AUTORES
- Susana Pilar Sánchez Zalabardo. Enfermera de Atención Primaria. Centro de salud de Cariñena. Sector III, Zaragoza. España.
- Sandra Pérez Calahorra. Enfermera de Atención Primaria. Centro de salud de Cariñena. Sector III, Zaragoza. España.
- Daniel Nadal Bintaned. Enfermera de Atención Primaria. Centro de salud de Cariñena. Sector III, Zaragoza. España.
RESUMEN
La parada cardiorrespiratoria extrahospitalaria constituye una emergencia tiempo-dependiente en la que una actuación precoz y coordinada puede influir de forma determinante en la supervivencia y el pronóstico neurológico. El objetivo de esta revisión bibliográfica fue analizar la evidencia científica disponible sobre el manejo extrahospitalario de la parada cardiorrespiratoria, con especial atención a las intervenciones enfermeras y a los principales factores asociados a la supervivencia. Los resultados muestran que el reconocimiento precoz de la parada, la realización de una reanimación cardiopulmonar de alta calidad y la desfibrilación temprana constituyen intervenciones fundamentales. Asimismo, el manejo adecuado de la vía aérea, la ventilación, la administración de medicación, la identificación de causas reversibles y los cuidados posteriores a la recuperación de la circulación espontánea forman parte del abordaje integral. La realización de reanimación cardiopulmonar por testigos, la presencia de un ritmo desfibrilable, la reducción de los tiempos de respuesta y la recuperación de la circulación espontánea se relacionan con mejores resultados. Enfermería desempeña un papel fundamental en las diferentes fases de la asistencia. La aplicación de protocolos actualizados, la formación continuada y la coordinación entre los integrantes de la cadena de supervivencia pueden contribuir a mejorar la supervivencia y el pronóstico neurológico de las personas atendidas tras una parada cardiorrespiratoria extrahospitalaria.
PALABRAS CLAVE
Parada cardíaca, reanimación cardiopulmonar, servicios médicos de urgencia, enfermería, atención prehospitalaria, supervivencia, desfibrilación.
ABSTRACT
Out-of-hospital cardiac arrest is a time-dependent emergency in which early and coordinated intervention can have a decisive impact on survival and neurological outcomes. The aim of this literature review was to analyze the available scientific evidence on the out-of-hospital management of cardiac arrest, with particular attention to nursing interventions and the main factors associated with survival. The results show that early recognition of cardiac arrest, high-quality cardiopulmonary resuscitation, and early defibrillation are key interventions. Appropriate airway management, ventilation, medication administration, identification of reversible causes, and post-resuscitation care are also essential components of comprehensive management. Bystander cardiopulmonary resuscitation, the presence of a shockable rhythm, shorter response times, and return of spontaneous circulation are associated with better outcomes. Nursing plays a fundamental role throughout the different stages of care. The implementation of updated protocols, continuous professional training, and coordination among the different members of the chain of survival may contribute to improving survival and neurological outcomes in patients experiencing out-of-hospital cardiac arrest.
KEY WORDS
Heart arrest, cardiopulmonary resuscitation, emergency medical services, nursing, prehospital care, survival, defibrillation.
INTRODUCCIÓN
La parada cardiorrespiratoria (PCR) extrahospitalaria constituye una de las situaciones de mayor gravedad a las que se enfrentan los servicios de emergencias sanitarias y representa una causa importante de morbimortalidad. La interrupción súbita de la circulación y de la respiración provoca una pérdida rápida de la perfusión cerebral y coronaria, por lo que la identificación precoz de la parada y el inicio inmediato de las maniobras de reanimación son determinantes para aumentar las posibilidades de supervivencia y reducir el riesgo de daño neurológico¹.
La atención a la PCR extrahospitalaria requiere una respuesta coordinada y rápida en la que intervienen diferentes elementos de la denominada cadena de supervivencia. Las recomendaciones internacionales actuales destacan la importancia del reconocimiento precoz de la parada, la activación de los servicios de emergencias, el inicio inmediato de la reanimación cardiopulmonar (RCP), la desfibrilación temprana cuando esté indicada, el soporte vital avanzado y los cuidados posteriores a la recuperación de la circulación espontánea².
La RCP de alta calidad constituye uno de los pilares fundamentales del tratamiento inicial. La realización de compresiones torácicas adecuadas, con interrupciones mínimas, junto con una ventilación apropiada y la utilización precoz del desfibrilador externo automático o del desfibrilador manual cuando esté indicado, contribuyen a mantener la perfusión de los órganos vitales hasta conseguir la recuperación de la circulación espontánea²,³.
La desfibrilación precoz adquiere especial importancia en las PCR cuyo ritmo inicial es desfibrilable. El tiempo transcurrido desde el colapso hasta la primera descarga se relaciona estrechamente con la probabilidad de supervivencia, por lo que la disponibilidad de desfibriladores y la actuación coordinada de los testigos, los primeros intervinientes y los equipos sanitarios pueden modificar de manera significativa el pronóstico⁴.
Los servicios de emergencias extrahospitalarias desempeñan un papel esencial en la atención avanzada de estos pacientes. La composición y preparación de los equipos, el tiempo de respuesta, la disponibilidad de material y medicamentos, la aplicación de protocolos estandarizados y la coordinación con los centros hospitalarios son elementos que pueden influir en los resultados de la reanimación⁵.
Las recomendaciones del European Resuscitation Council (ERC) publicadas en 2025 actualizan el abordaje de la PCR y refuerzan la importancia de integrar todos los componentes de la cadena de supervivencia, desde la prevención y el reconocimiento inicial hasta la reanimación avanzada, los cuidados posresucitación y la recuperación del paciente². Estas recomendaciones se basan en la evaluación de la evidencia desarrollada por el International Liaison Committee on Resuscitation (ILCOR) y constituyen actualmente una referencia fundamental para la práctica de la reanimación en Europa².
Dentro del equipo de emergencias, Enfermería participa de forma directa en numerosas intervenciones durante la atención de la PCR. Entre ellas se encuentran la valoración inicial, la realización y supervisión de las compresiones torácicas, el manejo de la vía aérea y la ventilación, la monitorización del paciente, la preparación y administración de medicación, la utilización del desfibrilador, la obtención de accesos vasculares y la colaboración en la valoración de las causas potencialmente reversibles de la parada³.
La actuación enfermera no se limita a las maniobras realizadas durante la PCR. Tras la recuperación de la circulación espontánea, es necesario mantener una adecuada oxigenación y ventilación, controlar la presión arterial, realizar una monitorización continua y prevenir o detectar precozmente complicaciones. Los cuidados posresucitación constituyen una fase esencial para limitar el daño secundario y mejorar el pronóstico neurológico y funcional del paciente⁶.
La supervivencia tras una PCR extrahospitalaria depende de múltiples factores. Entre ellos se encuentran el lugar donde ocurre la parada, la presencia de testigos, la realización de RCP por testigos, el tiempo hasta la llegada de los servicios de emergencias, el ritmo inicial, la aplicación de desfibrilación, la calidad de la RCP y la recuperación de la circulación espontánea⁴, ⁵. Por ello, el resultado final no depende exclusivamente de las intervenciones realizadas por los profesionales sanitarios, sino de la eficacia de todo el sistema de respuesta ante la parada.
Las estrategias destinadas a mejorar la respuesta comunitaria también desempeñan un papel relevante. La formación de la población en RCP, los sistemas de activación de primeros intervinientes, la disponibilidad pública de desfibriladores y la asistencia telefónica proporcionada por los centros coordinadores pueden facilitar el inicio precoz de las maniobras de reanimación antes de la llegada de los equipos sanitarios²,⁵.
A pesar de los avances en las técnicas de reanimación y en la organización de los sistemas de emergencias, la PCR extrahospitalaria continúa presentando una elevada mortalidad y una importante variabilidad en los resultados obtenidos. Las diferencias en los tiempos de respuesta, la realización de RCP por testigos, el acceso a la desfibrilación y las características de los sistemas sanitarios hacen necesario continuar analizando qué intervenciones se relacionan con mejores resultados⁵.
En este contexto, conocer las intervenciones que Enfermería desarrolla durante la atención extrahospitalaria y los factores asociados a la supervivencia puede contribuir a identificar áreas de mejora y favorecer una práctica clínica basada en la evidencia. La actualización de los conocimientos y la aplicación de protocolos de actuación son especialmente relevantes en un escenario en el que cada minuto puede tener consecuencias sobre el pronóstico del paciente.
Por todo ello, resulta necesario revisar la evidencia científica disponible sobre el manejo extrahospitalario de la PCR, prestando especial atención a las intervenciones enfermeras y a aquellos factores relacionados con la supervivencia y la recuperación neurológica.
OBJETIVOS
- Analizar la evidencia científica disponible sobre el manejo extrahospitalario de la parada cardiorrespiratoria, con especial atención a las intervenciones enfermeras y a los principales factores asociados a la supervivencia.
- Identificar las intervenciones enfermeras y los factores relacionados con la atención extrahospitalaria que pueden contribuir a mejorar la supervivencia y los resultados neurológicos de las personas que presentan una parada cardiorrespiratoria.
METODOLOGÍA
Se realizó una revisión bibliográfica sobre el manejo extrahospitalario de la parada cardiorrespiratoria, con especial atención a las intervenciones enfermeras y a los factores relacionados con la supervivencia.
La búsqueda bibliográfica se realizó en las bases de datos PubMed/MEDLINE, CINAHL, Scopus, Cochrane Library, CUIDEN y SciELO. Se utilizaron descriptores procedentes de los vocabularios DeCS (Descriptores en Ciencias de la Salud) y MeSH (Medical Subject Headings), junto con términos libres relacionados con el objeto de estudio.
Los principales términos empleados fueron «Heart Arrest», «Cardiopulmonary Resuscitation», «Emergency Medical Services», «Nursing», «Prehospital Care», «Survival» y «Defibrillation», combinados mediante los operadores booleanos AND y OR.
Se incluyeron publicaciones en español e inglés relacionadas con la atención de la parada cardiorrespiratoria en el ámbito extrahospitalario, priorizando revisiones sistemáticas, metaanálisis, ensayos clínicos, guías de práctica clínica y estudios observacionales relevantes. Se priorizaron publicaciones recientes, aunque también se incluyeron documentos anteriores cuando aportaban evidencia de especial relevancia para el objeto de estudio.
Se excluyeron publicaciones centradas exclusivamente en la parada cardiorrespiratoria intrahospitalaria, estudios pediátricos cuando no fueran aplicables a la población adulta y documentos que no aportaran información relacionada con las intervenciones realizadas durante la asistencia extrahospitalaria o con los factores asociados a la supervivencia.
La información seleccionada se organizó en diferentes áreas de interés: reconocimiento y actuación inicial, reanimación cardiopulmonar de calidad, desfibrilación, manejo de la vía aérea, administración de medicación, cuidados posresucitación, intervenciones enfermeras y factores asociados a la supervivencia.
RESULTADOS
Los resultados muestran que el pronóstico depende de la actuación coordinada de los diferentes eslabones de la cadena de supervivencia, desde el reconocimiento precoz y la activación de los servicios de emergencias hasta la realización de una reanimación cardiopulmonar de calidad, la desfibrilación precoz, el soporte vital avanzado y los cuidados posteriores a la recuperación de la circulación espontánea¹⁻³.
1. Reconocimiento precoz y activación de los servicios de emergencias:
El reconocimiento rápido de la parada cardiorrespiratoria constituye el primer paso para iniciar una respuesta eficaz. La identificación de una persona inconsciente y con respiración ausente o anormal debe conducir a la activación inmediata de los servicios de emergencias y al inicio de las maniobras de reanimación. Las recomendaciones actuales destacan la importancia de reducir al mínimo el tiempo transcurrido entre el reconocimiento de la parada y el comienzo de la RCP¹,².
Los sistemas de emergencias médicas desempeñan un papel fundamental mediante la recepción y priorización de las llamadas, la asistencia telefónica para iniciar la RCP y el envío de recursos sanitarios adecuados. La coordinación entre los centros de coordinación, los primeros intervinientes y los equipos sanitarios permite disminuir los tiempos de respuesta y favorecer la aplicación precoz de las intervenciones con mayor impacto sobre la supervivencia²,³.
2. Reanimación cardiopulmonar de alta calidad:
La RCP constituye una de las principales intervenciones durante la atención inicial de la PCR. Las recomendaciones actuales mantienen la importancia de realizar compresiones torácicas de calidad, con una frecuencia y profundidad adecuadas, permitiendo la expansión completa del tórax y minimizando las interrupciones. La ventilación debe realizarse de manera adecuada y evitando una ventilación excesiva¹,².
La calidad de las compresiones puede verse condicionada por la fatiga de los reanimadores, la disponibilidad de espacio y las características del entorno extrahospitalario. Por este motivo, resulta necesario mantener una adecuada coordinación del equipo y realizar cambios de reanimador cuando sea necesario para evitar el deterioro de la calidad de las compresiones¹.
La RCP iniciada por testigos constituye además un factor relevante. La evidencia disponible muestra una asociación consistente entre la realización de RCP por testigos y una mayor supervivencia después de una PCR extrahospitalaria. Un metaanálisis reciente que incluyó más de 2,9 millones de casos encontró un incremento significativo de las probabilidades de supervivencia en los pacientes que recibieron RCP por testigos⁴.
3. Desfibrilación precoz:
La desfibrilación constituye una intervención fundamental cuando la PCR presenta un ritmo desfibrilable, principalmente fibrilación ventricular o taquicardia ventricular sin pulso. La probabilidad de éxito disminuye conforme aumenta el tiempo transcurrido desde el inicio de la parada, por lo que la utilización precoz del desfibrilador resulta determinante¹, ².
La disponibilidad de desfibriladores externos automáticos en espacios públicos y la formación de la población en su utilización pueden facilitar la desfibrilación antes de la llegada de los servicios de emergencias. Las recomendaciones actuales promueven la integración de sistemas de acceso público a la desfibrilación y de activación de primeros intervinientes dentro de los sistemas de respuesta ante la PCR²,³.
En el ámbito extrahospitalario, Enfermería participa en la preparación y utilización del material de desfibrilación, en la interpretación del ritmo cuando se emplea desfibrilación manual y en la coordinación de esta intervención con las compresiones torácicas y el resto de las maniobras de soporte vital avanzado¹.
4. Manejo avanzado de la vía aérea y ventilación:
El manejo de la vía aérea constituye uno de los componentes del soporte vital avanzado. Las estrategias disponibles incluyen la ventilación con bolsa-válvula-mascarilla, los dispositivos supraglóticos y la intubación endotraqueal. La elección debe adaptarse a las competencias del equipo, las circunstancias clínicas y el entorno en el que se desarrolla la asistencia¹.
Las recomendaciones actuales señalan que las intervenciones avanzadas sobre la vía aérea no deben provocar interrupciones prolongadas de las compresiones torácicas. Cuando se utiliza una vía aérea avanzada, la ventilación puede realizarse sin interrumpir las compresiones, manteniendo una frecuencia de ventilación adecuada¹.
La capnografía desempeña un papel importante en los pacientes con vía aérea avanzada, ya que permite confirmar y monitorizar la posición del tubo endotraqueal y puede aportar información sobre la calidad de la RCP y la recuperación de la circulación espontánea¹.
5. Acceso vascular y administración de medicación:
Durante el soporte vital avanzado puede ser necesario obtener un acceso vascular para administrar medicamentos y fluidos. La vía intravenosa constituye la primera opción cuando puede obtenerse rápidamente, mientras que la vía intraósea representa una alternativa cuando el acceso intravenoso no es posible o se retrasa¹.
La administración de fármacos durante la PCR debe realizarse siguiendo los algoritmos de soporte vital avanzado y sin retrasar las intervenciones prioritarias, especialmente las compresiones torácicas y la desfibrilación cuando ésta está indicada. La adrenalina continúa formando parte del tratamiento farmacológico de la PCR dentro de los algoritmos establecidos, con diferencias en el momento de administración según el ritmo inicial¹.
La preparación de la medicación, comprobación de dosis, establecimiento del acceso vascular y registro de las intervenciones constituyen actividades en las que la actuación enfermera adquiere especial relevancia.
6. Identificación de las causas reversibles:
Durante la atención avanzada de la PCR es necesario buscar y tratar las causas potencialmente reversibles. Las recomendaciones mantienen el abordaje de las denominadas causas reversibles, entre ellas hipoxia, hipovolemia, alteraciones metabólicas, hipotermia, neumotórax a tensión, taponamiento cardiaco, intoxicaciones y causas trombóticas¹.
La identificación de estas causas requiere una valoración clínica continua y la integración de la información obtenida mediante la exploración, la monitorización y los antecedentes disponibles. La actuación coordinada del equipo permite iniciar medidas específicas cuando se identifica una causa potencialmente reversible.
7. Recuperación de la circulación espontánea y cuidados posresucitación:
La recuperación de la circulación espontánea (RCE) no supone el final de la asistencia. El paciente requiere una valoración y monitorización continuadas para identificar complicaciones y prevenir el daño secundario. Las recomendaciones actuales consideran los cuidados posresucitación como una parte esencial de la cadena de supervivencia², ⁵.
Tras la RCE, deben controlarse especialmente la oxigenación, la ventilación y la presión arterial, evitando tanto la hipoxemia como la hiperoxemia y tratando la hipotensión. También es necesario realizar una valoración de la causa de la parada y considerar la necesidad de traslado a un centro con capacidad para proporcionar los cuidados especializados requeridos⁵.
Enfermería participa activamente en la monitorización del paciente, control de constantes, mantenimiento de accesos y dispositivos, administración de tratamientos, vigilancia de cambios neurológicos y preparación para el traslado y la continuidad asistencial.
8. Factores asociados a la supervivencia:
Los resultados muestran que la supervivencia después de una PCR extrahospitalaria está condicionada por múltiples factores. Entre los más relevantes se encuentran la presencia de testigos, la realización de RCP por testigos, el ritmo inicial, la desfibrilación precoz, el tiempo de respuesta de los servicios de emergencias y la recuperación de la circulación espontánea²⁻⁴.
Los datos europeos más recientes muestran una considerable variabilidad entre países y sistemas de emergencias. Las guías ERC 2025 señalan que la supervivencia después de una PCR extrahospitalaria en Europa presenta importantes diferencias regionales y que también existen variaciones relevantes en las tasas de RCP realizada por testigos y en el uso de desfibriladores externos automáticos antes de la llegada de los servicios de emergencias².
La actuación precoz constituye, por tanto, uno de los elementos determinantes. La combinación de reconocimiento rápido, activación de los servicios de emergencias, RCP inmediata y desfibrilación cuando está indicada permite mantener la cadena de supervivencia durante los primeros minutos de la parada¹⁻⁴.
9. Papel de Enfermería en la atención extrahospitalaria:
La Enfermería desempeña un papel fundamental dentro del equipo de emergencias durante las diferentes fases de la atención a la PCR. Su actuación incluye la valoración inicial, la participación en la RCP, la monitorización, la desfibrilación, el manejo de la vía aérea, la preparación y administración de medicación, el establecimiento de accesos vasculares, la identificación de posibles causas reversibles y los cuidados posteriores a la recuperación de la circulación espontánea¹,².
Además de las competencias técnicas, la actuación enfermera requiere una adecuada coordinación con el resto de profesionales. La distribución de funciones, la comunicación efectiva y el conocimiento de los algoritmos de actuación favorecen una respuesta organizada y pueden reducir las interrupciones durante las maniobras de reanimación.
La formación y actualización periódica de los profesionales constituye otro elemento relevante. Las guías actuales destacan la importancia de la educación, el entrenamiento continuado, la evaluación del desempeño y las estrategias de mejora de la calidad para optimizar los sistemas de respuesta ante la parada cardiorrespiratoria²,³.
En conjunto, los resultados indican que la supervivencia tras una PCR extrahospitalaria no depende de una única intervención, sino de la integración eficaz de diferentes medidas realizadas de forma precoz y coordinada. La RCP de calidad, la desfibrilación temprana, el soporte vital avanzado y los cuidados posresucitación constituyen elementos esenciales dentro de una atención organizada y basada en la evidencia.
CONCLUSIONES
La parada cardiorrespiratoria extrahospitalaria constituye una emergencia tiempo-dependiente en la que la actuación precoz y coordinada resulta fundamental para mejorar las posibilidades de supervivencia y reducir las secuelas neurológicas. La evidencia revisada muestra que el reconocimiento temprano de la parada, el inicio inmediato de una reanimación cardiopulmonar de alta calidad y la desfibrilación precoz cuando está indicada constituyen intervenciones esenciales dentro de la cadena de supervivencia¹⁻³.
La realización de RCP por testigos se relaciona con mejores resultados de supervivencia, por lo que la formación de la población, la asistencia telefónica durante la RCP, la disponibilidad de desfibriladores y los sistemas de activación de primeros intervinientes representan estrategias relevantes para mejorar la respuesta ante la parada cardiorrespiratoria extrahospitalaria²,⁴.
En el ámbito de los servicios de emergencias, Enfermería desempeña un papel fundamental en la valoración inicial, la realización y coordinación de las maniobras de RCP, la desfibrilación, el manejo de la vía aérea, la monitorización, la administración de medicación y los cuidados posteriores a la recuperación de la circulación espontánea¹⁻³.
Los factores asociados a la supervivencia son múltiples y están relacionados tanto con las características del paciente como con la organización del sistema de emergencias. La presencia de testigos, la RCP precoz, el ritmo inicial desfibrilable, la reducción de los tiempos de respuesta y la recuperación de la circulación espontánea se encuentran entre los principales elementos relacionados con el pronóstico²⁻⁴.
Por tanto, mejorar la formación y actualización de los profesionales de Enfermería, garantizar una actuación protocolizada y favorecer la coordinación entre los diferentes integrantes de la cadena de supervivencia pueden contribuir a optimizar la atención extrahospitalaria de la parada cardiorrespiratoria. La aplicación de las recomendaciones basadas en la evidencia y la evaluación continua de la calidad de los sistemas de reanimación son necesarias para mejorar los resultados clínicos y neurológicos de estos pacientes¹⁻³.
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