AUTORES
- Alba Orós Sanz. Fisioterapeuta en el Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Jorge Pérez Hernández. Fisioterapeuta en el Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
RESUMEN
La luxación de rótula constituye una lesión frecuente de la articulación femoropatelar, especialmente en población joven y físicamente activa. Se caracteriza por el desplazamiento lateral de la rótula respecto a la tróclea femoral y puede producir lesión de los estabilizadores mediales, hemartrosis, lesiones osteocondrales, dolor, pérdida de movilidad e inestabilidad recurrente. Su abordaje requiere una valoración individualizada de los factores anatómicos, biomecánicos y funcionales que pueden favorecer la recurrencia. La fisioterapia desempeña un papel fundamental tanto en el tratamiento conservador como postquirúrgico. El objetivo de este artículo monográfico es revisar la evidencia científica actual sobre la luxación de rótula desde una perspectiva fisioterápica, prestando especial atención a la valoración funcional, el tratamiento mediante ejercicio terapéutico, el control neuromuscular, el fortalecimiento de la musculatura de la extremidad inferior, la recuperación del rango articular, la educación del paciente y los criterios de progresión y retorno a la actividad. La evidencia reciente indica que los programas de rehabilitación deben individualizarse en función de la edad, las demandas funcionales, el riesgo de recurrencia, las lesiones asociadas y la presencia de factores anatómicos predisponentes. No obstante, la evidencia disponible presenta heterogeneidad respecto a los protocolos óptimos, por lo que son necesarios programas progresivos y basados en criterios funcionales.
PALABRAS CLAVE
Luxación de rótula, inestabilidad, rodilla, fisioterapia.
ABSTRACT
Patella dislocation is a common injury to the patellofemoral joint, especially in young and physically active populations. It is characterized by lateral displacement of the patella with respect to the femoral trochlea and can cause injury to the medial stabilizers, hemarthrosis, osteochondral lesions, pain, loss of mobility and recurrent instability. Its approach requires an individualized assessment of the anatomical, biomechanical and functional factors that may favor recurrence. Physiotherapy plays a fundamental role in both conservative and post-surgical treatment. The aim of this monographic article is to review the current scientific evidence on patella dislocation from a physiotherapeutic perspective, paying special attention to functional assessment, treatment through therapeutic exercise, neuromuscular control, strengthening of the lower extremity muscles, recovery of the joint range, patient education and the criteria for progression and return to activity. Recent evidence suggests that rehabilitation programs should be individualized based on age, functional demands, risk of recurrence, associated injuries, and the presence of predisposing anatomical factors. However, the available evidence is heterogeneous with respect to optimal protocols, so progressive programs based on functional criteria are necessary.
KEY WORDS
Patellar dislocation, instability, knee, physical therapy.
DESARROLLO DEL TEMA
La articulación de la rodilla es la articulación intermedia del miembro inferior, está compuesta por los cóndilos de la epífisis caudal del fémur, las glenoides de la epífisis craneal de la tibia y la rótula en forma de lente, la cual aumenta el brazo de palanca del aparato extensor de la rodilla. Concretamente, se va a hablar de la articulación femoropatelar o rótula la cual está formada por dos superficies articulares, medial y lateral, las cuales son simétricas y están unidas con la tróclea femoral. La rótula se encuentra suspendida en el surco troclear femoral gracias a los alerones meniscorrotulianos y a los tendones cuadricipital y rotuliano1.
Se trata de una articulación compleja: su estabilidad depende de la conformación osteoarticular y de las estructuras estáticas y dinámicas estabilizadoras. Algún cambio en su anatomía, como un defecto en la alineación del aparato extensor, una displasia femoropatelar o un traumatismo pueden provocar una inestabilidad rotuliana1. Se ha demostrado que el alerón meniscorrotuliano medial o ligamento femororrotuliano medial es el estabilizador pasivo más significativo de la rótula2. El ligamento femororrotuliano medial limita un 50-60% el desplazamiento lateral de la rótula cuando la articulación se encuentra entre 0º y 30º de flexión y, por lo tanto, es comprometido en la mayoría de las ocasiones. Este ligamento femororrotuliano medial se inserta en el fémur entre el epicóndilo medial y el tubérculo del aductor y en el borde superomedial de la rótula. Por otro lado, el aparato extensor de la rodilla constituye el estabilizador blando dinámico, así como las fibras del vasto medial de los cuádriceps que les confiere la propiedad estabilizadora sobre la rótula2.
La luxación de rótula es una lesión frecuente en deportistas jóvenes, supone un 3% de las lesiones traumáticas de rodilla y es la segunda causa más frecuente de hemartrosis traumática de la rodilla, después de la lesión del ligamento anterior cruzado2. La mayoría de las veces esta lesión se produce durante la práctica deportiva, siendo más frecuente en hombres. Sin embargo, las luxaciones fuera del ámbito deportivo son más frecuente en mujeres2, así como las luxaciones recidivantes de rótula cuyo índice de recurrencia se encuentra en torno al 40% tras un primer episodio3.
La luxación de rótula va a producir dolor, impotencia funcional e inestabilidad recidivante, concretamente muchos pacientes siguen presentando dolor anterior de rodilla y hasta un 55% de ellos son incapaces de volver a realizar actividad deportiva en plenas condiciones3. La forma de luxación más frecuente es la luxación externa de rótula, debido a la dirección fisiológica en valgo de rodilla, la luxación rotuliana medial es casi exclusivamente iatrogénica y la luxación intraarticular es extremadamente rara. Una vez producida la luxación, la rótula puede deslizarse espontáneamente a su posición original al realizar una extensión activa de rodilla, exigir una reducción manual para devolverla a su lugar o en casos devastadores será preciso recurrir a una reconstrucción quirúrgica.
El mecanismo causal típico de la luxación externa de rótula es una torsión de la rodilla en flexión y en valgo, lo que representa el 93% de las luxaciones rotulianas traumáticas1. Otro mecanismo, más raro, puede ser la contusión directa, con un impacto sobre la cara interna de la rótula, provocando una fuerza lateral que luxa la rótula hacia fuera. Existen multitud de factores favorecedores de la luxación externa de la rótula. Se destacan, principalmente, seis factores muy importantes a tener en cuenta:
- Persona joven y deportista: la luxación externa de rótula por primera vez a una edad temprana se ha reconocido como un factor de riesgo importante para la luxación externa de rótula recurrente. La edad media para sufrir por primera vez una luxación de la rótula es de 16 años, mientras que la edad media de sufrir una luxación recurrente es de 21 años4.
- Displasia de la tróclea: se define como un ángulo del surco troclear mayor de 145º, llegando en ocasiones a ser plano o convexo. Este hallazgo aparece hasta en el 96% de los pacientes con historia de luxación rotuliana4. Se define con el “signo del cruce”, el cual representa la ubicación exacta en la que la tróclea se hace plana o hasta incluso convexa.
- Aumento de la distancia entre la Tuberosidad Tibial y el Surco Troclear (TT-TG): la valoración del alineamiento del aparato extensor se realiza mediante tomografía computarizada (TC), de tal forma que unos valores por encima de 20 milímetros indican un aumento de la distancia TT-TG (Tuberosidad Tibial – Surco Troclear). En un estudio reciente, el aumento de la distancia TT-TG está más comúnmente presente en combinación con otros factores de riesgo como rótula alta o displasia de la tróclea y no adquiere tanta importancia como factor de riesgo único4.
- Genu valgo2.
- Patela o rótula alta: es una alteración congénita resultante de una excesiva longitud del tendón rotuliano. Se mide mediante el índice de Catón-Deschamps con la rodilla a 30º de flexión, la rótula se clasifica como alta si este índice es mayor a 1,2. Un 30% de los pacientes que presentan inestabilidad rotuliana presentan una rótula alta. Sin embargo, la rótula alta actúa como mayor factor de riesgo cuando se combina con otros factores como la displasia troclear o el aumento de la distancia TT-TG2,3,4.
- Hipotonía del vasto medial de los cuádriceps1.
Por otro lado, se destacan otros factores menos importantes, pero que también presentan cierta relación con la luxación externa de la rótula. Son los siguientes: torsión tibial externa, rotura del ligamento femoropatelar medial, pie plano1,2,3. La mayor gravedad de esta lesión son las complicaciones residuales que conlleva: dolor, inestabilidad y riesgo de luxación recidivante.
El reciente consenso formal de la European Society of Sports Traumatology, Knee Surgery and Arthroscopy (ESSKA) señala que aproximadamente una cuarta parte de los pacientes puede presentar recurrencia tras una primera luxación, mientras que un porcentaje mayor puede mantener síntomas como dolor, inflamación, sensación de inestabilidad o limitación funcional. El consenso ESSKA 2024 considera la resonancia magnética una herramienta fundamental en la evaluación de estos pacientes, especialmente para detectar lesiones asociadas y factores de riesgo anatómicos. En las últimas décadas, el tratamiento de la luxación de rótula ha experimentado una evolución desde un predominio del tratamiento conservador hacia una mayor individualización de las indicaciones quirúrgicas. Hoy en día, la decisión entre tratamiento conservador y quirúrgico debe considerar el riesgo individual de recurrencia, la presencia de lesiones osteocondrales, la edad, las demandas deportivas y las características anatómicas del paciente5.
La valoración inicial debe realizarse de forma sistemática y adaptarse a la fase de recuperación
El dolor puede cuantificarse mediante escalas como la escala visual analógica o la escala numérica del dolor. También debe valorarse la presencia de derrame articular, ya que un derrame importante puede limitar la movilidad y dificultar la activación muscular.
La recuperación progresiva del rango de movimiento constituye uno de los objetivos iniciales. Debe prestarse especial atención a la extensión completa de la rodilla y a la recuperación progresiva de la flexión, siempre respetando la sintomatología y las restricciones establecidas por el traumatólogo cuando exista cirugía.
Debe evaluarse la fuerza del cuádriceps, isquiotibiales y musculatura de la cadera. La evidencia indica que los déficits de fuerza pueden persistir después del episodio de luxación y que la valoración objetiva de la fuerza puede proporcionar información importante para controlar la evolución de la rehabilitación6.
También hay que analizar la capacidad del paciente para controlar la posición de la rodilla durante actividades como: sentadilla, step-down, apoyo monopodal, salto, aterrizaje, carrera. La valoración dinámica permite detectar alteraciones que pueden pasar desapercibidas durante una exploración estática.
Tratamiento fisioterápico:
La fisioterapia debe plantearse como un proceso progresivo y adaptado a las características individuales del paciente. El consenso ESSKA publicado en 2025 considera la fisioterapia un componente esencial tanto del tratamiento conservador como del tratamiento quirúrgico5.
Durante la fase aguda los principales objetivos son: disminuir el dolor, controlar el edema y derrame, recuperar progresivamente la movilidad, evitar una pérdida importante de fuerza, favorecer una marcha adecuada, educar al paciente sobre su lesión y el proceso. En esta fase puede ser necesario limitar temporalmente determinadas actividades y utilizar ayudas para la marcha si existe dificultad para realizar una carga adecuada.
La movilidad debe recuperarse progresivamente, el objetivo inicial es recuperar la extensión completa y posteriormente incrementar la flexión de forma gradual.
El fortalecimiento del cuádriceps constituye uno de los pilares de la rehabilitación. Inicialmente pueden emplearse ejercicios isométricos muy suaves y posteriormente progresar hacia ejercicios en cadena cinética cerrada y abierta. Entre los ejercicios pueden incluirse: contracciones isométricas del cuádriceps, elevación de la pierna extendida, sentadilla, step-u, step-down, prensa, ejercicios funcionales específicos. La progresión debe basarse en la tolerancia, el dolor, el derrame, la calidad del movimiento y la recuperación de la fuerza.
La evidencia disponible indica que los déficits de fuerza de extensión de rodilla son frecuentes después de una luxación, justificando la inclusión sistemática del trabajo de fuerza dentro de la rehabilitación6.Los músculos abductores y rotadores externos de la cadera deben incluirse cuando existan déficits de fuerza o alteraciones del control dinámico. Los ejercicios pueden ser: abducción de cadera, extensión de cadera, rotación externa, caminata lateral con resistencia, step-down, sentadilla monopodal, ejercicios funcionales con control de pelvis.
Un programa de rehabilitación debe buscar que la rodilla mantenga una alineación adecuada durante las actividades funcionales. La evidencia reciente está evaluando precisamente la utilidad de combinar el fortalecimiento de cadera y rodilla frente a programas centrados exclusivamente en la rodilla, lo que refleja la evolución hacia un modelo de rehabilitación más global7.
La recuperación no debe limitarse a aumentar la fuerza muscular. El paciente debe recuperar la capacidad de controlar dinámicamente la extremidad inferior durante tareas cada vez más exigentes. Se incluyen ejercicios como: apoyo bipodal, apoyo monopodal, desequilibrios externos, ejercicios sobre superficies inestables, sentadilla monopodal, saltos de baja intensidad, aterrizajes, cambios de dirección, y gestos deportivos específicos.
Una vez controlados el dolor y el derrame y recuperados el rango articular y una fuerza suficiente, la rehabilitación debe avanzar hacia ejercicios funcionales. La fisioterapia debe reproducir progresivamente las demandas del paciente.
El uso de ortesis puede contemplarse durante determinadas fases del tratamiento, especialmente en pacientes con sensación de inestabilidad. Sin embargo, la evidencia reciente no demuestra un beneficio claro a largo plazo del uso sistemático de una ortesis después de una primera luxación. El consenso ESSKA señala que las decisiones relacionadas con el uso de brace deben individualizarse5.
El retorno al deporte debe considerarse un proceso, antes de regresar a actividades deportivas de alta demanda deberían cumplirse criterios clínicos y funcionales. En pacientes sometidos a cirugía por inestabilidad rotuliana, una revisión sistemática identificó la fuerza del cuádriceps y el rango de movimiento entre los criterios objetivos utilizados con mayor frecuencia para decidir el retorno deportivo8. Por ello, no resulta recomendable establecer el retorno únicamente en función del número de semanas transcurridas desde la intervención o lesión.
La luxación y subluxación de la articulación femoropatelar afecta principalmente a la población joven y provoca síntomas como dolor recurrente y sensación de inestabilidad y puede limitar las actividades diarias. La persistencia con el tratamiento conservador se justifica y puede tener éxito cuando las luxaciones son aisladas o poco frecuentes. La fisioterapia responde con buenos resultados funcionales en aquellas personas que sufren un dolor anterior de rodilla y síntomas de inestabilidad patelar tras una luxación de la rótula mediante la realización de diversas estrategias de tratamiento conservadoras como: un programa de rehabilitación destinado a la ganancia de fuerza de los cuádriceps y del vasto interno, ejercicio regular y ejercicios de propiocepción1,2. Sin embargo, persisten importantes diferencias respecto a la selección de pacientes, el tipo de ejercicio, la duración de los programas y los criterios utilizados para decidir la progresión.
La realización de ejercicios generales de cuádriceps y ejercicios específicos del vasto interno permiten conseguir una ganancia en la fuerza muscular y mejorar la funcionalidad de la rodilla. Se produce una mejoría en cuanto a dolor, función y calidad de vida, pero sin haber diferencias significativas entre el grupo de entrenamiento específico del vasto interno y el grupo de entrenamiento general de los cuádriceps9. Se establece que un programa de rehabilitación de alta calidad mediante ejercicios específicos parece ser la clave para un retorno seguro a las actividades deportivas. Para lograr este objetivo, la recuperación de la fuerza muscular y la estabilidad dinámica de los miembros inferiores es crucial.
Por otro lado, se establece que los ejercicios en cadena cinética cerrada muestran una mayor activación del vasto interno que los ejercicios en cadena cinética abierta. Además, se ha sugerido que los ejercicios en cadena cinética cerrada son más seguros debido a una menor cantidad de fuerza de cizallamiento entre la articulación femorotibial en el rango de movimiento funcional mientras que los ejercicios en cadena cinética abierta producen una mayor fuerza de cizallamiento anterior que induce un estrés en la articulación femoropatelar9. La importancia del fortalecimiento proximal también está adquiriendo mayor protagonismo. El enfoque actual considera la extremidad inferior como una cadena cinética y busca mejorar la coordinación entre cadera, rodilla y tobillo7.
La combinación de ejercicios generales de cuádriceps con la técnica de electroestimulación ha demostrado obtener mejores resultados en su fortalecimiento, permitiendo un mayor reclutamiento de fibras musculares, lo que produce una mayor contracción del número de fibras y por lo tanto se produce un aumento de la fuerza rápida, ya que el estímulo eléctrico aplicado a cualquier músculo recluta mayor número de fibras musculares10. La electroestimulación junto a un entrenamiento de fortalecimiento diario de contracción voluntaria mejora el rendimiento muscular.
Un gran número de estudios han documentado cambios en el ROM tras la realización de programas de estiramientos con la técnica FNP, empleando diferentes parámetros de la carga en diferentes poblaciones11.Sin embargo, el estiramiento en una sesión aislada disminuye la rigidez muscular o resistencia muscular en reposo, pero dicho efecto desaparece. Por otro lado, otros estudios no hallaron diferencias significativas para indicar cuál fue mejor de las dos técnicas de estiramiento aplicadas, FNP o estático-pasiva, en el aumento de la flexibilidad12.
Una revisión sistemática de nivel I publicada en 2023 incluyó siete ensayos clínicos aleatorizados con 282 pacientes y concluyó que los programas de fisioterapia no estructurados podían presentar resultados similares a determinados programas de ejercicios específicos. Los autores señalaron además que los programas conservadores suelen incorporar ortesis con limitación del rango, estiramientos y ejercicios neuromusculares, aunque la calidad metodológica global de los estudios era limitada13. Estos resultados son relevantes porque cuestionan la necesidad de centrar el tratamiento exclusivamente en un músculo o estructura concreta. La rehabilitación debe orientarse hacia la recuperación funcional global. El consenso ESSKA de 2024, publicado posteriormente en 2025, refuerza el planteamiento de que las decisiones terapéuticas deben individualizarse y que la fisioterapia debe formar parte tanto del tratamiento quirúrgico como del no quirúrgico5. Una de las principales limitaciones de la literatura es la heterogeneidad de los protocolos de rehabilitación. Los ejercicios, cargas, tiempos y criterios de progresión varían considerablemente entre estudios. Además, todavía existe una cantidad limitada de ensayos clínicos de alta calidad que comparen diferentes programas fisioterápicos.
En consecuencia, la investigación futura debería centrarse en determinar qué combinaciones producen mejores resultados en diferentes perfiles de pacientes.
CONCLUSIÓN
La luxación de rótula es una lesión multifactorial cuyo tratamiento requiere una valoración individualizada de factores anatómicos, musculares y funcionales. La fisioterapia constituye un componente esencial del tratamiento, tanto en pacientes tratados de manera conservadora como después de una intervención quirúrgica. El tratamiento fisioterápico debe incluir el control del dolor y derrame, recuperación del rango articular, fortalecimiento progresivo del cuádriceps y musculatura de la cadera, entrenamiento neuromuscular, propiocepción y reeducación funcional. La evidencia disponible no respalda un enfoque basado exclusivamente en el fortalecimiento selectivo del vasto medial, sino que favorece una intervención global sobre la extremidad inferior. El retorno a la actividad deportiva debe realizarse mediante criterios funcionales y no únicamente mediante criterios temporales, valorando fuerza, movilidad, control neuromuscular, ausencia de síntomas e independencia funcional.
Finalmente, determinados pacientes presentan factores anatómicos o clínicos que pueden incrementar considerablemente el riesgo de recurrencia y requerir valoración quirúrgica. Por ello, el abordaje óptimo de la luxación de rótula debe ser individualizado y multidisciplinar, con la fisioterapia como elemento fundamental del proceso de recuperación.
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