar la implicación de los padres como modelo de hábitos digitales saludables.
- Promover la participación de toda la familia en la adopción de normas comunes.
- Favorecer la coherencia en los límites y en la rutina diaria.
- Reforzar el rol parental como agente de cambio.
- 4360 Modificación de la conducta
- Ayudar a establecer horarios para el uso de dispositivos electrónicos.
- Favorecer el refuerzo positivo cuando se cumplen los objetivos acordados.
- Ayudar a identificar los puntos fuertes y reforzarlos.
- 4480 Facilitar la autorresponsabilidad
- Implicar a la familia en la planificación de actividades recreativas sin pantallas.
- Revisar periódicamente los progresos durante los controles de salud infantil.
- Fomentar la implicación activa del cuidador en la supervisión y seguimiento de hábitos.
EVALUACIÓN
- Valorar si los cuidadores:
- Reconocen las recomendaciones sobre tiempo de pantalla según la edad.
- Identifican los riesgos del uso excesivo de pantallas.
- Establecen límites coherentes y estables.
- Aplican normas familiares comunes.
- Ofrecen alternativas saludables al tiempo de pantalla.
- Mantienen rutinas de sueño, juego y actividad física.
- Actúan como modelo positivo.
- Valorar si el niño:
- Reduce la exposición prolongada a pantallas.
- Mantiene mejores rutinas diarias.
- Participa en actividades alternativas.
- Presenta mejor higiene del sueño.
- Se beneficia de una mayor interacción familiar.
Se reevaluará periódicamente el progreso ajustando objetivos, apoyo al cuidador, estrategias de modificación de conducta, tipo de intervención, etc. Todo ello de forma individual según la edad del niño, características familiares y el contexto sociocultural.